*Aparece Shelfu con una armadura policial, cubriendo todo su cuerpo* LO LAMENTOOOO!!!
De verdad, he querido actalizar tantas veces... y soy tan descarada... y aghhh, de verdad siento tanto el retraso :(!
Se que no cuenta, pero lo hice más largo de lo normal. Y para aquellas que les agrade el Lemmon... por favor traer un balde para la baba (en serio)... aunque me quedó bastante suavecito para tratar de agradarlas a todas.
A verrr.... solo puedo decir que me reencontré con la trama, y estoy listísima para seguir escribiendo (llevo la mitad del cap 5) Así que no me desapareceré por eones como lo hice ahora... LO LAMENTO x 1000
No les quito más de su valioso tiempo. A leer!
Capítulo 4: "El whiskey de fuego que apagó el fuego"
Flashback
-¡No puedo creer que no volveremos más a Hogwarts! – Exclamó el niño-que-vivió.
-Así es la vida, compañero. Hay que aprovechar al máximo el día que nos queda – El pelirrojo de acercó a su amigo para susurrarle algo al oído - ¿Crees que con Hermione hoy pueda pasar algo…?
-Desiste Ron – negó Harry – Tu ruptura con ella fue hace meses, son demasiado distintos.
Ron se encogió de hombros.
Era su último día en el castillo, aquellos largos años en Hogwarts habían traído muchas sorpresas a sus vidas. Por ejemplo Harry nunca creyó tener tan buenos amigos como Ron y Hermione, y ahí estaban, juntos hasta el último año.
La gente comenzó a llegar al gran comedor muy entusiasta, no solo por el apetito en la hora del desayuno, sino también porque el consejo estudiantil había decidido hacer una fiesta de despedida para los de séptimo. Estaban todos ansiosos por la idea, el castillo estaba teñido de cuatro colores revoloteantes de excitación por la gran noche. Las mujeres se mostraban secretamente sus vestidos y accesorios para la noche, los varones se dedicaban a mirarlas con la esperanza de ligar con alguna de ellas, y otros, como Ron, refunfuñaban a diestra y siniestra de que aquella fiesta era la idea más estúpida que a alguien se le hubiera podido cruzar por la cabeza.
-Te lo digo Harry – alegó el menor de los varones Weasley – De la única cosa que me alegro al dejar Hogwarts, aparte de no verle más la cara a ese hurón déspota llamado Malfoy, es que ya no tendré que asistir a estas cursilerías.
La visión de su castaña amiga al sentarse frente a ellos los sacó de sus divagaciones, tenía una cara de sueño que no se disimulaba con nada. En un murmullo casi inaudible les deseó los buenos días y casi hunde su cara en el tazón de leche.
-No me digas que te quedaste estudiando cuando ya no habrá deberes nunca más en la vida – bromeó Ron. Ella ni siquiera tuvo la fuerza para lanzarle una mirada asesina.
-¿Te encuentras bien? – Preguntó Harry.
-Solo estoy muy cansada, pasé la noche en vela… – Dio un sonoro bostezo que cubrió con la palma de su mano. Luego se dispuso a comer su desayuno tranquilamente. Harry y Ron la miraron por un momento como pidiendo explicaciones al por qué no había conciliado el sueño, pero al parecer ella estaba muy ocupada ignorando el tema. Al rato después llegó Ginny, que si era posible, tenía una cara de desvelo peor que la de Hermione, imitó a ésta sentándose a su lado y devorando el desayuno sin decir palabra. Ambos amigos prefirieron huir.
-¿Es idea mía o nos perdimos de alguna reunión secreta a media noche? - Preguntó el pelirrojo mientras abandonaba el gran comedor acompañado de su mejor amigo.
-Ya sabes – se encogió de hombros Harry – "Cosas de chicas".
OoOoO
El fuego verdoso en la fría sala común ambientaba tétricamente la estancia y sus residentes. La escasa luz alumbraba solo rostros masculinos en pos de descanso y conversación, ni un ápice de perfume femenino adornaba ese cuadro tan deprimente, pero era obvio para todos ellos, las vanidosas Slytherin se estaban alistando para la fiesta con horas y horas de anticipación. El rechoncho Goyle devoraba unos pastelillos en una mesa a la esquina de la chimenea, y a su lado Blaise Zabinni leía un libro tranquilamente.
-¿Y Malfoy? – preguntó el moreno, observando con repugnancia como las migajas caían de la boca de Goyle – No lo veo desde ayer, no asistió al desayuno.
- 'No tfengo idfea' – masculló glotonamente. Zabinni lo miró con más asco que interés.
