Capitulo 4

Dolor, jaqueca, hachazo, migraña, exactas palabras para lo que sentía. Se llevo una mano a la cabeza y vio el deslumbrante sol de aquella mañana pegarle en sus pequeños ojos adormilado. Regañó. Se levantó como pudo y se dirigió al baño arrastrando los pies. Se miro fijamente en el espejo cuerpo completo y se escudriño intensamente. Se toco muy interesada el rasguño en su cara, que sobresalía bastante en su mejilla y dejaba uno a otro rastro de sangre seca. E intento recordar.

-. ¡O diablo!- maldijo en un murmuro y se fue a dar un baño- lo que me faltaba, una larga serie de preguntas y regaños- dejo que el agua helada le pegara en todo su cuerpo y en el horrible sabor en su boca. "Nunca más, nunca más" pensaba completamente agotada. El alcohol nunca le había hecho bien.

Escucho un suave sonido provenir de la puerta pero cuando se giro a ver el umbral ya que esta se encontraba abierta, ahí no había nadie, "estoy alucinando".

No mucho ya que alguien sí había entrado, y se había marchado más sofocado de lo que esperaba aquella mañana.

Cuando salió de la ducha, mucho más cuerda, vio un papel encima de la cama. Lo tomo extrañada, no recordaba haberlo visto o no se había dado cuenta por su punto ciego (cosa muy probable). Lo miro y en letras curvilíneas.

"Se le espera en el salón de fuego"

Lo sabia, no había para que negarlo: estaba pillada, atrapada, enredada, y todo lo malo terminada en ada...

Bostezando como por décima vez en menos de dos minutos llego al mismo salón, que la había visto marcharse no muy delicadamente en uno de sus más mal estados. Entro en este y cinco pares de ojos fueron a parar sobre ella, ninguno de ellos muy a gusto de verla con buen cara y decir un alegre "Buenos días". Aunque uno de ellos, o sea Legolas, le miro levemente sonrojado (¿ya sabrán porque?). Gandalf, Elrond, un elfo que vestía con armadura y que tenia pinta de ser guardia de algo y Gimli.

-. ¡Buenos días!- saludo Gandalf con mirada acusadora, la cual no se quiso camuflar para nada. "Eso mismo para ti", pensó mentalmente.

-. Aiya (hola)- saludo como si nada y sonrió casi imperceptiblemente. Se quedo con la pequeña duda que desde cuando había aprendido hablar elfico, pero por las miradas lo descubriría mejor en otro momento.

-. Te alegrara saber que nos alegramos de que estés viva- comento el mago con voz de circunstancia. "Y a mi que" hubiera soltando, pero debía ser gente civilizada ahora, no era hora de sus borderias.

-. ¿A que te refieres?- pregunto humildemente, intentando por todos lo medios que estos no supieran que sabia que estaba hay para acusarla de haber salido de los limites y que se había enfrentado a una comitiva de bichos (como ella sutilmente los llamaba).

-. Queridas Celiviel, te juramos que no hay que ser muy listos para saber que anoche, después de un pequeño sobrepaso con carga de liquido, saliste de las limes de mi casa y luego del pueblo para adentrarte en el bosque de una manera no muy fiable y que allí te viste enzarzada en un pequeño encuentro con nueve orkos- "Que lindo sonaba aquella acusación en la boca del elfo Elrond" que a diferencia de Gandalf si camuflaba su disgusto muy bien.

-. ¿Y porque no habría que ser muy listo?- pregunto intentando sentirse contrariada por las acusaciones infringidas en su contra.

-. Por algo muy simple- hablo Gandalf mientras levantaba los ojos y luego con una mano elevaba algo que le cayo como un rayo de sol en plena noche- si quieres escapar sin ser acusada, haznos el favor de llevarte contigo todas tus pertenecías.- "Maldición" pensó y se cacheteo mentalmente un par de veces para que la próxima vez, no se le olvide llevarse sus zapatos.

-. A eso- acepto y se llevo una mano a la sien- creo que recuerdo algo.- se hundió un dedo en la sien y cerro los ojos como si realmente necesitara ayuda para recordar.

