Capítulo 4 (final)
-Aún me cuesta creer que te haya olvidado.
Desnudo completamente, cubierto por las sábanas de la cama, Yugi yacía reposando, con la vista fija en el techo y en las figuras que formaba la luz filtrada por la ventana. El sol se estaba ocultando en el horizonte, por lo cual las sombras de la noche comenzaban a llenar la habitación.
-Es la magia del espejo.
Con el ceño fruncido y una mirada de confusión, Yugi se giró rápidamente a su compañero.
-¿Qué tratas de decir con eso?-cuestionó inquisitivamente.
-Yo también olvidé que existías. Cuando regreses a tu mundo, probablemente sólo me recordarás po días antes de que tus recuerdos sean borrados.
-¿También te sucedió a ti?-sonaba preocupado.
-Al tercer día de que volví a mi mundo, tú ya no eras ni siquiera un recuerdo.
El corazón de Yugi fue golpeado secamente. Se mordió los labios y tragó saliva.
-Qué triste destino.
Volvió a tumbarse en la cama, esta vez con la tristeza asomando desde su interior.
-Al menos no sufriremos mucho tiempo la ausencia del otro.-comentó Yami.
-¿Qué más sabes del espejo?
-El espejo reacciona cuando se encuentra en el mismo lugar en distintos planos dimensionales. De ahí que en cuento lo trajeran a tu casa reaccionó tanto conmigo, como contigo y así se abrió el portal de ambos mundos.
-¿Eso es todo?
-Para que todo vuelva a la normalidad, debemos resolver un asunto pendiente.
Yugi le lanzó una mirada dudosa a Yami.
-Eso lo dijiste cuando llegué. ¿Sabes lo que significa eso?
-En mi caso, yo regresé a este espacio-dimensional cuando me enamoré de ti.-Yugi no entendía nada-Siempre me detesté a mí mismo por todas las cosas que he vivido. Aborrecía mi propia existencia. Pero al verte me enamoré profundamente de ti y aprendí que si quiero brindar amor a los demás, debo comenzar por amarme a mí primero.
Lentamente, Yugi fue analizando todo lo que le dijo Yami. Captando cada cosa dicha.
Amor propio. Ahora que lo pensaba él tampoco sentía nada de amor hacía él mismo; al contrario, no se soportaba. Luego de lo acontecido con Tea, su autoestima descendió por los suelos y creía que no valía nada para nadie. Sin embargo, al sentirse amado por Yami y amar a su otro yo, se daba cuenta de lo valioso que era con ambos lados de su personalidad: la dulce y la fría.
Si de algo estaba seguro era que ahora confiaba plenamente en Yami y en él mismo. Ya no podía dudar más de su propio potencial. El que Tea no lo quisiera no significaba que su valor como ser humano estuviera nulo.
-Me pasó lo mismo.
Esta vez fue Yami el que lo miró intrigado.
-Hasta ahora no me agradaba a mí mismo. Odiaba mi personalidad. Una persona que no puede confiar en sí mismo cuando tiene problemas. Ni siquiera me soportaba, me odiaba, me aborrecía. Pero el sentir tu amor, puesto que somos la misma persona, hizo que olvidara todas esas cosas y entendiera lo valioso que soy como humano. Creo que si tú puedes sobresalir en la vida, yo también puedo hacerlo.
Nuevamente se conectaron sus miradas. Un brillo intenso cubría sus ojos. Dentro de poco se separarían.
-Entonces esa era la misión del espejo.-dijo Yami.
-Que Yugi Moto se ame a sí mismo con sus virtudes y defectos.
-Las dos personalidades de una misma persona. La débil, la fuerte, la dulce, la fría, la ternura, la seriedad.
Se vieron por unos segundos más hasta que sus labios se unieron nuevamente en otro beso. Un ósculo que combinaba tanto la dulzura como la pasión que los había conectado a pesar de la distancia.
