Habitación 313

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Disclaimer:

Los personajes de YYH no me pertenecen, sino que son propiedad de Yoshishiro Togashi, yo sólo los utilizo como una mera manera de divertirme y dejar volar mi imaginación.

Notas:

Nada más que agradecerle a las personas que le dan una oportunidad a este fick, y que espero les agrade la continuación.

Como estoy leyendo los mangas de Ai Yasawa, véase, Paradise Kiss, Nana y otros, tengo la vena rosa muy marcada en este capítulo, luego me dicen si les gusto o me tiran zapatos.

El siguiente capitulo es de Koedma/Botan.

La otra idea que tenía era el de dividirles en tres ficks distintos, para que no se perdiesen en la línea temporal, pero por el momento no estoy convencida.

Si tienen alguna sugerencia la leeré con mucho gusto.

Las frases en cursiva son recuerdos

Este capítulo esta narrado la mayor parte por Hiei

Advertencia:

Posible Hiei occe, mis sinceras disculpas, pero me fue prácticamente imposible mantenerle frío como es en la seria a causa de la temática tanto del fick como del capítulo, así que le echaré la culpa a para kiss, aunque no venga al caso.

Recordar:

312: Cuarto de Kurama

313: Cuarto de Hiei

Canción usada para el capítulo:

Drees- interpretación de Abingdon Boys School

Pareja de capítulo:

Hiei/Kurama


-Capítulo IV-

"Vestido"

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-Habitación 312, 10:30 de la mañana-

-Que estúpido- recuerdo…que aquella frase fue la primera que se coló en mi cerebro luego de una larga noche de insomnio, pues, en verdad me sentía de esa manera, un verdadero idiota que se dejaba llevar por el tono de la voz cuando se habla o se ríe.

¡Y era estúpido!; ¡Sentirme necesitado, asfixiado, o adicto a algo o a alguien cuando no le veía caso alguno!

-No te mientas, ¿te gusta verdad Hiei?-una voz en mi cabeza, y aunque trate de pensar quizás en la lúgubre voz de Shigure no pude borrarla, se supone que yo no me enamoro, que no tengo sentimientos innecesarios en mi corazón por los cuales preocuparme.

-Amor-

¿Qué es eso?; ¿ese sentimiento tan extraño que escucho constantemente decirle a la novia de Shigure hacia su persona?

-No lo sé- exclamé, di la vuelta en mi cama para contemplar la solitaria blanca pared de madera del cuarto en el que había pasado la noche. Las maderas pulidas y barnizadas se acoplaban una a una, seguidas como en un tablero de juego.

Quieto, intenté mover mis labios carnosos cubiertos por gotas de sangre seca aunque sea para pronunciar un maldito insulto.

Pero no salió nada del fondo de mi voz…

-¿Por qué lo haces?-

-Por que quiero-

Y otra vez, como había pasado la noche anterior esos ojos verdes comenzaron a torturarme…

-No me interesa, convéncete de eso- me dije, intentando obviar el pensamiento de sus manos secando mis lágrimas cristalinas o el roce de estos con mi fría piel.

-Mentiroso- mordí mi boca con fuerza para no hablar, pues, estuve seguro que si lo hacía diría nada más que cosas sin sentido alguno…para mí.

-Mentiroso- otra vez la voz, persiguiéndome en mi subconsciente sin tener un lugar a donde ir, manos tapándome la cara, ojos apretados hasta ya no poder, pues, el dolor era tal que estuve seguro, me reventaría las venas de los ojos.

Era…enfermo.

Sentirme atraído hacia esa persona si ni siquiera la conocía más que de una noche.

Pero su voz…sus ojos…

Hasta lo estúpido de su sonrisa tuvo algo, algo…

¿Qué si tiene un nombre?

-Kurama-

¿Qué si tiene un aroma en su cuerpo?

-Jazmines-

¿El problema?

-Soy un hombre, y para colmo seis años menor-

-Estas enfermándote-

-Ya lo sé-

Enfermo…y más es el hecho de haber tenido que compartir cuarto con él, pues a mi me habían corrido del mío de una buena patada, la cual, terminó con romperme unas cuantas costillas.

-Por lo que tendría que pasar en esta cama hasta que estuviese bien-

Recuerdo… esa maldita sonrisa que hizo que divagara en este barato monólogo, las letras de la frase que me dijo, incluso, la forma innecesaria de sus pestañas moviéndose, el rubor sobre sus mejillas carnosas, hasta el olor de su perfume.

-Estás mal-

-Cállate-

Las sudorosas y nerviosas, tiritonas de sus manos al acariciar mis pómulos…

-Soy Shuishi-

Y si no me gusta, pues sería ridículo que eso fuese lo que estoy sintiendo…

Si no siento más que un gran y extraño respeto hacia su persona por haberme ayudado en aquella ocasión…

-¿Por qué duele?-

¿Por qué quema esta sensación dentro de mi pecho?

¿El saber que quizás nunca me miraría más que como un niño que por esas casualidades de la vida encontró una noche al lado de su puerta?

¿Qué quizás nunca me hable más que con el cariño de un buen amigo?

-No pienses…no pienses Hiei-

Recuerdo…estando en esta suave cama lo poco que duro sonriendo frente a otra persona, incluso en el inmortal espejo de mi cuarto.

-¿Cómo se hace?-

¿Se mueven los labios?

¿Se siente la textura de la piel amoldándose en tu cara?

¿El tiritar sobre la boca es normal al intentar hacerlo?

-Ya no lo sé-

Vuelvo a moverme y quedo contemplando un mueble repleto de fotografías.

-Ese pelo- exclamé, enseguida, retiré una mano de debajo de las sábanas y me arqueé, quedando con la espalda tan recta que sentí crujir mis costillas.

-Esa…maldita, y estúpida sonrisa en su boca-

La odio…

-¿Por qué sé sonríe?-

No sé hacerlo…

No sé reírme aún cuando tengo una razón para ello, para mi, todo es un ir y venir, robas, pagas, matas, vendes, así de simple. Y no se necesitaba de cuestiones filosóficas para explicar mi nefasto comportamiento.

