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Ramé

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Capítulo 4

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23 de Septiembre de 1866

Sougo:

Hoy es nuestra boda.

No me siento con ánimos para sonreír durante todo el día, ya veré que hacer.

Solo pienso en mami y lo doloroso que será esperar hasta que nuestra luna de miel acabe. Me pregunto si el guardia abra vuelto con algún mensaje de parte de mi familia.

Estoy terriblemente asustada.

Mi abuela llego a mi cuarto y aviso de tu presencia en la mansión. Aún falta una hora para comenzar con la ceremonia. Sé que estas aquí como parte de los preparativos.

Días atrás me ilusionaba con ver tu cara impregnada del dolor y la desesperación que esta unión conlleva para ti, pero creo que no disfrutare mucho de la ceremonia, ni de tu sufrimiento. Espero que todo acabe pronto.

Las damas de honor se presentaron junto al sastre en mi habitación, quedaron anonadadas al verme. Llevaba un velo y vestido blanco. Decían que era la nueva moda que implanto nuestra reina, su majestad Victoria. El encaje se ve bien entre las muchas capas del vestido. Su corsé aplasta mi abdomen, busca dejar una cintura socialmente aceptable como todos esos años atrás en que lo usaba.

Quiero llorar.

No pienses que es por nuestra tan ansiada boda. No es un llanto de felicidad, sino muy al contrario.

La necesito, quiero que mi madre esté aquí, en esta fiesta falsa, en esta unión sin amor. Juro que si la tuviera a mi lado podrías verme sonreír con sinceridad. Mi hermano me recibiría con un ramo de las flores de esas que le gustan a mi madre, me acompañaría al altar y rogaría para que no me case. Esa seria tu carta de liberación, escuchar las palabras directamente de Kamui me detendrían completamente en esta locura que estoy a punto de hacer.

Pero aquello nunca ocurrirá.

Mi abuela ya había ordenado que no podrían asistir a la ceremonia o a la fiesta.

Es una verdadera pena. Tal vez, yo misma, pudiera conocer a alguien mejor que tú, a alguien más leal.

Tu podrías cásate con quien quisieras, ser feliz.

Realmente es una pena ¿no?

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Kagura seguía parada frente al espejo observando su reflejo, viendo como el sastre arreglaba los últimos detalles de su vestido blanco. Su cabellera iba recogida en una trenza enroscada en lo alto, negando la caída de cualquier hebra sobre su cuerpo. No era una mujer vulgar para ello, pero había hecho hasta lo imposible por llevar una trenza entre su ostentoso y elaborado peinado nupcial, como una marca de su madre.

Su velo descansaba sobre un busto pequeño, depositado en la mesa de luz. Tan lánguido como la novia, el velo traslucido con encaje bordado, aguardaba su colocación en la desdichada novia.

Un golpeteo en la puerta la hizo salir de sus cavilaciones. Una de las sirvientas que habían ayudado en la colocación del vestido camino tranquilamente hasta la puerta abriéndola. Solo le demoro unos segundos en ver el reflejo de su abuela en el espejo.

― Veo que ya estas casi lista― comento la anciana al momento de dar una orden a sus sirvientes para que las dejen solas. La mujer espero a que se retiraran y con el sonido de la puerta cerrarse se acercó a su nieta― una carta llego de parte de tu hermano, según tengo entendido las noticias están aquí―entrego el sobre y espero a que Kagura lo tomara entre sus dedos. La chica con tantos nervios y ansias de leer las palabras de su hermano amago con abrir el sobre, pero su abuela volvía a detenerla―la ceremonia está por comenzar, no sé lo que haya dentro, pero no quiero que te perturbe, recuerda que las emociones deben…―

―…mantenerse en secreto― completo la pelirroja al escucharla.

Su abuela asintió y prosiguió hablando.

― En cuanto te cases y llegues a tu hogar tendrás todo el tiempo del mundo para leerlo― Kagura asintió con pesar― te daré unos minutos para que te coloques el velo. Ya es hora, debes bajar― en cuanto salió del cuarto, el sastre ingreso tomando entre sus manos el tan significativo velo.

Pero esos segundos de paz entre la salida y el ingreso del otro, Kagura coló el sobre entre sus ropas para así leerla durante la fiesta.

