Hola gente querida de mi corazón!

Volví al fin después de muchos días de desaparecida! Y hoy les traigo un cap que me salió muy extenso, así que creo que viene bien para compensar mi ausencia…

Antes de invitarlxs a leer, hago una aclaración: La canción que elegí para casi el final de este cap es "God only knows" de The Beach Boys en versión de MonaLisa Twins. Espero que la escuchen y la disfruten!

Bueno, sin más para decir por ahora lxs dejo leer el CUATRO en paz y les pido como siempre que no dejen de contarme qué les pareció.

Todos los personajes pertenecen a su autora Naoko Takeuchi, yo sólo los tomé prestados.

Abajito me despido…

Bell.-


:: Capítulo Cuatro ::

Después de darse una rápida ducha y de vestirse con la única ropa relativamente ligera y cómoda que había llevado, Darien salió de su habitación para ir a encontrarse con Serena y Hotaru.

Una vez que bajó del ascensor y se dirigió hacia el hall del hotel donde ellas estaban esperándolo, a medida que se iba acercando y las observaba conversar y reír divertidas, volvió a percibir esa sensación de bienestar y alivio que comenzó a sentir desde el momento que las conoció.

Y mientras caminaba hacia ellas y veía que las dos se ponían de pie, no pudo evitar dirigirle una seductora y dulce sonrisa a Serena, que también lo miraba sonriente. Sin dudas estaba más que cautivado con ella, y podía darse cuenta de que poco a poco Serena provocaba en él emociones mucho más profundas que una simple atracción.

Jamás se había sentido así por una mujer, o al menos no recordaba haberlo hecho de esta forma tan intensa y repentina, ya que hacía solo un día que la conocía y sin embargo podía reconocer que cada vez que compartía un momento con ella todo era tan simple y cómodo como si lo hubiera hecho siempre.

Cuando llegó a su lado, su sonrisa no se le borraba de la cara y no dejaba de mirarla fijamente a los ojos. Pero la voz de Hotaru lo hizo regresar a la realidad. —Qué lindo estás, Darien —comentó la niña mientras lo examinaba de pies a cabeza—. ¿Verdad, Serena, que se ve lindo vestido así?

Él esperó a ver su reacción, y tal y como se imaginaba que ocurriría ella se sonrojó enseguida y luego lo miró a los ojos con timidez. —Sí, te ves… Te ves bien —le dijo con una sonrisa coqueta.

Darien rió algo avergonzado, aunque también halagado por los cumplidos. —Bueno, ¿ya podemos irnos? —les preguntó mientras se rascaba la cabeza nervioso.

Hotaru se paró en medio de él y Serena, y cuando tomó a cada uno de las manos sonrió contenta. —¡Vamos!

Entonces los tres se encaminaron hacia la salida. Todo estaba marchando perfectamente bien, a pesar de haber vivido momentos tan difíciles y dolorosos tras la muerte de Mamoru. Sin embargo estando juntos se sentían contenidos, seguros, tranquilos, como si fueran una familia.

Pero de repente Darien se detuvo al reconocer a alguien que acababa de entrar al hotel. Y al ver que esta persona se acercaba apurada a él, sintió que toda su ansiedad y malestar volvían a dispararse. —¡Darien! —exclamó la mujer mientras lo abrazaba.

Y él forzosamente soltó la mano de Hotaru para evitar perder el equilibrio—Saori —dijo desconcertado—, ¿qué rayos estás haciendo aquí? —estaba tan sorprendido por su inesperada aparición que no sabía cómo reaccionar.

Saori se separó un poco pero sin soltar el abrazo. —Darien —dijo con voz temblorosa—, mi amor… —y sin darle tiempo a nada lo besó en los labios.

Él enseguida la tomó de los hombros para alejarla. —Pero… —ahora se mostraba claramente enojado—. ¿Pero qué te pasa, Saori? ¿Por qué hiciste eso?

Ella se llevó las manos a la boca. —Lo siento —dijo con voz más temblorosa—. Lo siento, yo no quise… —e instantáneamente estalló en llanto—. Perdóname, Darien —volvió a abrazarlo—, es que estaba desesperada —gimoteaba—, estaba… —y su llanto era tan intenso que no pudo seguir hablando.

Darien no sabía qué hacer ante tan insólita e incómoda situación, y cuando miró a Serena y a Hotaru que estaban a un lado observando boquiabiertas todo lo que ocurría, se puso más nervioso todavía.

Volvió a soltar a Saori. —Tranquilízate —le dijo más enojado—, ya cálmate, ¿quieres? Estás montando una escena totalmente inapropiada en un lugar y momento inoportunos. ¿Te puedes tranquilizar de una vez, por favor?

Saori parecía sentirse realmente avergonzada por lo que había hecho. —Oh, por dios —dijo al percatarse de la presencia de Serena y Hotaru—. Discúlpenme, por favor, no me había dado cuenta de que tenías compañía, cuánto lo siento —se acercó a ellas con una forzada sonrisa para saludarlas—. Permítanme presentarme, mi nombre es Saori —las dos la observaban extrañadas—. Tú debes ser Serena, ¿verdad? Gusto en conocerte —Serena sólo asintió con la cabeza—. Y tú —continuó Saori mientras se acercaba a Hotaru—, si no me equivoco tú eres la pequeña Hotaru, ¿cierto? La hermanita de Darien —la niña también asintió—. Encantada de conocerte pequeña, eres tal y como te imaginaba, igualita a él.

—¿Y tú quién eres? —le preguntó Hotaru con desconfianza—. ¿Acaso eres la novia de Darien? —y le dirigió a él una mirada acusadora—. Tú me dijiste que no tenías novia.

Saori no sabía qué decir. —Bueno, en realidad yo…

—Ella es una amiga de Tokio —intervino Darien enseguida—, y mi socia, trabajamos juntos.

—Sí, nosotros somos socios —siguió Saori—. Tenemos nuestro propio estudio hace ya un par de años y…

—Si no son novios —los cortó Hotaru—, ¿entonces por qué lo besaste?

—Hotaru, por favor —la interrumpió Serena mientras la tomaba otra vez de la mano—. Nosotras ya nos íbamos —dijo cordial y los despidió a los dos—. Gusto en conocerte, Saori. Adiós, Darien.

