"No existe el abuso si fue Dios quien quiso que encuentre, perdido en tus labios, sabores prohibidos, viejos conocidos… vagando sin un calendario. Que no me echen culpas, sólo te enseñé a besar en puntas de pie"
Lolita – Onda Vaga.
En voz baja
CAPÍTULO IV
Recuerdos
Se quedó completamente estático, petrificado, para cuando se dio cuenta de lo que se enredaba sobre su pierna derecha. Con mucho esfuerzo retiró su brazo de encima de Bra, intentando y suplicando interiormente que no se despertara, ella entonces se dejó caer suavemente sobre el colchón, con una de sus manos casi fuera de la cama.
El muchacho esquivó la panorámica como mejor pudo, pero se volvía dificultoso al encontrarse pegado a su cuerpo. La camiseta de él que ella usaba como pijama le quedaba bastante holgada y no lo hubiera considerado un inconveniente antes, de no ser porque ahora parte de su hombro y escote estaban a la vista del único espectador, y el dobladillo que generalmente llevaba por encima de las rodillas, estaba casi en el medio de su vientre y exponía sus bragas rojas.
Examinó rápidamente sus opciones, tenía que levantar la pierna de Bra de alguna manera y lo único que se ocurría era tomarla por la rodilla y depositarla suavemente del otro lado de la cama. Del lado que Bra amablemente delimitó la noche anterior como territorio prohibido, justo antes de dormir.
Con delicadeza apoyó su mano en la blanca extremidad de la muchacha y suavemente deslizó sus dedos por el contorno de su rodilla y la sujetó con firmeza. Bra inesperadamente acomodó su rostro, apoyando su frente en la de él. Esbozaba una suave sonrisa, o eso parecían hacer las orillas de sus labios. Él se volvió a inmovilizar, a respirar con sumo cuidado y sin querer, a sentir en detalle la textura de sus piernas.
Evadió el rostro de ella y miró por el rabillo del ojo su pierna y su ropa interior roja. Depositó con sumo cuidado la blanca extremidad de ella en el colchón, pero cuando estaba a punto de dar por terminada su tarea, ella soltó un ligero gemido mientras dormía.
El corazón de Trunks se desbocó, repentinamente ella parecía más cerca. Tal vez era el frío que los hizo buscar el calor del otro mientras dormían pero eso no explicaba por qué sentía ese asfixiante calor en el pecho. Por qué no podía dejar de mirar su boca o por qué se le dificultaba tanto respirar normalmente.
—¿Trunks? —escuchó de la familiar voz de su madre, desde el segundo piso.
No podía perder más tiempo así que con pudor y sudor frío escurriéndole de la frente, se alejó de ella cautelosamente. Bra se revolvió aún dormida y él la cubrió con las frazadas y finalmente soltó un cansado suspiro. Se limpió la frente y se apresuró a salir, aunque la puerta chillona parecía un enorme impedimento. Luego de cerrarla como si fuese de cristal caminó de puntillas hasta el sofá y comenzó a levantar las sábanas.
—¿Te acabas de despertar? —le dijo Bulma que bajaba las escaleras.
Él se ruborizó, no podía mentirle y omitir que se acaba de escabullir del dormitorio de su hermanita. Bajó la mirada y dobló sus sábanas, se rascó la nuca y soltó una risita.
—Sí, se me hizo tarde. Lo siento.
—No te preocupes, hijo. ¿Está todo bien?
Trunks se revolvió por dentro, no había forma de que ella supiera que había dormido abrazado con Bra. Y si lo supiera, era su hermana, no había nada de malo en ello. No es como si él se hubiera metido entre sus sábanas con malas intenciones entre manos. Sólo hacía un frío espantoso y ellos eran hermanos… en otro tiempo lo eran.
—Sí, mamá —resolvió finalmente esbozando su cándida sonrisa.
—Ayer Bra se veía algo enojada, ¿te dijo algo cuando fue a verte?
—No… no dijo nada, ¿sabes qué la pudo molestar?
