Capítulo III.
Moldavia Meridional.
Sasuke voló a través del paisaje claroscuro del Mundo Nocturno, sus matices reduciéndose a negros y grises, puntuados por explosiones de tonos pastel donde la los humanos durmientes soñaban con escenas vivas. El paisaje estaba formado por aquellas mentes dormidas, y reflejaba su Mundo de Vigilia tal como un ondulante estanque reflejaba el cielo encima de él: una imagen que cambia con cada aliento del viento, distorsionándose, decolorándose, y volviendo otra vez en un destello brillante de claridad. En esta versión del Mundo Nocturno de la tierra, eran las criaturas de la noche las que tenían sustancia física, mientras la escena alrededor de ellos tenía toda la realidad de un sueño.
Pese a lo irreal del paisaje, era, sin embargo, rico en información sobre lo que pasaba en el Mundo de Vigilia de los hombres. Sasuke miró debajo de él buscando signos que le condujeran a Kiba. Solo pasaría el espacio de un suspiro antes de que los encontrara.
Vívidas líneas de rojos se deslizaban a través de las sombras grises de un valle, el rojo uniéndose y cruzando a lo largo de un pueblo donde una multitud de soldados montados asaltaban y violaban; y al ver que los aldeanos se resistían, los soldados los quemaban y empalaban. La violencia se repetía una y otra vez mientras Sasuke miraba, las soñadoras mentes de los aldeanos sobrevivientes luchaban por liberarse del horror del pasado.
Una brillante bandera se elevaba por encima de la violencia: una bandera roja con la silueta negra de un dragón que se retorcía sobre ella. Kiba Draco había estado aquí.
Los soldados del sueño se marcharon hacia norte, y Sasuke los siguió hasta que desaparecieron. Atravesó los campos enturbiados de batalla, marcados tanto por los cadáveres de soldados de Moldavia y Wallachian; sobre ciudades derribadas y acobardadas por el miedo; y al final, la última ciudad fortificada de Galatsi. Aquí, los sueños de los habitantes eran fracturados y frenéticos, en la versión del Mundo Nocturno, la ciudad resplandecía con explosiones de temeroso color. Nadie descansaba tranquilo aquí esta noche.
La bandera del dragón y un guerrero negro armado con una cresta de pluma roja, comenzaron a aparecer con más frecuencia en las estrechas calles mientras Sasuke avanzaba hacia el centro de la ciudad. La figura oscura parecía estar en todas partes a la vez: y lo estaba, ya que Kiba había invadido las mentes de los residentes de Galatsi tan firmemente como había invadido su ciudad y su país.
Sasuke se detuvo en un tejado embaldosado y extendió sus sentidos, escogiendo cuidadosamente su camino a través de las emociones sexuales de las mujeres que soñaban en la ciudad. Sus deseos interiores se elevaban como cien voces susurradas desde sus oscuras casas; susurros de amor y odio, de miedo y aborrecimiento, de deseo y resentimiento. Cualquiera fuese la emoción que ellos le murmuraban, en su base había un deseo sexual insatisfecho.
Una voz le gritó más fuerte que todas las demás: alguien herido y perdido, y aterrorizado hasta sus mismas entrañas. Era el susurro de una inocente que había sido tomada contra sus deseos. Lo había escuchado cien mil veces antes, a lo largo de los siglos, y tuvo la sospecha de que ese grito de desesperación era su camino hacia Kiba.
Siguió el rastro de las emociones a través de la ciudad y hacia una gran casa-esquina, con paredes de piedra cubiertas de estuco, las ventanas con sus cuatro paneles cerradas fuertemente durante la noche. Se deslizó fuera del plano del Mundo Nocturno y entró en el de los hombres, donde ahora todo era sólido y real, y era él el que no tenía sustancia. Se adhirió a la pared externa de una de las ventanas, en donde aún ardía el suave brillo de una vela y observó detenidamente el interior.