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Las penumbras de la noche cobijaban la ciudad Domino y una calma nocturna hacía lujo de presencia en el ambiente. El silencio era abrupto, las personas y los animales dormían plácidamente en sus casas sin ser molestados por nadie. El sueño era tan profundo y pacífico que ninguna persona se despertó cuando un rayo de luz potente iluminó el sótano del interior de lo que alguna vez fue una tienda de juegos. El brillo era intenso y fuerte, prácticamente se podía ver cada rincón oculto del sótano.
Sólo alguien abrió sus ojos al sentir esa energía vibrante en todo su cuerpo: Yugi Moto. Al recobrar consciencia sobre donde estaba, giró sus ojos hacia dónde provenía esa luz.
-¡El espejo!
Sus pupilas se contrajeron sabiendo lo que eso significaba.
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Con una lentitud exagerada, casi como si se trataba de cámara lenta, Yugi descendió los peldaños del sótano y comprobó que, efectivamente, la luz salía del espejo. El portal estaba abierto de nuevo dando paso a que el tricolor menor volviera a su hogar.
Su mirada amatista se posó sobre el espejo. Era exactamente lo mismo que ese día; el momento en que su querido Yami se marchó.
Otra vez se apoderó de su corazón un dolor punzante que lo hacía desear morir ahora mismo. Retrocedió sobre sus pasos dispuesto a volver a la recámara de su otro yo, cuando una voz lo sacó de sus casillas.
-Tienes que irte ahora.
Abrió los ojos desmesuradamente, giró para mirar frente a frente al poseedor de esa voz madura. Yami estaba parado al pie de la escalera con un brillo deprimente en los ojos.
-¿Por qué dices eso?-preguntó Yugi casi en un grito.
-Tú lo sabes mejor que nadie. Fue lo mismo que sucedió conmigo.
Yami hablaba serenamente, pero cortante. Llegó la hora de la despedida, esta vez para siempre.
-Es la primera vez que quiero estar con alguien por el resto de mi vida.-dijo Yugi precipitadamente.
Estaba desesperado. Su voz amenazaba con quebrarse.
-No sufrirás demasiado.-Yugi fue impactado con esas palabras-En pocos días olvidarás por completo que esto pasó. Es la bendición del espejo.
-¿¡Bendición!?-preguntó Yugi extrañado.
-Para dos personas como nosotros, el olvidar que nos conocimos resulta un consuelo por la ausencia del uno con el otro.
A pesar de sus palabras, Yugi pudo percibir tristeza en Yami. Sus ojos estaban cristalinos y Yugi supo que contenía su deseo de llorar.
-Yami…
Corrió a él y lo abrazó con fuerza dejando que las lágrimas fluyeran por su rostro.
-Aunque te olvide, no quiero perderte. Eres lo que más me hace falta en la vida.
Yami lo estrechó entre sus brazos cariñosamente. Hizo esfuerzos inútiles por no romper su fortaleza y llorar con su otro yo, pero se rindió y también permitió que el llanto brotara de sus ojos.
-Siempre estaremos juntos. Recuerda que somos la misma persona. Dos lados contrarios de la misma moneda.
Yugi levantó su rostro y Yami lo tomó entre sus manos antes de besarlo en los labios nuevamente. Unidos por un abrazo y un beso profundo mientras la luz del espejo los iluminaba. Permanecieron en silencio unos segundos cuando se separaron, mirándose fijamente.
-Oye, piensas abrir la tienda nuevamente ¿verdad?-preguntó Yugi de repente.
-Claro, en eso quedamos.-se sorprendió Yami por la pregunta.
-Entonces, te sugiero que busques a Duke Devlin.
-¿Duke Devlin?
-Antes de que olvides todo, ve a buscarlo. Él se dedica a los juegos en mi mundo. Tal vez sea igual en el tuyo.
-Gracias, eso haré.-respondió Yami asintiendo con una sonrisa.
