Capítulo 3

Familia

En una parte utilizo la palabra "jergón" esto es un colchón de forma plana y rectangular lleno de paja, hierba u otros materiales y que no lleva ataduras que sujeten el relleno.


Los tres hombres se miraron y comenzaron a discutir las posibles estrategias, a unos cuantos metros unos jinetes armados se acercaban a gran velocidad a la casa.

El sonido proveniente del galopar de los pesados animales inmediatamente alertó a los tres hombres dentro de la casa.

-Tranquilos…-Dijo el venerable anciano mirando a los dos hombres nerviosos sentados en la mesa.- Miyasawa San, esconde el cuchillo por favor…-le sonrió al hombre aún cuando el galope de los caballos se detuvo justo enfrente de la casa, se escuchó como se bajaron de los caballos y los pasos se dirigían hacia la puerta.

Tocaron a la puerta.


Mientras tanto, las niñas estaban en camino hacia la casa de Jurina.

-Jurina, en serio… tu casa está muy lejos.-Se quejó la mayor.

-Sae chan, apenas llevamos caminando unos metros…no te estés quejando. ¡Oh, Sayachan casi lo olvido!-la pequeña Jurina abrazó a la pequeña gatita.

-¿Qué pasa Jurina?

-¿Trajiste el tubo para ver las estrellas? Adoro ese tubo…

-Jurina ese "tubo" se llama…bueno, en realidad no tiene nombre aún…

-"El Yamatubo" dame dame dame…-Jurina le besaba la mejilla. Sayanee se liberó rápidamente de aquella muestra obsesiva de amor de la cual era víctima y limpiándose el beso le respondió amablemente.

-¿Yamatubo? Es un poco raro…y no, no lo traje Jurina…

-Pero Sayachan… ¡quiero ver las estrellas! –Jurina infló las mejillas haciendo una rabieta.

-Mooh…pues regresemos a buscarlo. Está en el cuarto especial de mi papá- al parecer ni Sayanee podía resistirse a la mirada de cachorrito de la pequeña Jurina.

-¡YEEEEEEEY!-gritó con todas sus fuerzas y la volvió a abrazar.

-¿Regresar otra vez? Yo las espero aquí sentada mejor.- Sae se sentó con molestia en una roca.

-Eres una floja Sae chan… ven con nosotras por favor…-Jurina infló las mejillas.

-¡No! Seguramente quieren que las acompañe porque ese bendito "Tubo" es gigante y pesado.

-Te equivocas Sae San, mi padre le ha hecho varias modificaciones al "Tubo" y ahora es más ligero y más potente.

-Gracias, pero no gracias. Aquí las espero.-la pequeña sacó un cuchillo y un pedazo de madera de su pequeña mochila y se puso a tallarla.

-Vamos entonces nosotras solas Sayachan- Jurina le dedicó una sonrisa y se aferró del brazo de la pequeña. Las dos niñas caminaron de regreso a la casa del "Loco Yamamoto".

Jurina le iba contando una historia sobre como logró capturar al topo que se estaba comiendo algunas raíces de su hortaliza, cuando Sayanee la detuvo y le hizo señas de que se agachara. Como si se tratara de un instinto, siempre que Sayanee hacía esa seña Jurina cambiaba su actitud completamente pasando de cachorrito feliz a leona acechando.

Jurina se percató entonces de porque se habían detenido; delante de ellas a unos metros se encontraba la casa pero había algo raro. Las luces parecían estar apagadas y afuera habían dos caballos sin jinetes.

Sayanee comenzó a temblar, así que la otra pequeña puso una mano en el hombro de esta para tranquilizarla.

-Voy a ir a dar un vistazo. Ve por Sae chan…

-Pe…pero Jurina…no…yo…

-Haz lo que digo, ahora. Por favor Sayachan…no te preocupes por mí, sabes lo ágil y silenciosa que soy, no notarán mi presencia…-le lanzó una mirada cálida que logró confortarla, asintió con la cabeza y se fue en busca de la mayor. Jurina miró nuevamente la casa y suspiró calmando sus propios nervios, se aproximó con paso ligero.

La pequeña intrusa, rodeó la casa y se trepó a un árbol por el cual siempre había entrado para molestar a Sayanee pues una de las ramas pasaba justo cerca de la ventana de su cuarto en el segundo piso. Logró entrar sigilosamente y bajó por las escaleras como si de un gato se tratara. No había nadie en la sala pero logró notar que "el tapete especial" bajo la mesa del comedor estaba ligeramente movido.

Sabía dónde estaban pero era difícil entrar a "la habitación especial" del papá de Sayanee sin hacer ruido pues la tapa era pesada y rechinaba al abrirla. Hizo un puchero y pensó un momento, después recordó que afuera había un tubo donde salían algunos vapores por los "experimentos" que hacía el señor Yamamoto.

