Ranma 1/2 es una obra cuyos derechos pertenecen a Rumiko Takahashi. Este fanfiction está realizado sin ningún ánimo de lucro y con el mero objetivo de divertir y entretener.

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[Capítulo 4 : Pensamientos]

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Habían pasado más de tres días desde la última vez que había visto a Ranma.

Por suerte aquel día era domingo y no pensaba dedicar ni un solo segundo de su tiempo a pensar en el trabajo. Durmió hasta bien entrada la mañana y no fue hasta que se despertó que comenzó a hacer su habitual tabla de ejercicios en el jardín; estiramientos y algo de calentamiento antes de ponerse a entrenar un poco.

Echaba de menos muchas cosas de su vida en Japón y una de las que más era su dojô: las tablas bien pulidas, la luz, el espacio. Encadenó una serie de patadas en el aire antes de repetirlas a pierna cambiada, después comenzó con algunos golpes de codo y de puño.

Tras media hora y con la mano derecha algo dolorida (no en vano había estado golpeando uno de los árboles que aún aguantaban en pie) se dirigió a la nevera a por una botella de agua y le dio un largo trago.

Kim Joo Hee no había llamado, era lógico, debía estar avergonzado. Se había comportado como un auténtico cerdo.

"Todos los hombres de mi vida son iguales, solo saben mirarse su propio ombligo".

Cuando le preguntó si podía quedarse un rato después de trabajar ya intuía lo que quería comentarle, pero el tono de la conversación había sido completamente desproporcionado.

Comenzaron discutiendo en su oficina a cerca de porqué no le había informado inmediatamente de la presencia de Ranma Saotome en Seúl. Ante la negativa de Akane a dar explicaciones su enojo fue en aumento.

Akane salió del edificio dispuesta a subirse en su coche, pero él se lo había impedido.

— ¿Es que no confías en mí? — preguntó Joo Hee dolido, ella se cruzó de brazos.

— Te he dicho que estaba cansada y que no me apetecía hablar de ello.

— ¿Sabes el daño que puede hacer esto a la empresa? — insistió él señalando hacia el edificio de oficinas.

— No sé en que modo, es un trato buenísimo. Y ahora si me disculpas llevo varios días trabajando más de 12 horas, me voy a casa.

— ¡No! — gritó él mientras la perseguía hasta el coche. — ¿No te das cuenta de que ha venido a buscarte?.

— No tienes ni idea de lo que hablas Hee, no te metas en este asunto.

— Sé muy bien de lo que hablo.

— Solo estás celoso, eres un inmaduro, supéralo de una vez. ¡Él no es ningún caballero, yo no soy una princesa indefensa ni tu eres un malvado dragón!. Si tanto miedo tienes a que me vaya deberías empezar a pensar en ponerme una correa.

— Eso sobraba — dijo él disminuyendo la tensión.

— Me voy — susurró mientras volvía a darse la vuelta.

— Al menos deberías tener el valor de ser sincera contigo misma, aún sigues enamorada de Ranma, ¿verdad?.

Akane abrió los ojos y le miró asustada, Joo Hee parecía estar al borde de la histeria.

En ese momento él la aprisionó contra el coche, le tomó de las muñecas y apretó con fuerza para impedir su huida.

— ¡Responde! — exigió en un susurro desesperado, pero Akane era una experimentada artista marcial, no le costó demasiado deshacerse del agarre y propinarle una sonora bofetada en la mejilla.

Aquella pregunta le había pillado desprevenida. El coreano llevaba mucho tiempo dolido con ella, pero no pensaba que hasta el extremo de soltar aquello a bocajarro. Reconocer que Akane podía estar enamorada de otra persona era un duro golpe para su orgullo.

— Tu ya no tienes nada que ver con mis sentimientos — dijo a modo de despedida antes de arrancar su Toyota todoterreno y marcharse a toda prisa por la autopista.

Kim Joo Hee siempre conseguía aquello que se proponía. Ella lo había tenido claro desde el día en que le conoció en la facultad de económicas de Seúl. Cuando llegó apenas sabía cuatro palabras en coreano y se encontraba perdidísima en aquella marabunta, él le tendió una mano y se ofreció como amigo, profesor y compañero, y ella aceptó aún a pesar de saber que el chico guardaba un interés especial en su persona.

