Disclaimer: Bien, aclaro que esta historia no tiene nada de relevancia con el libro, aún no estoy segura de en que lugar se desarrolla «estoy abierta a sugerecias» Solo he tomado los nombres de los personajes de la venerada Stephanie Meyer y unos que otras caracteristicas de su personalidad (solamente).


.:Piensa lo que quieras, SÍ IMPORTA:.

...¿Qué si me sorprendiste? Tal vez, pero estoy segura de que fue reciproco...



Siempre te he amado Luisa, siempre lo hice, lo hago y lo haré –Repetí el diálogo del protagonista siendo la primera vez que lo escuchaba ¿Qué rayos? El amor era un tema muy sabido hoy en día.

Todo el mundo ansiaba encontrarlo y yo... bueno, especialmente hoy sábado en mi casa, exactamente a las siete de la noche sin una sola ilusión de mi vida y lo que sería de ella, me encontraba en una total depresión. Esto me pasaba a menudo, cuando algo me recordaba lo sola que me podía encontrar. Varias veces me pasaba ésto y como solución iba en busca de Jasper o algún amigo o amiga pero hoy estaba mucho peor que en esas veces.

Tome otra cucharada del helado que tenía en mis piernas, sabor vainilla. Algo tan dulce para mi boca que encontraba tan amarga.

Oh Jerry, He ansiado besarte desde que te vi, tus dulces labios son lo mejor que he probado...

Como pude busqué el control y apagué el televisor.

–Sí, Jerry sigue tragándote su boca mientras yo me quedo con mi maldito helado –Despotriqué enojada al pobre televisor.

Deje mi helado a un lado y me pare del sillón de la sala dirigiéndome ahora a la cocina. Guardé mi helado y cerré fuertemente el refrigerador, miré a mí alrededor ¿Que hacer ahora? Resople fuertemente. Apenas eran las siete, Jasper no estaba en su departamento y aún así no quería ser una molestia con este estado de ánimo pero si seguía aquí me volvería loca. ¿Salir sola no esta mal, verdad?

Y he ahí de nuevo ese sentimiento, ese incomodo sentimiento. Ahora deseada más que nunca tener a alguien con quien estar siempre y por siempre. A quien llamar y decir "¿Ey, nos vemos en tal parte?" Envidiaba demasiado a Luisa ahora, puesto que después del arrumaco que se daría con Jerry ellos podrían ir juntos a donde quisieran.

Entonces, por fin en todo el día mi voz de la razón hizo acto de presencia.

¿Que rayos te pasa Isabella Swan? Deja ya los dramas, cámbiate esa deprimente pijama y sal de tu departamento por una buena vez. No necesitas a Jacob o Jasper, naciste sola, puedes vivir sola y morirás sola.

Bueno, todo iba bien hasta ese "morirás sola" ¿Era eso lo que yo quería? ¿Morir sola? ¿Estaba acaso privada del amor?

Y segundo acto de aquella vocecita que amaba por sacarme de mis huecos sin salida.

Mueve tu trasero o no solo morirás sola si no también muy pronto.

En lo que me cambiaba mi ridícula pijama de caritas pensé si no debería de preocuparme por el escuchar voces en mi cabeza, pelear con voces en mi cabeza y lo peor perder la pelea. Era una caso perdido pero mientras no empezara a ver las voces me sentía tranquila.

Me cambie con unos Jeans harta de las faldas y con una blusa blanca y un pequeño suéter que me llegaba a la cintura color gris, deje mi cabello suelto imaginándome que hacía frío y salí sin más retraso de mi apartamento.

Respire tranquila el aire de la ciudad, llenando de contaminación mis pulmones pero también de aquel olor, aquel que me recordaba mi independencia. Camine el resto de la acera hacia la calle, después de varios minutos tomé un taxi y le dije al conductor la dirección de mi destino.

–Va a encontrarse con su novio, señorita –Preguntó el taxista sin mucho interés, supuse que para sacar platica.

Vaya, justo hoy parecía que el tema se exhibía en mi cara sin descaro alguno. Suspiré y supe por la cara arrepentida del taxista que era muy notable mi desánimo.

