Consecuencias
Takeru estaba dispuesto a luchar para evitar que esos sujetos extraños les hicieran algo, pero, de reojo pudo ver a Hikari tranquila con sus semblante relajado. La presencia de los Ooda no era más que otra piedra en el camino, debían huir y alejarse de ellos ó jamás encontrarían a Yeoj. En cambio, cuando los sujetos sacaron unas especies de esposas del mismo material que vio en las esferas que recogió la castaña Hikari no demostró resistencia, no necesito que le dijera nada mentalmente para entender que el tampoco debía oponerse. Primero se dirigieron a Taichi que coopero al ponerles las esposas, luego se acerco la mujer líder que le calvo sus ojos color ámbar en sus azules. Estuvo apunto de empujarla evitando que le colocara aquel metal opresor, se contuvo ante la mirada de Hikari y el recuerdo de los eventos recientes en el callejón. La mujer le acerco las esposas metálicas, lucían frágiles — se componía de placas de metal delgadas —, pero brillaban de una manera especial por la luz de la luna. Al contacto con su piel los extremos separados, por donde pasaron sus muñecas, se cerraron dejando un ovalo. Sonó un pitido y una luz azul se encendido en la periferia del ovalo. Lo peculiar mas peculiar surgió cuando las esposas dejaron un hueco lo suficientemente amplio para que pudiera pasar sus manos por ellas y eludir su opresión, y mas cuando noto que sus muñecas quedaban en el centro del ovalo; el metal no tocaba mas su piel. Hizo un intento por sacar sus manos, pero algo le detuvo en su movimiento. Algo invisible lo mantenía sujeto a las esposas. La mujer noto como se percataba de esto y dibujo una maliciosa sonrisa en su rostro.
Dos hombres altos, robustos y de gruesas manos los condujeron a la camioneta que anteriormente les cerraba el paso por detrás. Los metieron por las puertas traseras y se quedaron sentados dejando a la castaña en medio. Los hombres corpulentos se sentaron en la parte del piloto y copiloto, en tanto, en los asientos de al final se encontraban una jovencita de cabello negro con mechones en azul y un joven de peinado picudo de color naranja. "Que juventud", pensó el rubio. Olvidando que todos los presentes eran Eraba, los dos jóvenes de atrás le miraron con recelo; leyeron su pensamiento. Pronto las dos camionetas se adentraron en la calle por la que llegaron y se fueron entremezclando con los vehículos que transitaban por la avenida. No hubo preguntas, ni explicaciones de ningún tipo. El camino fue largo, incluso pensaron que se dirigían a las afueras de la ciudad y no estaban tan lejos de la verdad. Las camionetas se adentraron en el garaje de una antigua fábrica abandonada. El lugar era lúgubre, empolvado, su pinta era de tristeza y olvido. No existía más que obscuridad y pocos objetos olvidados al momento de su cierre. No había maquinas, ni algo que demostrara su antigua vida. Bajaron de las camionetas, el aire que se respiraba era denso e incomodo. Los condujeron hasta unas escaleras en caracol que los condujo hasta un segundo piso donde se encontraban varias oficinas. Eran suficientes para dejar a cada uno en alguna de ellas, separándolos. Takeru fue el ultimo en ser encerrado, no perdió de vista donde estaban dejando a su amigos; necesitaría bien su ubicación.
Lo dejaron en la obscuridad, solo sentado en una silla en el centro de la habitación. El que estuviera allí sin mostrar resistencia no solo se debió a Hikari, la curiosidad era el mayor partidario de su forma dócil. Quería saber que era lo que los Ooda hacían en una ciudad sin Eraba, en el único lugar donde se pacto — Según recordó las palabras del hermano de Yeoj — que seria ciudad Lyvo. En otras palabras ningún Eraba debía tocar esa tierra. No sabia bien el porque de aquel acuerdo — ese mundo aun le era muy desconocido —, pero ese acuerdo le brindo a Yeoj la oportunidad de esconderse allí; rompiendo un regla mas de los Ooda. Como fuese el caso, ahora los mismos del acuerdo estaban en esa ciudad. El conocer el porque era vital para el rubio.
