Capítulo 4 – "The Wait"
- ¿Cómo…? ¿Cómo que agresión y secuestro? ¿Pero que me está contando? –la leona comenzó a mirar por todas partes y empezó a ponerse todavía más tensa, tal vez relacionando todo el desorden del estudio con la información que acababa de recibir.
- Por favor Claire, tranquilízate. –El zorro intentó sonar lo más amable que podía. –¿Te puedo tutear? –Sabía que tenía que ser cauteloso y medir sus palabras.
- Sí… sí… tengo, yo tengo que… sentarme… ¿cómo…? –la leona parecía a punto de perder el control.
- Vamos, ven aquí. –Nick le pasó un brazo por la espalda y la condujo hasta una silla que estaba en el hall, cerca de la puerta de entrada. –Respira hondo. Sé que cuesta, pero por favor, te necesito tranquila. Respira hondo. –la chica parecía hacerle caso. –Eso es.
La leona tenía sus manos en la cabeza, la mirada fijada en el suelo y parecía estar en otro mundo. Nick se arrodilló en frente de ella mientras le acariciaba suavemente el antebrazo.
- Escucha, Claire. No te voy a mentir, la cosa parece seria. Pero ante todo quiero que sepas que estoy de tu parte, estoy aquí para ayudar. Buscar a Adam requiere que tenga que resolver esto.
Claire miró fijamente a Nick con sus ojos azul celeste a punto de resquebrajarse.
- Pero… Pero tenemos que avisar a la policía. Mi padre… –hizo una pausa mientras señalaba torpemente alrededor- ¿Seguro que me puedo fiar de ti?
- Escucha, para empezar, no podemos llamar a la policía de momento y en cuanto estés un poco más calmada te explicaré por qué. –Nick se levantó del suelo –Mira, tengo bastante experiencia en esto, sé perfectamente que ahora mismo no puedes pensar con claridad pero necesito que me comprendas. Ni yo esperaba que nadie me pillara "in fraganti" mientras investigaba, ni tú esperabas encontrarte todo patas arriba.
El zorro agarró el hombro derecho de la leona con firmeza.
- Solo necesito que sepas que voy a encontrar a Cornelius. Y a Adam. De corazón. Pero para ello voy a tener que preguntarte cosas y necesitamos estar bien atentos a cualquier detalle, ¿de acuerdo?
La leona resoplaba mientras miraba a Nick. El caluroso ambiente veraniego no la ayudaba a sentirse más cómoda con la situación.
- Vale, bien. De acuerdo. –Se frotó los ojos mientras inspiraba con dificultad. –No entiendo nada.
- No te preocupes, te voy a explicar todo. ¿Qué te parece si vamos a la cocina y preparo algo de café? ¿Prefieres un poco de agua tal vez? –Nick esbozó una leve sonrisa para intentar serenar lo máximo posible a Claire.
Ambos se dirigieron despacio a la cocina y, con cuidado, Nick arregló el desorden del suelo colocando los platos y vasos sobre la encimera. Se fijó en que la cafetera estaba conectada, pero apagada. Probó suerte, le dio al interruptor y funcionó a la primera.
- A mí me gusta el café solo con dos cucharadas de azúcar, ¿te va bien a ti así? –Claire le miró sentada desde una pequeña mesa blanca que había en una esquina y simplemente asintió.
Tras ofrecerle el café y sentarse en frente de ella comenzó a contarle todo desde el principio. Le mencionó a Maxwell, como había ido desesperado a verle para buscar a su hijo, como le había explicado que éste trabajaba para Cornelius y le mostró de nuevo la foto de Adam. La leona admitió que conocía a Adam, aunque solo había coincidido con él un par de veces. Nick no se dejó nada en el tintero por lo que también le mencionó la leyenda de la que le había hablado Maxwell.
- ¿La Ciudad del Corazón Roto? ¿En serio? –Claire parecía mostrar una mezcla de enfado y decepción –No me lo puedo creer.
- Tú también conoces el mito por lo que veo –Nick miraba fijamente como la leona daba pequeños golpecitos en su humeante taza de café mientras parecía perdida en sus pensamientos.
- ¿Qué si lo conozco? Mi padre me ha hablado de ello durante toda su vida. Ha sido su gran obsesión. Pensé que había desistido. Si incluso… -se quedó súbitamente en silencio.
- Si incluso… ¿qué? –Nick no vaciló ante la oportunidad de conseguir más información. Ella suspiró.
- Incluso fue el motivo por el que mis padres se separaron. Mi madre le pedía por activa y por pasiva que dejara sus fantasías y que no me hablara del tema. Durante estos últimos años parecía que se había olvidado algo de ello. –Claire resopló –Su estúpida obsesión consiguió que mi madre se hartara de él.
- Entiendo. Lo lamento. –Nick apuntó algunas notas en su teléfono mientras divagaba mentalmente.
