Capitulo 4
Deseos de proteger
""Tú y yo somos como dos estrellas detenidas en el espacio,
separadas por la distancia y unidas por el recuerdo."
El viaje, no le estaba resultando como ella deseaba, era un largo recorrido, y llevaban tiempo de retraso, si no se hubiese quedado más tiempo en el palacio, pero era su deber todavía y sin ello nunca se había enterado del destino fatal que le esperaba al enano que conoció días antes.
Se decía a si misma que su interés de ir hacia allá, era sólo y exclusivamente por liquidar a aquellas criaturas horrorosas que habían invadido su casa, pero en el fondo deseaba hacer algo más que matarles, quería curar y si fuese posible verle una última vez. No sabía bien porque, pero se sentía bien a su lado, con solo verle se sentía como si ahí debiera estar junto a él.
Legolas viajaba callado a su lado, algo que agradeció, no sentía deseos de hablar con nadie, ni siquiera él.
Tampoco quería seguir pensando en Kili, ya era bastante con que en su mente se guardasen imágenes de él herido con aquella flecha lastimándole su pierna y a pesar del dolor se levantase y liberase a sus compañeros. Confirmándole lo fuerte y valiente que dedujo que era. Lo que menos deseaba ahora era verle frágil o muerto.
Sacudió la cabeza horrorizada, era buena para escenarios fatalistas, su familia había muerto frente a ella y no de una manera civilizada, les habían arrancando la vida como si no fuesen más que un molestó insecto o un inmundo animal.
- Tauriel, tardaremos algo en llegar, no podemos seguir así sin descansar un momento – dijo deteniéndose.
Ella le miró suplicante, era necesario seguir avanzando – pero… si esperamos mucho quizás sea demasiado tarde –
- Si lo que de verdad te preocupa es un ataque a la ciudad de Esgaroth esperemos que sepan defenderse por lo menos hasta que lleguemos – dijo alzando la vista hacia donde se encontraba la ciudad – Sin embargo si lo que te preocupa es otra cosa, créeme, solo lo sabremos hasta que lleguemos – sabía él que no era solo la ciudad lo que le preocupaba – Por donde lo veas, es mejor que lleguemos descansados y no a prisa con nuestros pies y brazos cansados, ¿estás de acuerdo? – pregunto volteando a verla y vio reflejado en su rostro preocupación por ella, más que por el ataque ocurrido en sus tierras.
Ella asintió.
Estaba tan agradecida con él. Estaba segura de que iba siguiendo un ideal: librar a los necesitados de un mal, del mismo mal que le quito a su familia, necesitaba hacer algo y su amigo era su mejor ayuda. Confiaba en él y el podía esperar lo mismo; bueno casi, jamás le diría que la ciudad no era el único asunto que le preocupaba, que había algo más, no quería que la juzgase o le negase ir a esa misión autoimpuesta, lo necesitaba o no podría con aquella compañía de orcos, sabía que no tenía las fuerzas y habilidades con las que contaba su querido amigo.
- Creo que es buena idea, la ciudad nos necesitara con fuerzas – dijo buscando un lugar donde sentarse.
Legolas se sentó frente a ella. La observó fijamente y luego le sonrió. Era tan característico de él, regalar esa afable sonrisa.
- Vamos te ves preocupada, se que siempre te han apasionado las causas que van más allá de tus posibilidades, esta no es tu responsabilidad Tauriel, de otro modo me gustaría poder cargar contigo esa carga… – le tomo una mano – Se que no me lo permitirás, pero si quisieses me harías muy feliz – termino y cerro sus manos sobre las de ella.
- Legolas, mellôn querido, precisamente porque sabes quién soy, debes saber que te obedecería y te seguiría hasta el final. Pero no me pidas eso, mis cargas eso son: mías. Las llevo hace tiempo y se han vuelto más pesadas… pero te prometo que pronto volveré a ser la misma - dijo regalándole una sonrisa y zafando sus manos de entre las suyas, para ponerlas en las mejillas de su amigo, le miro a los ojos y le beso la frente – Gracias por tu apoyo Legolas, has sido un pilar sobre el que me sostenido cuando tenía miedo y me sentía débil, gracias por estar conmigo siempre – dijo sinceramente desde el fondo de su corazón.