Pasaron cuatro horas mas donde la luna tomo el reinado absoluto de los cielos siendo homenajeada por las luces de la ciudad. La pequeña ventanita que se ubicaba al otro lado de la entrada era la única distracción que tuvo el joven a falta de poder comunicarse por telepatía con Hikari ó Taichi. Algo en aquel lugar abandonado no le permitía usar su habilidad, lo cual, le irrito; ya no resultaba extraño. La puerta se abrió dando el paso al hombre y mujer que parecían ser los lideres. El hombre con su traje impecable resaltaba por su cabellera blanca y tez clara, sus ojos calculadores se coloraban en gris y sus dientes mostrados por su sonrisa parecían perlas. La mujer resplandecía a la luz de la luna que se filtraba por la pequeña ventana, su cabellera lacia y negra le caía como cascada hasta los hombros, sus ojos dos hermosos celestes y sus labios carnosos como los pétalos de una rosa; le resulto demasiado atractiva. Ambos lo eran. Un hombre, de esos grandotes que condujeron la camioneta que les trajo, entro cargando dos sillas plateadas una en cada mano hasta dejarlas frente a su silla de madera. El segundo hombre — ambos calvos y musculosos — traía consigo una mesa que hacia conjunto con las sillas. ¿Por qué las cargaban y no usaban su telequinesia para traerlas?. Dudas simples surgían en su cabeza, pero a la vez resultaban ser importantes.
— Si gustas tomar asiento — Hablo con una gruesa voz el hombre después de ver a sus colegas salir de la habitación y cerrar la puerta roja. El hombre y la mujer, de su misma edad, tomaron su lugar en las sillas plateadas.— Te resultara mas cómodo.
Takeru no pronuncio palabra solo se fue ha sentar quedando frente a ellos. La mujer no le quitaba la mirada de encima, no entendía el porque pero senita que estaba cargada de odio. No le quiso dar importancia. Tenía cosas más importantes por las que preocuparse.
— ¿Qué es lo que quieren saber?
Sus opresores se miraron con asombro, nunca esperaron aquella reacción del sujeto. Les resulto mas interesante, sus rostros no mentían, aquella reacción no siendo la típica les hizo saber que algo tenia aquel rubio.
— Primero que nada, mi nombres Moht — Se presento con educación el hombre que luego apunto a su compañera.— Y ella es Aseret.
La mujer solo hizo un gesto con su cabeza para dar entender que efectivamente el nombre mencionado era de ella. Takeru no se inmuto, se quedo quieto esperando a que le contestaras. No quería perder ya mas el tiempo, quería respuestas y si no las obtenía pronto la situación se pondría mal.
— Tranquilo, viejo — Soltó burlón Moht.— No hagas cosas para arrepentirte luego, tendrás respuestas.
Takeru se asombro ante la revelación de que su mente estaba siendo leída por los dos sujetos frente a el. ¿Cómo era posible? El no sentía la presencia de alguien en su cabeza, su temperamento le hizo sentirse mas enojado.
— Bien, será mejor explicarle porque esta aquí — Hablo con una suave y poco chillona voz Aseret.— Este individuo es menos sereno que sus colegas.
— Pues deberá serlo por su bien.
Escuchar como hablaban aquellos sujetos con su tono de superioridad le hizo saltar aun mas su vena. Levanto su mano colocándola en posición como si fuese agarrar la garganta del llamado Moht, pero no hizo por tomarla. Lo que en realidad hacia era ahorcarlo con su telequinesia, sine embargo no sucedió nada obteniendo solo una risa por parte de los sujetos. Siendo tomado por sorpresa el rubio se cuestiono que era lo que le estaba ocurriendo, no era posible que no pudiera usar sus poderes. No entendía como es que los había perdido.
— Que idiota, ¿olvidas que traes las esposas?
— ¿Cómo?
La mujer de cabello obscuro levanto una ceja al escuchar aquella pregunta. No necesitaron leer su mente — solo fue necesario su expresión — para darse cuenta que no sabia lo de las esposas. Desconocía su función. Aseret dibujo una media sonrisa, como regocijándose el tener a un sujeto con falta de conocimiento como el.
— Las esposas que traes puestas neutralizan tus habilidades — Pronuncio lo ultimo despacio en tanto se apuntaba la sien con su dedo índice.— En estos momentos no eres más que un simple Lyvo.
