Yuri on Ice y sus personajes no me pertenecen.
Victuuri / Transexuales / AU
Sinopsis: Víctor Nikiforov inició su carrera literaria con historias hablando sobre el amor que traspasan las barreras. Yuuri Katsuki se dio a conocer en Japón gracias a sus cuentos de terror. Cuando ambos se encuentran, inician un camino que nadie ha imaginado para responder a una sola pregunta: ¿cómo puedes amar a alguien si tú no te amas?
La historia que han vivido juntos no ha sido escrita, pero hoy será contada.
Advertencia: Yuuri y Víctor trans, posible OOC, aparición de OCs (ninguno conflictuando la relación Victuuri) Universo Alterno.
Especial: Etiquetas
El vestido de Yuuri es floreado, la falda cae recta a sus rodillas y el diseño de orquídeas moradas y azules se mezcla en el fondo blanco, cubriendo sus pechos con elegancia y luciendo sencilla. Dos preciosos zarcillos de orquídeas adornan a sus orejas y la gargantilla del mismo diseño envuelve celosamente a su cuello. Sandalias blancas visten sus pies claros y sus uñas están pintadas de un tono rosa suave. El cabello está lacio y brillante, y sus lentes con marco azul enmarcan su rostro plácido.
Víctor, en cambio, luce un traje azul eléctrico y una camisa blanca. Una rosa morada viste el saco como adorno y sus mocasines marrones relucen en el piso de madera. Bárbara, vestida con un sencillo vestido ocre de estilo hindú, los mira con cariño al tenerlos de nuevo en el set.
—Tengo una pregunta importante para ustedes —Barbara los mira con cuidado, mientras sostiene en sus manos una serie de cartillas. La pareja de escritores yace sentada cómodamente en el sofá frente a ella, tomados de manos y luciendo orgullosos al par de anillos junto al anillo de compromiso en la palma de Yuuri—. Creo que somos muchos los que queremos saber su respuesta. Dado sus vivencias: ¿qué es para ustedes ser mujer?
—Wow! ¡Qué pregunta tan inesperada! —Todos ríen al ritmo de la carcajada de Víctor.
—Víctor y yo hemos cuestionado mucho esa definición —explica Yuuri con mesura, mientras su mano es acariciada por Víctor—. Y, de hecho, nos hemos equivocado mucho en responderla.
—Es natural cuando ser mujer ha sido el tema de toda nuestra vida y un punto de definición al que no podíamos ignorar.
—Muchas veces, cuando nos cuestionan nuestra identidad con nuestras características físicas o biológicas, se cae en ese agujero donde no hay certezas y todo se convierte en opiniones. Pero hace tiempo, mientras discutimos juntos una vez más, creo que encontramos nuestra respuesta.
—De hecho —agrega Víctor—, ya tenía una definición más formada antes de conocer a Yuuri, pero estar con ella me permitió darle más sentido y entender que hay algo muy simple en la definición, más de lo que muchos quieren ver.
—¡Muero por saber! —interviene Bárbara sinceramente intrigada. Yuuri y Víctor se miran con complicidad y entonces, es Yuuri quien retoma la palabra.
—Ser mujer es una etiqueta que se coloca para identificarnos cuando una persona empieza a mostrar características físicas o biológicas que ya fueron determinadas como femeninas. Incluso en las personas intersexuales, se busca cuáles son las características que prevalecen para definir si es hombre o mujer. Esa es la primera de las etiquetas que recibimos en nuestra concesión, además de nuestra nacionalidad o nuestro apellido. Pero esa etiqueta, al igual que nuestro apellido y nuestra nacionalidad, es algo que no pudimos escoger y viene con una carga histórica y cultural con ella.
—Como niños necesitamos una identidad, pero también la apertura de abandonar la que nos escogieron al inicio y apropiarnos de aquella que más se identifique con nuestro sentir. A eso se le llama formar nuestra identidad. Yo nací siendo mujer, tenía características que me identificaban como una mujer para el estado y la sociedad. Pero decidí que esa etiqueta que el azar me legó era algo que no me identificaba y decidí recorrer el tránsito para desprenderme de ella, como si cambiara de nacionalidad.
—Cambiar de nacionalidad. —Barbara subraya esas palabras mientras los mira con atención—. Es una forma muy sencilla de verlo.
—¿Lo crees? —cuestiona Víctor con una ligera sonrisa—. En mi experiencia no es nada sencillo.
—Estoy interesada en escucharlo.
