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— Naoki-kun, no lo estás entendiendo — le sonrió con comprensión el peliazul

— ¡Aaaarghh! — Llevó ambas manos a su cabeza y con frustración revolvió sus cobrizos cabellos — ¡No puedo Aichi! — apuntó con rabia los cuadernos abiertos llenos de ejercicios a mitad de resolver. Las hojas estaban llena de borrones y producto de esto, eran los restos de goma de borrar que estaban esparcidos por el kotatsu — Es imposible para mí, no puedo entender cómo puedes resolver estas cosas como si fueran un juego — sonó resignado

— Vamos... puedo hacer que lo entiendas, para eso estamos aquí Naoki-kun. Solo sé paciente — trató de sonar convincente para que su compañero, a quien había prometido ayudar en matemáticas, no se rindiera. Ese era su último año, en donde terminarían la secundaria superior, y lo mejor era finalizar con buenas calificaciones.

El cobrizo miró por unos segundos al más bajo, que lo miraba con una sonrisa, soltó un suspiro y dejó caer su cabeza en la superficie del kotatsu — Es imposible decirte que no

Aichi rió victorioso y contento, tomó nuevamente su lápiz — Bien, entonces sigamos...

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La tarde pasó, llevaban al menos 2 horas reforzando ejercicios matemáticos. La madre de Aichi se apareció en la habitación del peliazul y dejó unos cuantos bocadillos junto a dos tazas de té para que los adolescentes — Chicos ¿Por qué no toman un descanso? No han parado — habló Shizuka con una sonrisa, ya que los otros dos ni siquiera había reparado en su presencia

— ¿Eh? — Aichi dio un pequeño respingón al igual que Naoki, y ambos despegaron sus rostros de los ejercicios — Gracias mamá — hizo a un lado los materiales para que la mujer pusiera la bandeja que traía en sus manos.

— Gracias, Shizuka-san — dijo Naoki con los ojos brillantes, al estar tan concentrado, no se había dado cuenta que sentía hambre.

Shizuka asintió y los dejó solos nuevamente. En eso, Aichi y Naoki comenzaron su momento de descanso, bebiendo té y comiendo bocadillos.

— Hey, Aichi — llamó la atención del más bajo con la boca llena, así que esperó a tragar la galleta que mordía y comenzó a hablar otra vez, ahora, con la atención del contrario — Tu madre últimamente no ha viajado tanto ¿Cierto? — Vio como el peliazul asentía con la cabeza, curioso del punto al cual quería llegar el cobrizo — Me comentaste que cuando eras mucho más pequeño, era cuando Shizuka-san viajaba más... ¿Te quedabas solo?, ¿Te cuidaba algún familiar? — lo miró igualmente con curiosidad.

— ¡Ah! No, para nada — negó con ambas manos — Kai-kun me cuidaba

— ¿Kai? — Preguntó — ¿Y quién es ese?

— Es mi vecino — sonrió — nos conocemos desde hace ocho años aproximadamente

— ¡¿OCHO AÑOS?! — Alzó la voz asombrado — Wow... eso es mucho. Quiere decir que...— comenzó a hacer cuentas con ayuda de sus dedos; cuando Naoki decía que era malo en matemáticas y que las detestaba... era en serio.

Aichi rió con nerviosismo, era un cálculo fácil para él — Fue cuando tenía 9 años, Naoki-kun — vio como el nombrado abrió los ojos aún más asombrado — en ese tiempo Kai-kun tenía 17

— Nuestra edad ahora — pensó en voz alta Naoki, a lo que Aichi asintió — No me imagino cuidando de un niño de 9 años, ¿Era un buen niñero?

Aichi se quedó en silencio por unos segundos y pestañeó un par de veces, no sabía por qué esa pregunta le había dejado una sensación tan extraña. Tal vez porque en unos segundos pudo recordar muchas cosas que vivió cuando Kai lo cuidaba. De repente, frunció el entrecejo en una expresión de angustia, algo que Naoki notó.

— Aichi... — susurró con temor a haber dicho algo que no debía.

El peliazul, estaba seguro que Kai había comenzado a tomar distancia en algún punto de su vida... cuando tenía 15 años quizá, cuando tuvo el último contacto físico e intencional con Kai -y no exageraba, realmente había sido el último- quien había tocado uno de sus mechones de los cabellos de su nuca, aquella vez que comenzó a sentir miedo de sus propios sentimientos, porque a sus 15, Aichi había notado lo extraño que el castaño le ponía.