- Lo mismo te digo Tauriel, puedes contar conmigo, sabes que siempre estaré ahí para ti... – dijo levantándose y poniéndose a vigilar el lugar – Descansa, te ves peor que yo… definitivamente no creo que debas entrar así a la ciudad, podrías matar a un hombre si te viera en ese estado – dijo sonriendo al final.
Ella le devolvió la sonrisa mientras le lanzaba una pequeña piedra que atrapo sin ninguna dificultad – Que amable, mi Señor -
Se recostó e intento dormir sin ver las mismas imágenes de su infancia, algo que no se le concedió, porque cuando consiguió que el sueño llegara a ella, además de la muerte de sus padres logro ver algo más, sobre el suelo, vestido de azul, yacía un cuerpo sobre su pecho, con flechas en la espalda, con su obscura cabellera revuelta y su arco en mano, le recordaban a alguien, lo conocía, le volteo con sumo cuidado, quería verle y entonces supo que era Kili, con sus ojos abiertos y un hilo de sangre que resbalaba por su boca. Estaba… estaba… muerto…
Se levantó precipitada, todavía era de noche y Legolas descansaba sobre el árbol, mientras ella se acomodo más adentro de un árbol ahuecado, intentando calmarse, su recién emprendido viaje no era solo por él, se dijo a sí misma, tenía una misión, un propósito, acabar con aquella horda de trasgos y orcos que traían muerte donde pisaran.
Desconocía el motivo de la cacería, pero no pudo evitar preguntarse el por qué le había visto de esa manera y más aún la razón de que le angustiase hasta el punto de faltarle el aire. Rogó que pronto saliese el sol y poder regresar pronto al camino para dar con esas criaturas, no dudaba que aquella persecución se detuviera hasta terminarles y ello incluía al enano de hermosa sonrisa y corazón valiente.
Aunque no lo reconociera, siempre se consideró franca, sobre todo con ella misma… ahora estaba engañándose al no reconocer el verdadero motivo de su partida, algo que al parecer llevaba haciendo desde hace algunos días.
/
La multitud ya estaba reunida frente a la casa del gobernador de Esgaroth, la misma gente que horas antes les había ayudado junto con el barquero a escapar de los guardias de la ciudad. Ahora esa misma muchedumbre con sus ropas viejas y gastadas acudían al llamado del gobernador. Pues este quería público.
Pronto las voces corrieron, informando que los enanos que entraron a la ciudad, los mismos que tanto les alegraron al saber que "el Señor fuentes de Plata" había vuelto, ahora estuviera robándolos no les inspiraba mucha confianza, reuniéndose con la esperanza de que se les explicase que se haría con esos ladrones.
Observo el rostro de todos, nuevamente sumidos en la desesperación, otra vez eran prisioneros, agradeció que ninguno se lo echara en cara, ya con que él lo supiera le parecía suficiente. Su hermano como siempre a su lado le ayudaba a sostenerse, no podía más estar en pie, la herida se veía muy mal y la sangre que emanaba de ella tenía un aspecto negruzco que no se veía muy bien. Fili le aconsejo informar a la compañía sobre su estado, pero él se había negado, sería traer más preocupaciones a su ya atribulado tío, su mente estaba en regresar a la montaña, ya estaban tan cerca, casi podían tocarla, no querría ser el causante de que se distrajera de su meta.
- No te preocupes tanto hermano, seguro una buena noche de descanso me dejara como nuevo – dijo sereno, mirando fijamente a su hermano, que lucía muy preocupado.
Su querido hermano mayor, siempre tan responsable, tan honorable y siempre a su lado. Eran apenas unos años mayor que él, pero la diferencia de edad no les separo nunca, sin embargo Kili siempre quiso seguirle los pasos, él le animaba a realizar actividades que quizás no correspondían a su edad. Tal vez sintiese era su papel como hermano mayor.