Hasta que le escuché hablarme…

Y aquella frase, tan simple...provocó que mi mundo girara en casi trescientos sesenta grados.

-Lo hago por que quiero- si, y si él hubiese sabido, que con sólo decirme aquello…

Tan simple…

Que con sólo decirme que yo le importaba mi corazón estaría latiendo de esta manera… Mis manos estarían temblando de esta manera…

-Hubiese corrido lejos de él-

Lástima que ahora es muy tarde para hacerlo…

Muy tarde…

.

Ante el espejo donde dormí contigo…

Las yemas de mis dedos se ven rosáceas…

…Tu mano, repentinamente, mostró mi debilidad…

E hizo que mis labios enmudecieran…

…Ese día, contigo, hicimos una promesa…

…Que ahora somos incapaces de recordar…

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Escuchó el sonido proveniente de algún lugar de la casa, de inmediato la rendija de la cortina dejó entrar algunos rayos de la luz que intentaban penetrar en su oscura y prestada habitación. Manos sudando, ojos que pestañaron de un momento a otro mientras escondía la cabeza bajo las sábanas de la cama.

Entonces, como si lo hubiese estado esperando, el sonido de los latidos de su corazón palpitando con una abrumadora potencia le hicieron morderse los labios. Llevó uno de los dedos hasta su boca, mordiendo la carne suave logrando que un hilito de sangre descendiera de ellos.

-No resisto- se dijo, y enseguida tiró la cobija de la cama fuera.
Necesito quitar esta sensación de mi pecho…

Si tuviese, tan sólo…quizás una cuchilla podría, pero, al parecer esa persona se había empeñado en alejar de mi todo cuanto pudiese ser clasificado como peligroso.

-Estúpido kitsune- Quedó mirando la blancura del techo del cuarto, contando para perder el tiempo el número de tablas existentes en el. En seguida el perfume que despedía ese cuello le hizo temblar.

Sabía en que habitación se encontraba, pero no entendía el por que se encontraba en ese lugar, precisamente bajo el techo de ese fastidioso zorro.

Recuerdo…que las sábanas de mi cama jamás fueron tan suaves…

Estoy asqueado de ese aroma, de esos ojos, de esa voz…

Ese aroma impregnado en las fundas de la almohada, o en esa maldita cobija hacían que se me revolviese el estómago, por favor, se supone que es un hombre, y los hombres se deben de comportan como tal; ¿o no?

-A menos que no pueda calificarlo como hombre- reí sin saber por que, escuché un ruido, pisadas provenientes del pasillo, de inmediato levanté la mirada y quedé contemplando la puerta abierta del dormitorio que da hasta ese lugar, pero no vi rastro alguno de ese estúpido zorro.

Ni siquiera percibí la tonada de su melosa voz…

Quedé mirando el interior de la alcoba, a un lado de la puerta se encontraba un pequeño mueble con muchos libros amontonados uno sobre el otro, y papeles de cosas que no me interesaban a decir verdad.

-Seguro es un alumno muy dedicado- no recuerdo la última vez que asistí a clases, ni que esas cosas me interesaran en esta situación.

-Lo hago por que quiero- otra vez la voz, y un dolor repentino bajo mi pecho me hizo gemir suavemente, entonces, en ese momento…

-¿Y ese olor?- exclamé, de inmediato la imagen destellante de una bandeja al lado de mi cama me confundió más.

-¿Me hizo el desayuno?, ¿a mi?- En mi vida, alguien me había preparado algo, a menos que los intentos de sopa de lata y el arroz que me daba Shigure contasen como ello.

Me sentí desfallecer con el olor…

En un movimiento rápido y endemoniado tomé la bandeja y lo llevé sobre mis rodillas, el aroma de la leche fluyendo de la taza hizo que mi estomago produjera sonidos extraños, y cuando percibí el sabor del pan tostado creí que se me caería la bandeja de las rodillas.

-Está…bueno-

Lástima que ese aroma me estuviesen friendo el cerebro, por que seguro pensaba mal por culpa de esa condenada taza y no por un desorden psicológico producto de las golpizas constates de Shigure.

Cerré los ojos, los volví abrir, repetidas veces hice lo mismo sin saber que diablos estaba esperando, quizás alguna intromisión de su parte mientras comía o que se yo.

Pero…

Me sentía tan solo en ese cuarto…

Y ahora que lo miraba detenidamente no tenía más que un mueble, una cama y un espejo de madera caoba sobre esa blanca pared.

No pude resistirme…

Lentamente dejé la bandeja a un lado de la cama y me acerqué hasta el, no fue una imagen muy agradable a decir verdad.

-Yo…-

En mi cara se alzaban dos oscuras ojeras remarcando brutalmente la curvatura de mis ojos, mi piel era mordazmente pálida, llegando a parecer tan blanca que daba la impresión de que quizás estaba enfermo de algo contagioso o extraño; mis labios eran sumamente pequeños, carnosos, heridos y rojizos, y si eso no era suficiente sobre los párpados bordeaban unas gruesas y negras pestañas.

-Parezco una muñeca mal cuidada- exclamé con sarcasmo, intentando reírme de mi mismo para no lamentarme como idiota.

-Date cuenta- otra vez…entonces, algo, golpeó mi corazón.

Muy en el fondo supe al mirarme en ese espejo que no le debería de llegar más que a la cintura a Kurama, y que quizás nunca sería capaz de intercambiar alguna frase que no fuese un insulto con él.

-Debe verme como un niño- me deprimo otra vez, y la cuchara que mantenía en mi boca ya no me supo nada bien.

Y si lo pensaba detenidamente lo único que quizás valía la pena de mi persona eran mis ojos.

Pero, incluso ellos me desagradaron con el paso del tiempo.

-Ese maldito tono rojo-

-Estas enfermándote-

Otra vez la misma sensación, deje que mi cabeza descansara en la pared del cuarto, y me dejé caer al suelo con la cuchara aún en mi boca.

-¿Qué se supone que estoy haciendo aquí?-exclamé, y para cuando me di cuenta de que alguien tocaba la piel de mi hombro descubierto, experimenté como el corazón se me salía por la boca.

