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"Hola, Mike"

Una noche más, como cualquier otra.

Encendió el supercom y lo sintonizó en la frecuencia que llevaba escuchando noche tras noche. Estaba tan acostumbrado a la estática, que en ocasiones se había quedado allí dormido oyendo el sonido y su madre había tenido que despertarle bien entrada la noche, para pedirle que subiera a su cuarto, "que allí abajo hacía mucho frío y te vas a enfermar un día de éstos, ya lo verás, cabezota, que eres un cabezota".

Pero esta noche no era como las demás. Bueno, llevaba siendo diferente una semana, desde que la volvió a ver.

Aquella horrible noche, en la que todos pensaron que morirían, fue la primera en 353 que no usó el supercom. Esa noche, todos habían estado demasiado ocupados en muchas cosas. En ayudar a su amigo Will a recuperar la memoria y dar con la clave para matar al desuellamentes. En trazar planes para matar demidogs. En presenciar cómo Max ganaba el estatus de "segunda chica más guay de Hawkins" al amenazar a su hermanastro con aquel bate lleno de clavos y conducir el coche de Steve como una auténtica zoomer. En comerse las uñas por el miedo a no volver a ver la luz del sol. En correr por los malditos túneles con Steve y la panda, temiendo por sus vidas. Y, después de todo eso, echarse una siesta en el suelo del salón de casa Byers hasta las once de la mañana del día siguiente. Y después, las excusas aceleradas, las llamadas a casa, el eterno agradecimiento a Nancy por darles la coartada, la extraña sensación de faltar a clase sin sentirse guay por hacer novillos, comprobar el estado de salud de Will y El…

El.

El.

El.

Otra vez la había visto.

Su agonía había acabado. Gracias al ******** del jefe Hopper, ella estaba a salvo y había vuelto a él. Una vez más, para salvarlos a todos, como la poderosa Maga que era. Y después de hacer de fénix salvador, había vuelto a desmayarse, con lo cual aquella mañana confusa, solamente había tenido tiempo de entrar al cuarto de Will a verla unos momentos antes de irse con Nancy. El tiempo justo de observar de cerca su cansado rostro, ojeroso y pálido, y acariciar su frente una vez más. Sería capaz de tirarse allí la noche entera, sentado a su lado y vigilando su sueño. No entendía cómo, a pesar de los signos de cansancio extremo, seguía siendo la chica más guapa que había visto nunca.

El año de separación había alterado un poco las facciones de la muchacha, haciéndolas menos infantiles, pero sí más definidas, sin perder un ápice de dulzura. Ahora que tenía pelo, la veía incluso mejor que antes. No era que le importase demasiado cuando iba rapada al dos, pero aquella melena (aunque apelmazada por la gomina) le iba muy bien. Le impresionó verla vestida de aquella manera y algo en su interior se revolvió al pensar en la palabra "destroyer" aplicada a su look. De alguna manera, le gustaba aquel nuevo aspecto de chica guay. No tenía nada que ver con el look que le habían proporcionado ellos. Habían buscado algo típicamente femenino: vestido rosa, peluca rubia. ¿Cómo iba a imaginarse que una camiseta negra, unos vaqueros raídos y unas Converse sucias iban a hacerla verse mucho mejor? Y parecía más segura, hablaba con más vocabulario y ya no estaba tan asustada. Eso era mérito del *********** del jefe. Había que reconocérselo, aunque doliera.

No era justo, haber disfrutado de su presencia tan poco tiempo. Casi le rompe el corazón otra vez al irse de nuevo con el ********* del jefe Hopper en su coche, camino a aquel infierno. Sin embargo, entendía que ella necesitaba un descanso (por lo que les había contado el ********** del jefe Hopper, El casi deja el alma en aquel ascensor en un espectacular despliegue de poder)

Le habían prometido que volvería a verla, pero que llevaría un tiempo porque llevaba varios días semi inconsciente y había que ser cautos. Estaba dispuesto a esperar lo que fuera hasta que ella estuviese recuperada del todo y le reconfortaba el simple hecho de saber por fin dónde estaba, saber que había un lugar tangible y concreto en este mundo donde podía buscarla. Pero ardía de impaciencia sin poder evitarlo.

La noche de aquel día después, de confusión y despertares, encendió de nuevo el supercom. Sabía que ella no podría escucharle esta vez, porque estaría descansando, pero alguna noche volvería a escucharle. Y seguro que ahora sí que le hablaba. Por eso, volvió a hablar con ella, ahora con más alegría y esperanza.

Había sido así durante aquellas cinco noches hasta el sábado. Hoy se habían visto de nuevo y ya la echaba de menos otra vez. ¿Estaría despierta esta noche para buscarle?

Tenía que intentarlo. Ésta podía ser la primera vez que hablasen. El ********* del jefe Hopper sería incapaz de entrar en su cuarto y prohibirle que no hablase con él. O El podría ocultárselo… Sintió un cosquilleo de satisfacción al pensar en la idea.

- Hola, El, buenas noches. Cambio.

Aún le costaba desprenderse del cariñoso apelativo.

Estática.

