Capítulo 3

― ¿Entonces todo entendido, Rose?

La aludida asintió mientras se sentaba en el asiento del sofá mientras la animadora iba recogiendo las cosas, haciendo la limpieza del mes. Al ser ese el primer mes que pasaba las castaña con ella en el apartamento, había decidido la rubia que lo mejor era que solamente prestase atención de dónde iban colocadas las cosas para limpiar todo bien, y mientras ella organizaba, la castaña la observaba atenta a todos sus movimientos.

― ¿Entonces tengo que colocar los libros ordenados?

―Sí, y puedes cogerlos cuando quieras si te apetece leer algo―le ofreció en un tono algo gentil Kitty, haciendo que Marley sonriese un poco, haciendo que la otra alzase una ceja―. ¿De qué sonríes, Rose?

―No, solo que me llama la atención...Te has vuelto más amable con el tiempo―comentó la joven, jugando con sus manos, un poco nerviosa, sin atreverse a mirarla cuando dijo eso.

Kitty se quedó sopesando lo que la muchacha le había comentado, y asintió sin pronunciar palabra. Era cierto que ella había cambiado, y en cierta manera, para bien. Pero seguía siendo esa adolescente con carácter que la joven Rose había conocido en su tiempo. Pudo ver como de reojo ella se levantaba y se dirigía hacia la ventana, asomándose por esta y quedándose unos segundos como en silencio, haciendo que Wilde la mirase más detenidamente.

Ahora que la observaba mejor, era capaz de entender de que había algo distinto en la forma de ser de Marley. Seguía viendo en ella esa chica inocente de ojos azules, pero denotaba una tristeza en su forma de comportarse que hacía que se plantease lo que le había sucedido. La notaba como apagada, como distinta, como lejana. ¿Qué tan grave le podía haber ocurrido a la joven para estar tan apenada?

Y por una razón que no alcanzaba a comprender, no le apetecía ver a la chica así. No era su amiga especialmente, pero tampoco le apetecía estar cargando con el poco ánimo de ella, que encima, se la imaginaba llorando en sí a las noches, y esa idea no le agradaba; además, tenía que contarle que estaba saliendo con Jake, y no sabía cómo iba a hacer eso sin que, posiblemente, la castaña se viese afectada por ello.

―La gente a veces cambia, aunque sea un poco, Rose―dijo con un tono de broma para hacer que la chica se riese, aunque solo hizo que esbozase una suave sonrisa que después se fue muriendo en sus labios―. ¿Estás bien?

La aludida desvió la vista de la ventana y clavó los ojos azules en los verdes, quedándose la rubia quieta ante esa mirada. No es que le importase lo que hiciese Rose con su vida, y menos si la llegaba a juzgar, pero que la mirase de aquella forma triste hacía que se sintiese incluso un poco mal, apartando los ojos para evitar así todo contacto, haciendo que se centraba de nuevo en ordenar y limpiar la estantería del salón.

― ¿Kitty Wilde se preocupa por mi? ―Inquirió sorprendida Marley, con una leve sonrisa en el rostro.

―No te ilusiones, Rose...Solo que me extraña verte tan apenada―comentó como si nada, sin querer darle mucha importancia al asunto.

―Qué raro, Kitty Wilde mostrando su lado amable―ambas no pudieron evitar reírse, y se volvieron a mirar, como sorprendidas, para soltar ambas una carcajada de nuevo, viendo Kitty como la castaña se ruborizaba ligeramente.

―No te burles, Rose...No creo que quieras volver a conocer a la Kitty del instituto―bromeó, claramente, con una sonrisa divertida dibujada en sus labios, mordiéndose el inferior cuando le dio la espalda, sintiendo como un mechón de su cabello recogido en un moño se soltaba por su frente.

―Tienes razón―concedió Marley riéndose―. ¿Por qué dices que estoy apenada?

La animadora se sorprendió ante la pregunta. Cualquiera que no conociese a la risueña Marley Rose no se daría cuenta de que esta estaba apenada, pero cuando ella le vio a los ojos, notó un brillo de tristeza reflejado en ellos, además de que ella en sí parecía más triste de lo normal, como si estuviese sola. O al menos, eso le había parecido a ella, aunque tampoco es que supiese tanto de la joven como para poder opinar en sí. Bajó la mirada al suelo, reflexionando sobre ello, y finalmente, dejó escapar un suspiro.

―Es una impresión―se encogió de hombros mientras pasaba el plumero por la estantería―. ¿Me puedes traer esos libros? ―Señaló en la mesita una pila de libros y la otra asintió, dirigiéndose para tomar los tomos en los brazos y acercarse para ir ofreciéndole uno a uno― Gracias.