Pero cuando quiso retomar sus pasos para irse, Hotaru la detuvo. —Espera, Serena, Darien viene con nosotras.

Serena lo miró seria. —Darien ahora tiene que ocuparse de otros asuntos, ¿verdad? —y sin esperar a que él respondiera, volvió a mirar a la niña—. Debemos irnos, los chicos nos están esperando.

—Pero Serena… —quiso insistir Hotaru.

—No te preocupes, Hotaru —dijo Darien mientras se agachaba frente a ella—. Iré en un momento, ¿sí? Ustedes adelántense y yo en un rato las alcanzo.

—¿En serio vas a ir?

—Claro que iré, quiero conocer a tus amigos.

—¿Lo prometes?

—Lo prometo.

Hotaru saltó sobre él para abrazarlo y Darien rió por su reacción. —Está bien —dijo ella al separarse—, te estaré esperando —sonrió contenta y tomó de nuevo la mano de Serena—. Adiós.

Cuando ellas finalmente se fueron, Darien se incorporó y volvió a mirar a Saori. —¿Me puedes explicar qué está pasando? —le preguntó molesto—. ¿Cómo se te ocurre aparecerte de esta forma, Saori? ¿Y sin avisarme nada? Te dije que no vinieras, te dije que…

Saori se acercó a él. —No pude evitarlo, Darien. Estaba realmente desesperada, tenía que verte, necesitaba saber cómo estabas. Y cuando hablamos por teléfono más temprano ya estaba en la estación, a punto de tomarme el primer tren para venir aquí.

—Pues si aún estabas en Tokio debiste haberte quedado —refutó Darien—. ¿No fui claro cuando te pedí que no viajaras? ¿Cuando te dije que quería estar solo? ¿Acaso no me entendiste?

—Eres imposible, Darien —protestó ella—. Vengo a verte en persona porque estoy preocupada por ti, porque quiero estar contigo, saber cómo te sientes, ¿y así es cómo me recibes?

Darien puso los ojos en blanco ante su reproche. —No puedo creerlo —dijo más molesto—. No puedo creer que seas capaz de… —y se calló al notar que comenzaba a elevar el tono de su voz—. Maldición, esto es tan incómodo —resopló enojado—. Necesito un cigarrillo, necesito…

Y cuando quiso encender el cigarrillo que acababa de sacar de su bolsillo, el recepcionista del hotel se acercó a él. —Señor, disculpe, pero aquí en el hall no se permite fumar —le advirtió el hombre.

Darien guardó de nuevo el cigarrillo y tomó la maleta de Saori. —Vamos a mi habitación. Tú y yo tenemos que hablar muy seriamente —se encaminó hacia el ascensor y ella lo siguió.

.

.

.

Mientras tanto, Serena y Hotaru caminaban en silencio dirigiéndose hacia el bar de sus amigos que quedaba a pocas calles del hotel. Desde que salieron de ahí ninguna de las dos dijo más nada, sin dudas la aparición de Saori que instantes antes había interrumpido tan agradable momento que estaban compartiendo con Darien, no les había caído precisamente bien.

Después de unos largos y tensos minutos, Hotaru se atrevió a romper el silencio. —¿Estás enojada?

—No —le respondió Serena sin mirarla—, ¿por qué lo preguntas?

—¿Entonces estás triste? —volvió a preguntar Hotaru. Serena negó con la cabeza—. ¿O preocupada? Algo te pasa, no me mientas.

Serena se hacía la desentendida. —No me pasa nada, estoy bien.

—Si no te pasa nada, ¿por qué estás tan callada y seria? ¿Por qué tienes esa cara? —insistió Hotaru—. Vamos, dime qué tienes, desde que salimos del hotel estás…

—Te digo que estoy bien, Hotaru, en serio.

Hotaru se impacientaba cada vez más. —Vamos, Serena, no te hagas la tonta. Es obvio que te cayó mal que esa tal Saori se apareciera de repente. Pero no debes darle importancia, Darien dijo que no tiene novia, que ella sólo es su socia, y yo le creo.

Serena dejó de caminar y se agachó frente a ella. —Hotaru, escúchame bien lo que te voy a decir: Yo entiendo que tú deseas que yo… —inspiró profundo y continuó—. Sé que quieres verme feliz, enamorada, que esperas que encuentre a alguien especial y todo eso que siempre me dices. Pero yo ya te expliqué muchas veces que así como estoy me siento bien.

—Pero Darien te gusta —dijo Hotaru con convicción—, yo sé que te gusta, me doy cuenta. Y estoy segura de que tú también le gustas a él.

—Que nos gustemos no significa nada de lo que tú te imaginas. A mí me gusta mucha gente, y sé que yo también le agrado a muchas personas, pero eso no significa que…

—No es lo mismo. Ustedes dos se gustan de otra forma, yo lo sé, hoy lo noté en varias ocasiones —Serena puso los ojos en blanco ante su insistencia—. Es cierto que sólo soy una niña, pero no soy tonta, Serena, cualquiera puede darse cuenta de que ustedes…

—No, Hotaru. No puedes afirmar semejante cosa, ni siquiera nos conocemos, hace apenas un día que nos vimos por primera vez y… —suspiró largamente intentando calmarse, ya que la obstinada actitud de Hotaru comenzaba a ponerla nerviosa—. Mira, no quiero ser dura contigo, pero debo advertirte… Tengo que pedirte que por favor no vuelvas a insistir con esto, ¿entendido? Ahora lo verdaderamente importante es que Darien es tu hermano, y que vino hasta aquí para despedirse de Mamo y encontrarse contigo. Todo lo demás queda en segundo plano. Si tiene o no tiene novia, si yo le gusto o dejo de gustarle, o cualquier otra cosa por el estilo, nada de eso nos concierne, es más bien un asunto privado de él, ¿sí?

—Está bien —respondió Hotaru resignada—, prometo que intentaré no volver a hablar de esto.

Serena rió al escucharla. —Al menos prometes que lo intentarás.

—Pero que conste que en ningún momento me negaste que Darien te gustara —enfatizó la niña y Serena volvió a poner los ojos en blanco mientras se incorporaba para retomar sus pasos—. Es cierto, no lo negaste. Y como bien dice el dicho, "el que calla, alberga".