Aquella ultima palabra, con la que se referían a los simples humanos, era mas una ofensa que un termino expresado por los Eraba. Ya no quería ser llamado de esa forma, no volvería a ser un simple humano. No de nuevo. Respiro profundamente conociendo la nueva posición en la que se encontraba, siendo que su mente estaba expuesta y le habían despojado de sus habilidades tendría que ser más cuidadoso y complaciente con sus encuestadores.
— Bien, cuéntanos que es lo que hacen en Boston — Hablo de pronto Moht.
— Creí que tendría respuestas.
— Después de que las tengamos nosotros.
Molesto, pero, reconociendo su desventaja no le quedo mas que decir una verdad con ciertas modificaciones. Explico que estaban siendo perseguidos por un grupo de Erabas, mentir el no saber porque lo hacían seria como escupirles en la cara por lo que declaro que esos sujetos eran un grupo de Eraba formado para buscar el poder absoluto. Tal revelación fue suficiente para que las facciones duras de sus interrogadores mostraran un cambio. Aquel detalle no lo perdió de vista. Prosiguió contando su historia, aquellos sujetos los buscaban para eliminarlos porque les eran una molestia al oponerse unírseles a su clan. Por un segundo el hombre le dedico una mirada de suspicacia a la mujer, el rubio supuso que su historia no estaría cuadrando con la de Hikari o Taichi; probablemente interrogados por separado. No le importo, debía mostrar seguridad en sus palabras. Termino su historia confesando que entraron en Boston como una manera radical de mantener lejos a sus perseguidores.
— Bueno, debo confesar que ha resultado tu historia un tanto… interesante — Expreso el sujeto de cabellera blanca.
— Bien, y, ¿mis respuestas?
Moht se levanto sin prestar atención al rubio que le seguía hasta que este toco la puerta y se abrió. Pronto quedaron solos Takeru y Aseret en la habitación. La joven no despegaba sus ojos del rubio, este trato de evitarlos como tratando de evitar que mediante estos pudiera acceder al rincón mas recóndito de su mente.
— ¿Tu novio es así de descortés siempre?.
— Coloca tus manos en las placas — Ordeno la mujer.
Takeru se torno a la mujer que con semblante frío indicaba a la mesa que les separa uno del otro. En la mesa se ubicaban dos pequeñas placas de plata con bordes en blanco, el tamaño siendo justo para que cada una de sus manos se posara sobre ellas quedando espacio de sobra. Dudando, pero reconociendo que debía obedecer, coloco sus manos en su respectiva placa. Lo siguiente que paso le provoco desesperación, las placas se calentaron quemando su piel y por mas que trató de despegar la piel del metal estas parecían ser fundidas a las placas evitando su retirada. Del calor paso al frío ocasionando una desagradable sensación en las palmas de sus manos, no entendía que demonios le estaban haciendo. Se maldijo por obedecer. Por ultimo sintió una picazón de la cual emano unas pequeñas gotas de sangre que fueron a dar al extremo derecho de cada placa.
— Veme a los ojos.
Refunfuñando obedeció de nuevo, levanto su mirada y se encontró con que los ojos celestes de aquella mujer se tornaron en un color ámbar. Aquel cambio de color en los ojos solo significaba una cosa en un Eraba; invasión mental. Era la muestra estaba usando sus poderes de telepatía para adentrarse en la mente de otra persona; solo existía una persona que podía evitar aquella tendencia. Recordando aquello el rubio trato de ocultar toda la información que pudiera sobre la verdad de su visita en aquel país, el que le descubrieran no formaba parte del plan. Por alguna razón que desconocía, por el momento, la presencia de la mujer apenas y era perceptible para el en su mente. Aquello ya lo había notado cuando no sintió que le estaban leyendo su mente cuando entraron para interrogarlo. La nueva revelación en aquel nuevo mundo para el le resultaba fascinante y a la vez frustrante. Después de un pitido proveniente de la mesa el rubio pudo sentir que sus manos volvían a ser parte de el. Las despego enseguida sin perder de vista a la mujer que tornaba de nuevo sus ojos al celeste.
— No entiendo como pueden quitarme mis poderes con estas simples esposas — Expreso el rubio que no pudo mantener más aquella duda.— ¿Ustedes la inventaron?
— Es un regalo de viejos amigos — Contesto la mujer.
— Pues vaya que son audaces — Takeru noto que la mujer de nombre casi impronunciable se disponía a retirarse. No lo permitiría, quería respuestas.— ¿Por qué nos tienen aquí?
