¡Hey!
Gracias a las tres lindísimas que me escribieron en el, por así llamarlo, capítulo pasado. Ya tenía pensado colgar esta viñeta, pero hasta hoy pude terminarla. Los drabbles responden a la comunidad de Live Journal "Retos a la carta".
Cambié el nombre del conjunto de fics por uno que creí más apropiado; me inspiré en la canción de Austin tv y sin saber que la letra de la canción y las tramas de los fics tienen mucho en común.
Disfruten *
DISCLAIMER: Si te suenan una castaña algo quisquillosa y un pelirrojo muy borde es porque son propiedad de JK.
Lluvia.
El agua cae y resbala por las montañas; la fría vertiente es la falda del cielo negro.
Ella echa de menos ver el paisaje en su lugar; a estas horas se acostumbra ver a los patios del castillo acompañados de un impactante e inconfundible brillo nocturno. Siempre mira esos paisajes que la hacen sonreír en sus sueños. Hoy sus ojos delatan fastidio.
-Hermione. –Alguien la llama, pero a pesar de lo sorpresiva de su aparición, no logra alejarla de la ventana. Es una voz de niño, que la hace recordar que está en segundo año y que es invierno. A estas alturas del año debe acumular precaución ya que en los pasillos se respira el tóxico perfume de los ataques a los alumnos de linaje muggle, considerada una estirpe indecente, sucia e indigna.
Hermione es Hermione Granger mientras camina por los pasillos del colegio. Hermione es tan sólo ella en la intimidad de la torre de Gryffindor.
-Oh, Ron. Deberías acostarte ya –dice ella frotándose los ojos castaños con suavidad, algo poco frecuente en ella; suele ser muy brusca en sus movimientos. Ron tan sólo ahoga saliva.
-Afuera llueve, ¿no es así? –inquiere él con un hilo de voz. Sigue lejos de ella; prefiere no pensar en el día que sigue, en los siguientes ataques. Enfrente de él sólo está la sombra de la muchacha… Es duro pensar que sólo eso pueda quedar de ella mañana por la noche, en tres días, en cualquier momento.
Hermione lo observa muy seria, así como cuando lee sobre cualquier tema que le interesa conocer. Después, distingue ese suéter descocido de color rojo oscuro que su madre le hizo el año anterior; sabe que él no tardará en tener otra copia en breve. Ya será veinticinco de diciembre. Ella piensa en que esos suéteres son especiales. Los distingue de entre todos y sabe que cuando lee alguna inicial en medio del pecho de una persona pelirroja y con pecas salpicadas en sus mejillas, es un Weasley perdido en el camino.
-Sí, mira. –Le permite el paso, y Ron, de ojos muy azules como el cielo despejado del mediodía, se asoma por la ventana para ver el espectáculo en el que se sumergen las negras montañas que rodean al pasillo-. ¿Sabías que la Luna aún espera por un rayo de esperanza? ¿Sabías que aún tiene fe en estas tierras que se están perdiendo? ¿Y que las montañas oscuras siguen en su lugar, porque todo lo bueno que alguna vez sucedió volverá a su sitio?
Y tal como la castaña lo ha esperado, Ron no entiende nada. Él es un ser insensible y sin tacto que no entiende las alusiones que se relacionan con la esperanza que él también aguarda.
A veces no le importa eso. La mirada de Hermione se suaviza cuando Ron deja de verla para volver a la lluvia que cae y choca con libertad contra el suelo.
-Si fuéramos como la lluvia… -El murmullo del pelirrojo es efímero, se revuelve con el sonido del fuego surgiendo en la chimenea y de las gotas que golpean la ventana.
-¿Sí, Ron?
Él sigue observando el viaje del diluvio, el vuelo del viento que se extiende con el paso de los segundos. Y retiene los ojos de su amiga dentro de sí; teme verla, teme no volver a encontrarla frente a él.
-Es repugnante que se fijen en tu sangre, o en los amigos que tienes, y que te juzguen por tus acciones, o porque naciste. Y te entiendo, es terrible estar en constante alerta, no salir por el miedo a que te pueda pasar de todo… –"Ron, lo volviste a hacer", piensa la castaña cuando los ojos azules de Ron se encuentran con los marrones de ella-. Te apoyo, Hermione. Si te llega a ocurrir algo… -Y el pelirrojo se detiene. En su rostro se puede ver una pugna por decir algo más, pero lo que la castaña no alcanza a reflexionar es la intención de sus palabras.
-¿Ron? Ibas a decir algo más, reacciona. -¿Cómo es que al muchacho le cuesta terminar la frase?
Y las últimas palabras surgen en la mente del pelirrojo para no decirlas nunca.
"Y si te llega a ocurrir algo yo lo sentiría más que cualquier persona".
¿Me sonríen?
