Estoy observándote desde la otra esquina de la calle, en el ambiente se respira un aire bullicioso pues en esta hora Londres está repleto de gente.
Veo como caminas apoyándote en tu bastón, tus pasos delicados pero firmes, tu cabello azabache hermoso y liso ondeándose ligeramente en el viento, parece tan suave a simple vista… como me gustaría entrelazar tu pelo entre mis dedos y comprobar como efectivamente es tan suave como yo supongo.
Y tus ojos. Tus hermosos ojos, de un azul especial, y aunque no pueda ver el otro por ese horrible parche, me imagino cuando te vi por primera vez, mucho antes del accidente de tus padres, cuando esos ojos me miraron por primera vez y me enamoraron por completo.
Tu hermosa cara esta contraída por una mueca, seguramente de frustración por no haberme atrapado, eso me gusta, me hace sentir especial. Seguro que soy ahora mismo el dueño de tus pensamientos, preguntándote cosas como quien soy yo, porqué hago esto, de que te conozco…
Tú eras muy pequeño y seguramente no me debes recordar ya.
Yo había terminado mis estudios de medicina y había encontrado trabajo en el hospital más prestigioso de Londres. Había conocido a tu tía, Madame Red, la que recientemente ha muerto. Debió ser un golpe muy duro para ti, perder a la única familia que te quedaba. A parte de esa zorra de tu "prometida" que no tendré ningún reparo en quitármela de en medio.
Como me hubiera gustado ser yo el que te hubiera consolado y susurrarte al oído que todo estaba bien y que no te preocuparas, pero eso no pudo ser.
Cuando te conocí, sí… fue el día más maravilloso de mi vida. Mi padrastro había muerto y como mi madre murió de tuberculosis hace años, toda la herencia que ese hombre tenía pasó a ser mía, sin el consentimiento de mis queridísimos "abuelos" por supuesto, que siempre desaprobaron el matrimonio de mi madre con ese hombre alegando que una mujer pobretona y vulgar como mi madre era una aprovechada y no se merecía a su hijo.
En el momento yo estaba en el hospital, preparándome para marcharme a mi casa.
Madame Red me interceptó y me pidió que si tenía un momento libre que me fuera con ella, pues su sobrino había tenido un ataque de asma y yo era más especializado en ese tipo de problemas ya que había estado más tiempo trabajando en el hospital.
Ami me gustaba Madame Red; era una mujer joven, con clase, muy guapa… pero para nada se compara a ti mi niño.
Cuando subí al carruaje de ella y nos dirigimos a tu mansión subimos inmediatamente a tu cuarto, en ese entonces tú tenías seis años recién cumplidos, te habías puesto muy enfermo, la fiebre la tenías muy alta y yo hice lo mejor que pude para curarte.
Al cabo de unos días, Madame Red me dio las gracias, pues el tratamiento que te receté estaba funcionando de maravilla, y esa misma tarde fuimos otra vez a tu mansión para que yo pudiera corroborar que dentro de poco estarías completamente recuperado.
Cuando entré por segunda vez en tu habitación, me miraste y te agarraste al brazo de tu padre, que estaba a tú lado leyéndote un cuento, para esconderte.
El señor Phantomhive sonrió y te pidió que te presentaras, puesto que yo había sido el que te había curado. Además, me pidió disculpas y me dijo que eras muy tímido con las personas desconocidas.
Tú te desprendiste de tu padre y me miraste fijamente por unos segundos, pudiendo apreciar esos enormes y maravillosos ojos que me cortaron la respiración. A continuación, me deleitaste con una sonrisa cálida, una sonrisa que jo siempre quise ver de nuevo pero que nunca la dejaste mostrar.
En ese preciso momento, sentí como mis mejillas ardían y solo desee acercarme a ti y abrazarte y darte todo el amor que sentía en ese momento y, que con el paso de los años se ha vuelto cada vez más y más fuerte.
Al cabo de unos meses, conseguí trabajo fuera de Londres, hacía Estados Unidos y no volví ni a Londres ni a verte hasta ese día, al cabo de cinco años.
¿Sabes lo que sentí cuando se provocó ese incendio? Cuando todo el mundo pensaba que toda la familia Phantomhive había muerto, yo me desmoroné por completo.
Pensar que ya jamás te podría volver a ver, a ti, tu sonrisa que me enamoró por completo y que estuve pensando tanto, tanto tiempo. Jamás te pude sacar de mi cabeza.
Pasaron las semanas y yo ya no volví a ser el que era.
Mandé a asesinar a mis abuelos para quedarme con el patrimonio que ellos poseían y me interné en las sombras para no llamar la atención. Me aislé del mundo por completo y solo mi mayordomo, mi hombre de confianza, se encargaba de atender mis negocios, los que había creado al llegar a Estados Unidos y había esparcido por toda Europa.