Sin darse cuenta de que había bajado la mirada y ocultado sus azules ojos detrás de su flequillo, siguió recordando cosas. Naoki se sentía incómodo en aquel silencio de ya aproximadamente un minuto y medio, desvió la mirada tratando de encontrar la forma de romper aquella tensión que se había formado, y que estaba seguro que Aichi ni siquiera notaba, pues el menor seguía absorbo en sus pensamientos y recuerdos.

Aichi llevó su mano derecha a su nuca y con sus dedos tocó el lugar en donde recordaba el tacto de Kai. Agarró entre sus dedos unos cuantos mechones azules, ahora cortos, pues a sus 16 años había cortado sus largos cabellos de la parte de atrás que le tocaban los hombros, dejando largos solo sus mechones delanteros y su flequillo.

— ¿Eh? — de un segundo a otro sintió como si hubiera despertado de un sueño. Cerró sus ojos con fuerzas por un par de segundos y los volvió a abrir — ¿En qué estoy pensando? — se preguntó con inevitable tristeza y con nerviosismo intentó retomar el tema de conversación — A-ah... ¡Mm! — asintió brusco — K-Kai-kun era muy bueno conmigo. Los viajes de mamá ya no son tan frecuentes como antes, y tampoco me quedo en casa de Kai-kun como solía ser hace unos años... pero mamá aun, de vez en cuando sale del país por desfiles promocionales, eventos importantes o algún otro tipo de trabajo y le pide a Kai-kun que de vez en cuando venga a casa a verme...aunque — rió con nerviosismo y llevó su mano tras su nuca — Ya tengo 17 años y sé cuidarme solo, ella sigue preocupándose mucho por mi

— A-ah... — Naoki no sabía si sentirse extrañado por el cambio de actitud tan brusco que Aichi había tenido debido al tema del tal Kai, o por el hecho de que Shizuka sobreprotegía demasiado al peliazul, siendo que éste ya iba a cumplir la mayoría de edad y el próximo año tenía planeado entrar a la Universidad — S-si... muy extraño

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— ¡Gracias Aichi! — Gritaba contento mientras bajaba la escalera junto al peliazul detrás de él — Si no fuera por ti, jamás hubiera entendido algo ¡Ahora estoy listo para el examen de mañana! — llegó gritando al último peldaño, y se dio cuenta de que en la sala de estar estaba Shizuka y alguien más, sentados en los sillones individuales. Guardó silencio y cruzó, sin quererlo, miradas con el castaño desconocido -para él- que estaba allí.

Shizuka le sonrió — Oh, Ishida-kun ¿Ya terminaron?

— ¿Naoki-kun? — se oyó la voz de Aichi, interrogante del por qué Naoki se había quedado quieto bajo la escalera — ¿Sucede algo? — preguntó bajando el último peldaño, llegando al lado del cobrizo. Miró con curiosidad al lugar en donde la mirada del otro se dirigía — Kai-kun... — articuló despacio

— ¡¿KAI?! — Se asombró Naoki — ¿Se supone que él fue quien cuidó de Aichi todos éstos años? — no podía creerlo, ni siquiera lo conocía y sentía que el castaño transmitía una hostilidad bastante notoria hacia su persona ¿Había hecho algo malo? — Qué demonios pasa con él — dejó de darle importancia y siguió su camino hacia la puerta — Aichi, debo irme, ya se me hace tarde, muchas gracias por lo de hoy — levantó su mano a modo de despedida mientras avanzaba hacia la puerta — ¡Adios, Shizuka-san! — lanzó un grito, tan confianzudo como siempre, además, no era la primera vez que iba a casa de los Sendou, por eso mismo se le hacía extraño nunca haber visto a Kai.

— Ten cuidado camino a casa, Ishida-kun — alzó un poco la voz para que el amigo de su hijo la escuchara, luego de eso se oyó un "Si" y el sonido de la puerta cerrándose

En eso, Aichi se había acercado hasta la sala de estar, se sentía inexplicablemente nervioso ante la presencia de Kai, la conversación con Naoki había desatado sentimientos que se había esforzado en olvidar desde sus 15 años de edad. Aun así trató de actuar con naturalidad.

— Hola, Kai-kun — le sonrió casi con ternura, sintiendo algo de pena al recordar que antes, sus saludos solían ser más efusivos

— Aichi... — le devolvió el gesto al menor. Ciertamente había un gran cambio en su mirada desde que Naoki había desaparecido del lugar

— Aichi, Toshiki-kun está aquí porque necesito decirle algo a ambos — con su mano mostró el sofá, haciendo entender a su hijo que tomara asiento. El menor, ante el gesto de su madre, obedeció.