Así que está obsesionado con el tema. No sé por qué pero creo que me estoy metiendo en un buen lío. Me empieza a mosquear el temita de la puta ciudad.
– Y, ¿sabes algo de la leyenda? ¿Cuál es tu postura sobre ello?
La leona le miró durante un instante y luego dejó la vista hundida en su taza. –Cuentos para críos.
- Ya veo. Entonces, dime Claire, ¿cuándo fue la última vez que hablaste con tu padre?
- Hace una semana o así. Me llamó para ver como estaba, como suele hacer siempre, y me dijo que se iba con su ayudante a una expedición. Me pidió que fuera con él pero no podía ir.
- Ah, ¿tú también te dedicas a la Historia? ¿Eres arqueóloga? –Claire sonrío tímidamente.
- No, no… Yo soy fotógrafa. Aunque me dedico a la informática mayormente. He ido a algunas expediciones con mi padre pero no a cavar ni nada por el estilo, si no a documentar sus hallazgos y demás. Aunque la verdad, ya hace bastante que no le acompaño a ninguna.
Ya veo, eso explica la foto en el suelo que encontré en la habitación que estaba patas arriba.
- Interesante, ¿entonces él no te dijo nada extraño o fuera de lo común?
- No… no, la verdad. –la leona se rascó levemente la nariz mientras contestaba a Nick evitando el contacto directo.
Uy…
- ¿Seguro Claire? Necesito toda la información posible, cualquier detalle que pases por alto puede ser vital a la hora de encontrarlo.
Venga, cuéntamelo todo. Que te he pillado…
La muchacha tragó saliva y se sinceró.
- Vale, de acuerdo. Me dijo algo. Pero me pidió que no se lo dijera a nadie.
- ¿Relacionado con la Ciudad del Corazón Roto?
- No, o al menos, no creo. –Sorbió un poco de café –Me dijo que me mandaría por correo un paquete, algo importante, que lo llevara conmigo pero que no lo abriera. Que ya se lo daría más adelante. Yo le dije que si estaba de cachondeo pero me lo dijo muy en serio.
- ¿Un paquete? –Nick parecía intrigado. –¿Lo recibiste? ¿Lo llevas ahora contigo?
- Sí. Me llegó esta misma mañana por correo certificado. Está en mi mochila. –Hizo una pequeña pausa –Realmente vine a verle porque quería que me hablara de ello. De todo este secretismo y misterio, porque él nunca ha actuado de esta forma.
¿Debería…?
- ¿Me dejas verlo? –la leona miró detenidamente a Nick, por primera vez se fijó con calma en su rostro.
- Si, mi mochila está en la entrada. En la percha. –El zorro se levantó de la mesa.
- Voy yo a por ella.
Nada más salir de la cocina justo enfrente estaba la mochila colgada. La cogió y se dio cuenta de que pesaba bastante.
- Vaya, como pesa. –Nick se dirigió de nuevo a su silla y dejó la bolsa encima de la mesa.
- Si, llevo muchas cosas. Mi portátil, mi tablet… ya sabes.
Nick le acercó la mochila. –Claro. Y todo a tamaño león. –El zorro sonrió.
- Oye, ¿nos conocemos de antes? Me suenas mucho. –la leona miraba el rostro de Nick con curiosidad, como buscando algo en las pupilas verdes del zorro.
Ya empezamos… A este paso podría teñirme el cuerpo entero para ver si paso más desapercibido. De zorro ártico. Bien blanco. Si, ¿por qué no?
- No, no nos conocemos. Pero digamos que hace unos años aparecí bastante por periódicos, televisión y demás.
Claire frunció levemente su entrecejo y acto seguido puso un gesto de sorpresa.
- ¡Claro! Nick Wilde, el que ayudó a resolver el tema de los aulladores nocturnos. El primer poli zorro. Estaba tan nerviosa que no me había dado cuenta.
Nick sonrió un poco. –Bueno, no pasa nada. Eso es cosa del pasado. Ahora como te he dicho soy detective privado y lo importante es encontrar a tu padre. Y a Adam.
- No te preocupes Nick, si es tema tabú para ti lo respeto. Gracias por salvarnos. Y gracias por ayudarme en esto.
Vaya, casi parece que al reconocerme le haya cambiado el carácter por completo. Al menos parece que no se va a poner en plan insistente. Bueno, si esto ayuda a que confíe en mí, no me voy a quejar.
La chica hurgó en su mochila, sacó un pequeño sobre de color marrón y se lo entregó a Nick. El zorro se fijó que no había remitente. La dirección de la leona estaba escrita a mano de forma magistral. Vivía en un buen barrio de la ciudad. Efectivamente, el paquete estaba cerrado. Apretó con cuidado el sobre para notar que había en el interior y parecía que fuera una especie de libro o bloc de notas.
- Veo que has cumplido tu promesa y no lo has abierto. –Nick dejó el sobre enfrente suya.
