Los personajes utilizados en este fanfic son propiedad de Akira Amano.
Aclaraciones y Advertencias: Los personajes no me pertenecen. OC. OCC. Una historia ramdon con sus debidos momentos serios. (?)
Summary: Su hermana iba a concederle algo que nadie de su calaña se merecía: tendría un año de libertad antes de asumir el liderazgo de su Famiglia. ¿El problema? Precisamente al único lugar que se quiso largar para alejarse de la Mafia, está plagado hasta la médula por la estirpe más alta de ellos. [OC's x Personajes]
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Feel like Shoujo Girl
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De todos los malditos lugares a los que pudo ir para pasar ese año, ¿por qué demonios tuvo que coincidir místicamente con el lugar donde vivía Sawada Tsunayoshi? Ni siquiera se topó con un heredero mafioso corriente; no, fue Sawada Tsunayoshi. El imán de mafiosos, Sawada Tsunayoshi. El Décimo Vongola, Sawada Tsunayoshi. Ese Sawada Tsunayoshi.
Estaba jodida y ni siquiera llevaba cuarenta y ocho horas en Japón. Cómo se sentía el amor del universo hacia su persona, ¿eh?
Sawada Tsunayoshi era altamente conocido, a pesar de que el chico probablemente lo ignoraba, incluso mucho antes del desmadre de la Ceremonia de Sucesión (a la cual no asistió, pero Carmine y Azhael sí). Su nombre aseguraba una cosa: problemas. Y no porque el muchacho fuera la viva imagen de Vongola Primo o porque sus Guardianes fueran peligro asegurado para la humanidad, sino porque iba prácticamente adjuntado a otro que aseveraba complicaciones de proporciones todavía más devastadoras: Reborn.
Si Reborn se enteraba de su existencia, todo se iría al garete.
Lo único que la salvaba de momento, suponía, era que el Décimo Vongola desconocía totalmente a los Cacciatore; sin embargo, aunque los conociera no podría tachar a Michelle como una de ellos, ya que su propia existencia era secreta hasta hace unos días y de por sí encontrar a un Cacciatore era tarea difícil. Empero, Reborn era un tipo listo y no por nada llevaba el título del Mejor Hitman del Mundo.
¿Existían posibilidades de escapar? Lo dudaba. Además, no tenía dinero suficiente para huir de Namimori y sobrevivir a la adversidad. Y aunque lo tuviese, regresar a Italia no era una opción.
Sólo había algo que podía hacer, la famosa técnica de rezar, correr y esquivar. Y estaba por ponerla en práctica justo en ese momento, pero tenía que venir el oh-maldito-entrometido Gokudera Hayato a estropear su plan maestro.
—¡Oye tú, mujer estúpida! —se dirigió a ella, furioso y luciendo su célebre ceño fruncido. No que lo haya visto hasta ahora—. ¡El Décimo lleva rato esperando una disculpa!
Aunque dijese eso, Tsunayoshi se hallaba más bien cohibido detrás del chico de cabello plateado. No se necesitaba ser físico nuclear para darse cuenta de que el castaño se quería morir ahí mismo por el alboroto que estaba provocando su subordinado.
—Ma, ma. Cálmate Gokudera, fue un accidente.
Yamamoto tendió la mano a la siciliana para ayudarle a colocarse de pie. Dado que Hayato ayudó con la velocidad de un felino salvaje a incorporar a Tsuna apenas éste cayó, resultaba obvio para cualquiera que con ella tirada en el pasillo casi lucía como si estuviesen intimidándola.
Aparte, el viejo de Takeshi le había enseñado cómo tratar a las chicas. Para variar sabía algo que sus acompañantes no.
―Perdónalo, él es agrio porque le falta calcio.
—¡Buena esa!
Alegra emitió una risilla por lo que, inocentemente, creía que era una broma.
Michelle simplemente parpadeó.
—¿Uh?
Su cerebro aparentemente volvió a conectarse luego de haber soltado aquel balbuceo apenas audible, pues rápidamente recordó lo que acababa de pasar y se puso de pie tan rápido que hubiera matado a Flash de la envidia.
―A-ah, ¡perdóname! —le dijo al castaño, con un rubor profundo adornando sus mejillas.
Hora de poner en marcha su plan.
Pedir perdón, listo.
Girar intempestivamente en dirección opuesta al grupo, listo.
¡Preparados, listos, fuera!
Michelle salió corriendo como atleta olímpico de la escena, dejando atrás a unos confundidos Vongola.