-. Y espero que recuerdes esto igualmente- el mago se acerco a ella y levantando un mano. Ella cerro los ojos como esperando algo. Pero éste le tomo la e inspecciono la herida en su mejilla- ¿Te curaste esto?- pregunto a lo que se alejaba y dejaba sus zapatos encima de una mesa

-. No- negó casi en un murmullo, y no vio a nadie a la cara, la vergüenza la recomía- yo... yo... me encontraba algo mal ayer, yo en serio no quise salir, pero... lo lamento- se disculpo torpemente. Se sonrojo bastante.

-. Estas perdonada- murmuro Elrond con una sonrisa- ¿Pero ahora queremos saber como te libraste de nueve orkos?

-. ¿No eran diez?- pregunto. Estaba segura que eran un numero par, entre 8 ó 10.

-. Solo nueve rastros de orcos- dijo el elfo uniformado.

-. Silfrid, ¿Hay algún rastro de un décimo orko?- pregunto Elrond

-. No señor, solo nueve- la chica entrecerró un poco el ceño, pero luego lo aliso rápidamente no estaba muy bien esa noche, no había que esperar demasiado.

-. Bien Celiviel- le cedió Gandalf para que continuara aun dándole la espalda.

-. Yo solo recuerdo, que cuando uno de ellos se me lazo, lo empuje y sentía una explosión y luego una antorcha de dos patas salía disparado hacia atrás, lo otros que hicieron exactamente lo mismo tuvieron igual fin- informo y en ningún momento vio a alguno a la cara, miraba hacía arriba con una mano en la barbilla recordando lo pasado.

-. ¿Solo eso?

-. Sí, -acepto- solo eso- se produjo un silencio, y Gandalf se giro con dos botellitas.

-. Esta- le tendió una que tenia un color amarillento- es para la jaqueca que creo que tienes- ella sonrió como siendo atrapada- y esta para que te eches en esa herida antes de que se te infecte- un pote con una mezcla verdosa- ahora- siguió- acompáñame.

-. ¿A dónde?- pregunto tomándose de un sorbo la botellita amarillenta que le dejo el sabor de la boca aun más pastosa, pero así mismo ya estaba mucho más lucida.

-. Solo acompáñame- "Primera nota mental: no molestar a Gandalf cuando esta enfadado" pensó y se cabeceo afirmando su pensamiento. Mientras acompañaba al mago manteniendo las distancias a su lado apareció el tal Silfrid, quien supo, era e capitán de la guardia de Lord Elrond.

Antes de irse y salir de la habitación se giro, miro a Elrond y los presente dio una suave inclinación y salió detrás del mago. Mientras trataba de mantenerle el paso al Mago Blanco le pareció sumamente extraño, que en ningún momento Legolas, le haya mirado a la cara sin sonrojarse y observar para otro lado.

Silfrid, era un tanto más alto que ella, poseía las finas facciones de todo elfo, el cabello azabache le caía elegantemente detrás de las armaduras de oficial, los ojos medio grises-azulados y tenia una leve cicatriz al lado de la cara, pero era casi imperceptible. Su arma hacía presencia al lado de su cintura, una larga espada con incrustaciones de mithrill.

Caminando de improviso se vio que estaba en la entrada a la escalera de caracol, ahí donde en parte estaba todo su pasado. Silfrid con una sonrisa se corrió hacia un lado, pero ella se detuvo, de verdad le molestaba un poco volver allí dentro. Gandalf a media escalera se detuvo y le miro.

-. ¿Vienes?- pregunto. Ella trago saliva y asintió, no tenía ganas de molestar nuevamente al mago.

-. ¿A-a que hemos vuelto?- pregunto viendo como las antorchas se prendían, y la puerta al final hacia aun más notoria su presencia.

-. Como veo que no te aguantas en involucrarte en problemas, es mejor que comiences a entrenar desde ya, con las armas que te corresponden.

-. ¿Armas?- pregunto incrédula. Deteniéndose nuevamente frente a la puerta, el mago tocaba con el bastón y se abrían, la habitación tal cual como antes.

-. Sí, tus armas- nuevamente y como veía que esta no se estaba mucho en pro-entrada a la sala, le tomo de un brazo y la jalo hacia adentro, llevándola de frente a aquella mesa de mármol en que el fuego ahora era mucho más intenso, y dio unos disparos cuando ella estaba un poco más cerca- tómalas- ordeno.

-. ¿De donde?- pregunto mirando de un lado a otro.

