hola... hello! he aqui, un capitulo lleno de amor...
Guau.
Era una linda noche…
…Realmente no tanto, pero a Kyoko le parecía la noche más linda que le había tocado vivir en toda su vida.
El sol se había marchado; dejando, tras su paso, nubes que empezaban a adquirir un tono rosa violeta. Las caricias del aire se tornaban cálidas, tiernas y suaves. Las luces de las farolas se iban encendiendo, imitando juguetonamente el sensual caminar de Kyoko-chan. Y la vida nocturna poco a poco comenzó a armonizarse, mostrando sus firmes pasos entre la multitud que le rodeaba. Es como si todo el mundo supiera que esta noche, sería su gran noche; que Sho-chan le demostraría al fin cuanto la amaba, la respetaba y adoraba. …le encantará la sorpresa… de eso, ella estaba más que segura. Lo dejaré sin palabras…
Claro que lo dejaras sin palabras, tonta. Espetó Natsu, rompiendo el maravilloso cuento romántico que se estaba formando en su cabeza. ¿Acaso crees que él se alegrara al saber que vive bajo el mismo techo que una "traidora"? ... ¿Me das el privilegio de ser la primera en decírtelo? para él, serás una G-R-A-N traidora.
Kyoko se golpeó suavemente la frente y sonrió. Ella no era una traidora; no señor. Ella lo que estaba haciendo era trabajar para conseguir dinero y pagar el arriendo; sumando: la ventaja que tenía para salvarse el pellejo a sí misma y, si se requiriera, ayudar a Shotaro en lo que fuera necesario (a nivel legal y policial). Si... claro… seguro que se alegrará al ver que tiene un "bonus" en su vida delictual.
Suspiro. ¿Es que Natsu no podía guardarse sus comentarios?
Entró a su residencia, utilizó el ascensor y llegó hasta su piso. Sacó las llaves, quitó el seguro, y, antes de girar el pomo, la puerta se abrió por arte de magia. Shotaro estaba allí para darle la bienvenida.
– Bah…- musitó algo decepcionado. – Eres tu…
A la chica se le ilumino el rostro. ¡Fuwa Shotaro había venido a: abrirle la puerta y darle la bienvenida!
G-U-A-U, ya veo como en cualquier momento te desmayas, bobalicona.
– ¡Sho-chan! – enunció Kyoko encantada de verlo allí. …Impidiéndote el paso al departamento. ¿Es que acaso no lo ves?
El chico, sonriendo de oreja a oreja, realizó un gesto con la mano; un gesto que solo un perro podía entender… Corrección: un perro y la ingenua de Kyoko-chan.
–Estoy en medio de una reunión…- le comentó el hombre, antes de darle golpecitos en la cabeza. – Vuelve por la madrugada, ¿sí?
Kyoko asintió algo apenada. Ella quería decirle cuanto antes de su pequeño secreto; contarle que estaba trabajando y ganando un buen sueldo para pagar la renta.
– Vamos Kyoko, muévete y lárgate rápido de aquí – dijo el rubio algo desesperado.
– …Es que, Sho-chan… había algo que quería hablar. - Murmuró algo apenada.
Sabía que tenía que irse lo más pronto de allí. No era la primera vez que sucedía aquello. "Era por su bien", eso era lo que le repetía siempre Shotaro.
– Lo hablaremos más tarde. – Espetó el hombre, frunciendo el ceño. – Vete, Kyoko. Lárgate. No me hagas perder más el tiempo.
La chica asintió, no sin antes alcanzar a decir una frase –He estado trabajando y hoy me han pagado el primer sueldo más un bono… es para pagar la renta y los gastos extra. -
¿No queras decir, "tus gastos extra"?... Kyoko, por Dios. La única persona que tiene gastos extras, aquí, es Fuwa.
Shotaro asintió. – …En hora buena…. – comentó. – Te veo luego… -agregó antes de cerrar de un portazo.
Kyoko se quedó plantada frente a la puerta por unos minutos. "En hora buena…" esas palabras solamente podían significar una cosa ¡A Shotaro le ha encantado la noticia!
Le ha encantado. ¡Seguro que me felicitará, me mimará, me besará, me alabará, me tratará como su princesa, me traerá flores, un caballo, chocolates, y me llevará de paseo en una carrosa tirada por un caballo blanco!...
Sonrió de oreja a oreja y saco su móvil para registrar la hora. Aun no pasaban de las nueve de la noche, ¡Y ya era la mejor noche que podía haber imaginado en toda su vida!
Nada podría remplazar el maravilloso recuerdo que tendría de esa noche.
