¡Ohayo!… bien pues por fin he aparecido y traigo ya las actualizaciones, gracias de nuevo por su apoyo y aquí les dejo el cap. Que espero y les guste n.n
OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOAMIOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO
Atrapados en la nieve
Capítulo 3: "Tiempo para compartir"
Orihime no se podía creer que hubiera dicho aquello.
-Me lo imaginaba –contesto Ichigo llevándose un tenedor de espaguetis a la boca.
No parecía sorprendido en absoluto. De hecho, la miraba con mucha calma.
-¿Ah, si? ¿Por que? ¿Te dijeron algo en el hospital? –cuestionaba rápidamente Orihime preocupada por saber.
-En el hospital no me dijeron absolutamente nada sobre ti, solo que te habías ido en contra del consejo de los médicos y que habías tomado un taxi –respondió él tranquilizándola.
-Entonces, ¿Cómo me has encontrado? –volvió a preguntar.
-Los taxistas son mucho más flexibles a la hora de dar información sobre sus clientes que los hospitales dando información sobre sus pacientes.
-Así es –murmuro Orihime intentando recordar cuantos taxis había tomado desde que había huido de Inglaterra en un furgoneta conducida por un anciano que podría haber sido su abuelo.
Era cierto que había tomado taxis, pero había sido en Londres. Luego, se había comprado un coche y se había instalado en Karakura. Siempre había pagado en efectivo y no había utilizado la misma empresa de taxis ni una sola vez. No tenía nada que temer. Ni sus padres ni Grimmjow la habían encontrado y no la iban a encontrar. No estaban allí.
El que si estaba era Ichigo.
-¿De cuanto estas?
-De cinco meses –contesto Orihime apoyando los codos en la mesa de manera poco elegante -¿Por qué te cuento cosas que no tenía intención de contarle a nadie?
-Por que soy bombero y la gente confía en nosotros.
Orihime temía que fuera algo más que eso.
-También fui camarero durante un tiempo, en la universidad –continuo Ichigo como si tal cosa –Te aseguro que detrás de una barra se oyen y se ven cosas que no te puedes ni imaginar. Hay gente muy loca, de verdad.
Orihime se quedo mirándolo mientras jugueteaba con el tenedor de manera un poco nerviosa. Ichigo Kurosaki no era exactamente guapo. Por lo menos, no en el sentido clásico, como Grimmjow, pero tenia algo muy atractivo. Algo que emanaba de el y producía una sensación de fuerza, estabilidad y apoyo.
Orihime no lo sabía.
Ella se dijo que no debía dejarse llevar. Era la primera vez en su vida que estaba sola. La sensación se le hacia extraña y le daba a la vez un poco de miedo, pero era mucho mejor que la vida que había dejado atrás, en la que lo único que hacia era elegir los zapatos que mejor iban con la falda que llevaba.
Ichigo ya casi se había terminado los espaguetis y ella apenas los había probado, así que se puso manos a la obra mientras pensaba que, si Ichigo se estaba preguntando quien era el padre de su hijo, lo ocultaba muy bien.
-¿Y por que quisiste hacerte bombero? –le pregunto la ojigris
-Mientras estaba en la universidad estudiando Empresariales y Económicas, me di cuenta de que no quería pasarme la vida trabajando en la empresa de mi padre, Kurosaki Forecasting.
Orihime había oído hablar a su padre de aquella empresa. Probablemente, habría sido en una de las interminables fiestas a las que había acudido con él.
-A mi padre no le hizo ninguna gracia, pero mi madre consiguió convencerlo. Al final, termine la carrera para dejarlo contento y trabajo en lo que a mi me gusta, así que todos en paz.
A Orihime le hubiera gustado poder decir lo mismo, poder decir que sus padres la habían apoyado, pero ellos se habían mostrado intolerantes. Lo único que querían era que se casara con Grimmjow y eso era imposible.
-¿Tus padres viven en California?
-Mi madre murió hace unos años, pero mi padre sigue viviendo allí, si. Aunque ahora mismo esta aquí, en Karakura –respondió Ichigo apartando su plato vacio –De hecho, la mitad de la familia Kurosaki esta aquí ahora mismo porque hay una reunión familiar.