Aseret se quedo quita frente al rubio que le sonreía de una manera sarcástica, esperaba que le respondiera; y lo haría.
— Ese grupo que mencionaste le hemos estado persiguiendo desde hace un par de meses — La mujer se dio media vuelta y camino hasta la puerta, antes de tocar para que le abrieran se torno y agrego —: si es cierto lo que has dicho, no quiero imaginar lo que se avecina.
Esas últimas palabras dejaron al rubio intrigado. No pudo preguntar más debido a que la mujer cruzo la puerta que le abrió uno de los gorilas para después dejarlo solo en la habitación. Solo con su soledad el rubio se quedo pensando en lo último que dijo aquella mujer.
El crujido del abrir de la puerta intensificado por el eco que produjo el pequeño cuarto en el que se encontraba le hizo despertar. Takeru había pasado la noche dormido sobre la superficie plana y fría de la mesa de interrogatorio. Entorno su vista al escuchar varios pasos a su derecha, se encontró con los rostros de Moht y Aseret junto con un tercero desconocido. El rostro era de una mujer con facciones latinas que resaltaban por el haz de luz que se filtraba por la ventana, su cabello teñido en castaño claro combinando con su piel morena resultaban en una belleza difícil de ignorar. Quizá un par de años mayor que lo primeros dos. La nueva desconocida se ubicaba entre los dos ya conocidos, y por su porte talvez era mas importante que Moht. Takeru se incorporo en la silla y se recargo en el respaldo esperando a que sus captores hablasen. La desconocida se sentó en la silla frente a el y se cruzo de brazos analizándolo de arriba abajo.
— Tus amigos corroboraron tu historia — Hablo con voz seductora, pero a la vez firme la desconocida.— Eso les ayudara en su sentencia.
— ¿Sentencia? — Indignado el rubio se levanto brusco golpeando la mesa con ambas manos esposadas.
— Calmado, vaquero, será mejor que seas precavido — Moht se le acerco para tomarlo de los hombros y obligarlo a sentarse.
— Como calmarme si me van a sentenciar.
Moht, Aseret y la nueva mujer se dedicaron una mirada de cómplice, algo no andaba bien y el rubio lo sabía. Necesitaba salir de aquel lugar.
— ¿Por qué me van a juzgar? ¿Qué no les dije quien es el enemigo?
— Lo has hecho, pero eso no te exonera de la falta al pisar tierra neutral — Hablo la mujer con calma y sin mostrarse afectada por la voz alzada del rubio.— Aun cuando no eres de esta parte del mundo has tenido el tiempo suficiente para saber que Boston es un lugar prohibido.
Sin poder creer la mala suerte que le ocurría rodó los ojos el rubio soltando un fuerte suplido. No conocía que castigo se le daba a quien faltara a la ley de no ir a Boston, pero por como sonaban las voces de aquellos sujetos no sería nada bueno. ¿Qué era lo que hacia tan especial a Boston? ¿Por qué prohibir la ida a ese lugar? Todo aquello tenía un trasfondo importante.
— ¿Qué es lo que nos planean hacer?
— El castigo regular es el confinamiento.— Soltó la mujer suponiendo que el sabia a que se refería.— Pero en su caso lo veremos con el tribunal.
— ¿Tribunal?
Ignorando al rubio los tres sujetos se dirigieron a la puerta que se encontraba medio abierta. Las primeras en cruzar el marco fueron las mujeres dejando en ultimo a Moht que antes de partir se volvió y agrego un mañana partimos. No permitiría que lo llevasen a donde fuese que tenían planeado ir, necesitaba quitarse esas esposas, buscar a sus amigos y salir huyendo de aquel lugar abandonado. Pero surgió la pregunta, ¿Cómo quitarse las malditas esposas.
