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No era necesario decir que estaban asustadas, su notorio temblor y exagerado sudor delataban todo aquello. Era como el juzgado en una oficina de policías: el juez caminaba frente al acusado (o acusados, que era en este caso), los policías se encontraban unos pasos detrás para evitar cualquier movimiento mortal y solamente un tema era la razón de aquella escena peligrosa.

—Díganme, chicas —la seria voz de Yuna rompió aquel incómodo silencio, pero sólo logró asustar aún más al par de acusadas frente de ella—, ustedes no son nuevas, ya tenemos unos cuantos meses juntas —con cada palabra que la castaña decía, sus pasos se hacían más y más fuertes, al mismo tiempo que caminaba lentamente de un lado a otro en frente de las dos acusadas―, entonces, algo que no entiendo es: ¡¿Cómo se les ocurre faltar a una práctica?! —en el momento en el que ella siseó aquella última palabra, un aire de enorme fuerza golpeó los rostros de las compañeras, haciéndolas inclinarse ligeramente hacia atrás.

—Por algo elegí en camino largo, para que llegaras a la práctica. —la peli-naranja gruñó entre dientes a la rubia a lado suyo.

—Me desvié del camino y tuvieron que traerme, de nuevo, unos extranjeros tiernos. —la rubia le contestó con una mezcla de culpa y vergüenza.

Pero a pesar del nivel de volumen bajo entre los susurros de Katomi y Yūgana, Yuna chasqueó la lengua furiosa— ¡No me importa quién se fue por dónde, ni acerca de americanos lindos! —ella gritó de nuevo.

Yūgana se acercó unos milímetros a su capitana y con una voz temblorosa habló—: N-nunca dije que eran ameri…

Sei Still! —la oji-marrón le lanzó sus ojos demoniacos, callándola en el instante.

Mientras las tres chicas se encontraban "conversando amigablemente" a la mitad de la cancha, el resto de las integrantes del Tensai no podían dejar de observar detenidamente la escena. Los susurros de cada una de ellas eran hipótesis acerca de la razón de la ausencia del par de amigas, pues, desde que pusieron un pie dentro del gimnasio de su institución, la capitana les había gritado y golpeado a más no poder…, pero no les había dejado explicar su falta.

En medio de su propia plática, la mirada de una chica se desvió del grupo, intentando buscar a una persona que se supone era la mayor autoridad en el lugar.

―Oigan.

La dueña de la voz era de una de las muy pocas jugadoras de tercer año del Tensai: Miru Shika; baja estatura y robusta, tez de tono arena, cabello corto y lacio de color rubio-oscuro, ojos un poco rasgados de color verde-esmeralda y quien, al igual que la sádica capitana, jugaba en la posición de Escolta.

Inmediatamente tras oír la voz de Miru, sus compañeras voltearon su atención hacia ella.

—¿Y el entrenador?

En el instante en que ella preguntó esas palabras, Yuna soltó el cuello de las playeras de sus jugadoras (quienes cayeron rendidas al suelo), y alzó su mirada hacia la parte de arriba del gimnasio; torció los labios y frunció el ceño después de notar aquel cuerpo oculto detrás del muro central— Nuestro querido y confiable entrenador prefiere salvar su joven y guapo trasero antes que reprender a dos irresponsables jugadoras. —ella explicó mientras señalaba hacia donde Shijima se encontraba sentado de espaldas.

El azabache levantó un brazo e hizo una señal de que se encontraba donde ella decía— En primer lugar, me pidieron checar las bases del gimnasio para ver si el lugar es seguro en caso de cualquier situación —él dijo al mismo tiempo que se levantaba del piso del segundo nivel, se limpiaba el polvo de los pantalones y se recargaba en los tubos metálicos que rodeaban las orillas del nivel—, y en segundo lugar, Shuyō —Shijima llamó a su jugadora, quien se cruzó de brazos y levantó una ceja—, ¿joven y guapo trasero?

No tardó ni un segundo para que el lugar se inundara de risas femeninas. Shuyō no podía estar más apenada, así que lo único que pudo hacer fue agachar su completamente rojo rostro. Las risas de sus amigas y compañeras eran lo único que se escuchaba en el gimnasio, pero por suerte ella logró escuchar el toqueteó en la puerta de entrada. Aun mirando hacia abajo, la castaña se encaminó hacia ésta y la abrió. Cuando miró hacia arriba, su rostro se sonrojó aún más de lo que ya estaba gracias al chico, con mirada amigable, parado frente a ella.