En aquel entonces era muy joven, y aunque no se arrepentía de sus decisiones sí sabía que en ciertos aspectos había obrado mal.

Su primer error estaba claro, tenía nombre y apellidos. Ranma Saotome. A veces a Akane le gustaba pensar como hubiesen sido las cosas entre ellos de haberse decantado por una universidad de segunda cerca de Nerima, pero aquello no era lo que quería, ella aspiraba a algo más. Se fue de su país con lágrimas en los ojos por todo lo que dejaba atrás, pero no era un adiós, al fin y al cabo ambos países eran casi vecinos y sus estudios terminarían en apenas cuatro años. Estaba convencida de que volvería a su casa siempre que pudiese y trabajaría duro para financiarse los estudios, lo tenía todo planeado, o casi.

Su gran interrogante seguía sin ser resuelto, ¿que iba a ser de su relación con Ranma? lo cierto era que entre ellos apenas había habido ningún tipo de declaración de intenciones o progreso. No eran una pareja al uso pero eso no era significativo, al menos para Akane, ella estaba dispuesta a esperar.

Se iba a marchar de su lado, lejos, a otro país y durante bastante tiempo, aunque en su fuero interno soñaba con que Ranma intentaba retenerla o que en el mejor de los casos, se marchaba con ella.

Dos días antes de su partida, en pleno caos de maletas y papeleos el chico de la trenza desapareció. Dejó una simple nota en la que explicaba que se había ido a entrenar solo a las montañas. Una nota simple, sin remitente ni dedicatoria.

Akane lloró toda la noche. Desde que anunciase su intención de estudiar en el extranjero su relación se había enrarecido, Ranma estaba taciturno y apenas le dirigía la palabra más que para gastarle las bromas habituales a cerca de su poca feminidad. Cuando le preguntó en un momento de intimidad si le parecía bien su viaje, él simplemente respondió que era libre de elegir su futuro.

Obviamente había sacado sus propias conclusiones sobre el asunto y estaba dolido al respecto, pero eso no excusaba su horrible actitud. ¿Tanto podía su orgullo como para no hablarlo abiertamente?¿acaso pensó en alguien más que en él al enterarse de las intenciones de su prometida?, ¿tan volátil era su relación como para no aguantar la distancia?

Akane también se enfadó con él, ese fue su primer error, no haberse tragado su orgullo y haber intentado arreglar las cosas en aquel momento.

"Yo habría luchado por ti, con tan solo una palabra tuya yo hubiese...", se reprochó mientras el sudor resbalaba por su espalda por el ejercicio.

Aquella fría despedida no fue más que el principio del fin.

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Cuando sonó el despertador pensó en apagarlo y seguir durmiendo, volvía a ser lunes y por desgracia debía ir a trabajar.

Se vistió con un traje de corte ejecutivo de chaqueta y pantalón al que alegró con una camisa de bastante escote en color rosa claro. Esta vez sí se maquilló a consciencia y recogió su pelo con cuidado, en una perfecta coleta.

Desayunó al estilo japonés, con sopa, pescado y arroz (todo obviamente comprado en el supermercado) y después se subió al coche.

Llegó sin agobios y se sentó en su mesa, no tenía ningunas ganas de ver a Joo Hee después de su pelea de la semana pasada, por suerte el debía de pensar lo mismo pues no había vuelto a aparecer desde entonces por la oficina.

La mañana parecía pasar sin mayores incidencias, pero aquello no podía durar demasiado. Cuando dieron las diez le informaron de que debía presentarse en la sala de juntas, ya que se había decidido a quién conceder el nuevo proyecto para los hoteles Agate.

Fue a regañadientes y por supuesto allí se encontró con Joo Hee, ni siquiera le miró. Se limitó a sentarse en su asiento habitual con desinterés.