La siguientes dos horas el rubio estuvo intentando quitarse aquello en sus muñecas que le despojaban de toda habilidad adquirida hace unos meses. Intento en un principio, con mente relajada y serena, buscar algo en aquellas placas de metal que sirviera para abrirlas. Eran completamente lisas sin ningún rasgo que le permitirá deducir como funcionaban, deseo por un momento que fuese como las de los lyvo que tenían una abertura donde una llave se coloca para de esa manera abrirlas. No funcionaba igual. Recordó la noche anterior que se las colocaron, el sujeto apretó su pulgar en la parte posterior inferior izquierda al colocárselas, echo una mirada y noto un pequeño circulo azul transparente. El mecanismo era similar el de la mesa, por desgracia la posición de aquel circulo azul estaba colocado estratégicamente para que el oprimido no pudiera liberarse. Maldiciendo su suerte comenzó a desesperarse. En un arrebato de ira golpeo con fuerza las esposas contra la mesa, pared, tubos que sobre salían del techo ó con lo que fuese sin lograr avance. Afuera escucho como alguien se burlaba de sus intentos, seguro era uno de los gorilas que mantenía vigilada su puerta. Cansado se echo en el suelo, quería huir, salir de aquella habitación, alejarse de esos locos sujetos y poder seguir con su vida. Su respiración paso de agitada a una pausada, recargo su cabeza en la pared de ladrillos desgastados por el abandono. Se pregunto como estaría Hikari, si tendría miedo, si pensaba en como huir ó si había renunciado en su misión. Sacudió la cabeza ante esto ultimo, obvio jamás la castaña se rendiría no cuando la misión se la encomendó su padre siendo esta la ultima esperanza de su raza. La raza a la que el quería pertenecer.
— Que calor esta haciendo — Pasó su manga de la camiseta sobre su frente para secarse las gotas de sudor. — Un momento.
Es invierno, recordó el rubio que se levanto ante el inusual cambio climático en la habitación. Coloco la silla bajo la ventana, se subió para alcanzarla y observo afuera. La calle ha unos metros del edificio mostraba como unas personas que transitaban por aquel lugar iban bien abrigadas, incluso el cielo estaba cerrado por una masa de nubes grises. El calor que le sofocaba para nada iba con aquel clima que se dibujaba del otro lado del cristal roto. Bajo de la silla para poder buscar la procedencia de aquel contraste de temperatura en el exterior al interior de la habitación. Observo las tuberías que anteriormente utilizo como una manera desesperada para librarse de las esposas al golpéalas con ellas; sin resultado. La tubería estaba intacta e incluso al tocarla con sus manos esta no emanaba calor; algo más agregar en la lista de cosas inusuales. Entorno en busca de algo que le pareciera inusual, cualquier detalle que pudieras ser que le dijera aquel acontecimiento. Nada. Fatigado, sudoroso y agitado tomo asiento en la silla que al igual que las tuberías no parecía ceder ante el clima caluroso. Recargo sus codos en sus piernas para meter su cabeza entre sus brazos. Un pitido seguido de un leve crujido resonó en sus oídos. Levanto su cabeza para notar como las esposas perdían aquella suspensión que le impedía tocar su piel con el metal. Un simple movimiento de sus manos fue suficiente para librarse de aquellas placas ovaladas que servían de esposas. Paso su mano derecha por su muñeca izquierda para frotarla; libertad. Levantándose de la silla se irguió estirando sus manos en lo alto, giro su cuello que trono n par de veces y se dispuso hacia la puerta con una determinación ratificada.
— Lo mejor será ser precavido.
Takeru se acerco a la puerta recordando que al otro lado alguien le vigilaba, pego su oído en el frío de la madera vieja para tratar de escuchar algo; no podía confiar del todo en su habilidad mental. Aquellos sujeto era bueno ocultando su presencia por lo que el no sentir alguna frecuencia mental cercana no quería decir que no hubiera alguien cerca. Pasado unos cuantos segundos escucho que su vigilante tosía frenéticamente, como si algo en el aire le calara en la garganta. Aprovechando el momento tomo la perilla y la giro, abrió la puerta un poco para observar quien le vigilaba. Del otro lado uno de los gorilas se encontraba a unos tres y medio metros de la puerta, dándole la espalda, era ahora o nunca. Se lanzo sobre el a la mayor velocidad de la que le era posible para plantarle un golpe en la nuca, sin embargo no tuvo que hacer nada el enorme sujeto dejo de toser acto seguido se desplomo. Le pareció extraño aquello, pero no se detuvo a pensar el porque sucedió aquello. Corrió por el pasillo que la noche anterior le condujo a la habitación que sirvió de celda, fue en busca de la puerta en la que pudo ver encerraron a Hikari. Por suerte ó algo mas, no había nadie cerca. Al llegar a la puerta de Hikari, frente a esta, el otro gorila yacía en el suelo. Comenzó a preguntarse que estaba sucediendo. Abrió la puerta y la vio sentada mirando la entrada. Cuando lo vio la joven puso rostro de incredulidad, siendo contrario a lo que pensó que seria; un rostro alegre de verlo.