Bulma pensó en su conversación con ella, a la que no parecía muy cerrada, pero al decirle que Trunks estaba lejos notó el rápido movimiento de sus cejas, ese que hacía Vegeta cuando le hablaba de Goku y durante un tiempo, cuando mencionaba a los androides.
—¿Estaba molesta contigo? —le respondió acariciando sus propios brazos—. Qué frío está aquí, ¿otra vez el termostato?
Su hijo asintió, mientras continuaba deshaciendo su cama y doblando las sábanas para la noche siguiente. Se extrañó luego de pensarlo por unos segundos, Bra no había mencionado estar molesta con él ni reclamarle nada.
Bulma se decidió a arreglar el termostato ella misma, luego de darle una palmada en la espalda a Trunks.
—Hijo, ya que Bra está aquí podrían visitar a Milk en la montaña Paoz, ¿qué dices? Hace tiempo que no vamos a verla. Además hoy es su día libre.
Él asintió aunque no concordara con que llevar a Bra a ver a Milk sería de lo más entretenido o pacífico. Se giró mientras su madre se retiraba por el pasillo y observó avergonzado la puerta de su propio dormitorio. Eventualmente se despertaría, tal vez debería evitar mencionarle que el tratado limítrofe de la cama se había despedazado… y que evitara decirle a Bulma que había pasado la noche juntos.
—¡Trunks, despierta a tu hermana!, ¡les preparé el desayuno! —le gritó desde el final del pasillo.
Por segunda vez miró la puerta, algo preocupado y reticente, Bra no parecía del tipo madrugador. Una vez frente a la puerta, dudó y cerró los ojos con pesadez. Estaba bastante avergonzado y aún así, respetuosamente tocó la puerta con sus nudillos.
—Bra, despiérta… —la llamó con voz calma pero no obtuvo respuesta—. Bra, es hora de levantarse.
—Ya voy —se escuchó del otro lado.
Aún no sabía reconocer con certeza los tonos en la voz de ella, aunque su carácter se asemejaba más al de su padre. Conocer a Vegeta le había tomado todo su tiempo en la habitación del tiempo, y estaba seguro de que al salir, más le quedaba por recorrer. Pero con Bra era diferente, ella era una muchacha consentida y egoísta, era petulante como su padre y engreída como lo era su mamá, pero parecía más cauta que Vegeta y quizás sería más escurridiza y obstinada. Lo que podía ser preocupante, Trunks no sabía cómo se comportaban los adolescentes normales, aunque esperaba poder irritarla con facilidad.
Guardó sus sábanas y su almohada y caminó a la cocina. Bulma se había esforzado, puso la mesa para dos, les colocó varias tostadas, huevos revueltos, había exprimido jugo y dejado las cortezas de la naranja tiradas junto al fregadero y la sartén sucia en el lavabo. Él se sonrió, lo limpiaría después. Había tomado un pequeño plato para mantequilla, café, té y mermelada. Cereales, leche, fiambre. Tal vez Bulma deseaba que Bra se quedara un poco más. Trunks se preguntó por un instante si Vegeta se había despertado así luego de su primera noche en Corporación Capsula pero se deshizo del pensamiento sacudiendo levemente la cabeza y se sentó.
Luego de servirse sus cereales, levantó la mirada y se la encontró en el marco de la puerta, refregando sus ojos. Instantáneamente se sonrojó, bajó la mirada y continuó su desayuno luego de decirle Buenos días en voz baja.
—Buenos días —respondió ella con el ceño fruncido y se sentó frente a él.
A mediados del incómodamente silencioso desayuno, Trunks habló.
—Mamá quiere que vayamos a visitar a Milk, hoy es su día libre.
—¿Estaba viva? —preguntó ella sin mucho interés, untando mermelada a su tostada.
Trunks la miró sobresaltado ante su frialdad, aunque ella parecía ausente de la conversación. Atribuyó el tono extraño de su pregunta a la poca costumbre de levantarse tan temprano, tal vez seguía algo dormida.
—Sí —soltó más incómodo—, ella trabaja en un orfelinato toda la semana pero hoy tiene el día libre… en realidad a ella no le gustan sus días libres pero debe tomárselos, trabaja mucho y ya es una mujer mayor.