- No, no sé. ¿Debería haberlo hecho? Como mi padre me dijo que no lo abriera de forma tan seria. –El zorro posó su mano derecha sobre el paquete.
- Mira, ahora que estás más calmada. Debo mostrarte algo. Espera un segundo aquí.
Nick se dirigió a la pequeña oficina y cogió el papel negro amenazador que había leído hace un rato. Volvió a la cocina y se lo entregó. –Quiero que recuerdes que voy a encontrar a tu padre. Este es el motivo por el que de momento es mejor actuar con cautela.
Claire leyó aquel papel negro y no pudo evitar que las manos le temblaran.
- ¿Pero…? ¿Pero qué? ¿Quién coño le ha mandado esto? –El miedo volvió a aparecer en el rostro de la leona mientras miraba a Nick. -¿Pero que me estás contando con la ciudad de las narices?
- No lo sé. No tengo ni idea. Me quedé igual de sorprendido que tú. A mí también me ralla que nombren el maldito cuento. Encontré la nota arrugada en una papelera, debió de recibirla hace unos días. –Nick bebió rápidamente de su café. –Hay varias cosas que me parecen raras. Lo de mandar una carta amenazadora tan "cantosa" en pleno siglo 21. Que alguien le mande "besos". –Hizo una pausa y tocó el sobre marrón. –Algo me dice que puede que todo este desorden, que todo el caos que hay en el estudio de tu padre ha sido por encontrar lo que hay justo aquí dentro.
Hubo un silencio algo incómodo pero Nick lo rompió rápidamente.
- Mira, mi plan es intentar ver las grabaciones de seguridad para conseguir más detalles. Ver que ha pasado. Han intentado cargarse el sistema y dudo que se encienda pero creo que podríamos sacar algo. No parece un cacharro de cintas o memoria flash. La verdad es que es un trasto algo viejo y no conozco mucho su funcionamiento, pero algo se me ocurrirá.
- Mi padre es que es muy de conservar las cosas antiguas si funcionan bien. –Claire sonrío ligeramente. - Ese sistema de cuatro pantallas es algo vetusto y funciona con un chip de grabación, una tecnología que rara vez se usa hoy en día. Aunque hayan golpeado la carcasa, está empotrado en la pared. Puede que usando mi portátil consiga sacar algo de ahí.
- Perfecto. Nos va a venir muy bien que controles de ordenadores y demás cachivaches. –Nick levantó su pulgar derecho en señal de aprobación. –Otra cosa. Se han llevado el disco duro del ordenador de la oficina.
- Por eso no me preocuparía. –Claire miró hacia el techo suspirando. –Él prefiere anotar sus cosas y apuntes en cuadernos. A la vieja usanza. Ese ordenador de sobremesa se lo regalé yo hace unos años pero, créeme, lo ha usado bien poco.
Nick suspiró ligeramente. –Bueno es saberlo. Y bueno es que los que le han asaltado no parece que lo supieran.
El zorro se levantó, terminó de golpe su café, dejó la taza sucia en el fregadero y miró fijamente a Claire.
- Bien, pues todo esto que me acabas de contar nos lleva de nuevo al paquete. Si tu padre es más "old school", puede que encontremos algunas respuestas ahí. –Nick señalo el sobre de la mesa. –Tal vez te mandó lo que sea que hay ahí dentro para evitar que los asaltantes lo cogieran. Y eso nos da otro motivo más para la esperanza. Necesitan vivo a tu padre, así que solo tenemos que encontrarlo, y él me llevará hasta Adam. O eso espero.
Claire se quedó unos instantes meditando hacia el infinito y miró a Nick de nuevo. –Pues puede ser. Puede que tengas razón.
- Entonces, ¿me das permiso para abrirlo?
La leona tragó algo de saliva mientras se acariciaba suavemente el cuello. –Sí, adelante.
- ¿Prefieres abrirlo tú?
- No, no. Hazlo tú. Veamos que hay dentro.
Nick agarró un cuchillo que había encima de la encimera, se sentó de nuevo delante de Claire y con cuidado fue rasgando el sobre. Miró el contenido, metió despacio su mano derecha mientras lo sujetaba con la izquierda y sacó un pequeño libro de color verde oscuro. El zorro se fijó en la portada y se quedó mirándola unos segundos mientras intentaba encajar lo que estaba viendo. No podía hacerlo.
- ¿Pero qué coño? –Aquella pequeña frase malsonante que dijo en alto le salió del alma.
- ¿Que pasa Nick? ¿Qué es? ¿Qué pone? –Claire se puso algo tensa.
- Pone, textual. "Mis recetas favoritas" –Nick miró incrédulo a su acompañante.
- ¿Qué?
- Pues eso. –Nick ojeó rápidamente las hojas desde atrás hacia adelante y confirmó de nuevo el hallazgo –Es un maldito libro de recetas.
