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Sentado sobre su lecho, Evening Flash podía apenas contenerse. Lo había hecho demasiado tiempo, pretendiendo no saber nada y observar todo con ignorancia mientras la emoción palpitaba desenfrenada en su pecho.
¡La Torre Perdida del Palacio de Canterlot! ¡La había hallado, tal como la leyenda contaba, cerca de la cima del Pico de Rayo!
Con sus ojos desorbitados miró en torno suyo nuevamente con emoción, como para comprobar que la visión no perdía realidad y se desvanecía como un sueño. Pero no era así. Las ajadas paredes decoradas con cenefas seguían ahí, flanqueadas por delgadas y ricas columnas que sostenían hermosos y abovedados techos.
Todo estaba ahí, todo era real, y mucho mejor que en el relato.
Y es que Flash siempre estuvo receloso sobre la parte que hablaba acerca de las portentosas riquezas del palacio de Canterlot, no pudiendo imaginar una cantidad de oro y gemas tan desbordante que realmente fuera más valiosa que todos los demás tesoros de Equestria Fragmentada juntos.
¡Pero en realidad era así! Los platos y vasos, la madera de las mesas, la tela de las cortinas y el mármol de las paredes… todo era valioso y tan cuidado que cada centímetro del palacio debió haber sido tallado por un maestro orfebre.
Sin mencionar a las Doncellas Inmóviles, aquellas sirvientas mecánicas que, como si el estar hechas de oro y joyas no las hiciera ya de por si valiosas, eran una maravilla, piezas únicas creadas por las hábiles manos de un genio loco muerto.
¡Y lo mejor es que aún no había visto nada!
La mayor parte de la torre quedaba aun sumida en misterio para él. ¿Qué maravillas se ocultaban bajo las sabanas del estudio? ¿Qué tesoros estaban esperando por él en las habitaciones aun cerradas?
La curiosidad le carcomía el cerebro intensamente mientras que sus cascos estaban que ardían de deseos por meter sus piernas delanteras hasta las rodillas en esos inimaginables tesoros.
Pero de seguro todos y cada uno de ellos, el castillo entero incluso, palidecían y perdían su valor como simples bagatelas en contraste con el mayor de los hallazgos que se ocultaba en ese misterioso y oscuro lugar.
Sí. Debía ser real. Si la realidad había probado superar a la leyenda a tal magnitud hasta ese momento, el resto también debía ser real, y que más comprobación necesitaba Evening Flash, sino el hecho de que ChromeStrike le negara la entrada a ese recinto en especial. Poner prohibiciones sobre cuartos en específico es como señalarlos con una X en un mapa de tesoros.
Debía ser cierto. Esa habitación debía contener el mayor de los tesoros, la epitome de las gemas mágicas, la virtualmente inacabable fuente de poder mágico más grande de todo el mundo. El Elemento de la Armonía, la Corona Purpurea de la Magia.
En la mente de Flash podía verse a sí mismo obteniendo la corona, sujetándola en sus cascos… y una vez que la tuviera… ¿Qué no haría con ella? Tal vez sería capaz incluso de remediar el mundo, de arreglarlo y volverlo a su antigua gloria. Una Nueva Equestria Restaurada de la que él sería rey sobre todoponi.
No debía abrumarse. No debía tardar. Se levantó de la cama, comprobando aun lo adolorido de su pierna, comprendió que tendría que usar la incómoda muleta todavía, pero eso no le impediría llevar acabo su saqueo. ¿Saqueo? Siendo como estaban las cosas, sacar esos tesoros sería casi una misión de rescate.
Dentro de la bodega que le servía de dormitorio provisional, comenzó a caminar dando vueltas por un lado y por otro buscando algo que le pudiera ser de utilidad. Abrió cajones, vació armaros, volcó libreros y comprobó que, en efecto, no había nada útil y de valor en esa sala, solo trastes feos e inútiles, como si hubiera sido el basurero del palacio. Incluso, uno de los libros colocados sobre las estanterías desentonaba completamente con su entorno. Era grande, viejo y empastado a casco, con dos duras y pesadas pastas de solida madera roja rematada con piezas de metal oxidado. Un incomprensible símbolo figuraba en la parte de enfrente. Lo miró con despreció y lo lanzó fuera como a un pedazo de basura.
