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Su sombra

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4: Sentimientos y sensaciones

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Esa presencia...

Intentando salir de su estado de duermevela, causado por el agua y el tiempo que había pasado allí, dirigió su atención hacia ésa nueva presencia. En realidad no era nueva, pero pensó que había dejado de existir. Emanaba del mundo humano y, a veces, de la Zona Fantasma, con fuerza. Y cada vez mayor. Sabía de qué ser provenía, y poco a poco, las ideas se conectaron en su cabeza.

Danny.

Danny estaba vivo.

Quizás con otro nombre y otra cara, pero era Danny. Se sorprendió al descubrirlo, pero no por mucho tiempo. Y un sentimiento que había sentido la última vez que había estado con él volvió a llenarlo.

Él sabía qué hacer.

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Evan sintió que alguien lo observaba. Miró para todos lados, desconcertado, pero no vio a nadie que lo estuviera mirando. Siguió caminando por el pasillo hasta su casillero, y no se detuvo cuando sintió algo extraño al tacto en él. Algo que no era físico, sino... energía. Estaba a punto de decirse a sí mismo que era su imaginación cuando se encontró con la botellita sobre sus libros.

Era una botellita pequeña, no mas grande que su puño, con forma circular y de color negro y azul. No, se dijo Evan, cuando la vio mejor, lo que era negro y azul era el contenido. Si no fuera por el pico que sobresalía por arriba, hubiera pensado que era una esfera de cristal de un adivino. Cuando sus ojos dejaron de ver el contenido (parecía humo líquido) se fijó en qué estaba apoyada.

Había una tarjeta negra bajo la botellita, como las de presentación de profesionales. Evan la tomó, intrigado, y la dio vuelta. En finas letras escarlata estaba escrita una sola frase, y sin ninguna firma a la vista.

"Espero que te sea útil"

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Quizás fuera un regalo de Clockwork, pensó Evan, aún desconcertado. Había dejado la botellita en su casillero, y su mente regresaba ahí cada vez que podía. Esperó hasta que todos en la escuela se retiraran, y fue al único lugar que estaba vacío en ése momento: el gimnasio.

Aún no habían cerrado la puerta, lo cual fue una suerte. Evan entró, sigiloso, y fue hacia un costado para examinar la botellita. Descubrió que en un lado de la botella había una sola palabra, que le recordó a Alicia en el país de las maravillas.

"Bébeme"

Evan dudaba. ¿Y si era una broma pesada? Volvió a mirar la tarjeta y vio cómo una frase aparecía debajo de la primera, como por arte de magia. Esperó a que todas las letras aparecieran antes de leerla.

"Un amigo que conocerás dentro de poco"

Eso le sacó la duda, aunque le había dado nuevas y más grandes. Volvió a mirar la mezcla azul y negra de la botellita, y decidió darle un sorbo. Sólo uno. Si después de eso pasaba algo malo o lo encontraba desagradable, quedaba ahí y se olvidaba del asunto.

Sacó el corcho y una ligera niebla salió del pico. Lo llevó a su nariz y no encontró desagradable el olor: de hecho, le recordaba vagamente a Clockwork. Sonrió y le dio un ligero sorbo, sintiendo el líquido frío y con un ligero sabor amargo. Esperó y no sucedió nada alarmante. La frescura del líquido le llenó el cuerpo, como cuando tomaba agua fresca en un día de mucho calor. Se sentía extrañamente bien, como si su cuerpo, y algo más que su cuerpo, recordara algo olvidado.

Se tomó toda la botellita, y cerró los ojos. Sentía una energía extraña recorrerlo, y el frío de su cuerpo empezó a distribuirse por todo su ser. Lo sentía en sus huesos, bajo su piel y en todo su sistema nervioso. Abrió los ojos y se miró las manos, y vio cómo dos anillos blancos lo rodeaban. Pasaron por sobre su cuerpo y Evan vio, atónito, cómo su ropa cambiaba. Ahora tenía un "traje" similar al de ése chico de pelo blanco y ojos verdes. Se llevó las manos al rostro y buscó algo que le sirviera de espejo. Fue hacia las duchas y se quedó helado al ver su reflejo.

