Capítulo 4: Preludio
Gaz se encontraba en su oficina leyendo su correspondencia. Su padre le había dicho que podía dejarle esa tarea a una secretaria pero rechazó la oferta, no le agradaba la idea de que revisaran algo que consideraba privado. Una sonrisa algo sombría se dibujó en su rostro cuando leyó que su videojuego había sido cancelado en otro país por ser considerado demasiado oscuro y perturbador.
Normalmente el que cancelaran un videojuego era malo pero para Gaz esa era una señal de que lo estaba haciendo bien. Desde que industrias Membrana compró la compañía del Game Slave se había propuesto desarrollar un videojuego que nadie olvidaría.
De momento había sido cancelado en siete países y censurado en tres. Ningún videojuego había causado tanta polémica y con cada censura su fama aumentaba considerablemente. No le extrañaba que se hubiera convertido en la "biblia" de todos los amantes del eroguro(*).
Y eso que todavía no habían descubierto muchos detalles que había ocultado. Un nivel oculto que le pondría la piel de gallina hasta al más valiente, con sonidos bastante realistas, un escenario que parecía sacado de un creepypasta.
Un proyecto bastante arriesgado debía decir. Si bien los videojuegos violentos no eran algo nuevo ella lo había llevado a un nivel más allá de lo conocido haciendo que juegos como "Hatred"(*) parecieran de niños.
No solo era la animación o los efectos sonoros los que hacían de su juego el centro de tantas críticas, eran as situaciones tan moralmente criticables, lo bizarro del lugar en que se desarrollaba y la falta de ética de los personajes.
Su juego seguía dando de qué hablar. Cada vez que era censurado se convertía en noticia. Le pidieron que redujera el grado de violencia pero ella se opuso. Era su creación y no permitiría que nadie la cambiara menos por algo que consideraba tan absurdo como lo ético. Si quería mostrar un mundo pos apocalíptico podía hacerlo, era su creación.
Terminó de leer su correspondencia y se dirigió a la casa. Desde hacía varios días Gaz se sentía observada pero solo fue hasta ese día que decidió tomar medidas. Su paciencia era corta y había llegado a su límite.
Activó el sistema de seguridad, si alguien se atrevía a entrar a su casa tendría que enfrentarse a sus muñecos y estos no dudarían en desmembrarlo. Al principio sospechó de las organizaciones moralistas pero descartó esa idea después de enfrentarlos. Estaban tan asustados que difícilmente irían más allá de las críticas por internet o censurar su videojuego aunque esto solo lo hacían en el extranjero.
Ese día ella y su hijo salieron por pizza a su lugar favorito. Tomaron asiento, no notó nada fuera de lo normal. Pidió una pizza para ambos y mientras esperaba decidió llevar a su hijo con el cerdo de la pizza.
En ese momento descubrió a Zim persiguiendo a Gir. Cuando el irken supo que había sido descubierto se ocultó de una manera poco discreta confirmando sus sospechas. Poco después comenzó a correr.
Lo desmembraría. No solo por fastidiarla durante esos días, lo odiaba y pagaría por ello. Le haría lamentar el haberse metido con lo que era suyo.
Anteriormente lo había visto herido pero el irken siempre encontraba una forma de salvarse. Le molestaba pero una parte de ella lo agradecía, si moría no podría seguir torturándolo.
Varias veces había sido ella su atacante pero nunca se ocultó, no era su estilo. No estuvo vigilándolo, poco o nada le interesaba lo que el alienígena hiciera con su vida. O al menos así fue hasta que decidió espiarla.
Lo siguió pero no pudo atraparlo. Zim se escabulló entre la gente y ella chocó contra uno de los clientes. Su primer impulso fue golpearlo y no cambió cuando le ofreció la mano.
Levantó la mirada y pudo mirarlo detenidamente. No era alguien que pudiera pasar desapercibido por lo que dedujo que era nuevo en la ciudad.
Era un hombre joven, probablemente tenía uno o dos años más que ella. Lo más característico en él era su cabello blanco y despeinado. No recordaba conocer a nadie con un cabello de ese color pero de alguna manera se le hacía conocido.
Se puso de pie y se sacudió el polvo del vestido. No planeaba disculparse y mucho menos agradecerle a ese hombre por la ayuda brindada. En ese momento tenía otras prioridades y aunque no fuera así disculparse no era su estilo.
Tomó al joven de los cabellos blancos, dispuesta a hacerle pagar por hacerle perder a su objetivo pero algo de lo que dijo le hizo cambiar de parecer.