Una vez los tres en sus lugares y con la atención puesta en la mujer —Haré un viaje largo — ésta comenzó a hablar de forma calmada — Es un viaje en crucero, hará un recorrido por el mundo, haciendo paradas en lugares específicos de al menos tres días para hacer exposiciones… Asistirán varios diseñadores reconocidos — soltó sin rodeos, y por instinto desvió la mirada a su hijo, a quien lo vio algo sorprendido. Le sonrió con intenciones de tranquilizarlo — Sé que desde hace mucho tiempo no viajo — bajó la cabeza y sonrió con algo pena — Aichi… — Vaciló. Si era sincera, había esperado mucho por una oportunidad como esa, sin embargo no podía dejar de sentirse insegura en cuanto a aquel viaje, dudaba tanto como la primera vez que salió del país dejando a Aichi con Kai. Al decir el nombre de su hijo con un tono de voz algo angustiado, una parte de ella deseaba que el menor le pidiera que no fuera… que no lo dejara solo.

— ¡E-Eso es genial, mamá! — exclamó Aichi, no contó con que su voz temblara un poco al principio.

Kai simplemente lo observó inquisitivo, conocía bastante a Aichi como para darse cuenta que el menor, a pesar de estar sinceramente feliz por su madre, igualmente le entristecía tener que volver a no verla por quien sabe cuánto tiempo. Después de todo, era consciente de que Aichi se había acostumbrado a la presencia constante – en comparación a antes - de su madre, pues Shizuka estuvo dos años en un estado de "semi-hiatus" por querer estar más con Aichi y darse algo de tiempo y espacio personal.

— Aichi… — Shizuka sonó sorprendida, no se esperaba esa reacción tan eufórica de parte del menor.

— Mamá, no hay problema con que vayas, es una gran oportunidad — le sonrió — Voy a estar bien, además… ya no tengo 9 años, puedo cuidarme solo — por impulso dirigió la mirada al castaño, encontrándose de lleno con los verdes ojos que lo miraban con seriedad. Los nervios lo atacaron y desvió la mirada con rapidez — A-ah… Mmh… lo que q-quiero decir es que, no hay necesidad de que Kai-kun se moleste en cuidarme… — sintió un pequeño calor en sus mejillas — Debe estar muy ocupado con la empresa

Efectivamente, apenas el castaño había terminado sus estudios a los 23 años, su tío había dejado en sus manos aquella empresa que desde un principio había iniciado junto a su hermano (El difunto padre de Toshiki). Kai aceptó, dispuesto a mantener aquella propiedad en la cual tanto empeño le había puesto su padre, y su ahora, ya jubilado, tío. De todas formas ambos hermanos ya había acordado dejar la empresa al nombre de su querido hijo y sobrino, Kai Toshiki.

La madre de Aichi soltó una delicada carcajada. Miró con cariño a su hijo — Entiendo, querido — Le enterneció ver como el menor se sonrojaba ante haber sido llamado de esa forma — Aun así… me gustaría que de vez en cuando te vieras con Toshiki-kun, o simplemente le avisaras que estas bien, te llamaré por celular siempre, pero aun así…— en su rostro se formó una sonrisa preocupada. Miró de reojo a aquellas dos personas que eran importantes en su vida; a su hijo, y Kai, a quién lo quería bastante, y sintió algo de angustia al ver que esos dos que antes ni se separaban, en algún momento habían dejado de hablar con frecuencia. Si, estaba preocupada por su hijo, pero también esperaba que aquella unión que tenía el peliazul y el castaño, volviera a hacer la de antes.

Aichi abrió la boca con la todas las intenciones de decir algo, sin embargo, la extraña tensión que sintió entre los tres, le hizo volver a juntar los labios, callando por unos segundos y mirando disimuladamente a Kai. — Entiendo... — soltó casi en un susurro, lo que menos quería era preocupar a su madre.

El de ojos verdes simplemente se quedó callado, esperando a que se llegara a algún acuerdo, ciertamente él había sido el primero en enterarse del viaje de Shizuka. Se había pasado por la casa de los Sendou por casualidad, rara vez tenía libre con su trabajo, así que decidió dar una visita a la pequeña familia que tanto estima le tenía desde sus 17 años… que inconscientemente, también resultaba ser una excusa, pues cuando Shizuka le abrió la puerta y se adentró al lugar, su mente le jugó una mala pasada, imaginando a un pequeño Aichi que lo recibía entre emocionado y avergonzado como cada vez que llegaba a esa casa, sin embargo…aquello ya había dejado de ocurrir desde hace bastante tiempo.

¡Kai-kun! —recordó la voz y el rostro del Aichi de 9 años

— Kai-kun — escuchó la misma voz, solo que con un tono diferente, más maduro. Espabiló y se encontró con el mismo peliazul, pero igualmente cambiado. El menor se encontraba parado frente a él, levemente inclinado hacia adelante, observándolo con curiosidad debido a lo distraído que el castaño se veía.

