Disclaimer: En serio, nada, nada es mío. Todo es del Señor George R.R. Martin, incluyendo nuestras lágrimas.
Arya, por supuesto, había tramado la reacción de Gendry, lo conocía mejor que él mismo. Había pensado en alguno de los hijos de Brienne para sus hijas, pero cuando Sansa le escribió pidiéndole que prometieran a Caeta, su preferida, con su hijo Gerion, el heredero de la Roca, descubrió que no podía negarle ayuda, al menos, a su hermana. Había estado tan separada de Sansa durante tanto tiempo, mientras sobrevivía cada una a su manera, que había decidido aprovechar cada oportunidad posible para reparar en lo posible su relación, como lo hubiera querido Lord Eddard. "La manada sobrevive mientras que el lobo solitario perece". Habían tenido que aprenderlo de la peor forma. Tyrion Lannister había probado ser bueno para Sansa, no podía negárseles, pero tampoco quería forzar a su hija a un matrimonio que la hiciera infeliz. Caeta, igual que ella, y que su tía Lyanna y su tío Brandon, tenía algo de sangre de lobo. El que Gendry la dejara hacer lo que quisiera y ella misma la hubiera librado de la opresión de una septa vigilante, no había contribuido a hacer de ella una dama, mucho menos una princesas. Y sin embargo, confiaba en que Caeta sería más sensible si se le pedía anteponer la paz del reino y la fortaleza de su familia a sus propios sentimientos… lo que no sucedería con Cassana. A veces le recordaba a Sansa, pero donde su hermana había sido ingenua y bienintencionada, Cassie era impulsiva, irreflexiva e imprudente. Caeta siempre decía lo que pensaba y no se preocupaba por la opinión de los demás, jugaba con los hijos de Pastel Caliente, aprendía a usar el arco con ella y cabalgaba con sus hermanos sin preocuparse por sus vestidos, lo que había resultado en que la gente común la quisiera tanto como a su padre, el rey herrero, que la llevaba en su propio caballo cuando visitaba el lecho de pulgas. Cassie era otra historia.
Las apuestas corrían. ¿Cumpliría el rey su promesa? La mayoría pensaba que no, él mismo lo dudaba. Se había retirado de mal humor y cuando escuchó a Arya entrar a sus habitaciones supuso que recibiría un buen golpe por su imprudencia, olvidando por completo que fue ella la que le dio la idea en primer lugar.
—No puedo cambiar de opinión y si le place a "su alteza", creo que preferiría beber mi vino en paz— le dijo en cuanto la sintió llegar. No tuvo que mirar, sabía que era ella.
— Entonces no lo hagas— Nymeria descansaba cerca de la chimenea. Esa noche iba a ser larga. Arreglaremos que Ser Britos se presente antes que nadie y le ofrecerás su mano frente a toda la corte. Tendrán que casarse. Lo haremos en el septo, con la menor cantidad de personas posible, sólo algunos testigos, eso bastará.
— No me di cuenta de quién era cuando salió a combate.
— ¿No reconoces tu propio trabajo?
El rey se quedó pensando. Sí, él había hecho esa armadura, había sido un regalo. Una muestra de agradecimiento. Nada de heráldica pero el mejor acero.
— Cassie no lo querrá. Ya lo rechazó una vez, lo hará de nuevo. Dijo que no quería ensuciarse de la deshonra de los demás.
— Cassie dice muchas cosas. De cualquier forma no debemos decirle su nombre. Le pondremos una capa azul, sin ningún adorno y el septón no dirá su nombre tampoco. Ya después dejaremos que se arreglen solos.
— ¿Y qué sabemos de él? Nada, que es hijo de Brienne.
— No te preocupes por eso. Ya me encargaré yo de saber qué clase de hombre es.
Le sirvió más vino, una de las pocas debilidades del rey, y se quitó el vestido de seda gris. Se puso una túnica basta, demasiado grande para ella y salió a los pasillos oscuros de la fortaleza roja. La mujer que tocó a la puerta del joven Lord de Tarth, era una viejecilla con el rostro curtido por la edad y las mejillas ajadas y descoloridas, encorvada y frágil, que le ofreció al joven señor una cena ligera, ya que no había asistido al banquete.
— Muchas gracias, si quiere puedo llevar esa bandeja, no deberían haberla mandado a usted. Esto está muy pesado— le quitó la bandeja de las manos pero la viejecilla perdió la fuerza y el contenido de los platos cayó al piso, incluyendo la botella de costoso cristal de Mereen que contenía el vino.