Yugi se desprendió del abrazo de su compañero y caminó al espejo. Respiró hondo, controlando su impulso de huir de allí.
-¡Yugi, espera!
El pequeño se detuvo y volteó a ver a Yami que le sonreía ampliamente.
-Si quieres que Tea vuelva contigo, dile tus sentimientos y perdona todo lo que te haya hecho.
Yugi quedó boquiabierto.
-Todos cometemos errores. No permitas que eso les afecte. Perdona si hizo algo malo y dile que la amas más que a nadie en este mundo. Creo que la mejor forma de conquistar a una persona es la sinceridad.
Yugi sintió que su alma se comprimía por dentro. Mordió sus labios para no gritarle a Yami que esa sinceridad era distinta a lo que él pensaba. Su amor le pertenecía a otra persona.
La luz del espejo se volvió más intensa causando que ambos chicos se concentraran en el objeto mágico. Cerró sus puños, tomó aire y Yugi caminó hacia él introduciendo poco a poco su mano en la superficie del vidrio. Fue absorbido en el interior del espejo hasta que atravesó al otro lado.
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Pesadamente, abrió sus ojos de manera lenta y pausada. Estuvo varios segundos acostumbrándose a la oscuridad del lugar hasta que logró distinguir que se trataba del sótano de su casa. Se levantó como un resorte, mirando a todos lados con el rostro lleno de sorpresa e incredulidad.
-¡Estoy en casa!
Reaccionó sobre algo; recordaba su experiencia entre dimensiones. Corrió escaleras arriba hasta llegar a su cuarto, buscó el álbum fotográfico haciendo un tiradero en su habitación. Finalmente, lo encontró. Rebuscó disparatadamente entre todas las fotos, pasando una hoja tras otra de las páginas de dicho álbum hasta que, finalmente, halló la foto que deseaba ver.
Ahí estaban; Yami y él yacían juntos bajo el árbol del jardín con su mirada que combinaba tristeza y felicidad. Fue entonces que entendió algo: anteriormente sólo se veía él en la foto, pero ahora podía verse acompañado de su otro yo.
La explicación más lógica era que mientras sus recuerdos sobre la otra dimensión prevalecieran, Yami se visualizaría en la fotografía; cuando todo volviera a la normalidad, ya no podría verlo nunca más reflejado en la foto.
Se conmovió en gran manera. Se aferró al único recuerdo presente que tenía de su otra personalidad y el llanto cubrió su rostro. Sus hombros temblaban mientras gemía y lloraba.
-Yami…
Quería verlo, quería sentirlo con él, volver a hacer el amor con él, abrazarlo y besarlo para siempre. Pero todo eso era sólo un sueño, una ilusión, porque sabía que nunca vería de nuevo a su querido Yami.
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Terminó su cena siguiendo cada movimiento que realizaba su abuelo en la cocina. ¿Acaso nunca notó su ausencia por dos días seguidos?
-Abuelo…
-¿Qué sucede, Yugi?-preguntó el hombre como si no hubiera nada extraño.
-¿Sabes algo sobre el espejo que trajeron a casa?
Solomon frunció el ceño, pero se sentó a platicar del asunto.
-Pues sé que se trata de un artefacto creado con magia gracias a unos hechiceros egipcios. Los cuales utilizaron poderes para ver el futuro y así crear ese artículo adelantado a su época. Sin embargo, eso generó muchos problemas y lo escondieron por siempre.
-¿Algo más?
-Según se sabe es un portal a otras dimensiones, pero nadie conoce lo suficiente como para saber si eso es verdad. ¿Por qué lo preguntas?
-Simple curiosidad.
Yugi se quedó pensativo, sabiendo que quedaba poco tiempo antes de que sus recuerdos se perdieran para siempre en su memoria.
-Dime abuelo, ¿qué has hecho en los últimos dos días?
El abuelo lo miró extrañado.
