RE no es mío. Pero Chris Redfield sí, bitches.
…
Sherry permaneció recostada sobre el mullido colchón, su mano comenzó a vagar inconscientemente por el sitio vacío que últimamente Jake se había encargado de ocupar en su cama. Su esencia, similar al musgo, aún se encontraba concentrada en toda la habitación. En las sábanas. En las almohada. Inclusive en su propio cuerpo.
Su primera reacción hubiera sido lamentarse. Justamente tenía unas ansias tremendas de abrazar sus piernas y quedarse en la cama un largo rato, mientras se lamentaba sobre lo acontecido la noche anterior. Pero algo dentro de ella le decía que él regresaría pronto. Su lugar era con ella. Asimismo, él había admitido que la quería, y si él lo decía, era porque así era.
Él no era la clase de persona que solía faltar a su palabra.
Pero Jake tampoco era la clase de persona que solía establecerse con una persona en específico.
Optó por confiar en sus instintos, no porque quisiera, sino porque no habría otra opción. Era eso u olvidar.
Y ella no quería olvidarlo.
…
El pequeño café donde se encontraba no tenía la apariencia de ser un lugar muy concurrido. Jake agradeció la pequeña privacidad que el establecimiento le proveía. Era la clase de sitios donde uno podría hablar de casos confidenciales y nadie que no le correspondía, escuchaba. Desvío la mirada hacia la taza de café humeante que yacía frente a él, sin tocarla. Había hecho mal al dejar a Sherry de esa manera tan impetuosa, pero ella esperaría. Jake estaba seguro de que ella era lo suficientemente fuerte como para soportar su ausencia por una temporada.
Antes de permitir que sus pensamientos le hicieran sentir más culpable, sonó una campana. Un leve tintineo comercial, un aviso. Era la puerta del café. Luego vinieron pasos. Jake ni siquiera se dignó a mirar, aun cuando se dedicara a escuchar con delicadeza los pasos para deducir cuantas personas habían entrado, hubiera sido innecesario, pues ya conocía la respuesta.
Dos personas. Un hombre y una mujer.
Chris y Jill Redfield.
Esperó pacientemente a que invadieran los asientos vacíos frente a él.
—Hola, Jake—saludó Jill, tal vez más formalmente de lo que Jake se esperaba.
Chris se limitó a asentir con la cabeza.
Una mesera se acercó a la mesa, la misma que hacía unos minutos atrás había intentado infructuosamente coquetear con Jake. Chris y Jill se limitaron a pedir un café, y la mesera le regaló una brevísima sonrisa a Jake. Una sonrisa que él no correspondió.
—Llamaste antes de lo que creía— admitió Chris, uniendo sus dos manazas por encima de la mesa.
—Soy una persona impredecible—replicó Jake, como si le restara importancia.
Mientras esa breve conversación era llevada a cabo, la mesera se había ocupado de llenar con café caliente un par de tazas enfrente de Chris y Jill. Después se retiró. No hubo ninguna sonrisa para Jake en esa ocasión. Parecía que se había rendido. Jake agradeció mentalmente sus esfuerzos. No le venía mal que de vez en cuando se le recordara el efecto que solía tener con el sexo opuesto.
—Bien—Chris tomó con una mano una de las tazas que tenía frente a él. — ¿Qué es lo que quieres saber?
Jill a su lado ya comenzaba a darle pequeños sorbos a su café, mientras esperaba pacientemente.
—Todo.
Así pues, Chris y Jill se turnaron momentáneamente para narrarle la vida de Albert Wesker. Desde el principio, como su vida había sido planeada por la Corporación Umbrella casi desde antes de que naciera. En algún momento de la conversación, Jill sacó un par de documentos de su bolso, lucían muy gastados. Alguien los había leído demasiado.
—Son sobre tu padre—justificó Jill mientras pasaba las hojas por encima de la mesa.
Jake las atrajo hacia él. El título de la primera página le hizo detener el aliento. "Proyecto Wesker". Hubo una breve pausa de silencio mientras él leía. Jake no pudo evitar pensar en lo mortales que podían llegar a ser las ansias de poder. Oswell Spencer, según los documentos que tenía frente a él, era un claro ejemplo. Sólo podía pensar en lo enfermo que estaba Spencer mientras hojeaba página tras página. Había tomado niños de padres con coeficientes intelectuales superiores, les había hecho creer que tenían una vida normal al mismo tiempo que eran supervisados para futuras pruebas. Era un enfermo, simplemente un enfermo.
