Capítulo 4:
El primer semidiós no disléxico que conozco.
Desclaimer: Rick Riordan es el único creador/torturador de Percabeth/ y maestro de toda la saga. Yo solo estoy escribiendo esta pequeña historia.
Tal vez fuera resultado más fácil acabar con la anfisbena con todas las habilidades de combate que la maldición de Aquiles me daba, pero sólo tenía los reflejos y la resistencia; todas mis otras habilidades habían sido desconectadas de la nada. No sabía el porqué, no tenía ni idea de que ocurrió, por lo que solo me quedó defenderme de sus colmillos venenosos.
Estuve durante un buen tiempo esquivando y atacando a la serpiente, pero cada vez que la hería siempre se regeneraba; y yo empecé a sentir el cuerpo más pesado. Como si una nueva presión me afectara.
Tardaron unos minutos en encontrarme, pero al final Nico y Annabeth se me unieron. Éramos solo los tres ya que los guerreros no muerto parecieron abandonar la misión. Estuvimos combatiendo durante un rato, pero nunca lográbamos sincronizar los ataques por lo que la anfisbena siempre se regeneraba.
Nico intentó de abrir una grieta en el suelo y hacer que el monstruo cayera hasta el inframundo. Pero el monstruo se opuso rotundamente a caer en la trampa.
Al igual que yo Annabeth y Nico empezaron a perder movilidad. El aire se hacía más pesado, y la presión más violenta. Teníamos que acabar con la anfisbena lo más rápido posible, ya que si la batalla seguía de esa manera, terminaríamos tarde o temprano en el estómago del monstruo.
Sabía que si le dábamos tiempo a Nico, él podría hacer el mismo encantamiento griego y limpiarnos de esas esencias que aún no sabía que eran, o de dónde venían.
Pero comparado con Annabeth o Nico, aun podía moverme con fluidez. Más de una vez tuve que salir al rescate de alguno de ellos, evitando que fueran envenenados por dentelladas.
Mi respiración se entrecortó más y más, mientras que mis energías eran mínimas. Le dirigí una mirada a Annabeth que decía "Huye de aquí, yo me encargo" Ella negó con la cabeza y se preparó para seguir combatiendo.
Entonces Nico compartió una mirada conmigo, él comprendió la situación y asintió. Dio una carrera, esquivó un ataque de la anfisbena, rodando por el suelo, y llegó al lado de Annabeth.
Di un gran salto y le asesté un golpe al sistema eléctrico del techo. Entonces el lugar se oscureció, luego pasaron pocos segundos y Nico agarró a Annabeth de la muñeca, para después desaparecer en las sombra de un rincón.
—Ahora solo somos tú y yo —Le sonreí, levanté mi espada y fui al ataque.
Luego de eso, recuerdo muy poco. Todo porque ataqué lo más rápido que pude, saltando, esquivando y repartiendo tajos y estocadas. Varias veces fui herido, no pude evitarlo. Aun así, logré que no me diera con sus gigantescos colmillos.
Sé que acabé empujado por una de sus cabezas, y caí en un mostrador. Sabía que si no fuera sido por mi resistencia, en aquel momento habría estado con todas las costillas rotas. El monstruo se acercó poco a poco, pero se veía asqueada.
¿Las serpientes podían oler? Y si era así, estaba aturdida por todos los aromas del lugar. Muchos frascos de perfumes se habían roto. Yo en especial apestaba a lavanda y arándano.
—Estúpida perfumería —me quejé en griego antiguo, levanté mi espada, preparado nuevamente para el ataque.
Repentinamente sonó el silbido de un proyectil, mientras que este atravesó directamente la garganta del monstruo. Alguien había disparado una flecha a la anfisbena.
Busqué a mis alrededores y no encontré nada. Solo una ballesta que se estaba recargando sola en medio del aire.