—Te invito a la pizza mañana. Acéptalo como una disculpa.
—¿Por qué debería aceptar?
—Tómalo como una disculpa por lo ocurrido. No pienses mal, soy nuevo en la ciudad y me pareció que tendríamos mucho de qué hablar.
—Más te vale que no planees nada extraño o lo lamentarás —le dijo Gaz antes de soltarlo.
Gaz no se despidió. Fue a buscar a su hijo y pidió dos pizas grandes para llevar, ambos amaban las pizzas de ese lugar casi tanto como los videojuegos. Cuando subió a su vehículo encontró dos cámaras y las desactivó al instante. Mentalmente comenzó a planear las torturas que utilizaría cuando lo atrapara, estaba determinada a sacarle el motivo por el que la estaba espiando y hacerle pagar por tal acción.
Durante ese día no se sintió vigilada y al día siguiente tampoco. Pensó en ignorar la invitación que le había hecho el hombre con el que había chocado pero cambió de parecer. Estaba segura de que Zim estaría allí y ella debía atraparlo.
Lo primero que hizo fue llamar a su padre. Su esposo estaba de viaje y necesitaba de alguien que cuidara de su hijo. Él aceptó sin hacer preguntas, a pesar de lo extraño que pudiera resultar el que saliera a esa hora, él disfrutaba cuidar a su nieto y de paso mostrarle el laboratorio.
En cinco minutos había llegado a la casa. Desde que le habían dicho que Dib estaba desaparecido el profesor Membrana había cambiado de una manera considerable. Esa noche estaba ocupado, tenía trabajo pendiente en el laboratorio pero no por primera vez puso a su familia como prioridad.
Cuando nació su hijo insistió en ponerle Dib pero ella se negó. Había pasado varios años desde su funeral pero ella seguía culpándolo por lo sucedido, odiándolo por lo ocurrido. Nunca pudo perdonarlo.
Lo único bueno de todo aquello era que había ganado un padre. El profesor Membrana la acompañó en todos sus momentos importantes y estuvo presente en la vida de su hijo.
—Llevaré a este pequeño al laboratorio, todavía no le he enseñado el pequeño zoológico. Gaz, no te lo pregunté por teléfono pero ¿no crees que es un poco tarde para salir? La gente podría pensar mal en especial la prensa.
—Creo que ya deben estar cansados de mí, además solo saldré con un amigo —le respondió Gaz. Si bien no sabía el nombre de quien la acompañaría lo cierto era que tenía otros planes pero estos no podía decírselos a su padre.
—Mientras solo sea un amigo no veo el problema pero la prensa pensaría mal, tu último videojuego ha sido el centro de muchas críticas.
Ese era un buen punto y Gaz lo sabía. Desde que se lanzó el tráiler de su videojuego muchas de las críticas eran dirigidas a su persona. Ella no era un dulce angelito y no pretendía serlo por lo que no pensó en las consecuencias de su salida. Nunca le importó lo que la sociedad pensará de ella y no era algo que cambiaría.
Se despidió de su padre y se dirigió al lugar del encuentro. En su bolso llevaba unos guantes y algunas armas especialmente afiladas. Si todo resultaba como lo planeaba necesitaría de esos utensilios.
Cuando llegó a la pizzería el peliblanco ya la estaba esperando. "Punto a su favor" pensó Gaz.
— ¿Ves que al final no era tan difícil venir?
—Solo quería saber el nombre de a quién debo asesinar.
—Es Zib.
—Soy Gaz —respondió a la vez que extendía su mano. El nombre le era desconocido pero el rostro extrañamente familiar — ¿Qué te trae por acá?
—Vacaciones. Mi turno ¿Por qué corrías antes? Ya sabes, cuando chocamos.
—Preferiría cortarte la lengua antes de responder eso.
Después de ordenar una pizza ninguno dijo nada. Gaz estaba atenta a cualquier señal del extraterrestre y por lo que podía ver, Zib también buscaba algo. Al finalizar la mitad de la pizza se excusó diciendo que tenía que ir al baño, ciertamente había localizado un par de antenas muy sospechosas.
Lo siguió hasta llegar a un callejón. Era la oportunidad perfecta para acabar con ello, en un lugar tan solitario nadie podría escuchar a nadie gritar. También era peligroso para ella pero quería acabar con todo eso cuanto antes. Tenía una buena coartada y no la desaprovecharía.
En ese momento descubrió que no era Zim. Era un irken pero no el que estaba buscando. Ese era más pequeño y más gordo. Lo tomó del cuello y lo estrelló contra la pared.
