Los personajes no son míos. Solo la historia lo es ¡Te odio Meyer! ¡Porque ha creado a Hombres/Vampiros/Lobos tan irresistible! ¡Yo también quiero uno!... A ti también te odio Bella Swan
...Admiro a la gente valiente... no a la que se cree fuerte, ni a la que lucha por demostrar algo... a la gente valiente...
De: Anonimo
Con un aspecto peligroso, aunque no lo necesitaba, se encontraba reposado sobre uno de los laterales de su moto en espera de aquella hermosa rubia de curvas delicadas y ojos azules. Enfoco sus ojos verdes en los de la chica, que lo observaba burlesca
— Hasta que sales — se quejo entregándole un casco y colocándose el otro. Sabía que Ginny odiaba que no se cuidaran y haría lo que fuera por no soportar uno de sus sermones de dos días completos de duración — Si Matt me hubiera dicho que tardabas más de dos horas en cambiarte siquiera me hubiera ofrecido a recogerte
La muchacha hermosa, como solo ella podía serlo, su cabello rubio platinado, su piel comúnmente pálida, sus labios tentadoramente rellenos y sus ojos azules eléctrico, hacían soñar a mas de uno. Ginny Evans, la chica de su mejor amigo. (Foto en perfil)
Era guapa, no podía negarlo… nadie podía hacerlo, su mirada atrayente era su arma letal y aquella personalidad rebelde y peligrosa, era la adicción de Matthew. Observo como el grosor de su delineado hacía notar aun mas sus ojos…incluso bajo la oscuridad de la noche
La muchacha acomodo delicadamente su lacio cabello por sobre un costado de su hombro izquierdo, para luego fulminarlo con la mirada, como solo ella podía hacerlo. Ella no solo era la chica de Matt, no, ella también era y actuaba como la madre, hermana, amiga de todos y para todos...
— Cállate — le ordeno ceñuda — Si sigues actuando de aquella manera, jamás te casaras
— Gin — le dijo dulcemente, rallando lo meloso, utilizando el ya reconocido sobrenombre de la chica. Encendió en motor escuchando perfectamente el bufido de la rubia — Los hombres solo se casan por iglesia, por civil… y por idiotas — la chica rió divertida, subiéndose al asiento trasero de la motocicleta que segundos después comenzó a su marcha a toda velocidad por las transitadas calles del centro de Seattle
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Aun en la oscuridad se podía ver lo guapo que era aquel musculoso muchacho de tan solo veinte años de edad. Matthew Johnson era físicamente hermoso; Su cabello negro con corte a lo rapado hacia una perfecta sintonía con su bronceada piel, al igual que con sus perfectos ojos azules/verdosos. (Foto en perfil)
Sonrió al observar al pequeño Seth, no muy lejos de todo el grupo, coquetear con una de las tantas muchachas que se arremolinaban allí. Sonrió aun mas al ver como la muchacha besaba a Sethy este le correspondia con timidez
— ¿Dónde carajo esta Edward? — Pregunto impaciente esperando una rápida respuesta de James, quien se encontraba plácidamente recostado sobre uno de los tantos, gruesos e incómodos, escalones de cemento que comunicaban hacia una fábrica abandonada y eh allí su lugar de encuentro
— Llegando tal vez. ¿Quién sabe? — se encogió de hombros — Tal vez esté siendo regañado por Gin…
— ¿Y por que se supone que mi Gin debe engañarlo? — inquirió el pelinegro con posesividad al nombrar a su novia. El rubio, por primera vez, se digno a observarlo luego de darle un trago largo a la botella de cerveza que reposaba en su mano
— Edward tiene una esclava
— ¿Esclava?
— Eso dije
— ¿Quién es?
— Haces muchas preguntas, Matt — se burlo el rubio levantándose a trompicones del suelo. Se había excedido con aquellas botellas de cerveza, de eso no cavia dudas
— Si no quieres terminar con un maldito ojo morado…
Repentinamente, un rugido rompe el aire. La moto de Edward llega en medio de un gran estruendo. Se ladea al fondo de la curva y hace veloz el caballito, levantando la moto sobre su rueda trasera, para poco después frenar en medio del grupo.
