Capítulo 3: Los Ladrones de Sueños

Kagome giró rápidamente hacia la masculina voz a sus espaldas.

Un hombre muy alto vestido con sencillas ropas blancas, y hasta parecería un ángel si no fuese por el profundo seño que había en su rostro, estaba de pie en medio de su paraíso mientras ella contemplaba el lugar vacio que según él habían robado.

-¿Quién eres?- preguntó Kagome mientras se ponía de pie y hacía aun mas grande la distancia que los separaba

-eso no importa ahora, lo que importa es si sabes lo que les ocurre a aquellos que son víctimas de los Ladrones de Sueños

-pero yo ya fui salvada- ante su comentario el hombre solo sonrió de forma arrogante

-eso es lo que crees, puedo sentirlo, tu atacante aun está ahí, y se está haciendo más poderoso, si no lo detenemos dentro de poco él será capaz de controlar cuando duermes y cuando no, no te queda mucho tiempo por lo que puedo observar.

-te equivocas, sé que puedo derrotarlo, él me lo dijo, dijo que yo podría hacerlo si liberaba mi mente- su comentario solo provocó otra sonrisa escalofriante

-humana, la liberación de la mente es un arma de doble filo… y realmente lamento que lo vayas a aprender de la peor manera, el destino que te espera no es más que un camino de tortura envuelto en una espesa neblina, nunca sabrás lo que te golpeará hasta que haya sido demasiado tarde- fue lo último que dijo antes de desaparecer llevado por el mismo viento.

Kagome se quedó de pie sola en medio de su sueño, igual que la última vez que había estado en él con Inuyasha, solo que ahora él no estaba ahí, no había un pedazo faltante y nada estaba desapareciendo. Miró a su alrededor, su sueño parecía sacado de una de esas revistas acerca de sitios vacacionales en selvas sudamericanas, y por un momento recordó aquella enorme casa en el lago a la que iba con su familia cuando era pequeña. Apenas lo estaba pensando cuando el ambiente a su alrededor empezó a transformarse, al ver lo fácil que era solo tuvo que trabajar en los detalles, y en poco tiempo su paraíso de la infancia estaba una vez más construido.

-es tal y como lo recuerdo- contemplo su creación tal cual haría un dios, y como uno empezó a hacerlo más perfecto, dándole pequeños detalles que había considerado ausentes en su infancia, como un columpio, grandes árboles rodeando el lago, y otras mil cosas- ya está listo, ahora es perfecto… o lo sería si no le faltara un pedazo

-de todas formas se ve bien sin él- dijo una conocida voz, Kagome miró por todas partes, pensaba que aparecería detrás de ella, pero no fue así- lamento no haber venido antes, pero lo que cuenta es que ya estoy aquí ¿no?

-¿Dónde estás Inuyasha?- oía su voz, pero no lograba verlo

-estoy frente a ti- de la mismísima nada apareció Inuyasha esta vez con ropas que usarían los jóvenes en la realidad, no era más que una camiseta de manga larga gris y unos simples pantalones que le quedaban sueltos, lo cual en conjunto con su cabello le daba un aire muy peligroso, no como que quisiera atacarla, sino como alguien a quien pensarías dos veces en provocar.

-esperaba encontrarte aquí cuando llegue

-y como yo ya ye dije, lo importante es que ya estoy aquí- Inuyasha miraba por los alrededores, parecía como si estuviera buscando algo o… escondiéndose de alguien

-¿te escondes del sujeto que estaba aquí?- y como respuesta obtuvo un levantamiento de cejas, parecía que lo había insultado- lo siento

-está bien, y no te preocupes, Sesshoumaru no representa un problema para mí, lo que más detesto de él es que cada vez que me ve, trata de hacerme sentir insignificante

-entiendo lo que dices, a mi me regaño por ese espacio en blanco- dijo apuntando a la esquina que había desaparecido

-no te preocupes por eso, la recuperaras si haces lo que te dije

-… ¿pero eso no es peligroso?... Sesshoumaru mencionó que era un arma de doble filo

-eres lo suficientemente fuerte como para soportarlo, no te pasara nada si confías en mi- ella miró la creación que había logrado, una mitad era la realidad, y la otra algo que nació de la nada, hace mucho tiempo que había dejado de imaginar cosas.