La conversación había dado por finalizada cuando el teléfono sonó y Shizuka fue a atender rápidamente, diciendo que tal vez eran los de la compañía que ella representaba en el tan esperado evento, que llamaban para confirmar su presencia en el viaje y por consecuencia, en la reunión organizativa que se llevaría a cabo antes de partir y salir del país.

Kai masajeó el puente de su nariz con los dedos, de la nada se sintió cansado — Si, estaba distraído — soltó indiferente, sin siquiera dirigirle la mirada al menor

Sin darse cuenta, Aichi frunció el entrecejo en una mueca de incomodidad — De nuevo lo está haciendo… de nuevo me está tratando de esa manera tan… tan ajena — su expresión cambió a una triste, se había quedado sin qué decir. Rápidamente sus mejillas se sonrojaron por la vergüenza e incomodidad del momento, que tal vez Kai no lo notaba, pero Aichi no dejaba de pensar que había sido una muy mala idea hacerse el valor para hablarle a Kai cuando su madre desapareció del lugar. Pero sentía tantas ganas de volver las cosas a cómo eran antes ¿Por qué ahora todo era tan difícil? ¿En qué momento las cosas habían cambiado tanto? — Tal vez, es porque Kai-kun creció — Y ese era el momento en donde comenzaba a creer que el castaño realmente se había cansado de un niño como él — A pesar de que ya tengo 17 años… lo más seguro es que él me sigue viendo como un niño, después de todo nos llevamos por 8 años — Aichi sintió un malestar en su pecho y estómago, dio unos pasos atrás mientras miraba al castaño que se ponía de pie — Un intento más… solo uno más… — tragó con fuerzas y tomó gran cantidad de aire, sintiéndose realmente nervioso — K-Kai-kun! — dio un pequeño sobresalto cuando obtuvo la verde mirada sobre él — Ya…te vas? — jugaba ansioso con los dedos de sus manos tras su espalda

Kai lo miró con curiosidad — Tengo unos informes que revisar — cerró los ojos por unos segundos con pesar, además recordó que debía revisar ciertos currículos que habían llegado a la empresa, le interesaba tener más personal para cubrir ciertas áreas, después de todo su día "libre" no era tan libre que digamos.

Aichi estuvo a punto de darse por vencido, sin embargo, realmente deseaba encontrar un momento en el cual hablar con Kai, pero como éste siempre estaba ocupado, tendría que hacerse algún espacio a la fuerza. Apretó sus puños, dándose fuerzas — ¡¿P-puedo acompañarte?! — cerró los ojos a la vez que alzó la voz. Cuando los abrió, pudo ver al castaño mirándolo con algo de sorpresa, instantáneamente sintió que la vergüenza lo ahogaba, tal vez no debió haberlo gritado — A-ah… yo quise decir… ah…

— ¿Tienes un examen mañana, no es así? — preguntó interrumpiendo el momento de desesperación del menor

— ¿Eh?... si… — bajó la cabeza resignado a recibir una negativa por parte del mayor, recordaba lo estricto que era con ese tema — Estuve estudiando con Naoki-kun

Kai elevó una ceja ante el nombrado — ¿Naoki? — entonces recordó al pelirrojo –no tanto como Ren- que había bajado la escalera junto a Aichi hace aproximadamente una hora. Decidió ignorar aquello, entonces pensó por unos segundos más, para finalmente curvar sus labios levemente y mirar al más bajo — Si ya estudiaste, puedes venir

Aichi abrió considerablemente sus ojos azules, los cuales brillaron más de costumbre — Gracias, Kai-kun — y sonrió tan contento que por un momento Kai pareció ver brillos y destellos alrededor del peliazul.

Desvió la mirada y caminó hasta donde se encontraba Shizuka para despedirse de ella y avisarle que Aichi iba con él, en parte era una excusa, sentía que le daría "algo" si seguía mirando al menor… y entonces de repente se sentía algo enfermo — ¿qué parte de un adolescente de 17 años es tierna? — recordaba haberse hecho esa misma pregunta hace mucho tiempo, exactamente cuando Aichi tenía 9 años de edad. No estaba en su personalidad, y menos ahora que era un joven-adulto de 25… pero a veces le daban ganas de azotar su cabeza contra la pared.

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Y ahí estaban ambos. Kai no despegaba su mirada de su laptop y Aichi lo miraba de reojo con una sonrisita entre nerviosa y emocionada. Cada uno sentado en un extraño del largo sofá del castaño. A pesar de que había una distancia considerable y Kai no le prestaba ni la más mínima atención, Aichi estaba dispuesto a hacer algo al respecto para recuperar la comunicación que tenían antes.