La boda se celebró, como estaba pactado y como las costumbres dictaminaban, con un pequeño grupo de amigos muy cercanos a ambas familias. La mayoría de invitados irían directamente a la fiesta, punto focal de encuentro de la clase elitista con la que se acostumbraron a convivir.

Con un sendero de flores que iba dejando la hija de su adorada prima Tae, Kagura comenzó su ingreso a la iglesia, tomando el brazo izquierdo de su padre. Sus damas de honor la seguían desde atrás intentando que la larga cola del vestido no arrastre por la alfombra.

Kagura miraba al frente sin pestañar, se preguntaba si era lo correcto. Sus dudas persistían en la cabeza de ella. Pero la insistente imagen de otra mujer en su lugar la obligaban a avanzar.

La entrega de la novia fue como ella lo esperaba. Sougo se veía devastado por la situación, inconscientemente, eso le levanto el humor. Verlo cabizbajo sin deseos de ver al público que observaba la unión entre dos personas que no se amaban, aunque eso era lo que Sougo creía y lo que Kagura deseaba que fuese. Porque ella, muy a su pesar, seguía amándolo.

Sougo llevaba la típica ropa para tales ceremonias. Un traje compuesto por unos pantalones a medida, una camisa en tonos claros y un chaleco ceñido al cuerpo. Su corbata se abotonaba alrededor del cuello con un broche color oscuro. Poco se podía ver de ese cuerpo fornido que ocultaba entre los pliegues de su ropa y su chaqueta frock coat. Tal vez se hubiese perdido, años atrás, indagando en el cuerpo trabajado de su prometido. Pero, ahora con su traición y sus sentimientos confusos solo podía pensar en si continuar o no con ello. Aunque siempre llegaba a la misma conclusión.

Ella lo odiaba, odiaba a Soyo, odiaba a todos aquellos que los veían con ojos expectantes, esperando el ´´sí ´´ de ambos. ¿Es que acaso nadie se daba cuenta lo desagradable que era ese matrimonio? Sougo no paraba de mirar a la nada mientras escuchaba al cura y soltaba las palabras ´´si acepto´´ como si estuviera en una obra teatral y se conociera el guion de memoria. El ya había dado su dictamen, ya se había entregado a una boda que no quería.

Kagura se imaginó a si misma diciendo un ´´no acepto´´, viendo a Sougo ir a buscar a su prometida y casarse sin importarle que ella estuviera allí con el corazón destruido y sus ilusiones hecha añicos. Se imaginó a todos los invitados aplaudiendo lo que esperaban ver, una boda entre dos personas que realmente se amen, ignorando su existencia y relegándola a las sombras como antes estaba. En una casilla pobre subsistiendo en un día a día, viendo si podría comer ese día o guardaría las sobras para el día siguiente. Pero, como de costumbre, cada vez que tenía un segundo de dudas su desprecio crecía aún más y cuando el cura hizo la tan ansiada pregunta, ella simplemente acepto.

El leve murmullo de su, ahora, esposo maldiciendo le hizo recordar que todo aquello era por un único propósito; demostrarle lo mucho que había sufrido y que el sentiría lo mismo que ella.

Okita Sougo la beso con sequedad antes de alzarla para que pudiera pasar por el umbral mientras su público reía y celebraba por esa desdichada union.

Ante su llegada, la fiesta comenzó y el banquete variado se presentó con total colorido atrayendo la vista de los comensales. Colores brillantes y apetitosos era lo que hacía rugir discretamente el deseo de hincar los dientes de más de uno en esos platillos.

― ¿Enojado?―pregunto Kagura al verlo tan perdido. Debía distraerse hasta llegar a la privacidad de su luna de miel para poder leer la tan dichosa carta.

― Tú tampoco pareces muy feliz―musito sin dejar de mirar al frente.

Debían esperar a que todos los invitados se sentaran y saludar cortésmente, como el nuevo matrimonio que era.

― Bueno… no tengo el mejor prospecto de marido―respondió mordazmente. Él la miro de costado y libero un leve ´´lo mismo digo´´.

― Sou-chan, Kagura, felicidades por casarse―la voz amable de Mitsuba calo en los oídos de ambos, llegándole el mensaje de dicha y duda. Ella sabía muy bien que ese matrimonio no tenía nada de feliz, al menos no para su hermano.

