Disclaimer: Los personajes de esta saga le pertenecen a Stephanie Meyer, yo únicamente me divierto con ellos como todos los miembros de Fanfiction.
Summary: Ella no entraba en la categoría de los estudiosos, los deportistas o los bichos raros, más bien a ningún grupo se adecuaba; los grupos tenían que adecuarse a ella. Porque después de ver como sus padres pasaban por un desastroso divorcio, creo un nuevo grupo: los explosivos. Ella: Swan, Isabella Swan.
Advertencia: Favor de LEER la nota abajo, no les tomará nada; así que si len mis porquerías de capítulos, será nada esa nota comparada a ellos.
Swan, Isabella Swan
Capítulo 3
Bella POV
Mi semana había sido, en pocas palabras, jodidamente normal.
¡Me abrumaba el monótono Forks! El único día emocionante de mi semana había sido mi primer día de clases, cuando exploté sin querer el querido salón de química. ¡Ja! Como si realmente les afectara.
La desesperación me invadía y no sabía con que combatirla, curioso porque la increíble Bella Swan siempre podía con sus problemas. Aun así, la frustración me arrinconaba de sobre manera y no podía pensar con claridad; era como si estuviera atrapada en un mundo de incoherencias gracias a Forks. Mierda, ¿como un pequeño lugar podía jugar conmigo? Estaba al borde del colapso, ya no lo soportaba.
— ¡Raack!
¡Puta, era Charlie!
Bajé corriendo las escaleras completamente preocupada, en mi mente comenzaban a formularse pequeñas conclusiones de lo que le había sucedido a papá. ¿Y sí la mafia había caído a nuestra casa? ¿Y si le había caído encima el refrigerador? O peor… ¿Qué tal si lo estaba haciendo con una prostituta barata y yo aquí arriba? No, no, no y no. Charlie no era de esos hombres, era más respetable. Ósea por favor, estábamos hablando de papá, claramente no era de esos.
Okey, sinceramente no me esperaba encontrarme con esto.
—B-Bella… yo, este… el televisor —tartamudeaba él y tuve que hacer un maldito esfuerzo sobre humano para no echarme a reír en ese mismo instante. Charlie estaba literalmente del color de mi suerte- rojo- y se encontraba metido en un gran problema. —Lo que pasa es que… pues, este… m-me —no aguanté más y me eché a reír.
Charlie tenía un hacha entre sus manos, la cual había incrustado en el televisor. Completamente normal, puff… cosas de todos los días. Digo, ya era normal que las personas cortaran en dos los televisores con un hacha. ¡Sarcasmo puro! ¿Cómo demonios había Charlie conseguido un hacha? Bueno, eso haría que me lo dijera ahora.
—Suéltalo. ¿Qué haces con un hacha en las manos y porqué acabas de cortar el televisor? Por el amor de Dios, papá, no eres leñador —bufé divertida y Charlie adquirió una nueva tonalidad mayor de rojo.
Me explicó que Harry, su amigo, le había pedido que recogiera el hacha que él necesitaba en un lugar cerca de la estación de policía, por lo que cuando llegó a casa con ella le dio un poco de curiosidad saber cómo era cortar las cosas, y al simular cortar el aire, terminó rompiendo el televisor. Perfecto, simplemente perfecto. Me doblaba literalmente de la risa, este hombre era todo un personaje.
—Olvídalo, papá. Saldré unas horas, ¿de acuerdo? No sé a qué hora regrese pero deja comida en el refrigerador. Nos vemos —hice un gesto despreocupado con la mano y salí de mi hogar sin rumbo alguno.
Se me cruzó por la mente llamar a Jake, pero antes de que pudiera tomar el teléfono, Jasper salió de su casa alado de una mujer impresionante. Creo que a ella ya la había visto, más mi memoria era toda una mierda que solo recordaba cosas importantes; como por ejemplo cómo cocinar. Que sería de mí si olvidara las recetas… creo que sería un horrible feto mal alimentado.