Nunca se lo había agradecido verbalmente, pero había otras formas de decirlo, lo seguía a todas partes y el también le cuidaba a su manera, nunca haría algo que le dañara y no quería preocuparle, pero sabía que a él no podría engañarle… demasiado tiempo juntos como para saber si mentía o no y ello le molestaba pues no podría ocultarle a él su dolor.
Las antorchas encendidas apenas permitían ver al gobernador; un hombre barrigón que se veía sucio, con apenas una hebras de cabellos rojizos colgando de su cabeza, ojos de sapo y de nariz aguileña.
- Muy bien que tenemos aquí, se me ha informado que estaba en la armería robando… es que acaso pensaban que sería posible que nos atacasen – dijo con cara de pocos amigos – Pues debo decirles que aquí castigamos a los ladrones-
Su secretario, un hombre delgado, con barba y ojos saltones, el mismo que reconocieron la voz le había impedido la entrada a Bardo aquella mañana, también deseaba su momento para hablar – Así es mi Señor, fueron encontrados en el acto esta chusma de ladrones -
Observó como una de las venas de Dwalin saltaba, estaba molesto por aquella ofensa, llamarlos chusma y ladrones – Este no es un simple Ladron, el es Thorin, Hijo Thráin, Hijo de Thrór, rey bajo la montaña – termino y se hizo un silencio sepulcral en aquella parte de la ciudad.
Thorin agradeció la presentación a su amigo y camino al frente.
- Yo soy Thorin, y no he venido a robarles… sino a darles buenas nuevas, el Rey bajo la montaña ha regresado a reclamar sus tierras, tenemos que partir a la montana solitaria lo antes posible, para poder recuperarla y solo así mi noble gobernador, es como su amada ciudad se verá favorecida, pues lo que será recuperado en Erebor, también beneficiara a vuestra ciudad –
La gente entonces prorrumpió en gritos y aplausos, emocionados pues lo que desde la tarde se escuchaba estaba por cumplirse, la promesa de que en las aguas correría el oro y la antigua gloria de la ciudad de Esgaroth seria restaurada los ponía sumamente excitados.
- Yo les aseguro, que si Esgaroth, nos brinda la ayuda requerida nosotros sabremos recompensarlos, pues en aquel lugar reposan el tesoro que jamás han imaginado ni visto y si nos dan armas y provisiones, pronto esta ciudad podrá ser reconstruido diez veces más de lo que lo estuvo en años pasados. Yo puedo afirmarles que esta ciudad no volverá a lucir como antes, solo abra oro y riquezas para vuestras familias y para usted también gobernador –
Nuevamente gritos de apoyo por parte de la gente. El gobernador había mudado su rostro, ahora se veía contento y feliz, hasta entusiasmado se atrevió a pensar el joven enano. Todo parecía que salía a pedir de boca, cuando escucho una voz que reconoció de aquella misma mañana.
- ¡No habrá oro ni riquezas, solo muerte y destrucción! – sentenció Bardo, sobresaliendo de entre la multitud.
- Nuevamente tú Bardo, trayendo tus historias de muerte y destrucción - dijo el secretario del gobernador.
- No se dejen engañar, estos lo único que quieren traernos es desgracia, no podemos confiar en que no despierten al dragón y nos destruya esta vez, no olviden lo que paso en la ciudad del valle –
La multitud dejo de ovacionar la idea de la recompensa en oro, para mirarse unos a otros, como si intentasen llegar a un acuerdo, qué sería mejor para ellos, tirarse a la desesperanza y encerrarlos ahí o despedirlos y ver que volvieran con el oro que habían prometido. Una vez más el pueblo se encontraba dividido y el gobernador lo percibió, no podía dejar ir la oportunidad de obtener oro y salir de la pobreza que abundaba en sus tierras, la única forma de mantenerlo era por medio de tratos con el rey de Mirkwood, y estaba cansado de tener que besarle los pies, así que esta podría ser una buena forma de independizarse. Pero tenía que actuar pronto o si no Bardo volvería a salirse con la suya.