— ¡Oh, qué horror! Seguramente Pastel Caliente me reprenderá. Odia que se desperdicie la comida, y la jarra… ¡está arruinada! Perdóneme Señor— y se iba a inclinar a recoger el estropicio cuando él la detuvo.
— De ninguna manera, no tendrían que hacerla trabajar a estas horas de la noche. Siéntese y descanse un poco, yo arreglaré esto. ¿Acaso no había alguien más que pudiera hacerlo? Usted debería tener tareas más sencillas, no debería estar subiendo tantos escalones estando delicada de salud. Mi madre nunca lo permitiría— no parecía enojado, pero la llevó hasta un silloncito cubierto de cojines y él mismo se dedicó a limpiar los pedazos de cristal rotos. Tomó un paño, limpió el vino y envolvió en él los restos de comida desparramada y los pedazos delatores de vidrio. Hizo un nudo en el bulto y lo tiró por la ventana de la torre hacia la bahía de Aguas Negras.
— ¿Lo ve? Asunto resuelto. Nadie se enterará de esto. Si preguntan por la jarra, diré que la rompí yo. Será nuestro secreto.
— Es usted muy bondadoso señor, es que la mayoría de las criadas están atendiendo a los invitados al festín, ya sabe usted cómo corre la bebida en esas cosas.
— Lo sé, por eso no fui. Mañana me despediré de sus majestades y regresaré a casa. Si vine fue por lealtad a ellos, el premio no me preocupaba y no tengo ganas de quedarme ni abusar de su hospitalidad mucho tiempo más, seguro que habrá muchos lores dispuestos a exprimir los festejos lo más posible.
— ¿No estará usted en la boda?
— ¿Habrá una boda?
— Sí, se casará la princesa Cassana.
— ¡Ja! ¡Pobre desgraciado el que la aguante!— Cayendo en cuenta de la imprudencia de hablar así frente a los sirvientes intentó rectificar— bueno, quiero decir, es una doncella bellísima y seguramente canta y borda perfectamente bien, pero casarse con una princesa debe ser mucho trabajo. Tendrá que ser muy rico y complaciente el marido que haya escogido.
— Ha sido usted muy amable conmigo, no se preocupe, no diré a nadie que no le agrada la princesa. La verdad es que sólo algunos de los que la conocimos de niña la queremos bien, aunque ya casi no nos recuerde. Yo fui su nana cuando era una bebé. La reina viajaba mucho en estos tiempos, cabalgando por semanas entre el norte y las tierras de Tormentas, siempre de aquí para allá. Puede que la princesa haya perdido su sencillez, pero tiene buen corazón y todos rezamos porque su marido sea un buen hombre y no la maltrate.
— Un hombre que maltrata a su mujer debería ser azotado. Es muy fácil ser valiente con los débiles. No se preocupe buena mujer, seguramente la princesa encontrará un buen esposo, de todos modos cualquiera sabe que si alguien le pusiera una mano encima o la tratara cruelmente seguramente amanecería misteriosamente degollado— y le cerró el ojo en señal de complicidad. El que los enemigos del rey y todos aquellos que habían intentado derrocarlo habían encontrado muertes certeras y misteriosas a manos de la reina no era un secreto, lo único que nadie sabía era de dónde reclutaba la reina a sus asesinos, algunos decían que tenía a su servicio a un hombre sin rostro, traído de Braavos, otros que ella misma era capaz de apoderarse de la voluntad de las personas o meterse en el cuerpo de su loba. De una u otra manera, nadie se atrevía a decirlo en voz alta.
— Bueno, bueno, me temo que lo he dejado sin cenar y usted ha sido muy bueno conmigo, en cuanto llegue a la cocina despertaré a alguno de los chiquillos de las criadas para que le traiga otra cosa.
— No, no haga eso. Déjelos dormir. No tengo hambre y la verdad es que estoy bastante cansado. Mejor dormiré lo más que pueda hasta que sea una hora prudente para pedir una audiencia al rey y despedirme.
— O podría hacer algo mejor. Sabe usted que el rey abre la corte todos los días a media mañana. Si fuera usted el primero en la fila de peticionarios, no tendría que esperar el día entero y podría estar en camino a casa antes del mediodía. Aunque tal vez lo considere un deshonor, mezclarse con campesinos y comerciantes que buscan favores.
— De ninguna manera, mujer, me ha dado usted una tremenda idea. Si me despido en público el rey tendría que despacharme rápido y no tendría que quedarme otra noche más. ¡Ah, buena señora, váyase a descansar!— estaba tan contento por la idea de poder regresar a casa que le dio un beso en la arrugada frente a la viejecilla y la ayudó a salir de la habitación.