-. De dentro- contesto como si fuera obvio. Ella le miro incrédula "¡¿Qué?! ¿Quería que metiera las manos al fuego? ¡Que estaba loco!, por mucho que lo piense creo que si".

-. No estarás hablando en serio- continuo algo dubitativa, mirando las lenguas de fuego comenzar a explorar a sus alrededores.

-. Celiviel- bufo como si solo pronunciar su nombre ella cambiaria.

-. ¡Pero si es fuego! No me quiero quemar- alego dando un paso hacia atrás.

-. ¿Aun no entiendes verdad? ¿De que parte de dama del fuego no entiendes? Eres completamente inmune a todo tipo de fuego mágico y no mágico. Ahora. Si puedes ser tan amable, hazlo tranquila- ella le miro desde atrás, y trago saliva.

Al posar las manos, los mismo látigo que anteriormente habían salido a su costado ahora se aferraban a su mano, las llamas eran cálidas, suaves como la seda era como tomar agua. Tembló ligeramente esperando un dolor que jamás llego y logro relajarse un poco. Miro a Gandalf y este tenía una sonrisa tranquila en rostro, nada parecida a su rostro de hacía pocos minutos. Sintiéndose más tranquila, introdujo toda la mano dentro de aquella pileta de fuego, penetrantes cosquillas subieron por su brazo haciéndole estremecerse. Sus dedos de pronto chocaron contra alfo, busco de donde tomarlo y aferrándolo con fuerza lo jalo.

Se quedo media ciega de asombro mientras veía la hermosa y larga espada hacer contraste con las llamas que parecían danzar más rápido. Era del porte casi de toda la extensión de su brazo, pesaba bastante poco y poseía una bonita y plateada hoja doble filo. El mango era delicado y nada ostentoso, solo unas pequeñas gemas que parecían rubíes y decoración en las esquinas que parecían onix. La giro para ver que en la otra hoja habían grabado elfos que no entendio.

-. Es Frenedic, la espada de tu padre- le contó Gandalf- hacia años que no la veía tan reluciente como antes. ¿Es hermosa no lo crees?- pregunto. Ella solo cabeceo con un nudo en la garganta, estaba totalmente maravillosa que no tenía palabras.

-. ¿Qué dice?- pregunto mostrando las escrituras con la voz extrañamente quebrada.

-. "No hay temor más grande que una vida sin leyenda", muy de tu padre si me permites decirlo- continuo con una sonrisa aun más de añoranza- ven- le dijo y la llevo a otra de las mesas que hacían el contraste- ahora a este. Posee las armas de tu madre, es un regalo del mismismo Valar Aule, el herrero.

Esta vez sin ningún miedo, sujetando firmemente a Frenedic con la mano izquierda, introdujo la mano en aquel pilar. Aquel fuego fue algo extraño era mucho más denso pero no le importo. Pronto dio con lo que buscaba, unos hilos se enredaron por sus dedos. Sujeto lo que seria nuevamente por un mango y lo jalo. Algo tan liviano como la espada, la dejaba en un lapso en lo más hondo de ella. Era un arco de plata y carcaj de mitrhill que llevaba su interior lleno de flechas de hermosas plumas. Si Gandalf le hubiera visto la cara, le hubiera percibido los ojos lagrimosos, se alegraba que éste hubiera tomado una pose mas atrás. Miro estupefacta tan hermoso decorado y los hilos que se habían atrapado por sus dedos, eran pequeños decorados que servían para sujetar el mango sobresaliente.

Pero algo le llamo la atención, atado en la punta de el arma, había una bolsita. La tomo con cuidado, cuando sintió una fuerza extraña. La abrió con cuidado y dejo caer el interior en la palma de su mano, ahí, un collar. Su mirada se fue directo al cuadro de ella cuando pequeña, era exactamente el mismo. Su cuerpo reacciono de inmediato, observo un poco consternada las marcas en sus manos aparecer.

-. ¿Qué te pareció?- pregunto Gandalf, al parecer éste no había visto el collar, sin saber verdaderamente porque lo guardo en su bolsillo de manera disimulada.

-. Es... extraño- contesto- no lo se, solo eso, extraño.

-. Ven salgamos, creo que Silfrid quiere empezar por lo menos antes de que se llame al almuerzo.