La Segunda Opción...
Dedicó cinco horas a beber café de en un vaso de poliestireno, mientras observaba a la gente caminar por la calle del centro de la ciudad. Algunas personas llevaban tanta prisa que Kyoko podía pensar que eran criminales en fuga, mientras que otros caminaban con tanta lentitud que simplemente los marcaba como maniáticos que futuramente entraría a un callejón y descuartizarían a sangre fría.
Todos esconden secretos, Kyoko. Muchos descuartizan a sus empleados, otros escapan de los asesinatos intelectuales que comenten contra sus compañeros de vida, unos pocos se esconden de la justicia por verdaderos fraudes legales, y todos visten de negro su corazón; evitando así identificarse como asesinos de sueños, esperanzas y sentimientos…
… Natsu tenía razón.
Y lo sabía… Porque ella también descuartizaba, asesinaba, se escondía y en ocasiones se vestía de negro. De alguna manera, sentía que los comprendía mejor que nadie. Se sentía parte de ellos, de sus crímenes y de la sociedad en la que vivían.
No es que se sintiera una persona común y corriente, pero lograba sentir que encajaba; sinceramente… se sentía como en casa; conviviendo con personas de falsa fachada.
Sonrió y miro el vaso vacío que sostenía entre sus manos. …Que irónico, ¿No? Se suponía que esta noche iba a ser la mejor noche de tu vida, y ¡Mírate! Sentada en la banca que hay frente a un supermercado 24 horas, tomando café barato y esperando a que el amor de tu vida llame para correr a su lado, ladrar y mover la cola; como el buen perro que eres.
Kyoko suspiró y se puso de pie, ignorando por completo los mil y un sermones que Natsu estaba dispuesta a cantarle. maravillosamente. Dijera lo que le dijera, para Kyoko, esa noche ya era mágica y especial; simplemente porque Shotaro se había tomado de buena manera el que ella estuviera realizando un trabajo de manera limpia y legal. ¡Ni siquiera le había gritado! Era maravilloso.
Maravilloso. Sonrió y metió la mano a en el bolsillo de su chaqueta para sacar un par de monedas, rozando, en el intento, sus dedos con el frio metal de su pequeño revolver. Dio un pequeño respingo y soltó las monedas sobre el mesón de atenciones.
–Aquí tiene…- le dijo al chico, pagando un café (otro más) por enésima vez.
Esperó a tener su bebida caliente entre sus manos para sonreír, antes de girarse y bostezar. Le costaba reconocerlo, pero el sueño empezaba a apoderarse de ella. (Se estaba muriendo… Natsu ya veía como Kyoko se caía como un costal de papas, en cualquier momento.)
…Cuando llegue a casa, impregnada al olor del café de grano, seguro que Sho-chan no se resistirá y me comerá a besos.
Ya eran las dos de la madrugada
Simplemente, necesitaba descansar… Dormir un poco sobre su cálida cama, … o simplemente, podía seguir bebiendo café y esperando ansiosamente a que Sho-chan le escribiera para que volviera. …muchos muchos besos… no debo dormirme, necesito más café… así tendré más besos de los que he llegado a soñar.
Ella claramente escogió la segunda opción. El café y los besos, despertaban las ilusiones en su corazón.
Un Sicopata...
No es que no le gustara juntarse con sus amigos a tomar un par de bebidas y charlar sobre la vida, pero, no tenía tiempo (y o no tenía los suficientes amigos). Se le hacía realmente imposible intentarlo…. Y, lo peor de todo, es que el no intentarlo, invocaba el recuerdo de Natsu-san. Era como si al negarse a hacer "cosas de chicos", trajera consigo el inmediato recuerdo de Natsu riéndose de él.
Ya eran las dos de la madrugada y simplemente no podía dormir.
Su dilema: Tener una noche de chicos y sacarse de encima las burlas de Natsu, o negarse a la falsa diversión para alargar por siempre el recuerdo de la dulce risa Kitazawa-san
¿No más "burlas", o mantener por siempre el recuerdo de la angelical risa de la chica?
Escogió la segunda opción… y también escogió levantarse de su cama, vestirse rápidamente y salir a caminar.
Recorrió todo su barrio, hasta que llego a un market 24 horas. Entró directamente a comprar una botella de agua y, cuando se acercó a la caja para pagar, vio a Natsu-chan. Parecía que estuviera comprando un café…
¿Qué era lo que hacia ella allí? Claro, comprar un café, pero, ¿Por qué había ido a comprar un café allí?
¿Desde cuándo ella vivía por el barrio?