Y cuando contemplé a esa persona…

Riéndose por algo que no supe le fulminé por instinto.

-¿Quizás tomar tu desayuno Hiei?-

En ese momento me sentí estúpido…realmente estúpido.

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Escuchamos una monótona canción…

Mientras mirábamos por la ventana…

…Bailas para mí, y sigo tu vestido con mis ojos…

¿Dime qué quieres conseguir?...

…Un día el viento probablemente me arrastrará…

…Y Ahora somos incapaces de recordarlo...

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Esa voz exasperante…

-Hn-

-Espero que no te moleste que coma contigo, pues si te has dado cuenta me estoy mudando recién, no tengo aún muebles más que mi cama para desayunar, suponiendo claro que lo hubiese notado cuando te mirabas en el espejo-

-Tenías que decirlo…-me giré de inmediato, no estaba para juegos, ni mucho menos que me recordasen mi frustrado intento de mirarme en esa cosa.

-Anda, no lo dije en mala Hiei-

¿Qué no lo dijo en mala?; ¿y este zorro quien se creía?

Cuando volví a posar mi mirada sobre su persona, note la misma sonrisa que traía la otra noche, no recuerdo que pasó luego de esa pequeña conversación que tuvimos, poco me importa a decir verdad, pero…lo que me gustaría saber es desde cuando me estaba mirando.

Pero no tengo el valor para preguntárselo ahora.

-¿Sucede algo?-

Estúpido zorro con sexto sentido

-Bueno…-

-¿Te preguntas desde cuando te miraba Hiei?-

Estúpido sonrojo que se apoderó de mis mejillas

-Pues, desde que tomaste la bandeja del desayuno, ¡Nunca había visto alguien que comiera tan rápido!-

-Cállate quieres-

Estúpidas manos que me tiritaban sin saber por que…

-Si tú quieres- levanté la mirada del suelo, no sabía cuanto tiempo tenía mirando las maderas barnizadas del piso.

Y ahora que le miraba bien…

En su mano sostenía una taza con líquido negro que descifre como café, en la otra traía una caja de galletas, camisa blanca, corbata negra, coleta en alto, cabello cayéndole por los hombros; lentes púrpuras llevándoselo hacía atrás.

Y ese horrible perfume era…

-Espero que no te haya molestado que te cambiase los vendajes de tus brazos, y debo decir que la ropa que te puse te quedó bien, al menos te cubre hasta las rodillas, pues la otra estaba muy gastada-

-¿Cambiado de ropa?-

-¿No te diste cuenta?-

Espera…

Volví a posar mis ojos en el espejo.

-Una sudadera blanca- genial, con lo poco que me gusta el blanco, y ahora que me fijo la pieza es blanca, las sábanas son blancas y mi ahora "prestada ropa" era blanca.

-Estúpido blanco-exclamé, cosa que no paso desapercibida para ese raro kitsune.

-¿Sucede algo?- estuve tentado de decirle muchas cosas, pero…

-Zorro pervertido- no tuve idea por que lo primero que salió fue esa frase.

-No vi nada, lo juro-si como no, incluso la ropa interior me la habían cambiado, y quería que le creyera, ¡ni que fuese idiota!

Volví a fulminarle.

-Oye-

-Hn-

-Si me permites decirlo, te…queda bien el blanco sabes, te hace ver…lindo-

No respondí, y él se quedó mirándome fijamente.

Cosa que…no me gustó para nada.

-Te sonrojaste-

¿Qué yo que?

-Anda, si no dije nada malo para que lo hicieras-

-Estúpido kitsune-

-El gusto es mío también-

¿Este me vio cara de que?

-Ten, te traje unas galletas, supuse que quizás tendrías ganas de comer algo aparte de la leche-

-No tengo hambre-

-¿Y por que no te creo eh?- de acuerdo, lo admito, no sé que tiene, si sus ojos, su tono de voz o lo estúpido de su rostro intentando convencerme de que no tengo la culpa de nada o que se yo.

-Hn-

-¿Quisiera saber que tanto pasa por tu cabecita sabes?, desde anoche que te quedas mirando como ido a la nada; ¿pasa algo malo que no me quieres decir?-

-Pues-

-Abre grande-

No lo preví, de todas formas me habría sido imposible evitar el contacto de sus manos en la piel de mi boca, se movió tan rápido y yo estaba tan absorto en mis pensamientos suicidas que ni me percaté del toque, hasta que la contextura de algo blando penetró en mis labios.

Y lo último que supe en ese momento fue que tenía algo dulce en mi boca, derritiéndose bajo mi lengua.

Este sabor era…

-Es chocolate- escuché su voz, luego volví a toparme con sus ojos.

Creí que la cara me explotaría de la vergüenza.

-Es un placer conocerte-exclamó, y en seguida depositó un beso en mi ya roja mejilla.

-Soy shuishi como te dije anoche, y no me molestaría alojarte en mi casa hasta que estés bien, por que no me gustaría que te fueras, ¡no señor!, ¡tú te quedarás a vivir conmigo!-

Me siento como todo un idiota…

Recuerdo…que una vez Shigure me dijo, antes de comenzar a golpearme por cosas que no tienen importancia que debía de colocar una barrera sobre mi corazón.

Nunca entendí por que pero…ahora…

-Luego dolerá Hiei-

Esta sensación, esas estúpidas mariposas revoloteando en mi estómago…estaba como una piedra mirando la manera que movía sus manos.

Y por algo que no sabía me dolía todo el cuerpo, mientras el corazón amenazaba con salírseme por la boca.

-Te llevaré a un centro comercial para que escojas algo de ropa y un uniforme-

Espera, ¿Por qué demonios estaba haciendo esto, si yo no he hecho nada por él?

-Nada es gratis Hiei, recuerda eso-

La voz de Shigure y el toque de sus manos cuando era niño…

-Creo que una sesión con un psicólogo te haría muy bien, al menos para responder cuando te hablan, ¿sabes peque?-

Y ahora, el toque de los dedos de Kurama en mi cabellera…

-¿Qué dices?, ¿te gustaría que te comprara una sudadera roja o negra?-

Este idiota…posó de la misma manera sus manos que me confundió.

