Sus comentarios son tan especiales como pasar el día de San Valintín con alguien querido.

Para refrescar su memoria, recomiendo que den una rápida lectura al capítulo anterior ;)


Caroline Bingley no podía dormir. El señor Bingley llevaba algunos meses enfermo, pero se había negado rotundamente a notificar de ello a su hijo Charles, con el pretexto de que debía estar enfocado en sus estudios. Varias veces, Caroline se había sentado a escribir a su hermano y pedirle que volviera pronto, pero la carta nunca era enviada.

Sin embargo ya no podía más, se puso de pié, prendió una vela y escribió la carta y, cuando la tinta se hubo secado, la selló. Tomó la vela y salió al corredor. La casa estaba en silencio, todos dormían. Pero Caroline sabía quién podía ayudarla.

Se dirigió con cautela al ala derecha de la casa: donde estaba la habitación de Henry Smith, el secretario de su padre. Miró a todos lados y se aseguró que no hubiera nadie en el pasillo, entró a la alcoba y cerró la puerta tras de sí. Luego miró alrededor y se dio cuenta de que la cama estaba vacía; Caroline sintió sus esperanzas derrumbarse.

"Señorita, no debe estar aquí…" susurró una voz a sus espaldas y Caroline dio un respingo.

Se giró y se encontró frente al hombre que buscaba: un joven de 25 años, alto y guapo, de desordenado cabello castaño y brillantes ojos azules. Henry había empezado a vivir con los Bingley desde hacía 3 años, por insistencias del señor Bingley.

"Henry" pronunció ella con un medio suspiro.

Él avanzó dejando un corto espacio entre ellos. Ella se puso nerviosa mas no se apartó.

"Henry… necesito tu ayuda".

"¿Para qué soy bueno?" preguntó él.

"Debes llevarle esto a Charles de inmediato… pero nadie en esta casa debe saber que yo envié la carta, o que fuiste quien la llevó… Charles menos que nadie".

"¿Su hermano está en Cambridge?".

"No… fue a Royston...".

"Bien… entonces debo marcharme cuanto antes" murmuró él viéndola a los ojos.

Ella agachó la mirada y asintió. Él tomó con delicadeza la fina barbilla de Caroline y levantó su rostro. Quedaron a milímetros y Henry cerró la distancia entre sus labios en un beso de despedida.

Al día siguiente Charles estaba en casa, sin embargo no había llegado solo, había traído un intruso consigo: Edward Bennet.

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"Lizzy, basta, no puedo más" se quejó su hermana menor recargándose en un árbol.

"Vamos, Kitty, aún nos falta un buen tramo".

La niña emitió un jadeo de cansancio "¡Estoy exhausta! ¡No puedo dar un solo paso más!".

"Kitty, si sigues así llegaremos a Lucas Lodge apenas con tiempo para estar 15 minutos ¡Le prometí a Anna que iría a verla hoy!… Anda más rápido"

"¡Lo haría si no me dolieran los pies!" gritó Kitty verdaderamente enojada.

Lizzy se giró a verla y la miró con tanta severidad que cualquier otra persona se habría disculpado inmediatamente, cualquiera menos Catherine Bennet. Lizzy abrió la boca para reprenderla cuando el ruido de un caballo, y su posterior aparición ante ellas, la interrumpió. Era Tom Lucas.

A pesar de que los Lucas no eran una familia especialmente bella, Tom era el más agraciado de todos los varones de la familia. Aun así, comparado con otros jovenes, podía parecer 'normal', sin embargo, ese día, montado en su caballo, parecía verdaderamente apuesto. Tom estaba aprendiendo para ser doctor, era el pupilo de un tío suyo (quien se dedicaba a esa profesión) y vivía con él en Bath. Por eso mismo Lizzy se asombró de verlo ahí.

"¡Tom! Pero qué agradable sorpresa ¿Qué estás haciendo aquí?".

Él bajó del caballo. "Mi tío me dio permiso de venir al cumpleaños de Anna".

Elizabeth y Tom sonrieron y permanecieron así unos segundos. Entonces se oyó un carraspeo y ambos, con las mejillas enrojecidas, giraron su atención a Kitty.

"¡Vaya, Catherine, qué alta estás. Estás en camino a ser una señorita muy bella" dijo tomando la pequeña, en comparación, mano de Kitty y depositando un casto beso.

Kitty sonrió y se ruborizó aún más de lo que Lizzy se había ruborizado momentos antes.

"Eres muy amable, Thomas" respondió la niña con natural coquetería.

Tom sonrió, quedaron un momento en silencio y Tom vacilaba entre mirar a Lizzy o buscar un tema de conversación. "Oí" dijo después de unos segundos "que a la señorita Catherine Bennet le dolían los pies de tanto caminar… ¿puedo ofrecer mi caballo para que ella lo monte el resto del trayecto a donde sea que vayan?".

"Oh, vamos a tu casa" soltó Kitty "Lizzy quedó ver a Anna y yo quiero de verme con Mariah".