No fue sino que abrió una enorme caja de madera, similar a un cofre que encontró una vieja hacha aun con filo. La tomó con la boca y se dispuso a subir las escaleras hacia el pasillo.
Trato de caminar lo más silencioso posible, acostumbrado ya a moverse haciendo uso de su muleta y aferró fuerte el mango del hacha que esgrimía con los dientes, manteniéndola lista para poder aplicarla con fuerza de ser necesario.
Caminó por el pasillo sumido en tinieblas. No tenía ni idea de que hora podía ser. Desde que despertó en el interior de aquel palacio no tenía idea del tiempo. Debieron pasar alrededor de cuatro horas desde la cena y Evening ya se sentía en condiciones para retomar su aventura.
¡Que fortuna! ¡Su anfitrión había tenido el comedimiento de sanarlo, cuidarlo, alimentarlo y señalarle en donde encontraría el tesoro!
No había visto en qué dirección había marchado ChromeStrike hacia sus aposentos, pero en la tremenda enormidad del recinto, de quien tenía que preocuparse era de las Doncellas Inmóviles. ¿Dónde dormirían? Pero antes que nada, ¿necesitaban dormir? No sabía que tan agudo debía ser su sentido del oído, pero sabía que respondían a estímulos auditivos.
Pasó frente a la puerta del comedor, que se encontraba cerrada y sin velas ni antorchas encendidas, la total penumbra, como la de una profunda caverna fue lo único que pudo ver.
Todo estaba sumido en un silencio de muerte, al grado de que pronto comenzó a notar el sonido de sus silenciosos cascos sobre la alfombra, y la madera del bastón que sostenía su pierna derecha delantera crujir bajo su peso. Comenzó a escuchar el aire de su aliento entrando y saliendo de sus pulmones y los latidos de su corazón emocionado. Hasta el más mínimo ruido comenzó a escuchar y le parecía que jamás en su vida había estado en un lugar más silencioso.
Pero entonces, otro sonido, comenzó distante y a lo lejos, tan discreto que Evening pensó que debía estar en su mente, pero tan pronto el sonido comenzó a crecer y acercarse, el poni supo que definitivamente algo se movía por el castillo en su dirección.
La oscuridad completa lo cubría y solo dependía de su oído para defenderse. La alfombra del pasillo comenzó a sonar, apretada bajo lo que parecían pisadas suaves pero firmes y entonces el ruidillo se intensificó.
Tick, tick, tick, tick, tick, tick, tick, tick, tock, tick, tick, tick…
Flash aguanto la respiración prestando atención al sonido, esperando que estuviera lo suficientemente cerca, pero no demasiado cerca.
Tick, tick, tick, tick, tick, tick, tick, tick, tock, tick, tick, tick…
Estaba casi detrás de él, debían ser solo unos pasos. Se movía rápido y parecía que solo rosaba el piso mientras caminaba de lo suaves que era su andar. Apretó el hacha con los dientes. Solo tenía una oportunidad.
Tick, tick, tick, tick, tick… ¡BLAM!
El golpe fue devastador. El hacha se incrusto en el origen del sonido, quedando tan hundida en él que quedo firmemente sujeta en su sitio, lo que obligó a Evening Flash a soltarla cuando, sea lo que sea que hubiera golpeado cayó hasta el suelo inmóvil.
Tick, tick-tick, tick, tock… Tick, tick-tick, tick, tock… Tick… tick-tick… tock…
El sonido cesó. Flash busco el mango con su casco, y encontrándolo, lo aferro nuevamente de una mordida, y apoyándose fuertemente con su pierna delantera sana, tiró del hacha con toda la fuerza que su cuerpo le daba. La presión fue tal que el arma cedió, pero también el objeto en que estaba incrustado, y fue a rodar suelto por el suelo amortiguando su sonido por la alfombra.
Eso había sido mucho ruido, tal vez no tendría mucho tiempo. Debía darse más prisa.