–Voy a tomar un poco de aire –Sonreí lo mejor que pude –Quiero despejar un poco mi mente –Comenté sincera.

El taxista asintió.

–Señorita, sea lo que sea que la aflige es algo pasajero, ya verá... Después de la tempestad salé el sol –Me miró por el espejo retrovisor, elocuente.

–Solo espero que el cambio no me desagrade del todo –Admití sintiéndome una tonta por hablar de algo inexistente.

–Ya verá que no, hemos llegado. Suerte –Me deseó, asentí sin ánimo.

Le pagué al taxista y me baje deseando distraerme un poco. Un parque, vaya lugar al que se me ocurría venir, aún así no me arrepentí, caminaría un rato, tomaría el suficiente aire y luego me iría a casa. Fin de la historia. Nada de superman viniendo por mí no yo convirtiéndome en gatu–Bella. Oh, creo que esa era la novia de batman... ¿Deja de pensar! Ordene a mi cerebro.

Empecé el camino por el gran parque, había venido durante los primeros día de mi estadía en la cuidad y me había dedicado a ver cada detalle por lo que lo conocía mejor que a la palma de mi mano. Hoy solo venía a despejarme, para empezar ¿Qué era lo que me había hecho entrar en esta depresión? Lo pensé durante un buen rato y me encontré diciendo lo mismo de siempre.

Con lo mismo de siempre me refería a lo inútil que sentía al no saber en que deparaba mi vida. Trabaja y aquello me gustaba, era lo único que me distraía de sentirme una inútil pero cuando llego Edward Cullen todo se vino patas arriba. De nuevo mi odio se empezó a hacer presente y respiré profundamente, cuando cierta escena llamó mi atención.

Una joven y dos varones hablaban, bueno la chica parecía discutir con uno de ellos mientras el otro la tomaba del brazo en forma de apoyo. Ella parecía reclamar algo y cuando hubo acabado, el chico con el que peleaba se encogió de hombros en clara señal de ignorancia y le dio la espalda dejándola con el segundo chico. Entonces ella empezó a llorar y el segundo chico, el que la había estado apoyando le limpió las lágrimas y le ofreció su hombro. La escena me trajo un recuerdo.

«..–No sé Thomas, ya no sé... me siento una cobarde, sería mejor morir... –Le decía entre lágrimas a mi primo.

ISABELLA MARIE SWAN no vuelvas a decir algo parecido o te juró que entonces si lo desearás –Amenazó serio y preocupado.

El dolor se acrecentaba en mi pecho y solo disminuía con las lágrimas que dejaba caer y los sollozos que inundaba mi habitación.

No entiendes, yo no... sirvo. ¡NO SIRVO! –Espeté con furia.

Oh, mi pequeña tonta, claro que sirves.

Lo miré con furia al ver su estúpida sonrisa como si acabara de entender una difícil ecuación y ahora salía victorioso.

Ya verás que solo es una etapa, solo eso...es la adolescencia –Empezó mi primo con el monólogo diario que recibía por mi mamá, papá y maestros.

No Thomas, por favor tú no –Le pedí clemente –Si todo es como dicen por favor solo escúchame y jamás haré una tontería te lo juro pero escúchame... –Rogué aún con lágrimas.

No lo haré –Se negó molesto.

Lo miré confundida, era lo que menos esperaba de él, luego levantó una ceja y me sonrió.

No escucharé a alguien que me dice Thomas, me llamo Tom, Tomi para mis niñas y Tomiiuuuusss para Cathy la futura señora de tu servidor –Declaró serio pero conteniendo la risa.

Me reí y entonces el me pellizco una mejilla.

Así, Abe. Así te ves mucho mejor...»

Claro que no era la misma situación pero eso era Tom para mí, él siempre se había ocupado de secar mis lágrimas y ahora yo lo haría, el recuerdo no solo me trajo a colación los múltiples temas de mi depresión si no también lo mucho que Thomas había querido y quiere a Cathy –En ese entonces, Cathy se hacía la difícil pero Thomas nunca se rindió y dio sus resultados, lastima que al final Cathy acabó con la relación– Supongo que cuando algo no debe de funcionar no hay que luchar por cambiarlo. Que deprimente sonaba pero no tenía ánimos de cambiar el mundo en este momento.