En el mundo griego podía haber de todo… pero eso… se pasaba de raro…
Pero la ballesta tenia alguien que la sostenía. Apareció de repente, se quitó una gorra y su cuerpo se volvió visible. Era una gorra de los Yankees de Nueva York.
Disparó otra flecha que hizo al monstruo retorcerse de dolor. El monstruo sacó su lengua bífida, seseando. Reconoció su antigua presa y se giró.
Dani había podido escapar oculto con la gorra de Annabeth, pero volvió a la batalla. Cargó con rapidez la ballesta, disparó y le dio a la anfisbena. Entonces Dani corrió mientras se ocultaba con la gorra, dejando su arma atrás. Se volvió invisible y lo perdí de vista, solo que la anfisbena pareció no perder el rastro.
Serpenteó mientras intentaba atacar al aire. Salí corriendo detrás de la anfisbena.
Resultó ser que había terminado en el tercer piso del edificio, intentando de atacar a un monstruo que no sé fijaba en mí.
Dani intentaba de cortarle el camino. Derribaba todo lo que estuviera a su paso intentando obstaculizar al monstruo.
— ¡Eh! Voltea —gruñí al monstruo. Dani bajó por las escaleras de emergencia, y pude darle un tajo a la anfisbena, haciendo que se dividiera a la mitad. Una parte se quedó conmigo y la otra fue por Dani.
La parte de la Anfisbena que se quedó conmigo se irguió en sus dos patas; ya que la otra si era completamente una serpiente.
La asesté un golpe, la anfisbena perdió la cabeza, pero no tardó en recuperarse. Me quedaba muy pocas oportunidades, ya me costaba moverme bien y el monstruo era muy rápido.
—Percy —dijo el sistema de comunicación del centro comercial. Era la voz de Dani que hablaba—, te encuentro en la feria de comida —y el mensaje se cortó.
Aproveché la oportunidad para despistar a la anfisbena y me lancé desde el tercer piso a la fuente de chocolate, que por suerte era lo suficientemente profunda. Volví a estar cubierto de pies a cabeza chocolate. Salí de ella y corrí donde Dani me había pedido ir.
Cuando llegué a la feria, Dani estaba encima de una mesa, tenía una especie de radio en una mano y un arpón en la otra. Estaba mirando calculadoramente a todos los lados.
Pero la expresión de su cara fue de asombro cuando vio algo—. Percy, detrás de ti —me alertó.
Por instinto rodé en el suelo. Donde había estado luego se vio una fisura en el suelo. La Anfisbena no se resistió en darle un mordisco.
Corrí hasta al lado de Dani—. ¿Por qué volviste?
Él se rio, guardó la radio y blandió el arpón—. No hui, simplemente me oculté por un rato. De igual manera no me fuera ido ¿Y perderme esta diversión? —con ese comentario no había manera para que Dani no me pareciera un buen amigo.
Chocamos puños y levantamos nuestras armas.
Podría llegar sorprenderte los reflejos que tenían los mortales, o al menos los que Dani tenía. Esquivaba, evadía los colmillos de la Bestia e incluso, sabía cómo defenderse y contraatacar.
—Siempre he tenido que estar en guardia de los brabucones —retrocedió a tiempo para evitar una dentellada, hundió la punta del arpón en la cabeza del monstruo y este se estremeció—. Solo que siempre prefiero no tener que recurrir a pelear.
Dani pidió que lo defendiera. Él se agacho y rebuscó en su mochila. Mientras tanto intente de acertarle con un mandoble a la anfisbena.
—Solo podemos matarla si destruimos las dos cabezas —le indiqué a Dani. Él silbó levantándose del suelo, se llevó la mochila de nuevo al hombro. Tenía un frasco de un espeso líquido.
Entendí claramente. Nos separamos, Dani se encargaba de una de las cabezas y yo fui por la otra. Las dos cabezas intentaron de modernos, pero ambos pudimos evadir el ataque, pero Dani aprovechó para lanzar el frasco dentro de la garganta de la serpiente.