Caminó hacia la pesada puerta al final del pasillo y la abrió comprobando que, en efecto, no tenía cerrojo.
"Que fácil" pensó el poni cuando al abrir el portón, una intensa luz de color anaranjado emanó con intensidad del interior. Una gruesa escalinata espiral se abrió ante sus ojos y al momento en que dio su primer paso hacia arriba, miró hacia atrás para comprobar lo que había sospechado.
Iluminado por la luz flameante como de una hoguera que brotaba de aquella puerta, el cuerpo inerte de una de las Doncellas Inmóviles yacía destartalado en el piso. Su cuello vacío lucia extrañamente delgado, y la cabeza, abollada y deforme, casi partida a la mitad por el letal golpe, se había desprendido al momento en que el poni le arranco el hacha de la cabeza.
"Son más frágiles de lo que creí" se dijo para sí, al momento que se dispuso a subir el resto de la escalera. Y al cerrar la puerta, el pasillo volvió a quedar a oscuras, dejando en penumbra las ahora inútiles piezas del cuerpo de Diamond, cuyo cuerno no volvería jamás a brillar haciendo relumbrar las joyas purpuras de su dorado cuerpo.
La subida fue difícil. Los ojos del poni tardaron en acostumbrarse a aquel extraño resplandor que se intensificaba cada vez más conforme ascendía, y parecía emanar de las mismas paredes. Daba la impresión de que se internaba en el corazón ardiente de un horno, pues cerca de la cima, la luz se volvía insoportable y el calor hacia que Evening sudara a cantaros.
"No cabe duda… una magia tan poderosa no puede ser otra más que la de…" se dijo para sí tratando de no soltar el hacha por el calor, el cansancio y la intensa luz que le comenzaba a herir las retinas.
La escalinata se detuvo y al momento de llegar a la cima, el piso de mármol se terminó y fue reemplazado por un delgado enrejado de tubos de acero. Aquella enorme verja circular que servía de piso en la cima de la torre estaba igualmente mucho muy caliente y se veía de un color entre rojo y negro debido a la luz ardiente que parecía iluminar toda la estancia. Era una habitación redonda y sobre el muro había tres altas ventanas tapiadas. De debajo del enrejado se elevaba el sonido distante como del crepitar de una fogata, pero se oía distorsionado, estirándose y deformándose volviéndose similar a incomprensibles murmullos.
Sobre el centro de la reja y colgando de una gruesa cadena de metal, una dorada pieza de joyería brillaba como si estuviera dentro de un horno, y los ojos de Flash se abrieron mucho emocionados aun cuando la luminiscencia de alrededor lo volvía un acto doloroso.
Los cascos del poni caminaron por la ruidosa reja, haciendo sonar los delgados pero fuertes tubos que la formaban.
Al acercarse miró con atención a la joya que colgaba en la cadena y la analizó desconcertado. No era lo que él esperaba: no parecía para nada una diadema, pero ciertamente era dorada y de hecho, estaba incrustada con una joya, pero no era un hermoso diamante purpureo con forma de estrella como el habría esperado. No. Se trataba más bien de un collar y la gema en su centro estaba cortada en la forma de un relámpago. Él no lo sabía, pero se trataba de un rubí, pero para entonces, la joya ya no parecía serlo. En lugar de un brillante color rojo, la piedra era de color gris y se había vuelto opaca completamente, como si el brillo de la gema se hubiese muerto.
Sumido, estaba el poni en la contemplación de la joya, cuando una serie de rápidos ruidos lo hicieron reaccionar. Escuchó claramente como la puerta al pie de la escalera espiral se abría y como si un desfile de campanitas subiera a todo galope hasta el cuarto de la reja.
En segundos, delante de él, rodeándolo y bloqueando cualquier posibilidad de acceso hacia la escalera, se encontraban las otras tres Doncellas.
Las doradas estatuas móviles se plantaron sobre el enrejado, y con aquella luminiscencia como de forja, sus figuras normalmente hermosas y delicadas lucían aterradoras y terribles. El oro brillaba como el cristal pulido y los resplandores anaranjados y rojos las hacia lucir como si estuvieran hechas de fuego por dentro.