Salió silenciosamente por donde había entrado para no molestar a los caballos al frente, para su sorpresa, en el tubo ya estaban paradas sus dos amigas, mismas que no habían notado su presencia pues estaban demasiado ocupadas escuchando cierta conversación que salía por el conducto.

-Psss…chicas-susurró detrás de ellas. Ambas saltaron abriendo los ojos de par en par totalmente asustadas.- ¿Qué pasa, está todo bien?

Las chicas asintieron pero no dejaron de ver a Jurina con los ojos y boca abierta. La pequeña las miró sospechosamente pero no dijo nada más, se intentó acercar al tubo pero sus amigas no se lo permitieron.

-Creo que debemos irnos.- dijo Sayanee tomando de la mano a Jurina.

-Eres…eres…tú eres la prin…-balbuceaba Sae totalmente ida. Sayanee le dio un golpe en el brazo y la miró reprendiéndola.

-Espera, algo raro está pasando… díganme.- Jurina hizo un puchero.

-Nada, Jurina…vamos…nos van a regañar si nos encuentran aquí.

-Sae chan…dime que pasa- Jurina se soltó de la mano de Sayanee y miró a la mayor acusadoramente.

-Ju…jurina, no es nada…debemos irnos…-dijo Sae tratando de sonreír normalmente.

La pequeña no estaba nada feliz con la actitud de sus compañeras y justo cuando iba a reclamarles, se escuchó aquel rechinido que hacía la puerta de aquella rara habitación.

Las niñas intentaron jalar a Jurina pero esta corrió rápidamente hacia un lado de la casa, lo suficientemente cerca para ver a dos figuras femeninas salir de la casa todavía oscura.

-Nos estaremos viendo señores… -dijo la figura más alta.- regresaremos la próxima semana para hablar sobre tu pequeño asunto Yamamoto Sempai.

-Hasta entonces Shinoda San…igual usted Kojima San-dijo el señor Yamamoto.

-Oii, abuelito…intenta no matar a "tu nieta" me han dado reportes de pequeños robos a las bodegas.

-Yo no sé de qué me hablas…-el señor Matsui se hizo el desentendido.

-Si claro… sólo intenten mantener a sus hijas lejos de esas minas.-la silueta suspiró y se montó rápidamente en su caballo, la otra figura hizo lo mismo y ambas salieron velozmente de ahí.

Los tres hombres suspiraron en alivio y entraron a la casa.

Jurina miró a sus amigas y les hizo señas para que salieran de ahí. Llegaron a casa de Jurina, en todo el trayecto nadie había hablado, el aura que desprendía Jurina era oscura y las niñas sabían que era porque estaba pensando y no precisamente cosas buenas.

Su abuelita estaba durmiendo, así que las niñas tomaron las cosas necesarias para ir a acampar al "lugar secreto" de Jurina, aquel mismo lugar donde conoció a su pequeña princesa Hada.

Una vez asentando el campamento y que Sae prendiera la fogata, "la jefa" de la escuadra se paró enfrente de ellas mirándolas calculadoramente. Las niñas se quedaron congeladas.

-Ahora me doy cuenta… ¡Hemos sido muy irresponsables!-gritó la pequeña furiosa. Las chicas se miraron confusas.

-¿De..de que hablas princ…JURINA…?-Dijo Sae mientras era golpeada una vez más por Sayanee.

-¿Cómo que de qué? ¡No se hagan las que no escucharon nada!... Esas soldados siguieron nuestras huellas y lograron encontrar la casa de tu padre Sayanee… además saben que estamos robando de las bodegas. ¡UGHH! ¡Somos unas idiotas! Debí pensarlo antes, pero claro que se darían cuenta…hemos estado llevando mucha comida a casa, de ahora en adelante debemos ser mas cuidadosas, tomaremos sólo lo necesario y disminuiremos las idas.-la pequeña se sentó en uno de los troncos alrededor de la fogata.

Las otras niñas se miraron y suspiraron en alivio, gracias a los Dioses Jurina siempre le daba prioridad a cosas que le afectaran a otros y no directamente a ella.

-No te preocupes Jurina… también fue mi culpa, debí haberlo previsto.

-Así es prin…digo Jurina… Sayanee tiene la culpa de todo.-Dijo Sae sentándose a un lado de Jurina y dándole consejo.- ¡Tus zapatos! Siguen igual de horribles… pero mira…te tengo un regalo.- Sae le pidió su mochila a Sayanee y esta se la pasó. De ella sacó unos zapatos parchados pero muy bonitos.

-¡WOW! ¡Son increíbles! ¿Son para mí?- Un brillo en los ojos hizo que Jurina se olvidara momentáneamente del problema anterior.