-. ¿Silfrid?- pregunto extraña y resguardo la espada, y comenzó a tocar las plumas de las flechas incapaz de no hacerlo al sentir la suavidad.

-. Él te dará clases de manejo de espada...

-. Pero yo...

-. Hace catorce meses que no tomas una espada Celiviel, y estas son mucho más difícil de manejar que las de tu antiguo mundo, además, si deseas sobrevivir a las nuevas fuerzas oscuras que crecen, no pensaras que pelearas con simples humanos, los elfos son mucho más rápido en este tipo de carácter- informo, a lo que la puerta se cerraba detrás de ella.

-. ¡Ou!- exclamó y se dio por entendida- ¿Y cuando comenzaras tú a darme clases de magia?- pregunto interesada.

-. Cuando estés preparada- contesto sabiamente.

Salieron al aire libre. Silfrid sonreía abiertamente mirando a dos de los cuatro Hobbits mientras estos correteaban con espadas de su porte, dándose de luchadores clasificados. Cuando Frodo y Sam, le vieron llegar con las hermosas armas, no pudieron más que enviar unos signos de exclamación. Silfrid se giro y sonrió admirando las armas.

-. Te la dejo a tu cargo Silfrid, por favor, que no se haga mucho daño, la quiero entera- dijo el mago, posando una mano en su hombro. La chica le miro asesina detrás de donde Merry y Pippin observaban sus armas con los ojos como platos.

-. No se preocupe señor- le contesto y le sonrió a ella. Ella bajo la cara avergonzada.

-. No soy ninguna niña- le recrimino desde atrás suavemente.

-. Demuéstralo entonces- siguió y se perdió por uno de los pasillo.

-. Por aquí Srta. Felagud, hay que buscar una funda para la espada antes de comenzar- le dijo y la guió por un pasillo paralelo que iba a la salida. Ella desde atrás le siguió, llevaba el carcaj colgado de su hombro, y la espada oscilando en su mano.

-. A todo esto...-comenzó ella- por favor no me llames por "mi apellido", solo Celiviel.

-. Esta bien- acepto el elfo de buen agrado- yo te pediría lo mismo entonces- ella hizo una exclamación de aceptación desde atrás.

Llegaron a un salón como un galpón, en que ella levanto las cejas en signo de admiración, hermosas armas eran enfiladas cuidadosamente. Lanzas, cuchillas, dagas, espadas de un y dos filos, arcos, carcaj, flechas y otro extraños instrumentos, todos con el toque del herrero elfo bien enseñado. El sujeto se perdió por una esquina, cuando ella observando la punta de una lanza, el elfo apareció con algo en las manos.

-. ¿Me permites?- pregunto mirando a Frenedic. Ella se dio por entendida y dando vuelta la espada se lo entrego por el mango. Este lo tomo con gracias, elevándolo al perfil de un rayo de luz lo guardo en una funda de cuero café- es mejor algo sobrio, para tan hermosa arma, no es necesario exaltar el exterior si lo importante es el interior.

-. Me parece- contesto completamente de acuerdo, a lo que él se la pasaba del mismo modo dentro de la funda.

-. Bien- acepto y le permitió la salida- ¿Cómo eres con el arco?- pregunto. Ella quedo pensativa "¿Cómo soy para el arco?...eee...mala, pésima, horrible, cual más calificación de negatividad existente".

-. Relativamente mal coordinada- contesto luego de unos segundos- creo que con las armas no soy muy buena, más me iba bastante bien cuerpo a cuerpo- (NA:"cuerpo a cuerpo" mal pensadas. KARATE, no otra cosa),- tenía buena posición en mi academia- aclaro para que no pensara mal el elfo.

-. Aquí en las batallas "cuerpo a cuerpo" no funciona mucho, casi siempre, son seres del doble o triple de masa muscular o al revez, por lo que las armas son el mejor caso, al menos que no las tengas y hayas de usar unas buenas técnicas para noquear al enemigo- eso a ella no le cayo bien- practicaremos con el arco, luego en el viaje a Minas Thirith pondremos en orden la espada y luego una mayor planificación en la ciudad blanca ¿Si es que te parece?- "Tú eres el maestro" pensó y se encogió de hombros.

-. Esta bien.

