Cierto chico de cabellos caoba caminaba por los pasillos cerca de los baños masculinos, entonces sintió voces. Con curiosidad se acerco lenta y ocultamente.

—Kaito, tú...—oyó a Yuuki, mientras sentía como esos labios de Kaito se besaban con otro que no era el. Sinceramente eso le dolía. El reemplazo que sintió Yuuki antes el lo estaba sintiendo, y no era una sensación muy agradable.—Estas con Lee.

El de mirada conquistante y azulada quiso reír ante eso. ¿Estaba con el y besaba a Yuuki?. Maldito rubio, siempre metiéndose en las relaciones. Definitivamente la buena amistad que llevaban Yuuki y Lee se rompería.

—Sí, ya lose—contesto el pelinegro, desinteresado. Lee sintió ganas de llorar, pero resistió con una falsa sonrisa arrogante. Definitivamente el enamoraría a Kaito Hiroki, quisiera o no. No tenía opción, no iba a soltar algo que fuera de su propiedad.—No lo amo, lo quiero. Eres tu el único, Yuuki.

Entonces el de cabellos caoba sintió como jalaban de su brazo y como se golpeaba contra una pared.

—Que baja clase oír las conversaciones de los demás, ¿no?—dijo un seguro y confiado pelirrojo con su sonrisa conquistante. Lee lo miro desafiante. Era amigo de Thoru, pero para el era sacrificable. Bueno, para Lee todos son sacrificables menos Kaito. Su Kaito.

—Disculpa, pero no soy tan señorito como tú.—dijo Lee, mirándolo con algo de enojo. Thoru arqueó una ceja.—No temo mancharme las manos.

—En un juego sucio yo también me las mancharía, Lee-kun.—contesto Thoru, neutral. Lee suspiro, resignado.

—¿Que quieres?—pregunto Lee, mirando de reojo los ojos de Thoru. ¿Como alguien podía tener tanta belleza? Thoru definitivamente era un ser sorprendente, en cada momento e instante su belleza aplicaba. Y nadie podía negar los encantos del pelirrojo, nunca. No era que l los exigiera ni nada, solo que era inevitable ocultar la admiración hacia Thoru y su belleza.

—Realmente no muchas cosas. No soy un deseador.—explico el pelirrojo con sensatez. Lee rió irónicamente. Si Thoru deseaba algo seducía y rápidamente lo conseguía. El pelirrojo utilizaba sus encantos para absolutamente todo, y lo peor era que servía. Lee aun recuerda cuando Thoru quería una mejor nota en música, clase de Hitomi-sensei, y decidió conquistar al profesor, al final termino enamorando perdidamente a aquel sensei, joven y atractivo, el cual con el tiempo noto que Thoru solo tenía interés. Aunque no hubo problemas, Thoru sufrió el rechazo de alguien por primera vez. Y que alguien rechace a Thoru es bastante inusual.

—No, solo un alardeado.—dijo el de cabellos caoba, con una pequeña sonrisa. Todos se ocupaban de alardear a Thoru por absolutamente todo. Ojos, cabello, cuerpo, altura, inteligencia, y su obvia belleza.

Thoru le guiño un ojo. El sabía perfectamente toda esa admiración que la gente sentía hacia el, pero no presumía.

—Exacto.


—Ciel, ¿que haces?—pregunto Nagato colocándose a su lado. El tierno rubio le dedico una sonrisa.

—Hago un barco—explico el otro. Nagato lo miro fascinado. Ciel era un chico tan inocente y lindo. Con su traje de marinero que lo hacía ver adorable, su cabello de oro y sus ojos claros y verdes, casi como unos jade. Definitivamente el era hermoso.

—¿Por eso el traje?—pregunto Nagato con una dulce sonrisa.

—Sí—dijo Ciel levantándose y dando vueltas, lo cual le dio ternura a Nagato—¿No es lindo?

Nagato sonrió, se paro y se acerco a su bello amigo. Era más alto que Ciel, rubio también pero de ojos más oscuros e intensos, un verde bosque. Era lindo según la mente de Ciel, pero jamas lo diría.

—Sí, lo es—dijo el de ojos oscuros para luego besar la frente de su lindo amigo—Como tú.

Se fue y dejo a Ciel pensando confundido, pero con una sonrisa que nadie se la podía arrebatar.


—Llevamos horas en el baño, Kaito—susurro Yuuki, algo avergonzado. El rubio llevaba escondido allí prácticamente desde la mañana al llegar al colegio, así que no le preocupaba que pensaran que se escapo, puesto que nadie lo vio. Tampoco iba a empezar a ser buscado por los profesores, puesto que ya lo habrían puesto ausente en sus clases. Tampoco la materia pasada le importaba, puesto que con Kitty o Ymr se conseguiría la materia. El único detalle es que estaba en un comprometedor y romántico acto delatador como lo era besarse con su mejor amigo, Kaito Hiroki.

—Ya lose, pero no importa. Las clases están por terminar ya, no valdría la pena salir.—dijo el pelinegro, mientras jugaba con los cabellos del rubio. Realmente para el pelinegro de ojos azules verdosos no le era importante el tiempo y momentos si estaba junto a su amado Yuuki, el cual se había vuelto parte y razón de su existencia desde que recuerda haber admitido amarlo con locura y desesperación. También pensaba en que era demasiado tarde para echarse atrás y renunciar al amor de Yuuki, ante sus besos, labios, todo el. Definitivamente no lo dejaría ir.

—Pero...—intento hablar el rubio, pero fue silenciado por un beso del pelinegro. A Yuuki no le gustaba ser interrumpido, pero sinceramente, con este tipo de interrupciones no estaba nada mal ser silenciado.

—Te amo.—murmuro el pelinegro en el oído del de ojos celestes, provocando que este se sonrojara. Yuuki odiaba cuando Kaito mostraba sus sentimientos, no podía contenerse y evitar sonrojarse. Era demasiado sensible para soportar declaraciones tales como las de el pelinegro.

—Cállate—exigió Yuuki con vergüenza. No iba a aguantar mucho antes de estar enamorado del que fue su mejor amigo en tiempos de silencio y secretos.

—Te amo.—reitero Kaito con una sincera sonrisa. Le encantaba ver como su preciado Yuuki se sonrojaba más y más, porque se veía hermoso sonrojado. Tan sensible y delicado, como un ángel.

—Cállate—volvió a exigir Yuuki, desviando la mirada del pelinegro. No podía mirarlo a los ojos con la vergüenza que sentía en ese instante. Kaito estaba ganando, y Yuuki no se lo iba a permitir.

—Te amo.—reitero otra vez. Yuuki desvió la mirada y miro de reojo la entrada del baño. Vio una sombra y sintió pequeños pasos.

—Yo también te amo—se oyó una voz bromista. Ellos miraron totalmente asustados a cierta chica de cabellos azules y mirada traviesa, como la de Yuuki pero en mujer.

—Sakura—sentenciaron ambos, sin dejarla de mirar.

—Descubrí tu secreto Yuuki-kun.—dijo ella con una segura sonrisa, causando paico y miedo en ellos.

¿A caso todo el mundo se enteraría de su "relación"?.

Definitiva y absolutamente esto era una catástrofe.