-Ahora vuelvo.- dije levantándome de la mesa y saliendo fuera, respirando hondo. Al poco, Puck vino conmigo.

-Ey.- dijo al salir, sacándo una cajetilla de tabaco. Cogió un cigarro que llevó a su boca.- ¿Estás bien?

-No mejor que tú, futuro marido.- respondí sonriendo y mirando su mano.-¿Desde cuándo fumas?- al preguntar eso, s

acó la caja de nuevo y me ofreció uno.

-Toma.-me dijo. Yo negué con la cabeza, ya que tampoco es que tuviera muchas ganas.- vamos, Finn. No seas aguafiestas.- suspiré y cogí un cigarro. Puck me lanzó el mechero y lo encendí. Lo puse entre mis labios y pegué una pequeña calada.

-¿Contento?- pregunté seguidamente. Él parecía sorprendido.

-¿Y desde cuando tú fumas?- remarcó el "tú", extrañado por la naturalidad con la que fumaba.

-Ahora ya no fumo, pero el primer año del ejército… estaba solo, echaba de menos a mi familia y a Rachel, y bueno…. Fumar a escondidas era emocionante y temerario.

-¿No te valía con manejar un arma?- respondió riéndose. Yo sonreí y ambos nos metimos el cigarrillo en la boca de nuevo y aspiramos. Dejé que mi mirada se perdiera mirando al frente, a un punto fijo, dejando la mente en blanco.

-Eh, tío, se que estás mal por Rachel.- soltó mi mejor amigo para sacarme de mis no-pensamientos.

-¿Por Rachel?- suspiré con fuerza.- No me puedo creer lo alto que ha llegado estando yo tan lejos.

-¿Y eso? Tú querías que ella fuera la estrella que ahora es.

-Lo sé, pero siempre pensé que lo sería estando juntos, yo ayudándola con todo y… No es así.- di una gran calada, en ese momento lo necesitaba.- Puede vivir sin mí, pero yo sin ella… Lo dudo mucho.

-Vamos, Finn… Rachel y tú siempre volveis, lo sabes. Y dudo que cuatro años acaben vosotros. Sois como un fénix. Siempre que os separais, dejáis las cenizas de vuestro amor, y de ahí, tiempo después, nace un fénix, que en este caso es la necesidad que teneis de estar juntos. Os complementais.- le miré con los ojos como platos mientras él hacía como si hubiera dicho una cosa cualquiera, y él consumió un poco más su cigarro, ya casi acabándolo. Miré el mío, viendo que aún me quedaba algo menos de la mitad, y Puck apagó en el cenicero el suyo.- Voy a volver con mi prometida, a ver si se va a pensar que después de pedirla matrimonio me he acobardado o algo.- dio una palmada en mi hombro.- Ahora nos vemos.- asentí con la cabeza, y casi en cuanto Puck entró de nuevo, una figura mucho más pequeña salió.

-¿Por qué estás fumando?- reconocí esa vocecita dulce que me conmovía cada vez que cantaba, esa voz que me había aliviado tantas veces y que –aunque al principio me costara aceptarlo- me encantaba.

-Me lo ha dado Puck, tranquila.- dije sin girarme para mirarla, pero ella se puso justo delante de mí al dar una sola calada más, llegándome a penas al pecho, y me arrancó el cigarrillo de las manos, tirándolo al cenicero con enfado.

-No quiero que fumes.- dijo con un tono un poco por encima de lo normal.

-Rachel, relájate.- dije mirándola estando muy tranquilo.- Necesitaba fumar, nada más.

-¿Y eso por qué? No quiero que te mueras.

-Todos nos morimos al fin y al cabo.- respondí encogiéndome de ya no me quieres me voy a morir en breve, consumido por mis pensamientos.

-Pero si fumas te morirás antes, y eso sería pasar menos tiempo contigo.-Me quedé mirándola fijamente mientras ella se sentaba en las escaleras y dejaba su mirada perdida, como yo hace poco.

-Qué más da…-resondí con desgana.-No te sientas ahí, anda. Que el suelo está muy sucio y te vas a estropear la ropa.

-Qué más da.- repitió mis palabras. Suspiré y le agarré para levantarla del suelo. Intentó resistirse, pero yo tenía más fuerza y conseguí ponerla de pie.- ¡Déjame!

-No, no quiero.- ella dobló sus rodillas otra vez pero no la dejé caer al suelo.

-¿Ahora no quieres dejarme pero hace cuatro años si?- su comentario me dolió.

-Creeme, no hay nada de lo que me arrepienta más que eso.

-¿Te arrepientes?- se giró, quedando en frente de mí. Yo me limité a asentir.- Entonces, bésame.- mi corazón dio un vuelco y empezó a acelerarse.

-N-No puedo, Rach…- respondí cuando me salió la voz.

-¿No puedes, o no quieres?- respondió separándose un poco de mí.

-No puedo.- respondí firme.- No puedo porque se que estás medio saliendo con un chico.- el rostro de ella cambió por completo de enfadada a seria, sintiéndose culpable.- ¿Cómo no voy a querer besarte? ¿Estás loca? En estos cuatro años he echado de menos tus labios cada día. Te he echado de menos como nunca, hubiera dado cualquier cosa por poder verte, abrazarte, besarte, tocarte… Simplemente lo necesitaba. Te necesito, porque no soy capaz de sobrevivir sin ti. No puedo. –sentí que me dolía el corazón, pero necesitaba desahogarme. Este era el momento.- pero tú ya te has olvidado de mí, ya no me necesitas para nada. Tuviste a Brody, al cual voy a partirle la cara cuando le vea, y ahora al compañero de trabajo ese.

-¿Cómo sabes lo de Brody y lo de James?

-No importa como lo se. Lo que importa es que te quiero más que a nada en mi vida, que sólo tú me haces sentir especial, pero supongo que el sentimiento no es mutuo.-Me giré para entrar al restaurante de nuevo, pero una manita agarró mi mano derecha, haciéndome girar de nuevo, y sin poder a penas reaccionar, los labios de Rachel estaban sobre los míos. En ese momento recordé porqué me gustaban tanto sus besos. Era como estar en el cielo, flotando sobre una nube. Y más en ese momento. Tras un rato, se separó, y sin decir palabra, entró de nuevo al edificio. Aún algo confuso, decidí seguirla. Al sentarme de nuevo en mi sitio, fue Blaine quien interrumpió su charla para dirijirse a mi.

-Eh, Finn, tienes un poco de carmín en tus labios.- por dentro noté mariposas en mi estómago, y cogí rápidamente la servilleta para limpiarme. Pude ver a Santana, Blaine, Sam, Mercedes y alguno más riéndose por lo bajo, mientras que Kurt miraba con los ojos como platos a Rachel, quien simplemente tenía una media sonrisa en su cara.