— ¿Qué hacen?
— ¡Pero hombre que te has tardado!
— La traje aquí ¿no? — replico el ojiverde con iré despectivo. Matt fruncio su ceño, viéndose impedido a responderle al chico, recibiendo el cálido cuerpo de su novia entre sus brazos quien logro callarlo con un fogoso beso. Las exclamaciones burlonas de los demás no se hicieron esperar, por el contrario, continuaron
— ¡Guau! — Tras haberse separado ante tal apasionado beso, las burlas continuaban de manera incesante y Matt fue el mayor afectado. Todos se acercaron hacia él a darle palmaditas y golpes en la espalda mientras que Emmett coloco su brazo alrededor del cuello del chico y con el puño cerrado le frotaba con fuerza la cabeza.
— Qué tierno…
— ¡Déjenme! ¡Idiota! — se quejo para segundos después sentir como todos se lanzaban sobre su cuerpo, riendo como locos, hasta casi ahogarlo con sus músculos. El demonio observaba junto a Jasper, con diversión, aquella montaña humana sobre el cuerpo de Matt, quien no dejaba de despotricar ni amenazar a todos. Bufo al escuchar a Gin gritarle:
— ¡Haz algo; Diles que se detengan!
— ¡Ya basta muchachos! — exclamo a voz de grito…poco a poco, todos y cada uno de los cuerpos que apresaban a Matt fueron poniéndose de pie, al fin, liberando a un rojo chico que desesperadamente tomaba bocanadas de aire, intentado regularizar su respiración…
Ben; John; Jenny; Tim; Kate; Elisa; Garrett; Claire; Eleazar; Carmen; Tanya; Helen; Thomas; Emmett; James; Seth… Algunos rostros eran por concreto conocidos, a diferencia de otros que muy seguramente venían en son de compañía de alguno de los chicos o chicas
— Idiota — ese fue el saludo amistoso que, El Demonio, le dirigió a Jasper, colocándose a su lado, rodeando sus anchos hombros con uno de sus brazos, en un abrazo amistoso, y arrebatándole de la mano la botella de cerveza que el rubio acababa de abrir
— Te cortare la mano — le respondió escuetamente Jasper, como una clara advertencia, tras haber perdido su cerveza. Edward, tomando la cerveza, le resto importancia a la amenaza de su amigo con una señal de su mano. Cuando su rostro volvió a bajar, luego de un largo trago de cerveza, se encontro con los ojos de Tanya
— Hola — los labios carnosos de ella, ligeramente rosados y pálidos, se mueven imperceptiblemente al pronunciar aquel saludo en voz baja. Los diminutos dientes blancos, regulares, se iluminan al mismo tiempo que sus preciosos ojos azules tratan de transmitir todo su amor. Era guapa, después de todo, El Demonio, solo se acostaba con chicas esculturales de belleza única
— Me las pagaran — se dejo escuchar la amenaza de Matt; Amenaza que el pelicobrizo aprovecho para tornarla un juego. Sonrió desafiante
— Entonces destrózalos — dijo simplemente señalándole con leve movimiento de la cabeza aquella barra que se encontraba por lo alto, la cual generalmente se utilizaba para hacer flexiones, esperando a ser utilizada para realizar las tan competitivas apuestas de los chicos. Todos asintieron, alejándose de las chicas y acercándose a la barra
Edward trepo ágilmente hasta llegar a la barra que se encuentra sobre dos viejos muros que conformaban aquella vieja fábrica. Todos imitaron sus movimientos manteniéndose, allí, suspendidos en el aire a la espera de que alguna de las chicas actuara como árbitro, ninguna quiso hacerlo, siquiera se interesaron realmente por la competencia. Emmett aun con un poco de borrachera descendió de la barra para ser el mismo el árbitro, posicionandose sobre un monticulo de rocas
— ¿Listos? — grito atrayendo las miradas de aquellos que no se encontraban al tanto de la nueva competencia que se estaba dando en el lugar. Una vez reunidos casi todos, una decena de cuerpos musculosos y entrenados se preparan sobre la barra. Las manos delante en paralelo, las caras tensas, los pechos hinchados — ¡Empiecen!... ¡Uno! — grita y todos los brazos se doblan sin esfuerzo. Silenciosos, alcanzan el mármol frío, y se alzan de nuevo sin perder tiempo — ¡Dos! — se nuevo abajo, más rápidos y decididos— ¡Tres! — Siguen igual aunque aun con más fuerza que antes — ¡Cuatro! — Sus caras, muecas casi surreales, sus narices, con pequeñas arrugas, bajan a la vez. Rápidas, con facilidad, rozan el suelo y luego vuelven a subir— ¡Cinco! ¡Seis! ¡Siete!
