Disclaimer: Nada ni nadie de la serie o de los comics me pertenece, si lo hiciera, otro gallo cantaría. No saco mayor beneficio que el entretenimiento puro.

Sumario: AU sin zombies. Beth se ha independizado, tiene un trabajo y cierta costumbre de realizar compras on-line. (Bethyl)

Perdonar las erratas y zarpas que pueda haber, si los personajes están algo fuera de su hábitat/personalidad habitual…

Segunda parte de: El Mundo a Tiempo

Perdonar las erratillas ^^'


Su labio inferior era presa de sus dientes y un mechón de pelo rubio de su dedo índice, pulgar y corazón mientras lo enredaba entre ellos, rotándolo, tensándolo, destensándolo, mordiéndole con suavidad.

Su mirada azul saltaba de un artículo a otro ojeando la libreta abierta frente al teclado para poder mirar las diferencias. Su sueldo y su trabajo habían hecho que antes de comprar nada mirara en mil y un sitios el artículo hasta dar con el más barato de todos, agenciándoselo para ella con una sonrisa triunfal.

Clicó sobre el artículo en la segunda página en la que lo había buscado y lo añadió a su cesta comenzando a introducir su dirección y el número de su tarjeta para efectuar el pago. Sonriente miró el correo electrónico que le confirmaba que su pedido adelantado para las compras de Navidad de ese año, ya estaba en proceso.

Desenvolvió la piruleta con forma de corazón que le había dado uno de sus compañeros y se la llevó a la boca empujándose contra el borde del escritorio hasta hacer rodar la silla en dirección a la cocina. Sin desmontarse de ella, más bien colocándose de rodillas en la misma, observó que la pasta estaba a punto de cocerse por completo. Echó una ojeada al sofrito que había preparado para acompañar a los espaguetis y apagó el fuego tras comprobar que estaba ya preparado.

Rodando volvió de nuevo frente a su escritorio, teniendo que ayudarse con sus pies enfundados en calcetines para recuperar su posición frente al ordenador. Sacó la piruleta con un sonoro plop e inició sesión en su cuenta de Skype para hablar con su hermana. Había prometido hablar con ella esa noche y si no lo hacía, sabía que a la mañana siguiente iba a tener una docena de mensajes en su teléfono poniendo en duda si aún recordaba que eran hermanas por el tiempo pasado desde su última llamada.

Subió el volumen mientras escuchaba el inconfundible pitido de la línea siendo establecida. La pantalla comenzó a cargarse y pronto vio el rostro sonriente de su hermana, o más bien su boca llena de patatas fritas.

- ¡Maggie!- Le recriminó Beth arrugando la nariz pero sin poder evitar soltar una carcajada.

- ¡Pero si aún sabes quién soy!- Le dijo su hermana al otro lado tras tragar las patatas de su boca.- Estaba pensando en mandar una misión de rescate para poder verte…- Comentó con sorna arqueando una ceja. Beth resopló apartándose varios mechones de pelo de la cara.

- El trabajo me ha tenido ocupada, lo siento.- Se disculpó la pequeña de la familia esbozando una suave sonrisa. Maggie rodó los ojos soltando un suspiro.

- Me lo imaginaba, no te preocupes. ¡Pero que no vuelva a pasar!

Esa conversación, pero con diferentes combinaciones de palabras, había tenido lugar más de una vez entre ellas en los últimos meses. Desde que Beth había aceptado el puesto de trabajo en aquel Centro para niños y jóvenes con problemas de integración en su mayoría, había invertido prácticamente el 100% de su tiempo y energía en hacer su trabajo lo mejor posible.

Y por esa devoción y dedicación hacia esos niños y jóvenes, había descuidado en ocasiones su "cita skypera" con su hermana; que aunque le recriminaba el tiempo sin verse, entendía que esa era su hermana, y así iba a seguir siéndolo hasta que el mundo cambiara. Es decir, nunca lo haría.

- ¿Cómo estáis?- Le preguntó Beth al ver la silueta de Glenn pasar por detrás de su hermana, agacharse y saludarle con la mano mientras sujetaba el teléfono a su oreja.

- Por aquí todo bien, sin problemas.- Le aseguró su hermana sonriendo llevándose otro par de patatas a la boca.- ¿Y tú qué tal?

- Lo habitual.- Dijo Beth restándole importancia a sus ojeras prominentes en esos últimos días, y al peso perdido en esas semanas previas al fin del año.- Un momento, Mags.- Le pidió la chica regresando a la cocina para apagar la pasta y evitar una desgracia.

- ¿Qué andas cocinando?- Le preguntó Maggie pegando su rostro a la pantalla de su ordenador como si así pudiera ver con más claridad qué era lo que su hermana pequeña había preparado.

- ¡Espaguetis!- Le contestó Beth con una sonrisa picando por encima de su hombro, el rostro de su hermana en la pantalla de su portátil.