— Kai-kun… — dijo su nombre en un susurro, como tanteando terreno

— ¿Mm? — Por un par de segundos, desvió su mirada hacia el peliazul, viéndolo a través de sus lentes — Si estás aburrido, puedes encender la televisión, no me molestaría — soltó simplemente.

— No es eso — seguía hablando en un tono de voz considerablemente bajo, como si le diera miedo romper la tranquilidad que siempre había en la casa de Kai, y más ahora que estaban solos después de tanto tiempo — Soy consciente de que tal vez te estoy molestando, pero quisiera hablar algo contigo — a pesar de su nerviosismo, estaba decidido.

Kai dejó de teclear y se quitó los lentes de descanso. Miró al menor a su lado, aun con su uniforme escolar negro con detalles rojos, a excepción de la corbata, ésta no estaba, dejando los primeros y estranguladores primeros botones de la camisa abiertos. Lucía algo tenso.

— Dime qué es lo que sucede, Aichi — cerró la computadora portátil y la dejó al frente, en la pequeña mesa de centro.

Aichi respiró hondo; tenía toda la atención de Kai sobre él — Recuerdas... ¿la vez que nos conocimos?

Kai enarcó una ceja, y terminó por sonreírle al más bajo — ¿Cuándo huiste luego de que tu madre nos presentara? — preguntó burlesco

— ¡¿Q-QUÉ?! — Preguntó casi espantado, ahora sí que la vergüenza se lo comía — Y-yo no… ¡yo no hice eso! — tartamudeó

— Claro que lo hiciste, Aichi. — no quitaba aquella sonrisa al ver como el otro no tenía donde esconderse

— Y-yo no lo recuerdo — por supuesto que lo recordaba

— ¿A no? — le preguntó acercándose un poco más, poniendo aún más nervioso al otro

Aichi desvió la mirada, sentía que hiperventilaría y la cara le ardía — Pensé que… no nos llevaríamos bien — tragó duro — que no te agradaría porque era un niño

— No me agradan los niños — dijo sincero — pero tú sí

El menor se removió inquieto. Éste era el momento que buscaba, debía hacerlo, debía preguntarle. Se mordió el labio inferior y miró fijamente al mayor —Entonces… ¿Por qué siento que todo de repente cambió, Kai-kun? — Y entonces el ambiente se tensó. Los ojos azules del menor ganaron un brillo que reflejaba la tristeza que sentía.

Kai igual lo sabía, estaba más que consciente que algo había cambiado entre ellos dos, porque antes no le preocupaba estar todo el tiempo al lado de Aichi, no le importaba demostrar lo sobreprotector que era con él aunque Miwa o Ren comenzaran a fastidiarlo, y mucho menos… le preocupaba tener contacto físico con el menor, pero llegó un momento… en donde aquellas cosas, comenzaron a molestarlo, y sintió la gran necesidad de tomar distancia de Aichi. Miró al menor cabizbajo — ¿Eso sientes? — Miró fijamente al de ojos azules

Aichi asintió — No estoy muy seguro de cuando comencé a sentirlo de esa forma… Pero cuando mamá dejó de hacer tantos viajes… sentía que ni siquiera querías hablarme — bajó la voz considerablemente. Realmente se sentía dolido

Kai suspiró con pesar, y de nuevo sentía esa molestia para con el peliazul. Antes no era así, no entendía por qué ahora le producía ese sentimiento de casi rechazo, no quería lastimarlo porque realmente le tenía cariño al menor, sin embargo… — No tengo tiempo para lidiar con éste tipo de cosas — miró serio al otro y chasqueó la lengua sin poder evitarlo — Aichi, será mejor que vuelvas a tu casa

— ¡¿Eh?! — Se quedó perplejo ante esas palabras, rápidamente levantó su mirada y la desvió hacia el castaño, quien lo miraba de una forma bastante dura. Sentía los latidos de su corazón palpitar con tanta fuerza que hasta le producía un molesto dolor en el pecho — P-pero Kai-kun… —trató de hablar lo más claro, sin embargo su voz salió temblorosa y atropellada

— Fue una mala idea dejarte venir, tienes un examen mañana, deberías estar preocupado de eso y no andar perdiendo el tiempo — hablaba con un desinterés tan grande que hasta él mismo se sorprendía. Tomó sus lentes y se los volvió a colocar

Aichi estaba paralizado, no podía creer el comportamiento del mayor. A veces realmente pensaba que aquella indiferencia de Kai, era solo producto de su imaginación, pero ahora comprobaba de la peor forma, que realmente, el castaño lo trataba diferente a como lo hacía hace unos años atrás.

Tragó con fuerzas, deseando que aquel nudo que se estaba formando en su garganta desapareciera. No sabía qué decir o qué hacer, se había quedado totalmente en blanco.