Si mal no recordaba, la joven vivía en la parte moderna del centro de la ciudad, no en la zona comercial. Y entre zona y zona, había bastantes kilómetros para caminar.
… ¿Y cómo sabia él, aquello?
Pues, ¿Por qué lo leyó en el expediente de su compañera brigadista? ¿Esa respuesta era válida? ¿Si? ¿No? Bien, no es que estuviera en plan psicópata buscando todo lo que pudiera encontrar en google sobre la chica (que, a propósito, no fue más información que la detallada en su expediente) sino que simplemente lo leyó como parte del protocolo para conocer con quien trabajaba.
Tsuruga Ren no era un psicópata, ¿Ok?
Aunque debía admitir, que aquello le seguía llamando la atención. ¿Cómo era posible que el internet no tuviera más información sobre su compañera brigadista, que lo que ya había leído en el expediente de la chica?
¿Nada de nada? Y eso que había leído el expediente cinco veces, como para asegurarse que nada se le escapara.
–¡Eh! ¿Tsuruga-san? - preguntó Natsu sorprendida antes de reír y acercarse al hombre, para mofarse de él. No es que Natsu se riera de él cada vez que le saludaba, pero ya se le había echo una costumbre bromear apenas se decían hola. – ¿Acaso vas a una pijamada?- le preguntó la joven, señalando los pantalones a rayas que traía el hombre.
Ren se miró los pantalones. Mierda, tenía tanta necesidad de salir a respirar aire fresco, que olvide cambiarme los pantalones de pijama.
Aunque ¿Qué más daba? Si de todas formas el solo vivía a dos cuadras de allí, en un complejo de departamentos y oficinas privadas.
– Vamos, ¿Ya se puso gruñón el abuelo? - preguntó antes de dar un sorbo a su café y aguantar las ganas de reír.
¿Es enserio? ¿Puede ser Natsu una máquina de bromas absurdas incluso a estas horas de la noche?
– ¿Enserio esto te parece divertido? – preguntó Ren.
-… créame, más de lo que usted puede llegar a imaginar. –susurró antes de acabar de un trago su derivado de cacao.
Ambos se miraron, para luego sonreír. Nota mental: la cafeína hace mal…
...Caminando
¿Había algún problema en disfrutar de una caminata por el centro de la ciudad, a la luz de la luna y los faroles instalados por la municipalidad?
¿Puedes dejar de pensar estupideces? Solo están caminando, Kyoko. C-A-M-I-N-A-N-D-O. ¿Hay alguna parte que no entiendas de aquello? …si, bueno; realmente están caminando, riendo a carcajadas y disfrutando de una buena conversación.
Kyoko sonrió, aunque por dentro no podía dejar de sentirse extraña. ¿Por qué Natsu-san se negaba en ayudarla? ¿Por qué no podía aparecer ella y solucionar todo el rollo que se estaba formando?
¡Ahg! Que no es ningún rollo raro, Kyoko. Solo estás haciendo vida social… bufff, bueno, sí, se me olvidaba que tu jamás habías echo vida social… (ni siquiera con Shotaro) ¿podrías al menos intentarlo? Seguro que te vendrá de maravilla ser amiga de la mano derecha de tu jefe. ¿a qué sí?... venga, suéltale lo del caracol que sacaba sus cachitos al sol; seguro que nuestro Tsuruga-san queda encantado.
– ¡No te creo! - dijo Ren antes de dar el último sorbo a su agua mineral, para luego botar la botella en un basurero cercano. – ¿Es una broma, cierto? - preguntó desconfiado. ¿Podría ser verdad lo que Natsu-san, decía? ¿Podía ser verdad que tuvo un caracol como mascota?
–¡Es verdad! ¡Todos cuando niños han tenido un caracol como mascota!... ¿Es que tú nunca criaste uno? - le preguntó sin darse cuenta que había empezado a tutearlo.
– Venga, pero, eso no cuenta como una mascota.
– ¡Claro que si cuenta! – chilló Natsu algo molesta; relajándose cada vez más.
Si Natsu no estaba dispuesta a ayudarla, pero aun así le apoyaba moralmente, no le quedaba nada más que dejar un poco de lado la actuación, para mostrarse como realmente era; mostrar como Kyoko era.
– Se llamaba Caracolin, vivía junto a una roca y le gustaba dormir bajo la sombra de una hoja de girasol que había cerca de su hogar... Siempre lo sacaba a pasear, le pegaba un cordel de lana con cinta adhesiva al caparazón, y lo alimentaba con hojas de lechuga… - dijo Natsu sonriendo ante su recuerdo. – ¿¡Enserio nunca tuviste un caracol!?