Beth añadió el sofrito en su plato de pasta y armándose con un tenedor, servilleta y un pequeño trozo de pan, regresó al escritorio donde ya había hecho hueco para el plato.

- ¡Qué envidia!- Exclamó Maggie al ver a Beth acercar el plato a la pantalla, llevándose varios de ellos a la boca, y saboreándolos como un preso antes de su ejecución.

- Deliciosos.- Dijo tras limpiarse la boca con la servilleta y asegurarse de haber tragado.

- ¿Cuándo vas a ir a casa entonces?- Le preguntó Maggie comiendo sus patatas mientras Beth cenaba la pasta. Miró al calendario limpiándose algo de tomate de la comisura de los labios.

- El día antes de Navidad, tengo que mirar los billetes.- Le dijo haciendo memoria de lo ahorrado en su cuenta y el mordisco que aquel viaje de regreso a casa por las fiestas le iba a suponer.

- Si necesitas algo…- Comentó Maggie viendo el rostro de su hermana pequeña sonreírle agradecida por la oferta.

- Te avisaré en cuanto tenga el billete. ¿Vendrás a buscarme a la estación?

Tras tantas horas de viaje metida en un autobús, que su hermana le ahorrara el viaje de tener que caminar o buscarse un taxi que le llevara la granja, era lo mejor que le podía pasar.

- Claro, Glenn y yo te estaremos esperando, no te preocupes.- Le aseguró Maggie.- Oye, tengo que dejarte ya que van a venir unos amigos a cenar a casa.- Beth soltó una pequeña carcajada.

- Tú ya has cenado.- Le dijo divertida señalando con el tenedor el paquete de patatas tamaño familiar medio vacío. Maggie apartó el paquete a un lado, se limpió la boca con una servilleta de papel y le saludó con la mano.- Vale, sí, te dejo. Dale un beso a Glenn de mi parte.

- ¡Dalo por hecho!- Dijo su hermana arqueando las cejas de forma sugerente arrancándole un gruñido a Beth.- Cuídate Beth, lo digo de verdad.- Le dijo en tono autoritario Maggie antes de lanzarle un beso a través de la cámara y cerrar la conexión tras ver a Beth llevarse otro buen tenedor cargado de pasta a la boca.

Beth terminó su plato de pasta escuchando de fondo la emisora local y rebuscando entre sus archivos una película con la que acostarse y lograr conciliar el sueño por esa noche.


Beth se despertó con una sonrisa tras la visita reciente del primo de su casero que había logrado arreglar finalmente la calefacción. Con los restos del sueño pegados a su cuerpo bajo la sábana, miró con una sonrisa la bata colgada de la puerta del armario, lejos de su alcance al no haberla necesitado la noche anterior antes de acostarse.

Bajó las sábanas hasta su cintura descubriendo su camiseta de tirantes y su pelo revuelto tras las horas dando vueltas sobre el colchón. Se frotó la sien con parsimonia, tranquila al haber apagado el despertador antes de ensordecerla con su estridente chirrido.

Amplió su sonrisa llenándose de una extraña sensación que le hacía albergar una gran esperanza en el día que se presentaba ante sus ojos.

El timbre de la puerta sonó dos veces seguidas sin provocar un gruñido en la chica. Beth se levantó de un salto y con paso ligero, una sonrisa y un ligero contoneo de trasero corrió la cadena. Abrió la puerta sin molestarse en mirar por la mirilla o coger el bate del armario. No importaba, iba a ser un gran día.

- ¡Buenos días!- Dijo en tono jovial a su interlocutor apartándose el pelo tras la oreja. Su sonrisa mañanera se amplió al identificar un paquete en la mano del mensajero y…- ¿Otra vez tú?- Comentó de forma inconsciente sin dejar de sonreír, alternando su peso entre sus talones y la punta de sus pies.

El hombre paseó su mirada desde su pelo revuelto, su mirada brillante con leves rastros de sueño, una marca rojiza fruto de la almohada, su camiseta de tirantes sin… En cuanto vio las mejillas y orejas del hombro enrojecerse, Beth siguió la trayectoria de sus ojos y como acto reflejo cerró la puerta con violencia.

- ¡Dios! - Musitó en un hilo de voz pegando la espalda a la puerta de madera, llevándose una mano al pecho y otra a la cara rezando a Dios para que volviera atrás en el tiempo y le evitara la vergüenza de abrir la puerta a aquel hombre de brazos imponentes, (en serio, ¿no tenía frío yendo sin mangas por la vida? ¡Llevaba gorro, por Dios! ¡De lana!) sin sujetador y con los efectos evidentes del contraste de temperatura en su camiseta.- Oh Dios…- Musitó de nuevo apretando los ojos.- Vale, vale. No pasa nada. Seguro que ni se ha dado cuenta o que… No le voy a volver a ver.- Se dio con la nuca en la puerta. Era la segunda vez que iba a su casa entregarle un paquete. ¡Seguro que terminaba volviendo!- Nada de esconderse. Todos tenemos trabajos que hacer así que…- Tomó aire, corrió a por la bata, se reacomodó el pelo y volviendo a esgrimir su sonrisa como escudo abrió la puerta.- Perdona, necesitaba…- Acarició con una mano la tela de la bata viendo para su sorpresa que el hombre no le miraba a la cara o a ninguna otra parte de su cuerpo, y le tendía el paquete con la carpeta y el papel sin cruzar palabra.- Vale…- Murmuró firmando el papel con gesto acelerado y dándole la carpeta.- Gracias.- Dijo en voz baja sonriendo viéndole asentir antes de alejarse por el pasillo de su bloque hacia las escaleras.