Seguí mi camino por toda la acera, sin pesar nada en realidad. Solo me entretenía viendo de vez en vez las grietas del pavimento, los crecientes arboles que parecían tocar el cielo y claro la gente a mi alrededor que parecía saber que hacer con sus vida. REPITO QUE ODIO ESTAR DEPRIMIDA.

Mañana saldría con Jacob eso me subiría bastante mi estado de ánimo, luego, el día Lunes me tocaría trabajar arduamente al igual que toda la semana y el mes con mi compañero especial. Después a consolar por Thomas y por último pero no menos importante la irresistible cita con.... el destino.

Me reí un poco de lo tonta que me volvía cada segundo y al ver que varios me miraban, con miedo he de admitir, decidí que era mejor dejar el parque. Aún así no quería llegar a mi departamento todavía, eran las nueve con cincuenta y ocho minutos. Caminaría hasta... donde fuera y luego pediría un taxi de regreso a mi insufrible, tormentoso cuatro paredes/depresivo/oso llamado departamento.

Caminé sin rumbo por varios locales a mi al rededor, los aparadores poco atraían mi atención y de vez en cuando las bocinas de los carros me sacaban de mi ensoñación. Seguía sin pensar en nada especifico, varias veces pesaba cosas inútiles como ¿Por que el pavimento es negro? ¿Y si las bocinas de los carros dijeran nuestros nombre o algo así comosacate animal? ¿Estaría mal pintarme el pelo de Azul? SI ¿Los árboles escuchan? ¿El cielo si se caerá alguna vez....?

–¿¡Bells!? Oh, Bells eres tú –Chillo una vocecita de soprano justo por detrás mío.

Me volví y vi a la pequeña Alice... Cullen. Tantos pensamientos me invadieron...

¿Qué hacia Alice acá? Bueno que tiene de malo tomar un poco de aire, –tu estas haciendo lo mismo, bruta– me recordé, aún así yo era yo... –oh que obvia que eres Bella– Sacudí mi cabeza deseando callar a mi necio interior y me concentré.

¿Alice estaría sola o...? Oh, no, de seguro venía con su hermano...

–BELLA, BELLA –Repetía una y otra vez Alice, mientras movía su manita de arriba a abajo enfrente de mi cabeza.

–Alice, ¿Qué haces acá? Me sorprende verte –Admití.

Y vaya que sorprendía. Además de que me era del todo inoportuno si ella es que venía con... su hermano. Mi cabeza se creía apenas capaz de soportar el pensar en el dilema, era evidente que sería incapaz en este momento de verlo, a él/Edward Cullen/Mi mal personal.

–Oh, pues tomaba un café y... –Señaló con su dedo pulgar hacia atrás y vi un Starbucks –¿Sabes? Ando sola, ¿Me acompañarías, Bella? Por favor –Pidió Alice, juntando ambas manos a la altura de su pecho a modo de suplica.

Lo pesé durante breves segundos, ella estaba sola. Alice tal vez podría mejorar mi ánimo, era mejor eso que andar como una loca perdida sin rumbo. Además, podría ayudar a Jasper y hacerla de la condenada hada madrina.

–Claro –Acepté con la mejor sonrisa que encontré posible.

*

*

*

–¿Qué, qué? –Preguntó Jasper atragantándose con el cereal.

Me pregunté si había sido lo mejor comentarle mi platica con Alice la noche pasada, justo ahorita, pero cuando volví con una maliciosa sonrisa, él sabía que algo traía entre manos. Por lo que a primera hora me vino a despertar con la intención de desayunar pero no lo sometí a tortura y le conté todo lo hablado con Alice.

–Tal como te dije Jazz, ella dijo que eras lindo y que estaba emocionada por la salida de hoy. Más aún le gusto que fuéramos amigos y me interrogo todo sobre ti –Repetí, cansada ya de haberlo dicho y que los ojos de Jasper se tornarán incrédulos y brillosos.