Vio como el mayor volvió a tomar su laptop y la encendía nuevamente

— Aichi — lo llamó, como si le pidiera que se apresurara

— S-si… — No quería hablar, sentía que la voz se le quebraba. Quería salir de ahí lo más rápido posible, sin embargo no hallaba la forma de hacerlo. Apretó sus labios y con rapidez se puso de pie, sintió que sus piernas le temblaron pero eso no le impidió que siguiera actuando estrepitosamente — tengo que salir rápido de aquí — Tomó un abrigo adicional que había llevado -nunca pensó que se iba a devolver a casa tan luego- y también aquella bufanda que siempre cargaba con él los días de frío como ese — La-lamento haberte molestado, Kai-kun — apretó sus prendas adicionales a su pecho con fuerza. Sonreía forzosamente — T-tienes razón, fue desconsiderado e irresponsable de mi parte venir aquí, cuando estás tan ocupado — soltó una risa que hasta al mismo Kai sorprendió, nunca lo había escuchado reír de aquella forma… tan falsa, tan quebrada.

Entonces ahí, el mayor notó su error ¿Qué mierda estaba haciendo? — Aich…

— ¡Con permiso! — no quería estar más tiempo allí, sentía que se derrumbaría si lo hacía. Caminó a paso rápido hasta la puerta y salió con desesperación de la casa del castaño.

Jadeaba a más no poder, y sin perder tiempo comenzó a caminar con rapidez, sorpresivamente, pasó de largo su casa y siguió su camino hasta llegar a un parque a unas cuadras más allá. Se sentó en una banca, sintiendo como su adrenalina bajaba poco a poco y cada vez su cuerpo se enfriaba más. De sus labios aun jadeantes salía vahó, lo que le confirmaba aún más, lo fría que estaba la tarde. — Ngh… — soltó un quejido y procedió a colocarse el abrigo sobre su uniforme. Miró la bufanda roja entre sus manos y su rostro se desfiguró en una expresión de angustia, y sin más la enrolló con delicadeza alrededor de su cuello. Siempre la había cuidado como su mayor tesoro — Es importante porque es algo que Kai-kun me dio — Al instante recordó la razón de por qué estaba ahí — Kai-kun… — Se sentía realmente mal, no podía creer que a sus 17 años de edad, el rechazo "indirecto" de alguien, le hiciera tanto daño. Pero es que ese alguien era Kai. Y Kai, era alguien especial para él — No puedo seguir con esto, me estoy engañando a mí mismo, esto no está bien… esto comenzó hace dos años — recordó cuando sutiles roces físicos de parte de Kai, había comenzado a provocarle algo totalmente diferente al sentimiento fraternal que le solía causar a sus 9 años. Tragó con dificultad, de nuevo aquel molesto nudo se había formado en su garganta. Sollozó fuertemente y cerró sus ojos — A mi… —sus labios temblaron ante aquel susurro, y en el parque, y en la ciudad entera…comenzaron a caer delicados copos de nieve — A-A mí me gusta Kai-kun — Sintió que había sido liberado de un gran peso de encima, pero en seguida… sintió uno tal vez aún más grande. Sus ojos comenzaron a derramar lágrimas sin permiso alguno, aquella auto-confesión… Se sentía tan triste…

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— Mamá… — Justo ahora, lo que más quería era estar al lado de aquella mujer que tanto amaba y le hacía sentir seguro. Lamentablemente debía despedirse de ella por un tiempo

— Aichi — Shizuka se acercó y le besó la frente — cuídate mucho ¿Si? — miró con cariño a su hijo mientras acariciaba su mejilla derecha — recuerda los horarios de llamada que te dije, puedes llamarme en cualquiera de esas horas si quieres hablar conmigo — No decía nada directamente, pero Shizuka tenía algo llamado intuición de mujer y madre, sabía que algo le ocurría a su hijo, desde el día anterior, cuando éste había llegado cubierto de nieve y los ojos rojos cuando se suponía que estaría con Kai.

Aichi asintió — Tu también cuídate, mamá — le sonrió con sinceridad, además, no quería preocuparla.

Shizuka se despidió de su hijo hasta quedar satisfecha, el taxi podía esperar, después de todo ella no iba tarde, el crucero partiría en hora y media, pero de todas formas, Aichi debía ir a clases, así que no le quitó más tiempo de su mañana, además tenía examen.