Orihime se dio cuenta por la cara que había puesto Ichigo de que aquel tema no era de su agrado, así que decidió cambiar de conversación.
-Tengo galletas si te apetece algo de postre.
.No gracias, no suelo tomar postre –sonrió Ichigo comenzando a recoger la mesa –Ya me encargo yo –añadió al ver que ella protestaba –Tu descansa.
-Pero si has preparado tú la cena.
-Solo he hervido agua –dijo Ichigo poniendo los ojos en blanco –No me he lastimado, te lo aseguro. Anda ve a poner los pies en alto, que es lo que se supone que hacen las embarazadas, ¿No?
Orihime apretó los dientes, pero decidió no discutir.
-¿Te sales siempre con la tuya? –le cuestiono.
-De vez en cuando –contesto Ichigo sonriendo nuevamente.
-Voy a ver si dicen algo de la tormenta en televisión –propuso Orihime.
-Bien, ve –la apresuro Ichigo.
Orihime encendió el aparato y deseo haber gastado un poco mas de sus ahorros en comprar uno mejor, pero no podía ser, tendría acceso a mucho dinero si sacara de la cuenta de lo que había heredado de sus abuelos, pero sabia que sus padres estarían esperando que lo hiciera, así que no lo había tocado, ni lo tocaría.
Mientras cambiaba de canal, se pregunto que iban a hacer Ichigo y ella durante el resto de la noche, hasta que llegara el momento de irse a la cama. Al pensar en aquello, se dijo que en su cama cabrían los dos, pero muy juntos.
Al instante, se ruborizo y se concentro en la pantalla.
-Ichigo, están dando las noticias.
Él se acerco.
-Siéntate –le dijo.
-No tienes que ser tan mandón –murmuro Orihime sentándose.
-Ser así de mandón es imprescindible para hacer bien mi trabajo.
-La noche del incendio no fuiste así –recordó Orihime mientras comenzaba la sección meteorológica.
Dos minutos después, mientras bajaba el volumen, sus esperanzas de que Ichigo pudiera irse y no tuviera que pasar la noche allí se habían desvanecido por completo. Por lo visto, se acercaba otro frente frio.
El Kurosaki se giro y volvió a la cocina, donde comenzó a fregar los platos. Parecía muy tranquilo.
-No te preocupes, Asuna, voy a dormir en el suelo –le dijo desde el lavadero.
-No estaba preocupada por eso –mintió Orihime.
La verdad era que estaba sorprendida consigo misma porque la idea de dormir en la misma cama que él no le disgustaba en absoluto. Cuando se había acostado con Grimmjow, era virgen y no lo había hecho hasta llevar un año de noviazgo, pero con Ichigo…
¿Cuánto hacia que lo conocía? ¿Dos semanas contando desde la noche del incendio? Fuera como fuese, no podía dejar de pensar en la mezcla incendiaria que serian Ichigo y la cama ¿Serian las hormonas? ó ¿Su presencia?
-Me voy a dar una ducha, no vaya a ser que nos quedemos sin agua caliente si se va la luz –comento.
Y, dicho aquello, se perdió en el baño. Una vez a solas, abrió el grifo del agua fría, se sentó en el inodoro y se tapo la cara con las manos. Fueran las hormonas o no, tenia que controlarse.
Ichigo Kurosaki parecía un hombre perfectamente decente. Aunque le hubiera dicho que le interesaba todo lo que tuviera que ver con ella, estaba segura de que lo ultimo que le gustaría seria que una mujer embarazada que estaba huyendo de su prometido se le abalanzara al cuello.
En cuanto el pelinaranja oyó correr el agua. Se agarro al borde del fregadero, echo la cabeza hacia adelante y tomo aire profundamente. Al instante, se obligo a dejar de imaginarse a Asuna quitándose los jeans y el jersey.
Tenía cosas más importantes en las que pensar. Por ejemplo, que estaría pasando en Las Noches. Por ejemplo, si la instalación eléctrica de aquella casa tan precaria aguantaría el embate de la tormenta. Por ejemplo, que altura habría alcanzado ya la nieve y que les depararía el segundo frente frio que se aproximaba.