-la última vez que di a conocer algo que era producto de mi imaginación… las cosas no salieron bien- los ojos de Kagome tenían un brillo que solo reflejaba dolor

-dime que te aflige- dijo Inuyasha poniendo una mano en su hombro

-esto… paso hace mucho tiempo cuando estaba en la universidad, nos hicieron escribir una novela y las mejores serian dadas a conocer en un muro de información- tomo aliento para seguir contando su historia, no tenía ganas de continuar, pero de todas formas esto era algo que le dolía en el alma desde hace ya mucho tiempo- la mía estaba en ese muro, pero no era una de las premiadas, el profesor la publicó para que todos supieran que era lo que NO tenían que hacer si alguna vez alguno quisiera ser escritor

Por la forma en la que sus ojos reflejaban sus emociones podía decir que estos recuerdos le traían una gran pena, por algún motivo no quería que ella se sintiera triste, había puesto su alma y corazón en crear algo hermoso para que los demás apreciaran, y por la estupidez de ese humano ahora ella sufría

-estoy seguro que se trataba de una obra hermosa, no importa lo que haya dicho ese hombre, tienes un gran talento, solo mira lo que has creado hace 10 minutos.

-no es tal como lo recuerdo, lo mejoré bastante

-¿y qué esperas que no lo vas a ver?

-¿ir a verlo?- contemplo su creación, pero estaba tan llena de vida como un cementerio- seriamos los únicos

-no tiene por qué ser así, solo imagina que hay más gente, es tu sueño, tu lo controlas

Hizo tal y como le dijo, de su mente surgieron los bellos recuerdos de su niñez y de todas las personas que solían visitar el lago en busca de diversión y un agradable rato de relajo, aquellos nuevos amigo que hacía cada vez que iba con su familia.

Y sin darse cuenta su paraíso se había llenado de vida.

-ahora es perfecto- sin dudarlo ni un segundo tomó la mano de Inuyasha y lo guió hacia los distintos puestos que había, mostrándole todo aquello que había disfrutado, finalmente pasaron junto a un puesto de flores, donde la vendedora le regalo una hermosa y frágil margarita a Kagome, tal y como pasaba desde hace ya tantos años, y la tendió hacia Inuyasha- te la regalo

Con cautela la tomo y la cercó a su nariz para aspirar el aroma, incluso en eso había puesto detalle, era un aroma que atraía sin importar nada, la imaginación de Kagome lo sorprendía, muchos otros humanos en el mismo estado de bloqueo habían necesitado días para imaginar algo de semejante calibre como darle aroma propio a una flor.

-gracias- dijo sinceramente Inuyasha, nunca en su inmortal vida había recibido un regalo tan simple y que a la vez significara tanto- a este paso muy pronto nadie será capaz de tocarte, los ladrones de sueños no podrán combatir esto

Caminaron hasta las orillas del lago, donde se sentaron a simplemente contemplar el paisaje, Inuyasha estaba tan absorto en sus pensamientos que apenas si había escuchado la pregunta de Kagome.

-¿Inuyasha?

-lo siento, me distraje, ¿Qué decías?- ella dudó un poco antes de preguntar, al parecer no era vergüenza lo que sentía, sino miedo a estropear el momento

-¿Qué son… exactamente los ladrones de sueños?- él se tomo un momento para escoges las palabras que explicaran tan difícil tema de forma comprensible.

-será mejor que empiece por el principio… Hace eones los dioses eran tan vanidosos que no podían soportar que un humano no les rindiera tributo por lo que crearon guardianes que los vigilaran mientras dormían y descubrieran el porqué para así después usarlo en su contra, si era por odio los destruían, estos eran los Centinelas, perros guardianes para que espiaran al ganado humano… aun así… y con el tiempo, los Centinelas empezaron a cuestionar las acciones de sus amos y empezaron a proteger a los humanos, guardado sus secretos.

Cuando los dioses se enteraron condenaron a todos los centinelas a no poder sentir emoción o sentimiento alguno, de ahí en adelante lo único que podrían sentir sería el dolor, para que cuando no hicieran lo que se les ordenara poder castigarlos de la peor forma posible.

