Impulsos

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Kiba no lo diría en voz alta, jamás, porque Hanabi le partiría la espina dorsal con una certera patada cargada con toda su furia, honor y dignidad, pero le gustaba admirar su trasero siempre que tenía la oportunidad. Vamos, siendo ninja y con entrenamientos tan duros como a los que ella se sometía a diario, algo bueno debía salir de todo ello, ¿verdad? Claro que era una kunoichi fuerte, inteligente y ágil, pero eso solo era algo así como la cereza del pastel, un pequeño bono que venía con ese trasero firme que se movía suavemente con cada paso que ella daba; y ni hablar de la manera en que ladea su cadera cuando está de pie…

– Sigo sin entender por qué Hokage-sama se ensaña tanto en mandarme a misiones contigo. – Murmuró, mientras terminaba de guardar la ropa que había usado durante la misión, ignorando por completo la manera en que Kiba la miraba fijamente desde el suelo.

– Solo recuerda que tienes una hermana mayor, muy considerada. – Comentó, ladeando un poco la cabeza para obtener un ángulo distinto.

Hanabi asintió, pero claro que Kiba no se dio cuenta de eso. – Tienes razón, Inuzuka.

– Si… – Murmuró sin prestarle atención, imaginando.

–… ella sabe que no serías capaz de llegar a tu destino, eres tan estúpido que te perderías antes de salir de la aldea.

Las palabras le llegaron a tiempo, pero el golpe tardó unos segundos, juntó las cejas y levantó la mirada. – ¡Oye!

Hanabi sonrió ligeramente, triunfante, siempre era divertido molestar a Kiba y qué mejor que hacerlo luego de una misión. Cerró la mochila con cuidado y se la echó al hombro, luego tomó el mapa del bolsillo de su pantalón y lo observó, buscando la ruta menos accidentada de vuelta a Konoha.

– A veces eres odiosa.

Hanabi lo ignoró, miraba el mapa con insistencia. – Sé que Akamaru odia los puentes colgantes, pero es la ruta más rápida, así que…-

Sus dientes castañetearon unos momentos y un extraño chillido escapó de sus labios, al tiempo que pegaba un extraño saltito al frente; sus ojos miraron con furia a Kiba, que le miraba con inocencia fingida desde el suelo, sin poder evitarlo le golpeó con fuerza en la cabeza.

– ¡¿Qué demonios estabas pensando?! – Exclamó, casi al borde de la histeria.

Kiba carcajeó al verla sobarse el trasero, roja hasta las orejas, se levantó del suelo y la tomó por la cintura. – En nada flaquita, solo que te estaba viendo el trasero y se me antojo.

Hanabi lo miró con los ojos un poco más abiertos de lo normal y se sacudió su agarre, dándole un golpe en el brazo, esta vez fue más suave, pero el rostro seguía igual o quizá un poco más colorado que antes.

– ¡Eres un idiota!

Kiba sonrió y se sobó un poco la cabeza, le hizo una seña a Akamaru y ambos se apresuraron a alcanzar a Hanabi, que había caminado rápidamente, para alejarse de ellos, aun sonrojada. Se acercó a ella de nuevo y se inclinó un poco para hablarle al oído, pero Hanabi se lo sacudió, un poco fastidiada y sintiendo que el sonrojo volvía a sus mejillas.

– ¡Aléjate, animal! – Exclamó, caminando más rápido.

Kiba carcajeó de nuevo. – Ay, relájate, no hay nadie cerca…

– No me importa, estamos en una misión.

Akamaru ladró, tomando el lado de Hanabi, Kiba rodó la mirada y miró al enorme traidor que ahora caminaba en silencio a la altura de la muchacha, con la lengua de fuera y meneando la cola. Se llevó las manos a los bolsillos y resopló, ya le tocaría a ella arrepentirse de rechazarlo de ese modo.

– Solo fue un cariñito…

– Ya cállate, Kiba.


¡Hola!

¡Los problemas de Hanabi persisten! Espero les guste :3

Lunes, 15 de Febrero de 2016