Tenía el pelo blanco y los ojos verdes.

El recuerdo de una niña-fantasma con el mismo pelo y los mismos ojos se le pasó por la cabeza, pero no le prestó atención. Volvió a mirarse y luego al espejo, tocando su rostro. Era real. Su traje, su pelo, y sus ojos eren reales. Y lo más extraño era que no le extrañaba ése cambio, sino que era... como recordar algo olvidado hace mucho. Cerró los ojos y trató de clamarse.

Miró a todos lados antes de salir de las duchas, asegurándose que nadie lo veía. Había dejado sus cosas debajo de las escaleras que hacían de tribuna, y al parecer, ya habían cerrado el gimnasio. Se dio una palmada en la frente, diciéndose que cómo iba a salir si las puertas estaban cerradas, y fue a buscar sus cosas.

Ya con su mochila puesta, se paró frente a la puerta principal y la tocó con la palma de la mano. Deseó estar del otro lado, pero nada sucedió. Pensó entonces en el aire, pero tampoco funcionó (el aire se podía sentir) Entonces pensó en él mismo volviéndose intangible y pasando al otro lado, y avanzó, sin cerrar los ojos.

Vio cómo su brazo se volvía invisible, y cómo pasaba a través de la puerta. Cuando estuvo afuera, miró hacia atrás y vio que había sido intangible por unos segundos. Miró a su alrededor, y no vio a nadie, y deseó volver a ser visible. Un humo celeste salió de su boca, y sintió algo extraño. Como si lo vigilaran.

-Mejor me voy- dijo el chico, y entonces se preguntó cómo iba a volver con ése especto a su casa. Miró a todos lados y los vio.

Parecían unos pulpos verdes. Eran tres, y flotaban en el aire, emitiendo un brillo extraño. Evan paró en seco y los fantasmas bajaron hasta su altura, emitiendo un sonido que aparentaba ser un "buuuuuuu"

El chico se puso a examinarlos.

Los fantasmas se quedaron paralizados por la sorpresa. Evan tomó un tentáculo del fantasma que tenía enfrente, lo miró por todos lados, lo soltó y le dio la vuelta, como si estuviera viendo un experimento muy interesante. Nunca había visto ése tipo de ser, pero ahora que lo tenía cerca le parecía muy familiar, y no le extrañó (aunque debió haberle extrañado) el no tener el más mínimo sentimiento de miedo ó extrañeza.

El fantasma volvió a repetir el "buuuuu", agitando los brazos.

-¿Eso es todo lo que pueden decir?- preguntó Evan, curioso.

El fantasma no sabía qué hacer. Evan siguió examinándolo por un buen rato, hasta que decidió que ya era hora de irse. Los "pulpos" no iban a dejar que se fuera así nomás, así que cuando el chico estaba por salir del círculo, lo agarraron de los brazos.

-¿No tienen nada mejor que hacer?- los fantasmas negaron con la cabeza –Lo suponía-

Lo levantaron del piso, y lo tiraron para arriba. Evan paró en medio del aire, sin enterarse de cómo lo había hecho, ni porqué tenía ése equilibrio. Dos de los fantasmas se dirigían hacia él, y el chico los esquivó, pero no pudo evadir un golpe del tercero, quien le dio en la espalda con uno de sus tentáculos. Evan lo miró, sin entender.

-¿Se puede saber por qué me atacan?- otra negación –Jorobar-

Los otros dos "pulpos" iban hacia él, cada uno por un lado contrario, y Evan los esquivó, bajando hacia el piso. Los dos se estrellaron, y en su lugar quedó una masa verde similar a la gelatina, por decirlo de forma suave. El tercero iba hacia él, girando, como un trompo, y Evan se cubrió con los brazos de los golpes de los tentáculos. Decidió que era suficiente, y trató de pagarle un puñetazo en la cara.