― ¿Por qué piensas eso? ―Quiso saber Marley, haciendo que Kitty la mirase de soslayo a los ojos, tragando la última saliva antes de hablar.

―Por tu mirada―llegó a responder, quedándose la otra con un gesto extraño en su rostro, asintiendo finalmente.

―No sabía que con mi mirada supieses si estoy bien o mal―susurró en bajo con cierto tono tímido, encogiéndose de hombros la rubia, sin volver a voltearse para verla a los ojos.

―Hay gente que con la mirada puede decir mucho.

La castaña asintió en silencio, mientras Kitty terminaba de colocar los libros, y se bajaba de la escalera que había usado para poder subirse. Marley le ayudó, sujetando sus brazos, y cuando la otra tocó el suelo, sus manos se sujetaron mutuamente, encontrándose sus ojos con los verdes de la animadora, y se apartaron ambas un poco, carraspeando las dos por la situación extraña. No estaban acostumbradas a ser tan cercanas entre ellas, pero para ambas era algo agradable y más cómodo para la convivencia.

―Bueno...

― ¿De verdad estás bien, Rose? No quiero estar escuchando de repente llantos a la noche como si de un fantasma se tratase, escondido en la oscuridad―comentó la joven con sus ojos analizando las expresiones faciales de la otra.

―Sí, estoy bien...Solamente extraño a mi madre―contestó avergonzada, con un rubor que le hizo pensar a Kitty si ella se creía que se iba a burlar por eso.

―Es difícil al principio, es cierto...Pero bueno, piensa que no estás sola―la otra asintió y levantó su mirada para clavarla en la de ella.

―Yo me siento aquí sola...Es decir, no tengo a nadie―susurró, quedándose Kitty mirándola.

No supo porque lo hizo, ni tan siquiera porqué quería hacer que se sintiese reconfortada, pero apoyó la mano en el hombro de la más alta en un gesto amistoso, haciendo que esta observase de soslayo lo que acababa de hacer, como si quisiese comprobar que de verdad Kitty Wilde estaba haciendo eso, y le estaba infundiendo apoyo. Eso le recordó a la rubia aquella vez en el dueto. Quizás porque quería ganar, quizás porque en el fondo a veces tenía sus buenos momentos; pero pese a detestar a la mejor cantante del Glee, le infundió confianza como en esa vez. Le hizo ver que ella merecía la pena. Le hizo entender que si quería, podría conseguir lo que se propusiese a ella misma.

―No estás sola, Rose...Me tienes a mí―afirmó con tono tajante, haciendo que Marley le mirase el rostro sorprendida, como si buscase una señal de burla―. Rose, firmamos la paz hace tiempo, y de alguna manera llegaste a ser una amiga. Parece que no me conoces nada―dijo Kitty un poco molesta, apartándose.

―Lo siento, es que...

Pero antes de que pudiese proseguir, sonó el timbre de la puerta, dirigiendo las dos la vista hacia esta. Marley se apartó y se dirigió hacia la entrada de la casa, abriendo para encontrarse, para sorpresa de ella, y por lo que resultó un momento algo incómodo, a Jake Puckerman con un ramo de rosas en las manos.

La muchacha de ojos azules parecía sorprendida, sin saber bien qué pensar, mientras que Jake parecía procesar el tener a su ex novia en frente suyo, junto a la que actualmente era su prometida. La rubia rodó los ojos, como si se esperase un tierno re encuentro entre dos amantes que fueron separados, y que, el destino benévolo, había vuelto a juntar para que tuviesen su final feliz.

Pero ninguno parecía hacer un acercamiento de ese tipo y Jake finalmente dirigió la mirada a Kitty, sonriendo algo incómodo. Lo que menos quería el moreno es que su novia pensase mal, y creyese que hubiese alguna posibilidad de que Marley y él volviesen. Muchas veces había temido sentir algo si volvía a ver a Marley, como esas mariposas de ver a esa persona amada. Pero al contrario, lo único que sintió fue una especie de culpabilidad mezclada con un cierto nivel de cariño. Al fin y al cabo, fue su primera novia en sí formal, y la amó con locura. Lo que sintió por Marley fue real, pero lo que quedaba era solo eso, un simple cariño por todos los buenos momentos vividos, y una sombra de culpabilidad que le acechaba de vez en cuando, recordándole que había hecho daño a una chica que merecía mucho la pena.

―Hola Marley...―saludó, entrando mientras ella le dejaba pasar, sin pronunciar palabra, mirando el moreno a la animadora― No me habías comentado que Marley era tu compañera de piso, Kit Kat...