Ceñudo, Jasper observa como aquella chica que todo en ella era una promesa a un buen sexo, se alejaba lentamente de ellos no sin antes sonreírle con coquetería. Grito su nombre, aun con esfuerzo, mientras Emmett seguía contando cada flexión. Atónito observo como la muchacha sonreía aun más a la espera que él fuera a su búsqueda
— ¡Carajo! — se quejo soltándose de la barra. Había perdido diez dólares por haberse salido de aquella competencia, pero sabía que el sexo con aquella muchacha lo valdría el doble — Suerte par de idiotas — se despidió antes las risas de los demás, incluso de los que aun hacían flexiones, subiéndose a su moto junto con aquella chica y acelerando como si su vida dependiera de ello
— ¡Deja que ella pague! — chillo Emmett haciendo referencia al Motel al cual su amigo se dirigiría. Para ese entonces habían llegado a las veinte flexiones y aquel comentario había logrado que las insistentes risas de algunos les impidiera continuar en la competencia
El Demonio descendía con facilidad. La corta camiseta azul claro dejaba al descubierto sus brazos. Sentía como el corazón le latía potente, aunque todavía lento y tranquilo. Su mente casi de manera automática emboco a Isabella Swan, su imagen, su sonrisa y aquella ultima bofetada que le había propinado…
Había sido el hazmerreír de todos aquellos que lo conocían, nunca nadie lo había golpeado, siquiera los novios de sus amantes, sus amantes furiosas y despechadas o algún chico rudo que se quisiera pasar de listo.
Ese día al llegar a su apartamento en donde casi todos se encontraban, había recibido muchas más burlas que en todos sus diecisiete años; Jasper había sido el primero en notar aquel golpe ¿Y cómo no notarlo? Tenía la mano de aquella hermosa castaña marcada a la perfección en su mejilla… lo peor había sido cuando descubrieron, por azar, quien había sido la causante de tal golpe…
— ¡Ciento nueve! ¡Yuhuu! — agito el fortachon elevando uno de sus puños al aire — Ciento diez — el quejido de algunos de los chicos que continuaban con las flexiones no se hizo esperar — Atención. A continuación daremos la lista de los más sudados. En primer lugar está Eleazar. Vistosas manchas bajo los sobacos y sobre la espalda. Parece una fuente… — cometo imitando a la perfección la vez de un noterista obserbando con ojo crítico — ¡Ciento once!
— ¡Vamos! — se dejo escuchar la voz de una de las chicas sin especificar a quien alentaba. Solo quedaban tres: Edward, Matt y Eleazar quienes hacían un esfuerzo increíble para mantenerse en la competencia. Los tres se alzan de nuevo, extenuados, congestionados y jadeantes.
— En nuestro Hit de sudados, Matt ocupa el segundo lugar. Como se puede apreciar su espléndida camiseta ha cambiado de color. Yo diría que ahora es de un verde más bien descolorido, o quizá sea mejor describirlo como verde sudor
— ¡Cállate!