Terriblemente…

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¿Por qué no soy como el viento, como la niebla?...

… ¿Por qué no tengo alas para volar en el cielo?...

… ¿Por qué no soy como las estrellas, como la luna, envueltas por todo?...

… ¿Por qué no tengo alas para hundirme en la noche?...

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Respiró pausadamente, entonces la falta de respuesta por parte del otro le hizo temblar, ¿Y si le había molestado que le acariciara el cabello?

No, espera, si le hubiese molestado se habría corrido o algo parecido, cosa que el otro no hizo en ningún momento, Pero…esos ojos inexpresivos le dieron miedo, como una muñeca que esperaba alguna señal para hablarle o moverse. Entonces, levemente volvió a acariciarle, esta vez por detrás de la oreja creyendo que así el otro reaccionaría, y seguro le fulminaría con sus ojos rojos como la vez que interrumpió su silencioso desayuno.

Pero otra vez el niño sólo le miro.

-Hiei, ¿escuchaste lo que dije o debo de empezar a preocuparme por tu salud mental?-

En ese momento…el toque de sus dedos por detrás de mi oreja me hizo temblar involuntariamente, entonces, la mirada de él penetró en la mía, como tratando de descifrar que mierda me pasaba que no respondía a sus estúpidas preguntas.

¿Saben algo?

No tengo idea que me pasa…

Pero, aquel toque, y luego, la palma de su mano rozando mi frente me hizo sonrojar. ¿Por qué demonios mi cuerpo debía de reaccionar de esta manera?

-Si no ocurrirá nada de todas formas, preferiría que se alejara de mí-

Por que sé que luego me dolerá….como dijo Shigure que pasaría.

-¡Anda si no estoy tan feo como para que perdieras el habla!-

¿Y a este quien le había enseñado a ser gracioso?, lo idiota ya lo tenía, y no le veía caso tratar de superarse si ya era imposible ser más idiota.

Yo también puedo ser gracioso cuando me lo propongo, aunque con algunas modificaciones.

-Baka Kitsune-

-¿Disculpa?-

No supe por que dije eso, ni mucho menos por que le miré tan profundamente.

-¿Qué?, ¿te puse nervioso Shuishi?-

Él no me dio una respuesta…

-Ni que yo pudiese hacer ese tipo de cosas-

Ya que no tengo experiencia alguna…

-Podrías tener a cualquier si te lo propusieras Hiei, recuerda eso-

Recordar…

-¿Hiei?- lo último que supe en aquel instante fue que me acerqué tan lentamente hasta él que ni yo mismo reconocí lo que estaba haciendo, levemente, descendí mis ojos rojizos, fulminando, y jugando con mi mirada, y aunque me sentía un tanto extraño haciendo esto no me detuve.

No quería detenerme de todas formas…

-Nadie podría resistirse, sabes, si fueras chica hace rato que te comía a besos-

Luego un sonrojo, y una bocanada de aire que penetró hasta mis pulmones, acerqué de tal manera mi rostro al suyo, sin llegar a rozar su boca, sólo…dejando que sintiera lo acelerado de mi respiración, y quizás la piel de mis mejillas.

Soy hombre…él también.

-Pero soy un niño para él-

Y luego…llevando un dedo tembloroso hasta su rostro, comencé a recorrer la carne de sus labios entreabiertos, sus ojos estupefactos miraban todo cuanto hacía, y a decir verdad no quería pronunciar alguna palabra por que sé que diría alguna estupidez.

-Hiei yo…-

Por favor, que no me diga lo que sé perfectamente.

-Estás enfermo-

Por que no lo soportaría si viene de él…

-Detesto a los de tu clase-

Y si él pensara de esa manera…

-No quiero volver a verte-

Sé que terminaría partiéndome el alma, aunque lo dijera dulcemente…

-Hiei creo que no deberíamos hacer esto-

Por favor no digas eso…

Y justo, cuando creí que ya no podía hacer algo más junté mi boca a la suya, palpando la carne del labio, y luego el sabor extraño del chocolate con su saliva.

Otro sonrojo, respiración entrecortada por ambos cuerpos, ojos verdes que se cerraron involuntariamente, y yo…

Fue la primera vez que me sentí así…

Tan perdido ante alguien o algo que ni supe como reaccionar…

Esperaba que me corriese o me alejase de sus labios, o al menos que me gritase como lo hacía Shigure cuando hacia cosas malas.

Pero…el no hizo nada de nada.

Diez segundos, y me quedé sin aire dentro de mis pulmones.

Y cuando separó el contacto de mis labios y me hizo mirarle tan directamente supe que no volvería a ocurrir algo como esto…

O eso creí…

-¿Qué tengo que te gusta Hiei?-

No tengo respuesta a esa pregunta…no aún.

Y otra vez el contacto de sus dedos en mi cabellera me confundió, recorriendo a su antojo los flequillos caídos de mi frente y los mechones blancos en forma de estrella.

-Esto está mal, ¿lo sabes verdad?-

-Lo siento-

Jamás en mi vida me había disculpado con alguien, pero la cabeza me pensaba tan mal que creí que me estaba volviendo loco, quizás los golpes de Shigure tenían efecto retardado y recién las pocas neuronas que me quedaban estaban haciendo corto circuito.

-Déjame enseñarte como se hace Hiei-

No esperaba que me dijera algo como eso pero…supongo…que es normal.

-Creo-

En ese momento, en que él me miró tan profundamente, y alejó una de mis manos de su cuerpo, creí que se me cortaba la respiración.

-Cierra los ojos, nunca mires mientras te dan un beso Hiei-

No supe por que, no supe que tuvo, pero si supe lo que seguiría…

-Solo será uno, no quiero asustarte, ¿esta bien?-

No me importa…

Y justo, mordió de la misma forma en que yo lo hice mi boca, pero mucho más fuerte de lo que me esperaba, y lentamente su lengua fue jugando con la mía, y aunque no sabía si estaba haciéndolo correctamente me supo bastante bien, a tal grado de que estaba seguro que tenía la cara roja de la vergüenza.