—Está bien —dijo, nuevamente, sin mucho interés.
Trunks se rascó la frente, sin saber qué esperar de aquel encuentro. Al terminar su desayuno esperó pacientemente que ella se diera una ducha, que se vistiera y anunciara estar lista para salir. Cruzó las manos y jugó con sus pulgares, mientras aguardaba sentado en la sala, en el sofá que le servía de cama. Miraba el reloj colgado sobre el marco de la puerta cada treinta segundos, cada minuto, cada quince. Tardó casi dos horas en salir, eran más de las diez de la mañana cuando la puerta rechinó y Bra salió con su chaqueta de cuero y las manos en los bolsillos. Le sonrió y con temor a un negativa, le preguntó si ya estaba lista, ella asintió sin formular palabra y él se alivianó, no podía creer que pudiera tomarse tanto tiempo para salir teniendo sólo unas cinco prendas de las cuales elegir.
La montaña Paoz estaba bastante alejada, pero el camino no supuso, a juzgar por la férrea expresión del rostro de Bra, algún impedimento. Equiparó su velocidad rápidamente a la de Trunks sin quejarse, posicionándose a su lado. El muchacho se sonrió, percatándose del sumo esfuerzo que podía suponerle y que al mismo tiempo fingiera lo contrario.
La casa de Milk estaba muy diferente a lo que ella conocía. En su realidad, Pan vivía allí junto con sus padres, su tío y sus abuelos en una amplia vivienda de molduras esféricas. Pero aquí sólo había una pequeña con forma de iglú y un par de ampliaciones, con una figura de humo saliendo de uno de los lados, que aparentaba una chimenea. El invierno aún no le pasaba cuenta al Monte Paoz, las flores alrededor de la entrada seguían intactas, y no se sentía en la piel ese frío helado como en la ciudad. Un pequeño móvil estaba estacionado a un lado de la entrada.
Trunks aterrizó y ella lo siguió. Bra se sintió renuente a entrar, preguntándose cómo podría ser esta nueva Milk sin familia, con lo devota líder de familia que era en su época.
Vio una cortina agitarse, mientras se acercaba a la vivienda y antes de llegar a tocar, la vieja puerta de madera se abrió. Traía encima un vestido oriental de color violeta oscuro y una chalina amarilla que cubría sus hombros, y ella sostenía con una mano por encima de su pecho. Le sonrió a Trunks, que de inmediato se acercó a abrazarla y ella lo rodeó con su brazo libre, con fuerza y una sonrisa que arrugó aún más la línea que se dibujaba visiblemente desde su nariz a la comisura de sus labios. Su frente agrietada le llamó la atención a Bra, los surcos secos alrededor de sus ojos y la piel avejentada que había perdido su firmeza. Se veía mucho mayor que la que ella conocía, y mayor incluso que la Bulma de ésta línea temporal.
—Ya era hora de que me visitaras —le dijo mientras lo soltaba y él se disculpó, caballerosamente, como siempre—. ¿Trajiste una amiga? —preguntó y se giró a Bra.
Milk se quedó estática y de sus labios se deslizó un monosílabo, de una oración que la sorpresa no le permitió terminar. Trunks sonrió y se giró a Bra, que permanecía a unos metros, aún con las manos en los bolsillos y por fortuna, sin el ceño fruncido.
—Ven, Bra —la llamó y tomando a Milk por el hombro la llevó al interior—. Creo que hay un par de cosas que debo explicarle, señora… —comenzó, rascando su nuca y desviando la mirada al suelo.
La persistente mirada de la mujer hizo a Bra mantenerse casi detrás de Trunks, incómoda.
—Hace unos días volví a ver a mis amigos, en la otra línea temporal… quería ver que todo estuviera bien allá, y bien… —se aclaró la garganta, Milk les ofreció asiento junto a la mesa y se sentó frente a ellos, con la mirada preocupada—. En fin, ella se llama Bra y es hija de Bulma y Vegeta, tuvimos un inconveniente y ella se quedará con nosotros hasta que la máquina del tiempo esté lista para llevarla a su hogar.