—Es "otorga" —la corrigió Serena—. "El que calla otorga".

Hotaru también reía. —Bueno, tú me entiendes —y tomadas de las manos las dos siguieron caminando.

.

.

.

En el hotel, Darien se encontraba en su habitación acompañado de Saori. Él caminaba nervioso de un lado a otro mientras encendía un cigarrillo. Y ella lo observaba desde la puerta sin moverse ni emitir sonido.

En el ambiente había un silencio insoportablemente tenso. Darien estaba que explotaba de furia, aunque lo disimulaba bastante bien, y Saori estaba aterrorizada esperando a que le dijera algo.

Pero el tiempo pasaba y Darien no parecía tener intenciones de volver a hablar. Así que ella caminó unos pasos para acercarse a él. —¿Estás bien? —le preguntó temerosa, Darien no respondió—. Veo que volviste a fumar.

Él la miró al fin. —Sí, volví a fumar, claro que volví a fumar —dijo enojado—. Porque no estoy bien, Saori, porque estoy muy alterado con todo lo que está sucediendo. Porque en sólo cuestión de 24 horas me pasaron muchísimas cosas que jamás creí que… —dio una última bocanada y apagó el cigarrillo en un cenicero que había cerca—. Y estoy tan cansado, estoy tan abrumado que siento que todo se me está yendo de las manos, que mi vida ya no es… —se calló al volver a mirarla—. ¿Qué haces aquí, Saori? ¿Por qué viniste?

—Ya te lo dije, porque estaba preocupada por ti y necesitaba verte, saber cómo estabas. Hace una semana que no sé nada de ti, Darien, no atendiste ni una sola de mis llamadas, has estado evitándome todo el tiempo, y estaba desesperada.

—¿Cómo supiste que estaba en este hotel? Hablaste con mi madre, ¿verdad?

—Sí, claro que hablé con ella —respondió Saori—. Tenía que saber de ti y la llamé, cientos de veces la llamé, pidiéndole que me dijera algo, que me contara qué era lo que había pasado —mientras hablaba volvía a acercarse a él—. Y le insistí tanto que finalmente me lo dijo todo. Y cuando supe lo de tu padre, lo de tu hermana, y me imaginé que estarías solo, pasándolo mal con todo esto, no pude resistirme y decidí venir —cuando estuvo frente a él intentó tomar su rostro con las manos—. Para acompañarte, para brindarte mi apoyo, para…

Darien retrocedió unos pasos y no la dejó tocarlo. —Pero yo fui claro contigo, Saori —dijo cortante—. Te dije que no vinieras, que quiero estar solo.

Ella también comenzaba a molestarse. —Sí, pero me lo dijiste después de pasar una semana entera sin saber nada de ti, sin conseguir comunicarme contigo de forma alguna —le reprochó—. No has hecho más que evitarme durante todos estos días, cortaste todas mis llamadas, no respondiste ningún mensaje, ¿qué esperabas que hiciera? ¿que me quedara de brazos cruzados como si nada pasara? ¿como si no me importaras? —él no dijo nada y bajó la mirada.

—La última vez que te vi —continuó Saori—, el día que recibiste aquel mensaje en la oficina, me di cuenta de cuánto te había afectado enterarte de lo que sucedía, que fue un fuerte impacto para ti recibir noticias de tu padre después de tantos años, y encima de todo saber de su delicada situación de salud. Yo sé cómo te sientes porque te conozco, Darien, te conozco hace más de 10 años y estoy segura de que…

—Tú no sabes nada, Saori. ¡Nada! —la interrumpió él—. Lo que a mi me pase no es asunto tuyo, entiéndelo de una vez —y de nuevo caminaba nervioso por la habitación—. Siempre es lo mismo contigo, siempre mezclas todo, siempre estás esperando que se te de la oportunidad para meterte en mis cosas, para invadirme, para forzarme a que vuelva contigo —se detuvo y la miró con una dura expresión—. Eres una entrometida, Saori, una manipuladora. Sólo quieres atarme a ti como si fuera tu mascota, sólo quieres…

—Eso no es cierto, Darien —lo interrumpió ella—. No seas injusto conmigo, no digas esas cosas tan horribles, yo no…

—Sí es cierto, Saori. Así eres conmigo, así te comportas todo el tiempo. Lo acabas de hacer hace un minuto, te apareciste de repente y me besaste —ella bajó la mirada avergonzada—. ¿Por qué demonios lo hiciste? ¿Por qué me dijiste 'mi amor'? ¿Qué rayos te pasa, Saori? ¿Cómo puedes llegar a ser tan impulsiva, tan impertinente, tan descarada?

—No… No quise… Yo no quise… —la voz de Saori volvía a quebrarse—. No pude evitarlo, yo…

—Creí que esto no volvería a pasar y mucho menos ahora. Nosotros veníamos sosteniendo una relación laboral muy estable, habíamos logrado dejar de lado estos sentimentalismos para ser buenos amigos de nuevo. ¿Y tuviste que echarlo todo a perder de esta forma tan inmadura?

—Es que no puedo, Darien —Saori lo miró a los ojos con determinación—. No puedo ser sólo tu amiga, no quiero —dijo con voz temblorosa mientras otra vez se acercaba a él—. Te juro que me esforcé muchísimo para intentar dejar nuestra historia atrás y empezar de nuevo como amigos, como socios. Quise olvidarme de lo que vivimos, de lo que compartimos, de lo que sentí por ti, pero jamás lo conseguí —llegó a su lado y tomó su rostro con las manos—. Y ahora que está pasando todo esto tan de repente, que estás tan vulnerable y movilizado por lo que estás viviendo, que te encuentras solo, yo quiero estar contigo, Darien —acariciaba sus mejillas y poco a poco se acercaba más a su rostro—. Quiero estar a tu lado y acompañarte, quiero cuidarte, quiero…

—No, Saori, por favor, no insistas de nuevo.

—Darien, yo… —Saori cada vez estaba más cerca—. Yo todavía… —susurró casi rozando su boca con sus labios—. Aún te amo, Darien…

.

.

.