—Yuna.

Shuyō parpadeó un poco antes de reacomodar sus pensamientos— Junichi. —ella exclamó también.

El castaño estaba a punto de decirle algo más, pero al notar el escándalo dentro del gimnasio, se asomó ligeramente para poder observar lo que sucedía, encontrándose con el equipo femenil de baloncesto Tensai riéndose cual hienas en el suelo— ¿Se encuentran bien? —Junichi preguntó refiriéndose a las chicas.

La oji-marrón miró de reojo a sus jugadoras y asintió nerviosa— H-hai —afirmó insegura—, sólo un chiste tonto.

Él soltó una risilla corta y negó divertido con la cabeza— No se les puede dejar ni un momento a solas —explicó, causando a Shuyō reír también—. En fin, necesito hablar contigo acerca de mañana.

Y como un relámpago, la pareja salió disparada del lugar (el chico siendo arrastrado del brazo por la chica), dejando al equipo sólo en el gimnasio.

Mala idea…, para el par.

Dado al volumen de las risas, la peli-naranja le hizo una señal a la rubia para que ambas "escaparan" de la prisión. Yūgana asintió al futuro plan de Katomi; así, ambas empezaron a arrastrarse por la duela en dirección a la puerta. Ambas se encontraban a centímetros de salir de aquel infierno…, cuando un brazo apareció justo en frente de ellas, bloqueándoles completamente el paso.

La oji-naranja fue la primera en voltear, lentamente se encontró con la mirada de su entrenador.

—¿Eh? ¿Qué no estaba arriba? —eso fue lo que todas (que ya habían terminado con su ataque de risas), preguntaron al notar a Shijima deteniendo la salida.

—Puede que Shuyō ya no esté aquí para reprenderlas —al mismo tiempo que él bajaba su brazo…, la bestia comenzaba a salir de su cueva—, pero yo sigo aquí. —la bestia…, había despertado.

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Sus piernas, dolían; sus brazos, gritaban; su cabello, moría; y su mirada…— Mira, mamá, la "Niña del Aro". —…era peor que la de un muerto.

Gracias a que una cierta peli-naranja se encontraba hablando por celular, no le prestó mucha atención al comentario "inocente e infantil" de aquel pequeño niño, pero desgraciadamente fue lo suficientemente fuerte como para que la persona del otro lado de la línea (y el mundo) escuchara.

Una risa estruendosa logró romper el tímpano derecho de Katomi segundos antes de alejarse el aparato con un agudo dolor de cabeza.

—Te he dicho mil veces que no te rías tan fuerte. —la chica regañó al regresar a la llamada.

Lo siento, lo siento, es que no me quiero ni imaginar cómo estás en este momento para que un niño te llame así.

Al escuchar aquello ridícula respuesta, la americana refunfuñó y se pasó una mano sobre el rostro— Pues te doy el resumen: piernas de potrillo recién nacido, brazos de mis víctimas, cabello de "Trauern" después del baño y rostro al estilo "Tengo Cinco Años". —por fortuna, Katomi fue lo suficientemente rápida para alejarse su celular del oído, evitando otra 'risa de perico' por parte de la persona.

¿Segura qué no quieres mandar foto?

—¡No! Además, ya es muy tarde por aquí, no hay luz suficiente para la foto. —explicó, intentando convencerla.

¿Enserio? ¿Ya es tarde? Bueno, entonces mejor te dejo regresar con calma a casa, ¿trato?

La oji-naranja suspiró divertida y asintió con la cabeza, a pesar de que no podía verla— Trato. ¡Ah! Y perdóname por llamarte muy tarde…, hoy tuve 'entrenamiento especial'. —exclamó, diciendo en un tono irritante las últimas dos palabras.

Aja. Faltaste de nuevo a una práctica, ¿cierto? —al no responderle de inmediato, su silencio fue la respuesta obtenida—. Nunca cambiarás. —exclamó en tono divertido.

Gracias al tono en que lo dijo, Katomi no pudo evitar soltar una risilla baja— Te hablo mañana en la mañana. —ella declaró.

Pero que esta vez no se te olvide. Recuerda que tengo mucho trabajo.