-¿Cómo puedes comer así luego de haberte atragantado en el desayuno? – preguntó una aparecida Pansy Parkinson, sumándose a la expresión de repugnancia de Blaise. Luego dirigió su altanera mirada al último – Oí que mencionaban a Draco, ¿Lo han visto?
-Lo mismo le pregunté a Gregory – respondió, volviendo su completa atención al libro – No tengo idea donde está.
OoOoO
El tibio sol primaveral acariciaba una rubia cabellera que se asomaba junto a unos arbustos a orillas del lago. Era un lugar muy pacífico, y bello. Podía observar la microscópica vida deslizarse bajo el agua, y la sensación del césped verde acariciar sus manos. El día era perfecto, con matices arco iris que traslucían por la vegetación. Tenía ganas de quedarse allí para siempre.
-Siempre me ha gustado este lugar – pronunció una voz femenina que él conocía muy bien. Ella tomó asiento junto a él, observando el agua con interés – Diría que es uno de los lugares más lindos del castillo.
El rubio no hablaba. Observaba el matiz de las hojas al caer, solo se dejaba fascinar por el espectáculo que la naturaleza le brindaba. Pero poco a poco su atención fue cambiando de rumbo… comenzó a sentir la respiración calmada de su compañera, sus movimientos serenos, su inigualable aura que llenaba ese momento de perfección absoluta. No quería girar para mirarla, sentía el tacto de sus rizos rebeldes rozar su cuello con el ondear del viento, y ese momento lo quería atesorar. Saber que era ella con tan solo oír sus sutiles suspiros y su inconfundible presencia. Llenarse de ese olor que tantos hormigueos causaba a su cuerpo, canela y vainilla en una mezcla tan de ella… que lo hacían perder sus anteriores ideas.
-Nunca creí estar en una situación similar contigo – habló ella nuevamente, acariciando a Malfoy con sus palabras – Si me lo hubieran contado, de seguro me hubiera espantado o matado de la risa.
Ahora si Malfoy la miró. Sus ojos se clavaron con las mieles de ella, con una mezcla entre reproche y pena.
-No soy tan malo Granger…
-Eso aún no lo se. Pero al menos tengo la certeza de que no eres tan terrible como me lo imaginé alguna vez – Draco volvió a desviar la mirada y perderse en sus divagaciones, ella, por supuesto, lo notó inmediatamente - ¿Te pasa algo?
Draco suspiró. De cierta manera compartía la opinión de la castaña, no tenía idea de cómo se había acercado de a poco a ella ni de cómo habían llegado a tal situación de confianza, pero estaba seguro de que hace años, ni por asomo, habría imaginado que precisamente ella sería considerada alguien de confianza.
Ella, esa maldita mujer, iba contra todo lo que sus padres y su estirpe le habían inculcado alguna vez.
Y quizás era por eso mismo que ella le gustaba tanto.
-Estoy un poco asustado- contestó, sorprendiéndose por el cambio que había tenido con ella. A nadie le habría dicho jamás que estaba asustado. Ni a su madre.
Pero ella también se sorprendió. Si bien no eran más que cercanos, casi amigos, o amigos a escondidas, sentía que con el heredero Malfoy podía ser distinto a lo que todo el mundo esperaba de ella. Se sentía libre, mucho más libre que nunca. Y eso la asustaba a ella también.
La asustaba la idea de pensar en él día y noche como una quinceañera con hormonas revolucionadas, se moría de la rabia cuando sus pensamientos de media noche la llevaban a sus finos labios y sus profundos ojos, cuando despertaba de madrugada sudorosa porque se lo imaginaba entre sus piernas. Se culpaba, una y otra vez, por imaginarse acurrucada entre sus brazos, por sentir su lengua donde sea que el estimara conveniente.
No la asustaba, la aterraba.
La aterraba la idea de enamorarse de él. Porque eran distintos. Porque no eran el uno para el otro.
Pero el hecho de que sus ojos, profundos como la luna, la miraran con tal intensidad frente al paisaje que a ella más le gustaba, tenía una magia oculta. Sentía que si no lo tocaba se le iría el alma, necesitaba ese calor que emanaba su cuerpo con solo rozarlo. Y verlo iluminado por el sol y despeinado por el viento no eran de mucha ayuda para sus impulsos.
Con toda la fuerza de voluntad que le quedaban después de años de estudios agotadores, Hermione desvió la mirada de esos ojos que la estaban torturando. Intentó sentir la brisa, rezó para que el ambiente se volviera helado derepente y apagara el color de sus mejillas. Que alguna magia desconocida la salvara de esa situación… Más sin embargo ninguna magia protectora es tan fuerte para resistirse a los dedos del rubio tocando su barbilla, girándola lentamente hacia su cara y depositando un intenso beso en sus labios temblorosos.