—La primera identidad que recibí fue la siguiente: Victoria Ivannova Nikiforova. Una mujer, ciudadana rusa, hija de Iván Nikiforov y descendencia de su apellido. Con estas etiquetas vinieron un sin fin de implicaciones: como mujer rusa, el estigma que la sociedad rusa tiene para la mujer, junto a todos sus deberes y derechos. Como rusa, toda la carga histórica, cultural y cívica. Como Nikiforov, toda la carga histórica, cultural y sentimental de ser parte de mi familia. Es una gran cantidad de trasfondo que sirve de base para formar la identidad de una nueva persona en el mundo, y la carencia o abundancia de ello en un niño, puede traer diferentes consecuencias.
» Nosotros como rusos tenemos en nuestra historia algo en particular, con lo cual, quizás, muchos no lograrían identificarse. Cuando la URSS cayó, además de todos los problemas políticos y económicos que vinieron, tuvimos que pasar por una importante crisis de identidad. Hubo ciudadanos rusos en los países que conformaron la URSS y quedaron fuera de la federación rusa, y a su vez, teníamos distintos ciudadanos (georgianos, lituanos, kazajos, por nombrar algunos), que estaban dentro de la federación rusa. ¿Quiénes eran los rusos? ¿Los que nacieron dentro de las nuevas fronteras rusas? ¿Los hijos de rusos que vivían fuera de la frontera rusa? ¿Los que se identificaban con Rusia, sus creencias, su idioma y religión a pesar de haber nacido en Lituania, Bielorrusia o Georgia? ¿Los que crecieron en la federación a pesar de tener costumbres distintas? Incluso se creó una palabra diferente para identificar a los extranjeros dentro de Rusia que fueron parte de la URSS, como una forma de paliar la crisis de identidad que toda una gran población vivió.
» Como rusos somos muy celosos con nuestra historia y nuestra identidad. Orgullosos de nuestras raíces, de nuestra historia, nuestra cultura y nuestro arte. Desde pequeños nos enseñan a ver todo lo que somos con amor patrio, a identificarnos con la fuerza que nos ha permitido perdurar en el tiempo pese a las hambrunas, las guerras y los desastres. A añorar lo que fuimos y a recrear con más fuerza lo que podemos ser. Y siempre me consideré ruso, no obstante, no solo me vi enfrentado con la identidad de ser mujer y sentirme un hombre. También debí enfrentarme con mi identidad como hija de Iván, parte de la familia Nikiforov y como ruso. Y tuve que abandonar ambos, para poder abandonar mi etiqueta como mujer.
—Eso suena… terriblemente duro —susurra Bárbara y Víctor asiente.
—Lo fue. Al ir a Suiza, fui con la certeza de que ya no podría ser llamado "la hija de Iván" y que probablemente tampoco podría ser "el hijo de Iván". Y no solo eso, sino que ahora, además de ser ruso, en Suiza me convertiría en un inmigrante. Pasar de ser nacional a foráneo, con la facilidad de cruzar una línea… Me di cuenta entonces que las etiquetas son tan frágiles, tan diáfanas, que resulta absurdo el pensar que las etiquetas que te describieron en un inicio son para siempre. Y que cada uno tiene derecho de incluso crear su propia definición de ellas según corresponda.
» Hace dos años, por ejemplo, tuve la oportunidad de declararme ciudadano suizo. Por fortuna, Suiza acepta la doble nacionalidad, por lo cual no tenía que renegar de mi nacionalidad rusa, pero si me hubiera enfrentado a eso, significa que no importa que hubiera nacido en Rusia, que tenga padres rusos, una educación completamente rusa, con fluidez hablando y escribiendo ruso, porque si cumplo una serie de requisitos puedo ser… suizo. Pero, para ser suizo, repito, tenía que cumplir unas condiciones que el estado suizo implementó. Eso podríamos llamarlo: el clásico estereotipo suizo. Porque para ser suizo, no basta, y mira lo interesante que es esto, Bárbara, no basta con haber nacido dentro de territorio suizo.
—Es como decir que, por haber nacido con características femeninas, no eres mujer. —interviene Yuuri y Víctor asiente ante ello.
—Así es, y estoy hablando de una realidad. Para ser suizo debes haber nacido con sangre suiza y el hecho de nacer en suiza no te da el derecho de ser un ciudadano suizo. Y para que un extranjero pueda ser suizo, no basta con haber vivido por diez o doce años dentro del territorio. Tiene que hablar fluidamente uno de sus idiomas y además tener conocimiento de la "realidad suiza y la historia suiza". ¿Cómo se mide eso? Es bastante fantástico el proceso, pero básicamente te dicen: "tienes que ser un real suizo". Tienes que haber acogido la historia y la cultura suiza para ser suizo, del mismo modo en que acogí la historia y cultura rusa al nacer en Rusia. De nuevo, la etiqueta trae consigo una carga histórica y cultural que no podemos evadir. Y es parte de la identidad de esa etiqueta.