—Tu padre fue un caso especial. Resultó ser una promesa para la compañía y fue reclutado prematuramente.
Posteriormente, le relataron las proezas de las que había sido partícipe mientras crecía bajo la tutela de la misma corporación. Como se le había asignado asesinar a uno de los principales cerebros de la compañía. Este tema derivó a como le habían dado autoridad en los S.T.A.R.S. sólo para conducirlos a la mansión Spencer que solía estar en el bosque de Raccoon City. Como los había utilizado como conejillos de indias contra sus creaciones. Su supuesta muerte y como finalmente se había inyectado a él mismo el virus Progenitor. La destrucción de Raccoon City.
La Antártida vino después. Parecía que habían pasado días y no horas, mientras hablaban. Era como si Jake se hubiera transportado a otros sitios para atestiguar lo que había sucedido.
—En cierto momento de todo esto, Wesker me dejó claro que esperaba que me le uniera. Veía cierto potencial en mí que nunca entenderé. Pero después de lo que pasó en la Antártida dejó de considerarme un posible aliado, y comenzó a guardarme resentimiento.
—Después de un par de años, la BSAA fue capaz de rastrear el paradero de Spencer. A Chris y a mí se nos asignó ir por él, para un futuro arresto. Pero nada fue como lo planeábamos y cuando llegamos ya era tarde. Wesker ya lo había asesinado para cuando lo encontramos. Nos vimos forzados a pelear contra él. En cierto momento de la batalla, Wesker estuvo a punto de matar a Chris. Iba a dar su golpe final. Cuando menos me di cuenta ya había saltado contra él para bloquear su ataque. Trastabillamos contra una ventana. Iba a morir. La altura de la caída era demasiado grande como para que una persona común sobreviviera.
"Pero tu padre no era una persona común. Cuando desperté Wesker estaba conmigo. Pasaban días en los que me preguntaba qué quería conmigo, pues mi cuerpo había quedado casi inservible debido al impacto. Supongo que la respuesta era obvia a esas alturas. Comenzó a administrar un virus en mí, uno nuevo de su propia creación que me era capaz de quitarme la voluntad. Me forzó a hacer cosas de las que no estoy orgullosa. Los dedos de mis manos no alcanzan para contar a la gente que asesiné en ese tiempo."
Después de esto, vinieron los acontecimientos de Kijuju. Y con ello, la muerte de Albert Wesker.
—Tu padre fue un hombre muy inteligente y poderoso, tal vez demasiado para su propio bien. Quería cambiar a la humanidad y volverla superior, pero esa no era la forma correcta para hacerla. Quería infectar al planeta de modo que la gente que era incompatible con el virus Uroboros, muriera. Ese era su concepto de evolución.
Un silencio los embargó por unos minutos antes de que Jake se percatara de que habían terminado. También sintió como su mano se aferraba con más fuerza de la necesaria al borde de la mesa. Tragó saliva ruidosamente mientras se forzaba a retirar su agarre, sólo para notar como la madera se había astillado ligeramente. Probablemente efecto de lo que el virus-C lograba en su sistema.
— ¿Él tiene...? —Carraspeó un poco y observó su café intacto, que se había enfriado— ¿Una tumba o algo?
—Por supuesto—respondió Jill, la forma en que observaba a Jake resultaba casi maternal. Era reconfortante en cierto modo.
— ¿Dónde?
—Preferiría llevarte yo mismo. No es en el país. Ni siquiera en el continente—agregó Chris mientras esbozaba una pequeña sonrisa.
Jake entendió perfectamente, y casi de inmediato África se volvió su siguiente destino.
…
Jake reparó en el hombre que ocupaba el asiento junto a él. Estaban en un avión privado de la BSAA, pero Chris había decidido sentarse junto a él para continuar con su conversación. Jake había dado por finalizada la conversación en aquel abandonado café de Nueva York, sin embargo Chris parecía nunca agotarse de datos para contarle. En esos momentos estaban dándose un respiro de su pequeña plática, y él estaba fingiendo leer uno de los documentos que Jill le había dado.
Jake había decidido partir cuanto antes. Chris sólo hizo unas llamadas, y Jake pensó por un instante que partirían en unos minutos. Que equivocado estaba.