Ninguna magia combatía su lengua, sus brazos aprisionándola contra su pecho. Ninguna clase de fuerza sobrehumana o natural era capaz de anular las sensaciones que causaba su piel.
Nada podía protegerla contra Draco Malfoy.
Mas él solo pensaba en sus labios, y como se movían tímidamente y con poca experiencia. Su cabeza solo ocupaba la idea de arrancar un gemido furibundo de los labios de esa castaña que, sorpresivamente, había correspondido su beso espontáneo. Sintió deseos que ninguna mujer le había despertado con tal intensidad, deseaba llevarla a lo más profundo del bosque.
La deseaba. Con todas sus fuerzas.
Y eso era finalmente lo que ambos temían y no podían combatir.
El ladrido de Fang, el perro jabalinero de Hagrid, hizo que ambos se separaran tan rápido como se habían unido. Draco volteó a ver al animal quien no cesaba de ladrar contra unos matorrales tras ellos, y en menos de lo que tardó en voltearse Hermione había huido despavorida de aquella situación.
-Maldito perro – bramó Malfoy, jadeando no solo de ira. Se incorporó y se dirigió a paso firme hacia el castillo.
Pero Fang seguía ladrando a los matorrales, donde una colérica Pansy Parkinson estaba escabullida sigilosamente.
OoOoO
-¡Dónde estabas, hombre! – exclamó Zabinni al ver entrar a Malfoy en la sala común. Dejó su libro a un lado y se dirigió hacia él - ¿Se puede saber donde mierda estabas metido?
-¿Y a ti desde cuando te interesa mi bienestar, Blaise? – preguntó, con el ceño fruncido.
-Desde que la loca esa que tienes de novia, ha movido a todo Hogwarts y nos pregunta cada treinta segundos si sabemos donde estás.
Malfoy se tendió tranquilamente en el sofá ahuyentando a los pequeños de primero.
-En primer lugar esa loca de patio no es mi novia. Y en segundo lugar no es problema mío que esté obsesionada conmigo…
-¡Draco! – La voz de Pansy se hizo escuchar en la mazmorra, él puso los ojos en blanco y suspiró. Zabinni lo miró con misericordia - ¿Dónde estabas?
¡Necesito mostrarte mi vestido para que nuestros trajes sean a juego! ¡No debemos desentonar! – Y rápidamente subió las escaleras en busca de su traje.
-No sabía que la fiesta de hoy era con parejas… - Agregó Goyle desde su rincón.
-Ya sabes como es Parkinson. Aprovecha toda oportunidad para exhibirme como si fuera realmente suyo.
OoOoO
El reloj ya casi marcaba las ocho de la tarde, hora en que se abrirían las puertas del gran comedor para realizar la fiesta. Poco a poco el vestíbulo fue llenándose de gente elegantemente vestida. Harry estaba en un rincón junto a Ron quien esperaba ansiosamente que abrieran la puerta. Su escusa era que se moría de hambre, pero Harry estaba seguro de que quería encontrarse con alguien…
-¡Hola chicos! – Una preciosa Ginny Weasley los saludó. Su vestido negro resaltaba sus curvas bien formadas, dejando boquiabierto al pelinegro. Él querría haberle dicho alguna palabra bonita, como lo bien que se veía, pero ningún sonido salió de su garganta.
-¿Y Hermione? – Preguntó Ron, notando que la pelirroja llegaba sola – No me digas que no va a venir…
-Si vendrá, pero tuve que convencerla – respondió su hermana – Al parecer no se sentía muy bien en la tarde.
-Lo noté – dijo al fin Harry - ¿Por qué tenían ese semblante ustedes dos?
-Nos quedamos hablando hasta muy tarde – respondió – Yo también tengo un poco de sueño.
Repentinamente las puertas del gran comedor se abrieron para dar inicio a la ceremonia de despedida para los alumnos de séptimo. Las mesas características habían desaparecido dejando una amplia pista de baile y un sector con comidas y bebidas. Los tres se adentraron en el salón notando como la decoración festiva alentaba a todo el mundo a bailar y disfrutar del evento.
-Ahí está ese hurón – refunfuñó Ron, mientras señalaba a Malfoy que junto con Parkinson vestían una carísima vestimenta verde penumbra – Si ese par llega a tener hijos, créanme que mi descendencia no irá al mismo colegio que ellos. Víboras.