Cuando oyó el ruido metálico de las anillas de la cortina de la ducha, su mente volvió al baño de Asuna. Enfadado consigo mismo, quito el tapón y seco los platos mientras se preguntaba si a Asuna le gustaría la barra de jabón y la esponja de toda la vida o preferiría aquellos geles de olores fascinantes que dejaban todo el baño oliendo bien.
Desde luego, lo suyo era de locos.
Si hubiera estado tan interesado en Senna como en Asuna, las cosas habrían sido muy diferentes. Entonces, se habría quedado en Los Ángeles, se habría casado con una mujer de la que no estaba enamorado y que estaba embarazada de otro hombre y habría sido otro el bombero que hubiera sacado a Asuna del restaurante.
Ichigo seco la cacerola y los platos y los coloco en las estanterías. Después, se dirigió hacia el televisor y volvió a subir el volumen para no oír correr el agua, pero no lo sirvió de nada.
Así que se tumbo en el sofá. Al darse cuenta de que no estaba en su casa, se levanto y se sentó en la silla. Intento hablar con su hermano Uryuu, pero le apareció el buzón de voz y no le dejo ningún mensaje porque sabía que Uryuu lo llamaría cuando tuviera algo que decirle.
La ducha seguía corriendo.
Maldiciéndose en silencio, se puso la chaqueta y las botas, agarro la linterna y salió. El viento había cesado, pero seguía haciendo frio, lo que lo ayudo a calmar el calor interno que sentía.
A la luz de la única bombilla del cobertizo vio que los escalones estaban cubiertos de nieve. La aparto con la bota y bajo, recorrió la zona con la linterna y vio que seguía nevando aunque no con tanta fuerza como antes, así que se animo y dio la vuelta a la casa en dirección al garaje. No tenía mucha visibilidad, pero comprobó que el tejado no estaba en buen estado y decidió que, cuando hubiera vuelto la normalidad, contrataría a alguien para que lo reparara.
Cuando volvió al frente de la casa, dirigió la luz hacia su furgoneta, que no era mas que un montón de nieve y no se molesto en acercarse.
No quería ni imaginarse el caos que habría en Karakura a causa de la nevada.
Levanto la mirada hacia el cielo y vio que no había estrellas. Un copo de nieve le cayó en la nariz, se lo quito y volvió al interior, donde encontró a Asuna en el centro del salón.
Al verlo, suspiro aliviada ¿Acaso había creído que se había ido y la había dejado sola?
-He salido a ver que tal estaba todo –le explico –Parece que ya no nieva con tanta fuerza –añadió fijándose en la bata blanca con tonos rosa que la cubría desde el cuello hasta los tobillos.
No era un experto en batas, por supuesto, pero la que Asuna llevaba se le veía lujosa y costosa, como si se la hubieran hecho a la medida.
Lo que no tenía ningún sentido, por supuesto, Ichigo se dijo que no era asunto suyo, se quito la chaqueta y las botas y las dejo junto a la puerta.
-Tendremos que quitar la nieve con una pala para llegar a ella carretera.
-Pues no hay –contesto Orihime mordiéndose el labio inferior.
-No te preocupes, ya nos las arreglaremos –la tranquilizo Ichigo.
Aunque estaban aislados del pueblo, tenían agua y un lugar seco, caliente y techado.
-Te he dejado toallas limpias en el baño –hablo Orihime –Pero me temo que no tengo un cepillo de dientes de sobra.
-Es normal. Esto es una casa, no un hotel. Tranquila, no pasa nada –dijo Ichigo –Si estas cansada, dilo calmadamente. Ya te he dicho que voy a dormir en el suelo.
-lo cierto es que estoy un poco cansada –admitió Orihime encogiéndose de hombros –Últimamente, estoy siempre cansada.
Ichigo sabia que era a causa del embarazo porque a Senna le había pasado lo mismo.
-Supongo que cuando se lleva una vida dentro se requiere el doble de energía –explico.
Orihime se llevo la mano al vientre, justo donde su hijo estaba gestándose.
-Eres la única persona de Karakura a la que se lo he contado y resulta que ya lo sabias ¿Cómo te enteraste?
-Te recuerdo que te saque en brazos del restaurante.
-Vaya. Si ahora que estoy de cinco meses ya peso como una ballena, me voy a poner como una embarcación.