—Siento que me están abriendo los ojos a un nuevo mundo —dijo Barbara, fascinada—. La forma en que lo explican…
—Es algo que nos ha costado mucho tiempo de reflexión, debate y empatía —expresa Yuuri con una calma contagiosa—. Como japonesa, el significado de haber nacido en Japón y tener sangre japonesa también es fuerte. Es toda nuestra carga histórica y cultural, también somos orgullosos de nuestras raíces, de lo que somos, de quienes fuimos y quiénes podemos ser. Nuestra gastronomía, nuestro arte, nuestra historia, nuestros guerreros: todo es para nosotros sumamente importante. No obstante, obtener el título de japonés hoy, dista de cómo era obtenerlo hace varias décadas y dista de lo que era serlo antes de la era Meiji, por ejemplo. La etiqueta sigue siendo la misma, pero el obtenerla se ha vuelto un progresivo cambio, desde el Japón que no aceptaba la apertura hasta el Japón de hoy.
—Como el ser hombre o mujer, la definición de lo que es ser hombre o mujer, el género, también ha cambiado a través de los años. Tiene una carga histórica y cultural real que no debemos olvidar, hacerlo es despreciar todo lo que nos ha costado ser lo que somos ahora. No puedo negar que nací siendo mujer, a pesar de que me identifico como hombre, porque mi cuerpo aún tiene características identificadas como femeninas; pero eso no invalida lo que soy ahora.
—Como el hecho de que sigues siendo ruso, a pesar de tener nacionalidad suiza y vivir en Suiza —puntualiza Barbara.
—Y que sigo siendo un ciudadano suizo, que pertenezco a la comunidad suiza, tengo deberes y derechos dentro del estado suizo a pesar de haber nacido en Rusia. Y podría completamente negar mi nacionalidad rusa, renunciar a esa nacionalidad, si así lo deseo, y nadie puede negármelo. No hay ninguna ley que me impida abandonar el ser ruso si ser ruso deja de identificarme.
—Es fascinante…
—Lo sé, Bárbara, es fascinante cuando entendemos que todo se trata de esto.
—Víctor es un ruso atípico, no le gusta el Borch —acota repentinamente Yuuri, con una sonrisa tierna y brillante que ilumina sus marrones ojos. Víctor ríe, le aprieta la mano y le observa con amor desbordante.
—Y podría decir que Yuuri es una japonesa al 100% por el hecho de gustarle el katsudon. —La mirada de Víctor va hacia Bárbara con un gesto cómplice—. ¿Es así?
—¡Creería que no! —argumenta de inmediato Barbara—. ¡No me gusta el hot dog y es un clásico americano!
—Imagina que cada año, el estado decidiera hacer un estudio a todos los ciudadanos americanos, con un compendio de preguntas de qué te gusta o qué no te gusta, para decidir si quitarte o no la nacionalidad americana. —Yuuri sugiere y Bárbara lleva su mano derecha bajo la barbilla de manera pensativa—. Sería un caos.
—Una locura.
—Identificaciones que digan que eres 10%, 20%, 50% americano. O peor aún: eres medio americano, eres casi americano, te falta para ser americano.
—No, ¡sería imposible! —exclama Bárbara ante la posibilidad.
—De ese mismo modo, suena inaudito que, dependiendo de una serie de gustos o comportamientos, definamos si alguien es menos o más mujer u hombre —argumenta Víctor con naturalidad—. La visión de que es ser suizo, de que es ser ruso, de que es ser hombre o mujer que tienen algunos, obedecen a estereotipos que, al final, no definen a una sola persona. Y este concepto es tan variable, tan amplio, que no podemos encerrarnos a pensar que solo es el que tenemos nosotros en la cabeza. Mi visión de ser mujer dista de la tuya, Bárbara, pero lo que es injusto es que yo te juzgue bajo mi visión y decida anular tu identidad simplemente porque no cubres mi concepto de ser mujer.
—Por eso necesitamos seguir trabajando para que el estado nos permita, de la misma forma que han ido abriendo las posibilidades de que las personas podamos definirnos con la nación que deseemos, cubriendo con las condiciones acordadas, también definirnos en el sexo que deseamos. Eso nos darán herramientas para ser respetados y no anulados en los distintos derechos que tenemos, independientemente de ser hombre o mujer.
—O de incluso no identificarnos con ninguno o con ambos, sea porque la genética así lo decidió o porque así lo hemos decidido.
—Derechos que tenemos por ser personas. —Yuuri agrega.
—Derechos que nadie nos puede negar.
—Independientemente de lo demás: de los padres que tuvimos, el país en donde nacimos, el sexo con que nos identificaron, creencia, educación y demás.