Su puño pasó a través del "pulpo" y éste volvió a aparecer, agarrándole la muñeca. Lo levantó del piso, lo elevó por sobre su cabeza y lo azotó contra el suelo. El chico reaccionó rápido y le lanzó un rayo de energía, y quizás por la poca distancia o por su suerte, le dio en la cabeza. El "pulpo" lo soltó y desapareció, de la misma forma que los otros dos.

-Que criaturas tan extraña son- dijo Evan, antes de irse a otro lado.

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Pero aún estaba el problema de su aspecto.

Aún dentro del perímetro escolar, deseó volver a su forma humana. Los dos anillos volvieron a rodearlo, y volvió a como era antes de tomar el líquido de la botella. Aliviado, peor aún alerta, empezó a caminar hacia su casa, pensando en lo que había experimentado.

"¿Y ESO esa un fantasma?" se preguntaba Evan "Parece que hay más variedad de la que pensaba. A todo eso, ¿de dónde salió? ¿Y por qué intentaba atacarme?"

Otra vez vio cómo aparecía el vapor saliendo de su boca, y miró a todos lados, sin terminar de entender qué estaba buscando. No había más "pulpos" a la vista, y se dio cuenta que estaba frente a una casa que estaba a la venta. Y "estaba" porque ahora los carteles que anunciaban la venta ya no estaban. Había cortinas azules en las ventanas y había otros signos que parecían indicar que la casa estaba habitada.

Pero algo le daba una sensación desagradable. El simple hecho de pensar que la casa lo veía (aunque no era la casa en sí) le producía escalofríos. Creyó ver a alguien en una ventana, aunque fue una fracción de segundo, y quizás sus ojos lo engañaran. Esa casa le daba miedo, y prefirió apurar el paso para que la casa, o lo que hubiera dentro, dejara de mirarlo.

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Ésa noche, como todas las noches, Clockwork apareció al lado de su cama. Cuando los ruidos en la casa cesaban y sus padres estaban en su habitación, el Maestro del Tiempo salía de su remolino verde y lo abrazaba, besándolo con suavidad en los labios, aunque Evan estuviese en el umbral del sueño. Había pasado un mes desde la primera vez que se habían visto, y a veces la realidad se mezclaba con su sueños. El fantasma no se iba hasta que Evan estaba dormido, por lo que a veces el chico no sabía decir si lo que sucedía era sueño o realidad. No había nada que lo sacara de su encantamiento.

Clockwork le dio un beso en el cuello.

Evan sintió que un escalofrío le recorría el cuerpo, y apretó los párpados. No sabía qué punto sensible había tocado, pero eso era una sensación nueva. Y no le desagradaba para nada. Se aferró a la capa de Clockwork, gimiendo, sintiendo cómo lo llenaba un calor que no le era del todo desconocido. Sabía que estaba sonrojado, y dejó escapar un suspiro.

El fantasma atrapó sus labios con los propios. Despacio, su lengua entró en la boca de Evan, tratando de no asustarlo. Una de sus manos estaba perdida en la nuca del chico, y la otra le acariciaba el pecho, sobre la ropa. Él lo deseaba y Evan no se estaba resistiendo. Encontró otro punto en su nuca, que lo hizo gemir con más fuerza, rompiendo el beso. Clockwork deslizó su mano por debajo de la parte superior del pijama de Evan, acariciando la piel de su abdomen.

Dejó libre la cabeza de Evan y se bajó la capucha. Cada vez que se presentaba ante él, se mantenía en su forma de joven, y el chico pudo ver su largo pelo plateado que le llegaba más abajo de la línea de los hombros. Enredó sus dedos en él, sintiendo cómo se escurría entre sus dedos, como si estuvieran hechos de plata. Clockwork se sacó la capa y la dejó caer. Acercó su rostro al de Evan y le dio un ligero mordisco en el lóbulo de la oreja, mientras llegaba a los pezones del chico, recostándose en la cama, con el chico debajo de su cuerpo.