O tenía que apestar mucho, o era algo con muchas especias. Seguro era un tipo de curri, ya que una tienda de comida tailandesa/india estaba cerca.
La anfisbena se sacudió, quedó realmente aturdida y así dándonos la oportunidad perfecta.
Dani empaló la cabeza de serpiente con el arpón, atravesando toda su cabeza. Por otro lado, con un mandoble degollé la otra parte de la anfisbena. El monstruo desapareció en una nube de polvo dorado.
Después de la batalla Dani fue al control de seguridad. Borró las grabaciones de las últimas cinco horas. Un buen plan, ya que no sabía si la niebla estaría trabajando correctamente.
Corrimos entre la multitud que estaba arremolinada en el exterior del edificio. Los guardias de seguridad intentaron cogernos e interrogarnos, pero pudimos desaparecer entre la multitud.
Fuimos a mi casa. Cuando entré por la puerta Annabeth se me lanzó al cuello. Me abofeteó.
—No vuelvas a hacer eso, no sabes lo… —pero no termino de hablar. Se había dado cuenta de que Dani estaba a mi lado, y que tenía las características de haber batallado—. Se supone que tuviste que huir.
Dani se encogió de hombro y una sonrisa tímida cruzó su cara—. No iba a dejar a ninguno de vosotros atrás.
Nico estaba sentado en el salón. No tenía su espada de hierro estigio, lo que era una suerte ya que pudo haber rasgado el sofá.
Nos sentamos alrededor de la mesa del comedor. Le expliqué todo a Annabeth, Nico y a mi mamá. Annabeth se veía realmente interesada por la explicación.
—Aún no me explico por qué un monstruo perseguiría a un mortal —dijo mi mamá—. Aun cuando puedo ver a través de la niebla, nunca se han fijado en mí.
—Es que eso no algo común. Ni los monstruos más despiadados del infierno—dijo Nico cuando mi mamá termino de hablar. Mi madre sobresaltó cuando escuchó a Nico hablar tan cálidamente de ese lugar.
—Simple —terció Annabeth, se giró y sus ojos tormentosos encontraron con los azules aguamarina—. Dani no es mortal.
Bien, por mucho que me gustara que mi nuevo amigo fuera un mestizo, eso era una idea muy alocada.
Dani chistó en una carcajada— ¿Yo, no ser un mortal? —se burló Dani. Si fuera sido alguien más quien se hubiera mofado de Annabeth, me fuera disgustado, pero era mi amigo, y segundo, lo apoyaba—. Vale, me encantaría la idea, pero nunca antes me he sentido… Especial.
—Cierto, incluso Dani es bueno con la escritura y la lectura. Por lo que no sufre de Dislexia —observé.
Annabeth apretó los labios, desvió su mirada a Nico. No evitaba pensar que ambos sabían algo que yo ignoraba.
—No todos los semidioses sufren de dislexia, Percy —sabía que seguro que ella envidiaba eso, ya que si pudiera leer comúnmente algo que no sea griego, ella habría aprendido un montón más de arquitectura—. No hay una manera específica de saber por qué, pero son casos aislados. Dani puede aprender griego con facilidad, sí, pero mientras que no se le enseñe él nunca lo reconocerá. Hay que avisar al campamento, Quirón o los sátiros pueden confirmarlo.
—Vale, esta broma ya no es divertida… —dijo Dani levantándose de su asiento.
—Sabes, tiene algo de sentido, Dani —interviné. Dani me miró confundido, pero sabía que tenía que convencerle de la idea, ya que era lo mejor para él si todo era así—. Eres muy inteligente, nadie lo duda. Pero hay momentos en los cuales te cuesta concentrarte, siempre te ves nervioso, y cuando luchábamos se notaba de que lo hacías instintivamente.
—Lo que apoya lo que digo —concordó Annabeth—. Hay casos en los cuales los semidioses sobreviven por si solos, tal vez su deidad paterna sea un dios menor y por eso no tienes un fuerte aura. Pero con todo lo que ha pasado los últimos meses, no me sorprende que hasta ahora no fuera detectado por los monstruos.