-No estas como una ballena en absoluto, pero eres menuda y delgada y yo soy medico y estoy acostumbrado a fijarme en los detalles. Por ejemplo, no me paso inadvertido que te sueles poner las manos sobre el vientre en actitud protectora. Fue por eso y no por otra cosa. No tienes nada de que preocuparte. Te aseguro que no te toque ni nada.
Orihime se sonrojo de pies a cabeza.
-¡Ni siquiera me había pasado por la imaginación!
-Entonces, no te apures. Bueno, ¿Este sofá de saca o como se convierte en cama? –pregunto Ichigo cambiando de rumbo la conversación.
-Si, se saca –afirmo Orihime rápidamente aliviada –Hay que tirar.
-Muy bien. Toma –dijo Ichigo dándole el botiquín de primeros auxilios que había dejado en el sofá.
-Seguro que eras boy scout –bromeo Orihime sosteniéndolo.
El Kurosaki tiro de una barra metálica y el sofá se convirtió en una desvencijada cama. Orihime saco del armario el edredón que había comprado de oferta en Londres, una manta y dos almohadas.
-Las sabanas y las fundas de las almohadas están limpias –lo informo –Las lave antes de ayer.
-Asuna, no te preocupes. Estoy acostumbrada a dormir en cualquier sitio –la calmo Ichigo.
Cada vez que la llama Asuna, Orihime se sentía culpable.
-Si vas a dormir en el suelo, tal vez, seria mejor que te hicieras una cama con los cojines del sofá.
Ichigo los coloco junto al refrigerador porque tampoco había mucho mas espacio y dejo el edredón encima. Orihime coloco una almohada y la manta sobre la cama, se quito la bata sin mirarlo y se metió a toda velocidad bajo la manta.
Se había ido de Inglaterra con el dinero que había sacado del cajero automático y la ropa que llevaba puesta, que había resultado ser su vestido de novia y las perlas de su abuela. Había vendido el vestido y con ese dinero se había comprado el coche. En el último momento, había conseguido sacar de la limusina una maleta con las prendas que se iba a llevar a la luna de miel. La había vendido en tiendas de segunda mano de Londres y con ese dinero se había comprado cacerolas, sartenes, platos, sabanas y todo lo que había en el baño.
En lugar de llevar los saltos de cama de encaje blanco que su madre le había regalado como parte de su agujar y que descansaban ahora en un cajón bajo el televisor con las perlas que no había tenido corazón para vender, llevaba puesto el pijama de franela invernal que había comprado junto con el edredón. Aunque iba completamente tapada, le daba vergüenza estar metida en la cama con Ichigo tan cerca.
Cometió el error de mirarlo de reojo y alargo el brazo para apagar la lámpara que había sobre la mesita que estaba situada entre el sofá y la silla. Ichigo se había quitado la camisa y ahora lucia una camiseta blanca que le marcaba los hombros. Orihime trago saliva y se apresuro a apagar la lámpara antes de hacer cualquier otra cosa.
-¿Te importa que deje la televisión puesta para ver las noticias? –le pregunto Ichigo –Luego la apago.
-No. No me importa en absoluto –contesto Orihime pensado en la cantidad de noches que la había dejado encendida para que le hiciera compañía.
-Buenas noches, Asuna.
«Me llamo Orihime», pensó ella cerrando los ojos y tapándose hasta la nariz.
-Buenas noches, Ichigo –respondió.
Durante unos minutos, lo oyó acomodarse. En un momento dado, escucho un ruido metálico y supuso que se había quitado la hebilla del cinturón, lo que hizo que un torrente de imágenes se apoderaran de su imaginación.
En un rato, lo único que se oyó fue el murmullo de la televisión y alguna ráfaga ocasional del viento.
-¿Ichigo?
-¿Si?
-Me alegro de que estés aquí.
-Yo, también.
OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOAMIOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO
Lamento de nuevo terminarlo hasta aquí, últimamente no me han dejado tiempo el la escuela, para que me crean ni en mis vacaciones u.u. Tengo tarea.
Así que mientras disfruten de lo que puedo ofrecerles, que dudo que sea mucho últimamente porque tendré un largo servicio social de 6 meses aparte de mis clases.
¿Review?, se los agradecería como siempre.