— ¡Huy! Matt se enojo… — comento Emmett burlón ganándose un zape de Gin — ¡Ciento doce! — siguió contando, enviándole una mirada de reproche a la chica. Sonrió, aun así le encantaba molestar a sus amigos — Y, naturalmente, el último es Edward o mejor conocido con El Demonio… Casi perfecto, el pelo ligeramente despeinado y sudado… — Emmett se inclino para mirarlo mejor, luego se incorporo de golpe, llevándose ambas manos al rostro — ¡Increíble, he visto una gota pero les puedo asegurar que era solo una!... ¡Ciento trece!
Edward desciende, siente que le escuecen los ojos. Algunas gotas de sudor le resbalan por las sienes y se rompen entre las pestañas, derramándose como un molesto colirio. Cierra los ojos, siente los hombros doloridos, los brazos hinchados, las venas latiendo, empuja hacia delante y, lentamente, asciende de nuevo.
— Ya no puedo más — Eleazar fue el primero de los tres en abandonar. Edward y Matt, se encontraban luchando, respectivamente, por salir vencedor y merecedor de aquel dinero que se había recaudado como premio. Ambos bajan veloces, frenando solo al final de la flexión, luego vuelven a subir deprisa, como si hubieran encontrado nuevas fuerzas, nuevas energías. Ser el único en llegar a la meta. El primero o nada
— Ciento catorce… Ciento quince… Ciento dieciséis… — El ritmo aumenta y Emmett lo noto — Ciento diecisiete…Ciento dieciocho… — Uno tras otro, se limita a pronunciar solo los números. Rápido. Esperando a que estén arriba para dar el sucesivo — Ciento diecinueve…Ciento veinte…Ciento veintiuno… ¡Bien hecho, chicos! — exclamo Emmett ante el repentino silencio de los demás — Ciento veintidós…Ciento veintitrés…Ciento veinticuatro… — Edward es el segundo en caer y el ganador, inevitablemente, termino siendo Matt — ¡Increíble, Matt, es el nuevo ganador!
Los gritos llenos de júbilo, no se hicieron esperar. Matt era prácticamente invencible, nadie podía vencerlo en lo que se respecta a flexiones; Poco a poco comenzaron a felicitarlo para luego entregarle el dinero ganado, aunque sino hubiera sido por el golpe que Gin le dio a Emmett para que entregase el dinero…No habría tal
— Bonito desafío ¿He? — preguntó Matt acercándose a Edward, luego de que la música hubiera subido de volumen y la real fiesta, llena de ligues y alcohol, hubiera empezado
— Nada mal
— Bien. La próxima no me dejes ganar — dijo despeinando el cabello cobrizo del chico. Todos sabían que Matt había actuado como un hermano mayor cuando Edward mas lo necesito y aquello era lo que le había impedido que le ganase…podía hacerlo, Edward lo sabía, pero no quería hacerlo. Matt era el numero uno y siempre seguiría así…Al menos en lo que se respecta a flexiones porque en lo que se respecta a chicas, ahora que estaba con Gin, era un idiota — Por cierto ¿Quien es tu esclava?
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El sol estába ascendiendo en el cielo, era una bonita mañana. Ella se dirige al colegio en aquella vieja camioneta y él todavía no ha ido a dormir, aun se encuentra con sus amigos merodeando por las calles de Seattle, desde la noche anterior
Terminada las clases, Bella se encontraba con un extraño humor al verse eximida de ser la esclava, al menos por ese día, de aquel idiota que habia inasisitido a clases. Caminaba alegremente por los pasillos junto a Ángela y Emily mientras esta ultima relataba como un chico más joven se le había declarado, en pleno centro comercial, con Angela como testigo
— Quince años… ¿Sabe lo que es eso? Era un niño y por supuesto me negué a aquel noviazgo que me proponía
— Emily, le has roto el corazón a un niño — aseguro Bella entre risas ante tanta gesticulación por parte de su amiga. Angela, a su lado, también reía — ¡Uff! Extraño esto
— ¿El qué?