Lo admito, hasta yo me emociones al saber que Alice tenía algo hacia Jasper, y fue un placer el comentárselo a él, pero después de la décima repetición esto se estaba empezando a volver fastidioso.

Jasper en cambio, con cada vez que yo se lo repetía se alegraba profundamente. Su sonrisa perfecta se acentuaba y sus ojos adquirían un brillo que ni con Jane observé. Como lo envidiaba. Envidiaba que el tuviera algo o mejor dicho alguien en su vida.

Sabía que lo de Jasper y Alice se iba formando demasiado rápido pero no por ello era menos verídico. Lo había comprobado puesto que el brillo que ahora nacía en los ojos de mi amigo era un vivo espejo de los ojos de Alice, anoche. Mi cabeza no podía más que llenarse de envidia pura.

Y era por eso que cada vez que tenía que repetir las palabras mi lengua me pesaba y mi tono se volvía opaco, me sentía egoísta pero el sentimiento que denominaba en mi era la desdicha, desdicha que hasta Alice noto...

«...Miraba mi humeante café mientras Alice me comentaba lo que le parecía Jasper, las palabras me alegraban, llegaban a mis oídos y en mi mente se posaban como algodón de azúcar que luego compartiría con Jasper. pero después, cuando se depositaban en mi estómago, este ardía por lo vacío que podía estar –metafóricamente– Vacío, sin vida alguna. Había escuchado que cuando te emocionabas sentías mariposas revoloteando y que cuando estabas nerviosa un nudo se formaba y la sensación era incomoda... en mi en cambio, no había nada. Las mariposas habían muerto llevándose todo a su paso y dejando a mi pobre estómago carente de emoción.

Bella, tú no... –Noté el cambio de la voz de Alice, y me di cuenta que ya no había escuchado lo último que había dicho, traté de poner atención –¿No estás con alguien? –Soltó curiosa y recargando su pequeño codo sobre la mesa preparándose para escuchar.

No, no hay nadie –Contesté tratando de ser casual pero la decepción de su rostro me dijo que no lo había sido.

Emm... ¿alguien te lastimó? –Preguntó cauta.

Negué con la cabeza y sonreí, aquello no estaba ni cerca.

Simplemente no ha habido nadie –Me encogí de hombros restándole importancia.

Ella lo pensó durante un momento luego algo hizo click y me miró con escrutinio.

No me mal entiendas, pero quiero que seamos amigas y suelo ser algo sincera –Tal como había dicho, parecía sincera –¿Por eso caminabas sola? Te veías, "perdida" –Comentó mientras me miraba con una amigable sonrisa. Como si tratará de decirme que podía confiar en ella pero no había nada que confiar.

Sonreí e hice mi mejor intento de cambiar de tema...»

Ahora que ya había dormido bien y era otro nuevo día me sentía una completa tonta por todo lo que había pasado ayer. Recordaba con demasiada vergüenza como había quedado como una loca con el taxista y con las personas del parque.

–Por cierto ¿Qué hacías tú por ahí? –Preguntó Jasper mientras levantaba una ceja. Incrédulo del que yo solo me hubiera topado por casualidad con Alice.

–Tranquilo Jasper, tu identidad esta aún oculta con Alice –Lo tranquilicé –Yo estaba... pesando –Respondí con un suspiró.

–Oh, no. Campanita dime que no fue uno de esos días –Pidió preocupado.

Lo mejor era negarlo pero era incapaz de mentir a mi amigo, él me conocía demasiado bien. Solo atiné a negar con la cabeza y él bufó.

–Lo que puede hacer Edward Cullen en dos días... –Soltó con burla.

–¡Eh! Edward Cullen no tiene nada que ver aquí –Espeté furiosa.

Si antes me encontraba desanimada y desdichada ahora mi cuerpo no tenía otro sentimiento más que furia y toda esta iba dirigida hacia Jasper. Edward Cullen no tenía ni letra en mi problema o lo que sea que tenía.

Jasper rodó los ojos y cuando habló me preparé para uno de esas largas pláticas a la Jasper.

