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Si había algo que a Mei no le gustara de pertenecer a la realeza, era que prácticamente apagaban quién era ella.

La vida de princesa estaba llena de reglas: Que vestir, qué comer, cómo caminar, cómo hablar.

Nada de gestos.

Nada de ceños fruncidos.

Nada de rodar los ojos.

Nada de sonrisas tontas por viejos amores que decidieron aparecer por tu puerta…

—Mei, concéntrate —que tarde su maestro le dijo aquello. Mei estaba en el cielo, llena de felicidad absoluta por poder ver a Al nuevamente.

Y es que le alegraba verlo, sobre todo así, cuando la última vez no podía mantenerse en pie.

Mei era feliz de verlo saludable, con aquella sonrisa que nunca perdía en el rostro y aquellos ojos como el sol que no perdían el brillo.

Sobre todo, le encantaba volver a verlo y recordar como siempre fue él: amable, paciente, estudioso, siempre respetuoso, todo un caballero.

—Mei, te vas a caer —¡Podía caerse si quería! Mei sentía que podía volar. Podía sentir como su corazón infantil se calentaba tanto desde que lo vio en la puerta.

Se cayó de la tabla en donde hacía equilibrio, para comprobar que supiese caminar derecha.

No voló.

Se estrelló contra el piso, dos metros más abajo.

Y se torció el tobillo.

—Nunca antes habías estado tan despistada —le dijo su maestro curando su tobillo. Si había otra cosa que Mei detestara de esto, era la delicadeza con la que la trataban.

—¿Ya puedo irme, tio Xao? —preguntó Mei levantándose y colocando su zapato. El hombre rodó los ojos y le dió el asentimiento a su sobrina, que decidió ignorar las leyes de princesa y correr hasta su habitación, ignorando los regaños que su tío le brindaba tras ella.

Al llegar a su habitación, se encontró a Xiao Mei dormida y ésta saltó apenas la vio sacando las ropas de su armario, buscando hasta lo más profundo su vestuario de entrenamiento. Mei sonrió al encontrar su viejo traje rosa con el que fue a Amestris.

Estaba segura que no le iba a quedar, sobre todo porque estaba más alta y ya no tenía aquel cuerpo infantil, pero aquel traje le traía viejos recuerdos, algunos dolorosos, otros satisfactorios.

Suspiró y lo dejó en su cama. Volvió su vista a su armario notando que no tenía más trajes para entrenar, hacía mucho que no lo hacía…

Una idea surgió de ella, tomó las tijeras e hilo y aguja. Luego miró a los Hofu más viejos que tenía.

De algo tendrían que servir esas clases de costuras.

.

—Por lo que he podido leer en estos días, técnicamente el Rentanjutsu podría calificarse como una alquimia del alma —les comentó Alphonse.

—¿Alquimia del alma?

—El Rentanjutsu se basa en un concepto llamado pulso de dragón, el cual cree que la tierra mantiene un pulso constante de energía de vida, el cual fluye por la corteza. Alimentando todo de energía como lo hace la sangre corriendo por las venas.

»De esa forma, es que los habitantes de Xing pueden sentir el flujo que corre por el suelo. Ellos tienen un tipo de detector para sentir las presencias en la tierra e incluso bajo de ella.

—Sensaciones tanto buenas como malas. Y podemos sentir desde el más pequeño ratón hasta el más grande animal —Alphonse y sus acompañantes se giraron a la puerta de la biblioteca, en donde la figura de Mei apareció. Ella había sido la que había terminado de decir aquello.

Alphonse se quedó impresionado cuando la vio, porque no llevaba los típicos Hafu que la había visto usar desde que llegó, sino, un traje de entrenamiento parecido a los que usó en Amestris, solamente que este era de color rojo. Y sobre todo, llevaba su cabello en dos moños a los lados de su cabeza.

—Mei —la saludó con una sonrisa.