Por su parte, Serena y Hotaru ya habían llegado al bar donde se encontrarían con sus amigos. Era un lugar sencillo, ubicado frente a la playa principal del centro del pueblo, y al ser el único que estaba abierto al público aun fuera de la temporada de verano, mucha gente se reunía allí con frecuencia. Si bien todos se referían a este sitio como 'el bar de Andrew', más que nada funcionaba como un lugar familiar, bastante informal, sin llegar a ser un 'restaurante' ni tampoco un 'pub', pero donde se podía cenar, escuchar buena música en vivo, entre otras cosas. Y al estar ubicado en la zona céntrica de un pueblo chico donde todo el mundo se conocía, se prestaba para que asistieran personas de todas las edades.

Una vez que entraron, se acercaron a los chicos que estaban junto a la barra. —¡Princesa! —exclamó Seiya efusivo al ver a Hotaru.

Ella corrió hacia él. —¡Seiya! —gritó contenta y cuando llegó a su lado Seiya la tomó entre sus brazos.

—Hola, chicos —los saludó Serena.

—¡Al fin llegan! —protestó Mina—. ¿Por qué tardaron tanto?

—¿Vinieron solas? —preguntó Rei mientras miraba hacia la puerta—. ¿Y 'Ojos azules'? ¿No venía con ustedes?

—No creo que venga —respondió Serena—, porque…

—Sí va a venir —dijo Hotaru enseguida—, me prometió que lo haría.

—Pues que se apresure porque quiero que me lo presentes —comentó Mina con una risita pícara.

—¡Oye! —protestó Yaten celoso al ver la expresión de su novia, quien comenzó a darle ruidosos besos en las mejillas para evitar que se enojara más.

—Yo también quiero que me lo presentes —agregó Rei impaciente—, parece un hombre muy interesante. Además es todo un adonis, es alto, atlético, sexy, y tiene esos ojos azules tan misteriosos y profundos…

—Yo también tengo ojos azules —la interrumpió Seiya.

Rei bufó molesta por su comentario. —Sí, pero tú eres un idiota.

—¡No lo trates así, Rei! —intervino Hotaru enojada.

Seiya abrazó a la niña. —Defiéndeme, princesa, esta cruel mujer no me tiene compasión.

—Pero no entiendo por qué no vino con ustedes —continuó Mina—, si lo acompañaron hasta el hotel para esperarlo y venir los tres juntos.

—Es que llegó una mujer que… —quiso explicar Serena.

—¡¿Qué?! —exclamaron Rei y Mina al unísono.

—¿Una mujer? —siguió Rei—. ¿Acaso es su novia?

—No —respondió Hotaru—. No es su novia, es su socia. Darien no tiene novia, él me lo dijo. Además a él le gusta Serena, así que…

—Hotaru, por favor —la cortó Serena—, ¿en qué quedamos hace un momento?

Mina la ignoró completamente. —¿A Darien le gusta Serena? —le preguntó a Hotaru—. ¿Cómo es eso?

—Cuéntanos, Hotaru —se acopló Rei—. Dinos todo lo que sabes.

—Qué chismosas —volvió a protestar Yaten—. Las dos son un verdadero fastidio.

Y antes de que Hotaru volviera a hablar, aparecieron Haruka y Michiru. —¡Tías! —exclamó al verlas y estiraba sus brazos hacia ellas.

Seiya le entregó la niña a Michiru. —Hola, pequeña —dijo al recibirla.

—¿Cómo estás, preciosa? —Haruka saludó a Serena.

—Bien —respondió ella con un suspiro—, algo cansada pero bien.

—Y también algo distraída —acotó Rei—. Parece que la llegada de la amiguita de 'Ojos azules' la ha dejado un poco preocupada.

—¿De qué hablan? —preguntó Michiru.

—De nada —Serena intentó evadirse—. Voy a la cocina a ver si los chicos necesitan ayuda.

—¡Voy contigo! —dijo Hotaru mientras Michiru la dejaba en el suelo, y las dos se fueron.

—¿Qué le pasa a Serena? —preguntó Haruka confundida.

—Pasa que los disparates que dice esta mujer la ponen de mal humor —respondió Seiya acusando a Rei.

—¡Tú cállate, idiota! —protestó ella.

—¡Y tú deja de llamarme 'idiota'! —protestó él y una nueva y repetitiva pelea se desataba entre ambos, haciéndolos reír a los demás.

.

.

.

Mientras tanto en el hotel, Saori estaba a punto de volver a besar a Darien, pero él logró detenerla a tiempo. —No, Saori —dijo al tomarla de las manos para que soltara su rostro—. No hagas esto otra vez, no insistas más por favor.

—Pero Darien…

—Estás mezclando todo de nuevo, te confundes en vano, nosotros no vamos a volver a estar juntos, entiéndelo —ella bajó la mirada y Darien suspiró preocupado, comprendía cómo se sentía y sabía que la lastimaba al volver a rechazarla—. Ya lo intentamos tantas veces y jamás funcionó. ¿Por qué te empecinas en insistir con esto? ¿Por qué eres tan obstinada? ¿Por qué no puedes aceptar que yo no quiero estar contigo, que quiero estar solo? ¿Cuántas veces tengo que decírtelo, Saori? Quiero estar solo.

—Sí, lo sé, claro que lo sé, me lo has dicho infinidad de veces. Pero yo pensé que quizás ahora…

—Pensaste mal, Saori, ahora nada. En realidad ahora es cuando más deberías evitar comportarte de esta forma. Si en verdad me amas, si tanto te importo y te preocupas por mí, al menos ten algo de consideración y trata de ser un poco más respetuosa, más cuidadosa con tu comportamiento. Porque con esta actitud no haces más que arruinarlo todo. Y siento que me asfixias, que me ahogas, que me invades.

—No, Darien, no digas eso, yo no quiero invadirte, yo…

—Pero lo haces, Saori, siempre terminas haciendo lo mismo y yo no puedo soportarlo. Por eso no te llamé en todos estos días, por eso evité hablar contigo. Porque sé cómo eres, sé cómo actúas ante este tipo de situaciones, no puedes controlarte y te desbordas, y yo no… Lo último que necesito ahora es tener que tolerar tus arrebatos, tener que explicarte por enésima vez cómo son las cosas entre nosotros. Yo no puedo, Saori, yo no…

—Esta bien, está bien —aceptó ella al fin al ver que Darien volvía a ponerse nervioso—. Tienes razón, a veces soy demasiado impulsiva y sobrepaso los límites. Pero admite que tú también eres muy obstinado, Darien. No puede ser que siempre tengas que ocuparte de todo tú solo.