- No sé si esta noche podrás oírme, pero había pensado que, como esta tarde ya estabas despierta y hemos estado juntos, a lo mejor estabas recuperada para buscarme… A lo mejor es una tontería, pero yo lo intento igual… He hecho esto todas estas noches mientras te recuperabas. Supongo que es una costumbre. Se me hace raro no hablarte algún día.

Estática.

- Hoy estoy muy contento, porque nos hemos visto. Me alegro de que estés mejor ya. Sabemos que usaste muchas fuerzas para salvarnos. Eres alucinante, la chica más fantástica que he conocido nunca.

Estática.

¿Un suspiro?

- Hola, Mike.

El muchacho sintió que sus tripas hacían el pino y tres mortales, todo seguido. Dio un respingo tal, que dio con la cabeza en el techo del fuerte y se le cayó una de las mantas encima.

- ¿El? ¿El? ¿Eres tú? ¡Ca… Cambio!

La maravillosa voz sonó alta y clara.

- Sí, soy yo. Hola.

- ¡El! ¡No sabes lo contento que estoy de oírte! ¿Puedes oírme bien? ¡Cambio! – casi no atinaba a controlar su voz, que había subido tres octavas y que temblaba - ¿Me oyes? Cambio.

- Sí.

- ¿Cómo lo haces? ¿Tienes la tele puesta? ¡Cambio!

- Sí.

- Pero no tienes supercom! ¿Cómo puedo oírte? ¡Cambio!

- No lo sé…

Cuando visitó a Terry, Jane no pensaba que fuera a escucharle… Y todas las veces que había visto a Mike las noches de soledad, nunca pensó en eso… ¿Por qué ahora sí le oía?

- No sé por qué…

- ¡Es una pasada! ¡Jane, eres increíble! ¡Es un nuevo poder! ¡Cambio!

- Supongo…

- ¡Y estás lejos! ¿Sabes qué alcance tienes? Cambio.

- No…

- Bueno, ya probaremos eso otro día… Podría sernos útil. ¡Ahora podremos hablar siempre que queramos! Cambio…

- Sí, es genial.

- ¿Y no te molesta? Quiero decir, ¿no estarás cansada después de esto? Cambio.

- Antes me cansaba más. Estoy bien. Dormiré pronto.

- Bien… Eeeeh, cambio.

- Mike.

- ¿Sí? Cambio.

- Yo también me alegro mucho.

Mike sintió que se derretía por dentro y que el corazón se le salía del pecho.

- Y yo… Pronto volveremos a vernos. Cambio.

- Sí, pronto.

- Oye, El. Cambio.

- ¿Sí?

- No quería decírtelo delante de los chicos, pero me gusta mucho tu pelo. Cambio.

- Sí lo has dicho.

- No, quiero decir… Te lo he dicho, pero a medias. Lo que quiero decir, es que me encanta tu pelo. Estás muy bien así. Cambio.

- Gracias.

- Antes no dabas las gracias – observó Mike – Has aprendido mucho este año, ¿no? Cambio.

- Hop me ha enseñado muchas cosas.

Las tripas volvieron a agitarse, pero esta vez con un temblequeo desagradable.

- Ya… Oye, tienes que hablarme de todo lo que has hecho este año y yo también te contaré cosas… Como por ejemplo, ¿por qué ibas así vestida la otra noche? Los ojos pintados… Cambio.

- Cojonudo.

Mike se atragantó con su saliva al reírse.

- ¿Cómo? Cambio.

- Cojonudo.

- Ah, ¿tu aspecto? Bueno, era bastante guay. Cambio.

Ella se rió.

- Pues tienes miles de cosas que contarme. ¿Por dónde empezamos? Cambio.

- ¿Dónde? Aquí, estamos en casa.

- Nooo, me refiero a quién habla primero. ¿Empiezas tú? Tú ya me has oído bastante este año. He debido de ser muy aburrido. Cambio.

- No eres aburrido. Me gusta oírte.

El sonrojo le llegó hasta las pestañas mientras ella seguía.

- Ha sido muy triste no poder hablarte. Pero era necesario.

- Ya. Cambio.

Otro revoltijo en las tripas. De los feos.

- ¿Has estado bien con el jefe? ¿Te trata bien? Cambio.

- Sí, cuida de mí.

Mike inspiró hondo. No la había culpado de nada en aquel año, incluso le había dicho que no le importaba el hecho de que no le hubiera respondido. Le prometió al ********* del jefe Hopper que no la culparía. Bastante angustia había pasado ella también aquel año…

Ambos lo habían pasado tan mal…

Permanecieron hablando un rato más, que les pasó volando, hasta que el sueño dominó a El. Mike, comprensivo, la dejó dormir.

- Vete a descansar, El. Lo necesitas. Cambio.

- ¿Hablamos mañana?

- ¡Claro! ¿Misma hora? Cambio.

- Nueve tres cero. Nueve treinta.

- ¡Exacto! Nueve treinta. ¡Ya has aprendido! Cambio.

Ambos rieron.

- Buenas noches, Mike.

- Buenas noches El. Que descanses. Cambio y corto.

De nuevo estática y silencio. Pero era distinto. De repente el fortín de mantas no era agobiante, sino un reducto de paz y tranquilidad.

Mañana hablarían de nuevo.

Aquella noche se durmió enseguida.