- Todos conocemos la historia Bardo, si bien recuerdo fue tu antepasado quien fallo en sus intentos por derribar al dragón, así que si esa destrucción cayó sobre la ciudad del valle, fue por su culpa. Además estos caballeros, están dispuestos a hacerse cargo de ese asunto – levanto la vista de Bardo y se dirigió a la población – No creo que debamos a poner a debatir sobre ello mis estimados, creo que es momento de festejar y dar paso al Rey bajo la montaña, él sabrá recompensarnos a su debido tiempo – dijo con una sonrisa de oreja a oreja, nuevamente la población rompió en gritos de alabanzas al gobernador y hacia los enanos.
Bardo se quedo quieto y derrotado, parecía saber qué es lo que seguiría y ello le aterraba, pues tenía una familia a la cual proteger. Le vio darse la vuelta y desaparecer entre la gente.
Mientras los soldados les entregaban las armas, y armaduras nuevas, la esperanza nuevamente llegaba a sus vidas, mañana a primera hora emprendería en viaje de regreso a la montaña solitaria, por fin estarían pisando sus tierras.
Las horas se hicieron minutos y estos segundos, en menos de los que se imaginaban el soy se alzaba majestuoso y la barca ya estaba lista.
Camino junto con su hermano por un pasillo rodeado de soldados y hombres de la ciudad, todos se veían contentos y alegres, la esperanza del oro, les había cambiado la expresión en los rostros que vio el día anterior.
El sin embargo se veía peor, en su rostro antes alegre y jovial ahora se veían ojeras y marcas de cansancio bajo los ojos, apenas había podido dormir, su pierna se resistía a caminar, Fili ya entraba en la barca, él a unos pasos se subirse, cuando vio a su tío con una capa de piel y una armadura de metal dirigiéndose a él, estudiándole mientras caminaba hasta que llego a su lado.
- Tú no irás - le dijo y Kili no pudo hacer más que horrorizarse ante aquellas palabras – Estas demasiado débil. Recupérate y alcánzanos cuando estés mejor – dijo esta vez con una pequeña sonrisa.
Intento decirle que no sería un estorbo, llevaba más de tres días soportando terribles dolores y ahora le prohibirían ir a la ciudad por la que había dejado todo atrás. Intento dar su opinión, pero comprendió que eso sería imprudente, después de todo apenas podía valerse de esa pierna y sabía en el fondo que su tío tenía razón – Está bien – dijo con profunda tristeza en el rostro.
Su hermano que observaba todo, se acerco a Thorin – Tío, no le arrebates esto a Kili, hemos crecido con historias que tus nos narraste desde niños… si es necesario yo mismo le cargaré – expresó con firmeza su hermano.
- Algún día serás el rey y deberás entender, por el momento tu lugar está en la compañía, donde perteneces - sentenció.
- Fili déjalo, está bien – alcanzó a decir, mientras un estallido de dolor le brotaba de la pierna, no se había sentido así antes, estaba peor de lo que imagino.
- Mi lugar esta donde este mi hermano y es a él a quien le pertenezco – dijo con firmeza mientras bajaba del barco, seguido por Óin, que era como el sanador del grupo – Creo que es mi deber quedarme con ellos entonces – dijo el anciano.
Thorin miro a ambos sobrinos, que se quedaban de lado en el camino, ahora no solo los dejaría a ellos, la compañía estaba más que incompleta, ya que además faltarían Bofur que no apareció por ahí y Óin que por su sentido del honor se quedaría a revisar al herido, su sobrino. Pero aunque quisiera esperarles, tenían el tiempo contado.
Salieron de ahí inmediatamente entre fanfarrias, gritos y aplausos.
Así vieron partir a su tío a través de las congeladas aguas hacía la montaña solitaria, que seguiría siendo un misterio para ellos, pues hasta ahora solo le conocían de lejos. Sabía que su hermano estaba triste, pues no alejo su vista del camino sobre el lago hasta que la barca se perdió en las aguas, lo entendía, él también pertenecía a aquella compañía, pero en esas condiciones solo sería una carga.