—¿Dónde está Zim? —preguntó de manera amenazante mientras ejercía mayor fuerza en el cuello del irken.
—No lo sé —respondió Skoodge con dificultad. Se había enfrentado a la gente rata asesina y conquistado ese planeta pero esa mujer humana le aterraba.
Lo soltó de manera brusca para luego colocar su pie sobre el alíen. No hizo falta que repitiera su pregunta porque Gir hizo acto de aparición diciendo que debían ir a ayudar a su amo.
También la besó. Tuvo que alejarlo de una patada, ese pequeño robot podía ser demasiado intenso. No pasaron más de dos minutos antes de que el pequeño robot se pusiera de pie y les indicara el camino.
Y menos tardaron en localizarlo. No solo era el hecho de que se encontraba en el mismo lugar sino el ruido que hacía. No estaba solo, al parecer quien lo había estado atacando en los últimos días había decidido mostrarse finalmente.
Cuando Skoodge notó al enemigo de Zim, Gaz pudo notar como sus antenas se agitaban. Ella le dio un punto, el extraño tenía una armadura impresionante y las armas que usaban se veían letales.
—¿Por qué haces esto? —preguntó Zim—. No pienses que el gran Zim tiene miedo, solo quiere saber tus motivos antes de liquidarte.
—El imperio lo quiere de ese modo. Zim, traicionaste a los Más Altos y el precio a pagar es la vida.
—¡Mientes! —gritó Zim mientras lo señalaba con su brazo sano —. Los más Altos no saben que Zim está vivo porque Zim ocultó bien su rastro.
—Te equivocas, muchos alienígenas te vieron y ellos expandieron el rumor.
—¡Mentiras! ¡Sucias mentiras de tu apestosa boca humana.
—Y sigues con que soy humano, eso era un disfraz — le dijo el irken antes de dispararle a Zim en el hombro.
Gaz pensó en lo mucho que necesitaba un arma como esa. Era pequeña, no hacía ruido pero el impactó del láser que usaba era casi peligroso. Lo puedo comprobar cuando vio el brazo de Zim desprenderse de su cuerpo.
Zim estaba rodeado. De los dos era el que presentaba las heridas más graves. Le estaba dando batalla al irken pero la diferencia de armas y el tiempo sin entrenar le estaban pasando una mala jugada.
—¡Amito! No se dejé vencer—gritó Gir angustiado para luego mostrar un cambio de color en sus ojos.
El pequeño robot atacó al enemigo de Zim por la espalda. Usó una de las muchas armas que guardaba en su cabeza para lograr distraerlo por unos segundos. No fue un golpe efectivo pero Zim aprovechó la ocasión para contraatacar lanzándolo contra una de los edificios vecinos.
Uno que, para su buena fortuna, estaba en proceso de construcción. El irken cayó sobre lo que sería el sótano de la casa y unas gruesas vigas de metal sobre él.
Para sorpresa de Zim y de Gaz la policía los interrumpió mas eso cambió cuando los oficiales preguntaron por la nueva tienda de donas. Era más normal el que dos oficiales se perdieran antes que llegaran puntuales a la zona del crimen.
Ninguno notó nada. No vieron extraño el que Zim difícilmente pudiera estar de pie ni como un alce, demasiado pequeño como para ser considerado normal, lo tomaba sobre su espalda y se lo llevaba volando del lugar. Estaban demasiado ocupados consultando un mapa como para preocuparse por cumplir con su deber.
No teniendo nada que hacer Gaz se dirigió al baño. Retocó su maquillaje pues no quería levantar sospechas y regresó a su mesa. La pizza estaba intacta, Zib no estaba y no regresó.
Su primer pensamiento fue que se fue para no pagar pero lo descartó al pedir la cuenta. Uno de los meseros le dijo que cuando lo vieron intentando salir le cobraron lo que habían ordenado, "políticas del lugar" había agregado más ella no le prestó atención.
Terminó la pizza y regresó a su casa. Si tenía suerte, Zim no sobreviviría a su encuentro con ese irken. En cuanto a Zid pasaría algo de tiempo antes de volver a tener noticias sobre él.
Notas autora:
(*) Ero guro: génerodel manga que mezcla gore y hentai.
(*) Hatred: Videojuego violento en el que el protagonista sale a matar porque odia a la humanidad. No es el videojuego más polémico pero sí uno de los que más se habló.
A partir del próximo capítulo empezara la historia como tal y varios misterios comenzaran a resolverse entre ellos el papel de Zib en esta historia. Estos capítulos eran necesarios para poder entender lo que sigue.
Gracias por leer.