- ¿Y bien?-

Su mirada estaba posada en mí, y supe, que debió de percatarse del tiritar de mis manos bajo la ropa, o del brillo extraño que tenían mis ojos.

Y cuando llevé una de mis manos hasta sus mejillas, sentí el ardor de estas bajo mi piel.

Entonces me di cuenta, que Shigure tenía razón.

Estaba enfermo…

Muy enfermo…

.

No olvides esos días llenos de amor…

…No soy capaz de recordar tu rostro…

…Un día, el viento lo borrará todo…

…Y Ahora, no somos capaces de recordarlo….

.

Se hizo un incómodo silencio…

Volví a acercarme hasta él, y a pesar del hecho de que me dijo que sólo sería uno no pude evitar hacerlo.

No sé que diablos tuvo, o tiene pero…

-Sé egoísta- una voz en mi cabeza, y le fulminé con mis ojos rojizos, para mi la diferencia de edad no era un impedimento, ni mucho menos el que fuéramos del mismo sexo, si de todas formas Shigure me mataría a golpes cuando volviese, prefería arriesgarme a hacer estas cosas que para mi no tienen sentido alguno.

Yo no necesito de una razón para hacer las cosas.

Y cuando presioné sobre sus labios con fuerza, me di cuenta que otra vez me permitía recorrerle a mi antojo, y el sabor del chocolate mezclándose me embriagaba al grado de drogarme la cabeza.

-Estúpido chocolate- pensé

Estúpido kitsune que primero me dice que no, y luego me deja hacerlo.

Le mordí sin querer, y supe que aquello llegó a dolerle por la manera en que apretó mi mano, pero poco me importó, y cuando volví a percibir la textura de su lengua, bajando, subiendo, y lamiendo el chocolate que estaba impregnada en la mía, él volvió a posar sus dedos en mi cabellera, entonces, sin saber como, experimenté como su otra mano jugaba debajo de mi polera.

Y ese sentimiento dentro de mi estómago comenzó a lastimarme.

Estúpidas mariposas que justo se ponen a revolotear.

-Baka…Kitsune- exclamé, cuando, vislumbré como esa traviesa mano empezó a jugar con uno de mis pezones.

Eso no lo tenía pensado.

Pero…¿supongo que es normal verdad?

-Perdona lo de la mano Hiei-

¿Y por que demonios se estaba disculpando, si no me molestó?

-Cállate- enseguida llevé una de mis manos debajo de su polera, tengo seis años de diferencia con él, pero aprendo muy rápido a decir verdad.

-Hiei, ¿qué estas?-

Y si la diferencia de edad no la puedo compensar, al menos intentaré comportarme como alguien de su edad.

-¿Esto te gusta?- exclamé, tocando torpemente bajo su camisa blanca, mientras desabrochaba los botones con mis manos temblorosas.

-No es necesario-

No me gusta que me traten como a un niño…

Si no lo soy…

-Sé egoísta Hiei- otra vez la voz de Shigure, el aroma del alcohol impregnado en su cuerpo, las sábanas de la cama que arrancaba cuando era niño…

Entonces, un pequeño susurro, una voz en el fondo de mi cabeza me dijo que me lo quedara para mí.

-Hiei…no deberíamos de estar haciendo esto, perdona-

Si como no, mira que primero me dice no, luego me deja y otra vez con la misma excusa.

-Decídete-

Quizás el problema sea…que él no es homosexual.

-Bueno-

¿Y se supone que el niño pequeño soy yo?

-Lástima que dejé de ser un niño hace mucho tiempo-

Desde la primera golpiza que Shigure me dio dejé de serlo…

Desde el primer trago de alcohol que probé o el primer corte que aplique sobre mis muñecas…

-¿Seguro que puedes hacer esto?, estas temblando Hiei-

-Calla-

No la tengo a decir verdad, y tampoco esperaba que mi primer beso hubiese sido con un hombre.

-Pero no tengo el valor para decírselo-

En ese momento, sentí como acercaba su frente hasta la mía, y la posaba levemente.

El frío me llego de pronto, y sus ojos verdes calando dentro me obligaron a mirar al suelo.

Me sentí tan estúpido…

-A las mujeres les gusta que se les trate como juguetes Hiei, ¿sabes donde tocar si quieres llegar más lejos?-

En realidad poco me importa si a una mujer le excita que le rocen los senos o el ombligo.

Pero… ¿y si funcionaba con Kurama?

-Kurama- en un movimiento endemoniado llevé con velocidad mi rostro hasta detrás de su cuello, y le lamí.

Aquella inexplicable sensación que percibí cuando el arqueó su espalda me hizo sentir extraño…

Y luego, cuando mordí el lóbulo de su oreja creí que quizás se le estaba saliendo el corazón.

Ese extraño sonido que hizo con su boca provocó que brotara de mis mejillas un sonrojo que no supe explicar, ¿Qué tenía ese sonido que no pude evitar ponerme tan nervioso?

De inmediato las manos volvieron a sudarme, y el corazón me palpitó mordazmente, escuchaba el latir apresurado del suyo y el mío mezclarse, y tuve que morderme los labios para no preguntarle que era aquel sonido.

-Muérdelas en el cuello, eso les agrada, luego es cuestión de segundos Hiei-

-Baka kitsune- no supe que más decir, le fulminé con la mirada, y justo cuando planeaba descender un poco para morder uno de sus hombros o su piel, para experimentar seguro aquella erótica sensación de su cuerpo en mi boca algo me detuvo.

En ese momento…sentí que el cielo se me caía encima, y no fue por el dolor de mis huesos rotos, o la sangre que había comenzado a brotar del corte de mis muñecas por la afeitadora.

-No era aquel dolor-

No llegaba siquiera a parecérsele…

-Hiei, ¿qué mierda haces?- Y cuando le ví e él, a un lado del pasillo, fulminándome con sus ojos azules, rompiéndose la boca con el filo de sus dientes supe que me mataría allí mismo.