—Es que tengo que hacerlo, Saori, no me queda más remedio que enfrentar yo solo todo esto que me está pasando. Porque yo necesito hacerlo, yo necesito… —y se calló para inspirar profundamente, ya que se sentía cada vez más nervioso y su respiración comenzaba a hacerse más irregular.

Saori se preocupó al verlo así. —¿Qué? —volvió a acercarse a él—. ¿Qué necesitas, Darien? —le preguntó impaciente—. Habla conmigo, confía en mí, ¿qué necesitas? Dímelo.

Darien respiraba cada vez más entrecortadamente. —Yo… —le costaba seguir hablando—. Necesito recordar a mi padre… Necesito saber de él… Saber quién fue… Qué sucedió… Por qué jamás volví a verlo… Yo… —y de repente se agitó tanto al respirar tan rápido que no pudo continuar.

Ella se desesperó al verlo tan exaltado. —Tranquilo —no sabía qué hacer o decir para que se calmara—. Tranquilo, Darien. Por favor no me asustes, ¿qué te pasa?

Él de nuevo retrocedió unos pasos para alejarse de ella y poco a poco podía volver a respirar mejor. —Estoy bien —dijo más tranquilo—. Estoy bien, ya pasó. Estoy bien —hacía mucho que no le ocurría algo como esto. Y pensó que quizás el cansancio y el estrés de las últimas horas sumado a que había vuelto a fumar le habrían causado este breve episodio de ansiedad. Pero no quiso darle mayor importancia.

Saori esperó un poco a que él se repusiera. —Darien, estoy tan preocupada por ti —dijo afligida—. ¿Qué puedo hacer? Dime cómo puedo ayudarte, por favor…

Darien la miró con determinación. —Regresa a Tokio.

—Pero si acabo de llegar.

Darien soltó un pesado suspiro. —A ver, Saori, sólo te lo diré una vez más: quiero estar solo —repitió—. Así que por favor ve a Tokio y espérame allí. Yo regresaré en un par de días y volveremos a hablar, ¿sí? Pero ahora déjame solo —la tomó de los hombros—, por favor —le suplicó.

—Darien, quiero que hablemos ahora, quiero que…

—Por favor, no insistas más, vete, Saori, hablaremos en otro momento.

—Está bien, me iré —aceptó ella con muy poco entusiasmo—. Sólo… sólo déjame decirte que… Quiero disculparme por actuar de esta forma, yo… —otra vez su voz volvía a quebrarse—. Quizás exageré un poco al venir sin avisarte y lamento haber sido tan impulsiva, pero lo hice porque… Necesito que entiendas que todo lo que hago, todo… Es por ti, Darien, yo… —y sin poder evitarlo, comenzó a llorar de nuevo.

Él ya no soportaba más verla así. —Ya lo sé —y la abrazó para intentar consolarla—. Lo sé, Saori, tranquila.

A pesar de estos reiterativos momentos de tensión y discusiones que había entre ellos, y de los interminables dolores de cabeza que Saori le provocaba con sus planteos, Darien la consideraba una buena amiga. Y sabía que ella lo quería de verdad, que era sincera en todo lo que le decía. Pero también sabía que no era justo para ninguno de los dos volver a forzar algo que no podía funcionar entre ellos, al menos creía que hasta ahora jamás lo habían conseguido.

Saori también lo abrazó con fuerza. —Darien —murmuró sin dejar de llorar—. Lo siento, Darien, lo siento mucho…

.

.

.

Momentos más tarde en el bar, Serena estaba acomodando unas mesas con ayuda de Rei, quien al notarla algo dispersa y callada, se acercó a ella. —Amiga, ¿te encuentras bien? —le preguntó preocupada.

—Sí —respondió Serena con una tranquila sonrisa—, sólo estoy cansada, muy cansada —y continuaba acomodando unas sillas—. Hoy fue un día demasiado largo, no veo las horas de que se acabe.

—Pero hasta hace un momento, antes de venir aquí, estabas tan entusiasmada con reunirnos todos juntos, distraerte un poco.

—Sí, lo sé, yo les pedí a todos que nos juntemos aquí, pero en realidad… Lo que pasa es que… —Serena dejó lo que estaba haciendo y soltó un largo suspiro.

—¿Qué? ¿Qué te pasa, amiga? —insistió Rei—. Cuéntame.

—Pienso en Hotaru y… —dijo Serena al mirar hacia el otro lado del bar donde estaba jugando con otra niña de su edad—. Me preocupo por ella, por lo que pueda pasar a partir de ahora. Hoy Masato habló conmigo y con Darien sobre su tutela, y temo que él no esté dispuesto a aceptarla. Y yo no sé… No sé qué hacer si…

—No te preocupes, Serena —intentó animarla Rei—. Seguro que Darien aceptará hacerse cargo de ella, parece un muchacho muy serio y responsable. Pero no es sólo eso lo que te tiene inquieta, te conozco, dime la verdad.

—¿A qué te refieres? —Serena quiso hacerse la desentendida.

—A tus planes —adivinó Rei—, porque sigues considerando la idea de irte de nuevo una vez que todo esto se solucione, ¿no es cierto? Pero ahora comienzas a dudar —Serena bajó la mirada—. No te apresures en tomar ninguna decisión radical, Serena, aún es muy pronto para pensar en eso.

Serena demoró en volver a hablar. —Bueno, en realidad yo…

Pero cuando Andrew se acercó a ellas acompañado de Lita, la conversación se interrumpió. —¿Todo bien por aquí, chicas? —preguntó él cordial—. ¿Necesitan ayuda o ya todo está listo? —ellas asintieron sonrientes. Y los cuatro voltearon enseguida al escuchar la voz de la pequeña Hotaru.

—¡Viniste! —gritó la niña mientras corría hacia la entrada del bar—. ¡Darien, viniste!