Dani seguro estaba intentando de procesar todo. Se encontraba callado mientras jugueteaba con sus dedos pulgares.
Yo le palmé el hombro. Annabeth y Nico lo observaron con una sonrisa en cara (aunque Nico no tanto, en vez de una sonrisa me pareció ver una extraña mueca que se le asemeja) —. No hay de qué preocuparse. Bienvenido a nuestro mundo.
Todos cenamos esa noche en mi casa. Mi mamá se mostró contenta de poder cocinar para visitas. Annabeth se sentó junto a mí, Nico y Dani al frente, y a los lados estaban mis padres. Cuando terminó la comida, Dani se ofreció a lavar los trastes. Annabeth se despidió, me dio un beso, y se fue. Nico también se iba.
—Espera, aun no me has dicho a lo que viniste.
—Oh —reconoció Nico, se rascó la punta de la nariz e hizo una mueca—. Bueno, creo que lo dejaremos para otra.
Salió por la puerta, se acercó a unas cuantas sombras. Me miró por encima de su hombro, pero no despidió como fuera querido. Luego desapareció entre la oscuridad.
Cuando regresé al apartamento encontré a mis padres murmurando entre ellos, pero se detuvieron en cuando me vieron llegar. Pasó un rato en el que Dani terminaba de lavar los trastes. Luego conversó un rato con Paul, pero casi una hora después, empezó a acomodarse la chaqueta.
—Sra. Jackson, muchas gracias por la cena. Profesor Blofis, es un placer haber compartido con su familia. Percy, si ocurre algo, intentare llamarte —lo pensó mejor y corrigió—. Bueno, como los mestizos no deben usar teléfonos celulares, creo que me las ingeniare de como avisarte.
Entonces fue hasta la puerta.
—Dani, espera —lo llamó mi mamá. Él se giró—. Estaba pensando que podrías quedarte hoy aquí. Claro, es muy tarde para que un adolescente ande por ahí por la ciudad soló y al menos Annabeth se puede defender sola ya que tiene experiencia con los monstruos. Y así Percy estaría cerca entonces, por si algo sucediera.
Me pareció una gran idea. Comúnmente en la cabaña de Poseidón siempre duermo soló, a excepción de los momentos en los que Tyson estaba en el campamento.
— ¿Por qué no, colega? Podríamos hablar bien acerca de todo del mundo griego. Llamaremos a tu casa, y explicamos que te quedaras hoy aquí.
Dani no se quejó, sabía que le gustaba la idea. Pero su mirada se encontró con la de Paul, un destello cruzó por sus ojos. Al final, él suspiró.
—Vale, no hay ningún problema. A nadie en mi casa le importara si me quedo hoy aquí.
— ¡Perfecto! —celebró mi mamá. Se acercó a mí y me dio un abrazo—. Ven, únete —le dijo a Dani. Él sonrió tímidamente y caminó hasta nuestro lado—. Les haré palomitas de maíz azules.
Dani arqueó una ceja— ¿Azules?
Reí.
—Claro, azules.
Comentarios de escritor: ¿Un semidiós? ¡Ni de coña! Aunque ya lo escribí xDDDDD Frank Zhang tampoco sufre de dislexia, así que me aproveché de este dato para pasar inadvertido a Dani xDDDDDD Ahora, ¿Quien sera su padre/madre divino? Para saber esto y si él planea algo, seguidnos sintonizando la otra semana.
Una pequeña cosa para todos mis lectores (Que yo se que hay quienes leen y no dejan review. Acepto criticas, comentarios y tomatazos, así que calmen su rabia escribiendo en ese cuadro al final del capitulo) y es que muchas gracias a todos por leer. Los que comentan, tienen un espacio en mi corazón. Dejémonos de cursiladas. Hasta la otra semana.