Era un hombre muy rico y muy solitario, y solo quería volverte a ver, quería poseerte, quería sentirte mió, ¡quería que me amaras!
¿Soy un pederasta? ¿Acaso soy mala persona por desear algo tan puro?
Al cabo de tres meses vino Madame Red a verme y me dio la alegre noticia que su sobrino estaba vivo. ¿Qué sentí en ese momento? Sentí como las fuerzas que había perdido se recuperaban, sentí que la cubierta de mi corazón de hielo que había creado se desmoronaba.
Le pedí que me lo dijera todo, y ella me explicó como te había vuelto a ver, junto con ese mayordomo extraño vestido de negro…
Me dijo que habías perdido toda sonrisa, y yo, esperándome que tu, mi niño, no hubieras apagado esa luz de tu interior, me acerqué con mi carruaje a tu casa y al verte a lo lejos, tus ojos vacíos y esa cara triste, no pude bajar del carruaje y volví a mi casa, encerrándome en mi habitación y sollozando como un niño pequeño por tu pena.
Sentí rabia, quise matarlos, matar a todos aquellos que te retuvieron durante cuanto me dijo… ¿un mes?
Empecé mi búsqueda, pero descubrí, que todos aquellos que te hicieron daño… murieron.
¿Ese mayordomo, tal vez, los mató? Contraté a diversos detectives privados, pero ninguno me pudo decir nada de ese mayordomo misterioso y, ¿para que negarlo? Apuesto. Solo sé que se llama igual que el perro que tú, Ciel, tenías… Sebastian.
Volviendo a ti mi niño, veo que te internas en un callejón, ahí se perfectamente que esta la tienda de un tal Undertaker, seguramente vas a sacarle información porqué él lava los cuerpos de la gente muerta. Pero descubrirás que yo jamás dejo más marcas de lo necesario. Como me gustaría que esos niños fueran tú.
Mi primera victima fue Charles Bennet, era el hijo de uno de mis competidores en Europa.
Cuando lo ví, me recordé de ti Ciel, entonces lo secuestré y lo violé pensando que eras tú el que estaba debajo de mi cuerpo, eras tú el que chillaba, pero no me imaginaba gritos de dolor, sino de un placer como el que yo estaba sintiendo.
Entonces fue una obsesión.
Comencé a secuestrar chicos rondando tu edad e imaginándome que eran tú. Ya no me importaba quien eran, solo quería que te dieses cuenta de mi presencia.
Comencé con chicos pobres, pero extrañamente nadie se enteró de esas desapariciones, tal vez no eran importantes para la sociedad. Así que secuestré y violé a chicos importantes, de familias adineradas y conocidas.
Los periódicos se volvieron locos y yo con ellos. Dejaba siempre la rosa negra como símbolo de tu inocencia perdida, esa inocencia que yo quería recuperar a toda costa.
Contraté a los cinco mejores detectives privados de toda Inglaterra que controlaban todos tus movimientos cuando salías de esa mansión y ¿sabes que me dijo uno de ellos? Jajaja que ese mayordomo y tú… jajaja ¡es tan absurdo! No permití que me dijera esa cosa tan horrible… tu y ese… Sebastian ¿amantes? Jajaja, por eso tuve que matarlo, le pegué un tiro entre los ojos complaciéndome como la vida se le escapaba y sus ojos quedaron vacíos e inexpresivos… En este momento su cuerpo yace en uno de los tanques de ácido de una de mis industrias en Irlanda.
Veo que entras en la tienda de Undertaker, ya es hora de irme, mi mayordomo y cómplice me espera en mi mansión. Pero antes, entro en una tienda de ropa de muy buena calidad y miro la ropa que hay para poder ponerte cuando estés en mis brazos.
Caminando por la tienda, observo un vestido rosa pálido con volantes precioso, un poco escotado a conjunto con unos guantes largos.
No es que me guste mucho vestirte de chica, ni mucho menos, toda la ropa que te he comprado hasta ahora es de chico, pero ese vestido… mmm… te quedaría tan bien puesto mi amor.
Pago lo que debo y ahora sí, me voy a mi casa.
Al llegar a la mansión te veo a ti mi niño, mi corazón se expande y late con furia, tengo miedo que se pueda oír el latido rápido de mi corazón. Pero no estás solo, ese mayordomo y unos agentes de policía te acompañan. ¿Me has descubierto ya, amado mió?
Bajo del carruaje pero dejo las bolsas con la ropa dentro, eso es un problema, espero que no se les ocurra abrir las bolsas o sino me preguntaran para que son todos estos trajes y el vestido.
Al acercarme tú me miras, pero esa mirada... no muestra nada. ¿Qué te paso amor mío?