Según informantes de la BSAA algunas áreas colindantes a Kijuju habían sido afectadas por cepas del virus C, por lo tanto los b.o.w.s serían un obstáculo una vez que arribaran a su destino. Les había tomado más horas de las que Jake hubiera querido en hacer los arreglos previos al viaje. La misma BSAA les había proporcionado del equipamiento necesario, y les había asegurado un Jeep para futuro transporte en el continente africano. Lo cual había sido totalmente ineludible, ya que su viaje no era directo, y según Chris, le esperaba una hora y media más en coche. Eso si los b.o.w.s y el terreno se lo permitían.
Sostenía su móvil con una mano. Observó la pantalla, con aire dubitativo.
Destinatario.
Navegó por entre sus contactos, que afortunadamente eran escasos, y no le tomó mucho tiempo llegar a la S.
Sherry Birkin.
Su mirada se posó unos instantes sobre su nombre, como si disfrutara tan sólo de leerlo, y lo seleccionó. Tecleó su breve mensaje en un tiempo récord.
"Regresaré pronto."
Enviar.
…
Su mano se deslizó por el borde de la lápida. El material del que estaba elaborada, era rasposo al tacto. Jake casi podía jurar que su mano terminaría ligeramente lacerada de tanto tocarla. Pero le era imposible dejar de acariciarla, algo le empujaba a sentirla. Por alguna extraña razón no podía dejar de contemplar ese pequeño monumento descuidado. Era una tumba común, como cualquier otra, tan sólo un rectángulo de piedra, en un estado que podría llegar a considerarse deplorable.
Seguramente nadie se había dignado a visitarla en los casi seis años que llevaba ahí.
Sin embargo por el simple hecho de estar ahí frente a esa lápida, provocaba que su ira se esfumara. Pero tampoco era que le embargase una calma absoluta, sencillamente Jake no podía explicarlo.
Se permitió cuestionarse a sí mismo que es lo que hubiese sucedido si Wesker hubiese sido consciente de su existencia. Las posibilidades eran tan infinitas como desalentadoras. Nunca lo sabría con certeza.
Apartó la mano de la lápida y se limitó a leer la inscripción una y otra vez. La letra era cursiva. Sólo venía un nombre y un par de fechas. Ningún epitafio que estuviese grabado en la piedra. Nada. Ningún mensaje anónimo para aquella persona que nadie extrañaría.
Albert Wesker.
1960-2009.
Ese lugar emanaba algo que le hacía sentir melancólico sin razón alguna. En parte, Jake se sentía sumamente agradecido de que Wesker se hubiera esfumado de la tierra. La otra parte restante de él, que era sumamente minúscula, no dejaba de preguntarse qué había visto su madre de bueno en alguien como él. Era ridículo, y aun así, la curiosidad le estaba matando.
Chris se había retirado cuando el sol se encontraba en un punto abrasador. En esos momentos, el sol ya comenzaba a esconderse tras un montón de nubes anaranjadas.
Antes de irse, Chris le había asegurado que se mantendría dentro de un perímetro aproximado de un kilómetro y que cuando se encontrase listo fuera en su búsqueda. Había sido algo sumamente amable de su parte. Jake lamentaba la idea de que Chris comenzase a ser de su agrado.
La chaqueta de Jake yacía tirada sobre la terracería. Haberla dejado abandonada en el polvo había sido algo estúpido, pero Jake no había podido evitarlo. En cuanto había divisado la lápida a lo lejos, lo único de lo que había sido capaz de hacer caminar hacia ella, como si algo magnético le arrastrara. Y el clima no le estaba ayudando mucho. Más bien, sólo hacia su paso más lento y torpe con su calor sofocante. Había venido con el mismo atuendo invernal que usaba en Nueva York, y en cuanto había pisado el territorio africano se había arrepentido de su elección. Chris al contrario de él, había dejado su grueso abrigo en el jeep.
Contempló nuevamente el centro de su atención. Probablemente sería la única vez que vendría así que deseaba aprovecharla. Más en memoria de su madre, que por él mismo.
No había rastro de flores, pero Jake no se había sorprendido ante esto. Wesker no había sido precisamente un tipo que las mereciera, aún tres metros bajo tierra.