-Shigure yo…-

Me paralicé, y no volví a moverme.

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¿Por qué no soy como el viento, como la niebla?...

… ¿Por qué no tengo alas para volar en el cielo?...

…¿Por qué no soy como las estrellas, como la luna, envueltas por todo?...

…¿Por qué no tengo alas para hundirme en la noche?...

.


Tembló, enseguida dejo de recorrer la piel del kitsune con sus labios, el sonido de la voz de Shigure le hizo preguntarse desde hace cuanto que estaba dentro del apartamento escuchando esos extraños sonidos que había dejado salir de su boca.

Se sonrojo autómata.

Entonces bajando la mirada, se percató de un puñado de hojas con letras desparramadas rápidamente en ellas siendo apretadas por sus manos.

-Kuroune me dijo que podría encontrarte aquí-

Paralizado…

-¡Pero no esperaba toparme con esta mierda!-

-Me va a matar-

Esto seguro era una pesadilla…

-¡Aléjate de ese marica!- pero su voz era tan real…

-¿Qué te dije?, ¡detesto a los maricones!- y el jalón que recibí de sus brazos sobre los míos fue tan real…

-¡Eres mío Hiei!, ¡Mío mientras vivas en mi casa y dependas de mi dinero!- ¡y la golpiza que me dio al lanzarme del cuarto al pasillo fue desquiciantemente real!…

Lo último que supe de aquello fue el olor de la cerveza impregnada en sus labios, la camisa que estaba jalada de un extremo rodeada del labial de su novia, los cabellos negros sueltos y desechos en sudor.

-¡Tú me las pagas maldito pelirrojo!- luego, una patada que produjo un choque eléctrico en mi cerebro, y la serie de una golpiza que terminó por romperme las costillas que faltaban. Una cachetada que resonó en el aire, y el golpe de mi espalda contra la puerta del apartamento.

-Niño estúpido- sus ojos azules comenzando a fulminarme y el toque de sus manos cortándome la respiración.

-Va a matarme-

No pude apartar la mirada de sus ojos…

-Va a matarme-

No pude siquiera mover mi cuerpo de debajo del de él aunque lo intente incluso mordiendo sus manos…

Y aquella frase en mi cabeza, empezó a resonar una y otra vez.

Tan fuerte…

-¡Cuando terminé contigo ni siquiera la idiota de Yukina querrá seguir mandándote cartas!-

Tan fuerte…

Otro golpe, y la herida de mis muñecas terminó por abrirse, entonces, la piel de mi labio se rasgó, y un hilito de sangre comenzó a brotar hasta mi cuello.

-Yukina-

Hace tanto que no recibo una carta de ella…

Recuerdo…que la última carta que recibí de Yukina fue hace más de tres meses, y en ella me decía que la había adoptado una buena familia, y que asistía a una iglesia donde participaba por que quería ahorrar dinero para que me mandasen a buscar.

Pero pasó tanto tiempo…que terminé olvidando aquella promesa.

Para mí, lo único que me importó fue el que ella se fuera, sino, Shigure podría haberla matado también.

-No te perdonaré nunca el que me hayas hecho perder mi mejor mercancía Hiei, y ahora tengo la excusa perfecta para deshacerme de ti-

Recuerdo...que me arrojó al piso, y cuando experimenté el dolor agobiante sobre mis piernas supe que me las había partido en dos.

Esto era un problema…

Un gran y enorme problema.

.

¿Por qué no soy como el viento, como la niebla?...

… ¿Por qué no tengo alas para volar en el cielo?...

…¿Por qué no soy como las estrellas, como la luna, envueltas por todo?...

…¿Por qué no tengo alas para hundirme en la noche?...

.

Abrió los ojos, y dejo que una mano descendiera desde sus mejillas hasta la punta de la boca, recorrió la comisura, luego, la pequeña lengua comenzó a jugar bajo los labios, experimentando y memorizando la forma del movimiento que había percibido de los del pelirrojo.

Levantó la cabeza, para quedar mirando la ventana de la habitación que compartía con Shigure, miró por sobre el hombro, no había rastro de él.

-Se fue con su novia supongo- exclamó, otra vez, la rutina de siempre comenzaba y es que, en realidad había tratado de no tomarle importancia al hecho de que el otro no se hubiese preocupado por él, o preguntado al menos.

-No le he visto en dos semanas-

Recuerdo…que al día siguiente intente levantarme, pero fue inútil. Mis piernas no respondían y no había manera de que pudiese mover ni medio centímetro de la cama.

-Estúpido zorro-

Le odio…

Y cuando pude hacerlo…

Cuando pregunté por él en la recepción… me dijeron que se había ido, por que se había cansado de los gritos de Shigure por la noche, o de escucharme sollozar al intentar dormir.

-¡Estúpido!, ¡estúpido!- exclamé de nuevo, golpeando los huesos de mis rodillas, mientras llevaba mi cabeza hasta por debajo de ellas.

-Luego dolerá Hiei-

Ahora lo entiendo…

Y no quiero volver a sentir aquello…

-¿Hiei estas despierto?-

La voz de Shigure…

No respondí

-Sé que quizás me pase de la raya la otra vez, pero, quiero que sepas que puedes contar conmigo para lo que sea-

Si como no…

-¿Pero no para oírme decir que me gustan los hombres verdad?- contemplé el color de sus ojos, y justo, cuando creí que me daría otra golpiza por pronunciar aquel tema le sentí.

Las manos de él volviendo a acariciar mi cabellera…

Y otra vez, la misma sensación, el dolor de las piernas comenzando a volverme loco de histeria me estaba partiendo en dos.

No pronuncié una sola palabra ni hice algún gesto de dolor.

-Ve al callejón, la nueva mercancía llegó y quiero que la vendas hoy-

-¿Cuánto es?-

-Dos bolsas, debes de venderle trescientos gramos a Raizen, y la otra parte es para Yomi, procura que no te vean al salir-

Me levanté enseguida de la cama, y comencé a desvestirme, estaba tan acostumbrado a ello que ya no me avergonzaba que él me mirase desnudo. Pero…noté algo en su mirada, en su forma de moverse, como si me estuviese ocultando algo que luego no le perdonaría jamás.