―Ha llegado antes de ayer y hemos estado agitadas organizando todo en el piso, Jake―contestó ella, descruzando los brazos, sonriendo finalmente en un gesto amable―. De casualidad vino a ver el apartamento, y bueno, aquí la tienes...Esto va a ser muy divertido―lo último lo dijo para ella misma, pensando que sería algo tenso, por lo que se podía notar la poca gracia que le hacía, y un cierto temor de que pudiese llegar a suceder algo entre ellos.

―Podías haberme dicho igual mientras hablábamos―replicó él, intentando no parecer muy molesto, y luego dirigió una forzada sonrisa a Marley, la que observaba sin entender―. Perdona Marley, no es que no me alegre verte pero...No me lo esperaba, y esta clase de cosas se avisan, Kitty―murmuró entre dientes el moreno.

―Bueno, creía que iba a ser todo esto así más divertido―contestó Kitty con una sonrisa burlona.

Jake suspiró, a sabiendas de que Kitty no iba a ceder y se encogió de hombros, tendiéndole con delicadeza el ramo de rosas a su novia, bajo la atenta mirada de Marley, la que parecía confusa. Recordaba que Jake también le había regalado rosas, sobre todo cuando rompieron, que le llenó la taquilla con muchas, que luego quedaron esparcidas por el suelo. Desde aquel entonces, a Marley le dejaron de gustar las rosas rojas, como aquellas, que la rubia tomó entre sus manos y olió de una forma que ambos se quedaron mirándola; después de eso, la joven fue a por un vaso grande, que llenó de agua del grifo, y quitando el papel de alrededor, las colocó en este para que no se secasen muy rápidamente.

―Tengo una duda...―comenzó Marley, sin saber si llegar a preguntar.

―Sí la duda es si Puckerman y yo estamos saliendo, sí, Rose, somos novios desde que comenzamos la universidad.

Jake sonrió orgulloso, pasando el brazo por la cintura de la rubia cuando esta se acercó, dejando un beso en una de sus regordetas mejillas, haciendo que la castaña entreabriese los labios, como si aquello en verdad no se lo hubiese esperado. Hizo cálculos, y al ver que estaban en su cuarto año recién empezado, no pudo evitar impresionarse más. ¿Jake tanto tiempo con una chica? Y esa no era nada más ni nada menos que Kitty. Si bien siempre había visto que después de todo eran buenos amigos el moreno y ella, no se hubiese imaginado que acabasen juntos, aunque sí que hacían buena química.

Kitty sabía bien lo que Jake necesitaba de una mujer, y estaba segura de que no dudaba en dárselo. Lo que ella no supo hacer en su momento, lo que hizo que al recordar eso se le nublase la vista. Muchas veces se había culpado a ella misma por lo sucedido con su antiguo novio, aunque fuese consciente de que ella no hizo nada malo, que él tenía que haber esperado. Pero también eran adolescentes y aunque no lo justificase, ya había pasado mucho tiempo desde aquel entonces. Ella no guardaba ningún rencor a Jake Puckerman, y menos seguía sintiendo algo por él. Y por supuesto, sabía que esa fidelidad era debida más a la madurez en las relaciones de él que de ella. Pero ahora no podía preguntarse que porque con ella, en sí, no fue capaz de aguantar tanto tiempo sin querer irse con otra.

―Vaya...―solamente fue capaz de contestar Marley, observando a la pareja―No me imaginaba que...

―Te has perdido muchas cosas, Marley―replicó Kitty, asintiendo a su vez Jake en de acuerdo con su prometida―Nos vamos a casar, Jake y yo.

Marley tosió de repente, debido a la sorpresa, observando a la rubia después, como si esperase que fuese eso una broma. Pero al fijarse en su mano, se percató del anillo colocado en el dedo anular, suspirando pesadamente. Eso en serio sí que le había impresionado, mirándoles a los dos, que estaban en silencio, sin hacer comentario alguno.

Entonces, el silencio se hizo espeso e incómodo. La castaña solamente era capaz de pensar que no se creía que ellos dos se fuesen a casar, aunque no le molestaba. Kitty quería saber en lo que estaba pensando Marley, y Jake temía que entre ellas volviese a haber esa rivalidad de hacía años, aunque más por parte de la animadora que por la castaña. Porque pese a los años, Jake sabía que una persona dulce y buena, como lo era Marley, difícilmente iba a cambiar.

― ¿Algún problema, Rose? ―Quiso saber la rubia, con los ojos verdes clavados en los azules que aún no la miraban.

Entonces, la aludida levantó la vista, encontrándose ambas miradas. Cara a cara, frente a frente, parecía la misma historia que hacía varios años. Kitty con Jake, y Marley sola. Y la animadora tenía claro que esta vez, ella no se iba a quedar sola.

―Ningún problema―contestó finalmente Marley.

Lo que no sabían es que la historia se iba a repetir, pero con un ligero cambio de guión.