El vicepresidente esta vez no se encontraba presidiendo la gran mesa, en su lugar estaba su padre, el presidente de la empresa, Hian Su. Era un hombre entrado en años, con carácter afable y que comenzaba a retirarse de sus habituales quehaceres como presidente en aras de llegar tranquilamente a la jubilación.

El señor Hian Su anunció que en la junta que había terminado hacia escasos minutos habían acordado finalmente conceder la nueva contrata a la empresa Onsen-kô.

"Como no", pensó Akane, "habría que ser idiota para no hacerlo".

— Es por ello que en este proyecto espero una especial implicación suya, señorita Tendô — dijo el amable señor con una sonrisa. Akane salió de golpe de su pensamientos.

— ¿Qué? — preguntó sorprendida. — Quiero decir, disculpe señor presidente, pero normalmente solo me ocupo de la sección de calidad y últimamente tenemos muchísimo trabajo.

— Es una petición expresa de la señorita Nabiki Tendô — repuso él tranquilamente. — Tiene usted una hermana encantadora, por cierto.

— ¿Ha hablado usted con mi hermana? — repuso la chica asombrada.

— ¡Por supuesto que sí, es mi futura socia!, hágame el favor de comunicarle la buena nueva cuanto antes, ¡desde luego esta prometedora unión ha de celebrarse!.

Y entre risas y aplausos concluyó la reunión más rara a la que Akane hubiese acudido jamás.

Salió a comer sola, solía hacerlo cuando quería despejar su cabeza de agobiantes pensamientos. Entró en aquel restaurante barato y algo cutre que tanto le gustaba, allí se degustaba auténtica comida casera coreana y la señora que llevaba el negocio era realmente amable, con el paso de los años se habían llegado a conocer bastante bien, incluso trabajó para ella durante un tiempo.

Se saludaron y Akane se sentó en el lugar de siempre, era una mesa pequeña con taburetes enanos, pero eso era lo de menos, de alguna forma allí se sentía como en casa. El local tenía unos gigantescos ventanales de tal forma que se podía ver perfectamente toda la calle.

Cuando había llegado a aquel país una de las cosas a las que más le había costado acostumbrarse era la comida. En Corea todo tenía un extraño sabor picante al que le había costado bastante hacerse, pero una vez superados los primeros meses había conseguido llevarlo bastante bien.

— Señora Jian, póngame un vaso de soju por favor.

— ¿Soju? No sueles tomar licor a estas horas... ¿ya has terminado de trabajar por hoy?

— No, pero algo me dice que lo voy a necesitar.

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Su intuición no le falló en absoluto, casi hasta se quedó corta. En cuanto regresó a la oficina se encontró con un verdadero caos en su despacho. Su mesa no estaba ni tampoco su silla ni su pc, había varios operadores transportando el mobiliario hacia otro lugar.

Le entraron unas ganas terribles de ponerse a gritar.

— ¡Pero que demonios están haciendo! — dijo intentando controlarse y poniéndose en mitad de la puerta del pequeño despacho, bloqueando el flujo de gente.

— Señorita apártese, esto tiene que estar en la tercera planta antes de las cinco.

— ¡Pero este es mi despacho!— protestó ella ante las pocas explicaciones.

— Son órdenes del director — repuso uno de los operarios. Akane entrecerró los ojos y apretó los dientes antes de ponerse a dar grandes zancadas en dirección al despacho de Joo Hee.

Interrumpió como una ventisca, un volcán en plena erupción y tomo el picaporte de aquella puerta tan conocida.

— Señorita Akane, no puede entrar, ¡el señor Kim Joo Hee está reunido! — exclamó la secretaria de este mientras corría desesperada detrás ella.

Akane entró en la sala como un torbellino y se estampó de bruces contra la última persona que esperaba ver salir de aquel despacho. Ranma protestó ante el repentino contacto y ella enrojeció, segundos después la tomó por ambos brazos y la apartó de él con increíble cuidado.

— Mira por donde vas — dijo en un tono suave y comedido antes de volver a salir por donde Akane acababa de entrar.

— ¿Pero qué...? — preguntó mientras se giraba para mirar a Joo Hee quien tenía un aspecto realmente lamentable, estaba despeinado y parecía haber recibido una mala noticia.