Darien acababa de entrar al lugar y cuando Hotaru llegó a su lado se abrazaron contentos. —Claro que iba a venir —dijo él risueño—, te prometí que lo haría. ¿Cómo estás? —preguntó al soltar el abrazo.

Hotaru sonreía de oreja a oreja. —Bien —respondió y lo tomó de la mano—. Ven, Darien, quiero presentarte a mis amigos —y juntos caminaron hasta las mesas donde se encontraban los chicos—. Ellos son Andrew y Lita.

—Ho… hola —los saludó Darien tímido, aún le costaba acostumbrarse a la efusividad de su hermana—, gusto en conocerlos.

Al verlo de cerca Andrew creyó reconocerlo. —¿Darien? —examinaba su rostro detenidamente para asegurarse de que fuera él—. ¿En verdad eres tú, Darien? —y una enorme sonrisa comenzaba a dibujarse en su rostro—. Cuando Serena me habló de ti jamás me imaginé que… Vaya, no puedo creerlo —Darien lo miraba algo confundido, no terminaba de entender a qué se refería.

Andrew echó a reír al ver su expresión. —¿No me recuerdas? —Darien negó con la cabeza—. Soy Furuhata, Andrew Furuhata. Fuimos compañeros de escuela cuando éramos niños.

Darien se esforzaba por recordar. —¿Andrew? —él asintió—. Claro, Andrew, cómo no me di cuenta antes, lo siento —y finalmente lo recordó.

Andrew no dejaba de reír y sin dudarlo lo abrazó y le dio unas fuertes palmadas en los hombros. —Qué bueno verte de nuevo después de tantos años —dijo entusiasmado.

Darien estaba tan sorprendido que no supo cómo reaccionar. Cuando se separaron rió nervioso. —Es cierto, pasaron muchos años.

—Y ella es Makoto —volvió a hablar Hotaru al señalar a la niña que se había acercado a Andrew—, su hija y mi mejor amiga.

—Vaya, Andrew —dijo Darien ya más tranquilo—, tienes una hermosa familia, te felicito —Andrew asintió orgulloso y abrazó a su mujer e hija.

Hotaru volvió a tomar la mano de Darien y se acercaron a otro grupo de personas. —Bueno, ellos son los amigos de Serena de los que te hablé hoy: Mina, Rei, Yaten y Seiya —y señalaba a cada uno a medida que los nombraba.

—Tú eres el prometido de Hotaru, ¿verdad? —le preguntó Darien a Seiya.

—¿Qué? —preguntó Seiya totalmente desconcertado—. ¿Que yo qué? ¿Qué? —y todos echaron a reír, menos Hotaru que estaba roja de la vergüenza.

—Hola, Darien —dijo Serena al acercarse a él.

Darien no se había dado cuenta de que ella estaba ahí hasta ahora, y apenas la miró sonrió encantado, como cada vez que la veía. —Hola…

Serena también sonreía. —Qué bueno que pudiste venir.

—Se lo prometí a Hotaru.

—Claro —Serena estaba perdida en su sonrisa, en sus ojos. Pero de repente recordó algo que la tenía un poco inquieta—. ¿Y Saori? —preguntó sin rodeos.

Darien se puso serio. —Acaba de partir de regreso a Tokio.

—Pero si acababa de llegar.

Él se puso incómodo por su insistencia. —Sí, bueno, lo que pasa es que…

—Y ellas son mis tías Haruka y Michiru —otra vez Hotaru los interrumpía al referirse a las chicas que también se habían acercado a ellos. La pequeña las llamaba así porque ellas habían sido amigas muy cercanas de Setsuna, su mamá—. Bueno, ahora que ya estamos todos, ¿podemos ordenar? Estoy muriendo de hambre.

Finalmente todos se sentaron en la improvisada y larga mesa que Serena y Rei habían armado y una gran variedad de bocadillos y bebidas comenzaron a circular, generándose un ambiente sumamente distendido y entre amigos.

Todos hablaban, bromeaban y reían. Hotaru se había sentado junto a Darien y no dejaba de conversar y relatarle infinidad de cosas, y él cada vez podía sentirse más cómodo y a gusto compartiendo este momento con ella y sus seres queridos.

Mientras tanto Serena no se quedaba quieta, iba y venía todo el tiempo ayudando a Andrew y a Lita a servir y también saludando a más gente que iba llegando al bar. Darien estaba permanentemente pendiente de ella, observaba todo lo que hacía, escuchaba atento todo lo que decía. Y no podía negarlo, estaba cada vez más fascinado con ella, con su desenvuelta y carismática forma de ser, con su modo tan dulce y gracioso, y cuando sus miradas se cruzaban, ambos se sonreían con timidez.

.

.

.

Un par de horas más tarde, cuando ya comenzaba a anochecer, Darien decidió salir a la terraza para fumar un cigarrillo. Una vez allí se apoyó en la baranda para contemplar el paisaje que tenía enfrente. Era un colorido atardecer sobre el mar, y mientras observaba tan melancólica postal reflexionaba sobre todo lo que había pasado en cuestión de horas desde que llegó a su pueblo natal.

Pensaba en su reencuentro con Mamoru, cuando conoció a Serena, cuando supo de la existencia de Hotaru, cuando su padre murió, y todo lo que ocurrió después. Habían pasado tantas cosas en tan poco tiempo, y podía darse cuenta de que su vida ya no sería más como hasta ahora. Todo estaba cambiando, hasta él mismo.

Estaba tan absorto en sus pensamientos, que no se percató de que Serena había llegado hasta allí. —Hola de nuevo —lo saludó al apoyarse en la baranda junto a él.

—Hola —la saludó él—. ¿Estás muy cansada? —preguntó al oírla suspirar.

—Estoy exhausta —respondió ella mientras miraba hacia el interior del bar—. Pero necesitaba estar aquí, verlos a todos, despejar un poco mi cabeza. ¿Tú cómo estás? ¿Lo estás pasando bien?

—Sí, totalmente. Tus amigos son muy agradables —y también miró hacia el bar—. Además necesitaba despejar un poco mi mente, también estoy muy cansado. Gracias por haberme invitado.

—Gracias a ti por haber venido —dijo ella con un nuevo suspiro—. Son unas hermosas personas —se refería a sus amigos—, y lo querían mucho a tu papá —y ambos se quedaron en silencio por unos instantes.

