MI PERDICION

(Be My Downfall)

Por Kristen Elizabeth

Traducido por Inuhanya

Disclaimer: Los personajes no me pertenecen.

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Capítulo 4 - Muy profundo

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"Señora Presidenta, sólo espero que todo esto finalmente la convenza de que simplemente tiene que tener descanso suficiente y alimentación, no sólo cuando es conveniente para usted, sino todos los días," el doctor de Relena la reprimió.

Ella asintió. "Por supuesto. Todos los días."

"Hablo en serio," continuó el doctor. "Aunque creo que esta migraña se originó porque no ha cuidado apropiadamente de usted, no puedo decir con absoluta certeza de que no tiene nada que ver con el… patógeno en su cuerpo. Tengo a dos de mis mejores científicos trabajando en el caso, pero sin saber suficiente sobre sus propiedades, no hay forma de decir cómo la afectará en el futuro, especialmente si su sistema está debilitado en cualquier forma."

"Entiendo." Relena tocó su frente; gracias a los fuertes analgésicos que la clínica privada suministró, su dolor de cabeza estaba desapareciendo. "Cuándo puedo ir a casa, doctor?"

El hombre suspiró. "Le daré de alta en una hora, pero no hasta después de verla comer algo. Está bien?" Ella asintió de nuevo. "Haré que una enfermera le traiga una bandeja de la cafetería. Hasta entonces, trate de descansar." Escribió una nota en su historia. "Oh, y el hombre que la trajo aquí aún está esperando en el lobby."

"Heero?" Relena miró sus manos. "Él… ha estado aquí todo el tiempo?"

"Organizando un barrido de seguridad del edificio, pidiendo noticias constantes de su condición, y siendo un verdadero dolor en el…" El doctor colocó su historia bajo su brazo. "Le gustaría que lo deje entrar?"

Ella tomó un respiro. "Está bien."

El hombre sonrió y desapareció por la cortina que había colocado alrededor de su cama por privacidad. Relena se tomó un momento para alisar su cabello y asegurarse de que la bata de hospital cubriera tanto de su cuerpo como fuera posible. Probablemente lucía horrible con manchas de lágrimas y oscuros círculos bajo sus ojos, pero no había mucho que pudiese hacer sobre eso. Era lo suficientemente malo que tratara de hacerse más presentable. Sería un desperdicio en un hombre que físicamente no se preocupaba nada por ella.

Heero entró al área sin cortina y miró alrededor, sospechoso. "No hay enfermera. Quién está cuidándote?"

"Estoy bien; no necesito a nadie que tome mi mano." Relena lo estudió. "Por qué aún estás aquí?"

"Mi asignación es de veinticuatro horas."

Ella lo miró por otro segundo antes de que su mentón se desplomara en su pecho. Una lastimosa sonrisa apareció en sus labios. "Al menos no puedo decir que me engañaste. Gracias por eso."

Heero frunció. "Qué quieres decir?"

"Estoy relevándote de tu asignación, Heero." Relena levantó su cabeza. "Mi autoridad como Presidenta supersede la de Lady Une, y mientras que no me gusta pasar por encina de su cabeza, es obvio que ha cometido un error. Tú no quieres estar aquí, y yo no quiero que estés aquí. Le informaré en la mañana." Ella cerró sus ojos. "Vete, por favor. Estoy cansada."

Aún estaba ahí cuando los abrió unos minutos después. Perpleja, comenzó a preguntar, "Qué parte de eso no…"

"No quiero ser relevado de mi asignación." Heero la miró. "Soy el único que puede cuidarte apropiadamente."

Su dolor de cabeza amenazaba con regresar. "No has escuchado, Heero? El orgullo se infla antes de una caída."

"Esto no es sobre orgullo o ego," espetó él.

"Tú *dirías* eso." Relena cruzó sus brazos sobre su estómago. "Pero por qué otra posible razón te quedarías cuando es tan obvio que no puedes soportarme?"

Heero se apoyó con ambas manos en el borde metálico de su cama. "No entiendes."

"Por supuesto que no entiendo! Cómo podría entender?"

"Lo último que necesitas en este momento es molestarte," le recordó él.

"No hagas eso." Relena sacudió su cabeza. "Acepto consejos de los doctores, consultores políticos y mis amigos. Para la última revisión, no entras en ninguna de estas categorías."