—¡Jugar con universitarios no cuenta como trabajo! Y no se me va a olvidar —la chica se tomó unos segundos para recuperar aire después de aquel vergonzoso grito—. G'night, girl.

'Night, girl.

Katomi guardó su celular y se dispuso a virar por fin hacia su edifico (ya que por fin había llegado), pero un objeto extraño en la entrada de éste le hizo detenerse y no era de sorprenderse, cualquiera se extrañaría si observara una carreta de madera en la entrada. Volteó hacia ambos lados para ver si nadie se acercaba y así fue. Con paso determinado, la oji-naranja se acercó hacia el extraño vehículo y observó su interior, encontrándose con un…, un… ¿un collar de dientes de tiburón? Al estar en el centro y poseer un accesorio playero, hacia algo extraña y sospechosa la idea del presunto dueño o dueña de aquellos objetos…, pero muy familiar.

—Gracias por los apuntes, Shin-chan.

Era bastante extraño: Oha Asa nunca predijo un encuentro rotundo entre Cáncer y Sagitario…, pero sí había predicho una gran sorpresa no material para estos primeros.

—¡Oye, tú! Aléjate del carruaje, mortal.

Una sonrisa cubrió rápidamente el rostro de la chica, se incorporó de nuevo, tomó el objeto (el collar) en manos y se giró hacia el par de jugadores. Ya por ser demasiado tarde, no había luz suficiente para que los chicos llegaran a observar el rostro de Katomi, así que su voz fue lo que reveló su identidad—: Y antes creía que tu "Peluche de Panda" era el objeto más extraño que tenías…, Shin-chan. —en el instante en que ella pronunció su apodo, los postes de luz que se encontraban frente al edificio donde el trío estaba empezaron a encenderse, dejando ver el fino y joven rostro de la peli-naranja.

Los ojos del peli-verde se abrieron en sorpresa al chocar con los anaranjados de Katomi, pero antes de poder hablar, ella lo hizo primero—: Ya pasó mucho desde la úl… ―pero antes de poder terminar, un par de brazos rodearon la cintura de la chica, y la atraparon en un nostálgico y alegre abrazo.

—Eres una tonta, Kati. —el dueño de los brazos exclamó, susurrándole en el oído.

Katomi, quien al principio se tensó por la repentina acción del oji-verde, se calmó un poco y le devolvió inmediatamente la acción…, pero cuando ambos ya estaban en su abrazo, sintieron como una tercera persona se les unía por detrás. Ambos bajaron la mirada y se encontraron con un par de ojos color azul-pizarra y un cabello lacio azabache.

—No tengo ni idea de quien seas, pero llamaste Shin-chan a mi Shin-chan y él te llamó Kati, lo que significa que se conocen —él hizo una pausa justo antes de tragar saliva gracias a la mirada irritada de su compañero—, y todos los amigos de mi Shin-chan son amigos míos.

—¡No! ¡No lo son, Takao! —y rompiendo el abrazo, Midorima empujó a Takao lejos de la peli-naranja, haciéndolo caer de espaladas contra la carreta.

—Bueno no y ya —el azabache exclamó dentro del vehículo antes de alzar un brazo y saludar a Katomi con este—. Mi nombre es Takao Kazunari, mejor amigo de Shin-chan.

La oji-naranja rio ante la acción del oji-azul, se encaminó hacia él y le extendió una mano para ayudarle a levantarse— Entonces…, Kazu-chan, a mí sólo conóceme por Katomi. —respondió al mismo tiempo que Takao se ponía de nuevo en pie.

—No confíes mucho en él, Kati —la repentina voz del peli-verde hizo que ambos giraran su mirada hacia él—, puede resultar ser un dolor de cabeza, Nanodayo —exclamó mientras volvía a acomodarse los lentes y miraba de reojo a la chica—. No querrás a un "Dolor de Cabeza con Patas".

—¿¡Ah!? ¿A qué te refieres con eso, Shin-chan? —el apodado gritó con un ligero tono de frustración—. No peleo sólo porque tu familia está muy ocupada con lo de la mudanza y seguro que te necesitan —cuando escuchó aquellas palabras, Katomi miró de forma sorprendida a su excompañero—. Ya me voy, pero mañana me las pagas, zanahoria —con paso ofendido, Takao se subió a la bicicleta que jalaba la carreta, no sin antes voltear hacia la extranjera—. Nos veremos luego, Kat-chan.

—Hasta luego, Kazu-chan.