-No te amargues la noche Ron – lo animó Harry – Vamos a ver que hay de beber.
Mientras Ginny se servía ponche, sintió un codazo sutil en su espalda. Ya estaba maldiciendo a quien lo había echo cuando vio a su castaña amiga metida en un vestido violeta oscuro de corte irregular, y un peinado que, obviamente, le había llevado horas hacerse.
-Ginny… por favor acompáñame al baño. Necesito contarte algo.
La pelirroja abandonó su ponche, siendo arrastrada por Hermione y seguidas con la mirada por el acompañante de Parkinson.
OoOoO
-¡QUÉ!
- No grites tan fuerte, Ginny…
-Pero es que… por Merlín santísimo… ¡No puede ser…! – La pelirroja se echaba aire con las manos dramáticamente.
-No seas exagerada, fue solo… una estupidez.
-¿A semejante besuqueo frente al lago, a solas, le llamas una estupidez? – Ginny puso los ojos en blanco – Yo se que te juntabas con Malfoy, pero nunca supe que te gustaba…
-¡Y no me gusta! – se defendió Hermione, no muy convencida de lo que ella misma estaba afirmando – Fue… no se, solo nos dejamos llevar por lo lindo del paisaje…
Ginny enarcó una ceja, incrédula. Miraba a la castaña con cara de "No se quien te crees que soy, pero no te creo una sola palabra…"
-En serio Ginny, estoy un poco arrepentida… con Draco estábamos creando un lindo lazo que pudo haberse roto hoy…
-Pues, no sacas nada con evadirlo. Necesitan hablar. Necesitan aclarar que todo fue un error.
Hermione suspiró. Ni ella estaba muy segura de lo que quería o necesitaba decirle a Malfoy.
-¿Y qué hacemos con esa víbora de Parkinson? No se despegará ni un solo segundo de Draco.
-Déjamelo a mi – sonrió la pelirroja maliciosamente – No por algo soy hermana de los gemelos Weasley.
OoOoO
Y era verdad. Creer que Ginny Weasley era tímida, calmada o menos bromista que el resto de sus hermanos, era un insulto real a su nombre.
En algunos libros de herbología salían criaturas similares a los peces globo, algunas más monstruosas, otras de colores chillones y notoriamente venenosos. Pansy Parkinson, luego de beber del ponche contaminado con polvos de zonko que la pelirroja vertió en la bebida, era una mezcla de todos esos especímenes más otras criaturas viscosas y de dudosa procedencia sacadas de varios libros en la sección prohibida. Lo que a Hermione le dio más pena fue ese vestido tan caro, quedó reducido a jirones luego que su dueña se hinchara más que la tía de Harry en 2do año, y esas lujosas joyas salir disparadas por todo el salón…
Lo que Draco agradecía era que, no solo se llevarían a esa odiosa compañera a la enfermería el resto de la noche, si no que la garganta de Parkinson estaba tan hinchada que no fue capaz de pedirle al rubio que la acompañara.
Y, claro, tendría la noche libre para saldar cuentas con la castaña escurridiza.
No fue muy difícil encontrarla, de hecho, pareciera como si ella estuviese parada en el umbral de la puerta del vestíbulo a propósito. Malfoy aprovechó el momento en el que todos en el salón ponían atención al sermón de McGonagall por lo ocurrido con Parkinson para escabullirse y tomarla del brazo sin que nadie lo notara.
Caminaron hasta salir del castillo sin emitir sonido alguno. Ninguno de los dos sabía exactamente qué decir, y ninguno de los dos sabía tampoco exactamente a donde iban. Siguieron caminando hasta llegar al mismo lugar en el que se besaron, casualmente se veía igual o más hermoso, las luces del castillo adornaban el lago, y las estrellas se encargaban de darle un toque nostálgico a la noche.
Pero no estaban allí con los mismos ánimos que en la tarde. Había tensión. No existía esa complicidad inicial.
-Discúlpame – Se le escapó a la castaña. Malfoy la miró. – No se exactamente qué cruzaba por mi cabeza, no tengo la certeza de nada en este momento, Draco. Pero en verdad lo lamento…
Él miró el lago, como buscando en él las palabras adecuadas. Hermione sentía que nunca antes en su vida el silencio y la espera habían sido tan incómodos. ¿Qué estaría pensando? Conociéndolo, seguramente estaría pidiendo un eterno perdón a cada antepasado sangre pura por haber osado tocar los labios de una sangre sucia inmunda.
Y esa idea le dolió. Mucho más que cualquier insulto intencionado que el rubio le haya propinado años antes.