—Oh… —salió de su boca, junto las manos sobre la mesa y una ligera sonrisa se le dibujó pero su semblante preocupado no supo borrarse—. Entonces tu nombre es Bra, me sorprendiste, eres igual a Bulma cuando tenía tu edad.
—Eso me han dicho —soltó ella en tono sereno.
—Se parece más a Vegeta —comentó Trunks, sonriéndole a la joven mujer.
—Vaya, no sé qué decirles muchachos… Esto es una verdadera sorpresa, ¿tus padres tuvieron más hijos? —preguntó Milk, ligeramente confundida.
—No, sólo Trunks y yo.
—Nunca me lo hubiera imaginado de Vegeta, incluso Trunks fue una enorme sorpresa. Vaya… Así que Vegeta formó una familia —dijo la mujer, acariciándose el rostro—. Nunca me lo hubiera imaginado… Y tú, ¿eres una científica como tu mamá o una guerrera como tu padre?
Bra tragó saliva y se sentó derecha, esquivó la mirada y apoyó un codo sobre la mesa para sostenerse la barbilla.
—Acabo de terminar la preparatoria, aún no estoy segura de lo que quiero hacer.
—Siempre pensé que si no hubiera ocurrido lo que pasó con los androides, Gohan hubiera sido un importante investigador… ¿Verdad que sí lo es?
Trunks miró a Milk, que se había arrimado a la mesa y cogido la mano libre de Bra entre las suyas. Sobrecogido, no supo qué hacer. Si sería bueno o deprimente escuchar de la boca de Bra lo que hubiera sido de no ser por los androides. Si le traería desdicha o felicidad.
—Creo que sí —dijo ella, alterada por el repentino contacto de la mujer—. Sé que es profesor en la universidad y en la preparatoria donde estudia Goten.
—¿Goten? —preguntó Milk, confusa.
—El hermano menor de Gohan.
La mirada de Milk se perdió inmersa en los ojos azules de Bra, sorprendida. Estaba impactada, durante tantos años ella estuvo al pendiente de lo que Gohan hacía, si volvería cada noche después de salir a la calle y enfrentarse a esos malévolos androides, si no lo buscarían y hasta cuándo duraría la poca paz que sentía cuando lo tenía cerca de ella, jamás imaginó que ella pudiera llegar a tener otro hijo si Goku hubiera sobrevivido.
—¿Tuve otro hijo? —preguntó, esperando haber escuchado mal las últimas palabras de la señorita que tenía sentada frente a ella, envolviendo sus manos con mayor firmeza, con más curiosidad.
Bra dudó y se hizo ligeramente hacia atrás, miró a Trunks esperando una respuesta, él asintió algo preocupado y apoyó su mano en el respaldo de la silla de ella, con la esperanza de hacerle sentir que todo estaba bien.
—Sí —contestó—, Gohan se casó con una mujer llamada Videl y tuvieron una hija, se llama Pan.
La sorpresa en la mirada agigantada de Milk seguía creciendo, a la vez que la emoción la carcomía. Tenía una nieta y otro hijo de Goku.
—Pan es mayor que yo —continuó, Bra—, pero yo soy más alta que ella.
—Pan —murmuró Milk con la voz embelezada—, ¿cómo es ella?
Una sonrisa se le dibujó a Milk, que parecía acercarse más y más a Bra, a medida que la conversación continuaba.
—Bueno… tiene el cabello negro y corto, lo lleva por sobre los hombros… tiene ojos oscuros y grandes, como los suyos, es como usted —le dijo y notó como los ojos de Milk comenzaron a brillar, como si eventualmente una lágrima fuera a desprendérsele de la mirada—. No le gusta mucho la escuela, pero Gohan la hace estudiar mucho, aunque lo que más le gusta es entrenar con el señor Goku.
—Ese Goku, no cambia nunca —comentó limpiando la comisura de su ojo y rió levemente—. ¿Qué hay de Goten? ¿él trabaja, estudia, se ha casado?