Entonces Evan lo apartó.

-¿Qué sucede?- le preguntó el fantasma, confundido.

-Es que... – dijo Evan, quien tragó saliva, tratando de alejar ése recuerdo de su cabeza, y trató de hablar de nuevo –Ése hombre con Danny... Él usó... esa misma posición y no... no me gustó cómo... se lo hizo... Pero yo quisiera...- estaba rojo hasta las orejas.

-Tranquilo- Clockwork le acarició la cabeza con suavidad –No voy a hacer nada que no quieras-

Evan evitaba mirarlo, sonrojado.

El Maestro del Tiempo lo abrazó por la espalda, sin forzarlo a moverse. Le dio un beso en la cabeza, cuidando de no pasar cerca de sus puntos sensibles.

-Será mejor que duermas- le dijo el fantasma, acostándolo sobre la cama y tapándolo despacio. Lo abrazó con suavidad, entrelazando los dedos de su mano con la de Evan.

-Espera- le dijo el chico, sin soltarle la mano –Tengo que decirte algo que me pasó hoy-

-¿De qué se trata, mi pequeño?- preguntó Clockwork, sentándose a su lado.

-Hoy encontré una botellita en mi casillero. Tenía una nota extraña- la sacó del cajón de su mesa de luz y se la mostró –En la botella estaba la palabra "bébeme" y yo le hice caso- el otro lo miró –me pasó algo extraño... Pero me dio una sensación conocida, similar a la que siento cuando estás conmigo-

-¿Qué sucedió, mi pequeño?-

-No sé si podré hacerlo ahora- cerró los ojos y se concentró hasta que sintió lo mismo cuando se había transformado por primera vez. Miró su mano y vio que había funcionado –Y me pasó esto. ¿Sabes qué es?-

-Son poderes de fantasma- dijo el Maestro del Tiempo, asombrado. Le tocó el rostro y pasó la mano por su pelo, sin terminar de creerlo -¿Cómo sucedió?-

-No lo sé. Sólo pasó y después quise salir del gimnasio y pasé a través de la puerta- Clockwork lo escuchaba con atención -¿Es algo malo?-

-No es algo malo, sino algo muy extraño. Hay muy pocos mitad-fantasma en éste mundo-

-¿Mitad fantasma? ¿Es eso lo que soy ahora?-

-Creo que sí, aunque no puedo asegurarlo. Los otros dos que existieron empezaron a existir gracias a accidentes de laboratorio y suerte-

-Y cuando salí, había tres "pulpos fantasmas"... o eso parecían, y me atacaron-

-¿Estás bien?-

-Ahora sí- dijo el chico, y le acarició el rostro, sonriendo –Descubrí habilidades extrañas... Pasé a través de la puerta, volaba, tenía más fuerza física y lancé un rayo contra uno de ésos seres... Y luego me fui a otro lugar y deseé volver a mi forma humana y así pasó-

-Es una gran sorpresa- el Maestro del Tiempo no lo soltaba.

-¿Estás preocupado?-

-No esperaba que recuperaras tus poderes sin la presencia del simbionte. Pero me alegra el saber que pudiste defenderte solo- le acarició la cabeza, sonriendo –Pero será mejor que vuelvas a tu forma humana para dormir-

-Algún día quisiera que durmieras conmigo... –

-Y ése día llegará, mi pequeño-

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Me di cuenta que éste fanfic no estaba a la altura de mis lectoras, así que decidí rescribirlo. Como ya sé cuáles serán los acontecimientos que deben aparecer, es más fácil la reescritura. Como ven, hay cambios importantes en la trama, y va a haber más para que esté a la altura de mis lectoras, y de mí también. Sabía que podía escribir cosas mejores, así que lo hice y espero que les guste, porque los cambios van a seguir.

Nos leemos

Nakokun