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Llegó al salón de clases, y a pesar de que se había tardado un poco por estar despidiéndose de su madre, había llegado de los primeros. Suspiró y caminó hasta su puesto, dejando caer su cuerpo en la silla con pesadez. — Ugh… — escondió su rostro entre sus brazos, que descansaban sobre la mesa. Por alguna razón se sentía más cansado de lo normal, hasta sentía un ligero dolor de cabeza — Tal vez me voy a resfriar — Genial, justo lo que le faltaba; ahora era cuando se arrepentía de haber salido corriendo el día anterior hasta aquel parque y quedarse llorando ahí con toda esa nieve cayendo sobre él.

— ¿Aichi?

Tampoco pude dormir bien…

— Oye, Aichi

Estuve toda la noche pensando en Kai-kun… esto no está bien

— ¡Hey Aichi! — Sacudió asustado al peliazul — ¡¿Estás bien?!

Asustado y algo aturdido, Aichi enfocó la mirada en quien lo había sacado tan bruscamente de sus pensamientos — Naoki-kun…

— Uff… que susto me diste

— ¿Eh? — Rió dudoso y con un leve tic en su ceja — ¿El que lo asustó fui yo? Él casi me provoca un paro cardiaco

— Pensé que te había ocurrido algo… ¡Parecías muerto ahí tirado sobre la mesa! — lo miró atento — ¿Mm? — se acercó al rostro del más bajo, examinándolo al punto de invadir su espacio personal — Espera… realmente no te ves bien

— G-gracias…? — soltó, malinterpretando a Naoki

— ¡No me refiero a eso! Aichi, de verdad te ves mal, estás más pálido de lo normal y tienes unas ojeras más oscuras que el aura de tu niñero

— ¡¿Eh!? — Si Naoki planeaba hacer reír a Aichi con aquello, estaba muy equivocado, sobretodo porque le había hecho recordar a Kai, pero el peliazul agradecía el esfuerzo. Por lo que sonrió desganado y sin mucha sinceridad que digamos — No es nada grave, Naoki-kun. Solo…no pude dormir muy bien

— No me digas… ¡¿Te quedaste estudiando hasta altas horas de la noche?!

— Bueno…algo así

— No entiendo por qué, si con lo que repasaste conmigo estaba bien para ti. Diría incluso que tú no necesitas estudiar — le decía algo fuera de lugar, realmente le parecía increíble, pero no del todo extraño viniendo de alguien tan estudioso y responsable como Aichi, por lo que en ningún momento sospechó de la pequeña mentira del de ojos azules.

Los minutos pasaron y el lugar comenzó a llenarse de alumnos como de costumbre, el timbre sonó por todo el establecimiento y al rato el profesor llegó, y los exámenes comenzaron.

Aichi dio un suspiro – últimamente daba bastantes- miró los ejercicios en su hoja y tal vez le hubiera parecido fácil, si no fuera porque su mirada se tornó borrosa — ¿Eh? — cerró con fuerzas los ojos y los volvió a abrir tratando de enfocar su vista, sin embargo, comenzó a quedarse sin fuerzas y el silencio en la sala lo adormecía cada vez más y la voluntad de aclarar su visión pasó a segundo plano — Solo…será por un momento — y con ese vago pensamiento, dejó caer su cabeza sobre la mesa sin siquiera darse cuenta.

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— ¡Entreguen sus exámenes! — se escuchó de repente.

Aichi dio un sobresalto y levantó su cabeza estrepitosamente. Sintiéndose realmente desorientado le costó un par de segundos darse cuenta de lo que sucedía. Miró al profesor que retiraba las hojas de los alumnos y por inercia miró la suya. Con espanto observó que no había escrito más que su nombre y los primeros dos ejercicios, y el segundo ni siquiera lo había alcanzado a terminar. Con nerviosismo y rapidez tomó su lápiz con la esperanza de avanzar algo antes de que el profesor llegara a su puesto pero grande fue su sorpresa cuando una mano tomó la hoja frente a sus ojos y la quitó de la mesa — ¡Ah! E-espere…

— Es suficiente, Sendou — dijo severo el adulto — Se acabó el tiempo — y sin más, el profesor se alejó de su puesto, recogiendo los exámenes restantes.

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— Vamos Aichi, no te sientas mal — trataba de consolarlo el de cabellos cobrizos. Miraba con una sonrisa nerviosa lo deprimido que estaba Aichi, estaban en receso y el peliazul ni siquiera se había molestado en comer su almuerzo y llevaba todo ese tiempo echado sobre la mesa con su cabeza escondida entre sus brazos. — Es solo un examen, alguien con tus calificaciones no debería sentirse tan mal — en efectivo, para Naoki no era nada tan grave, después de todo, todas las notas de Aichi eran altas ¿Qué daño le haría una sola calificación baja? Él tenía miles.