-¿Te sucede algo, Yugi?
-Para nada. Sólo preguntaba.
-Hemos estado arreglando documentos con ese chico que me presentaste hace unos meses.
-¿Duke Devlin?-Yugi sonrió-¿Aceptó que nuestra tienda se una con la suya para mejorar las ventas de juegos?
-Así es. Dice que será un honor estar con Yugi Moto. Tienes fama de ser un gran jugador.
Yugi sonrió no sin antes preguntarse cómo lo estaría pasando su querido Yami con Duke Devlin. También resultó un alivio para él saber que su abuelo no tuviera recuerdos de su ausencia. Por momentos se maravilló del poder del espejo.
-Por cierto Yugi.-dijo el abuelo levantándose de la mesa-Tea llamó por teléfono hoy.
-¿Ah, sí?
-Dice que no quiere tener malentendidos contigo sobre lo sucedido.
-No hay malentendidos.
Sin agregar más, Yugi también se levantó de su asiento y subió las escaleras hacia su cuarto, donde se encerró y se llevó una mano al pecho, sintiendo su corazón latir con fuerza.
-Yo…
Las imágenes de Yami y Tea pasaron por su mente. La sensación de la piel de Yami junto a la suya, las caricias que mutuamente compartían, los besos en todo el cuerpo. Luego pensó en Tea, su primer amor, pero del que nunca sintió esa misma pasión. En el tiempo que fueron novios no recordaba haber sentido lo mismo que experimentó con Yami. ¿Era extraño? Sentía más amor por su otra personalidad que por la chica de sus sueños.
-Tea nunca fue para mí.
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Los rayos del sol filtrados desde la ventana lastimaron sus ojos amatistas. Con el dorso de su mano, se tapó el rostro impidiendo que la luz lo dañara. Levantó medio cuerpo de la cama restregándose los ojos, cuando observó algo curioso en su buró. Se trataba de una fotografía; era extraño ya que él siempre tenía las fotos guardas en álbumes para evitar que se perdieran. La agarró y la examinó.
Bajo la sombra de un árbol, descansando, con un dejo de tristeza y felicidad, Yugi se podía ver claramente en la foto. Lo raro de todo era que estaba solo y eso resultaba curioso. Nunca le gustó tomarse fotos solo, casi siempre estaba con sus amigos.
-Qué cosa tan rara.
Sin darle importancia al asunto, sacó el álbum de donde lo tenía guardado, colocó la foto en su lugar y se dispuso a continuar con sus actividades del día.
Lo que significada aquella fotografía había quedado en el olvido.
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Caminaba rumbo a su casa, cuando se detuvo en la esquina al ver movimientos en ella. Aguzó la vista y reconoció que se trataba de Arthur Hopkins, el amigo de su abuelo. Vio que sacaban algo de su hogar y distinguió que se trataba del espejo. Sin más, corrió hacía allá.
-¡Ah! ¡Yugi!-exclamó el abuelo al verlo.
-¿Qué sucede, abuelito?-preguntó Yugi.
Saludó con la mano a Arthur.
-Vinieron a recoger el espejo. Ya encontraron un museo que le interesa comprarlo.
Solomon mostraba estar muy contento y satisfecho con eso. Fue extraño; un ligero dolor atravesó el alma de Yugi.
-¡Qué bien! Me alegra que por fin hayan encontrado alguien que lo quiera.
-Les agradezco mucho que lo hayan cuidado.-dijo Arthur sonriendo a ambos.
-Es un placer ayudarte, Arthur.
Con sumo cuidado, el espejo fue subido a un camión enorme. Arthur se trepó al vehículo y dieron marcha. Yugi siguió con la mirada al transporte que se llevaba el espejo de cuerpo entero; le dolía. El viento movía sus cabellos tricolores mientras un vacío interno se apoderaba de él. Era como si una parte de su corazón se estuviera yendo junto con el espejo, para no volver jamás a él.