Evening Flash se dio la vuelta y las miró furiosamente con el mango del hacha aun entre los dientes. Lo mordió con fuerza hasta que las encías le dolieron, y dominó su miedo encarándolas y se dispuso a lanzarse en un ataque letal en contra de Amethyst, la unicornio dorada restante que se encontraba frente a él.
—¡Ya basta!
Una voz clara e imperativa llenó el recinto deteniendo todo movimiento. El poni de tierra alzó su mirada hacia arriba, hacia la fuente del sonido, pero en ese instante, de las alturas resplandecientes de la torre descendió la imponente y atlética figura de ChromeStrike.
—¿No has hecho suficiente daño ya? —dijo el pegaso plantándose de frente a su invitado que se aferraba ferozmente a su arma —¿acaso deseas multiplicar la gravedad de tu crimen?
—¿Crimen…? —respondió Evening con el hacha entre los dientes.
—Has asesinado a Diamond…
—¿¡Asesinado!? Esa cosa no estaba viva. Una pieza de relojería. No era una poni ¡Tú lo dijiste!
—Pero la has destruido, y ella no volverá a funcionar nunca más. ¿No lo ves? Destrozaste una pieza rarísima, irreparable y muy antigua. Como ella solo quedan tres más y no pueden fabricarse otras… mientras que ponis existen decenas, tal vez cientos de miles en el mundo y nacen más a cada momento. ¿Entonces… que existencia es más valiosa?
—¡Estas demente! —gruño el poni de tierra sintiéndose acorralado.
Y caminando hacia atrás, topó con el extremo opuesto de cuarto, frente a una de las enormes ventanas clausuradas.
—¿Te atreves a llamarme loco? ¿Osas juzgarme cuando tú, siendo mi huésped, has pagado mis atenciones y cuidados tratando de robar el collar de mi madre aun cuando te prohibí, de todo el palacio, está sola habitación? —Los ojos plomizos del pegaso se veían aterradores y terribles iluminados por la luz rojiza del recinto.
Desesperado de escuchar la acusación, Evening descargó un poderoso golpe de su hacha sobre la madera que obstruía la ventana. Uno más y las tablas cedieron mostrándole un desolador cuadro de afuera.
Oscuridad. Completa y total oscuridad. No había un solo rayo de luz afuera sino la que se colaba por esa misma ventana desde dentro de la habitación. No había objeto alguno que reflejara la luz y todo sonido se multiplicaba ahí afuera en un centenar de ecos, como en una descomunal y oscurísima caverna.
Los ojos del poni se desorbitaron no entendiendo nada.
—Se cómo son los ponis como tú. Los conozco. No eres el primero que viene corroído de curiosidad y desbordante de codicia. —dijo lentamente y con gravedad el pegaso.
Evening Flash volvió a mirarlo y en sus ojos resplandeció la desesperación de una bestia acorralada.
—Váyanse… —pronunció entonces el anfitrión, sin quietarle los ojos de encima a su invitado, y las tres yeguas doradas marcharon en ordenada procesión por las escaleras.
—Es… una verdadera lástima… —dijo entonces el pegaso, mirando con embeleso el collar que colgaba de la cadena, como si no hubiera un amenazante poni con un hacha en la misma habitación con él —el Elemento de la Lealtad, uno de los seis Elementos de la Armonía, que juntos y bien empleados, podrían ser descritos como los artefactos mágicos más poderosos de todo el mundo… yace ahora muerto y sin brillo… su luz se apagó hace años… tal vez porque en este mundo, la lealtad a muerto también…
»Este fragmento del palacio, este último refugio, ha descansado en esta profunda cueva guardando sus secretos y tesoros durante años. Ninguno solo de ellos había sido tomado o siquiera dañado hasta hoy. —comenzó ChromeStrike a hablar mirando a Evening Flash a los ojos desafiante —mientras el mundo de los ponis muere lentamente destrozado por un mal que fue traído precisamente por la curiosidad y la ambición de un solo poni… existe la justicia, porque todos los demás ponis sufren igualmente de la misma ambición y por eso es que su merecido castigo es sucumbir… lentamente en el Olvido…
Incapaz de sufrirlo un instante más, el poni de tierra se lanzó contra el pegaso esgrimiendo con furia el hacha, pero el ataque no dio en el blanco. Jamás daría. El más veloz movimiento de Evening era fácil de evadir para su oponente, como si ChromeStrike fuera capaz de verlo en cámara lenta.