Kiba estaba dormido en la cama en la habitación, abrazando a una joven mujer rubia, su brazo y pierna atrapándola con fuerza mientras dormía. La muchacha -de no más de quince años, quizá más joven- tenía los párpados hinchados, enrojecidos de alguien que había llorado hasta quedarse dormido. Su boca se veía enrojecida e hinchada por los desacostumbrados besos, sus hombros encorvados como si un pequeño movimiento pudiera romper su relativa libertad del toque de Kiba.
Sasuke pasó silenciosamente a través del delgado cristal de la ventana, el sólido material enviando un ramalazo de dolor a través de su cuerpo, pero sin dañarlo de otra forma. Con un golpe de sus alas voló a lo largo del cuarto y se colocó encima de uno de los postes a los pies de la cama: un ángel encima de la cabeza de un alfiler. Miró fijamente a la pareja que dormía con algo menos que divinos pensamientos.
Kiba parecía tan decidido y hambriento en su sueño como lo hacía cuando estaba despierto. Estaba más delgado que la última vez que Sasuke lo había visto, el año anterior, pero se veía más fuerte debido a ello. El hombre prosperaba gracias a la guerra.
Sasuke también sospechaba que Kiba prosperaba gracias al engaño. La victoria final de Kiba había sido clara hacía un año, pero el hombre había insistido que aún no estaba seguro, Moldavia aún no estaba firmemente bajo su dominio, y Sasuke tendría que esperar por su recompensa.
Había esperado mucho tiempo. Demasiado tiempo. La paciencia podría haberlo vuelto loco, ya que había descubierto más temprano esa misma noche, que Karin había sido convertida en una humana por Mei, condenada a servir como una esclava a un príncipe tullido que había entrado inexpertamente en la magia: nada menos que Naruto Uzumaki, el hombre al que habían prometido a Hinata.
Mientras nadie en el Mundo Nocturno conocía lo que Karin había hecho para merecer un castigo tan horrible como ser convertido en un esclavo humano, Sasuke sabía que el sueño que Karin había enviado a Neji debía ser la raíz de ello. Si ella hubiera mantenido su boca cerrada del por qué había enviado el sueño a Neji, entonces Sasuke podría haberla salvado. Pero si le hubiera dicho a Mei que Sasuke la había metido en el asunto... Mei vendría por él muy pronto.
Tenía el desagradable presentimiento de que una cadena de acontecimientos había sido puesta en movimiento y se estaba saliendo de control, y que tendría que correr una frenética carrera para ponerse al corriente y tomar su lugar si alguna vez quería gobernar como un rey sobre la tierra. Quizá era ya demasiado tarde.
Sasuke se deslizó del poste de la cama, aterrizando ingrávidamente, sus pies desnudos no hicieron ninguna mella sobre el colchón. Estaba a punto de intentar algo que nunca había hecho antes, y que nunca haría, si la desesperación no lo hubiera empujado hasta borde.
Había pasado un año desde que Kiba había creado un círculo de convocación. Sin uno,
Sasuke no tenía ningún modo de hablar directamente al hombre. Y sin Karin, no podía entrar en los sueños de Kiba por su poder. Si hubiera un cuerpo muerto fresco sobre el que yacer, podría haber sido capaz de poseerlo y decirle unas palabras a Kiba. Sasuke había oído de jóvenes y dañinos demonios que reanimaban a los muertos y los enviaban a los cementerios para asustar a la gente. Era el tipo de maldad que conseguía que las alas de un demonio se quebraran en castigo. Ya que no había ningún cadáver a mano, a Sasuke le quedaba solo una opción.
Giró su mirada fija hacia la muchacha dormida tan fuertemente entrampada en el apretón de Kiba. Bondadosos Dioses de la noche, esperaba estar a la altura para esto. Se agachó delante de ella y puso su mano sobre su frente.
