No vamos a llegar tarde-sonrió Hanna
Claro que si y tu madre va a matarnos-sonrió Caleb.
No bromees con eso-susurra ella.
Ambos caminan sin prisa por el andén de una enorme fábrica ensambladora, no son los únicos, la jornada ha terminado así que hombres y mujeres de rostros cansados y ropas sucias enfilan a la salida deseosos de llegar a casa.
Oye-murmura el chico-no quería incomodarte.
Da igual-responde Hanna limpiándose la frente-no puedes incomodarme más que toda esta mugre-Caleb se rie, es verdad, la rubia tiene el traje de trabajo sucio de grasa y vete a saber que otras cosas más, y eso es algo que detesta abiertamente. El chico en cambio está totalmente limpio.
En cuanto llegues a casa te darás un baño y quedarás como nueva-le anima-aunque para mí estás preciosa de igual manera-Hanna le sonríe y se besan. Los agentes de paz que custodian el anden miran recelosos a la pareja. Caleb se separa de ella y siguen andando-uno de estos días nos prohibirán ser felices-se queja.
Ya lo hacen-responde Hanna-hoy he visto llorar a mi vecina... ya sabes la de pelo castaño que vive dos casas hacia abajo-él asiente-me ha dicho que está embarazada... se supone que en un tiempo eso tenía que hacerte feliz, no ser un pozo sin fin de preocupaciones.
Depende de las personas supongo-Caleb se encoge de hombros-tu madre es feliz de que estés aquí.
Y de que haya librado tantas cosechas-añade sonriente-pero no estoy segura si quiero... hacer lo mismo.
¿Que? ¿Librarte de la cosecha?-Caleb usa un tono preocupado pero a leguas se ve que bromea-¿Te presentarás de voluntaria?
Eso no, tonto-Hanna le da un codazo-tener hijos me refiero.
No creo que se esté mal-responde Caleb después de un rato de silencio cuando ambos ya caminan por las callejuelas del distrito 6-después de todo es... ya sabes... una nueva vida, significa esperanza
¿Esperanza de qué?-Hanna lo mira incrédula-¿De que un buen día no pueda mantenerlo y comience a morir de hambre frente a mis ojos? ¿O esperanza de que sobreviva a los años de cosecha para que trabaje ensamblando aerodeslizadores, trenes y demás? ¿O para que yo muera y se quede solo en este mundo cruel? No lo creo-Hanna lo mira, el chico se ha quedado callado-¿Caleb?-de repente siente que ha metido la pata y cómo no, Caleb es huérfano desde los 11 un alma perdida justo como el hipotético niño que acaba de describir-lo siento-murmura poniéndose frente a él-no quería...
Da igual-responde aunque suena dolido-no pasa nada...
Pero si que pasa-la chica le da un beso-no quise recordarte malos ratos. En serio, perdóname-el asiente pero deja de hablar-¿Hay algo más?
No-responde y así la chica sabe que en efecto, hay algo más.
¿Que es?-él la mira sin entender-¿Qué te molesta?-el guarda silencio-Venga Cal, escúpelo ya, no puede ser tan malo.
Yo pensé-dijo-que quizá tu y yo podríamos... ya sabes, casarnos tener hijos algún día pero...-Hanna asiente, vaya, pues si podía ser bastante malo. Por un momento ella tampoco dice nada, luego el silencio entre ambos se vuelve insoportable.
Mira yo si quiero estar contigo-le dice al fin y él la mira atento-pero esto... los niños... es otro nivel.
Lo entiendo-responde con una sonrisa triste-vamos tu madre nos estará esperando.
Es cierto, la señora Marin los espera, también ha terminado su turno en la gran ensambladora y platica animadamente con Caleb mientras Hanna se sumerge en una vieja tina a rebosar de agua intentando desprender de su piel la cantidad industrial de grasa que adquiere como mecánica.
Al terminar de hacerlo se mira en el espejo, rubia de ojos azules y facciones finas, ella no está hecha para esta vida, todo el tiempo ha estado meditando sobre las palabras que dijo Caleb y por más que quiere no puede dar otra respuesta.
Ella lo ama, mucho, más de lo que amó a cualquier otro chico jamás, vale, tiene solo 18 años pero en todo ese tiempo de vida aunque tuvo otros novios es como si no existiera nadie antes de él, la chica está segura de que en otra vida, donde no estuvieran esclavizados por el capitolio, una vida donde ambos fueran libres de decidir ella estaría dispuesta a formar una familia con él.
Pero este era un mundo distinto.
Y en él no podía asegurarse que ninguno de los dos llegara vivo a la otra jornada, porque si bien no tenían tantos problemas de pobreza seguían siendo esclavos y por si fuera poco el comercio de morflina, ilegal pero popular entre los habitantes del distrito daba feroces problemas de seguridad a los agentes de la paz que los regían, problemas que a veces pagaba la gente inocente.
Hanna procuró sacudirse todas esas ideas que sólo la deprimían más y centrarse en vestirse, encontró en el baúl donde guardaba sus ropas un pequeño paquete cortesía de su madre se suponía que era el vestido que le compraba todos los años para la cosecha anual y no debía usarlo hasta entonces pero en realidad ¿Que importaba? solo era una tradición ridícula para entusiasmarla un poco más en ese horrendo día. Caleb estaba abajo en ese momento, esperándola para ir a cenar a un pequeño restaurante de la ciudad para festejar su aniversario, sabía que el chico había ahorrado meses para eso. La rubia contempló el vestido por un largo rato, era corto con un vuelo mediano, con algunas flores estampadas sobre un color hueso sólido. Era precioso.
Listo-la chica salió hacia la el comedor donde ambos la miraron estupefactos-el milagro del agua y el jabón-sonrió ella. Caleb se acercó para besarla.
Estás increíble-dijo-en serio, radiante.
Gracias-su madre la miró y le entregó un abrigo oscuro pero no dijo nada más. Ella le dio un guiño-¿Vamos? Esta sí que es una ocasión para celebrar.
Y lo era, realmente lo era.