— ¿Qué haces, Takeru?
— Sacándonos de este lugar.
— ¿Cómo te has librado de las esposas? — El rubio pasó del rostro de la castaña a sus muñecas. Las esposas en ella seguían activadas, por lo que ella aun tenia bloqueado sus habilidades.
— suerte, creo.
Sin decir mas el rubio se acerco a la joven y trato de quitarle las esposas utilizando lo descubierto por el. Coloco el pulgar en el pequeño círculo azul para liberar a su amiga, pero, no sucedió nada. Hikari le informo sobre el funcionamiento de aquellas esposas y que solo las personas registradas en su sistema podrían desactivarlas colocando su pulgar en el lugar donde tenia su pulgar. Irritado el rubio la tomo de las muñecas para arrastrarla afuera de la habitación. Al salir el castaño hizo su aparición, su rostro marcaba duda e incertidumbre. A diferencia de Hikari el catedrático no traía esposas, sus muñecas estaban libres. Les explico que escucho un fuerte golpe en su puerta y que al ir a ver que sucedió la mujer que vigilaba su entrada se hallaba tirada en el suelo inconciente. Takeru sabia que debían aprovechar el momento que se les brindo para huir de aquel lugar.
—¿Y si es una trampa? Digo, no se ve nadie más rondando — Expreso su inconformidad el castaño.
— Escuche que irían por un sujeto que nos trasladaría con el tribunal — Hikari miro a sus compañeros, quizá el saber eso afirmaba que eso era una trampa.— ¿Continuamos?
— Por supuesto.
Takeru salio corriendo por el pasillo que les conduciría hasta las escaleras, se detuvo en el recodo para echar un vistazo antes de introducirse en el siguiente pasillo; estaba limpio. Dio la señal de continuar y corrieron hasta las escaleras por las que bajaron al piso inferior. El lugar era un amplio almacén, contrastando con su recuerdo de la noche que llegaron, ahora lucia más limpio, ordenado con unos vehículos estacionados en hilera. Taichi vio su automóvil al final. El que estuviera allí era irrelevante ya que lo abandonaron en el terreno donde se construía un edificio. Eso les quería decir que sus captores volvieron por el, talvez para ver que podían encontrar en el. SE dispusieron a ir al vehiculo cuando unas cajas, muy pesadas, se abalanzaron hacia ellos. Takeru reacciono a tiempo, tras una de las camionetas emergieron dos sujetos, la pareja que iba en los asientos de atrás cuando los llevaron allí. Los dos sujetos no parecían tener la minima intención de dejarlos huir. El rubio uso la misma caja que le lanzaron los sujetos para atacarlos, pero, estos usaron el vehiculo como escudo impactado en el cofre el objeto pesado.
Taichi, ve al automóvil con Hikari. Yo los distraeré. Ordeno mentalmente Takeru.
Sin discutir por la manera tan poco amable de la voz mental del rubio obedeció, sujeto de la mano a Hikari y se perdieron entre las columnas a su derecha. Ninguno de los Ooda reparo en la huida de aquel lyvo, su mayor amenaza era aquel joven que les lanzaban pesados barriles de metal. Siendo dos contra uno, al rubio le comenzaron a llover objetos por todos lados. Necesitaba darles tiempo a sus amigos de subir al automóvil. Esperaba que no se les presentara algún inconveniente y pudieran ponerse en marcha. Vio por el hombro de la mujer que se ocultaba tras una de las camionetas y diviso a Taichi y Hikari cerca del automóvil, el castaño tomo la palanca para abrir la puerta que por suerte estaba abierta, pero a su vez activo la alarma. Los dos sujetos de Ooda se percataron de la nueva ubicación de los castaños. Takeru no le quedo de otra más que eliminarlos, estaba muy lejos para socorrer a sus amigos que no tendrían como defenderse. Paso su vista a su lado y noto varias varillas corrugadas, seguro eran de media pulgada. Con su mente las levanto posicionándolas frente a el, al fondo tras el cristal del parabrisas Hikari le miro con sus grandes ojos marrones; sabia lo que planeaba. Usando ese sentimiento de irrites lanzo con todas sus fuerzas las varillas que uso de proyectiles. No le dio oportunidad a sus contrincantes de actuar y uno a uno las varillas se incrustaron en diferentes partes de su cuerpo. Los dos sujetos cayeron al suelo muertos manando sangre de las heridas. Hikari se tapo con sus manos ante la crueldad del acto que presencio. Taichi impactado mantenía aun las manos en el volante. Takeru se les acerco corriendo a gran velocidad, el tiempo de remordimiento y regaños seria para después. Hizo reaccionar a Taichi que con las llaves ya en posición la giro y emprendió la huida.