–Seguro –Dijo con sarcasmo y sonriendo malicioso.

Luego tomo su plato y se dirigió a lavarlo dándome la espalda. Bueno, ese simple seguro había sido peor que sus largos discursos. Había sido como lo es una pequeña patada en el punto más débil. Y lo peor, me había dejado sin una sola palabra a debate, puesto que no había nada que discutir y ahora solo me quedaba doblegarme a que el tenía razón o negar una y otra vez para seguir dándole más importancia al tema.

Golpeé fuerte la mesa y tomé mi plato y vaso.

–Después de lo que dijiste no espero otra cosa más que, que laves lo trastes y date prisa en arreglarte que Alice vendrá pronto por ti –Hablé furiosa y subí así las escaleras para una largar ducha, mientras subía ruidosamente los escalones escuché su risa por debajo del sonido del agua. Como podía odiar/adorar a Jasper.

*

*

*

–Ja–cob, res–pi–ro –Apenas pude decir entre su asfixiantes brazos.

Aflojó su agarré y me vio a la cara sonriendo con demasiada ternura. Me sentí mal de pies a cabeza.

–Isa, tengo demasiado tiempo sin verte. Tienes que entenderme –Aclaró con su dedo índice a la altura de mi cara.

Rodeé los ojos y tomé mi bolsa y llaves para salir.

–Oh por favor –Bufé –Hemos sido amigos por dos años y este es el periodo más corto e el que nos hemos separado... –Apunté mientras salía de mi departamento y ponía llave a la puerta.

Él parecía pensar lo siguiente que iba a decir y se vio confundido hasta que salimos a la calle, pedimos un taxi, entramos a el y entonces habló.

–Tienes razón es el periodo más corto que nos ha distanciado como amigos pero como... –Oh, Oh. No Jake, no por favor. No me quedaba de otra más que interrumpirlo antes de que acabará la frase. Hora de aclarar, me odie por lo que le haría.

–Jake nosotros seguimos siendo... –Juro que iba a decir todo pero puso su manota en mi boca y negó con la cabeza.

–¿Sabe que señorita Swan? Por el momento solo saldremos como amigos –Me sonrió, mostrado su relucientes dientes, lastima que tal alegría no denotaba en sus ojos –Entiendo tu posición, solo te pido que me des días –Me guiñó un ojo y miró al frente.

Sentí menos presión al no verlo a los ojos y pensé cada palabra de lo que el había dicho. En realidad Jacob parecía entenderme, me relajé ante la idea y me reconfortó demasiado la idea de salir de nuevo con mi amigo Jacob. Eso esperaba.

–¿Entonces a dónde vamos? –Pregunté, aún no sabía.

Jacob había sido tan infantil de decirle en la oreja al conductor a donde nos dirigíamos.

–Eso, todavía es un secreto... Aunque me alegra que hayas traído sandalias y shorts –Sonrío complacido.

Lo mire con ojos entrecerrados. ¿A dónde podríamos ir con sandalias y shorts? La respuesta fue obvia durante todo el camino y es que mi distraído cerebro no había visto los carteles que indicaban una playa cercana. Casi me golpeó la cabeza cuando ante mí se extendía el estrecho mar. El taxista nos dejo en una carretera cercana.

–Bien, señor genio ¿Y cómo nos bañaremos, según tú? –Le pregunté mientras lo seguía y él iba con toda seguridad hacia la costa.

–Solo caminaremos, a veces el ambiente nos relaja –Se encogió de hombros y pude ver como sus mejillas se estiraban formando una amplia sonrisa.

Y ese, ese era Jacob. Sin improviso alguno hacía lo que quería, sin planes, sin agenda. No entendía como había llegado a ser tan puntual y responsable en el trabajo. Sonreí y traté de igualar su paso pero me fue imposible y al final el tuvo que acoplarse al mío.

*

*

*

–Entonces, lunita ¿Qué te pasa? –Preguntó de repente.

Hacia algún tiempo nos reíamos de una tontería que ya no recordaba y ahora se encontraba serio.