— Ha venido a informarme de que a partir de mañana y por petición expresa de Nabiki Tendô, vas a trabajar como principal supervisora del proyecto.

— Qué estás diciendo... — repuso ella abriendo los ojos como platos — ¿Y qué pasa con mi trabajo?¿y mi despacho?, ¿os habéis vuelto todos locos?

— He intentado oponerme, pero mi padre está de acuerdo con todo lo que le propone Nabiki Tendô. A partir de mañana empiezas a trabajar en la supervisión y planificación de obra.

— ¿Y quién...?— comenzó a preguntar antes de darse cuenta de la jugada. — ¡NO! ¡No es verdad! — dijo mientras esperaba la fatídica respuesta.

— ¿Quién si no? — respondió Joo Hee con una sonrisa amarga. — Me temo que te acabas de convertir en la mano derecha de Ranma Saotome.

Akane se dejó caer en una de las sillas de delante de su escritorio.

— ¿Ahora sí me crees? — respondió el coreano.

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Después de la demoledora noticia Akane se marchó a casa, había podido saber que a partir del día siguiente compartiría despacho con Ranma. Qué ironía, se había pasado tanto tiempo intentando evitarle que el tener que estar con él durante un día entero se le antojaba imposible.

Había hablado con Joo Hee y él le había pedido perdón por su comportamiento, eso le había hecho sentir un poco mejor.

Su relación con el coreano había sido confusa, sobre todo en los últimos meses. Habían sido amigos durante todos esos años, desde poco después de su aterrizaje en Corea, aún a pesar de tener absoluta consciencia de que estaba enamorado de ella y de sus continuas insinuaciones. No había sido hasta el último año cuando ante la insistencia de Joo Hee, Akane había aceptado salir con él.

Se encontraba en un momento realmente malo en aquel entonces, añoraba su casa y a su familia, pero sobre todo seguía estancada en el pasado, y lo sabía muy bien. Llevaba dos años sin oír, ver ni saber de Ranma Saotome y aquello la estaba matando. Se dijo a sí misma que ya estaba bien, que ya bastante de autocompadecerse e intentó continuar con su vida.

Desgraciadamente le costaba ver a Joo Hee como algo más que su amigo, y finalmente a pesar de los ruegos de este último decidió poner fin a su noviazgo. Desde entonces discutían a menudo, a él le costaba no mostrarse celoso en cuanto la rodeaban otros hombres y últimamente le había propuesto varias veces volver a intentarlo. Akane le dijo que se lo pensaría pero lo cierto es que no lo había hecho, y la llegada de Ranma no mejoraba las cosas.

Joo Hee estaba muy afectado, veía a Ranma como su principal rival y se sentía increíblemente protector con ella. Todo era demasiado extraño, Akane estaba desconcertada.

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Amaneció de nuevo, como no, el tiempo jamás se detiene por mucho que se lo deseemos.

Lo primero que hizo Akane al llegar a su nuevo despacho fue llamar a Nabiki. No es que esperara que su hermana mayor le diese más explicaciones que las aportadas en su última conversación, pero guardaba la pequeña esperanza de hacerla reflexionar lo suficiente como para que deshiciese todo aquel despropósito.

Le habían trasladado de sección, ni siquiera sabía si aquello era legal pero al parecer a nadie salvo a ella le importaba tal cosa. Ahora su despacho estaba en otra planta diferente y en vez de una mesa había dos, era de locos.

Tomó su teléfono móvil y llamó a Nabiki, a los tres tonos respondió.

— ¡Akane! Te olvidaste de llamarme ayer para darme la buena noticia, aunque no te voy a mentir, ya lo sabía, ¿que tal estás? — preguntó en tono afable.

— Nabiki déjate de tonterías, ¿hasta que extremo me vas a complicar la vida?.

— ¿Me llamas para preguntarme eso?¿tu sabes el dineral que te vas a dejar en llamadas internacionales?.

Mientras pronunciaba esta frase la puerta se abrió y en la pequeña habitación entro Ranma Saotome. Akane le miró un segundo antes de apartar la vista, su perfume masculino invadió la estancia. Llevaba un traje de color gris perla y una camisa azul marino, resultaba complicado no prestarle atención.