Ya lejos, específicamente fuera de Namimori Chuu, la Cacciatore se desplomó en la entrada dando un alargado suspiro. Tendría que andarse con cuidado de ahora en adelante.
—¡Eso fue divertido! —la voz de Alegra a sus espaldas la sobresaltó, ¿cuándo…? ¿Saben qué? Olvídenlo—. Hay que hacerlo más seguido —dijo sonriente.
—Definitivamente pasará —murmuró la castaña para sí, con pesar.
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Pocos minutos después de aquel extraño encuentro, Reborn hizo su aparición por uno de sus tantos pasajes secretos que tenía; si se extrañó al encontrar pensativo al Trío Weirdo, no lo demostró.
—¿Sucedió algo?
—Nop. Nada.
Tsuna lo negó casi inmediatamente, después de todo era sabido que por cada muestra de torpeza suya, sería castigado. Lastimosamente siempre terminaba delatado por el Factor H, also know as Hayato.
—¡Una bastarda chocó con el Décimo! —exclamó indignado el mestizo apenas la mirada de Reborn se posó sobre él.
—N-no seas así Gokudera-kun, ella pidió disculpas —Tsuna frunció levemente el ceño—. Lástima que salió corriendo antes de que yo también pudiera disculparme.
—Tal vez la espantaste con tu fealdad —comentó con malicia el Ex-Arcobaleno.
—Era linda —comentó Yamamoto despreocupadamente, a lo que todos giraron a verlo con extrañeza—. ¿Qué? Es que cuando se sonrojó me recordó a esas chicas de manga shoujo a las que siempre les ocurren desgracias hilarantes. Ja, ja.
…
Michelle se miraba al espejo con determinación. Hoy era El Día, el primer día del resto de su año, o por lo menos el primero de los 358 días que le quedaban
Hoy era su Primer Día de Escuela.
—¡Puedo hacerlo! —se dijo a sí misma, posteriormente señalando su propio reflejo—. ¡Puedes hacerlo!
Echó una última mirada para comprobar que todo estuviera en orden. El uniforme femenino de Namimori Chuu podía considerarse lindo, aunque era bastante simple: camisa blanca, chaleco azul marino sin mangas, lazo rojo al cuello y falda plisada negra. Había decidido usar pantimedias negras porque hacía algo de frío.
―¿Me veo bien? ¿O es muy raro? ¿Me recojo el cabello? ―se preguntó en voz alta mientras giraba en todos los ángulos―. Nah, peinarme es más trabajo ―miró el reloj en la pared―. ¡Uy, la hora!
Lanzó un uppercut al techo antes de salir de su habitación.
Una mezcla de emociones se encontraba en su interior: ansiedad, miedo, felicidad, vergüenza. No estaría en lo absoluto nerviosa si no fuera por el pequeño detalle de que iba a ir a la misma Escuela que el Décimo Vongola y sus Guardianes.
Sólo recordarlo hizo que chillara de frustración.
—¡No, no puedo! —se desplomó dramáticamente antes de siquiera tocar el pomo de la puerta principal—. ¿Por qué no me fui a Dubái? —se lamentó en un murmullo.
Y hubiera seguido así de no ser porque alguien tocó el timbre con insistencia. Por la cantidad de veces y la innecesaria Clave Morse en la puerta, supuso que era Alegra.
—¡Hey, Mich! ¿Estás allí?
Adivinó.
―¡Porque si no lo estás entonces estoy hablándole a una puerta! —rió—. Ah, ¡y también me voy a enojar porque te fuiste sin mí cuando prometimos irnos juntas! —intentó sonar amenazante e imponente, pero luego extrañamente bajó la voz—. Oye, en serio, ¿estás o no?
La siciliana suspiró.
—Vámonos antes de que me arrepienta —dijo al tiempo que abría y cerraba de un portazo.
No estaba bromeando.
Durante todo el trayecto, Alegra se dedicó a hablar de temas al azar. Michelle trataba de ponerle atención para no pensar en Vongola y la posibilidad de que la descubrieran, pero tenía mil cosas pasándole por la cabeza como para seguir adecuadamente la verborrea de la romana.
De lo poco que escuchó, hubo una cosa que llamó su atención:
—Es una lástima que no estemos en el mismo año, aunque bueno… yo debería estar en la preparatoria, ¿de qué me quejo?
Mientras la azabache se echaba unas cuantas risas, la castaña abrió los ojos con sorpresa.
—Espera, ¿tienes diecisiete? ¿Qué se supone que haces en secundaria?
Ella se encogió de hombros.
—Me salté el año pasado para ir a un viaje extremo de auto-descubrimiento.