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Ese día la tienda de juegos no abrió, motivo por el cual Yugi aprovechaba para ordenarla correctamente. Su abuelo apareció en la sala, vestido con ropa presentable.
-Yugi, no tardaré en regresar.
-De acuerdo, abuelito.-respondió Yugi con una sonrisa tierna en el rostro.
Solomon no comprendía qué le pasaba a su nieto.
-Yugi…
-¿Qué pasa?
El pequeño dejó de limpiar y acomodar para dirigirse al viejo.
-He notado que en estos últimos días pareces más feliz que antes.
Yugi arqueó una ceja.
-Hace poco sufrías mucho con la sola mención de Tea, pero ahora te ves más relajado con ese tema.
El tricolor menor estaba confundido. Ahora que lo analizaba bien, ya habían pasado días desde que se sentía libre. Ya no sufría, no le interesaba que Tea se fuera a casar con otro hombre. Ni siquiera recordaba haber sentido amor por Tea; últimamente le pasaban cosas muy raras.
-Bueno, si Tea escogió a otro no tengo porque dejar de vivir mi vida sólo por su decisión.
El abuelo creyó que estaba oyendo mal. Jamás imagino que su nieto le respondiera de esa forma tan extraña viniendo de él.
-Pues me alegra que estés superando eso.
Yugi asintió y continúo sus actividades. El abuelo se dirigió a la puerta y antes de salir volteó a ver a Yugi.
-Te estaré esperando, por si te animas a venir.
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Yugi dejó en completo orden la tienda. Estaba satisfecho con su obra de limpieza en el hogar.
-Para ser un hombre veo que no lo hago tan mal.
Estaba radiante. El reloj de la pared indicó la 1:15; su abuelo se marchó a las 12:00 en punto.
-De seguro ya está por iniciar la ceremonia.
El abuelo tenía razón: algo en él era diferente. Su herida por lo acontecido con Tea se había borrado de su corazón, pero ni él mismo sabía porque. Era consciente de que su alma estaba sanada, mas sin embargo no recordaba qué hizo para curar su espíritu quebrantado por el dolor del amor juvenil.
Entró a la cocina con la idea de comer un poco, cuando vio la invitación a la boda de Tea. Leyó nuevamente lo que estaba escrito:
"Los invitamos cordialmente a nuestra boda. Por parte de Seto Kaiba y Tea Gardner"
Tiempo atrás, cuando recibió esa invitación, estaba ofendido con Tea. Ahora le daba igual.
-Supongo que no tiene problema en que nos veamos en plena ceremonia.
Dejó la invitación en la mesa y se encaminó a su habitación. Una vez allí se tumbó en la cama con la vista en el techo. Sus pensamientos volaban en lo respecto a sus sentimientos por Tea y por él mismo.
-¿Qué me pasó?
No estaba seguro, pero parecía no sentir nada por Tea ahora; si era así no había motivo para no asistir a la boda de ella. Pero aún se cuestionaba sobre el no amar a esa chica. ¿Era normal que te gustara alguien por años y de repente, sin previo aviso, dejaras de ver a esa persona de la misma forma? La quería, pero era sólo eso: cariño. Su amiga de la infancia; ese sentimiento más allá de amistad se había esfumado tan repentinamente que ni Yugi podía creer que eso fuera posible. Era casi como un milagro que tanto amor y dolor combinado hubieran desaparecido en un santiamén.
Tras pasar varios minutos sin hacer nada, sólo contemplando el techo, buscó otra vez su álbum fotográfico para mirar todos los recuerdos guardados allí. No habría nada interesante, pero quería ver sus fotos con Tea antes de su separación definitiva.
Hojeaba; pasaba hoja tras hoja observando cada imagen plasmada en aquellas fotos de tanto tiempo atrás. Vio a Joey, Tristan, Tea, incluso a Serenity, la hermana menor de Joey a la cual era casi imposible verla ya que vivía en otra ciudad.