-Hiei-

-¿Sucede algo?- la manera en que se estaba comportando no era normal, como si me tuviera miedo en este momento.

-Eso es estúpido- seguro olvidó decirme que viene su novia y debo de salir del departamento, ni que fuera a preocuparse por mi-

-¡Te quedaras a vivir conmigo!-

No sé por que tuve que pensar justo en esa frase…

Si él hubiese sabido, que con sólo ello me destrozaría el alma hubiese corrido lejos de él.

-Olvídalo, no es importante, es mejor que te vayas-

Pero…aún no comprendo por que me duele tanto.

.

¿Por qué no soy como el viento, como la niebla?...

… ¿Por qué no tengo alas para volar en el cielo?...

…Este amor y esta herida son nostálgicas…

…Y ahora han comenzado a herirme...

.

Ya no sentí la mirada de Shigure sobre mi persona cuando salí del departamento, ni mucho menos experimenté el sudor frío de mis manos cuando me entregaba las bolsas de cocaína que constantemente debía llevar de aquí para allá.

Y aunque intentaba concentrarme en el paquete de Raizen, y la cantidad de billetes verdes que seguro llevaría hoy mi mente divagaba en algo que no quería.

Y fue tan simple…que justo en el instante en que estaba saliendo del cuarto Shigure me tomó del brazo, y me entregó una de las bolsas que Yomi me daba constantemente con las cartas de Yukina creí que me moría allí mismo.

-Trescientos, ni un gramo más ni menos Raizen-

-En verdad no hay mejor para el trabajo Hiei, siempre cumples con lo que te dicen-

-¿Te crees que las golpizas no me han servido?-

Y odio, cuando alguien nota que no estoy bien…

Bajé la vista, debajo de la mesa estaba el paquete que me dio Shigure, pero había algo, que me decía que no lo abriese allí.

Y fue la primera vez que le hice caso a ese tipo de sentimientos estúpidos.

-Cuídate, dile a Shigure que Mukuro le manda saludos-

-Hn-

Apenas él se alejo…

Saqué el paquete, quede mirando un buen rato el envoltorio, el cordel que ataba esa desgastaba cubierta color sábana y lo poco ensayado de la forma que tenía.

-Esto es-

Pero aquellas cartas que yo estaba esperando no eran de Yukina.

No sé por que el corazón me latió tan deprisa…

-Kurama-

Ni siquiera por que me sentía tan extraño tocando el sobre sellado con la letra pulcra de su mano pero…

-Diez cartas-

Rompí las primeras dos, sin embargo…apenas hube llegado a la tercera me entro la curiosidad.

Después de todo el hecho de que hubiesen tantas debería de ser por algo importante ¿verdad?

No tengo experiencia alguna en estas cosas, pero si que supe como abrir ese sobre sin estropear la caligrafía del remitente.

Quizás…me sirviese para algo después.

-Si como no-

Levanté la mirada, me encontraba en un callejón a unas seis cuadras del departamento, rodeado de barriles y artículos de pintura que tenían un aroma tan drogante que hasta el color de mi ropa no era fácil de distinguir al menos para mi.

-Es blanca- exclamé, tocando la tela de la sudadera no quise quemar con un encendedor o cortar a tijerazos.

Sobre una mesa estaba la coca, a un lado una caja con látex para simular que hacíamos negocios de pintura o consejos publicitarios. Era una buena táctica, apenas sentía que se acercaba peligro cubría la mesa con un aviso, y dejaba que la gente pasase, aparte a esta hora era prácticamente improbable que hubiese niños a los que tuviese que corretear, o simplemente me dejaba caer bajo el aviso como un huérfano que se cubría del frío o alguna otra idea alocada que se cruzase por mi cerebro con ese aviso.

2: 30

Me quedaba una media hora antes de que apareciera Yomi a buscar su parte.

El sonido de una sirena policíaca cruzando me mantenía alerta, como si no supiese que buscaban a la banda de Shigure por narcotráfico de hace un mes. Guardé la mercancía, Yomi debería de llegar a buscar su parte de la coca para venderla en el restaurante, así que me senté en el suelo del callejón, total, nadie se preocuparía que llegase a la casa hasta como las tres de la madrugada.

Y si no llegaba con los billetes de Yomi seguro Shigure no me pondría una buena cara.

Así que me senté a esperar…

-Léela-

Comencé abriendo el sobre, el papel dentro era…enfermamente rosa, con un aroma que ya conocía a la perfección.

La colonia de la piel que tenía el día que quise morderle los hombros…

-Para el chico que vive a un lado de mi puerta- la inscripción era estúpidamente cursi, y aun no sé por que me largue a reír, supongo que por que aparte de Yukina nadie en toda mi vida me había escrito con tanta insistencia.

Me quede hipnotizado leyendo la carta, que olvide el paquete de Yomi y la manera en que corría el tiempo.

-Esta es la tercera carta que te envío, supongo que te la han de estar confiscando como las demás, esta vez me las ingenié. Le pedí a ese amigo tuyo que tienes que trabaja en el restaurante que las hiciese pasar por las de la niña que mencionaste una vez en mi casa"…-

Que yo recuerde jamás dije nada de Yukina…

-Perdona, fui un….completo imbécil, las primeras dos cartas se las había entregado al sujeto que vive contigo, pero al no obtener respuesta comencé a preocuparme, así que transcribí unas cuantas líneas en desorden, es tan raro sentirme de esta manera tan poco yo que me dan ganas de reír ¿sabes?…-

No me percaté de la lluvia que estaba cayendo… ni mucho menos que había comenzado a guardarlas todas en el bolsillo de mi chaqueta.

Recuerdo…que me fui caminando sin rumbo fijo mientras leía, y releía una y otra vez la carta, y deje el paquete en la mesa con una nota que decía algo como "Saca el paquete, el tuyo es con la funda roja o que se yo, luego me mandas el dinero por el restaurante"

Hiei.