― Hermana―se acercó a la mujer dejando a un costado a su esposa, quien no tomo a mal ese comportamiento.―quisiera hablar contigo―pidió cortes.

― Pero Kagura…―la pelirroja gruño ante la mirada llena de pena por parte de Mitsuba.

― No hay problema, tengo que revisar que todo esté bien en la cocina―comentó con sorna.

Sin esperar una respuesta o un simple comentario se alejó de ese par de hermanos. Los Okita comenzaban a serle insufribles.

Abriendo la puerta de la cocina, vio mucho movimiento entrando y saliendo de allí. Se alegraba de haberse librado de la larga cola del vestido, que dejo depositada en uno de los bancos, más tarde pediría que la lleven a su nuevo hogar. Tomo el sobre de entre los pliegues de su ropa y comenzó a leer. Agradecía enormemente que todos los sirvientes hayan comenzado a salir de allí para servir a los cientos de invitados.

´´ Kagura:

Pensé que habías recibido mi carta en tiempo y forma. No puedo creer que te haya llegado tan tarde.

Con respecto a tu pregunta, quiero que sepas que nunca intente mentirte. Veras, mamá estuvo recibiendo la medicación necesaria durante todo este tiempo que no estuviste, eso es seguro. Pero hace unos meses ella no mostraba mejoría, la medicina no surtía efecto.

Quise avisarte pero ella pedía que no lo hiciera, sabíamos que te casarías pero nunca dijiste una fecha así que ella no quería arruinarte el momento. Mamá pensó mucho en ti este último tiempo.

La última carta que te envié era para contarte que había entrado en fase terminal, los médicos dijeron que ya no había nada más que hacer, pero como veras no pude escribirte nada de eso. Aun así y a pesar del diagnóstico de los médicos, pedí que continuaran con el tratamiento, tal vez podría salvarse pero ya no se pudo hacer nada.

Mamá murió ayer en la tarde.

Hoy la enterraran. Ven si es que puedes, te estaré esperando. Será a las dos pm, en el cementerio al lado de la iglesia de mármol.

Realmente no quería comunicártelo por este medio, pero veo que no tengo de otra opción.

Nos veremos, Kagura.´´

El papel se deslizo entre sus dedos dejándolo caer hasta chocar con el piso. Sus ojos no podían estar más abiertos y sus pupilas más dilatadas. Su piel había obtenido un tono casi cadavérico mientras las lágrimas desbordaban por sus ojos. Se deslizaban en silencio por sus mejillas mientras el estupor la consumía por completo. Pudo haberla visto una última vez el día de ayer, podría estar despidiéndose en esos momentos, pero ella estaba allí en una fiesta de la alta sociedad cuando debería estar guardando luto.

― Saquen el pastel de bodas, en quince minutos lo cortaran―hablo su abuela entrando a la cocina. Los sirvientes, dos hombres de menuda complexión acataron la orden de la anciana sin cuestionarla saliendo de la cocina. Miro a Kagura en un rincón con las lágrimas dejando marcas en su piel ―tienes que salir, los invitados aguardan―se acercó seria mientras tomaba entre sus manos la carta que Kamui le había enviado.

― Falleció, mami falleció ―repitió sin poder creérselo.

― Te advertí que no la leyeras hasta que llegaras a tu hogar, ¿Qué dirán los invitados? Tus ojos estarán hinchados, arréglate y sal al salón― respondió severa. Su abuela no sentía compasión por ella, la imagen lo era todo en su mundo machista.

Kagura se sintió desecha, ¿acaso le estaba ordenando mantener las apariencias aun si se rompía por dentro? A la mierda Sougo y esa fiesta, su madre había fallecido y ella quería llorar como una niña pequeña entre los brazos de su hermano hasta caer dormida del agotamiento.

Kagura seco sus lágrimas con furia, escucho del otro lado de la puerta como los invitados chocaban sus copas de cristal y reían armoniosamente mientras los violines y el piano de cola creaban melodías de ensueño. La vida de Kagura era la antítesis de la celebración a una boda romántica y llena de esperanzas, que todos pensaban, existía.

― Ella murió, ¿no sientes un poco de lastima por la mujer que tu hijo amo?―pregunto dolida y molesta. Sus brazos temblaban de pura impotencia.

La anciana mantuvo la calma sin inmutarse por los ojos llenos de rabia de su nieta.