—Bueno él y mi hermano son mejores amigos, mi mamá le pidió a la señora Milk que lo dejara asistir al mismo instituto que mi hermano aunque fueran a niveles diferentes. Él es el menor. Y creo que ahora buscaba empleo, pero le duran poco, a veces se queda dormido y falta o llega tarde. Tampoco le duran mucho las novias…
Milk rió, no podía creer la liviandad con la que su segundo hijo se pudo haber criado que lo llevaran a tener aquella libertad, que en ese instante le pareció divina. Le produjo cierta alegría que su hijo menor pudiera disfrutar de las frivolidades de la vida e incluso ser un muchacho normal, común y corriente que tenga dificultades comunes y corrientes.
—Qué desconsiderada, no les he ofrecido nada de comer —dijo y levantó de la mesa.
No importó lo mucho que Trunks debió insistir para que Milk no se tomara la molestia, ella de todas formas se arremangó el vestido y se colocó un mandil blanco con flores amarillas tejidas.
Bra se levantó de la mesa y recorrió la sala de estar, dentro de la misma habitación. No habían demasiadas cosas en casa de Milk, varios libros de cocina, en los estantes y algunos escolares, que probablemente le pertenecían a Gohan. Sobre los estantes el brillo de un vidrio le llamó la atención, se acercó y tomó el marco entre sus manos. Trunks vestía una camiseta de Corporación Capsula y parecía tener un par de años menos que ella, Gohan vestía el uniforme del señor Goku y abrazaba a Milk del hombro. Sólo ellos tres, probablemente Bulma habría tomado la fotografía. La dejó en su sitio y miró la que estaba junto a ella, eran el señor Goku, una Milk de unos veintitantos y Gohan con un enorme sombrero rojo con una esfera del Dragón de adorno.
Bra volvió a sentirse incómoda, a pesar de la felicidad que parecía haberle dado a esa mujer con sólo decirle lo que había del otro lado de esa máquina del tiempo, no podía evitar preguntarse lo que quedaría cuando ella y ese Trunks volvieran a casa. La soledad y los recuerdos, y lo que hubiera sido si Goku estuviera vivo. Le pareció deprimente e incluso insoportable. Se cuestionó si ella podría vivir feliz sabiendo que otra tiene todo lo que ella añoraba, incluso su otra yo. Parecía injusto que ellos toleraran de esta manera sus vidas, sólo felices de saber que en otra realidad serían genuinamente felices y no como ahora, reconstruyendo poco a poco una civilización hecha añicos.
Sin embargo no formuló cuestionamiento alguno, se tragó su sinceridad un momento y volvió a sentarse a la mesa a esperar lo que Milk les preparara y tal vez tapar con su presencia ese hueco enorme de la familia que ella no tenía.
No lo sintió como caridad, ni lástima, sólo sintió la necesidad urgente de ocupar el tiempo de aquella avejentada mujer. Quizás la preocupación que la carcomió por tantos años hizo estragos en su piel, creyendo que en cualquier momento la muerte llegaría y no lo hizo, aún peor, le arrebato a quienes más amaba.
Pasada la tarde Milk le contó a Bra a qué se dedicaba ahora que estaba sola, encontró trabajo en un orfelinato en una ciudad cercana en la que habían muchos niños que perdieron sus familias por una razón u otra. Muchachos abandonados al nacer, cuyos padres fallecieron o maltratados. Confesó que detestaba sus días libres y que esperaba ansiosa todo el día para volver, que luego de unos problemas de salud se le exigió que volviera al menos un día de la semana a casa para descansar. Le contó sobre las travesuras de unos gemelos que habían llegado hacía poco tiempo y sobre lo inteligente que era la más callada del grupo que tenía a cargo. Se rio mientras recordaba al muchacho que come con tanta desesperación que parece un saiyajin y sobre el otro, que se rehúsa a hablarle a las niñas.