La gente comenzó a retirarse del lugar y regresar a sus obligaciones, cuando vieron llegar a Bofur corriendo como desesperado. Se detuvo y tomo aire.
- ¿También a ustedes se les hizo tarde? – pregunto cuándo recupero el aliento.
No sabía si reír o llorar. Todos estaban ahí abandonados con la única razón de ayudarle a recuperarse. Intento ponerse de pie y ello solo logro que le doliesen cada uno de sus huesos, esta vez no pudo evitarlo y gimió de dolor. Sintió como le pasaron los brazos bajo los suyos y le arrastraban hacia la casa del gobernador, su visión le estaba fallando, pues veía borroso el suelo por el que pasaban. Les escucho llamar a la puerta y ver al secretario y gobernador salir, que por su tono de voz no estaba muy contento con la visita y le pareció escucharles decir algo de una enfermedad contagiosa y luego que se largaran de ahí.
- No, nos ayudarán. ¿Qué haremos? – pregunto su hermano angustiado.
Los demás no respondía, suponía que estaban pensando que hacer. Él sabía que tenía puesta mucha ropa pesada, sentía su cuerpo temblar y a pesar de ello mucho frío. Quería que le dejasen dormir por mucho tiempo, quizás así se sintiese mejor, pero intuía que el descanso no quitaba el veneno de la flecha con que había sido herido, sospecho que después de todo, esto era todo para él. No habría más, no llegaría a ver jamás los pasillo por los que corrió su madre, o donde su abuelo camino, no llegaría a la fortaleza de Erebor.
Se desvaneció, perdiéndose en la obscuridad, que parecía llamarle. Deseaba descansar, se sentía muy, muy cansado. Dejo caer su cuerpo y no supo más de él.
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Apenas le golpeo un leve rayo de sol, se puso de pie y salió a buscar a Legolas, este ya estaba de pie esperándola. La recibió lanzándole una pequeña pieza de pan lembas y sin decir palabra le mostró el camino.
Dedujo estaban cerca, pues el lago se veía cada vez más grande ante ellos, los árboles escaseaban conforme se acercaban a la ciudad. Observó que el lago tenía gran concentración de hielo y abundaba una capa espesa de niebla sobre aquel lugar.
- Se ve así después del ataque del dragón – dijo viendo la expresión de su rostro.
- ¿Qué quieres decir? –
- Este lugar antes era un valle, no muy distinto a nuestro bosque, vivían arboles y criaturas en él, el dragón fue destruyendo todo a su paso, quemando la ciudad del valle primero y luego los alrededores cada vez que salía en busca de alguna comida si le apetecía, sabemos que no le es necesario alimentarse cada cierto tiempo, pero le gusta ver la destrucción, como ya lleva más de noventa años sin salir, la ciudad de Esgaroth se ha asentado muy bien sobre el lago, para protegerse del dragón que duerme en la montaña –
- Ese dragón, sigue ahí supongo. Siempre nos han dicho la clase de criaturas que son: mezquinas y avariciosas –
- Igual que un enano, incapaz de pensar en otra cosa más que el oro y sus preciados tesoros –
- No debes juzgarles tan despiadadamente - dijo mientras se detenía a tomar tierra entre sus manos - Sus motivos tendrán para volver a estas tierras, recuerdo a las familias que ayude a cruzar hace tantos años, la tristeza que vi en sus ojos, no creo que fuera solo por eso, me temo que les dolían sus familias, sus casas, sus vidas, todos perdieron algo ese día, para cada uno de diferente valor - dijo con tristeza, más para ella que para su amigo – Solo piensa como te sentirías si te despojaran de todo lo que has obtenido con tanto esfuerzo… sin ninguna consideración -
- Puede que tengas razón, no todos son así. Pero me atrevo a pensar que los que has visto estos días, solo regresan por el tesoro. Porque otro motivo serían tan necios, como para arriesgar su vida, una horda de orcos y trasgos les persiguen para eliminarlos… la avaricia no es exclusiva de ellos, también al igual que el dragón desean poseer la montaña – dijo iniciando la marcha otra vez – Además me han arrebatado algo y bien lo sabes, aun me aferró a lo único que anhelo, pero al parecer lo he perdido sin remedio… - dijo sin detenerse.
