Me encerré.
No quería que nadie me viese, supiera de mí o intentara saberlo. Todos aquellos que intenten adentrarse o pretender hacerlo eran eliminados. Solo yo sé de mi vida. Solo yo sabré a quien compartirle lo que soy.
Me lastimaron. Y eso hasta hace poco tiempo lo descubrí. Que me oculto de mis propias cicatrices y decidí recubrirme en las heridas que se formaron. Fingía que no me dolía. Supe callar durante mucho tiempo. O al menos fingir que lo hacia.
Conocí a mis dos únicos amigos ese día que escapé del maldito laboratorio de la familia Estraneo, que me tuvo atado desde que tengo memoria.
-"Vengan"-
Fue lo que les dije, desde ese momento optaron por seguirme. No tenían otra opción.
Ken y Chikusa no me han dejado solo desde entonces.
De vez en cuando, quisiera saber sobre ellos…más que una mente infectada de mi presencia. Quisiera saber de qué hablan, cuáles son sus deseos, ilusiones…Pero no hay nada más en su cabeza que seguir siendo mis aliados…y por ello a veces…mi conciencia me lo reclama.
Vivo con la venganza recorriendome las sienes. Haciendo palpitar mi sangre hasta que me duela el corazón. A veces dudo que sigo aquí, una parte de mi cabeza me dice que no soy del todo yo, si no mi cerebro reptil que ansia la sangre de la mafia correr por mis manos. Un hombre que solo quiere ver a los demas caer, ver el mundo quemarse bajo mis pies y con el ritmo de mis risas.
-"Mukuro-sama…lo noto triste"-. Y le sonrío-"Oya oya… ¿Por qué dices eso…Querida Chrome? ¿Necesitas verme sonreír para convencerte?"-. Sé que se convence. Pero…Chrome es joven, aún no entiende diferencias entre verdadera tristeza…y una simple soledad.
Durante años me escudé en mi propia persona, escondiéndome de todos los que pretendían acercarse.
Hasta que…
Bueno…se puede decir que fue desde que pude hablarte de manera correcta.
Hasta que me di cuenta que…tu, de todos. Pudiste entrar.
Quisiste alzarme una mano, para alcanzar mis dedos en mi alejada carcel... Has sido el único, que en lugar de temerme o seguirme…quiso acercarse para ayudarme.
-"Mukuro… ¿Por qué no confías en ti mismo?"-
Con esas palabras tan suaves pudiste sacarme de ese abismo de pura tortura al que ya me había acostumbrado. No quería salir. No quise salir y por eso te odié.
Te odié tanto que juro que maldije tu nombre, persona y alma, que quise degradarte. Quise violarte…hacerte mío, humillarte a lo más bajo. Nadie podía entrar a donde yo no quería, esos recovecos de mi alma que tu alcanzaste a ver con tanta facilidad, como su fuese un simple pedazo de vidrio.
No, nadie podia hacer eso, mucho menos…el decimo jefe de la familia Vongola...alguien de la mafia. Alguien como tú. Por eso, Tsunayoshi…te odié.
-"Mukuro…No te engañes"-
Pero pudiste verme. Transparentando mis intenciones, sacandole el verdadero sentido a mis palabras... descifraste todo, en una mirada.
Al momento que oí eso…supe que viste mi confusión de odio por otro sentimiento que no había experimentado por otra persona…
Me embargó la angustia.
-"Tsunayoshi… ¿Qué tratas hacer?"-
Me sentí invadido, incapaz...inutil. Me hiciste sentir tantas cosas que en ese momento queria matarte.
Pero me sonreíste, calmando la desesperación en mi voz. –"Verte Feliz"-
-"¿Por qué?"- Como si no quisiera lo mismo.
-"…Supongo que ya lo sabes"-
Cuando me abrazaste fué cuando entendi todo...robándote mi primer suspiro profundo, mis invisibles lágrimas y lo que me pudo haber hecho hacerte a un lado. Simplemente, me reginé. Y de consolación, pude quedarme con la satisfacción de tu primer beso.
Descubrí en ti una forma de espejo y cristal. Puedo verte a ti y a mí mismo reflejado en tus ojos, en formas bellas y reales. Estando seguro que en ellas puedo confiar.
El día que me confesaste que me querías…mis piernas temblaron. Eres tan preciado, que he decidido quedarme a tu lado. Queriéndote tanto…como hoy y como siempre.
Confiare en ti para que guardes lo poco que me queda y lo mucho que quiero entregarte.
Notas de la Autora:
No hay mucho que decir. ~~