-¿Que te disculpe? – Preguntó al fin - ¿Por qué te disculpas? ¿Sientes que hiciste algo mal? – Draco hizo una mueca, como si le doliera algo - ¿Sientes que no debió pasar? ¿Realmente te arrepientes?
No supo que contestar. No recordaba haber estado en una situación tan complicada nunca antes. No por el hecho de ser de difícil solución, más bien era un guiso de sentimientos opuestos. Lo peor de todo es que ni su corazón ni su cerebro le daban respuestas, ni ella sabía siquiera formular una contestación para aquella interrogante...
Su silencio, evidentemente, inquietaba de manera exagerada al heredero de los Malfoy.
-¿Tan difícil es la respuesta, Granger? – Preguntó, notoriamente molesto – Tú, la sabihonda de la clase, la que siempre tenía las respuestas a todas las interrogantes habidas y por haber… ¿No puedes darme un pequeño "si o no" a algo tan simple como un echo que ya deberías tener más que claro?
Hermione lo miró anonadada. ¿Cuál era la real importancia de esto? Es decir, ella ya lo había afirmado una vez, ya había pedido disculpas, había expresado que en verdad lo sentía, había dejado más que claro el hecho de que SI, se arrepentía, así que analizándolo un momento no encontró ni pies ni cabeza a la pregunta de Malfoy. Sin embargo (y ese maldito "pero" le molestaba en demasía), ella estaba segura de que las disculpas que recientemente le había dado al rubio no eran más que una respuesta automática, causada por el estupor y la vergüenza, por el miedo a ser rechazada…
Porque aunque, joder, le molestaba tanto el hecho de admitirlo… Le encantaba ese rubio con ojos de plata. ¡Y decir que le encantaba era nada!... pero no podía darse el lujo de que él lo supiera. Tenía la sospecha de que si Draco llegaba a saberlo, sería su infierno.
Y aunque lo había afirmado una vez, no podía confirmarlo. No podía decir nuevamente que si se arrepentía, cuando lo que en realidad quería era lanzarse a sus brazos nuevamente.
Optó por callar.
Y Draco optó por desesperarse y, por poco, tirarse de los cabellos.
-Maldita sea, Granger… - Draco no estaba bien, y se le notaba - ¿Por qué me dejas así, con respuestas a medias? ¿Es tan difícil de poner en palabras? – De verdad, se veía frustrado – No puedo entenderlo, de verdad creí que esto iba a alguna parte… - Se dejó caer al césped, sentándose – De verdad creí que teníamos algo…
Momento… ¿Teníamos algo? Eso era un vuelco radical en todos los sentidos. ¿Draco no se arrepentía?... ¿No se daba cuenta de que, lo que estaban haciendo, era un insulto a su familia, a su estirpe, a sus creencias, a todo?
-¿Qué quieres decir con eso? – Preguntó, un poco asustada. Pero inmediatamente después se sintió la persona más estúpida del mundo mágico.
Vio a Draco pararse, súbitamente. Ella creyó por un instante que se largaría de ahí sin decir ni una palabra más, y en efecto, no pronunció palabra alguna. No porque se haya ido, no porque no tenía cosas que decir, si no porque los labios de Draco estaban tan ocupados aprisionando los de ella que no había siquiera espacio para la comunicación oral.
Otro beso, ahí mismo, con casi las mismas características contextuales. Pero infinitamente mejor… No significaba que el primer beso había sido malo, ni por asomo. Pero ahora era distinto, calmado y furioso a la vez, como si quisiera dejar en claro que ella era suya, que la quería, y que esa noche no la olvidaría.
Y a ella no le quedaba más que ceder ¿Qué otra cosa podría hacer? Si sentía que ese beso le quemaba, si sentía las manos del Slytherin ardiendo en su cintura.
Ministro de magia a quien sea quien le haya enseñado a besar a ese hombre, por Merlín.
Cuidadosamente, Draco la reclinó sobre un árbol cercano. No paró de besarla un solo instante, y ella estaba segura de que aunque llegara Fang otra vez a interrumpirlos, no pararían. Draco se sacó los guantes de seda blanca que llevaba en esos momentos, y se dedico a la tortuosa tarea de tocarla. Ella supo, más aún en ese momento, que Draco era fuego, la quemaba, la hacía arder con sólo tocar sus muslos por debajo del vestido, con sólo recorrer con esa lengua fugitiva las marcadas clavículas femeninas. Draco hacía sudar, por que el calor era él, porque su cuerpo era brasa. Y ella si, quería quemarse, incinerarse si era posible, fundirse en el ardor que le causaban sus manos.