— ¿Segura no quiere que la ayude a bajar los escalones?
— ¡Oh, no Señor, ya ha hecho demasiado! Descanse, mañana le espera el comienzo de un largo viaje.
Y desapareció en la profundidad del pasillo. El joven Lord se echó a dormir de inmediato. Pronto estaría de regreso en Tarth, lo primero que haría sería saludar a sus padres, pero después se iría a nadar a su lago preferido. Pescaría algo y lo azaría en una fogata al anochecer. Tal vez saldría a navegar un poco. No había nada que le gustara más que sentir la brisa del mar en la cara. Había cumplido con su obligación haciendo ese viaje a la capital, pero no podía esperar a dejarla.
El rey roncaba cuando Arya escaló la cama. Intentó despertarlo, pero sólo obtuvo un par de gruñidos. "Gendry, Gendry, despierta". Él se revolvió en la cama y balbuceó algo y ella aprovechó su estado de conmoción para susurrarle. "Todo está arreglado, confía en mí".
En sus habitaciones, Cassana lloraba sin control, aunque se aferraba a la idea de que su padre no la regalaría como si fuera ganado a cualquier mendigo que apareciera. Caeta le recordó que si hubiera aceptado a alguno de los pretendientes no estaría en esos problemas y Elenei intentó calmarla asegurándole que tal vez sería un marinero guapo y aventurero o uno de esos bardos que tanto le gustaba oír cantar, pero eso sólo empeoró las cosas, al menos hasta que Yoren tuvo una idea.
—Vamos a pensar claramente. Padre está enojado porque te portaste como una verdadera perra con nuestra madre, pero ya lo tenías bastante harto con la forma en que tratas a todo mundo. ¿Se te olvida que creció como huérfano en el lecho de pulgas? ¿Qué estuvo huyendo? ¡Que tanto él como madre estuvieron prisioneros en Harrenhal sirviendo al desollador! Y luego vas y tratas a todos con la punta del pie. Bueno, aunque al menos te reconozco que no discriminas entre la gente común y los nobles. Tú eres grosera con todos.
—Gracias hermanito, me siento extraordinariamente mejor. ¿Por qué no vas a tragarte uno de esos pergaminos que tanto te gustan y te ahogas?
— ¿Ves? ¡Estoy tratando de ayudarte! Si mañana te presentas a la corte vestida con un poco de modestia y te portas amable con todo mundo, desde los pajes de los caballeros errantes, hasta las fregonas de la cocina y las damas y señores por igual, con un comentario amable y una sonrisa, tal vez Padre te perdone y se le quite esa idea de la cabeza antes de comenzar con las audiencias. Hasta podrías aceptar a alguno de tus pretendientes rechazados, decirle que cambiaste de opinión y dejar que anuncie la boda. Así no queda mal nadie. ¿No harás que Padre falte a su palabra, o sí?
— ¡Y que me manden a un castillete desvencijado en el fin del mundo! ¡NUNCA!
— Entonces no hay nada que podamos hacer por ti. Al menos intenta portarte bien, es tu mejor oportunidad para salir de esto.
Aunque no lo pareciera, Cassana si estaba escuchando. La verdad es que Yoren era el más listo de todos. Tal vez si ponía buena cara y fingía un poco de interés por ese montón de gente que revoloteaba en la sala de los tronos tal vez ablandaría a su padre y se libraría de esa locura.
Sí, eso haría. A la mañana siguiente se levantó muy temprano. Se puso un vestido sencillo color crema y un collar con un colgante de ónix en forma del verano coronado de su Casa, sí, eso le gustaría a todos, hasta a Ser Davos. Tal vez él podría ayudarla, si no hubiera tratado tan mal a su hijo menor en el torneo… ¡Siete infiernos! Le ordenó a sus doncellas que le trenzaran el cabello a la manera norteña y se presentó en la sala de los tronos donde desplegó cortesía y hasta fingió interés en las enfermedades de ese montón de antiguos miembros de la hermandad sin estandartes que parecían vivir para restregarle sus aventuras a los nobles jóvenes que no habían visto la guerra. Se colocó en un banquito al lado del trono de la reina, el asiento de Ned estaba vacío, al parecer su nueva esposa era capaz de mantenerlo en Dorne el tiempo que se le antojara, pero no dijo nada. Gendry estaba serio, con el ceño fruncido y una mueca tensa bajo la barba. Arya se sintió aliviada, llegó a preguntarse si el amor de padre le ganaría a su terquedad. Por suerte, Cassana lo había desafiado demasiadas veces y una vez que a Gendry se metía una idea en la cabeza no había forma de convencerlo de lo contrario. Estaba enojado por lo que iba a hacer pero estaba decidido a hacerlo. No por nada lo seguían apodando "El toro", aunque la mayoría de la gente pensara que era por su forma de entrar en batalla, Arya sabía que ese apodo se lo habían puesto en la forja, por terco y cabeza dura. Todo saldría perfectamente bien. Como esperaba, el joven Lord de Tarth era el primero que apareció al abrirse las puertas de la sala de los tronos. Cassana se puso pálida. Gendry no decía nada. No hubo anuncio, a Britos le extrañó que no lo presentaran pero se dirigió seguro frente a los reyes, hizo una reverencia y de manera muy formal agradeció su hospitalidad y anunció que comenzaría el regreso a… en ese punto Gendry lo interrumpió. No quería que dejara escapar su nombre o hacia donde se dirigía.