En el trayecto de huía el rubio vio por el retrovisor exterior de la puerta como los dos gorilas y la mujer que guardaban vigilancia afuera de sus habitaciones bajaban por las escaleras y los veían huir. Taichi y Hikari también se percataron de eso y de cómo no perdían el tiempo para subirse a una de las camionetas. Salieron de los terrenos de la fábrica abandonada y se introdujeron en la calle aledaña que les conduciría hasta la avenida por la que llegaron. Apenas se acercaron a la primera intersección el castaño dio vuelta no sin antes ver la camioneta que se les acercaba, freno en seco y les ordeno a Takeru y Hikari que bajaran.
— Entrene en ese callejón, yo los distraeré — La pareja no parecía dispuesta ha dejarlo.— Yo soy la perfecta distracción para que encuentren a Yeoj, aprovéchenla.
— Tienes razón — Takeru se bajo del automóvil. Hikari por su parte solo asintió y le dio un beso en la mejilla a su amigo.
— No te dejes capturar.
— Nunca.
Apenas Takeru y Hikari se perdieron en el callejón el castaño arranco haciendo rechinar las llantas del vehiculo. La camioneta dio vuelta al momento en que Tai se perdía en el siguiente recodo. El rubio y la castaña al ver pasar la camioneta frente a ellos, sintieron un huevo en su estomago al saber el peligro al que se enfrentaba su amigo. Takeru fue el primero de salir detrás del contendedor que usaban de escondite. En tanto, Hikari se quedo sentada recargando su espalda en la pared sucia del callejón; seguía en shock.
— Venga, Hikari, debemos salir de esta zona.
— ¿Cómo pudiste?
Takeru rodó sus ojos ante la nueva discusión que la joven estaba dispuesta a comenzar. Aquello solo serviría para perder tiempo que pudieran usar para ir hacia el doctor.
— ¡¿Cómo pudiste matarlos?! — Hikari se altero.
— ¡No hubo de otra, iban por ustedes! — Se defendió el rubio.
— ¡Claro que había otra forma! — La castaña furiosa se levanto de su lugar y enfrento al rubio con una mirada que este jamás le había conocido.— ¡Cada vez estas peor!, y todo es mi culpa.
— ¡No empieces con lo mismo sobre que estoy muri…! — Takeru no pudo terminar la oración, comenzó a ver doble a su amiga. Un intenso mareo le hizo perder el equilibrio cayendo en una rodilla al suelo y se detuvo con una mano para no caer por completo, pasó su vista al pavimento de concreto y noto como gotas rojas impactaban en el gris. Su visión se empezó a nublar a la vez que todo daba vueltas, a lo lejos pudo escuchar que Hikari le llamaba; no se encontraba bien. Al final, no pudo mantener la fuerza en su rodilla y mano. Se derrumbó en el suelo inconciente: perdiendo toda noción.
¡Cuarto Capitulo!
Ya nos comenzamos a mover en situaciones interesantes, y relevantes. Como sabrán estamos a mitad de la historia (será corta como su predecesora) por lo que si aun no se les hace que haya mucha acción pronto lo habrá n.n Y, bueno, como todo capitulo ¿Qué tal les parecio?
anaiza18: Recuerda que Takeru esta teniendo un gran cambio en su forma de ser en esta historia, por lo que la revelación de Hikari para el en ese momento no tuvo mayor impacto. Sobre tu pregunta espero haberla respondió algo en este capitulo n.n
Domidomo S: Yo siempre he relacionado lo lento con aburrido, pero me da gusto saber que en tu caso no fue de esa manera hahaha. Espero que este capitulo te resultara mas agradable n.n
Ivymon: Si que tuvo acción el capitulo pasado, pero lo mejor esta por venir hahaha. Y, como acabas de leer los problemas siguen acumulándose n.n
Sin más por decir
Au Revoir.