Instantáneamente estuvo en su mente, en el centro de un torbellino de emociones. Todo alrededor de él eran destellos brillantes de acontecimientos recientes, abrumando a la muchacha incluso mientras dormía. Kiba era lo principal en sus pensamientos, lo más grande en la vida, más fuerte de lo que cualquier hombre humano podría ser, y la dominaba con una falsa ternura que apenas ocultaba el hambre brutal bajo ella. Los pocos destellos que Sasuke vio de la familia de la muchacha estaban atados a un sentido profundo de vergüenza: anhelaba estar en medio de ellos, aun cuando temía que ellos nunca la aceptaran de vuelta después de lo que le habían hecho. La encontró escondiéndose en una oscura esquina de su mente, encogida en posición fetal, sus brazos rodeando su cabeza. Estaba sollozando suavemente con un sonido más allá de la esperanza.
Sasuke sacudió la cabeza. Qué maldito y quemante lío había hecho Kiba de la muchacha.
Podía sentir los ecos de las emociones de ella, y estos le hicieron sentirse enfermo.
Mientras exploraba su mente, sentía como si el ataque de Kiba hubiera sido sobre él. Quería hacerla sentir mejor por su propio bien. Era como si las necesidades de ella fueran picores que él tenía que rascarse.
Sasuke sabía por las miles de otras de mujeres atacadas que había conocido, que la muchacha tendría tiempo suficiente para disfrutar del sexo durante los años por venir. Los íncubos le harían visitas regulares, intentando reponer con sueños algo de lo que había sido destruido en el espacio de una sola hora de vigilia. Ellos existían para asegurar el apropiado funcionamiento psíquico sexual, y veían los crímenes como el que Kiba había cometido del mismo modo que un artista podía ver a alguien untando de pintura negra por todos lados una de sus obras.
Peor, esta había sido la primera vez que un hombre había tocado a la muchacha. Kiba la había usado para alimentar su apetito infinito de carne virgen. Indudablemente, ahora que la muchacha había sido usada, él la abandonaría como un hueso de pollo para que los perros lucharan por él. Sasuke se preguntó si Kiba tenía la misma cosa en mente para Hinata.
El pensamiento le molestó, más de lo debería hacerlo. Solo había visto a Hinata una vez; no tenía ninguna conexión con la muchacha desde entonces, y ningún corazón para preocuparse por que le sucedería a ella. Ella era una cosa rara, extraña a la naturaleza, debido al modo en que ella había estado tan tranquila y le había hablado tan claramente.
Espontáneamente, el pensamiento explotó en su mente, antinatural o no, ella será mi esposa. Con el pensamiento vino una corriente de posesividad, sorprendiéndolo con su ferocidad.
Ella sería suya. No importaba lo que ella fuese, extraña o no, bruja o no, estaba destinada a pertenecerle, y esto la hacia digna de un poco de cuidado.
Aunque nunca hubiera pensado en ello antes, quizá esta era la razón de que se hubiera mantenido en su mente durante esos años pasados, que se arrastrara en sus pensamientos cuando menos lo esperaba. Ella sería suya, y de nadie más. Nunca había tenido alguien propio antes, ni siquiera la promesa de eso, y de pronto Hinata había formado un refugio de fascinación en su mente, tentándolo a comprobar su crecimiento hacia la feminidad. Nunca lo había hecho, pensó y comprendió ahora que quería ser sorprendido por la adulta Hinata, cuando la volviese a ver.
Sacudió su cabeza, horrorizado de sí mismo. ¿Cuándo se había convertido en alguien tan suave y propenso a las fantasías románticas? Hinata no importaba. Estaría mucho mejor si conseguía que Karin poseyera el cuerpo de Hinata.
Centró su atención de nuevo en el presente, y en la muchacha que dormía tan inquietamente en los brazos de Kiba. En la mente de la muchacha, Sasuke encontró un recuerdo de su querida abuela, y usó la imagen de la anciana para acercarse a ella.
—Querida, soy Nana —la anciana tocó a la muchacha en el tembloroso hombro.