El gozo creció en su interior ante los recuerdos de los buenos tiempos. Momentos que ahora eran imborrables, pero comrpobó que el dolor de haber de perdido a Tea había desaparecido por completo.
Los minutos pasaron mientras Yugi miraba con detalle cada foto. Finalmente, sus ojos se detuvieron en una muy distinta a las demás fotografías. Era la misma foto que días atrás había hallado en su buró; solitaria, como si la quisiera tener muy cerca de él.
Puso atención a la imagen de la foto. No acostumbraba a tomarse fotos solo, además en la imagen había suficiente espacio para otra persona al lado suyo. Inmediatamente, al enfocar fijamente su mirada en su retrato, una sensación de calidez mezclada con amor, dulzura, tristeza y dolor se apoderó de él y llenó su espíritu de un éxtasis tan profundo que casi pudo sentir que no provenía de este mundo, sino de otro lugar más alejado del suyo.
Sus pupilas se dilataron ante lo que presenciaron sus ojos. La figura de un chico parecido a él se fue vislumbrando poco a poco; tenía rasgos más severos y un semblante mucho más frío que el suyo, pero irradiaba paz, amor y fraternidad al mismo que congoja y pesar. Yugi no alcanzaba a comprender qué pasaba. Veía la borrosa imagen del chico de cabellos tricolores semejante a él, pero no lo reconocía. ¿Quién podía ser?
De repente, para su sorpresa, un nombre pasó por su mente como un rayo en el cielo.
-Yami…
El sonido de aquel nombre que emanó de sus labios, entró por sus oídos y atravesó no sólo su cuerpo físico, sino también su alma. Un peso extraño cayó sobre él envolviéndolo en una sábana de ese sentimiento que durante tanto tiempo mendigó sin cesar: amor. ¡Qué tontería más grande la de mendigar amor! El amor nace, no se mendiga. Fue tardo para comprender ese mensaje que le dio su otro yo; porque justo en esos momentos, por unos cuantos segundos, las memorias de aquellos días del otro lado del espejo volvieron. Y pudo ver de nuevo a Yami en sus recuerdos, recordando todo lo vivido.
En una visión rápida, cada instante vivido con Yami pasó de nuevo en su mente y corazón; como rayos, como fotografías pasando rápidamente.
Una vez que sus recuerdos habían cobrado vida de nuevo, Yugi estaba tan pasmado que no se movía de su sitio. Sus ojos amatistas estaban abiertos de par en par, sin poder cerrarse. Inesperadamente, unas gruesas gotas de lágrimas resbalaron por sus mejillas y cayeron sobre la foto donde aún permanecía la borrosa figura de Yami. Con sus hombros temblando y los gemidos brotando desde su garganta, Yugi abrazó con amor ese único y especial recuerdo de la persona que amaba con todo su corazón.
-Yami…
Su amor por él mismo; el afecto que sentía por su misma persona. Quien no se amaba a sí mismo, no podía amar a los demás. Esa fue la gran lección que le dejó el espejo mágico.
-Mi querido Yami.
Esbozó una sonrisa tierna mientras miraba, aún con lágrimas, el retrato de él con Yami. La foto había recobrado la imagen original tal cual había sido tomada anteriormente. Los dos jóvenes de cabellos tricolores lucían con su encanto natural en medio del hermoso jardín que los rodeaba. Otra vez, la figura de Yami comenzó a desvanecerse y Yugi supo que sus recuerdos se irían de nuevo.
Volvió a sonreír y fue en ese preciso instante que tomó una difícil decisión que cambiaría su vida para siempre. Donde quiera que estuviera la dimensión de Yami, ya había encontrado una nueva respuesta sobre el tema del asunto pendiente que debía resolver.