Su madre.
- Lo siento Legolas, no quería traer a tu memoria aquello, lo que te ha sido arrebatado no puede volver, pero quizás aún hay tiempo para que luches por lo que amas, nunca es tarde para ello… lo mismo sucede con aquellos señores enanos… todo este viaje tiene un significado para ellos, buscan sus raíces, a donde pertenecen – dijo seriamente – crees que yo no podría desear volver a casa de mi madre, es cómodo el lugar donde estoy… pero no pertenezco a ese lugar y siempre lo he sabido, quizás esa sea la razón por la que ellos vuelven –
- Estas intentando hacerlos quedar bien ante mí –
- No, se como piensas y jamás intentaría ofenderte de esa manera, solo es que pensamos diferente, creo que no es justo que los compares con orcos y trasgos… ponte un poco en su lugar, si fuera algo que desearas más que nada en el mundo ¿No lucharías por ello? ¿No darías todo lo que estuviera de tu parte para obtenerlo, hasta que no quedará un aliento en ti? –
- Solo si fuera importante para mí – dijo serenamente.
- Para ellos es importante volver a su casa, a su hogar, quizás puedan encontrar lo que desean – dijo melancólica.
- Debo confesar que no puedo presumir de tener todo lo que quiero – dijo mirándola fijamente a los ojos – Quizás porque no podemos tener todo lo que queremos, no es natural… de otra forma si solo fuese de tomarlo, créeme mi querida Tauriel ya lo tendría y no necesitaría de nada más, por lo demás debo decirte que tu elegiste nunca sentirse parte de mi casa, mi padre sé que es complicado, pero siempre ha estado dispuesto a ayudarte, si quizás lo pidieras y no intentaras pelear con él por ello, quizás te permita lo que sea guardes en tu corazón… – tomo aire – Yo siempre te he querido en mi casa, ¿Eso no es suficiente? –
- Legolas, tu siempre has sido más de lo que podría pedir, eres mi amigo y compañero, mi hermano. No podría pedir a alguien mejor para haber vivido lo que he pasado, nos unía la misma tristeza, nos separaban las cunas. Yo siempre supe de donde venía, al igual que tu, yo nunca pertenecí a tu casa y nunca podría hacerlo. Me gusta hacer lo que hago, soy buena como capitana de la guardia, aunque no siempre pueda defender lo que crea… -
Nuevamente la luz del sol menguaba y la noche pronto caería sobre ellos.
Vieron los techos de la ciudad alzándose sobre las aguas congeladas del lago, la ciudad todavía estaba de pie, quizás el horror apenas estaba a punto de caer sobre la ciudad, pues no se escuchaba ruidos ni gritos desde ahí. Bajaron rápido la colina, ante ellos se extendía un largo puente que les permitiría llegar al corazón de la ciudad y ya llegados ahí, cuál sería su proceder, buscar a los orcos y eliminarlos era lo primero en la lista, lo demás sería si le encontrase con vida… verle… después sin lugar a duda tendría que enfrentarse a las consecuencias de sus acciones, ya fuera el exilio o la muerte… la verdad es que ninguna le aterraba, estaba preparada para cualquiera de las dos, pero no para no verle una vez más.
Espero de corazón tener tiempo para hacer ambas cosas, vio las primeras estrellas en el cielo y les pidió con todas sus fuerzas que pudiera verle y ayudarles a eliminar a aquellas criaturas entre cuyos objetivos estaba el enano que le preocupaba.
Si lo cumplían… hasta no verle a salvo… entonces regresaría a su casa… el lugar frío que no se le antojaba sin él.