Después de unos minutos, Darien volvió a hablar. —Ahora que estoy aquí recuerdo que Mamoru a veces me traía a este bar —comentó—. Él trabajaba como mesero en temporada de verano y era muy amigo del papá de Andrew. Me acuerdo que entre los dos nos habíamos puesto de acuerdo para recolectar las latas de cerveza vacías que encontráramos para después venderlas y ganar algo de dinero. Era muy divertido, siempre acabábamos gastando todo en helados o videojuegos.

—Mamo me contó que eras un niño muy revoltoso y travieso.

—Y por lo que veo Hotaru también lo es. Se nota que es una niña muy alegre y llena de energía.

—Es cierto —dijo ella riendo—. Lo que pasa es que Mamo era así, tenía una personalidad muy infantil, era inquieto, divertido, ocurrente. Sin dudas tanto tú como Hotaru se parecen mucho a él en ese sentido.

—No, no lo creo —dijo Darien repentinamente serio—. Puede que yo de niño haya sido así, pero al crecer cambié mucho, y no me parezco en nada a él.

—¿Cómo puedes estar tan seguro? ¿Si prácticamente no lo conociste? —preguntó Serena también seria. Y al darse cuenta de que quizás habría hablado de más y hasta podría haber sonado como una completa entrometida, quiso disculparse—. Lo siento, perdóname, Darien, no quise…

—Descuida —la cortó él mientras apagaba el cigarrillo—. Al fin y al cabo lo que dices es cierto —reconoció—. Y la verdad es que yo he olvidado muchas cosas de mi niñez y de Mamoru. Pero si te soy sincero, al estar de nuevo en este lugar, creo que poco a poco estoy comenzando a recordar.

—Es bueno recordar —dijo Serena ya más tranquila al ver que la expresión de Darien era más relajada—. Yo creo que conocer nuestra propia historia y lo que vivimos en el pasado, nos ayuda a comprender mejor quiénes somos hoy.

Y volvieron a quedar en silencio. Darien prefirió no decir más nada, aunque se sentía cómodo hablando con ella de asuntos tan personales, lo que más disfrutaba de su compañía era esa sensación de bienestar y alivio que sólo era capaz de sentir al estar a su lado. Definitivamente Serena se estaba convirtiendo en alguien muy importante para él, en alguien especial, en alguien a quien comenzaba a necesitar cada vez más para poder estar tranquilo.

Pasaron algunos minutos más hasta que apareció Yaten. —¡Al fin los encuentro! Disculpen que los interrumpa. Serena, las chicas están por comenzar a tocar y los están esperando.

—Está bien, enseguida vamos —dijo Serena con una gentil sonrisa y Yaten volvió a entrar—. ¿Te sientes bien? —le preguntó a Darien.

Él sonrió. —Sí, sí, estoy bien.

—Sé que apenas acabamos de conocernos, pero quiero decirte que puedes confiar en mí, Darien. Cuenta conmigo para lo que necesites.

—Gracias, Serena.

Ella se colgó de su brazo. —¿Vamos? —Preguntó entusiasmada. Darien asintió riendo y juntos entraron al bar.

.

.

.

Una vez que regresaron a la mesa, Darien se sentó junto a Andrew y Serena se ubicó al otro extremo con Hotaru y sus amigos. Y se dispusieron a escuchar a Haruka y Michiru que estaban por dar inicio a su pequeño concierto. Cuando no estaban viajando, ellas tocaban casi todas las noches en este bar y eran muy conocidas y seguidas por la gente joven del pueblo.

Antes de comenzar, Haruka les dirigió unas breves palabras al público. —Buenas noches a todos —saludó amablemente—. Quiero contarles que la primera canción que vamos a interpretar hoy está dedicada a una persona que es y ha sido muy querida por nosotras, y me atrevo a decir que también lo es para todos los aquí presentes. Es muy difícil para mí describir lo que significa homenajear a alguien tan especial con una simple canción, pero creo que vale la pena intentar conectarnos con la música para alejarnos un poco de la tristeza, celebrar juntos por todo lo que él nos dejó y recordarlo con alegría. Así que, estimado Mamoru, desde donde quiera que estés, espero que disfrutes de esta humilde versión de tus 'chicos de la playa' favoritos. Hasta siempre, amigo…

Y tras una corta pausa, finalmente comenzaron a interpretar la canción.

.

"I may not always love you, but long as there are stars above you

(Puede que no te ame por siempre, pero mientras las estrellas estén sobre ti)

You never need to doubt it, I'll make you so sure about it

(No necesitas ni dudarlo, haré que estés seguro al respecto)

God only knows what I'd be without you

(Sólo dios sabe lo que yo sería sin ti…)

.

Mientras las chicas tocaban y cantaban, Darien observaba con detenimiento a Serena y Hotaru, y notó cómo la pequeña, quien se había sentado en el regazo de Serena, lloraba en silencio y la abrazaba con fuerza.

Sin poder evitarlo, al verlas así se sintió profundamente conmovido y de la misma forma que le había ocurrido más temprano durante el funeral, tuvo el fuerte impulso de acercarse a ellas para abrazarlas y contenerlas.

Poco a poco comenzaba a reconocer la inmensa necesidad de estar a su lado, de cuidarlas, de acompañarlas en su dolor, de hacer todo lo que estuviera a su alcance para verlas sonreír. Sin embargo aún dudaba, todavía no estaba seguro de qué decisión debía tomar, de qué era lo que tenía que hacer, de qué era más importante para él en este momento. Si su estable y rutinario estilo de vida en Tokio, o si la incertidumbre que muy probablemente lo esperaría en este pueblo si optaba por quedarse.

Cuando empezó a sentirse abrumado y aturdido por todo lo que pensaba y sentía, volvió su atención a las chicas que cantaban.

.

If you should ever leave me though life would still go on believe me

(Si alguna vez me dejas, aunque la vida continúe, créeme)

The world could show nothing to me, so what good would leaving do me?

(El mundo no podría mostrarme nada… Entonces ¿qué habría de bueno en que me dejes?)

God only knows what I'd be without you…"

(Sólo dios sabe lo que yo sería sin ti…)

.

