"¿Dormiste bien, niña? Me pareciste muy inquieta mientras dormías" indagó Nancy Harrell.
La señora Harrell era dueña de una modesta vivienda ubicada en la Pequeña Italia. Se ganaba la vida mediante la costura y venta de telas. Era una mujer regordeta, con casi sesenta años, de tez aun más clara que la mía y cabello rubio al que sentaban bien las canas. Usaba unos vestidos claros que, aun carentes de adornos, lucía con auténtica gracia. Era europea, como yo. Y aunque tenía hijos, intuí que pocas veces se aparecían.
"Tuve pesadillas"
"Te recomiendo que tomes belladona. Evita los malos sueños"
"Señora Harrell..."
"Dime Nancy. En la tienda todos me dicen señora Harrell"
"No he sido muy honesta con usted. No soy precisamente una huérfana abandonada a su suerte...casi"
"No lo entiendo, Rose"
"Si tengo una madre, si es que se le puede llamar así. Provengo de una familia antaño adinerada, que pretendía elevarse de la ruina mediante un matrimonio. Fui una moneda de cambio muy útil mientras lo permití. Pero ahora no nos queda nada; ni fortuna ni matrimonio ventajoso. Y yo no tengo a nadie"
"Te confieso que ya lo sospechaba", me dice con una sonrisa tranquila, "No me creí tu historia. Una huérfana desamparada que vagabundea por las calles no tendría las manos tan suaves ni el rostro pálido, como si nunca se expusiera al sol. Y luego, los primeros días ni siquiera podías prender la chimenea. Sin embargo, creo que ocultas algo más, algo que te obligo a esconder tu origen. Puedes confiar en mí, Rose"
"Soy una sobreviviente del Titanic"
"¿El trasatlántico? Por Dios, querida, cuanto has de haber sufrido. Leí en los periódicos sobre los horrores del naufragio"
"No bastan las palabras para describirlo. No ha pasado ni un mes desde la tragedia y aún siento que despertare en un bote que flota a la deriva"
Siento un vuelco en el corazón, después me sofoco terriblemente, reviviendo la sensación de hipotermia, del viento helado azotando mis pulmones. Agarro la primera tela que encuentro cerca y me arropo con ella. Nancy se acerca y me abraza fuertemente, como pocas veces hizo mi madre, y con mayor calidez.
"Te prepararé un té. Hablaremos, pero quiero que estés tranquila"
"Viajábamos en primera clase. Era demasiado lujo. Algunos de la clase alta eran tan ridículos, yendo de un lado a otro, creyéndose unos reyes. Y tras la tragedia, comprendí que no eramos nada"
"Por lo que supe, murieron muchos hombres"
"Así fue. Fueron hombres valientes y honorables, de todas las clases sociales. Porque el estatus poco vale, Nancy. Bajo las prendas, sean modestas o finas, hay un corazón dispuesto al amor"
"Sé que eres muy joven, pero, ¿tú has conocido el amor?"
"Sí, precisamente en el trasatlántico. Era un pasajero de tercera clase. Él me salvo", ni siquiera soy capaz de pronunciar su nombre. Su recuerdo es demasiado sagrado para mí, "La tercera clase tuvo mayor dificultad para salvarse"
"Supe que el capitán y el que diseño el barco murieron, sin hacer el menor intento por salvarse"
"No les quedaba de otra" replico fríamente, pese a la simpatía que Thomas Andrews llegó a inspirarme, "Sabían que, de sobrevivir, no les esperaba nada bueno al llegar a tierra. El oprobio no les habría permitido vivir en paz"
"Puedes quedarte aquí el tiempo que gustes. Yo vivo sola y podremos hacernos compañía la una a la otra"
"Así será Nancy. Sé que será difícil; por lo menos para mí, pues nunca he trabajado, pero aprenderé. Saldremos adelante, como buenas europeas, en este Nuevo Mundo"