—Ósea que hiciste el vago.
—¡Eso también!
Al parecer Alegra realmente era adicta a la adrenalina ―como si no lo supiera ya―, porque se pasó su año sabático practicando deportes extremos. Michelle estaría mintiendo si dijese que no la envidiaba un poco.
Pero, ¿no era éste una especie de año sabatino para ella? Sí, podía considerarse como tal.
―Salgamos a practicar Free Runnin o Parkour un día de estos.
―¡Ya vas!
En lo que ambas charlaban ni siquiera habían reparado en que ya se encontraban dentro de las instalaciones escolares, así que ninguna esperó que alguien las empujara de sopetón.
—Fuera de mi camino.
Se trataba de una joven de estatura promedio y una tez bastante blanca, más pálida que la propia Cacciatore. De lo que alcanzó a ver se fijó que tenía un cuerpo menudo, busto escaso y cintura marcada. Su cabello era blanco y largo hasta la cintura, también tenía ojos rojos. ¿Sería albina? Aunque su cabello tenía un brillo cobrizo, quizá simplemente se decoloraba el pelo. Lo creía posible porque la tipa tenía encima un imaginario rótulo de neón que decía «Bicho Raro». Es decir, la gabardina roja sobre el uniforme de la escuela era pasable, pero tener vendas con algunos kanjis escritos por casi todo el cuerpo caía en el Síndrome del Octavo Grado.
Alegra frunció ligeramente el ceño, pero luego volvió a sonreír.
—Creo que a ella también le hace falta calcio.
—Ya lo creo que sí —concordó.
En ese momento se les acercó otra joven, quien aparentemente había visto toda la escena. A diferencia de la otra, ella parecía amable y serena.
—Disculpen, ¿se encuentran bien?
Era de la misma altura que Michelle. Su piel blanca parecía besada por el sol con ese toque ligeramente tostado. Tenía un cuerpo pequeñito, casi sin busto, pero se le marcaba la cintura. Además de su cara, lo más bonito en ella era su largo cabello castaño cobrizo y sus ojos verde-azulados.
«No te le lances encima. No te le lances encima. No te le lances encima», repitió como un mantra.
—Eeeh, estamos bien.
La siciliana respondió por ambas mientras Alegra parecía estar inmersa en su mundo, bailando mientras tarareaba algo que sonaba a música coreana (esperaba que ese lenguaje fuera coreano). A saber cómo hacía para entrar en La Zona tan fácil.
—¡Me alegra mucho! —sonrió la muchacha encantadora—. ¡Ah! Cierto, aún no me presento. ¡Me llamo Rose, un placer!
«Otra que no es japonesa», pensó Michelle.
—¡Me llamo Alegra! —esta se señaló a sí misma, de vuelta en la realidad. ¿Acaso tenía una alerta que le decía cuándo había interacción social cerca? O quizá no era tan ajena para empezar—. ¡Y ella es Mich!
—Michelle —corrigió tranquilamente a la pelinegra—. Así que… tampoco eres de aquí, huh.
—¡Nope! ¡Soy de Inglaterra! —dijo enérgicamente. Al parecer no era tan tranquila y serena como aparentaba, pero no lucía como si tuviera Coca-Cola en las venas, como Alegra—. Me hace feliz no ser la única extranjera en la Escuela.
«Dirás en la ciudad», pensó para sí la siciliana.
—Digo lo mismo —sonrió igualmente—. De todas formas, mejor nos apuramos.
Como si hubiera realizado algún tipo de maleficio, el timbre sonó.
—¡Voy tarde! —dijeron las tres al unísono.
…
Michelle quería darse un tiro. Nunca había tenido la mejor de las suertes pero, ¿acaso eso era aplicable para todo lo que ocurría en su vida? ¿No podían darle un respiro?
Por supuesto que no. Alguien allá arriba la odiaba, y mucho.
La buena noticia: Rose y ella estaban en la misma clase. Por lo menos, ahora la preocupación de quedarse sola y empezar a socializar de cero estaba en el último sitio de su lista. Ya tenía a quién secuestrar en el descanso.
La mala noticia: también era la clase de Sawada Tsunayoshi.
Mientras aguantaba la mirada fulminante de Gokudera Hayato, la Cacciatore trataba inútilmente de concentrarse en lo que decía el aburrido profesor, el tal Nezu-sensei. Como era la primera clase iban a tener una dinámica simplona con el pase de lista: se levantarían, algo de sí mismos y volverían a sus lugares. Parecía que era una cosa habitual por la cara exasperada de los alumnos.