De súbito, las palabras de Chris golpetearon en su mente, como un inesperado golpe. Chris se encontraba manejando diestramente el jeep por encima de las dunas, el territorio parecía despejado, muy al contrario de lo que había asegurado la BSAA. Entonces se había detenido en cierto punto, había sacado las llaves del contacto y le había mirado con fijeza. Jake se obligó a devolverle la mirada con desdén, aun cuando su odio hubiese resultado más forzado de lo esperado.
"—Jake quiero que tomes en cuenta que solamente es un monumento representativo. Ese día, el de la batalla, cuando tu padre fue derrotado, sus restos fueron incinerados por la lava. Sé que suena terrible pero era lo mejor. No podíamos permitirnos que alguna organización bio-terrorista diera con su cuerpo. ¿Comprendes lo que te digo?"
Por supuesto que comprendía. Albert Wesker había sido, probablemente, la última muestra del virus Progenitor sobre la tierra. Un poder perverso capaz de destruir al mundo, esfumado para siempre en un par de cenizas. Como si nunca hubiese existido. Era mejor para todos que permaneciera así.
Jake no lo escuchó aproximarse, pero gracias a casi una vida entera dedicada a ser mercenario, fue capaz de advertir una presencia a sus espaldas. Dudaba de la aparición de aldeanos en un sitio tan inhóspito, así que su primera sospecha fue que se trataba de Chris. Sin embargo, Jake, aún con el poco tiempo que llevaba con él, era enteramente consciente de que Chris no era la clase de sujeto que no cumpliese sus acuerdos en cuanto a tiempo, a menos que se tratase de una imprevista emergencia.
Por otro lado, la presencia de la persona que tenía a sus espaldas se sentía diferente. Muy distinta.
—Creí que yo iba a buscarte a ti. No tú a mí. —Farfulló Jake, casi molesto. Ni siquiera se giró para encararlo.
— ¿Jake Muller?
Pero esa no era la voz que esperaba escuchar. Jake entrecerró sus ojos, y se tornó sobre sí para encarar a su improvisado acompañante. No reconocía el timbre grave de su hablar, y cuando se giró para contemplarlo, casi podía jurar que tampoco lo había visto en toda su vida.
Con tan sólo observarlo, Jake estuvo completamente seguro de que el sujeto que yacía frente a él era lo que se denominaba como peligroso. De gran altura y corpulentos brazos cruzados a la altura del pecho. Cabello canoso peinado escrupulosamente hacia atrás. Y muy a pesar del excesivo calor, portaba un traje negro, con corbata a juego. Alguien importante y con mucho poder. La clase de persona que imponía miedo. Ojos frívolos, que parecían mirar en lo más profundo de sí, con irises tonalidad borgoña. Un color antinatural.
No era un simple ser humano.
— ¿Quién demonios eres? —inquirió Jake entre dientes.
Su mano, casi de modo reflejo, se posicionó sobre su arma automática, desenfundándola y en un lapso de tiempo admirable, apuntándola hacia el extraño que se limitaba a sonreír con burla. Como si fuese partícipe de una broma privada. Sin embargo, por unos segundos se sintió impotente. La posición relajada del sujeto le avisaba que era inmune a un arma de tan bajo calibre, y por un instante, Jake se arrepintió de no haber tomado el rifle de asalto que traía atado en la espalda.
Pero tampoco podía arriesgarse. Era posible que los pocos segundos que le tomara el desenfundar el fusil, el hombre fuera capaz de someterle.
—Eres idéntico a tu padre.
Era casi como ver al diablo mismo.
— ¿Qué demonios eres? —insistió Jake, enfatizando sus palabras con un paso al frente. No iba a demostrar debilidad bajo ninguna circunstancia. Pero por otro lado, comenzaba por perder la paciencia.
—Increíble que no me reconozcas. —Jake sintió su estómago oprimirse dolorosamente ante la anticipación. —Soy tu tío, Jake. Alexander Wesker.
Y dicho esto, en un ademán burlón que decaía en lo ofensivo, Alexander esbozó una pequeña reverencia.
...
Espero no haberlos hecho esperar . Bueno dos semanas no es demasiado. ¡Clímax! ¡Suspenso! Comienza lo bueno (?).
Por cierto, dejen reviews, me suben el ánimo (cosa que necesito right now) y me dan más ganas de escribir.
¡Y Alex es más cannon que mi propia existencia!