—No agarres mucha confianza, Takao.

Y dicho eso, el oji-pizarra desapareció del lugar, dejando a solas al par de amigos.

Recordando las palabras de Takao, Katomi se giró hacia el peli-verde de forma alegre— Me alegro que te hayas mudado aquí —exclamó justo antes de lanzarse a los brazos de Midorima por segunda vez—. Ha pasado tanto tiempo desde que nos vimos y ahora vamos a vivir en el mismo edificio —su mirada se alzó hacia la del oji-verde, mientras que la de él se tornaba un poco nerviosa—, ¿no te parece genial?

La forma en que la chica le sonrió hizo que Midorima se sonrojara notoriamente, pero gracias a la oscuridad de la noche, evitó que la peli-naranja lo viese— H-hai, suena muy interesante. ―intentando ocultar su nerviosismo, el chico respondió con el mismo tono de calma con el que siempre hablaba.

Al lograr calmar su sonrojo, él se decidió en continuar con la plática…, pero no contó con que una tercera persona apareciera junto a ellos—: ¡Santo Oha Asa! ¡Kati-neechan ha regresado!

Inmediatamente al oír aquella infantil voz, ambos adolescentes giraron su mirada hacia la puerta principal, encontrándose con una chica más joven que ambos de cabello y ojos verdes, un par de lentes sobre su pequeña nariz y sosteniendo una funda para celular de plástico color celeste.

Katomi sonrió tiernamente y abrió ambos brazos momentos antes de que la niña corriera hacia ella— Yuka-chan. —ella exclamó cuando ya tenía a la niña envuelta en sus brazos.

Midorima Yukari, hermana menor de Shintarō por siete años; apariencia física prácticamente igual a la del chico (solamente que en cuerpo femenino); desde la primera vez que la conoció, Katomi pudo notar que siempre trataba de parecerse lo más posible a su hermano mayor (como el usar lentes a pesar de no necesitarlos, vendarse los dedos de la mano izquierda siendo diestra, los artículos de la suerte de Oha Asa, entre más cosas), pero había algo que jamás podría compartir con su hermano y mucho menos imitarlo: el baloncesto.

—¿Cuándo regresaste, Kati-neechan? Ha pasado demasiado tiempo y te he extrañado demasiado —la oji-verde exclamó inocentemente todavía en los brazos de Katomi—, no tanto como Nii-chan, pero te he extrañado. —puede que Yukari dijo la última parte en voz baja, pero fue todo lo necesario para hacer que el sonrojo de Shintarō volviera.

El mayor rio nerviosamente y revolvió bruscamente el cabello de su hermana menor— Yukari, recuérdame: ¿para qué viniste? —éste preguntó.

La más joven miró de manera triunfante a su hermano y luego se soltó por fin del abrazo de su amiga— Okaa-san me pidió que te buscara porque la cena está lista y ella no quiere que se enfríe —al decir aquello, su mirada giró de nuevo hacia la peli-naranja—, pero puedo decirle que estás con tu no…

—¡Kati! ¡¿Te gustaría ir a cenar con nosotros?! —sin pensarlo dos veces, Shintarō le cubrió la boca a su hermana y gritó fuertemente para evitar que aquella palabra cortada de cinco letras no fuera escuchada por la chica, pero Katomi sabía perfectamente lo que la pequeña iba a decir.

La americana rio ligeramente ante la escena de los hermanos antes de responderle a la invitación—: No quisiera molestar —exclamó—. Después de todo, acaban de llegar; supongo que todavía tienen mucho que desempacar, arreglar y terminar, ¿cierto?

Como todos unos hermanos, ambos oji-verdes negaron con la cabeza, pero sólo uno habló primero—: Para nada —y aquella persona fue la hermana—, después de todo, Okaa-san y Otou-san también te quieren mucho. —ella extendió su mano hacia Katomi, indicándole que fuera con ellos.

La chica suspiró rendida, tomó a Yukari por la cintura y la subió a sus hombros— Muy bien ―finalmente afirmó.

Así el trío se encaminó hacia el interior del edificio, pero en dirección hacia el departamento de la familia Midorima.

―Pero quítate todo lo que tienes puesto: esos lentes y vendajes. Es suficiente con soportar a una zanahoria, nadie quiere tener dos.

—No soy una zanahoria, Nanodayo.