― Un hombre es capaz de encontrar el amor en cualquier mujer que le brinde placer, Kouka fue una más para mi agraciado Kankou―hubiera preferido que se guarde su mal comentario. ―ella era muy poco para el prospecto de vida que tenía mi adorado hijo― dijo sincera mientras observaba como Kagura no podía evitar soltar su furia a gritos.

― ¡Mi madre…!―comenzó levantando la voz, pero su abuela la detuvo.

― No me hagas una escena, sabes muy bien lo mal que queda que una mujer grite o llore demasiado. Ahórrate la rabieta, terminaras siendo diagnosticada como histérica en dos segundos―sus palabras eran sinceras, pero no por eso Kagura creía que ella estaba siendo condescendiente.

La pelirroja sentía que explotaría en cuanto sus labios se separaran. La furia y la impotencia ardían en su garganta y lagrimeaban sus ojos. Era un dolor indescriptible, ella ya había contraído nupcias ya no tenía escapatoria.

Solo esperaba que no se vuelva aun peor.

Pero quizás… por ese deseo desmesurado de vengarse la vida la estaba golpeando el día en el que debería ser la más feliz del mundo.

Las puertas de la cocina se abrieron una vez más para mostrar a una joven de cabellera azabache y ojos color café. Llevaba un vestido rosa pálido con corsé ceñido al cuerpo, bastante distinto al de Kagura, el cual era un precioso princess dress con crinolina y capas de tela blanca y encaje delicado.

La jovencita llevaba un par de guantes blancos y una sonrisa encantadora. Una chica muy hermosa en simples palabras. Pero aun así, Kagura sentía algo inquietante ante esta nueva visita.

― Me disculpo por interrumpirlas―se inclinó y saludo directamente a Kagura― felicidades por su boda― sus ojos se desviaron por unos segundos de la pelirroja quien estaba acostumbrada a mirar directamente a las personas.

― Gracias―acepto sus felicitaciones, aunque no la reconocía para nada. No recordaba haberla visto en fiestas del té o eventos sociales de la alta alcurnia― ¿Se le ofrece algo en especial?― se acercó a la chica intentando despejar su mente de la discusión que había tenido con su abuela.

― Bueno, la verdad estaba buscando a Okita Sougo― respondió apenada mientras no dejaba de ver al piso buscando un punto focal lejos de la vista demandante de la novia.

Kagura sintió ganas de vomitar, su presión había descendido y su cuerpo comprendía la debilidad de su psiquis. Esa mujer, ¿Acaso era…?

― ¿Él se encuentra?― pregunto nuevamente la desconocida.

― Claro, ¿Quién lo busca?― su voz ocultaba sus emociones completamente. Esperaba que su nombre sea cualquiera, cualquiera menos…

― Tokugawa Soyo― saludo cordialmente mientras hacia una reverencia. ― Un gusto en conocerla― ¿Un gusto? ¿Cuál gusto? Esa chica debería estar bromeando, ¿Acaso se estaban burlando de ella?, ¿Ambos se burlaban de ella?

Sus palabras la habían dejado muda mientras a sus espaldas la anciana miraba toda esa escena con suma seriedad. Kagura no estaba preparada para un encuentro de ese tipo. Temiendo un estallido por parte de su nieta se acercó con cautela a su lado tratando de evitar un escándalo.

― Kagura―musito su abuela al momento de rosas su hombro. La miro con advertencia. La pelirroja se había quedado completamente muda.

Tomando aire, de manera disimulada, hizo una reverencia ante ella para acompañarla al salon.

― Debe estar en la fiesta― sonrió con tal falsedad que los músculos de su cara se tensaban con una simple sonrisa.

Quería romperle el cuello en esos segundos. No podía creer que Sougo sea tan bastardo como para invitarla a su boda, porque él lo había hecho, ¿no? ¿que ganaba con todo aquello? ¿Destruirla? ¿Humillarla? ¿Quién podría ser tan bastardo para llevar el día de su boda a su amante? ¿Acaso no le bastaba con pasearla por los parques céntricos de la ciudad, dejando que todos se burlen de ella? Kagura sentía las miradas burlonas de los comensales puestos en su espalda, mirándola con pesar. La pelirroja arrastraba por todo el salón a una mujer que pasaba sus tardes de ocio con su esposo, en la privacidad de su habitación, en los parques y calles públicas. Conocidos de la alta sociedad, mujeres chismosas y hombres de estudios, todos parecían cuchichear sobre ella, observándola, riéndose de su desdicha.