Acabaron llegando a un ala de la casa de Lord Elrond en que habían varios carcaj lleno de flechas esperando por quien deseara usarlas. No había casi nadie, o sea no había nadie que ella allá visto, por lo que tomo atención a los tiros que habían puesto en esos terrenos a lo lejos unos 50 metros estaba el primero, el segundo a unos 100 y el tercero a 250, el cual tenia solamente una flecha clavada en el centro y era terriblemente complicado llegar a ver tal flecha.

-. Bien, no gastes tus flechas así que utiliza tu arco y uno de los carcaj de allí atrás- ella le hizo caso, dejo sus carcaj en una de los colgantes y tomo uno de los allí especificados, se acerco pero sintió una presencia cercana, puso sus sentido en aire, pero la presencia desapareció. Se acerco al elfo algo extrañada- bien- dijo- toma el arco así- tomo una de sus mano y la puso en el arco ante el contacto de aquella manos se erizo- así -puso otra mano en el arco y la rodeo por atrás, se le erizaron los pelo de la nuca "Hace un poco de calor" pensó sin querer, más algo la saco de su ensoñación.

Una potente flecha cruzo el aire de una manera maestral, había salido de algún lugar de los árboles detrás de ella y fue clavarse al lado de la única flecha del ultimo tiro, su boca pudo haber quedado en el piso, mas cuando se giro a ver al excelente arquero se retiro sin saber porque mecánicamente del lado del Silfrid. Legolas estaba con una hermosa arco sujeto fuertemente y su mirada estaba en el tiro, mas cuando le miro a los ojos una nota extraña tenía que le hizo estremecerse.

-. Alassea ree, cundu Legolas (buenos días, príncipe Legolas)- segundo impacto del día "¡Príncipe!" estuvo apunto de sufrir un colapso. Hablo con un príncipe, o Dios.... ¿Era normal? O sea... un príncipe en su otro mundo era algo impactante, aquí parece que no.

-. ¿Pri-pri-príncipe?- pregunto extraña y con la voz media seca, mirándole a los ojos azules que le devolvieron una mirada seria.

-. Mirkwood del rey del bosque- le comunico Silfrid por lo bajo, aunque era obvio que Legolas escucho.

-. Alassea ree, Silfrid- contesto y se acerco- hermosas armas Celiviel.

-. Eee..., si, eee..., yo, si son hermosas- contesto con el nudo en la garganta "¿Pero quien soy?¿Una preadolescente?"- príncipe- termino para volver a darse vuelta.

-. No me digas príncipe- le pidió a lo que ella le cabeceaba de espaldas y volvía a tomar el arco para no mirarle.

-. Le enseño a Heri Celiviel el uso del arco- le comunico el elfo al joven que se acerco hasta su lado.

-. ¿Y como lanza?- pregunto como si ella no estuviera allí, cosa que le molesto.

-. Aun no lo intenta.

-. Pues si me hacen el favor de saber como se agarra esta cosa- solicito molesta ya que no tenía idea de como diablos se tomaba y le amargaba que hablaran detrás de ella.

Después de cinco minutos explicando al fin tenia bien sujeto el mango, Legolas estaba a su lado callado observando, y de vez en cuando se le lograba escapar alguna sonrisa o un pequeño comentario.

-. Bien así- le acepto Silfrid- ahora pone la flecha- "¡La flecha!", grito en su mente. Con sumo cuidado tomo una de las flechas que colgaba en su espalda y la puso sobre su mano- bien, sujétala y estira, apunta y suelta- ella hizo caso, apunto al tiro, estiro y cerrando los ojos la soltó, a lo que un gemido salía de su boca cuando el cordel que sujetaba le pego en la toda la mano "Por la misma puñetera arma del demonio" pensó para sus adentro "Mantén la compostura, solamente casi te sacas el dedo, relájate no es nada" respiro hondo, mas cuando observo el tiro en este no había nada, miro de un lado a otro, a lo que uno de los árboles lejanos tenia clavada la flecha- por lo menos sabemos que tienes fuerza- comento Silfrid. Ella le miro feo.

-. A la otra no cierres los ojos- comento Legolas sabiamente.

-. Prefiero la espada- murmuro y se acaricio el dedo.

