Narcisa no espero ni unos minutos para estrujar entre sus brazos a su nieto, y a pesar de las continuas quejas de este, no fue hasta que su hijo se lo pidió, que lo soltó.

- Abuela yo también te extrañe – dice Scorpius sonrojado.

- Vamos, guarda tus cosas y cámbiate de ropa para la cena. Te estaremos esperando en el comedor. – Le dice Draco fríamente.

Sin dudarlo dos veces, Scorpius corre a su habitación, por no decir vuela, y una vez solo, sentado en su cama, le es permitido pensar en ella. ¿Que estará haciendo? – piensa Scorpius.

De un salto, como si el elfo domestico, le hubiera colocado un chinche en su cama, se dirige a su baúl y se pone en la búsqueda de algo. Allí, en el medio de su libro de Transformaciones, se encuentra el objeto más preciado para él, aquella carta de su amada. Scorpius recordó como había llegado a sus manos:

Rose había evitado encontrarse con Scorpius desde aquel día, y cuando lo veía, retrocedía y se marchaba molesta. Scorpius no entendía la actitud de su amiga, muchos menos entendía porque le había dicho que lo odiaba. Habían pasado semanas y lo único que había logrado al querer hablar con ella, era que todos los chicos Weasleys saltaran sobre él, alejándola aun más de ella.

No solo tengo que soportar su mal humor, sino también que todos sus primos me amenacen, esto es totalmente injusto – pensaba Scorpius – ¡y sin ninguna razón! Capaz sea cierto como me recordó James, que un Malfoy y una Weasley nunca podrán ser amigos.

El día que se marcharían a sus vacaciones de Navidad había llegado y Scorpius seguía sin entender porque su amiga seguía con esa actitud. Fue entonces que se dio cuenta que Ava se dirigía hacia él, con ese andar coqueto y vulgar. Pensaba salir corriendo, pero prefirió mirar a otro lado, y vio a la pelirroja mirándolo fijamente, ella solo puso los ojos en blancos y susurrando algo a Lily, se levanto y salió del Gran Comedor.

- Al, nos vemos en la Sala Común, tengo ehhhh una carta que enviar – mintió Scorpius a su compañero mientras salía embalado del Gran Comedor.

Siguió a Rose por todo su trayecto, y fue cuando cruzo el baño de Myrtle La Llorona, cuando la alcanzo y la empujo hacia adentro.

- ¿Estás idiota o qué? – grito Rose molesta – Así no se trata a la gente, o ¿es que no tienes educación?

- Si la tengo, pero al parecer eres tú la que no tiene educación, porque te volteas cada vez que me ves, y ni siquiera me saludas – le pregunto Scorpius – Necesito hablar contigo, Rose.

- Ya te dije que para ti no soy Rose, sino Weasley – respondió Rose – ¡solo mis amigos me pueden llamar así!

- Pues bien, Weasley, necesito hablar contigo – dijo Scorpius irónicamente.

- Pues sea lo que sea, escúpelo ya, porque no tengo ganas de mirarte todo el día – grito Rose.

- Ya sé porque estas molesta conmigo – dijo Scorpius – Me viste con Ava, ¿no?

- ¿Y yo porque tendría que molestarme contigo solo por el hecho de que tengas malos gustos? – dijo Rose mirando a otro lado menos a los ojos grises de Scorpius – Además lo que tú hagas o dejes de hacer con tu noviecita, ¡me tiene sin cuidado!

- ¿Entonces crees que es mi novia?

- Ya te dije que no me importa – grito Rose – tu puedes hacer con tu vida lo que se te dé la gana, ya no eres amigo mío, por ende no me tienes que pedir mi opinión ni mi permiso para nada de lo que hagas.

- ¿Para nada? – pensó Scorpius – Ella lo dijo…no le tengo que pedir permiso.

- ¿Porque me está mirando así? – pensó Rose.

Sorpresivamente, Scorpius tomo por la manos a Rose y la empujo a la pared más cercana a la puerta y se acerco a ella, tan cerca, que casi podía contar las pecas de su nariz, que casi podía decir que tan mieles eran sus ojos. Podía sentir como el pecho de ella subía y bajaba rápidamente debido a la sorpresa de aquel acto, podía sentir aquella fragancia a rosas que ella emanaba.

Sus labios se fueron acercando lentamente a los labios de ella, y justo en el momento en el que ella parecía estar recuperando su valentía Gryffindor, él empezó a besar de lleno sus labios, mastico suavemente su labio inferior y dio suaves toques a su labio superior. Eso pareció eliminar la poca fuerza que le quedaba a la pelirroja, porque ya no luchaba por liberar sus manos, simplemente cerró los ojos y abrió la boca para soltar un suspiro, tan corto, pero tan profundo.

Cuando volvió a abrir los ojos se encontró con aquellos ojos grises, que ahora no emitían nada más que amor y dulzura. ¿Me dejara hacerlo de nuevo? – pensó Scorpius. Aquellos ojos castaños le dieron la respuesta.

La tomo por la cintura y la acerco a él, pero antes de besarla, fue ella la que se cerró los ojos y beso sus labios, recorrió su lengua por sus labios y empezó a besarlo con un tremendo deseo. Sus manos descendían por todo el contorno de su espalda, pero no se atrevía a bajarlo más, por lo que decidió subirlos a su cabellera y jugar con sus rizos.

Casi minutos después, (¿o fueron horas?) se despegaron y se miraron sin decir nada. Fue Scorpius el que rompió el silencio:

- Te quiero Weasley, no se cómo sucedió, pero te quiero – acaricio su rostro y le dio un beso suave en la mejilla.

- Hhmmm – dudo Rose.

- No tienes porque decirme nada, solo necesitabas saberlo, y en caso me quieras odiar mas, tú me diste permiso a hacer lo que quisiera – dijo Scorpius separándose de ella y abriendo la puerta del baño de Myrtle La Llorona – Ah y por si aun lo dudas, Ava y yo nunca hemos tenido nada – y se marcho.

No recuerda haber visto a la pelirroja en todo el trayecto de vuelta, ni siquiera recuerda cómo fue que entro a su casa y saludo a sus abuelos. Solo recuerda entrar a su cuarto y ver la lechuza parda de Rose posada en su estante, con un sobre en su pico.

Abrió la carta para leerla una vez mas y sonrió al solo ver la caligrafía perfecta de Rose.

Querido Malfoy:

Siento que debí haberte dicho muchas cosas, pero la verdad me quede sin habla. Yo también te quiero, no sé cómo, pero te quiero…no tienes porque responderme, simplemente espero que sigas recordando que tienes permiso de hacer lo que quieras…

Tuya,

La loca Weasley

Sonrió aun más al recordar, como había tomado aquellas palabras en serio, en sus encuentros en los armarios, en el baño de Myrtle, en el cuarto de los Requerimientos, y en sus paseos a la luz de la luna bajo la capa de Albus. Todos aquellos meses de felicidad.


hola!! dejen reviews para saber si les gusta i si sigoooo la inspiracion me esta fluyendo muxo estos dias =)