-pero hay algo que no entiendo- interrumpió de pronto Kagome- si les quitaron toda emoción ¿Cómo podían aun desafiar a los dioses para merecieran recibir un castigo?

-eres muy observadora Kagome, la razón es que cada vez que un centinela entraba en los sueños de un humano era capaz de volver a sentir, la sensación de volver a sentir era mágica, tanto así que muchos se hicieron adictos y empezaron a atormentar a los humanos que supuestamente debían vigilar, mientras más emociones les hicieran sentir mejor era la sensación de que sentían los centinelas, algunos sabían cuando detenerse, otros en cambio seguían hasta que el humano no era un cascaron vacío que en la realidad se convertía en un loco capaz de asesinar hasta a sus propios hijos.

Un ladrón de sueños no es más que un centinela que cruzó la raya y ahora no es más que un adicto a las emociones humanas… los mismos dioses se dieron cuenta de que habían perdido el juicio así que maldijeron a estos centinelas corruptos a no volver a tomar forma humana, si se comportaban como animales, entonces en animales se iban a convertir, pero créeme, no importa cómo, harán lo que sea para lograr sus objetivos.

-pero tu no dejaras que me hagan daño ¿cierto?

-no, no dejaré que ninguno de ellos robe tus sueños- conmovida por sus palabras y sin siquiera pensarlo abrazó fuertemente a Inuyasha, notando de inmediato como este se tensaba antes su muestra de afecto, para cuando lo soltó vio una expresión de dolor en su rostro.

-¿Inuyasha estas bien? ¿Te hice daño?- al ver las manos con las que lo había abrazado notó un leve tinte rojo- … estas herido

-no es nada Kagome, de verdad estoy bien- pero estaba convencido de que sus palabras no habían logrado engañarla, ella seguía manteniendo el seño fruncido y él ya no soportaba tanto dolor, había aguantado lo más posible para poder estar cerca de Kagome, pero ahora que había descubierto sus heridas no le quedaba más alternativa que decirle la verdad y marcharse.

-¿Por qué estas herido? ¿Acaso volviste a pelear contra esos ladrones de sueños?

-no, como ya te dije lo único que nos dejaron fue el dolor, cuando nos conocimos yo crucé la línea contigo, por lo que ahora este fue mi castigo

-¿cruzar la línea? No lo entiendo

-para traerte aquí, de vuelta al mundo de tus sueños te besé, te di la suficiente energía para que pudieras atravesar el plano conmigo… según las reglas nadie puede hacer eso, ya sea un centinela o un ladrón, pero no me quedaba elección, si te dejaba morirías y no me refiero solo en el sueño.

Kagome estaba sin habla, no solo había roto las reglas para salvarla sino que tampoco había querido parecer un héroe ante ella haciendo halagos de sus acciones.

Miró sin mas el lago cuando una idea le vino a la cabeza.

-inuyasha… ¿cualquier cosa que cambie yo aquí te afecta a ti?- él la miró sin entender muy bien que era lo que quería decir

-¿Qué tienes en mente?

-cuando te di la flor note que pudiste percibir su olor… como dijiste este es mi mundo y yo lo controlo… y si yo digo que las aguas te este lago curarán tus heridas, entonces así será

-¿en verdad harías eso por mi?- al ver que ella asintió algo nuevo nació en su pecho, pero esta emoción no era algo que viniera de Kagome, si no supiera que era imposible habría pensado que esta era propia, pero hacía eones que a él le habían quitado sus emociones a punta de golpes cuando no era más que un niño empezando su entrenamiento como centinela.

Dejando atrás los recuerdos se puso de pie y se despojó de la camiseta que llevaba, escuchó el jadeo de asombro de Kagome, toda su atención debería estar fija en su espalda marcada con las huellas de los múltiples golpes de un látigo. Avanzó hasta las aguas y se sumergió en ellas, sorprendido de que el agua no estuviese fría, sino a una temperatura perfecta, y prontamente empezó a sentir como su cuerpo se iba curando y renovando sus energías… ciertamente ella había pensado en todo.