-Sí, me los encontré en un bote de basura y tomé prestado un poco de material para arreglarlos. No son la gran cosa, pero son mil veces mejores que esas porquerías que tienes puestas-la pequeña tomó de los pies a Jurina y le quitó los zapatos roídos arrojándolos inmediatamente al fuego.

La pequeña sonrió felizmente abrazando a la mayor dándole muchos besos en la mejilla, la otra no se opuso. Sayanee observaba la escena sonriendo, pero su mente aún estaba en las palabras que habían logrado escuchar de aquél tubo.

"

-Por favor, espere unos años más… -la voz parecía ser del señor Matsui.

-Es un tema muy delicado… Lo que pasa en la mina se está saliendo de control, el Rey se está volviendo loco… la manera tan inhumana de tratar a los mineros no es algo con lo que se deba "esperar unos años más"- se escuchó una voz femenina.

-Es una niña…todavía es muy inocente. Tiene mucho que vivir… aún no entiendo cual es el afán de revelar su identidad.-la voz ahora era del señor Miyasawa.

-¡Matsui Jurina no existe! "La pequeña inocente" es la princesa "Akimoto Tomoyo" y es totalmente necesaria su presencia en el Reino, Elidon no es lo mismo sin los Reyes Akimoto.-las niñas se miraron al escuchar tal asombrosa revelación. No dijeron nada, siguieron escuchando con incredulidad las palabras que decía la extraña.- Es mi deber revelarla ante el parlamento y proclamarla Reina absoluta, no puedo dejar que mi sobrina ande muriéndose de hambre por ahí cuando es la máxima representante.

-Hemos tenido esta plática millones de veces, creo que no es necesario tenerla de nuevo…-la voz tranquila de Yamamoto se escuchó ahora.- no es el momento adecuado para sacarla a la luz, sabes que se la comerían viva por el Rey Watanabe… esperemos unos años mas para que podamos revelarle quien es en realidad y si de verdad ella estaría dispuesta a llevar semejante peso en los hombros. Tiene 8 años… ¿Crees que el reino estaría mejor con una niña dirigiéndolo?

Un silencio se apoderó del ambiente.

-Psss…chicas-susurró detrás de ellas. Ambas saltaron abriendo los ojos de par en par totalmente asustadas.- ¿Qué pasa, está todo bien?

"

-SA-YA-NEE…-Jurina le hacía muecas.

-¿Sí, Jurina?

-¡Tenemos hambre!- Sae se unió a Jurina en la suplica.

-Mooh… ¡aprendan a cocinar! No dependan de sus madres…-Una mirada triste apareció en los ojos de aquella pequeña. Jurina la abrazó.

-Tu mami estaría muy orgullosa de ver como alimentas a dos pobres inútiles…-sonrió Sae revolviéndole el cabello a la pequeña. Tanto Jurina como Sae sabían que hablar de su madre la deprimía, por lo que siempre intentaban darle fuerzas.

-¡Hai! Alimentaré a estas pobres inútiles que sólo saben robar y cazar cosas…como las vil bestias que son.

-¡SIIIII! –gritaron de felicidad mientras la ayudaban a reunir las cosas para preparar su cena.


En el campamento de los guardias de la mina, dos personas acababan de dejar sus caballos en las caballerizas y se introducían a habitación, aunque más parecía una pequeña oficina militar con rollos de papel en unos improvisados estantes y una mesita con mapas de la mina encima.

Se quitaron sus trajes, quedando solo en ropa interior, la más alta se recostó cansada en su jergón, puso la mano sobre sus ojos suspirando profundamente. La otra joven de curvas bien formadas se sentó a su lado quitándole la mano del rostro, la joven alta de cabello corto la miró.

-No te preocupes por mi…estoy bien, un poco frustrada pero bien.

-Sabes que esos hombres tienen razón… tu sobrina está mejor con ellos en estos momentos.

-Lo sé Haruna, lo sé…pero me molesta mas el hecho de no poder verla. Quiero ver si se parece aunque sea un poco a mi hermana…-Unas lágrimas inundaron los ojos de la joven.

-Y la verás, pero a su tiempo…-Le acarició el rostro cariñosamente.- Nosotras también tenemos mucho que hacer aquí en la mina, no te sobre esfuerces Mariko.

-Tengo 22 años… tengo toda la energía del mundo…-la joven tomó la mano de su compañera y la jaló hacia ella.-No por algo entré al ejército imperial a los 14 años…-pegando su frente con la de la otra joven.

-Eres una genio en combate, pero una tonta para controlar tus emociones…-Dijo mientras rozaba los labios de la de cabello corto.

-Tienes razón, pero…no te quejas mucho sobre ello…-La joven besó aquellos labios carnosos apasionadamente, mientras que con la otra mano rodeaban tan bella cintura.