Su expresión se oscureció. "Amigos como Quatre Winner?" Cuando ella no dijo nada, presionó. "Es gay, sabes."

"No lo es."

Heero levantó un hombro. "Cree lo que quieras. Pero nunca ha hecho un movimiento contigo?"

Relena titubeó. "No. Pero eso no significa…"

"Nunca ha parecido como si fuera a hacerlo?"

"Por qué estás haciendo esto? Sólo estás tratando de meter en mi cabeza que ningún hombre estaría atraído a mí? Bien, lo acepto. Pero qué tiene que ver esto con que te despida?"

"Maldición, Relena! No es suficiente? No es suficiente que esté aquí? Que no quiero *no* estar aquí?"

Ella comenzó a reír. "Heero, has estado aquí porque te ordenaron estar aquí. Y peleaste en contra! Estaba sentada en esa maldita oficina y te escuché intentar zafarte de eso! Qué demonios estás tratando de decir ahora?"

"No lo sé." Él liberó el marco y se empujó violentamente. "No lo sé!" Heero clavó sus dedos por su cabello. "Sólo sé… que hoy quise lastimar a Quatre. Y cuando te vi con tanto dolor…" Sacudiendo su cabeza violentamente, Heero sólo pudo repetir, "No lo sé."

"No puedo hacer esto," susurró Relena un momento después. "No puedo siempre estar preguntándome lo que realmente piensas en oposición a lo que dices o haces. Tus acciones pueden hablar más fuerte que tus palabras, pero qué sugieres que haga cuando *ambas* me dicen lo mismo? Debo ignorarlas, asumiendo que en realidad dices algo diferente, y luego seguirte como un cachorro, esperando que eventualmente me tires migajas de algo bueno?"

La cabeza de Heero se movía de un lado a otro. "No debí haber dicho nada. Despídeme si quieres; no importa."

Un poco de luz murió en sus ojos. "No. No voy a darte la satisfacción. Serás mi guardaespaldas, porque eres bueno en eso. Sólo vas a tener que aprender a vivir con los problemas que tengas."

Casi grita cuando se inclinó sobre ella, estrellando una mano a cada lado de su almohada. "Estoy en el infierno cuando estoy contigo. Y estoy en el infierno cuando no lo estoy. Es una tortura."

"Tortúrate todo lo que quieras, Heero, pero yo no voy a hacer lo mismo," susurró ella. Él estaba muy cerca; podía oler su jabón y sudor. "No más."

"Hubo una vez…" Él subió una mano para pasar sus dedos por el borde de su mejilla. "… cuando te preocupabas por mi. Qué le pasó a eso?"

Relena mantuvo sus ojos en los suyos, determinada a no mostrar reacción, aún cuando la gentil caricia enviara escalofríos por su espina. "Lo superé."

"Yo no." Su boca descendió hacia la suya; ella contuvo su aliento, esperando por el beso, esperando averiguar si la realidad sería tan buena como todas sus fantasías.

"Señora Presidenta, puedo entrar?"

La voz de la enfermera arruinó el momento. Heero se separó abruptamente y se alejó a una buena distancia de su cama. Relena tragó fuertemente. "Sí, está bien."

Cuando la mujer se fue unos minutos después, Relena se encontró mirando un plato de pollo horneado, arroz seco, vegetales límpidos y gelatina, junto con un cartón de leche. "No puedo comer esto."

Heero se giró. "Cuánto les pagas a estas personas? Eres la Presidenta, y con esto te alimentan?"

"No… realmente no puedo." Ella empujó la mesa hasta que cubrió sus piernas en vez de su cintura.

"Tienes que." Él regresó a su lado. "Quieres salir de aquí o no?"

Relena suspiró. "Cuál es el punto, Heero?"

"Habla por sí mismo," respondió él, frunciendo.

"Quiero decir, cuál es el punto de hacer algo como es debido?" Ella señaló la comida. "Qué si no como mucho? Y qué si no puedo dormir? No es como si importara realmente. Uno de estos días, las personas que me hicieron esto van a querer algo. Y cuando me rehúse a dárselo, van a matarme. Entonces, repito, cuál es el punto?"

Su frunce se tornó más duro. "Sabes que vamos a encontrar a quienes te hicieron esto, y pronto. Pero si te rindes antes de que pase… bueno, eso es…" Él buscó por una palabra, pero sólo pudo salir con, "… estúpido."