No quería desearlo, pero sin embargo lo hacía con todas sus fuerzas. En un rincón de su mente imploraba que sólo fuera una pasión adolescente, una aventura no más allá que en la última noche del colegio, más aún todo el resto de su cuerpo lo pedía a gritos, más allá que una revolución de hormonas. No sólo lo deseaba, y aunque jamás lo admitiría, lo amaba.
Draco no podía más. Aunque ella pensara lo contrario, él si había considerado innumerables veces a su estirpe, a sus padres, a sus valores inculcados, había pensado en cuan desilusionados y asqueados de él estaría su familia si lo vieran en ese momento. Pero ya no le importaba, ni ellos ni su maldita casta. Por él, que todos sus ancestros y sus compañeros Slytherin vieran como le hacía el amor a la que llamaban sangre sucia. A la que tanto denigraban, a la que le hacían muecas de asco y horribles dibujos en el mural de la sala común, a ella que trataban peor que un animal, peor que un elfo doméstico, peor que la escoria, a la que el mismo trató así alguna vez. A ella, esa castaña que gemía entrecortadamente bajo su cuerpo, que a cada beso le mordía el labio inferior, suplicante, pidiéndole en una callada súplica más… Esa impura, que lo abrazaba con todo su cuerpo, que semidesnuda se dejaba tocar, que hacía que él perdiera los sentidos y la noción de la realidad.
A ella que amaba, desde Merlín sabe cuando. A esa mujer que ya no aguantaba por hacer suya.
Malfoy, en un intento de contenerse, bajó un poco la cremallera del vestido de Hermione, ubicado en su espalda; no mucho, lo suficiente como para liberar sus pechos, no muy grandes, inmaculados, pálidos, adornados con un pequeño botón rosado en la punta de cada cual. Y él no aguantó saborearlos, causando que ella se arqueara contra su cuerpo expectante, sintiendo como algo ya crecido dentro de los pantalones de él se le clavaba sobre la ropa interior. Era demasiado, más de lo que cualquier simple mortal puede soportar. Si sus labios eran el éxtasis, sus pechos eran el paraíso. Su cuerpo era el paraíso. Y él estaba seguro que jamás se cansaría de explorarlo. Siguió el recorrido por su cuerpo, bajando las manos de sus pechos a su cintura, de su cintura a sus nalgas, levantando más el vestido, sintiendo la inconfundible lencería de encaje en sus manos. Tocó el borde de sus bragas, jugó con los pliegues, aprovechando de inspeccionar más su anatomía. Subió tocando sus piernas, abiertas de par en par, siendo el único anclaje de ella al mundo el cuerpo de Malfoy y el árbol que la sostenía.
Es cierto que la hebilla del cinturón del rubio la lastimó un par de ocasiones, pero no era precisamente por ese motivo que ella decidió arrancarlo de un tirón. Ni siquiera le molestaba la cremallera, pero igual la bajó. Jamás se había sentido tan aventurera. Él se deshizo de la prenda íntima de ella, para no quedar en profunda desventaja. Draco la miró a los ojos unos instantes, antes de que todo fuera irreversible. Ella, con sus pupilas dilatadas y su aliento entrecortado, asintió tímidamente a la interrogante oculta en la expresión del heredero Malfoy. Lo vio bajar un poco sus pantalones y sintió el miembro erguido de él colocarse en su entrada, con suavidad. Ella cerró los ojos, intuyendo lo que venía, y él solo atinó a poner sus labios sobre los de ella al momento que la penetraba con delicadeza.
Era muy cierto lo que decían las chicas, lo que Ginny le dijo alguna vez también. Dolía, dolía mucho, pero sabía que era sólo una primera etapa.
-No te muevas aún, por favor – Imploró la castaña entre los labios de él, cerrando los ojos con más fuerza para atenuar el dolor. Él sólo continuó besándola, sin moverse un solo centímetro de su posición inicial. Hermione inspiró suavemente unos minutos – Hazlo lento, por favor.
Draco obedeció. Comenzó a moverse poco y muy lentamente, no era como las veces anteriores en que había tenido sexo. No significaba lo mismo, como el sexo salvaje que tenía con Parkinson en el sillón de la sala común, o con las escapadas nocturnas con las otras Slytherin. Esto verdaderamente le importaba, quería que ella lo disfrutara, quería hacerla feliz. Continuó moviéndose muy lentamente, besándole el cuello, toda la cara, los hombros. La acariciaba y ella se abrazaba a él, se acurrucaba.