—Ya ha sido suficiente de tus fechorías… no tendré mas atenciones contigo. Dejas de ser desde ahora mi huésped y mi invitado… ahora, muere como lo prometí… —fue lo último que escuchó Flash, al momento que las alas del pegaso se extendían completas revelando una infinidad de distintos colores de brillo metálico en sus plumas y el color de su cabello se transformaba en un arcoíris de tonos rojos, anaranjados y magentas.
ChromeStrike remontó el vuelo y al hacerlo, golpeo la verja del suelo en un punto específico con fuerza y esta cedió, dividiéndose por la mitad, girando sobre dos pares de goznes colocados especialmente para tal propósito.
Los ojos del poni se abrieron con horror al tiempo que sus pies perdían el soporte y lo hacían caer por un ancho ducto metálico.
Conforme caía, como resbalando por un tobogán, el acero que conformaba el tubo se iba volviendo cada vez más caliente y la misma luz que inundaba el recinto se fue volviendo más y más intensa, hasta que finalmente, nublado por el miedo, la mente de Flash comprendió que esa extraña luminiscencia no era obra del Elemento de la Armonía que yacía muerto y sin magia, colgado de una cadena.
No, algo mucho más maligno y terrible crepitaba murmurante en aquella profundidad infinita. Y es que el ducto por el que Evening Flash, el más desafortunado poni caza-tesoros que haya existido, le dirigía en un viaje inevitable y sin regreso hacia la Frontera del Olvido.
Conforme avanzara, el acero se volvería tan caliente que haría arder su pelaje y quemaría su piel, pero la pendiente sería tan empinada que iría casi en caída libre y nada podría ya detenerlo. La luz se volvería tan brillante que sus ojos se quemarían en su cara aun con los parpados cerrados, incluso antes de contemplar la gloria aterradora de la Frontera misma. La inmensa pared de fuego recibiría los quejumbrosos y dolientes restos del poni, solo para terminar de desintegrarlo de la faz del universo para siempre.
Y esos angustiosos segundos en que poco a poco, cabello a cabello, átomo a átomo, Evening Flash pasara a la Inexistencia, serian la experiencia más horrible a sufrir en el universo entero, pues su cuerpo iría destrozándose poco a poco, desapareciendo para siempre sin dejar huella como si nunca hubiera existido y el seguiría aún con vida para sufrir el dolor de perder una a una las partículas de su cuerpo hasta no quedar nada sino solo el retumbar sonoro de su último grito de dolor en las paredes del palacio perdido de la Hermosa Canerlot…
Un poco de tiempo despues, en el viejo estudio, los restos inhertes de Diamond irían a descansar junto con los de Spinel, cargados en las piernas gentiles de su amo, escoltado por Sapphire, Amethyst y Beryllium, sus amigas. Mientras tanto, el débil reactor mágico de Ruby aun racionaba la poca energía que le quedaba, permitiéndole ver de lejos, inmóvil en su frio trono, la fúnebre procesión.
Al final, el cuerpo magullado de la poni dorada descansó sobre la mesa, y con un potente soplido, ChromeStrike apagó la llama de su antorcha sumiendo el estudio, la torre, el palacio, la cueva y la montaña entera en la oscuridad perpetua de un mundo sumido en pavorosas tinieblas.
¿Qué es este extraño lugar, este infierno en la tierra llamado Equestria Fragmentada y que pasó en él antes de que la Cascara del Mundo se quebrara? Para conocer más acerca de este mundo, puedes leer "6000" fanfic por SanNanKnight, que es la Primera Crónica de Equestria Fragmentada.