"He hecho cosas más estúpidas." Relena soltó una pequeña carcajada. "Abordé un avión a la Antártica para entregarte una carta."

"Pensé que lo hiciste para que no peleara con Zechs."

Ella se encogió de nuevo. "Tal vez sí; no recuerdo en realidad."

"Sólo come, Relena." Heero acercó más la mesa. "Sí?"

"Lo haré. Si haces algo por mi."

"Qué quieres?"

"Que termines lo que comenzaste antes de que entrara la enfermera." La lengua de Relena pasó sobre sus labios. "Quiero que me beses."

Un minuto de silencio pasó antes de que finalmente dijera, "No puedo. No ahora."

Ella asintió, y no parecía parar. Si su cabeza continuaba moviéndose, imaginó que sus lágrimas podrían no tener una oportunidad de escapar. Para distraerse, Relena tomó su tenedor con mano pesada. "Vete, Heero."

Él siguió la orden, pero no fue muy lejos.

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"Estás segura de que estás bien, Relena?"

Ella sonrió ante el rostro de Quatre en la pantalla del comunicador. "Estoy segura. Siento lo de nuestros planes para cenar."

"Igual yo. Tenía escogido el restaurante perfecto. Pero voy a estar aquí por un tiempo; lo intentaremos de nuevo cuando te sientas mejor."

Relena asintió. Después de una pausa, preguntó, "Quatre? Me encuentras atractiva?"

Sus mejillas se colorearon casi inmediatamente. "Eres hermosa, Relena."

No era la respuesta que estaba buscando, pero sonrió de nuevo. "Debo descansar más."

"Por supuesto. Pasaré por tu oficina mañana, tal vez?" Cuando ella asintió de nuevo, continuó, "Buenas noches, Relena."

Ella permaneció en su escritorio por un largo momento después de que la pantalla se apagó; finalmente se obligó a levantarse. Era pasada la medianoche, pero no había urgente necesidad de dormirse. Como una condición para su salida del hospital, le habían ordenado tomarse un día para recuperarse. Podría dormir hasta el mediodía si quería, pero no era un prospecto tan excitante como lo podría haber sido alguna vez.

No podía sacar de su cabeza la discusión con Heero. Era como si tuviera que descifrarlo; nada había tenido sentido. Caliente un minuto y frío al siguiente no comenzaba a describir las fluctuaciones en las palabras y acciones de Heero. Al mismo tiempo que estaba oprimiéndola, ahogándola, le lanzaba un salvavidas… sólo para quitárselo igual de rápido.

No es de extrañar que hubiese desarrollado migrañas.

Sin molestarse en realizar su rutina nocturna, Relena retiró su ropa. La falda y chaqueta marrón quedaron donde cayeron, rodeadas por una blusa plateada y medias color piel. Alcanzando en su espalda, desabrochó su brassier negro, liberándose de su confinamiento.

Alcanzó en un cajón por su pijama, pero lo cerró sin sacar uno. Cuando se deslizó en la cama un momento después, sólo estaba cubierta por un pequeño panty negro.

Había algo completamente delicioso en la forma como las sábanas de satín se sentían contra su desnuda piel. Relena se estiró, dejando que el largo de sus piernas y brazos se deslizaran por el frío material. Se calentó rápidamente mientras el calor de su cuerpo aumentaba. Sus pezones se endurecieron; inconsciente, cubrió un seno con su mano.

Sus dedos serían rudos, pensó internamente. Él no la acariciaría o provocaría; simplemente la tomaría. Cerró sus ojos. Oh, los lugares a donde la llevaría. Relena mordió su labio, pasando su pulgar sobre y alrededor de la dura punta de su seno. Su otra mano desapareció bajo las cobijas, buscando el centro de su cuerpo.

"Heero," gritó ella suavemente.

Su cabeza estaba tan inundada de sensaciones que no notó su puerta abrirse unos minutos después. Sólo fue cuando sintió sacudirse la cama como si alguien estuviera trepando en ella que abrió sus ojos. Heero la miraba; su mirada ardía con algo que nunca había visto antes.

Muy sorprendida para avergonzarse, todo lo que pudo decir fue su nombre. Fue una pregunta, pero no pidió explicación. Si algo, fue una invitación.

"Ahora," respondió él. La besó duro; ella saboreó sangre en sus labios cuando se separó para deshacerse de su propia ropa. "Ahora, Relena."

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Continuará…