—¿Nana? —un rostro lleno de lágrimas apareció debajo de los brazos.
Sasuke sintió el anhelo de la muchacha por el consuelo, la aceptación y la seguridad y le otorgó lo que ella quería.
—Querida, sé lo que ha pasado. Ven, déjame abrazarte —la anciana abrió sus brazos.
Su nieta cayó en ellos, metiendo su cara contra el suave pecho, sus brazos la apretaban firmemente.
—Todo estará bien —dijo Nana, acariciando el pelo de la muchacha.
—Haz que todo vaya lejos —susurró la muchacha—. Déjame morir.
—Shh, shh..., eres demasiado preciosa para morir. Pero durante un corto tiempo, si quieres, podemos dejar a alguien más estar en tu cuerpo. No tienes que estar aquí, con ese horrible hombre. ¿Te gustaría eso?
La muchacha asintió con ferocidad.
—Todo lo que tienes que decir es, «Sasuke, entra». ¿Puedes decirlo? Dilo, y puedes sentarte segura conmigo, y no sentirás el brazo y la pierna del maldito hombre sobre ti. No lo sentirás tocándote.
—Sasuke, entra —susurró la muchacha.
La falsa Nana condujo a la muchacha a una esquina tranquila de su mente, aislada y segura, y la meció en sus brazos. Por un momento, un espacio vacío se propagó sobre el caos emocional en la mente de la muchacha. Este era el espacio que esperaba Sasuke para brincar hacia él. Vaciló, no del todo seguro de que esto fuese a funcionar.
Era la primera vez que intentaba lo que estaba a punto de hacer. Estaba prohibido tomar posesión de un cuerpo humano; pero incluso más, nunca había querido poseer el cuerpo de una mujer. Después de todo, él era un demonio, más aún, era un demonio masculino, sin ningún deseo de ser femenino. Era bastante malo que el único deseo sexual que pudiese sentir fuera el de las mujeres mientras dormían. Él no quería ser una de ellas tampoco.
Apretó los dientes. No había nada más que hacer, salvo intentarlo.
Sasuke fluyó en el espacio vacío en la mente de la muchacha. Su visión del cuarto donde Kiba y la muchacha dormían se veló, relumbró y torció, y se sintió cayendo dentro de la muchacha.
Un instante más tarde, todo lo que veía era oscuridad. Su cuerpo se sentía grotescamente pesado, y como si estuviera atado por grandes cintas. Su entrepierna palpitaba de dolor, incluyendo algo dentro de su cuerpo, y los músculos por todas partes de su cuerpo estaban estirados y dolían. Entonces algo absorbió un caliente y resoplante aliento al lado de su oído, un sonido ruidoso como un címbalo.
Sus ojos se abrieron. Miraba de reojo al dormitorio en penumbra, una almohada aplastada debajo y alrededor de un lado de su rostro. El calor presionándose contra su trasero cambiado, una de las cintas que apretaba su cuerpo, y un estremecimiento profundo y horrorizado pasó a través de él. Estaba en los brazos de Kiba. Kiba apretó su pecho. Sasuke gimoteó.
Kiba se movió otra vez y comenzó a rodar sobre su espalda, y mientras lo hacía, Sasuke sintió algo grueso que era empujado en su nuevo cuerpo, su carne quemaba y picaba mientras la cosa se alargaba. Un nudo se apretó detrás de la garganta de Sasuke cuando comprendió lo que era: el pene de Kiba. Bondadosa Diosa de la Noche, tenía un pene en su interior. Hizo un sonido húmedo cuando Kiba rodó lejos de él, y Sasuke gorjeó de repulsión.
¿Cómo lo soportaban las mujeres? ¿Cómo?
Se inclinó en el borde de la cama y tosió, intentando librarse de las náuseas. Sus experiencias al sentir la pasión y la liberación de una mujer mientras soñaba no eran nada, nada como estar en el cuerpo de una mujer real. Estrellas y luna del cielo, no era nada asombroso que los íncubos estuvieran tan ocupados. Esto era horrible.