Una vez él sintió que los músculos de ella se relajaron un poco, decidió moverse más rápido. Ella no mostró rechazo, por lo que siguió en su faena. La embestía en un ritmo perfecto a sus besos, se agarraba de las nalgas de ella para no perder el equilibrio, y ella sólo gemía y hacía chocar su aliento en el hombro de él. Poco a poco la vio arquearse, gemir más fuerte, mordisquearle la clavícula. Le volvían loco esos ruidos nasales que se escapaban de ella cuando la envestía un poco más profundo.
De repente Draco paró, ella lo miró interrogante. El rubio llevó su mano derecha al moño de la castaña y se lo desató, liberando los rizos salvajes del peinado.
- Me gustas más así – Le dijo, con una sonrisa de medio lado. Ella sólo supo sonrojarse – ¿Estás cómoda?
-Si – dijo ella – Estoy bien.
Él sonrió de nuevo, y continuó embistiéndola contra el árbol. Siguieron así, no variando mucho en su posición. Ella sentía como pequeñas deformaciones del tronco en su espalda se le clavaban y le dolían, pero realmente no le importaba mucho. No quería interrumpir lo que hacían.
Ella podía jurar que era casi mágico, las sensaciones de el choque de pelvis, de las manos de él agarrando sus nalgas, eran demasiado fuertes. Él era mágico, su cabello desordenado, su camisa semiabierta, corbata torcida, esa pequeña gota de sudor balanceándose en su barbilla, y esos ojos mercurianos centellando, sin parar de mirarla, haciendo un compás con sus labios y su lengua, que muchas veces se aventuraba a encontrarse con la suya.
Quizá cuánto tiempo estuvieron así, sintiéndose uno. Fundidos. La noche no helaba, la naturaleza los acompañaba, y las luces del castillo seguían parpadeando a la lejanía.
-Hermione, no podré aguantar mucho tiempo más – dijo jadeante el rubio, sin parar de embestirla con fuerza. Ella asintió, como si hubiera entendido que estaba cansado por la posición tan difícil que estaban haciendo, y justo cuando ella se acomodó un poco para salir de aquella posición, sintió como un líquido caliente se escurría en sus entrañas.
Ella abrió los ojos, sorprendida.
-Lo lamento, dijo Draco, apoyándose sobre su pecho - No alcancé a salir de tu cuerpo…
-No importa – respondió ella. Abrazándolo.
OoOoO
Caminaron bajo el cielo estrellado, a paso lento, en dirección hacia el castillo. Por lo tarde que era el frío había comenzado a asomarse, el rubio le pasó la chaqueta del traje a Hermione. Ella le sacó juguetonamente la corbata y se la puso también. No hablaron, a pesar de que muchas cosas cruzaban la mente de ambos, ella necesitaba saber qué había significado todo eso, él necesitaba decirle que quería estar con ella por siempre. Mañana sería otro día, y tendrían todos los días venideros para hablar sobre el tema. Al llegar al vestíbulo, ella subió un escalón para estar a la altura de Draco y le abrazó el cuello. El le sonrió, y le dio un pequeño beso en los labios. La castaña le devolvió la chaqueta, quedándose con la corbata.
-¿Nos veremos mañana? – Preguntó el rubio, entusiasta.
-¿Mañana, después del desayuno, donde siempre? – Preguntó ella.
-Perfecto.
Se besaron una última vez, lentamente, tiernamente. Ella subió la escalera mirando constantemente hacia atrás, hasta que se perdió de vista. Draco se quedó allí unos instantes, mirando el lugar en el que ella estaba hacia unos minutos. Dio media vuelta y se dirigió a las mazmorras. A la sala común.
No había la necesidad de entrar en ella como para darse cuenta que la sala de los Slytherin era un caos total. Desde fuera se escuchaban los gritos indudables de Pansy Parkinson, Draco inspiró profundamente antes de cruzar la pared de piedra.
-¡Malfoy! – Zabinni fue el primero en verlo - ¿Dónde mierda estabas? ¡Parkinson nos volverá a todos locos!
-¡Draco! – la aludida corrió hacia el rubio al momento de oír su nombre. Él puso los ojos en blanco y suspiró - ¡Te he estado buscando por todo el castillo! La cura para el embrujo que me lanzaron era más simple de lo que creí, sólo estuve 30 minutos en la enfermería.
-Grandioso – pronunció Malfoy, con un tono que no tenía nada de "grandioso".
-¿Dónde estabas? – preguntó la morena, con los ojos suspicaces.
-Por ahí. Fuera del castillo.
Pansy hizo una mueca de odio, Draco no la notó.