Los policías me preguntan cosas y tú atiendes, evidentemente yo era un principal sospechoso de la lista, los padres de los chicos eran mi competencia en muchos negocios (tanto ilegales como legales), la verdad es que también aproveché para vengarme de sus padres. Pobrecillos, que pena me dan jajaja.
Cuando respondo a cada una de las preguntas y, intentando que mi coartada quede lo más realista posible, veo como te marchas con ese mayordomo. El tipo te pone una mano en el hombro y yo siento como los celos me invaden. ¿Cómo se atreve ese hijo de mala madre tocarte? ¿Cómo puedes permitir que una escoria como esa te toqué?
En el momento que todo el mundo abandona mi casa, mi mayordomo, Erik, se acerca ami para ayudarme a descargar las bolsas con la ropa para llevarlas al cuarto especial que estoy creando para ti Ciel.
La habitación es muy grande, le estado preparando durante meses. Las paredes están tapizadas con tela de terciopelo, en el suelo una gran alfombra reposa, así podrás ir descalza sin que tus pies toquen el frío suelo. En la esquina izquierda he puesto tu cama con dosel, la cama que compartiremos noches y días de pasión. La he amueblado bastante, te he comprado mucha ropa, no quiero que te falte de nada, serás mi niño caprichoso.
Después de colgar la ropa en el enorme armario encastado en la pared, Erik me acompaña hasta mi despacho donde hay otro informe de uno de los cuatro detectives que me quedan.
Lo cojo con entusiasmo con ansias de leerlo todo. Pero solo con abrirlo se me cae de las manos. En la primera página hay una foto tuya besándote con ese… ese… no tengo palabras para describir como me siento.
Sé que mi cara se contrae de ira y prácticamente destrozo todo mi despacho, tumbo las sillas y destrozo todo lo que encuentro. Erik intenta calmarme y después de unas horas, cuando ya vuelvo a ser yo mismo, voy a mi habitación, cojo mi abrigo y me marcho hasta tu mansión con Erik a mi lado.
Antes de llegar, dejo el carruaje y voy andando junto con mi mayordomo.
En los jardines te veo, ese mayordomo se acerca a ti y se agacha para ponerse a tu altura.
Acerca sus labios a los tuyos y yo rezo porque no lo hagas.
Tú le besas y yo siento como la ira y los celos me carcomen el alma. Sacó mi pistola y apunto al mayordomo dispuesto a matarlo, para luego cogerte de los cabellos y arrastrarte hasta mi carruaje, para llevarte a mi casa y poder ultrajarte, golpearte y violarte para que aprendas que tú solamente eres mío.
Erik me agarra de la mano que sujeto la pistola y me la quita, para cogerme del brazo y sacarme de ahí a rastras. Volvemos a la mansión y yo me dirijo a tu habitación.
Me lanzo con furia en la cama esperando que una idea me venga en mente, pero solo obtengo la imagen asquerosa de que te estés besando con otro hombre que no soy yo.
Al fin lo tengo claro. Tengo que marcarte. Dejarte claro que eres mío. Te haría sentir el amor que fluye por mis venas, que no hay nadie en este mundo que te ame con esta benevolencia y que lo eres todo para mi.
No sé si podré esperar a completar tu apellido para tenerte. Pero las cosas se tienen que hacer bien. Muy bien.
Me levanto de la cama y me dirijo al pequeño cuarto anexado al mío, es grande y hermoso, porqué ahí tengo todas las fotos que te he podido sacar, pegadas a la pared, en el techo… Sólo son unos pequeños recuerdos de ti. No estoy loco, solamente estoy enamorado.
Y espero el día en que por fin te tenga.
Es evidente que tendré que matar yo mismo a ese bastardo. Quiero verlo muerto, quiero saber de que color son sus entrañas y que mis perros saboreen sus malditos huesos para luego entregarte su cabeza en una bandeja de oro macizo para que veas que es lo que les pasará a todos aquellos que les dejes acercarte.
Erik llama a la puerta de mi habitación y yo me dirijo hasta ella. Cuando abro la puerta Erik me entrega una foto de él y su mayordomo besándose. Le miro con odio en los ojos, pero él sin inmutarse me entrega papel y tinta. Creo que ya sé que pretende que haga.
Erik es mi único amigo y cómplice, aunque él no este muy de acuerdo en esto, sé que jamás mostraría su molestia y siempre me apoyará. Haga lo que haga.
Hace años yo lo salvé de vivir en las calles de Londres y morir como un perro rabioso, le enseñe a leer y a escribir, le di trabajo, techo y comida. Por eso me está agradecido.
Él me hace una reverencia y se retira. Yo, me quedo con el papel, la foto y la tinta en las manos.
Ha llegado el momento en hacerte saber que vigilo cada uno de tus movimientos y que sé tú… "secreto". Es el momento en que empieces a sentirte mío.