—Vuelve aquí —dijo Kiba, su voz gruesa. Empujó la cadera de Sasuke, haciéndolo rodar hacia atrás del borde de la cama—. Tengo algo grande para hundir en ti —comenzó a empujar a Sasuke hacia su ingle.
Sasuke intentó resistirse a la presión de las manos de Kiba, pero el cuerpo de la muchacha estaba demasiado débil y agotado. Para su horror, se sintió empujado hacia abajo, el vello de las piernas de Kiba arañó su piel y un olor a almizcle se elevó hasta encontrar su nariz.
La rodilla de Kiba sin ninguna delicadeza golpeó el pecho de Sasuke, el hueso nudoso se clavó en su nueva y suave carne.
Y luego sintió esa cosa empujar contra la parte inferior de su mandíbula, y sintió el calor húmedo, fláccido de los testículos de Kiba contra su clavícula.
—Abre, querida —dijo Kiba—. Te gustará tu primer sabor de hombre.
Sasuke levantó su mirada. Kiba tenía las almohadas apiladas detrás de su cuello, así podía mirar mientras la muchacha le proporcionaba placer. Los enormes oscuros ojos del hombre brillaban con el placer de la anticipación.
Sasuke separó los labios.
Kiba rió indulgentemente.
—Ya no gritas más. ¿Eres una muchacha mala, verdad? Yo sabía que tenías un poco del diablo en ti —él inclinó sus caderas, dando un golpe a Sasuke bajo la barbilla con el eje de su pene—. Continua.
Sasuke curvó sus labios por sobre sus dientes, luego los cerró ligeramente un par de veces, para acostumbrarse a su funcionamiento. Un primer atisbo débil de perplejidad apareció entre las cejas de Kiba.
—Tienes razón —dijo Sasuke, y se sobresalto al oír su propia voz profunda salir de la boca de la muchacha—. Realmente tengo el Diablo dentro de mí, y tiene dientes fuertes —sonrió abiertamente cuando vio los ojos de Kiba ensancharse por la sorpresa—. No deberías permitirles estar así de cerca de carne tan sensible.
Sasuke levantó su cabeza, abriendo ampliamente su boca, luego se zambulló hacia los testículos de Kiba. Sus dientes cogieron el borde de uno de ellos, pellizcándolo con fuerza antes de que este se deslizara hacia un lado. El grito de Kiba sacudió las ventanas, y sus manos agarraron el cabello de Sasuke, intentando alejarlo débilmente. Pero cada tirón significaba un tirón en el saco de Kiba, todavía atrapado por los dientes de Sasuke.
Kiba golpeó a Sasuke en un lado de la cabeza y él le dejó ir, rodando de la cama antes de que Kiba pudiera golpearlo otra vez. Además, no quería hacer demasiado daño al cuerpo que pronto debería ser suyo.
—Es tan agradable verte otra vez, Kiba —dijo Sasuke, levantándose—. ¿Reconoces mi voz?
Kiba estaba a un lado de la cama, encorvado sobre sí mismo con una mirada de agonía en la cara. Ahuecaba su entrepierna herida con una mano buscando su espada con la otra, todo el tiempo manteniendo sus amplios y asustados ojos sobre su compañera de cama.
—Es tu viejo amigo, Sasuke —continuó.
Los ojos de Kiba se abrieron más. Sasuke se preguntó si tanta amplitud no haría una herida a las órbitas de los ojos del hombre.
Hubo un golpe en la puerta y ruidosas voces, alertadas por el grito de Kiba.
—¡Mi señor! ¿Esta usted bien? ¡Mi señor!
—¡Márchense! —chilló Kiba, sonando ligeramente menos profundo que un hombre—. Fue el grito de la moza lo que escucharon. ¡Retírense!