— Esto Ang…Estoy cansada de ser esclava del Demonio o como carajo quieran decirle. Es insoportable — se quejaba — Y sobre todo, lo debo soportar dos días más de lo planeado por el simple hecho de contestarle — Emily frunció el ceño con aire pensador para segundos más tarde sonreír
— Yo puedria... Yo puedo abogar por ti
— ¿Tu qué? — Inquirió Angela con incredulidad — ¿Estás loca?
— Es un idiota — asegura Bella sin siquiera notar que aquella pequeña conversación estaba siendo observa por aquel que era participe no solo de sus pesadillas. El chico sonrió débilmente; Tenia un sonrisa preciosa pero por desgracia muy pocos la habían visto y apreciado a su plenitud. Se acerco lentamente, siguiendo por detrás a las chicas que hablaban animadamente, frunció el ceño, después de todo aquel dicho que decía: cuando las mujeres hablan el mundo desaparece, tenía razón… ¡Siquiera notaban su presencia! — Aun no puedo creer que el idiota de Sam haya perdido y luego…Una cena consolatoria ¡Menudo imbécil! ¿Cómo me ayudaría una cita con él?
— Ya no te preocupes. Me enfrentare contra tu opresor y no podra siquiera respoderme. Soy fuerte y él jamas me podra vencer... Yo vencere al Demo... — aun luego de sentir como una mano masculina palmeaba delicadamente su hombro, Emily, volteo sin interrumpir su promesa hacia la castaña quien ya había reconocido al chico — ... nio... — susurro lo ultimo al verse observada por aquellos orbes verdes, al sentir el calor que emanaba el cuerpo del chico enfundado en un sexy y negra chaqueta de cuero
— ¿Me devuelven a la castaña? — su tono de voz era más suave, mas hipnótico, más sexy… Era su simple tono de voz. Bella bufo al escuchar el "Devuelven". Eso ya era un insulto, siquiera la consideraba un ser humano… ¡La consideraba un objeto! — Supongo que si ¿Verdad? — volvió a preguntar. Ambas muchachas asintieron ante la mirada atónita de Bella…Ellas ¿La estaban entregando al chico de la cual, supuestamente, iban a defenderla?
— ¡Claro! — Chillo Emily dándole un leve empujón a Bella de tal manera que chocara contra el duro pecho del muchacho — Cuídala y aliméntala…Tu sabes, podría enfermarse y eso…
— ¡No soy un animal, no me traten como tal! — se quejo la castaña tras un chillido desesperado, sin embargo sus amigas no podían asimilar sus palabras, solo se encontraban idiotizadas por la cercanía del chico y aquella sonrisa ladeada que les dirigía. Edward sonrió malicioso
— Descuiden la alimentare tres veces al día y me asegurare que se duche, yo mismo comprobare con mis propios ojos que lo haga
— Antes muerta — mascullo Bella al entender el significativo con doble sentido de aquella afirmación. Sin más, el pelicobrizo, la tomo del brazo y tras un simple ‹‹ Adiós ›› dirigido hacia las amigas de la muchacha, comenzó a arrastrarla rápidamente hacia la salida
— Suéltame — exclamo zafándose del agarre del muchacho aunque, lo correcto sería decir que, él la dejo simplemente escapar de su agarre — Eres un bruto ¿Acaso no tienes nada mejor que hacer que fastidiarme la vida?
—No; Ya he encontrado algo que me gusta — susurro a pocos centímetros de su rostro e inmediatamente ella se alejo, observándolo furiosa
— ¡Ugh! — Gruño — ¿Acaso quieres otra bofetada?
— Debemos llevarnos bien ¿No crees? — le pregunto él sonriendo de manera inocente. ‹‹Algo anda mal›› pensó ella, observándolo con desconfianza y el al notar aquella mirada, sonrió aun mas — Me comportare e intentare ser la mejor persona posible…contigo ¿Me crees?
