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– ¡Hans, te perdono! Esa es mi decisión.
La chispa de vida había regresado al hombre con esas simples palabras. Instantáneamente levantó la cabeza y las órbitas verdes se abrieron enteras en incredulidad mientras veía a la joven moverse grácilmente hacia una salida. "¡No!"
Todos los presentes habían sido tomados por sorpresa, les costó algunos segundos regresar a la realidad. –Y… ese fue el último testimonio, Su Majestad.
Las miradas aún perturbadas se postraron en la monarca que luchaba por mantener también la calma. – Gracias a todos por acudir. Todas sus palabras se toman en cuenta. – Iba pausada, pensando perfectamente cada palabra. – El dictamen de la sentencia se pospondrá hasta que analice todos sus testimonios con calma. Pueden retirarse.
La voz que había estado sellada explotó con toda la fuerza que quedaba en el ya cansado cuerpo. -¡No! ¡Cometí traición!- Los guardias lo sujetaron fuertemente llevándolo hacia la salida aunque él oponía resistencia. -¡No, no! – los gritos se fueron desvaneciendo.
Elsa miró una vez más hacia la Luna buscando tranquilizarse. Debía aceptar que la presión política la había desensibilizado un poco y que sólo su hermana, con aquel corazón enorme que la caracterizaba, fue capaz de recordarle que en ese juicio no se decidían impuestos, leyes o algo superficial, sino que se trataba de una vida humana en sus manos. Tenía que ser muy cuidadosa con el veredicto final.
Por otra parte, la había sorprendido demasiado la actitud de Hans. Aún no podía digerir la ingratitud que había mostrado ante la magnanimidad de Anna. "La gente no cambia".
La reina necesitaba descansar y, dejando abierta la salida a su balcón, se dirigió dormir. En esa cama que parecía enorme no cabían ella y todos sus pensamientos, se encogió lo más que pudo y trató de conciliar el sueño. Apenas cerraba los ojos y la primera imagen en su mente era el príncipe perdonado, con aquella desesperación que había salido del Gran Salón, y casi podía seguir escuchando su voz llamándola, reclamándole aún en sueños.
Siempre recordaría esa tibia noche de fin de verano porque fue la primera vez que él estuvo presente en su mente todo el tiempo.