Hubo vacilación y el sonido de pies, y luego:
—Sí, mi señor —los pasos se alejaron.
Sasuke sostuvo sus nuevos pechos en sus manos y tiró de ellos hacia arriba y abajo.
—Huh. Son pesados —sintió algo en su boca, atrapado entre dos dientes. Paso su lengua por ello, luego introdujo sus dedos, lo sacó y lo examinó. Su estómago se revolvió cuando vio que era uno de los vellos púbicos de Kiba. Lo escupió en el suelo, intentando limpiar cualquier rastro que quedara de su boca—. ¡Puf! Deberías hacer un mejor trabajo lavándote ahí, Kiba. Es indeciblemente grosero empujar la cara de una muchacha en un desastre así y esperar que ella disfrute de ello. Además, quiero cosas limpias cuando las tome.
—¿Qué haces aquí? —preguntó Kiba, su voz tan fría y dura como un río congelado, resquebrajándose con la tensión.
—Yo creía que ya conocerías la respuesta a eso —Sasuke sintió algo caliente rezumar entre sus muslos. Alarmado, los separó ligeramente y tocó entre ellos. Sus dedos tocaron una humedad pegajosa, los sacó y los miró. Había un fluido brillante, viscoso sobre ellos, con tintes de rojo—. ¡Ah!, el Alba te lleve, Kiba. No era suficiente mal hacerle daño a la muchacha, ¿Tenías que dejar tu semilla en ella, también? —Sasuke limpió sus dedos sobre el cobertor, repugnado de que la semilla de Kiba estuviera en él en ese momento. Podía sentir más deslizándose por sus muslos. Arrebató una ropa del piso y comenzó a restregarla en sus muslos
—Esa es mi camisa —dijo Kiba rígidamente.
—Lo que llevas es tuyo, también. ¿O es mío, ya que tu cuerpo es mío? Porque es hora de pagar, Kiba Draco —Sasuke se levantó muy erguido y lanzó la camisa manchada sobre la cama—. Tu posición es tan segura como nunca lo será. Moldavia esta casi derrotada.
—¿Casi ese es el punto clave, verdad? —Kiba usó su espada para recoger la camisa manchada y lanzarla a una esquina. Con estudiada despreocupación, recogió su túnica y comenzó a ponérsela.
Sasuke sospechó que Kiba no estaba cómodo con su propia desnudez. Echó un vistazo a la fláccida virilidad de Kiba y levantó una ceja desdeñosa.
—Estoy sorprendido de que realmente puedas hacer tanto daño con eso.
—¡Tú mordiste a los muchachos! Desde luego no luce en su mejor forma —se quejó Kiba, poniéndose la túnica y cubriéndose.
—Espero que eso sea todo. Me gustaría usar algo de mejor tamaño durante mis tres días en tu cuerpo —se preguntó si había algún ejercicio que los hombres mortales pudieran hacer para mejorar las cosas. No había pensado detalladamente antes sobre lo que significaría eso, cambiar su propio cuerpo del Mundo Nocturno por el de Kiba. Un pene de tamaño mediano no podía ser el único defecto. ¿Qué si tenía mal aliento, o gusanos? O que si...—. No está enfermo, ¿verdad? —preguntó con repentina preocupación.
—No —dijo Kiba con frialdad.
¡Gracias a la diosa por eso!
—¿Cuándo vas a finalizar lo que empezaste? Podríamos hacerlo ahora mismo.
—Se me hace bastante difícil discutir cualquier cosa contigo mientras estás en el cuerpo de esa muchacha. ¿Está ella todavía allí contigo? —cuando Kiba habló, sus ojos se desviaron hacia una segunda puerta en el cuarto.
—Ella está bien —Sasuke, también, miró la puerta. ¿Quién estaba en el cuarto contiguo?
Cualquier ayuda que Kiba parecía esperar, no se materializó—. Ella esta probablemente mejor por esto, considerando por lo que ha pasado.