—¡Alphonse! —exclamó ella y se enganchó en su brazo— Me prometió que entrenaría conmigo.

—Lo hice, pero… —Al miró a las dos quimeras, que le sonrieron de forma cómplice, cosa que él no entendió.

—No se preocupe, joven Al —dijo Jerso.

—Nosotros nos quedaremos aquí a terminar de buscar —complementó Zampano—. Puede ir a ayudar a la señorita Mei —la mencionada les brindó una brillante sonrisa y comenzó a jalar a Alphonse.

—Aahhh —la escuchó suspirar el alquimista cuando salieron de la biblioteca—. Es bueno poder liberarse un poco de los trabajos de princesa.

—¿La presionan mucho?

—¡Un montón! —se soltó de Alphonse y lo miró de arriba a abajo—. No podrá entrenar con esa ropa —lo tomó de la mano y lo comenzó a llevar hasta un salón.

Alphonse pudo sentir el calor de la pequeña mano de Mei entrelazada con la suya y sonrió. La mano de ella era tan pequeña, pero mantenía un firme agarre en la suya, como si no quisiera dejarlo ir.

Por instinto, le apretó la mano provocando que la princesa se detuviera y se sonrojara un poco al notar como estaban.

—¿A dónde me llevaba? —le preguntó. Mei lo miró, y se quedó un poco boba mirándolo a los ojos. Y es que ella podía perderse en el color de esos ojos si quería— ¿Mei? —con la cara toda roja, volvió en sí, volteando el rostro como si el alquimista no hubiese visto ya lo roja que estaba.

—Yo… yo… tiene que colocarse algo de ropa de entrenamiento —ella lo jaló un poco frente a un salón y lo abrió. Alphonse notó que era un tipo de salón de entrenamiento. Ambos entraron y ella se dirigió a un armario, lo soltó y Al sintió como si una espina hubiera sido arrancada. Mei abrió el armario y le mostró los trajes de entrenamiento que había—. Lo esperaré afuera, quiero que entrenemos al aire libre —y salió, dejando solo a Alphonse que aún miraba su mano, en donde la cálida mano de Mei estuvo entrelazada.

Mei, por su parte, fuera del salón, también miraba la suya.

Era diferente, engancharse a él en su brazo, o siquiera abrazarlo por la cintura. Tomarlo de la mano se sentía un poco más íntimo, sobre todo que él le devolviera aquel apretón.

Sonrió, se sentía una tonta suspirando.

Se preguntó si él había dejado a alguien, una chica, en Amestris antes de tomar su viaje.

Habían pasado ya dos años, las cosas habían cambiado.

Pero él no, tal vez físicamente sí, pero internamente, espiritualmente, no.

Volvió a sonreír, esa sonrisa nada se lo quitaría.

.

—El Rentanjutsu va ligado a las artes marciales —le dijo Mei mientras cruzaba sus piernas en posición de loto. Miró a Alphonse instándole a imitarla, y él lo hizo—. Pero no solo eso, también, a la energía espiritual que requiere.

—¿Energía espiritual?

—Vamos a meditar —le dijo—. Tal vez, cuando lo intentó en Amestris y no pudo, debió haber sido que no encontraba su punto —soltó una risita al notar que Al no entendía mucho—. El punto de iluminación, cuando el cuerpo llega a un punto capaz sentirse libre, metafóricamente.

—¿Cómo así? —preguntó Al, a lo cual Mei sonrió.

Intento explicarle, al menos un poco, lo que a ella le habían enseñado en la meditación para buscar la paz espiritual. Lo primordial que se necesitaba para que él Rentanjutsu fuera exitoso.

Paz, tranquilidad, conocerse a sí mismo.

Mei se sentía, por primera vez, una pieza muy importante en un juego. Se le hinchaba el pecho de orgullo por poder explicarle a Alphonse lo maravilloso que tenía su pueblo.

Y a Alphonse, su deseo de aprender se ampliaba más. Le emocionaba tener a Mei de maestra, porque en verdad lograba entenderle lo que decía.