"Entonces, con más razón ofrezco mi noble corcel a los servicios de la señorita Catherine Bennet".

Así, Kitty terminó sentada sobre el caballo, Tom iba andando por un lado del animal, sujetando las riendas para guiarlo y Lizzy iba a su lado, contándole las novedades de la región.

Cuando llegaron a Lucas Lodge fueron recibidos por toda la familia con entusiasmo, pero pronto las Bennet se vieron hechas a un lado pues el entusiasmo era causado por Tom, quien era muy querido por todos. Así, en medio del ruido, Lizzy le preguntó a Mariah donde se encontraba Anna:

"Oh, Annie está en su cuarto".

Lizzy tenía la suficiente confianza para ir a buscar a su querida amiga, así que sin ningún reparo subió las escaleras.

Anna Lucas, era tan solo un año mayor que Lizzy; eran amigas desde que la familia de Sir Wiliam se habían mudado a lo que ahora se conocía como Lucas Lodge, y había sido Anna quien había fomentado en Lizzy la afición por los constantes paseos. Sin embargo hacía unos meses que Anna había empezado a sentirse demasiado débil como para caminar como antes.

Esa mañana se sentía particularmente fuerte, así que le pidió a Lizzy que le ayudara a bajar al saloncito que daba al lado trasero de la casa.

"¿No prefieres ir al salón principal? Ahí están todos…" comentó Lizzy cuando llegaron al último peldaño de las ecaleras.

"Oh, no; que Tom venga a verme cuando pueda escapar de los brazos de mamá" respondió Anna haciendo reír a su amiga.

Entraron al saloncito y Lizzy pidió a una de las doncellas que prendiera el fuego en la chimenea.

"Debo confesar que pensé que no vendrías" comentó Anna mientras Lizzy le ayudaba a sentarse.

"Qué injusta eres… Todo fue culpa de Kitty".

Anna sonrió, "No te preocupes…" y luego la conversación cambió radicalmente "Me alegra que Tom esté aquí… Will llegó ayer en la tarde, ¿lo has visto?".

Lizzy respondió que no, y no pudo evitar pensar en Edward quien no había llegado el día que había prometido. Anna miró hacia la ventana y suspiró; abrió la boca para hablar pero en eso la puerta se abrió. Era Will Lucas.

"Oh, Anna..., Eliza" exclamó aturdido y haciendo una torpe reverencia.

"Cierra la puerta, Will" pidió Anna. Su hermano hizo así y caminó hasta el sofá grande donde se echó.

Elizabeth y Anna se miraron y ambas se resignaron a no poder platicar de todos los temas que habrían querido.

"Señor Lucas…".

"¡Ah! Por favor, Eliza, toda la vida me has llamado por mi nombre de pila. ¿Ahora vas a empezar a llamarme 'señor Lucas'? ¡Te suplico que no! Estoy harto de ser llamado así en la universidad. Solo dime William, como si fueras de la familia".

Lizzy sonrió forzadamente. Le parecía impropio llamar a un caballero universitario por su nombre de pila. Ciertamente, cuando todos eran niños no tenía conciencia suficiente para llamarlo 'señorito William'; pero ahora, algo le decía que la señorita West no lo aprobaría.

"William" dijo, y el nombre sonó obligado en sus labios "¿Viste a mi hermano antes de venir aquí?".

"Oh, sí. Fuimos todos a una cacería que organizó un amigo nuestro…" William Lucas se sentó en el sillón y se inclinó hacia el frente como si fuera a revelar un secreto. Así que Elizabeth también se inclinó al frente. "Hizo un tiempo horrible. El clima era de lo más odioso. ¡Por mi palabra que a todos les fue mal!. Yo volví con cuatro brazos de faisanes; algo muy remarcable, considerando que los cacé yo solo… No como Bennet y Bingley que entre los dos juntaron seis brazos, pero ellos fueron juntos; yo, solo, cacé … ".

A Elizabeth le resulto descomunalmente difícil reprimir su desesperación y molestia. Pero William siguió contando con detalle el número faisanes exactos que cazó cada uno de los asistentes; y luego procedió a contar el transcurso exacto de todo lo sucedido a lo largo de la cacería.

"…Y entonces, cuando volvimos a casa había una carta para Bingley que lo requería de inmediato en la capital. ¡Por mi palabra que jamás había visto un hombre tan alterado! Bennet hizo bien en acompañarlo. Quién sabe qué habría sido de Charles Bingley si hubiera ido solo".

El asombro de Lizzy fue mayúsculo. "¿Entonces Edward fue a Londres?" preguntó.

"Oh, sí. Se marcharon de inmediato. Al parecer era un asunto muy urgente; nadie supo a ciencia cierta qué decía la carta".