— No
— ¡Oh, Vamos! — Exclamo divertido — Incluso podríamos salir y tal vez, si tienes suerte, podría besarte otra vez — hizo un intento de abofetearlo, sin embargo el fue más rápido y tomo su mano entre las de él — Ahora no estoy distraído y tu…Eres lenta a la hora de golpear
— No me fastidies, Cullen
— ¿Qué? ¿Ya no soy más el demonio o el príncipe de la seducción?
— El día que logres seducir a alguien que posea… ¡Suéltame!
— No, no, dime que ibas a decir, tal vez seria interesante, teniendo en cuanta que logre que tus mejores amigas te entregaran a mi — eso mismo había pensado Bella y por ello no había terminado de insultarlo, porque independientemente si lo insultaba a él también estaría insultando a sus amigas y aquello era algo que jamás haría…Aunque en esos momentos se lo merecieran
— Déjame en paz, en estos momentos tengo problemas mucho más grandes que tu
— ¿Y cuál serian esos problemas? — pregunto realmente interesado aprovechando el hecho de tener su brazo atrapado entre una de sus manos, jalándola hacia él, acercándola a centímetros de su cuerpo. Fue totalmente consiente al hecho de que el cuerpo de ella se tenso, a la defensiva, y aquello por el contrario de molestarle, aunque lo hacía en parte, le encantaba
— El llegar sana y salva a mi casa
— Creía que era el sexo — cerca, muy cerca de ellos, observando el espectáculo en primera persona los chicos se encontraba observando atentos como Edward y Bella peleaban. Emmett había apostado con Jasper a que Edward la besaba y James y Seth habían apostado a que Emmett se confundía…
Atónitos observaron como ella, aprovechando el hecho de que Edward solo sostuviera con una de sus manos, con la otra, le propinaba una muy buena y certera bofetada. No esperaron demasiado para revolcarse en el suelo de la risa ante la expresión de Edward…
— ¡Ya verás! — exclamo furioso e incrédulo tomándola por las rodillas, haciendo sus piernas flaquear, y colocando todo su cuerpo sobre sus hombro tal y como si se tratara de una bolsa de patatas
— ¡Suéltame! ¡Ayuda! ¡Auxilio! — Grito inútilmente ya que era pasada de media hora que el último alumno había abandonado el instituto, exceptuándola a ella y sus amigas, las cuales de seguro no harían mucho — ¡Ya verás en cuanto…!
— ¿Intentas amenazarme? — pregunto divertido
— No te importa, idiota
— ¡Hey! Cuidado, no vaya a ser que tu papi escuche hablar a su hermosa hija así ¡Que sacrilegio!
— ¡Imbécil! ¡Te odio!
— ¿Sabes? Sé que me terminaras amando y no podrás olvidarme
— Antes muerta
— Pues prepárate para morir pequeña porque tú... eres mía
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La luna se asoma alta y pálida entre las últimas ramas de un árbol frondoso. Los ruidos, desde allí, eran extrañamente lejanos. Solo se escuchaba el rugir de los motores que esperaban impacientes a ser llevados al máximo … al menos eso habían oído decir a unos de los chicos que se encontraban en aquel casi secreto lugar en las desiertas calles de Seattle
— No puedo creer que esté haciendo esto — mascullo Bella al verse rodeada por aquel panorama. Ella, la hija del jefe de policías, participando en una carrera callejera…Ilegal
Wow, Wow, Wow…Aquí les traigo este capítulo con un poco mucho, mostrando la vida que lleva Edward… más o menos… Entonces ¿Qué les ha parecido?
En cuanto al nobre de Ginny, su sobre nobre se pronuncia Shiny. Bien, me veo obligada en hacer una especificación más, como alguna se darán cuenta, una pequeña parte de la escena de este capitulo, se asemeja mucho a una de la película 3MSC, y si, es así, por el hecho de que unas cuantas lectoras me la recomendaron para aplicarla a la vida de Edward, ya que le queda mucho, según la personalidad que pretendo darle, así que solo para aclarar, esa pequeña escena pertenece a esa película, luego, es todo mi invención. Gracias
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Besos: Bella-Ragaza
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