-Me mude a un pequeño edificio cerca del centro, perdona, pero no pude acostumbrarme al hecho de vivir al lado tuyo y no poder…verte ni en pintura siquiera. Supongo que estarás más que feliz, (usando una palabra simple que sé que alguna vez existió en tu diccionario) de saber que tienes toda la libertad de mandarme el demonio, a la mierda o lo que se te ocurra, pero...-

-Cállate- exclamé

No tenía ni las ganas ni el tiempo de seguir siendo tan masoquista.

-¿Dónde estoy?- para cuando me di cuenta que estaba en una playa, y que la lluvia seguía mojándome, fue… realmente tarde.

Tomé el sobre y lo hice pedazos, hice exactamente lo mismo con los siguientes seis.

-Me queda sólo uno-

En ese momento, algo llamó mi atención.

-¿No tiene remitente?- no decía nada como los otros tres, ni siquiera la estúpida inscripción del chico que vive a un lado de mi puerta o que se yo.

Pero en ese momento…

Sentí el aroma de su horrible perfume detrás de mi nuca…

Y la textura de unos labios mordiéndome el cuello.

-¿Qué te hicieron mis sobres para que los rompieras?-

Y esa estúpida voz…calándome hondo no me dejó pensar más.

Me hubiese fumado la coca de Yomi para no seguir leyendo sus odiosas cartas.

-Hn-

Soy tan estúpido.

-¿No la vas abrir?-

No le respondí, y justo en ese momento en que comenzaba a destrozar el sobre en pequeños trozos, experimenté el jalón de sus manos sobre las mías.

Y la textura de sus dientes mordiéndome los hombros.

-¿Ibas a hacer esto la otra vez cierto?-

Sé que soy unos años menos que él…

-Que te importa-

Sé que Yomi tuvo algo que ver en esto…

-¿Quieres irte a vivir conmigo Hiei?-

Y sé que la boca debió de abrírseme por lo menos dos metros y medio luego de escuchar aquello.

-Estas fumado-

-El que se fuma eres tú, ¿crees que no sé lo que haces con Shigure Hiei?-

-Que yomi te haya contado donde hago las cosas no es mi problema sabiondo-

Se rió, y otra vez, posó de esa manera su mano en mi cabellera que volvió a confundirme más.

Quiero seguir…

-¿Sabes que si seguimos de esta manera no hay marcha atrás verdad?-

Claro que lo sé, y en verdad poco me importa que Shigure me arroje por la escalera cuando vea que no volveré a la hora prevista.

-Baka kitsune-

En seguida volvió a posar su boca sobre la mía, mordiendo tan fuerte mis labios que creí experimentar lo mismo que cuando me cortaba los brazos.

Este placer…

-¿Quieres seguir?-

Ese desquiciante aroma que despedía incluso su ropa me mareaba al grado de sonrojarme sin saber como, y eso, que para mi, aquellas acciones no son más que estupideces.

-Yo…-

Si quiero seguir…pero no soy capaz de decírselo.

-Lo tomaré como un si- y cuando metió su mano por debajo de mi sudadera, y comenzó a reírse de la poca resistencia que impuse tomé su mano con fuerza, y le impedí rozar mis pezones como la otra vez.

-¿Qué?- exclamó, con esa sonrisa zorruna.

-¿Por qué el sobre no traía remitente zorro?-

Aquello fue lo mas imbécil que pude haber dicho para evitar el contacto de sus dedos, y no le iba a decir que en realidad era por que no sabia controlar el sonido que salía de mi boca cuando él llegaba siquiera a rozar mi piel.

-¿Quieres saber?- se acercó mordazmente hasta mi rostro, descendiendo su boca cerca de la mía para que sintiese su respiración.

Hizo lo mismo, ese imbécil hizo exactamente lo mismo que yo hice la primera vez.

Sentí que las manos me sudaron y que todo daba vueltas.

-Por que sabía que así no la romperías como las demás-

Aquello no me lo esperaba…

Y justo, cuando experimenté otra vez sus manos volviendo a tocarme, llevé mi cabeza sobre su pecho, escondiéndola por la vergüenza de ese nefasto sonido.

-¿Hiei?-

No quiero que él lo oiga…

Me mordí los labios con fuerza, cuando experimenté el roce de sus dientes en mis hombros, y lo húmedo de su lengua en mi oído.

-¿Por qué te muerdes la boca?- y cuando escuché decirle eso, me tapé los oídos con mis manos.

-Por que me apena…kitsune-

Volvió a reírse, y esta vez, más fuerte sentí aquel hormigueo en mi garganta. Y la sensación húmeda que se estaba produciendo bajo mi entrepierna.

¿Qué demonios me hacía para que reaccionara de esta manera?

-Si te da pena, entonces déjame ayudarte-

Y cuando posó su boca en la mía, no lo sentí otra vez…

Quizás…pudiese adictarme a esto, en vez de la sensación de las heridas de mis brazos.

-Se llama gemido-

Pero tenía que arruinar los pensamientos de mi cabeza con sus frases pervertidas.

-¿Y?-

-Y que cada vez que te de pena puedes decírmelo-

Idiota…

-¿Para?-

Otra vez esa sonrisa en su cara, y justo en ese momento llevó una de sus manos hasta mis pómulos.

Supuse que diría algo rosado y cursi, como todo lo que ya había dicho.

-Para que te coma a besos-

Y no me equivoqué.

Continuará-


De acuerdo, admito que quizás los capítulos de este fick me quedan terriblemente largos, así que no les aburriré con mis propagandas ni mensajitos de último minuto.

Gracias a aquellos que tienen la dedicación para leer esta historia, que sé que es bien larga y agota el leerla en un día.

Nos veremos

Próximo capítulo:

Koedma/Botan, -buscando canción.

Gracias especialmente a:

Carmilla Vampirelle, Andrómeda no sainto, Hikary Zaoldyeck, ady y Kitty_Wolf


No quiero nada más….

Incluso, mis expuestos sentimientos dan media vuelta y se marchan…

No siento como antes…

Separamos nuestros pechos que estaban unidos…

Y lo sé…

Que sólo deseas mi cuerpo sediento de deseo…

-Howling-

Abingdon Boys School