-¿Quieres algo caliente de beber? Afuera hace mucho frío. ¿Un té, café, algo?
-Lo que sea – pronunció Draco, con la sola esperanza de que se callara y se fuera por un instante. Pansy desapareció rumbo a las cocinas, y Zabinni se acercó a Malfoy.
-¿A quién te tiraste hoy, eh? – Habló el chico negro – Supongo que es de otra casa, porque todas las Slytherin estaban por aquí. Espero no haya sido una Huffie regordeta o una Gryffindor con acné. – Zabbini rió. Más el rubio lo ignoró descaradamente.
OoOoO
-Panqueques con miel – pronunció Hermione al retrato de la dama gorda. Este se abrió y ella ingresó de puntillas a la sala común. Estaba todo a obscuras, lo que demostraba que era más tarde de lo que ella creía. Estaba por llegar a la escalera que conducía al dormitorio de las chicas cuando una luz en la esquina de la estancia se encendió, dejando ver a una Ginny Weasley expectante y llena de curiosidad.
-Tú hoy no duermes Granger – le dijo, emocionada – Pon tu trasero propiedad de Malfoy acá, porque me tienes que contar todo.
Hermione sonrió, con esas sonrisas que se dan cuando uno está realmente feliz.
-Despeinada, con su corbata, con el vestido sucio… - continuó la pelirroja – Me huele a pérdida de virginidad.
-Algo así – respondió ella, desafiante.
-¡No puedo creerlo! ¡Cuéntame TO-DO!
-Me encantaría, querida, pero todo fue tan desenfrenado que me duelen hasta las uñas. Quizás mañana te cuente un poco. Sólo un poco. – Y subió rápidamente las escaleras sin que Ginny alcanzara siquiera a reaccionar. Al llegar a la habitación de las chicas de séptimo se desvistió silenciosamente y se metió a la cama. Con tantos recuerdos palpables, resientes, le sería muy difícil dormir.
OoOoO
-Aquí tienes Draco - Le ofreció Pansy al rubio tendido sobre el sofá, poniendo especial cuidado de pasarle el whisky correcto. Malfoy lo recibió sin decir nada, y lo dejó entre sus manos varios minutos. La mujer lo miraba expectante, esperando que le diera al menos un sorbo a la bebida alcohólica.
-No hace falta que me esperes, Pansy. Hoy no hay noche de pasión.
-Solo espero a que pruebes el whiskey Draco – respondió ella, con tono tétricamente angelical – Lo preparé tal y como te gusta, 2 hielos, lleno hasta la mitad, con…
-Está bien, está bien – Malfoy tragó de un sorbo el contenido del vaso, haciendo una mueca - ¿Contenta?
La chica sonrió, más allá de una sonrisa complacida. Draco se levantó y se dirigió a las escaleras.
-Voy a dormir, nos vemos mañana – y subió peldaños arriba.
-Descansa, cariño – le deseó ella, con una gran sonrisa de satisfacción. Cuando Draco se perdió de vista ella sacó una pequeña botella con una poción púrpura en su interior. La miró unos instantes y la volvió a guardar, procurando que nadie se hubiera dado cuenta.
-Si, mi dulce Draco. Eres demasiado bueno para una mugrienta sangre sucia – murmuró – Demasiado bueno para alguien que no sea yo.
OoOoO
Alcanzó a levantarse temprano, quizás por la ansiedad, quizás por la ilusión de no toparse con Ginny para no tener que dar explicaciones antes del desayuno. Se dio una ducha rápida y refrescante, sacando todo resto de la noche anterior de su cuerpo, con algo de nostalgia. Al terminar de vestirse guardó cuidadosamente la corbata de Malfoy entre sus cosas, y bajó anímicamente dispuesta a desayunar.
Iba bajando la escalera de mármol, llegando al vestíbulo, cuando una escena la hizo perder más que el apetito. Aquel rubio, a quien había entregado todo la noche anterior, aquel que le susurró mil "te quiero" al oído mientras hacían el amor, estaba de espaldas besando a Pansy Parkinson, abrazándola como lo hizo con ella, tocándola como lo hizo bajo la luna…
Pansy le susurró algo al oído a Draco, él se dio vuelta. La miró y se mofó descaradamente.
-Piérdete, insulto a la sangre – le gritó, haciendo que algo en ella se rompiera.
OoOoO
Por razones que ni Harry, ni Ron, ni Ginny entendieron, Hermione se fue en un vagón sola. Acompañada por la soledad acongojante, y por las risas de Draco Malfoy que se escuchaban desde el vagón vecino.
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¿Quieren saber qué sigue? REVIEEEEWS :D