Jasper y la despampanante mujer me miraron fijamente, analizándome con su mirada. No fue hasta que un coche pasó a la velocidad de Dash, el pequeñín de los increíbles, cuando me percaté de que ambos estaban un poco desaliñados. Ella lucía un conjunto muy a la moda en completo desorden, y él parecía traer puesto unos pantalones al revés y la camisa mal abotonada. La única conclusión, un tanto sucia, que se me pasaba por la mente era una: sexo.
Sonreí pícaramente, haciendo a mis acompañantes sonrojar.
— ¿No pudieron terminar adentro? —pregunté alzando una de mis cejas, sonriendo de medio lado. ¡Oh, como amaba incomodar a la gente! Era de lo más divertido, ya que de momento estaban relajados y en paz y luego ¡bam!, una simple pregunta y están igualitos a Mercurio.
—B-Bella, ella es Rosalie, mi hermana… —susurró y aquí la incómoda fui yo. ¡Oh por Dios, acababa de insinuarles que tenían relaciones! Que estúpida podía llegar a ser a veces, pero una completa idiota. —Rosalie, ella es Bella… la chica de la que te hablé el otro día —me presentó ante la chica el rubiecito.
Ahora que me daba cuenta eran totalmente idénticos. Ambos de ojazos azules, cabello rubio, facciones finas y exactas, piel blanca y nívea, de estatura alta y con una sonrisa de Colgate. Fácilmente podían pasar como estrellas de cine, o mejor… modelos internacionales de los que son importantes. Sí, eso les quedaba mejor a sus esculturales presencias.
—Oh, tu eres la chica de intendencia, ¿cierto? —jugueteo un poco con su tono de voz, irritándome hasta las pestañas. Está chica tenía carácter, y si yo la había dejado mal parada ella haría lo mismo. Estaba cien por ciento segura. —Eso dicen. Pero creo que yo también he oído hablar de ti; oí que decían algo sobre la Barbie hueca de la liposucción —su cara se deformó y me encogí de hombros, en un gesto despreocupado.
Rosalie Hale, mi nuevo juguete.
Hice nota mental de cada una de las letras de su nombre, sonriendo internamente cada vez más. Había encontrado mi entretenimiento personal en Forks, y eso sería molestar a Rosalie hasta hacerla colapsar de rabia. Pobre de ella, pero bueno… ya ni modos.
—Escúchame bien, querida, nadie juega con Rosalie Hale y sale ilesa. Recuérdalo, muñequita de la basura municipal —ladró ella y la sangre se acumuló en mis mejillas del enojo. Agh, ricitos de oro guardaba a una bestia dentro de ella, una bestia que yo haría salir.
Sin nada más que decir, ambos hermanos se metieron de vuelta a su hogar y me dejaron parada en la calle. Sonreí arrogantemente y seguí mi camino hacia la nada. Encontré un local donde vendían comida chatarra y compre una bolsa de papas y un cigarrillo. Cuando fumaba el estrés se esfumaba. Ja, que graciosa soy.
Mi día no había terminado en picada, así que regresé a mi casa por ahí de las dos de la madrugada. Conseguí matar el tiempo en un bar jugando pool, ya saben, socializando con los borrachos de ahí. Hubo más de un tipejo que intentó propasarse conmigo, claro que no les resultó y salió un poco lastimado de su hombría. La verdad era que exageraban, no les había dado taan duro.
—Isabella Swan, ¿que son estás horas de llegar? —bramó Charlie después de verme pasar la puerta principal. Yo solté un bufido y rodé los ojos, ganándome una mirada asesina de papá. —Tú mutilaste el televisor con un hacha y yo no dije nada —ahora fue su turno de bufar y rodar los ojos. En ciertas cosas éramos tan parecidos.
—Como sea, sólo sube a tu habitación y… no sé, lávate los dientes —hizo un gesto extraño con las manos y subí las escaleras dirigiéndome al baño para lavar mis dientes. Gran castigo, Charlie, pensé con sarcasmo.
El fin de semana había sido el infierno.
Charlie me había echó mirar todo el día unos putos documentales de animales y robots. ¿Para qué mierda quería saber yo como se reproducían las hormigas? ¡Para nada! Pero no, papá había decidido malgastar mi fin de semana mirando porquerías en la televisión solo por haber llegado a las dos de la madrugada. Háganme el favor; debería estar agradecido de que haya llegado a la casa, ya que había veces que no cruzaba la puerta de mi hogar en días.