Bra y Trunks terminaron pasando la tarde entera en el Monte Paoz. Bra compartió con Milk historias de cómo Goten y Trunks la molestaban cuando era niña y Vegeta los golpeaba, o como ambos debieron sostenerlo, ese día en el que escuchó como un terrícola le dirigía unas palabras lascivas a su hija por la calle. Le contó sobre los torneos a los que asistía Pan todos los años, y que siempre ganaba. Le contó sobre la última novia de Goten, con la que la Milk de su tiempo no se llevaba muy bien, y también le comentó sobre el chico que molestaba a Pan en la escuela, y que ella aseguraba sólo estaba enamorado. Pan por supuesto se incineraba cada que Bra se lo decía, pero a ella le resultaba gracioso que lo negara con tanta indignación. Le contó que su mamá organizó una enorme fiesta para el aniversario de casados de Milk y Goku y que ambas estaban enfurecidas porque él se había quitado el traje y la corbata y puesto un traje de entrenamiento.
Bra no era la mejor para contar anécdotas graciosas pero parecía que todo lo que le contaba a Milk era divertido. Ella se había vuelto una niña, escuchando historias fabulosas sobre un tiempo pacífico y feliz, Bra revolvía entre sus recuerdos buscando algo que a ella pudiera interesarle, pero a medida que la tarde fue pasando se dio cuenta que habían muchas cosas que pasó por alto y Milk parecía atesorar, por muy mínimas que fueran.
La mujer no dejaba de llenarles los platos, aunque los dos muchachos estaban satisfechos. Era hora de regresar a casa, así que respetuosamente se levantaron de la mesa y se despidieron. En el marco de la puerta Trunks abrazó a Milk con afecto, como lo había hecho cuando llegó y a ese abrazó le siguió ella. Milk la tomó con fuerza, aunque Bra no haya reaccionado a tiempo para corresponderlo, la tomó con cuidado, extrañada del cariño que le transmitía.
—Muchísimas gracias por haber venido, Bra —le susurró al oído.
Bra frunció el ceño, sintiendo una tristeza que no supo cómo calificar ni de dónde pudiera provenir. Milk estaba feliz de sólo saber las cosas buenas que ella había vivido, pero Bra sentía dentro una latente incomodidad por esa abismal diferencia entre mundos.
—No es nada —contestó ella y la mujer la soltó, aun tomándola por los hombros.
—Por favor, vuelve a visitarme.
Al llegar a la pequeña Corporación Capsula, Bra estaba más callada que lo habitual. Su mirada ensimismada y su semblante preocupado capturaron la atención de Trunks, que antes de entrar a su hogar se detuvo frente a ella.
—¿Estás bien? —le preguntó y ella levantó la mirada, como si la hubiese arrastrado fuera de una importante línea de pensamientos.
Ella no supo si mentirle o decirle lo que realmente le molestaba, no era muy común en ella exteriorizar de manera tan concreta sus preocupaciones, las pocas veces que las tenía.
—No es justo —dijo ella, transmitiendo un agrio pensamiento.
Trunks supo inmediatamente qué era lo tan injusto que la preocupaba, la soledad de Milk se había metido dentro de la enorme coraza de frivolidad de esa mujer, que pudo haber sido su hermana en otro tiempo.
—No, no lo es —contestó él.
Bra lo miró horrorizada.
—¿Eso es todo lo que tienes que decir? —cuestionó, cruzando los brazos y frunciendo el ceño. —Es horrible, ¿por qué no fuiste por las esferas de Namekk para revivir a Gohan? Esa mujer está sola ahora mismo, pensando en todas las cosas que le he contado sobre mi realidad. ¿Se consuela pensando que pudo haber sido feliz en otro lugar? Si las cosas hubieran sido diferentes, ¿si su esposo no se hubiera muerto? Es ridículo.
Tal vez era primera vez en la que Bra hablaba tanto con él, y quizás la única en la que se sentían sus sentimientos en cada palabra. Sintió la impotencia mezclada con una clara confusión que evidentemente no sabía manejar, él se acercó a ella unos pasos, cauteloso. Ella tenía los puños tan apretados que parecían temblar, aunque se ocultaran debajo de su entrelazo.