—No pretendas ser superior a mí, demonio. Harías lo mismo a las muchachas si tuvieras la posibilidad. Hay pocos placeres que se comparen con el hundirse en el pasaje de una virgen apretada, fresca, sabiendo que nadie ha estado allí antes.
Sasuke resopló. Kiba parecía inconsciente de que el poder estaba en traer a una mujer más placer de lo que alguna vez se había imaginado que fuera posible, y hacerla rogar por más.
Hundirse en cualquier muchacha desvalida no era señal de un hombre confiado, viril. Era más la señal de uno demasiado débil para admitir que no tenía ninguna habilidad como amante.
—Déjame dibujar un círculo de convocación —dijo Kiba, su mirada fija desviándose otra vez a la puerta que contigua, su boca apretada con molestia impaciente. Fue hacia una mesa cubierta con mapas e instrumentos para escribir, inclinándose sobre ellos con sus nalgas rebotando sobre el bajo de su túnica, sus testículos sueltos y oscuros debajo. Sus nalgas estaban cubiertas de pelo. Sasuke suspiró con el pensamiento de que en la especie de los monos sería lo mismo. Al menos Kiba tenía una cara hermosa.
Kiba busco alrededor de los artículos sobre la mesa hasta que encontró un trozo de tiza.
—Realmente no podemos discutir esto contigo en el cuerpo de esa muchacha. ¿No preferirías entrar en el círculo? Puedo hacerlo justamente aquí —se agachó y comenzó a dibujar.
Algo que Kiba había dicho sobre la muchacha resonó en tardía advertencia en la mente de Sasuke.
—¿Y si yo tuviera la posibilidad de hacer lo mismo a una muchacha?
Kiba alzó la vista de su tarea con una sonrisa zalamera.
—Estoy seguro que lo harás, cuando termine mi negocio —caminó como un pato con unos pasitos cortos canturreando alrededor de Sasuke, su trozo de tiza dibujando un círculo, su pene casi tocando el suelo.
Sasuke dio ágilmente un paso atrás, sus pechos rebotaron, no confiando en lo que Kiba preparaba. Un círculo de convocación era un camino para que ellos hablaran el uno al otro sin este negocio de poseer un cuerpo, pero si contestaba, eso también atraparía a Sasuke en el círculo hasta no ser liberado por el que le convocaba.
—Terminemos con nuestro negocio ahora. Todo lo que tienes que hacer es invitarme a entrar en tu cuerpo.
—Las batallas aún no están terminadas, todo podría irse al diablo todavía —Kiba hizo una pausa en su dibujo y se rascó las pelotas.
Sasuke frunció el ceño. ¿El humano tenía bichos?
—Te estás evadiendo.
Kiba intentó ponerse cerca de Sasuke otra vez con su trozo de tiza, y otra vez Sasuke dio un paso lejos. Las ventanas de la nariz de Kiba llamearon con molestia, y luego abandonó la tiza y se puso de pie, su expresión oscura.
—El hermano de Hinata, Neji, reúne sus fuerzas y se dispone a atravesar el Paso de Tihutsa en el norte. Limpiará su camino hacia la capital de Suceava, y luego, juntos, aplastaremos todos los restos de resistencia en Moldavia. Si Neji no tiene éxito, entonces... —Kiba se encogió—. Así que, no todo está resuelto aún.
—No tienes nada que hacer ahora, solo esperar a Neji. Le tomará más de tres días abrirse camino a Suceava.
—Nuestro enemigo Minato, piensa que Neji está en el sur conmigo. Él no espera que un ejército atraviese las montañas. Debería ser una victoria rápida y fácil.
—De todos modos tienes al menos tres días. He estado esperando durante seis años, aceptando cada una de tus tardanzas. El tiempo para aplazamientos se terminó.
—Seguramente puedes esperar unas semanas más. ¿Que son unas semanas para un demonio inmortal? Diviértete en el cuerpo de esa muchacha un ratito si estás tan impaciente por ser humano.