—Bella, iremos a cenar con la familia Hale hoy, así que arréglate porque salimos en veinte minutos —musitó Charlie al tiempo en el que se levantaba del sofá y subía las escaleras. En mi rostro se formó una sonrisa malvada —Oh, por supuesto papá, tú no te preocupes —le dije e igualmente subí a mi habitación para prepararme.
Aquellos veinte minutos que Charlie había puesto como límite ya habían pasado y ambos nos encontrábamos rumbo a la casa de los famosos Hale. Era cierto que papá ya había intentado que fuéramos a cenar con ellos, pero como acababa de llegar de Phoenix no insistió y no fuimos. Pero ahora que se había dado la oportunidad de presentarme ante ellos, Charlie no la desaprovechó; y mucho menos lo haría yo que había encontrado a mi entretenimiento personal.
En el momento en el que nuestras miradas se cruzaron, ambas sonreímos e hicimos como si no sucediera nada. Nos saludamos respetablemente, y en el momento en el que estuvimos frente a la otra, soltamos el desprecio en palabras. Rosalie era impresionante, y me encantaba que fuera de carácter tan fuerte porque respondería a mis comentarios; en pocas palabras, diversión para mí.
—Oh, así que sus dos hijos son nuevos en la escuela como mi Bella, ¿cierto? —aclaró Charlie ante las palabras que acaban de decir los señores Hale. Ósea que ellos habían vivido parte de su adolescencia en Nueva York y eran nuevos aquí en Forks, como yo. —Exacto, Rosalie y Jasper decidieron pasar dos años con nosotros aquí en Forks, después regresaran con sus tíos a Nueva York —sonrió el señor Hale y en mi rostro apareció una sonrisa amable.
La cena se estaba volviendo algo tediosa, ya que las conversaciones eran entre los adultos y yo no podía insultar a Rosalie porque sus padres y mi padre se descolocarían y lo más probable era que me sacaran de patadas de su casa y Charlie me encarcelara. Algo nada bonito. Así que cuando regresamos a nuestro hogar por ahí de las once de la noche, le demostré a Rosalie en un cariñoso afecto todo mi aprecio hacia su persona. Por supuesto que ella no se iba a quedar callada y me devolvió el gesto, haciéndome sonreír abiertamente.
Ella me caía bien a pesar de molestarla, era divertido ver sus reacciones hacia mí y como me ofendía. No pretendía ser masoquista, solo divertirme un rato.
—Nos vemos, querida —susurré en su oído y la sentí tensarse en mi caluroso abrazo. Aclaremos que yo no era del otro bando, solo quería irritarla un rato. Posicioné mis labios en su mejilla lentamente y me despedí de ella con la mano, mirando de reojo su reacción. —Por supuesto, cariño —respondió ella y ahora fui yo la que se tensó cuando acerco sus labios a los míos. Rió divertidamente y le dirigí una mirada asesina, pensando en cómo cobrármela.
Sabía que al final Rosalie y yo nos haríamos muy buenas amigas.
¡Lo sé! Esta vez me tardé dos semanas completas en publicar, pero las ideas simplemente no venían a mi. Estaba paralizada. Pero bueno, espero tenerles el próximo capítulo el lunes, ¡porqué es asueto! No se si en sus países sea así o capaz es en todo el mundo, no sé, lo que si se es que tendré tiempo para escribir más y publicar un poco más rápido.
¡El próximo capítulo habrá una aparición de los Cullen! Tal vez no en persona, pero si se les mencionara. :D Me encantaría que comentáran chicas, para que me suban el ánimo y las ideas fluyan en mi cabeza. Aun así no publicó para saber si soy buena, si mis ideas gustan o cualquier otra cosa, lo hago porqué me gusta escribir y así me expresó. :P
Así que esperemos traiga el próximo capítulo pronto y les esté dejando mensajes parecidos a estos. :D Jaja, por cierto, quiero dedicar este capítulo a Yuuus, que sigue leyendo y comentando. ¡Para ti, Yuuus! Sin más, me despido.
lucyhha