¿Qué tan humillada querían que este?

Lo vio en el centro, hablaba muy tranquilamente con su adorada hermana y su prometido Hijikata. Se acerco manteniendo una distancia prudencial cuando solicito su presencia.

― Querido, te buscan―comento sonriendo para dolor de la azabache que se encontraba a sus espaldas.

Sougo suspiro con cansancio, no quería escuchar ese tipo de tratos de ella hacia su persona. Con pesadez se dio vuelta encontrándose con los ojos azules de Kagura bastante demandantes. Pero su mirada se desenfoco, detrás de ella estaba una chica muy apreciada para él.

― No sé quién es, pero…―Kagura no había terminado de hablar cuando Sougo pasó a su lado sin dirigirle la palabra y centrar su total atención en Tokugawa Soyo.

La nueva Okita sintió un quiebre en su alma. Por un momento volvió a recordar el dolor punzante de aquella vez en que Sougo dijo que era un ´´error´´.

Estaba atónita, desgarrada por dentro.

Rápidamente se dio vuelta para no dejar que Mitsuba, con lo buen observadora que era, se dé cuenta de su sufrimiento. Pero hubiera preferido ser descubierta por la Okita antes de ver la sonrisa radiante que Sougo le dedicaba a esa mujer. Sus ojos iluminados, sus palabras fluidas e incluso su risa sincera, eran detalles que jamás le había dedicado a ella.

― ¿No me digas que esa chica es Soyo?― el murmullo bajo de una mujer llego a sus oídos bien entrenados.

― Baja la voz―le decía otra― escuche que es la amante del señor Okita―

Fue un quiebre a su cordura. Si bien no eran muchos los que miraban esa escena con ojos expectantes como ese par de mujeres, Kagura distorsiono esa realidad. Para ella estaba siendo observada con ojos llenos de pena y asombro porque la amante de su esposo haya aparecido en plena boda.

¿Dolor? ¿Tristeza? Esos sentimientos fueron opacándose nuevamente. Tantos esfuerzos por pertenecer a ese mundo de lujo, tantos esfuerzos por cumplir las expectativas de su abuelas, por salvar la vida de su madre, por enamorarlo…

Todo había resultado para nada. No había logrado nada, con tanto esfuerzo, con tanto sufrimiento nada resulto como lo planeaba.

Pero ahora tenía el poder, pertenecía a una buena familia, tenía status y al hombre que la destruyo estaba a sus pies. Sabía muy bien quien era esa mujer. Los haría arrepentirse de todo.

Presiono sus puños hasta que soltó pequeñas gotas de sangre. Su rostro apacible ocultaba la furia desbordante que por dentro la comia.

Romperle el cuello era lo mínimo que quería hacerle a esa tal ´´Soyo´´. Su abuela se acerco con cautela y limpio su mano con una servilleta.

― Cálmate, recuerda que no puedes perder el control― susurro con precaución de no llamar la atención.

Mitsuba, quien siente la culpa por no haber podido precaver a Kagura, se acercó a ese par de enamorados para que, con dulzura y sin levantar sospechas, regañara suavemente a su hermano menor.

― Sou-chan, tu esposa te estaba por preguntar algo. Es descortés dejarla con la palabra en la boca― su sonrisa disimulaba muy bien las palabras de la mujer, que esperaba que Sougo comprendiera lo mal que estaba haciendo las cosas.

El asintió y dirigió su cuerpo en busca de Kagura, esta no vio ni un ápice de esa dicha que plasmaba en su rostro al hablar con la azabache.

― Discúlpame, ¿cuál era tu pregunta?― la pelirroja sonrió de lado muy suavemente al escuchar sus insulsas palabras.

― Tokugawa Soyo, no me acuerdo que este en la lista de invitados, ¿la invitaste tú, querido?― volvió a usar esa palabra llena de mofa para el amor que esos dos se profesaban. ―si no es así, deberíamos pedirle que se retirara, no quiero a nadie que no haya sido invitado con antelación― volvió a sonreír ampliamente.