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Las campanas de la iglesia resonaban y la música de órgano se podía escuchar saliendo del interior del edificio. La multitud estaba sentada en diferentes lugares observando a la feliz pareja que realizaba sus votos matrimoniales. Cuando llegó al marco de la entrada, Yugi miró adentró y localizó a su abuelo casi en primera fila mirando a la pareja de novios. No podía llegar hasta allá sin ser visto, así que se sentó muy cerca de la entrada en un espacio donde no molestaba a nadie. Enfocó su atención en el altar.
-Y ahora los declaro marido y mujer. Ya puede besar a la novia.
El lugar se llenó de aplausos y gritos de gozo mientras los dos esposos se besaban en frente de todos. Yugi los miraba sin apartar sus ojos de encima de ellos. El matrimonio cruzó el altar hacia la salida seguidos del júbilo de los presentes. De pronto, la felicidad que Tea sentía se esfumó como agua que fluye al reconocer desde su lugar a Yugi. Bajó la mirada tratando de disimular con su marido, Seto Kaiba, y evitar que este descubriera a Yugi. El pequeño de cabellos tricolores sólo le dedicó una mirada complacida. Admiraba la belleza de Tea vestida de novia.
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El gran salón estaba lleno de gente perteneciente a la clase social alta mezclada con la clase media. Todos hablaban sin parar de temas sobre su interés personal. Yugi seguía mirando a la pareja de esposos platicando de negocios con los socios de KC. Incluso Kaiba le parecía que se había arreglado de forma especial, se veía radiante de felicidad al lado de Tea.
Repentinamente, Yugi sintió una mano en su hombro.
-¡Yugi! ¡Viniste al fin!
Solomon Moto estaba anonadado de que su nieto accediera a presentarse en tal evento. Especialmente porque él sabía que Yugi había estado enamorado de Tea por mucho tiempo.
-Tenía que hacerlo.-respondió Yugi sin darle importancia a su presencia ni a la boda en sí.
Con la mirada, localizó a Joey y los demás que estaban reunidos en una gran mesa platicando sobre lo acontecido.
-Esperábamos que vinieras. ¿Quieres sentarte con nosotros?
-Más adelante, abuelo. Ahora necesito hablar con alguien.
El abuelo sopesó lo dicho y entendió lo que pasaba. Frunció el ceño, pero no le quedó de otra más que dejar al chico solo. Yugi se concentró en Tea, sin apartar sus ojos de ella, hasta que la chica volteó a verlo directamente.
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El salón de bodas era un gran edificio con un jardín extenso donde había varias mesas circulares y personas de diferentes clases sociales comían, bebían y platican contentos con la celebración. El balcón tenía una vista hermosa al mar, permitiendo mirar las montañas y también el jardín.
-Sí que es bello este lugar que escogieron para casarse.
Tea se sintió incómoda con el comentario de Yugi. Se removió en su sitio, jugando con sus dedos mientras esperaba, nerviosa, a que Yugi hablara.
-En realidad fue Kaiba el que lo escogió.-habló finalmente.
El pequeño sonrió de lado. Giró hacía Tea y la miró de pies a cabeza.
-Te ves hermosa con ese vestido.
-Gra…gracias.
Fue de esa forma que sintió los nervios de Tea.
-No te sientas incómoda. Sólo quería desearte lo mejor.
La joven abrió los ojos con gran sorpresa ante lo dicho por el chico.
-Yugi ¿qué quieres decir con eso?
-Quiero desearte un feliz matrimonio. Deseo con todo mi corazón que estés feliz al lado de Kaiba y que puedan estar juntos siempre en las buenas y en las malas.
Tea creyó que sus oídos la engañaban. Que estaba equivocada. Yugi no podía hablar en serio.
-Yugi…yo no…
-No tienes que darme explicaciones.
Tea estaba anonadada.
-El que lo nuestro no funcionara no es motivo para que termine nuestra amistad ni que no pueda mandarte mis buenos deseos.