— Muy bien, marche hacia su hogar con nuestra venia y agradecimiento. ¿Cassana, no te parece una gentileza que este joven haya decidido presentar sus respetos antes de abandonar la capital?
— Así es, padre, muy gentil en verdad. Le agradecemos su cortesía y le deseamos buen viaje. Su presencia hará falta en Desembarco del Rey.
— ¿Así lo crees, hija?— Cassana empezó a asustarse. Su padre nunca era tan formal con ella, pero decidió seguir actuando conforme al consejo de Yoren. Sonrió.
— Así es padre.
— Bien, no hará falta que se separen entonces. Caballero, si usted acepta —dijo el rey dirigiéndose al desconocido—puede casarse con mi hija.
— Oh… claro que acepto, será un honor, su majestad, si pudiera enviar un cuervo con la noticia a mis padres, estoy seguro de que…— el pobre Britos estaba completamente desconcertado. No sabía qué podía hacer o decir para no contrariar al rey sin tener que aceptar a semejante bruja.
— ¿Qué? — gritó la princesa — ¿Estás loco? ¿cómo voy a casarme con desconocido cualquiera? No es digno de una princesa como yo.
El salón de los tronos se quedó en silencio. Arya no delataba emoción alguna. Gendry se levantó y con toda calma contestó:
— Ningún hombre te parece digno, así aprenderás el costo del orgullo— Luego, mirando al joven, dijo — Si tiene la tarde libre ¿por qué esperar? Que suenen las campanas del septo. Celebraremos la boda ahora mismo. Nada ni nadie pudo detener al rey, aunque para ser justos, casi nadie lo intentó. Las damas de la princesa miraban a su alrededor asustadas, esperando que alguien hiciera algo. Arya se levantó y la siguieron Caeta y Elenei, arrastrando a Cassana que no dejaba de llorar. La noticia se extendió hasta la cocina, Pastel Caliente salió a buscar a Gendry para intentar hacerlo entrar en razón, y luego fue a buscar a Arry —seguía llamándola así— pero ella tampoco le hizo mucho caso, al contrario, le recordó que había una boda y que más le valía tener lista una torta pronto si no quería que ella misma le golpeara esa cabezota dura que tenía con su propio cucharon. "Sabes que lo haré Pastel Caliente, lo sabes". La decisión era firme y dos horas más tarde se llevó a cabo el oficio. El septón no mencionó el nombre de los novios y se limitó a pedir que se pronunciaran las palabras.
—Padre, Madre, Vieja, Doncella, Herrero, Guerrero, Desconocido— recitaron al unísono.
—Ella es mía y yo soy suyo— Cassana dudó pero al final respondió— Él es mío y yo soy suya.
Les unieron las manos y estuvo hecho.
El banquete de bodas fue una cosa tan apresurada que lo único especial fue la gigantesca torta que Pastel Caliente se las ingenió para tener lista a tiempo. Conocía a Arrya como para saber que cumpliría su palabra, no sería la primera vez que le arrojaba una algo directo a la cabeza. También a Gendry le había alcanzado alguna que otra vez una manzana en plena frente. Esa reina sí que tenía buena puntería.
—Como te imaginarás deberás vivir en la casa de tu esposo— le dijo Gendry a su hija. Ella seguía llorando y miró a Arya con la esperanza de que la salvara, pero ella la abrazó y le susurró: Será mejor que juntes tus cosas y salgan antes de que anochezca.
Resignada, la princesa salió junto a su esposo. No la llevarían en palanquín, ni en el carromato en el que solía viajar. Ensillaron su caballo y en lugar de los baúles que había empacado, encontró un bulto con ropa y un saco con algunas de sus joyas amarradas a una mula.
Se despidió de sus hermanas y hermanos y subió a su caballo. Su esposo no le había dirigido la palabra.