—Ella no se consuela pensando que pudo haber sido feliz en otro tiempo, ella es genuinamente feliz porque las personas que ama son felices allá, aunque sea lejos de sí misma. Le alegra que Gohan sea el profesional que ella soñaba, que tenga una familia y un hermano. Le alegra que Goku siga siendo la misma persona y se alegra de que Pan exista, a mí también me alegra. Me alegra que tú existas Bra, que tengas a Vegeta y Bulma a tu lado y que tengas a ese Trunks junto a ti. Yo tengo a mi madre y tengo mucho por qué seguir luchando, pero eso no significa que los envidie o quiera estar en su lugar, ya pasó mucho de eso… —Bra deshizo el entrelazo de sus manos y lo miró expectante, desarmada—. Mi madre ya tenía mucho con la máquina del tiempo y estaba sola, si hubiera tenido una nave espacial sí, hubiera ido por las esferas pero para ese entonces seguramente ya sería tarde para Gohan. Creeme, siempre pensé en esa posibilidad…
Trunks apretó los puños y deslizó su mirada al suelo, revivió algo de su impotencia, de su fastidio al no poder hacer nada por su maestro.
"Si yo hubiera sido más fuerte, Gohan seguiría vivo"
En la mente de Bra se repitió una y otra vez la frase del diario. Repentinamente se estremeció, la mirada de Trunks perdida en el asfalto, recordando lo que hubiera deseado hacer por cambiar su propio pasado, la culpa de no haber podido salvar a Gohan, todos esos sentimientos que reprimía y había elegido plasmar en una hoja de papel y al mismo tiempo dibujarse a sí mismo una sonrisa para seguir adelante.
Las mejillas de Trunks se sonrojaron, sintió en su pecho otra vez ese fulminante calor y pesadez extraños que lo habían asfixiado en la mañana. Bajó la mirada y se encontró con Bra, que lo abrazaba con fuerza y ocultaba la mirada.
—Lo siento —le dijo, arrepentida.
Su voz era tan baja que por un segundo se preguntó si realmente había escuchado lo que había escuchado o debería pedirle que lo repitiera, pero un ligero sollozo lo hizo desistir. Apoyó su mejilla contra la cabellera suave de ella y la abrazó. Bra se reprimió y apretó los ojos con fuerza, ni siquiera entendía bien por qué lloraba. Él se alejó y la tomó por la barbilla, le limpió la mejilla con su dedo pulgar y le sonrió, como siempre lo hacía.
—No te preocupes.
Bra sonrió sin darse cuenta.
Entraron a casa sin hacer mucho ruido, el termostato parecía estar arreglado y la casa en silencio total, tal vez Bulma ya se habría ido a dormir. La más joven se retiró al cuarto de Trunks, y el otro se preparó su improvisada cama como lo había hecho las últimas noches.
La curiosidad la terminó dominando, luego de acomodarse en la cama y cerciorarse de que el dueño del diario no pudiera entrar de repente, abrió el cajón de la mesa de noche y tomó el libro de cubierta negra.
"Gohan vino a casa hoy con muchos libros, me dijo que debo estudiar porque no puedo ir a la escuela. Se ven un poco aburridos pero lo convencí de que estudiaría si me entrena a cambio. Me dijo que sólo me enseñaría lo básico para que mi mamá no se preocupe. Ella no quiere que pelee con los androides, dice que soy muy pequeño, pero creo que me siento de esta manera porque llevo la sangre de mi padre, el príncipe de los saiyajins, dentro de mí.
Entre los cuadernos encontré éste, era el único que no estaba escrito y pensé que sería bueno que escribiera mis progresos aquí. Tengo que estudiar para que Gohan me entrene."
La primera hoja del diario estaba pobremente escrita, al parecer Gohan no sólo le insistía a Pan.
"De todas las preguntas que Gohan me hizo, sólo contesté mal tres, así que salimos a entrenar con Gohan a un lugar lejano. Mamá me dijo que volvamos pronto así que no pudimos ocupar mucho tiempo.
¡Ahora Gohan es mi maestro! No pude hacer mucho, él dijo que debo aprender a controlar mi ki y que una vez que lo logre, aprenderé a volar.
Me golpeó con una piedra en la mejilla, él me dijo que debía saber qué tan rápido reacciono y casi al final me distraje y me dio. Me duele un poco pero estoy emocionado."
"Gohan no vino hoy."
