Cuando Remus entró a la fiesta ya estaba en su apogeo. Había muchos amigos del colegio, del trabajo y de negocios. También estaban representantes de las mejores familias del mundo mágico. Saludó a muchos y cuando llegó donde Sirius (por fin) le saludó con un cálido apretón de manos.

-Canuto. ¡Feliz cumpleaños!.-Le dijo mientras le entregaba el regalo.

-Gracias Moony, ya te daba por desaparecido de mi fiesta.-Le dijo con una sonrisa mientras dejaba el paquete de Remus con los regalos apartados, eran los que él consideraba importantes, ya que eran de sus seres queridos.

Después sintió que una mujer le tocaba el brazo. Era Lili, la esposa de James y su mejor amiga.

-Hola Moony.-Le dijo mientras le besaba en la mejilla.

-Hola Lili, ¿Cómo estás?

-Bien ¿y Tú?

-bien, gracias. ¿Vienes con nosotros?.

-Claro le dijo sonriendo, y caminó con hacia una chimenea apagada, pero que a él le gustaba mucho, y se pusieron a conversar acerca de la infancia se Sirius, se estaban riendo mucho, cuando él la vio entrar.

Ahora estaba vestida diferente, se veía suave, casi infantil. Era ver a otra persona.

Se dio cuenta de que era la más informal de la sala y no le pasó por alto la mirada envenenada de Lili. Aunque ahora creía entender el por qué, el cual fue confirmado al verla tomar con fuerza la mano de su esposo. Creía que se iba a querer acostar con James.

Qué irónico. Sonrió al pensar que la chica no tenía la culpa del destino que la había llevado a allí, y sin embargo, era ella la que no paraba el círculo vicioso de su propia falta de autorrespeto.

Y era tan dulce, todo en ella era dulce, pero la cubría una capa de hielo, como una coraza. La siguió con la vista, le gustaba observarla, era tan diferente al resto de las personas de la fiestas, con sus vestidos caros y sus conversaciones banales. Cuando ella notó que él la estaba observando lo miró con tanto odio, pero él ya entendía el porqué, no debía tener el mejor concepto de un hombre.

Se decía a si mismo: no la mires, no la mires. Pero le era imposible apartar su vista de ella.

Llevaba un gran paquete plano bajo el brazo, era el regalo de Sirius.

Cuando Sirius le hizo una seña a la niña, ella le sonrió a Sirius cálidamente, y lo siguió hasta su despacho.

A Jazmín que al parecer no se le pasaba nada por alto, vio las miradas de Remus y se acercó a él.

-Acompáñame Remus.-Le dijo bajito, mientras Galatea pasaba corriendo entre ambos.

Cuando llegaron al despacho viendo el cuadro de la niña emocionado.

Remus silbó al ver el cuadro, era impresionante, había captado la esencia de aquel primer Hallowen que pasaron juntos. El primero de muchos.

Sintió la mirada de furia de ella.

-Él es Remus. Remus ella es Tonks.-Dijo Sirius, por lo menos tenía los nervios más firmes que los de él, que ya estaba rojo y al borde del colapso, era la situación que más tenía. Entonces ella miró el cuadro y lo miró a él sonriendo-¡Eres el tercer niño!-Parecía feliz con su descubrimiento.

-Sí, y es un buen cuadro.

-Es precioso Dora.-Le dijo Jazmín abrazándola, al parecer se tenían afecto

-¿Vamos a la fiesta? Si no van a pensar que secuestramos al cumpleañero.

Cantaron el cumpleaños feliz y se estaban riendo con unos empresarios de un chiste algo estúpido cuando vio que Sirius se tensaba y se separaba del grupo que ya se preparaba para ir a cenar. Siguió a su amigo, no sabía bien por qué, pero lo siguió.

Andrómeda estaba tomando del brazo a la pintora y le estaba diciendo algo bajo, que al parecer por la expresión de ella le había dolido mucho.

Su expresión cambió totalmente a la ira y casi gritando le respondió:

-Por lo menos yo no engañaba a mi esposo.- Andrómeda levantó la mano para abofetearla, pero Sirius ya estaba allí y la sujetaba.

La vio salir corriendo hacia la puerta sin despedirse. Él quiso seguirla, pero sus pies no le respondían y se quedó parado allí. Se dio vuelta a ver a Andrómeda que había recuperado su aire altivo y se retiraba hacia la fiesta con su flamante esposo al lado. Sirius que se intentaba calmar, estaba furioso.

Cuando se acercó a él y le tocó el brazo vio que su amigo estaba realmente triste.

-¿Ves a que me refería con que está sola?-Le dijo mientras Remus lo observaba en silencio y pensaba en la escena. La repetía una y otra vez en su mente, la mirada de rabia de Andrómeda, como si tuviese un odio ciego hacia una persona que valía más que ella o que él.

La mirada de dolor de la niña y la rabia con la que habló. Sí, Sirius tenía razón, eso era estar solo.

Se dio cuenta que los únicos que habían presenciado la discusión era ellos dos, James, Lili y Jazmín, que lloraba silenciosamente. Al parecer no era la primera vez que pasaba.

Volvieron a la fiesta y aparentaron que nada había pasado. Antes de despedirse Remus miró una vez más el cuadro, era como volver a verse a sí mismo con 11 años.

Mientras manejaba a su casa se sentía preocupado ¿Estaría bien? ¿O pasaría la noche llorando sola en su desván?.

Sus sueños estuvieron llenos de cuadros de niños en Hallowen y una pintora mirándolos con pena desde un rincón del parque.