Fruncí el ceño, no me pasaba nada. Todo mundo se estaba volviendo loco.

–No tengo nada –Me encogí de hombros.

Jacob se volvió hacia el mar. Apenas le podía ver, parte del lastimero sol el viento arremolinaba mis cabellos en mi cara, pero aquello no desagradaba. La arena se sentía suave en mis pies y llevaba mis sandalias en una mano.

–Lunita, a mí no me engañas. No estás igual que la otra vez –Observó serio y me miró como si no le pudiera negar nada.

–Bueno ya esta bien, NO TENGO NADA y si algo me esta pasando últimamente es la peor de la enfermedades la... cuestionaditis

Jacob frunció el ceño luego hizo intento de no reír y me siguió el juego.

–¿A sí, y de qué se trata? ¿Síntomas?

–Bien, primero y básicamente solo hay un solo síntoma –Alzó las cejas, dudando de mi creatividad –Bueno hay dos síntomas: uno, todo mundo te vuelve loco con preguntas sin respuesta y dos, –Lo pensé y no se me ocurrió nada.

–Y dos, tiendes a mentir e inventar cosas sin sentido. Vamos, eres mejor que eso –Aportilló.

Rodeé los ojos y Jacob río.

–No sé puede contigo Jacob Black–patán –Farfullé molesta.

–Me ofendes severamente Isabella Swan, –Se tocó su pecho como si lo hubiera lastimado severamente –pero por ahora como soy tan bondadoso te daré la cura de tu malestar –Imitó la voz como la de los comerciales y reí a su pésima imitación.

Al verme riendo, aprovechó mi distracción y me demostró su cura.

Cuando me vine a dar cuenta Jake me traía cargada a su espalda mientras yo pataleaba para que me soltará. Me quitó de las manos las sandalias y las aventó junto con las suyas a la arena, luego me sumergió en el agua salada.

–A no, te hundes conmigo Black –Le amenacé y rió.

Entonces, antes de que me soltara. Lo tomé del cuello y empuje con todo mi peso. Ambos nos hundimos y empezamos a jugar como niños hundiéndonos mutuamente.

Jacob me había alegrado demasiado, había borrado todas mis penas y lo mejor de todo me había mantenido en el presente sin preocuparme en lo que me esperaba después. Después de salir del agua, volví a calzarme las sandalias y Jacob me seguía mirando divertido, rodeé los ojos.

–Es todo por hoy –Aclaré –Además –Miré al cielo y en este ya aparecía el crepúsculo –Ya se hace tarde y si no quieres que me congelé tengo que llegar pronto a casa.

Puso los ojos en blanco.

–Ay Bells, no sabía que fueras friolenta, no te hubiera mojado de ser así –Se defendió.

–No suelo serlo, pero el estar mojada cambia mucho las cosas –Expliqué a su mirada irónica.

Tratamos de conseguir un taxi y cuando el conductor nos vio mojados hizo una mueca pero no dijo nada, nos subimos antes de que se arrepintiera. Jacob de nuevo había cambiado su sonrisa y ahora se veía totalmente serio, temí.

–Sé que no te he dado tiempo ni nada pero... –Se mordió el labio inferior y me vio a los ojos –Nos llevamos conociendo dos años, Isabella tu solo me ves como amigo –Era una afirmación pero pude notar como esperaba que yo lo negará y no lo hice entonces lo preguntó abiertamente –¿Ay alguien más?

Guau, esa pregunta me cayó como patada al estómago. Jacob tenía razón, éramos amigos desde hace dos años y siendo sincera él me gustaba ¿Entonces por qué le decía que no? ¿Por alguien más? No, eso no. No había nadie más, pero por qué si me sentía tan sola y Jacob me gustaba tenía tantos problemas.

Era definitivamente muy complicada. Quería decirle que sí a Jacob. Que sí estaría con el como... no. Esto era algo que tenía que pensar bien.

–Lo hay –Aseguró Jake ante mi silencio.

Negué con la cabeza y sonreí.

–No, Jake. No hay nadie, solo no estoy... lista.

–¿Lista? –Preguntaron dos personas a la vez.