"Gohan peleó contra los androides hoy y lo dejaron muy malherido, pero mamá dice que se recuperará."
"Gohan se hizo un traje para pelear de color naranja, me dijo que su padre tenía uno igual y que eso lo alentaba a ser tan fuerte como él. Le pregunté si mi papá usaba uno de esos y me dijo que no, que el suyo era una armadura especial que trajo del espacio. Me gustaría saber cómo era, mamá no tiene fotos y no habla mucho de él."
"Mamá me dijo que mi padre tenía una mirada como la mía, ahora cada vez que me miro al espejo me imagino cómo sería él. Me gustaría poder recordarlo."
La bitácora de entrenamientos de Trunks en poco tiempo pasó a ser un diario íntimo, en el que dejó plasmada cada duda y deseo infantil. Bra ojeó y pasó rápidamente con la mirada las páginas hasta la muerte de Gohan, y "padre" era una palabra recurrente en cada una, hecho que la sobrecogió.
"Gohan tiene una foto de su padre en su cuarto, no se ven tan poderoso como yo esperaba, y se parece mucho a él, como dice mi mamá. ¿Mi padre se habrá tomado fotografías y se destruyeron en la corporación? Tal vez no se tomó ninguna…"
"La inspiración de mi maestro es su padre, creo que la mía también será el mío."
Bra se salteó varias páginas, hasta que la letra mutó a una más legible.
"Mamá quiere que viaje mañana, no quiere que siga peleando contra los androides, dice que no valdrá la pena morir solo, enfrentándolos. Creo que tiene razón, aunque desearía poder exterminarlos yo solo.
Tengo que viajar veinte años al pasado, debo evitar ver a mi padre y sólo hablar con el señor Goku. Tal vez si vea a mi padre termine cambiando el pasado y yo no nazca nunca. Tengo muchas dudas, tal vez si viajo, cuando regrese a mi tiempo, todo sea diferente. Mi mamá me dijo que no me haga muchas ilusiones, que hay muchos escenarios posibles y no sabremos qué pasará hasta que lo intentemos.
Por mucho que me cueste, debo evitar ver a mi padre."
"Tal y como mi mamá dijo, mi padre es un hombre muy solitario. Mientras mamá charlaba con sus amigos como una gran familia, él estaba solo de un lado, mirándome como si fuera una amenaza. No pude evitar observarlo todo el tiempo, intenté controlarme pero no pude. Es cierto que su mirada es como la mía, de hecho creo que nos parecemos bastante aunque su cabello sea diferente. Debo decir que es exactamente como lo imaginaba.
Espero no haber alterado demasiado las cosas allá… Cuando regresé, todo aquí estaba igual que como lo dejé, creo que mi presente no cambiará aunque cambie el pasado. En unos meses sabré si los hechos se han modificado con mi llegada. Espero que el señor Goku sobreviva su enfermedad."
Bra cerró el diario y lo guardó en el cajón, como ya se le había vuelto una costumbre. Apagó la luz y se quedó en silencio, pensando en la cantidad faltantes en la vida de ese Trunks. No sólo la ausencia de Gohan lo había marcado sino también, mucho antes de ello, la figura de Vegeta.
Abrazó a su almohada, se sentía desanimada y con una pesadez en su interior que no sabía definir. Ese Trunks no era ni un pelo parecido a su hermano.
Trunks, del otro lado, no lograba conciliar el sueño. Bra se sentía cada vez más cercana a pesar de su extraño y errático comportamiento de momento a momento. La frialdad con la que se movía aveces lo desconcertaba, pero aún más se sorprendía de esos momentos de humanidad, indescifrables, que parecían un intento desesperado por ayudar. Más no comprendía por completo los sentimientos ajenos puesto que Bra no estaba familiarizada con ninguna carencia. Su esfuerzo algo bruto, lo enternecía.
Se encontró sonriéndose, mientras miraba el techo sobre el sofá y recordó como se le acercó la noche anterior y acarició su mejilla. Sin más se sonrojó y agitó la cabeza ante el absurdo pensamiento que se le había asomado. Bra era su hermana y debía tenerlo muy presente.
Continuará…