—El trato era que tendría tu cuerpo. Me estas aplazando, Kiba —dijo Sasuke con mucha más calma de la que sentía. ¡El bastardo mentiroso! No tenía ninguna intención de dejar a
Sasuke poseer su cuerpo. Podía verlo en el cambio en los ojos de Kiba—. Comienzo a preguntarme si tienes alguna intención después de todo de completar nuestro acuerdo. No me gustaría tener que actuar en mi amenaza contra Hinata.
Una risa astuta encorvó los labios sensuales de Kiba y su mano cubrió su boca, frotando sus costados como si acabara de recordar que tenía pedazos de alimento metidos entre ellos.
—No, yo no querría que hicieras eso.
—No me gustaría tener que poseerla, tal como tengo a esta muchacha —dijo Sasuke—. ¿No quieres que tu Hinata levante sus faldas a cada hombre al que vea, verdad? Puedo extender sus piernas para uno y otro, hasta que ella este tan usada y enferma como una puta callejera —Sasuke se inclinó y meneó las nalgas desnudas de la muchacha hacia Kiba, luego le dio una tímida mirada, de "ven aquí chico" por sobre su hombro.
—No harás eso —dijo Kiba, con más calma de la que le estaba garantizada.
—Lo haré. Tu tiempo se acabó.
Los ojos de Kiba cambiaron, mirando otra vez con un rápido destello de furia la puerta cerrada.
—Dame hasta mañana por la noche. Debo poner mis asuntos en orden. Debo aclarar a mis generales que descanso y que no estaré para tomar decisiones. Entiendes que no puedo dejarte comandar mis ejércitos o cambiar mis proyectos.
Sasuke cruzó sus brazos bajo sus pechos. Lo que Kiba decía tenía sentido, pero no creía una palabra de ello. Kiba esperaba encontrar tiempo para hallar una salida al trato. Él también parecía mucho más optimista sobre la posible amenaza a Hinata de lo que debería estar. Estaban ocurriendo mas cosas aquí de las que Sasuke era consciente, y quería saber qué era. Preguntarle a Kiba no sería de ninguna manera el modo de encontrar las respuestas. Sería mejor, quizá, que tomara el tiempo extra que Kiba pedía para averiguar que lo hacía estar tan confiado.
—Mañana por la noche, entonces —estuvo de acuerdo Sasuke—.Si...
La sonrisa de satisfacción de Kiba se congeló como un niño cogido robando.
—¿Si?
—Esta muchacha —dijo Sasuke, gesticulando hacia sí mismo—. Págale bien y envíala a casa sin el más remoto daño. Has arruinado sus posibilidades de un buen matrimonio. Dale una dote para compensar la pérdida de su virginidad.
Kiba se encogió.
—Así sea.
Sasuke adivinó que Kiba estaba demasiado complacido por el indulto que se había ganado como para argumentar sobre unas monedas de oro. Sasuke se debatió un momento acerca de si acaso no debería dejar el cuerpo de la muchacha para espiar a Kiba y quienquiera que estaba detrás de aquella puerta.
Pero no; debería quedarse en posesión de la muchacha hasta que ella fuera a casa otra vez, asegurándose de que ningún daño le ocurriese. Haría lo poco que podía para embotar sus recuerdos de esta noche en su mente, plantando sueños del placer que podría haber obtenido con un compañero atento. Eso no haría que esta noche se fuera, pero al menos las semillas de esperanza estarían allí para algo diferente. Era lo menos que podía hacer, en agradecimiento por dejarlo usar su cuerpo para hablarle a Kiba.
También dejaría en su mente un recuerdo, el más vívido de todos, del grito de Kiba de agonía cuando sus dientes se hundieron en sus pelotas.
La persona detrás de la puerta podía esperar hasta mañana por la noche. Había mucho tiempo para el espionaje, y había alguien que necesitaba que ver incluso más. Realmente, había estado esperando seis años para eso.
…