Ren negó rápidamente desviando la mirada. Tan dulce… tan inocente… tan sensual… tan real y natural.
No sabía si era efecto de la noche, del sueño o del frio aire, pero sentía que Natsu poco a poco se iba soltando. Como si, siempre hubiera estado actuando y, ahora, se mostrará como realmente era; la Natsu Kitazawa real y natural … la mujer que él siempre imaginó encontrar bajo aquellas impermeables cortezas de sensualidad, inteligencia, cordialidad y superioridad.
A él, Natsu, siempre le pareció inalcanzable. Ella era tan autosuficiente y pro suficiente que, cada vez que estaba junto a ella, se sentía un estorbo a su lado… una molestia, una basura, una roca… tierra, polvo, aire… y finalmente desaparecía de la faz de la tierra (Descripción grafica de cómo se siente el pobre hombre). Su presencia se reducía a nada.
Sonrió. Pero ahora, …pareciera que yo fuera parte de ella, y ella parte de mí; de mi mundo, de mi vida, de mi presente y de mi felicidad. Ahora, a los ojos de la luna y el manto de estrellas, ambos parecían complementarse perfectamente. Como si existiera una co-dependencia, pero a la vez una rivalidad inducida por la admiración hacia el otro. Simplemente la perfección.
– Venga, deja de reírte. - pidió Ren luego de unos minutos de silencio. Casi podía escuchar cómo era que Natsu se mofaba de él en sus pensamientos. Sabía que era un hombre patético, que nunca había tenido mascotas en la infancia, que nunca había tenido muchos amigos, que siempre se había dedicado a estudiar y nunca había ido a una fiesta hasta el día de hoy. Demasiado puritano para ella; seguro que eso era lo que pensaba de él. (Y no estaba lejos de acertar)
– No me estoy riendo. – susurró Natsu, calmando su risa interna. ¿Tsuruga-san podía escuchar como ella se reía en su mente a mas no poder? No lo podía evitar, las carcajadas aparecían de la nada. A Natsu, el hombre le parecía patético. Tan patético como Kyoko… tan así, que, si venían los extraterrestres (a dominar la raza humana) y los miraban a ambos, no sabrían decir quién era quien. ¡Eran idénticos! No podía decidirse quien era más penoso… Y eso le encantaba a tal punto que no podía parar de reír. Kyoko no se reía, pero Natsu lo hacía por ella.
–Si no dejas de burlarte de mí, te tendrás qué atener a las consecuencias. - le advirtió
–Claro claro, lo que el gran Tsuruga Ren diga…- dijo antes de sonreír y darle un leve golpe al hombre en el hombro.
– ¿Y eso porque fue? – preguntó en su defensa, empezando a sobarse el brazo. –Me ha dolido
. –¿Sí? Mira tú… - enunció Natsu con ironía, antes de mirar al hombre de reojo y sonrojarse.
Kami-sama! ¿Por qué Natsu-chan no podía aparecer para ayudarla? Por favor, por favor, por favor, por favor…
No. Porque si yo tomase el control… ¿me tocaría a mi dar besos llenos de amor?; preguntó a Kyoko, conociendo que esta se sonrojaría rápidamente. Estaría encantada de besar a Tsuruga Ren, créeme. Pero… no estoy dispuesta a ir y compartir saliva con Fuwa Shotaro. Eso sí que no. ¡ni en mis pesadillas!
Kyoko detuvo el paso de su caminar (y el de Tsuruga-san), sacó su celular y elevó sus comisuras hasta no poder más. "MALDITA SEA ¿PIENSAS PASAR TODA LA NOCHE FUERA?", le escribió Shotaro, hace una hora atrás.
(fin del capitulo 7 y 8) ("Guau. La segunda opcion...Un sicopata caminando")
notas autor: dios mio! que titulo mas raro me ha salido esta vez XD un sicopata caminando... no lo supero
me ha costado un millon escribir este capitulo. no sabia como hacerlo, como dar a entender la idea. aun no se entiende, pero, bueno. ¿hay algo que en esta vida se pueda entender?... yo creo que no. o tal vez lo que pasa es que yo soy demasiado estupida como para entender todo... mh... grandes pensamientos XD
gracias. nos leemos mañana.
y, muchas gracias por sus comentarios! y los gestos de amor. dios mio! es que. ¿ustedes saben lo lindo que es leer un comentario suyo? me imagino que si. es maravilloso. hoy estaba en el metro, mire que tenia un nuevo comentario y casi me da un infarto... y eso pasa con cada uno de los comentarios que dejan.
gracias gracias. mil gracias. mil y un millon de gracias.