Y ahora pensaba en Mamoru, y se preguntaba cómo un hombre tan querido y respetado por tanta gente podría tratarse de la misma persona que había desaparecido de su vida tan drásticamente. Él lo había abandonado, él jamás había siquiera intentado ponerse en contacto con su propio hijo durante años.

Aunque no se sentía resentido ni dolido por eso, ya que después de mucho tiempo creía tener más que superada y cerrada esta parte de su historia, no podía evitar volver a preguntarse una y otra vez por qué todo había terminado así.

Y al volver a mirar a su hermana y a Serena, que ahora también estaba llorando mientras escuchaba la canción abrazada a Hotaru, supo que quizás si se quedaba con ellas podría encontrar muchas respuestas.

Pero prefirió no pensar más al respecto, al menos por ahora. Y esperar a sentirse realmente seguro de tomar la decisión correcta.

.

.

.

Momentos más tarde, después de que Haruka y Michiru terminaron de tocar, Darien se acercó a Serena, que estaba conversando con un grupo de personas junto a la barra. Al verlo llegar, ella se disculpó con sus amigos y los dejaron solos. —¿Ya te vas? —le preguntó enseguida, asumiendo que se había acercado para despedirse.

—Sí, ya es algo tarde y la verdad es que no veo las horas de poder dormir un poco.

—Está bien, ve a descansar, lo necesitas.

Y antes de que él pudiera volver a hablar, apareció Seiya con Hotaru en sus brazos. —Serena, la princesa se durmió —dijo en voz baja y le mostraba a la niña que en efecto estaba profundamente dormida—. Yaten fue a buscar el auto, así que ya nos vamos, ¿vienes con nosotros?

—Sí, enseguida voy.

—Adiós, Darien —Seiya lo despidió y se alejó de ellos.

—Bueno —volvió a hablar Serena—, yo también tengo que irme.

—Está bien —dijo Darien—, nos vemos en otra ocasión —ninguno de los dos sabía cómo despedirse, y se sentían tan nerviosos como dos avergonzados jovencitos—. Bueno, aún tengo que despedirme de Andrew, así que…

—¿Mañana vas a estar ocupado? —preguntó ella de repente. Darien la miró sorprendido, y Serena no le dio tiempo a responder—. Porque si quieres puedes venir a almorzar con nosotros. Los chicos regresarán a Tokio en la tarde, así que pensábamos hacer algo juntos antes de que se vayan, ¿quieres acompañarnos?

Él volvió a sonreír al notar su entusiasmo. —Me encantaría.

—¡Genial! —exclamó Serena contenta haciéndolo reír—. Bueno, entonces nos vemos mañana, en la casa de Mamo, ya sabes dónde queda —él asintió—. Adiós, Darien —se despidió con timidez y se alejó apurada.

—Adiós, Serena —se despidió él y la siguió con la mirada por unos instantes.

Hasta que de repente ella se detuvo y volteó a verlo de nuevo. Pero esta vez su expresión era distinta, lo miraba de otra manera, como si hubiera algo que quisiera decirle y no se atreviera a hacerlo. Y muy lentamente volvió a caminar hacia él, sin dejar de verlo fijamente a los ojos, con un brillo diferente en su mirada, y Darien creía percibir tanta ternura, tanta calma, tanto afecto en sus celestes ojos que otra vez reconocía esa extraña y cálida emoción que inundaba su pecho al tenerla cerca.

Cuando llegó a su lado, Serena le regaló una dulce sonrisa y sin darle tiempo a reaccionar lo abrazó con fuerza. —Gracias… —susurró en su oído—. Gracias, Darien…

Él estaba inmóvil, no tenía idea de qué hacer, si abrazarla, si quedarse quieto, si decir algo. Estaba completamente sorprendido ante la tan inesperada actitud de Serena. Y la inexplicable e intensa emoción que sentía se intensificó aún más cuando ella le dio un suave beso en la mejilla.

Serena soltó el abrazo y volvió a mirarlo a los ojos. —Adiós —dijo con una nueva sonrisa y finalmente se fue.


Bueno, aquí van mis respuestas a sus rws:

-yssareyes48: Parece que el pobre Darien pudo resolver bastante bien lo de Saori, al menos por ahora… Pero aún no tiene del todo claro qué va a hacer con Hotaru… Quizás esto se defina en el siguiente cap…

-MARIA: A pesar de la entrometida aparición de Saori, las cosas entre Darien y Serena parecen seguir marchando bastante bien… Veremos cómo sigue eso más adelante.

-kaguya: Darien y Hotaru se llevan cada vez mejor, ella es muy linda y dócil, y seguro que influirá en el acercamiento de Darien y Serena. Espero que tu enojo por lo de Saori se te haya pasado aunque sea un poco con el cap de hoy, aparentemente ella no generó demasiados problemas.

-Marisol: A Serena pareció molestarle la escena de Saori, aunque todavía no lo reconozca… Por suerte Darien pudo evadirla y mandarla de regreso a Tokio.

-romi: Darien supo manejar bastante bien la situación con Saori, y las cosas parecen seguir marchando bien con Serena…

-Patyzparawhore: Lo de Saori parece haberse solucionado, ahora hay que esperar cómo seguirán desarrollándose las cosas entre Darien y Serena…

-Bepevikn: La metida de Saori pareció entender al fin la postura de Darien y regresó a Tokio… Puede que la mamá de Darien haya tenido algo que ver, pero no demasiado…

-Ana: A todas las descoloqué con lo de Saori, jaja! Y sí, hubo algo más que una amistad entre ella y Darien, pero por el momento parece que no va a molestarlo más… Hotaru continúa ablandando el corazón de Darien, y el amor entre él y Serena parece ir cobrando cada vez más fuerza…

-flor lucero: Darien pudo aclarar las cosas con Saori, y parece que todo seguirá marchando bien con Hotaru y Serena…

-Guest: Hoy actualizo, ja! Perdón por la demora…

Bueno gente, ahora sí me despido… Gracias a todos por sus comentarios, alertas y visitas! Estoy muy contenta por la recepción que está teniendo esta locura mía y por el apoyo que me brindan! Espero seguir entusiasmándolxs con la lectura…

Besotototes per tutti! Y hasta pronto!

Bell.-