Me sorprendí cuando oí la voz del taxista y después muy quitado de la pena bufó.

–¡Bah! Las mujeres son todas iguales... –Empezó el conductor con voz dolida y cansina –Primero te dan a entender que te quieren y después te dicen que no están listas ¡Bah! –Jacob y yo abrimos los ojos como platos y el taxista prosiguió con su discurso preparado –Oh dime jovencita, me vas a negar que no tienes otro por ahí –Estuve a punto de contestarle al taxista como se debía pero siguió –Sí, ya sé la ofendo. Disculpe usted pero solo soy sincero y tú, hijo te aconsejo que si te quieres ya no le sigas rogando –Aconsejó a Jacob.

–Sabré YO que hacer con mi vida y agradecería que se apresurará y se concentrará en su trabajo –Habló Jake molesto.

No me atreví a decir palabra. El taxista en cierta forma, tenía razón. Jacob no debía de desperdiciar tiempo conmigo. Yo jamás cambiara mi solitaria vida.

El siguiente rato fue incomodo hasta que llegamos a mi edificio y bajamos sin decir ni pío. Jacob pagó y entramos.

–Supongo que me tengo que ir –Dijo Jacob en la entrada de mi puerta.

–¿Estás loco? Esta helado allás afuera, creo que por lo menos te puedo prestar una camisa –Le aseguré y entramos –Ahora, vuelvo –Avisé mientras subía las escaleras.

Por suerte tenía camisetas de su tamaño, ya que acostumbraba a dormir con estas y elegí una para Jacob. Bajé y lo encontré en mi sentado en mi sillón mirando el apagado televisor. Le aventé la camiseta y me sorprendí cuando la agarró en el aire, buenos reflejos.

Sin pena alguno se quito la húmeda playera anterior y se cambio con la seca. Admiré por breve segundo su músculoso cuerpo y me pregunte por que no podría estar con Jacob. ¿Que rayos le pasaba a mi cerebro?

Me sonrió de una manera tierna pero vi como en sus ojos todavía había cierta tristeza. Me sentí mal, solo algo se me ocurrió para remediarlo.

Avancé hacia él y lo rodeé con mis brazos. Sentí como se sorprendió pro igual correspondió a mi abrazo soltando su playera mojada. Me puse de puntillas para alcanzar su oído, rió un poco.

–Te quiero mucho, eres muy especial para mi tontito pero por ahora no me apetece algo más que amistad –Aseguré y le di un beso en su mejilla.

Luego me separé de él y vi como se sonrojaba, se me hacía tan tierno.

–¿Jacob Black, sonrojado? –Pregunté incrédula.

–No, es la luz –Aseguró –Por lo mismo me voy ya –Dijo mientras iba a la puerta, lo acompañe hasta allí.

–Adiós, Isa ¡Hasta luego! –Gritó afuera riendo.

Cerré y me recargué sobre la puerta, pero me llamó la atención la playera tirada en mi sillón. ¡Oh, la camisa de Jacob! La tomé y corrí rápidamente esperando que aún no se hubiera ido. Por suerte lo alcancé mientras él tomaba un taxi.

–¡Jake! –Grité.

Se giró y le señalé su camisa, sonrió.

–Gracias, aunque pude haber venido luego por ella –Se ofreció.

–Cierto, aún así toma y puedes venir cuando quieras –Le aseguré ya a su lado.

Su sonrisa se hizo más grande y antes de subirse al taxi me dio un beso en la mejilla.

–Señorita Swan, esta completamente loca –Pude escuchar como decía ya cuando el taxi tomaba marcha.

Reí y regrese hacia el edificio, me sentí observada y me giré buscando, me arrepentí al instante. Definitivamente lo que vi era lo que menos necesitaba. Un par de ojos verde esmeralda me examinaban de arriba a abajo. Edward Cullen se recargaba en su Volvo justo enfrente de mi edificio. Al toparse con mi mirada, abrió la puerta y sin meterse dentro presiono fuertemente del claxon. Yo aún no salía de mi estupor cuando vi como Alice salía del edificio.