El corazón de Tea se comprimió. Se llevó una mano al pecho y sus ojos se volvieron cristalinos.
-Yugi…
-Sé que no me amaste de la misma forma que yo te amé, pero si tu corazón está con otro hombre, sólo me queda decirte que quiero lo mejor para ti. También te pido que no te sientas mal por nada. Vive tu matrimonio al máximo.
Los labios de Tea temblaron. Esforzándose por articular palabra y decirle a Yugi sus sentimientos. Que la perdonara, que lamentaba no haber correspondido, como era debido, a su amor, pero que Kaiba ganó su corazón.
Con su dedo, Yugi limpió el rostro de Tea evitando que derramara lágrimas.
-Baja con Kaiba. Te está esperando.
Señaló abajo. Tea miró en la dirección indicada por su amigo. Kaiba miraba a su alrededor buscándola con la mirada sin éxito.
-Te quiere mucho ese hombre.-dijo Yugi y sus miradas se conectaron-Cuida de tu esposo y dale todo el amor que guarda tu corazón para él. Nunca niegues tus sentimientos por nada del mundo.
Tea no estaba segura de sí era correcto ponerse feliz o llorar de compasión y ternura ante el apoyo que Yugi le brindaba sin reproche. Le devolvió una sonrisa cálida y asintió con un movimiento de cabeza, tras lo cual se marchó caminando para reunirse con su marido.
Yugi la siguió con la mirada y vio cómo su querida Tea se encontraba con su esposo. La pareja se abrazó ignorando a los presentes que posaron sus ojos sobre ellos. Kaiba besó en la boca a Tea en un gesto lleno de amor mientras ella le correspondía igualmente.
El pequeño Yugi sonrió complacido de ver a su amiga feliz. Él también estaba regocijado por ella. Su alma estaba en paz; no había tristeza, ni dolor por haber perdido a esa chica que tanto amó en su pasado.
Levantó su mirada al cielo, contemplando la belleza del azul claro que cubría esa fiesta de ricos.
No recordaba nada, no estaba seguro de qué había pasado; sólo sabía que en su interior algo había cambiado y que sus penas anteriores estaban muertas junto con ese desprecio y odio que sentía por él mismo.
Se amaba, conocía su valor y no permitiría que una situación externa destruyera ese afecto que sentía por su propia persona. Igualmente, comprendía que si Tea no lo había amado como él la quiso, eso no significaba que estaba solo ni que no podría volver a amar a alguien ni a ser amado.
Sonrió al cielo. Sabiendo, desde el fondo de su corazón, que en alguna parte del mundo estaba la persona que en verdad sería para él y que ahora que se conocía mejor y se amaba por ser él, podría darle ese mismo sentimiento a aquella persona especial.
Porque el amor comienza por uno mismo para lograr darlo a los demás.
FIN
Mil gracias a todos los que leyeron esta historia, que la seleccionaron en favoritos, follow, etc. Deseo que la hayan disfrutado y espero nos veamos pronto en más fanfics de Yugioh.
Ayelen Rock: Alguna vez he pensado en publicar en Amor Yaoi, pero no tiene caso porque, efectivamente, no soy de escribir mucho sobre el género. Lo siento mucho, pero no presto mis obras, jijijiji. Me alegra que te gustara, espero hayas disfrutado el final.
Regina D'Inverno: Lo malo de cuando son historias cortas es que debes recortar mucho, por eso no se vieron grandes detalles. KaibaxTea es mi OTP Crash de ahí que salgan mucho en mis historias; me agradó poner la boda de ellos. Pues, mi idea es que Yami continua siendo pareja de Tea en su mundo y Yugi buscara otro amor. ¿Quién será? jijijiji.
Cote Dark Dangerous Love: Tendré que ver el capítulo 24 de la serie. Se me enredaron las cosas más que de costumbre. ¿Sabes? Me asombra como eres de intuitiva con mis historias n.n A ver qué opinión me das del final.