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Si alguien le hubiera dicho que iba a poder cenar todo eso en la noche, no hubiera comido nada durante la tarde…, mentira, de todas formas hubiera comido.

En el instante en que ella puso un pie dentro del apartamento, la madre y el padre de los peli-verdes se abalanzaron contra ella con miles de abrazos, besos y preguntas, siendo eso el comienzo del show. Después de esas interesantes acciones, una magia misteriosa llenó el lugar e hizo que la familia terminara de acomodar todo lo que se encontraba ahí: desde cajas con adornos, hasta muebles bajo sábanas; en menos de una hora, el departamento parecía el de una familia que jamás se había movido de ahí.

Luego, sin descanso ni pausa, la señora Midorima corrió hacia la cocina y en menos de treinta minutos, diecisiete diferentes platillos estaban servidos sobre la mesa. Antes de que ella pudiera notar cuales eran, el señor Midorima le entregó un plato de un metro por un metro (literalmente) lleno con un poco de cada una de las comidas.

Al querer protestar sobre la repentina e inusual acción, Katomi se encontró con los rostros de ambos, arrojando chispas y estrellas. No pudo protestar, lo único que pudo hacer era confiar en su propio estómago y todos los años de entrenamiento para acabarse su "cena".

—¡Guarden espacio para el postre, niños! ―pero iba a ser más difícil de lo que creía.

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—Lamento lo de mis padres, ellos siempre se emocionaron mucho con tus visitas —un peli-verde se disculpó mientras sostenía a una semi-inconsciente peli-naranja recostada sobre su lado—. ¿Estás segura de que vas a estar bien para mañana? —Midorima preguntó en tono preocupado.

Katomi posó un brazo sobre su abdomen, intentando así controlar un poco el dolor emanando de este— H-hai, solamente es un malestar nocturno, siempre me suele pa… —pero gracias a otro fuerte y agudo dolor, ella no pudo terminar.

Por suerte ya estaban frente a la puerta del departamento de la chica (que sólo eran cinco pisos de diferencia). La chica se recargó sobre la puerta, respirando con dificultad, sacó las llaves de entrada de uno de sus bolsillos y logró entrar al lugar. Antes de cerrar la puerta, se giró hacia el oji-verde y, con gran dificultad, se colgó de su cuello formando un torpe pero amistoso abrazo.

—Ya no te preocupes por mí, Shin-chan —le susurró—, estaré lista para el inicio de la Inter-Escolar y ―ambos se separaron del abrazo y Katomi le esbozó una sonrisa—, tú irás a apoyarnos, ¿verdad?

La pregunta lo tomó por sorpresa, pero esta vez logró controlar su sonrojo— Claro que iré.

La peli-naranja se alegró al escuchar aquellas palabras y le plantó un beso en la mejilla a su amigo antes de girarse de nuevo hacia su apartamento— Buenas noches, Shin-chan, descansa. —ella se despidió antes de cerrar lentamente la puerta.

Midorima se quedó unos segundos mirando la puerta al mismo tiempo que no despegaba su mano de la mejilla donde recibió su beso— Buenas noches…, ma reine. —él exclamó a pesar de que ya no hubiera nadie que lo escuchara. Se giró de nuevo hacia el elevador, dispuesto a regresar a su propio hogar.

Aquella noche, Midorima se encontraba calmado. ¿Por qué? Porque su reina había regresado y ya no iba a dejarla ir.


¡Por fin! Capítulo 4. Yeesh. Intenté hacer que me quedara un poqueeto más corto (creo que no me quedó tan cortito umu'). Pero…, YOLO. Espero que les haya gustado. Y perdónenme por cualquier error ortográfico o de gramática [Sorray TuT]. Y ahora las nuevas integrantes:

Nota: Aquí los nombres están escritos en Nombre + Apellido, no Apellido + Nombre (al igual que en los otros capítulos, sólo que se me olvidó poner esto nwn'):

Preparatoria Tensai:

| Yuna Shuyō (capitana/Escolta) | Shika Miru (Escolta) |

¡Yeii! Por fin revelo el apellido de Yuna :33 Ah, y hay algunas frases en distintos idiomas, aquí está su traducción:

Sei Still! - ¡Cállate! (Alemán)

G'night, girl/'Night girl - Buenas noches, chica (Inglés)

Ma reine - Mi reina (Francés)

Bien, es todo. Nos leemos luego. Chao.