–¡Que desesperado, hermanito! –Gritó molesta.

Edward dejo de verme y se encogió de hombros, luego rodeó el carro para subirse. Alice antes de subirse frunció el ceño vio a su alrededor y paro en mí. Sonrió y agito su mano.

–¡Hasta luego Bells! Todo salió perfecto –Me guiño el ojo.

Sonreí sabiendo que se refería a Jasper y luego apenas la pequeña Alice se subió al auto, este salio a una exagerada velocidad de ahí. Parpadeé ¿Por qué me importaba, tanto lo que pensará Edward Cullen?

*

*

*

-Isabella, te habla Melody -Me avisó Ángela, mi secretaria.

-Gracias, Ang -Asentí.

Guarde la carpeta que examinaba, eran todas las ideas de Edward y claro mías también. Ya habíamos avanzado notablemente. Salí de mi oficina y fui a la de Melody.

Entré y cerré la puerta. Me senté justo enfrente de su escritorio y a mi lado se encontraba Edward. Quien ni siquiera se había molestado en verme, fiel a su nueva costumbre de indiferencia hacia mí desde el lunes. Solo han pasado tres días desde entonces y sería apresurado sacar conclusiones, aún así no era necesario el tiempo para ver su intento de ignorarme.

-Isabella, Edward, me encuentro realmente ansiosa -Empezó Melody seria mientras nos miraba atentamente -Especialmente porque hemos organizado todo en ¡Una sola semana! Vaya chicos, ustedes han trabajado estupendamente... -Nos elogió Melody.

Yo le sonreí y me sorprendió ver una sonrisa en el rostro de Edward. Eso podía decir tres cosas, que ya no estaba enojado y que ya no me ignoraría, o que ya volvería a ver esa sonrisa después de ciento veinte horas o/y lo más seguro,. Yo estaba obsesionándome con Edward Cullen. ¿Qué rayos te pasa Isabella Swan?

-Edward, espero que funcione todo esto -Se esperanzo Melody pero esta vez dirigiendo toda su atención hacia Edward de una manera muy insinuante.

Vaya, esto me estaba sentando muy mal. Tenía celos de Edward porque Melody lo apreciara más que a mí y también estaba enojada con Melody por insinuarse sin discreción a su compañero. ¡Que rayos te importa Bella, ni Edward te pertenece y Melody aprecia a los dos igual! Me regaño aquella vocecita que ahora ya no me sorprendía.

-Ya verás que todo saldrá bien, mi compañera... -Se volvió hacia mí y me hizo un gesto de duda. Aquel gesto que llevaba conociendo bastante bien.

-Swan -Complete molesta.

Era evidente que todo lo hacía para molestarme. Aún así, el hecho de saberlo no cambiaba ni en mínima parte la molestia.

-Oh, si -Sonrió, al ver mi gesto y volvió hacia Melody -Como te decía, Swan -Era mi imaginación o pronunciaba con arrogancia el apellido -Y yo hemos arreglado todo a la perfección. Te aseguro que por lo menos, rendirás las cuentas del todo año.

-Me alegra tu entusiasmo -Apremió Melody -Bueno, les aviso que tienen libre el resto del día. Pueden retirarse

Ambos asentimos y nos paramos. Edward como un caballero abrió la puerta y espero a que pasara. Vaya arrogante. Salí molesta sin esperar, nada más. Sería, como había sido estos dos días; sin palabras, sin despedidas y lo mejor/peor sin risitas.

-Bella... -Dudó detrás de mí.

Me volví con sorpresa y lo vi cerrando la puerta de Melody. Lo primero que pude ver en su semblante fue indecisión y después lo cambio por arrogancia.

-Sería... apropiado desearnos suerte para el viernes ¿Me acompañas a comer?

Maldito arrogante.


Bueno, dudas contestadas.

Ya sabemos el porque de este cap, ahora justo estoy trabajando en el cuarto.

Muchas gracias por el apoyo, me gusto que se hayan incrementado un poquito los reviews... ¡Espero que sigamos creciendo! :D

Ya veremos que les pasara.... pronto a estos dos.....