Sin una guerra tras sus pies, se le hacía más fácil aprender el arte de otro lugar.

.

Podría decirse que Mei era una buena maestra. En tan solo un mes, de pura meditación, ya había logrado conectarse de mejor forma con él.

Y había sido un mes duro.

Un mes, en los cuales el entrenamiento solo eran cuatro veces a la semana, y los otros días era estudiar en la biblioteca.

Un mes, en el cual la madre de Mei apenas hizo presencia, y extrañamente, no dejaba de lanzarle algunas miradas extrañas, sobre todo cuando Mei le sonreía.

Porque Mei le sonreía de manera tan brillante y hermosa, que brillaba tanto como si el sol se colocara en el lugar. Pero apenas su madre la miraba, la sonrisa se borraba detrás de un abanico.

Así que solamente era en los entrenamientos que Alphonse podía verla sonreír como era debido. Solamente en los entrenamientos, cuando supuestamente debía estar concentrado meditando, se terminaba distrayendo, observando cada parte del rostro de la princesa. Cada ceño fruncido, cada risita con Xiao Mei.

Y su corazón se volcaba cuando ella lo miraba.

—¿Por qué tiene que ser otra persona cuando está frente a su madre? —le preguntó un día Alphonse, lleno de curiosidad por la actitud y las dos formas de ser de Mei. La princesa se sonrojó y miró hacia otro lado.

—En el Clan Chang, las mujeres somos guerreras —comentó—, sin embargo, ser una princesa es otra parte de mí. Y esa parte es la que debo mostrar en casa: Una dócil y calmada princesa. Alguien que no pelea, que debe ser tratada con delicadeza.

—¿Entonces su madre no sabe de esto?

—Oh no, claro que sí. Pero a ella no le gusta mucho esta parte de mí —suspiró y bajó la cabeza, un mechón de cabello salió de su moño y se situó en su rostro—. Ella fue escogida por el emperador por su elegancia y gracia, o al menos eso dice. Entonces dice que debo mostrar eso para poder ser escogida.

—¿Escogida? —Mei se sonrojó, y luego negó con la cabeza mirando al alquimista.

—Yo… mejor hablemos de otra cosa… —Alphonse le sonrió y le quitó el mechón de cabello para colocarlo detrás de su oreja, logrando que ella se sonrojara un poco más.

—Lo siento por hacer tantas preguntas —le comentó—. Creo que a mí me gusta ambas versiones suyas, pero más ésta —le señaló. Mei sabía a cuál se refería: a la guerrera.

Ambos se quedaron mirándose, sumergiéndose en los ojos del otro. Y se hubieran quedado más tiempo ahí, con la calidez de la sola presencia, si no hubieran escuchado el sonido tras ellos.

Se giraron, para tan solo ver a un enorme panda salir del bambú y sentarse a comer, como si hubiera estado vigilandolos.

La pareja se separó, ambos totalmente sonrojados y volvieron a lo que habían llegado a hacer: entrenar.

No se dieron cuenta de la figura humanoide que sin duda los había estado vigilando.


Nota: Definitivamente, este capítulo ADORÉ escribirlo. Es simplemente bello porque ellos ya van teniendo una conexión más fuerte, más activa. Y sobre todo, se van dando cuenta que sus corazones laten tanto cuando están juntos.

Ellos se me hacen la pareja más dulce que hay, y disculpenme si sienten que todo va rápido, pero es que… aaaahhh lo siento así XD

¿Qué más decir? Ah sí. Disfruten lo lindo, que el drama se viene en el siguiente capítulo ;)

Pd: Para escribir a Mei, pero más que todo en el capítulo que viene, estuve escuchando "nos vas a brindar honor" de Mulán XD ¡Es ella!

Gracias por leer, miles de gracias.

Les mando muchísimos besos!

Fullmetal Alchemist © Hiromu Arakawa