Beth pegó su frente contra el teclado con un gruñido, sin molestarse en hacer caso a las letras que escribía de forma automática en la conversación con su hermana. La risa de Maggie llegaba alta y clara a sus oídos, ahogada por momentos por los tragos que le daba a su lata de coca cola. La mitad casi había terminado regando al pobre Glenn que pasaba a su lado mientras hablaban las hermanas.

- Eso te pasa por arreglar la calefacción.- Le dijo Maggie en tono jocoso viendo la coronilla de la cabeza de su hermana negar con la cabeza.

Beth no se molestó en levantar el rostro para que pudiera verla con la forma de una tecla grabada entre sus cejas. La rubia ahogó un suspiro contra la tecla del espacio y terminó apoyando el mentón sobre el escritorio, Maggie sólo podía verle de la mitad de la nariz hacia arriba.

- ¿Qué va a pasar cuando vuelva a traerme algo?- Preguntó arrugando las cejas ante esa perspectiva más que factible teniendo en cuenta que había otro pedido para ella en camino.

Habían pasado varios días de aquel momento pero la sensación de ver los ojos de aquel hombre clavados en sus pechos, su mutismo y el color tiñendo sus mejillas, no dejaban de repetirse como un bucle una y otra vez en su cabeza.

- Que lo primero que haga será mirarte las tetas.- Dijo Maggie con una carcajada viendo a su hermana poner los ojos en blanco.

- Hablo en serio, Maggie.- Le recriminó Beth apoyando su puño contra la sien.- ¡Qué vergüenza!

- Hey Beth, no es nada. Las tienes en su sitio, además, ni que le hubieras abierto la puerta desnuda. - Las cejas de Maggie se alzaron hasta el nacimiento de su pelo.- ¡Eso sí que…!

- ¡NI HABLAR!- Le espetó la rubia con el dedo índice apuntando al rostro de su hermana en la pantalla. Maggie alzó las manos a modo de rendición.- Ya… Pensaré en algo.- Murmuró en voz baja mordiéndose la uña del dedo pulgar.

- Seguro que la próxima vez que vaya se le ha olvidado ya.- Aseguró Maggie intentando calmar los ánimos de su hermana pequeña.

- Eso espero.- Exhaló un hondo suspiró apartándose el flequillo de la cara.- Bueno, cambiando de tema, ¿te llegó mi mensaje para mi llegada?

- Sí, está anotado y calculado.- Dijo Maggie asintiendo.- Tengo ganas de verte.

- Ya me estás viendo.- Le dijo Beth con una media sonrisa a sabiendas a qué se refería su hermana.- Pero sí, yo también tengo ganas de verte, y a Glenn.

- ¡Gracias!- Se escuchó desde algún punto en la lejanía arrancándoles una carcajada.- ¡Agáchate!- Continuó Glenn hablando con la pantalla del televisor. Probablemente enfrascado en una partida.

- Bueno, ya quedan pocos días y podremos vernos de nuevo y así contarme si el mensajero te hizo una nueva visita.- Maggie le guiñó un ojo y no dejó que Beth pudiera contestarle cortando la llamada al poco de terminar de hablar.

Beth se humedeció los labios clicando sobre el buscador con su correo abierto. El último mensaje que había recibido le anunciaba que al día siguiente el mensajero volvería a llamar a su puerta. Ahogó un suspiro intentando reunir poco a poco las fuerzas para recoger el nuevo paquete sin que sus mejillas fueran de un rojo escarlata o la voz le fallara en mitad de una frase. ¿Podría recoger el paquete sin tener que hablar? Seguro que sí…


Increíble pero cierto, otro capítulo en 24 horas. Lo sé, debe ser un espejismo o algo porque yo tampoco me lo creo. ¡Me abrazo a una secuoya para que esto dure y logre sacar a la musa de su escondite y a mí del dique seco con ello!

Espero que aunque no sea un best-seller, este AU os resulte entretenido y os haga pasar un buen rato como me entretiene a mí mientras lo escribo con cierto humor.

¡Muchas gracias por vuestros comentarios en el anterior capítulo, espero que esté os haya gustado! ¡Gracias también a quienes habéis colocado el fic en favoritos o lo seguís!

Espero veros pronto en una nueva entrega de lo que sea.

Un besazo.