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Fitzwilliam Darcy abrió el periódico dispuesto a leer las noticias. Por lo general no se molestaba leyéndolo; a veces lo tomaba y solo leía uno o dos artículos y luego lo dejaba, pero ese día decidió hojear todas las páginas. Y entonces leyó el anuncio de la defunción del señor Arthur Bingley. El apellido de inmediato le sonó familiar. Entonces lo recordó, era uno de los socios de su padre. Analizó la situación y llegó al convencimiento de que lo mejor sería ir y presentarle sus condolencias a la familia.

"Morgan" pidió a su secretario "¿sabes dónde está la casa del señor Bingley, el socio de mi padre?".

"No, señor".

"Bueno, hazme el favor de buscar su dirección".

Esa misma tarde subió los escalones del número 20 de la calle L.; por un momento pensó que había sido imprudente ir tan pronto. Tal vez debió de haber enviado una carta y ya. Seguramente la familia no querría recibirlo. Pero para su sorpresa fue recibido y conducido al lugar que menos esperaba: la sala de billar.

No había nadie jugando. Y no había un caballero, sino dos. Cada uno sentado en un sillón personal, había una pequeña mesa en medio de ambos, y en dicha mesa había botellas. Botellas casi llenas.

"El señor Darcy" anunció el mayordomo.

Fitzwilliam, asimilando el escenario, hizo una inclinación de cabeza que los otros respondieron. "Es una pena conocernos en las presentes circunstancias, señor Bingley".

El susodicho esbozó una débil sonrisa.

"Lo mismo digo, señor Darcy".

Hubo un silencio.

"Tengo entendido que hacía relativamente poco que mi padre se había asociado con su difunto padre".

"Señor Darcy" pidió el señor Bingley dejando su copa de vino en la mesita "Habrá de disculparme si en estos momentos no siento deseos de hablar de negocios".

"Lo comprendo, discúlpeme".

"Tranquilo, no hay nada que perdonar" hubo otro silencio "Permítame presentarle a mi amigo, el señor Edward Bennet, de Longbourn en Hertfordshire" dijo señalando al caballero, que hasta el momento tenía la mirada fija en la nada y parecía absorbido en sus pensamientos; pero que ahora, con la introducción, había levantado la cabeza y clavado sus ojos en él.

"Es un placer, señor Darcy".

Había algo que caracterizaba a Fitzwilliam Darcy. Tenía una excelente memoria.

"¿Longbourn?" preguntó dando un paso hacia él. "¿Bennet?".

"Así es" respondió el otro, tomando un trago de su propia copa.

"¿De casualidad conoce a la señorita Margaret West?".

Los ojos del señor Bennet relampaguearon, como si acabara de recordar algo "Es la institutriz de mis hermanas… ¿acaso usted es un Darcy de los de Pemberley?"

"Lo soy".

Una sonrisa divertida cruzó los labios del señor Bennet "Inglaterra no deja de ser solo una isla".

Darcy también sonrió, pero fue más corta. Sentía que era imprudente y desconsiderado reír frente a un hombre que acababa de perder a su padre, pero para su sorpresa el señor Bingley también sonreía, aunque su sonrisa era débil. Incompleta.

Y a Darcy le dio pena por el joven. La visita fue tranquila y meramente protocolara. Sin embargo, cada minuto que pasaba Darcy pensaba que el joven frente a él era más noble de lo que, en su reciente situación, le convenía. Así que antes de marcharse, cuando estrechó su mano, se tomó la libertad de ofrecerle su ayuda en un futuro.

"Sé que en estos momentos no desea hablar de negocios, y lo comprendo. Pero cuando quiera hacerlo, puede contar con mi apoyo".

Charles Bingley sonrió, una sonrisa pequeña pero sincera "Gracias, señor Darcy".


Bueno, espero que este capitulo haya sido de su agrado. También espero haber planteado bien -y de una manera creíble- el inicio de la amistad entre Bingley y Darcy. Esa última escena me ha costado mucho u.u.

Antes que nada quiero disculparme por desaparecer por tanto tiempo. Perdí la inspiración y no quería decepcionarlos con capitulos por puro compromiso y sin amor... Sorry :(

¿Qué tal Caroline y su amor clandestino? A mi me ha gustado la idea y espero que a ustedes también.

¿Y qué tal ese "rubor" entre Lizzy y Tom Lucas? Antes de que quieran vengar a Darcy les preguntaré, ¿acaso no tuvieron un pequeño flechazo en su adolecencia? ¿No? Porque es algo perfectamente normal y común. Y no, no pienso que Lizzy sea diferente a nosotras, mujeres enamoradizas, en eso. Así queeee...

¡Infinitas gracias a todos lo que leen esto! Sus bellos comentarios fueron los que me motivaron a volver y retomar esta historia. Así que sigan comentando y dejandome sus opiniones ;)

¡Díganme!, ¿qué piensan de Will y Anna Lucas? A mi Will me ha caído un poco pesado, pero Anna me encanta xd

Nos leemos pronto ~espero~.

Feliz día del amor y la amistad.

Lizzy (Nan)