—Ayanami, Cassio.
Nadie respondió, a lo que el profesor simplemente marcó inasistencia.
—Black, Rose.
La castaña cobriza inmediatamente alzó la mano con entusiasmo cuando el profesor la llamó.
—¡Aquí~! ―dijo mientras se ponía de pie―. Tengo catorce años. Si mi apellido les parece raro, es porque vengo de Inglaterra. Me gustan los niños y mis colores favoritos son el rojo y el verde.
—Cobain, Michelle.
—¿Eh? ¡Aquí!
Rayos. ¿Qué se supone que iba a decir? Incluso si quería ser normal, era bien difícil cuando no sabía a ciencia cierta lo que se consideraba como tal.
Al final se quedó en blanco y dijo la primera tontería que le atravesó por la cabeza:
―¡Tengo quince, mi color favorito es el azul y pienso que usted es aburrido!
La clase rió por su insolencia, mas el maestro no se miraba contento. Furioso e indignado era poco para describir el estado del hombre.
Vaya, qué sensible.
—¡Siéntese!
Obedeció con una sonrisa traviesa en los labios.
—Es su culpa por preguntar ―dijo bajito.
Lastimosamente Nezu-sensei la escuchó.
—¡Suficiente, a la Oficina del Director!
—¡Pero si no hice nada malo! Simplemente seguí sus indicaciones y su política «Ahórrense las mentiras, mocosos».
Conste que no estaba mintiendo, repitió exactamente las mismas palabras que el pedagogo dijo hace una hora antes de empezar con esa chorrada.
—¡Sí, usted lo hizo! ¡Y ahora seguirá esta orden! ―señaló la puerta del aula―: ¡A la Oficina del Director!
—Bueno pero no se enoje.
Realmente no le importaba, a fin de cuentas creía poder ganarse al Director fácilmente si jugaba bien sus cartas. Y lo haría, porque no quería un castigo apenas empezando clases. Esa parte de ser normal podía saltársela.
Con parsimonia caminó hasta la puerta, deslizándola con tortuosa lentitud solamente para fastidiar al profesor; sin embargo, la sorprendida fue ella cuando esta se abrió intempestivamente y de un momento a otro fue a parar al suelo.
¿Cuántas veces más la iban a tumbar?
Miró a la persona que la había tirado cual muñeca de trapo en esta ocasión, y al igual que con el Décimo Vongola, casi le da un infarto al notar quién demonios era.
—¡Kozato, llega tarde! —regañó Nezu al recién ingresado.
—¡L-lo siento! —se disculpó algo asustado el pequeño pelirrojo, para risa de sus compañeros.
—¡Sin excusas, acompañe a Cobain a la oficina del Director!
Enma miró al mayor con nerviosismo; se notaba a leguas que estaba de pésimo humor, Dios sabrá por qué en ésta ocasión. Nezu tenía menos paciencia que Gokudera. A saber quién fue el genio que decidió graduarlo de la Universidad.
—¿Quién? ―se las arregló para preguntar.
Michelle tuvo que resoplar.
—Acá abajo, Guapo.
En serio, ¿te llevas a alguien por delante y no te das cuenta? Hay que ser bastante denso. Por lo menos tuvo la decencia de lucir apenado, porque apenas se dio cuenta se levantó como un rayo.
―Gracias.
Finalmente se puso de pie y los dos abandonaron el aula, haciendo como si no hubiera pasado nada.
Lo que Enma ni se imaginaba es que la chica se encontraba a punto de tener un colapso.
«¡Yo quería ser normal! ¡¿Yisus, qué te hice?!» Michelle lloró en su fuero interno.
…
Continuará
…
Nota de la Autora:
| 06/06/2016 – Editado |
¡Uff! Ya iba para dos meses sin actualizar. Lamento eso. Muchas cosas me han entretenido últimamente: la Universidad, el nuevo horario, las políticas idiotas del Presidente (todavía más idiota), etc. En fin, lo importante es que hoy pude olvidarme de todo eso y subir éste capítulo. *Inserte coro de ángeles*
Más OC's han sido incluidos. Tengan paciencia porque no saldrán todas de sopetón, algunas tendrán que esperar milenios para volver aparecer, pero todo tiene su por qué. Sin embargo, creo que les debo spoiler por tanto que me tardé.
Para las fans de Aya: ¡No se preocupen, que regresa en el siguiente cap!
La próxima vez continuaremos con el primer día de clases, las patoaventuras de Mich y por supuesto que la Décima Generación empezará a brillar por sus desmadres.
¡No se lo pierdan!