Sougo no responde a la pregunta de su esposa, en su lugar pide a Soyo que lo acompañe a la salida de la mansión. Los ojos de Kagura quedan clavados en ese par que se va alejando en dirección a la puerta. La estaba protegiendo de ella, ¿tan mala podía llegar a ser su esposa? O quizás… ¿su esposa tenía motivos para hacerle algo a ella? Kagura mantuvo su semblante apacible mientras los seguía hasta perderse.

La voz de Mitsuba llego a sus oídos, pidiendo disculpas por ese mal comportamiento de su hermano.

― Él no suele ser así, supongo que deben ser los nervios de la boda― musito con pena.

¿Qué excusa barata era esa? No escucho el resto de sus palabras, no la creía una mala persona o la causante de sus males. Comprendía su accionar y sus intentos por vanagloriar a su hermano. No la culpaba de nada.

Uno, dos, cinto minutos pasaron hasta que Sougo se dignó a aparecer en el salón.

― Entonces ¿Quién era?―se acercó a él preguntando directamente.

― Nadie―respondió cortante.

― ¿De enserio?― pregunto divertida― por un momento creí que era la causa para que no quieras casarte conmigo― comento divertida.

Sougo se alertó al escucharla y trato de negar lo innegable.

― Ya se retiró―trato de darle un punto final a esa conversación― tal vez se coló a la fiesta y ya―

Kagura rio divertida al verlo intentar camuflar la situacion.

― Una amante hubiese sido lo único que le faltaría a este matrimonio― comento al aire llamando la atención de Sougo― no te preocupes…―rio al ver su cara de espanto― te creo, solo pensaba en las maneras de humillar a una de las mujerzuelas que llegues a tener el día que me entere de una traición― dijo mordaz al momento de acercarse a su canal auditivo― recuerda, que las apariencias es lo que importa― beso su mejilla dejándolo estupefacto― humíllame y todo será peor―

Era destructivo amar de esa manera, pero sabiendo que ya no le quedaba nada por lo que había peleado, Kagura se impuso una nueva meta definitiva: verlos sufrir. Una medicina efectiva para el coraje que le daba recordar sus ilusiones rotas hace algunos años.

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Aclaraciones:

Princess dress: Vestidos de princesa largos, de una sola pieza con un cuerpo ajustado y una falda con crinolina. Una característica distintiva del vestido era su botonadura que iba desde la parte superior hasta los pies.

Histérica: Las mujeres en esa época eran ´´diagnosticadas´´ como histéricas por gritar en exceso o llorar demasiado, ya que siempre debían mantener la calma. Incluso la risa exagerada era considerada vulgar. Las mujeres se las diagnosticaba como histéricas, solo a ellas, y era tratado como una enfermedad.

Frock coat: era una chaqueta larga con apariencia de abrigo más que de chaqueta. Tenía doble botonadura y normalmente llevaba las solapas de cuello en contraste, del mismo color pero en diferente tejido. Estaba realizada con materiales gruesos como lana o tweed y, dada su elegancia, se utilizaba en ocasiones especiales.

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Notas del autor:

Antes que nada les comento que ¡El día de hoy cumplo 3 AÑOS COMO FICKER!

Estoy feliz, comencé en fanfiction y mi primera publicación fue un 9 de octubre XD tres años escribiendo XDD no puedo creerlo. ¡GRACIAS POR LEERME!

¡Todo es gracias a ustedes y su apoyo!

XD

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Cambiando de tema XD, quería dejar en claro que no siento un desprecio por el personaje de Soyo, es un personaje que me gusta mucho en el anime, pero últimamente tengo una manía por hacer a algún personaje de Gintama como ´´malo´´, o mínimamente que sea llevado a ciertas acciones por los hechos que sucedan en el fic.

Quiero ser lo más seria posible cada vez que los haga ´´malos´´ porque amo a todos en Gintama.

Nadie se me ha quejado pero quería aclararlo para evitar algún problema.

Un ejemplo de personajes malos serian en:

Mi fic ´´Buscándote´´ y en ´´No todos los tesoros no son oro y joyas´´. En estos dos fics hice a 2 personajes como los villanos, incluso los podría hacer simpatizar con ellos, lo mismo puede suceder con Soyo XD.

¡Aclarado esto, nos leeremos el lunes próximo!

¡Bye!