Akane también se sintió observada, perdió durante un segundo el hilo de sus pensamientos antes de recomponerse.

— ¡Claro que te llamo por eso Nabiki! — dijo antes de que Ranma diese dos pasos en su dirección y le arrebatase el aparato de entre las manos, ella protestó y se sorprendió a un mismo tiempo, el chico se puso el teléfono a la oreja y comenzó a lanzar improperios a diestro y siniestro.

— ¡Llevas tres días sin responder a mis llamadas! — dijo mientras salía del despacho, obviamente no quería que Akane escuchase su conversación.

Ella se quedó plantada, con la boca abierta y a la espera de que el chico regresase con su teléfono.

— Toma —le dijo entregándole el aparato unos minutos después, lo tomó y lo guardó en su bolso.

— No es muy educado interrumpir conversaciones ajenas, y menos robar teléfonos. — le reprochó ella como quien no quiere la cosa.

— Tu hermana se dedica a mandarme instrucciones por email con la intención de no tener que hablar conmigo — dijo el chico mientras suspiraba.

— Eso es típico de ella... — sonrió Akane sin querer. Una sonrisa, pequeña y esquiva, ni siquiera lo pensó en aquel momento pero hacía meses que no sonreía.

— ¿Has hecho el planing de hoy?— repuso Ranma mientras se cruzaba de brazos y la miraba seriamente.

— ¿Qué planing?— respondió a la defensiva.

— Se supone que hoy comenzamos a visitar el hotel principal para hacer mediciones.

— Me informaron hace menos de 12 horas de que iba a tener que trabajar contigo, no esperes milagros.

— A mi también me informaron hace menos de 12 horas que iba a tener que hacer esto contigo, y no me he quejado.

— Oh, ¡pues perdona si ni te gusta la compañía!— gritó Akane comenzando a perder los nervios.

— Sólo quiero terminar cuanto antes y volver a Japón, ¡así que haz el favor de convertirte en alguien competente! — repuso él también gritando. Akane ardió de ira.

—¡No te atrevas a llamarme incompetente! ¿Quieres ir al hotel principal? Yo te llevaré al maldito hotel principal y te conseguiré un plano de las instalaciones, ¡o diez! ¡o veinte! — y diciendo esto agarró su bolso y salió por la puerta, Ranma se metió las manos en los bolsillos y la siguió.

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El día fue un horror, no solo llevó a Ranma en su coche hasta el hotel, si no una vez allí tuvo que aguantar sus malos modos y constantes puyas a cerca de su poco conocimiento aún a pesar de tratarse de su trabajo habitual.

Akane prefirió morderse la lengua, hasta el momento en el que descubrió que una chica joven y bastante atractiva les estaba siguiendo. Ante sus insistentes miradas Ranma finalmente se la presentó, se trataba de su traductora personal.

Había contratado a una maldita traductora aún a pesar de que ella se había prestado para hacer aquel trabajo. Miró anonadada a la chica que le sonrió bastante incómoda y después le clavó una mirada iracunda al culpable de aquello.

— ¿Para qué se supone que necesitas una traductora?— intercedió ella.

— No entiendo coreano — respondió el chico.

— ¡Pero si yo hablo japonés!

— Quien sabe, llevas tanto tiempo sin hablarlo que lo mismo se te ha olvidado — inquirió intentando no esbozar una malvada sonrisa, sabía que aquello le había molestado y eso le encantaba.

— ¿Me estás tomando el pelo? — protestó Akane.

— Con los negocios nunca bromeo.

— No pienso trabajar contigo en estas condiciones — dijo cruzándose de brazos.

— Pues entonces... no trabajes — se limitó a decir Ranma cruzándose también de brazos.

Después de aquello Akane había salido del edificio, había decidido de repente que necesitaba un par de días libres. Sabía que no la despedirían por tan poco cosa pero debía de andar con cuidado, Ranma parecía más que dispuesto a amargarle la existencia, iba a ser insoportable.