-. Venga inténtalo de nuevo- le apremio Legolas, ella cabeceo sin mirar a nadie, sentía la sangre subirle a la cara por la vergüenza, se sentía como una niña siendo enseñada en cosas súper primarias.

Lo intento unas diez veces, el pobre árbol de atrás comenzaba a removerse con verdadera inquietud o se estaba volviendo algo neurótica, el problema de todo esto era que cerraba los ojos antes de lazar. Y eso le habían estado recriminando los últimos 20 minutos los dos elfos a su lado. Lo que obvio, la colocaba más nerviosa todavía. Además tenia de visita a cuatro jóvenes Hobbits que le hacían barra desde atrás, y sentía la constante mirada de alguien por otro lado.

-. Inténtalo, la ultima vez y vas a comer algo- le dijo Silfrid, el elfo estaba cargado en un árbol, con una mano en la barbilla con pose de "De alguna manera se tiene que lograr" y Legolas ya ahora estaba atrás con los Hobbits.

-. Soy pésima, soy pésima, soy pésima- murmuraba solo para ella o eso creía, mientras tomaba el arco.

-. Con esa mentalidad no lograras mucho- alcanzo a escuchar de parte desde atrás, no sabia si solo lo había escuchado ella o todos.

-. Tú seguramente lo domaste en que ¿Uno o dos días?- contesto en el mismo tono.

-. 120 años, y eso debo admitir que reclame a medio mundo por el primer golpe en el dedo- contesto, ahora se dio cuenta que estaba murmurando casi solo moviendo los labios- inténtalo, concéntrate en un punto fijo y no cierres los ojos, la ultima concentración es la más asertiva.

-. Hecho- musito para darse fuerzas.

Tomo el arco y puso una flecha, estiro, apunto y soltó sin sacar la mirada del tiro, a lo que sorprendentemente la flecha cayo en el tiro.

-. Lo hice- murmuro- ¡Lo hice!- una sonrisa apareció en su rostro- jaja ¡¡Lo hice!!- dijo mucho más alto y girándose para ver a los otros que tenía clara cara de "No me lo puedo creer"

-. En hora buena- le felicito Silfrid saliendo del árbol con cara de aun no creérselo.

-. Más vale tarde que nunca- comento Frodo y le sonrió con cariño.

"Lo hice, soy buena, aja, soy buena, jajaja" pensaba y cantaba mentalmente sin sacarle la mirada a su flecha, y luego vio todas las de atrás y al pobre árbol que las había recibido por su mala puntería. Su canción mental paro de golpe y se encamino al tiro, pero lo paso de largo y fue hasta el árbol. Saco las siete flechas que estaban baja, salto y pudo sacar tres, pero la ultima estaba más arriba, se giro por todo el tronco a lo que encontraba una ranura, puso el pie, se sujeto de una rama, se logro elevar y sentarse en esa misma y luego parándose con verdadero equilibrio se acerco al tronco y con cuidado saco la primera flecha. Y se lanzo al suelo con todas coleccionadas. Y una sonrisa radiante.

-. Ya era hora- musito una voz desde los árboles a lo que Gandalf salía junto a Elrond quien le sonreía.

-. ¿Cómo que ya era hora?- pregunto haciéndose la enfadada. El mago rió y negó.

-. Señor- se presento Silfrid y se acerco a Elrond.

-. Gracias Silfrid, te puedes retirar, y a todo esto mandad a avisad que esta tarde llegaran mis hijos y mañana marcharemos a Minas Thirith.

-. ¿Tan pronto señor?- pregunto algo extraño. El otro asintió- Omentuvalme Heru- se despidió de los dos mayores, luego se giro a ella y sonrió- Namarie Celiviel.

-. Adiós- dijo ella- y gracias por tú paciencia.

-. Otro día seguimos- y se marcho luego de hacer otra reverencia. Ella ahora se quedo observando al mago con incredulidad.

-. ¿Viajar?¿Mañana?- pregunto. Los otros dos asintieron...

Continuara

Quiero pedir una disculpa, acabo de revisar el tercer libro de la saga del Señor de los Anillos, y me percate que Frodo y Sam despertaron en Minas Thirit, bueno eso, lamento la confusión.

Agradecimiento a Derra y Beatriixe por sus comentarios… muchas gracias… kohaku-oka-san tan bien para ti, no sabes como me gusto tu review, se los agradezco de corazón.