— Ngh… no lo entiendes, Naoki-kun — se escuchó la ahogada voz del menor — Nunca había entregado un examen en tal condiciones — Y lo que más le atemorizaba… era la calificación que le darían por ello.

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Iba saliendo del instituto, perdido en sus pensamientos.

— ¡Hey Aichi, espérame!

Aichi paró sus pasos y vio a su amigo correr hacia él — Naoki-kun…

Llegó al lado del más bajo respirando agitado. Trató de calmarse por unos segundos y se recompuso — Te acompaño a casa — realmente no se ve nada bien —Miró al peliazul con detenimiento, aun no recuperaba el color normal de su piel

— No te molestes Naoki-kun — le sonrió desganado

— ¡Nada de eso Aichi! — ¿Por qué tenía que ser tan terco? Era lo que siempre pensaba Naoki — Es más, te invito algo por ahí, un café, un té verde, lo que quieras — tomó el brazo de su amigo y a rastras comenzó a alejarlo de la salida principal de la que estaban a pocos pasos

— ¿E-eh? E-espera Naoki-kun — sin oponer mucha resistencia, se dejó jalar por el más alto

— Vamos, Aichi. Un pequeño descanso no te hará mal — seguía caminando mirando hacia el frente, sin soltar al otro del brazo — Además tu madre acaba de partir a un viaje ¿No? Un poco de compañía tampoco es malo

— P-pero la salida está por ahí — dijo mientras miraba la salida de la cual se alejaban a cada paso

— Vamos por la salida trasera, nos quedaría el café mucho más cerca — dijo para finalizar.

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Kai miró la hora en la pantalla táctil de su celular, se suponía que Aichi debía salir hace al menos 15 minutos. Apagó al radio del auto que sonaba a un volumen considerablemente bajo y buscó entre sus contactos el nombre del peliazul. Una vez lo encontró, se quedó mirando la pequeña foto de contacto que le tenía –Al único al cual se había tomado el tiempo de ponerle una foto de perfil- No era una foto reciente, de hecho era una de cuando el menor tenía nueve años, la primera y única foto que le tomó alguna vez a Aichi.

Sin perder más tiempo, se dispuso a llamar al menor. Miraba atentamente la entrada del instituto si veía aparecer a Aichi. Un tono…dos tonos…tres tonos…

"Después del tono, grabe su mensaj… "— El castaño colgó frunciendo el ceño. Intentó una vez más e igualmente, el celular del menor no fue contestado. ¿Debía preocuparse? Era primera vez que eso pasaba. Rápidamente encendió el motor del auto, decidido a buscarlo por las calles camino a casa, o en ésta misma si es que por alguna razón u otra había salido más temprano.

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— ¿Sucede algo Aichi? — preguntó mientras veía que el menor buscaba algo en su maletín. Ya estaban sentados en una mesa y esperaban su pedido

— Mm… no es nada, cre-creo que olvidé mi celular — dijo riendo con nerviosismo

— ¡¿Lo perdiste?! — alzó la voz

— N-no Naoki-kun — se apresuró a decir al sentir las miradas ajenas del lugar — Creo que lo dejé sobre la mesa hoy en la mañana, estaba tan distraído con lo del viaje de mamá, que lo olvidé ahí — se sonrojó, sintiendo vergüenza por lo despistado que era.

La tarde pasó tranquila, hablando con uno de sus mejores amigos e incluso volvieron a pedir un café y trozos de pastel. Aichi se sentía tan relajado que había olvidado de lo ocurrido con su examen, su cansancio tanto físico como mental y, de Kai…

No se dieron cuenta de lo tarde que era hasta que miraron por el ventanal del lugar y vieron todo oscuro, las luces de la ciudad ya encendidas y como caían copos de nieve lentamente.

Salieron del café y se despidieron con un "hasta mañana" y cada uno se fue por una dirección diferente. Una vez, Aichi se vio caminando por la vereda, volvió a sentir aquel malestar, estaba tan metido en sus pensamientos, que no se dio cuenta del auto negro que se estacionó unos metros a su lado, por donde pasaba caminado. — ¡AH! — su cuerpo se inundó de miedo cuando sintió que era jalado del brazo por alguien a quien no alcanzó a ver, rápidamente fue lanzado dentro del auto, por la puerta del copiloto que luego fue cerrada. Se congeló y temblaba entero, no fue que reaccionó hasta que vio que la otra persona entraba al auto, encendía el motor y se volteaba a mirarlo con reproche.

— K-Kai-kun… — soltó apenas, su voz estaba completamente quebrada, su corazón latía con fuerza y por el susto sus ojos se habían empapado.

—Se puede saber dónde estuviste todo éste tiempo, Sendou Aichi — Estaba enojado, muy enojado, tanto que apretó fuertemente con sus manos el volante.

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