—Me fascina la manera en que pueden interrumpirse sin perder la idea, como si estuvieran conectados en uno solo. —Bárbara los señala anonadada—. Es… tan increíble e inspirador. Tanto como lo es escucharles todo esto. Pero lo que dicen, del estado permitir la herramienta, entonces tendría que definir qué es lo que entra en ser mujer o ser hombre para poder identificarnos. Volvemos a la pregunta —admite con preocupación—: ¿qué es ser mujer?
—Es identificarte como una. —Víctor responde—. Es tomar esa etiqueta y acogerla como parte de tu personalidad. Eso es ser mujer para mí. ¿Cómo quieres expresarlo? Depende de ti, depende de los modelos que tomes de lo que es ser mujer, depende de tus gustos, de tu mentalidad y de tus ideales. Pero lo que sí considero que debes acoger, es toda la carga histórica y cultural que tiene el ser mujer, para que puedas transformarla en tu propia versión de ser una.
—Y… ¿para ti, Yuuri? —Bárbara le dirige una mirada cargada de emotividad—. ¿Qué es ser mujer?
—Para mí, ser mujer es ser fuerte como mi mamá, que tuvo el valor de ver a su hijo irse para siempre para después acoger a una nueva hija. —Los ojos brillantes de Yuuri le miran con profundo amor—. Es ser valiente como mi hermana, para enfrentar a todos los que han llegado a la casa preguntando por mí y por vivir como ella ha decidido vivir a pesar de la sociedad. Es ser capaz como mi maestra Minako, que por encima de lo que dijo el mundo fue y lo recorrió por su sueño. También buscó proteger el mío. Es inspirar como Denisse, la hermana de Víctor, por ser una fuente de amor, valor y compresión para todos los que han llegado a conocerla. Es ser empática como tú, Bárbara, que desde un inicio me has mostrado tu increíble sensibilidad al escucharnos sin juzgarnos y tu profundo deseo de dar tu grano de arena al mundo. —Bárbara se tapa los labios temblorosos al escucharla y traga grueso, con la mirada húmeda—. Gracias por permitirnos estar aquí y darnos la capacidad de alzar la voz.
—Estoy tan conmovida… —Bárbara no puede evitarlo, las lágrimas corrieron fluidamente por sus mejillas maquilladas y ella se apresura a secarlas.
—Te has convertido en uno de esos modelos de mujer que me inspiran para seguir construyendo quién es Yuuri y cuál es la definición de mujer que quiero construir en mí.
—Yuuri y yo esperamos que algún día, en el mundo, identificarnos con el sexo deje de ser necesario más que para términos médicos, al igual como esperamos que las nacionalidades dejen de ser importantes para definirnos y podamos ser ciudadanos del mundo. Que las diferencias dejen de existir. Pero, mientras eso ocurre, tenemos que seguir trabajando para que todos podamos ayudar a los estados a crear las herramientas que nos protejan independientemente de nuestra elección.
—Para que cada uno podamos vivir la definición de ser o no ser sin que eso nos quiten derechos.
—Porque el hecho de ser ruso no me hace socialista.
—Ni por ser japonesa debe gustarme el nato.
—Pero, a pesar de ser suizo, sigo amando la música clásica rusa.
—Y, pese a ser mujer, disfruto más de las obras de terror.
—El ser humano es demasiado complejo y está lleno de contradicciones para pensar que hay una sola etiqueta. Eso es lo fascinante de existir y de conocer a otras personas, de abrazar las diferencias, amar las particularidades y aceptar que nadie es igual a otro.
—Cuando logramos eso: amar a cada ser por lo que es individualmente y respetar a cada uno por ser personas, damos un paso más a la inclusión.
—¿Y creen que nos estamos acercando a eso? —pregunta Barbara con interés.
—Creo que hay varios estados que están empezando a ampliar su definición de ser hombre o mujer para darle apertura a las personas que no nacimos con el sexo que nos identifica. —Víctor interviene—. Y quizás para muchos la definición y el proceso sigue siendo engorroso, arbitrario y humillante, pero existe, y poco a poco conforme se vaya haciendo habitual encontrarnos en la sociedad, estos mecanismos van a cambiar. La idea es que llegue al punto de que se convierta en algo natural.
—Es una lucha de todos los días, exigir nuestros derechos al estado y visibilizarse en la sociedad. Víctor y yo creemos que, al acoger esta etiqueta de no solo ser hombre y mujer, sino personas transexuales, nos dan todo el peso histórico de su lucha, de sus miedos, de sus esperanzas, para identificarnos y mostrarnos con ella.
—Todo lo que han dicho es increíble y creo que no puedo estar más de acuerdo: Ser hombre o ser mujer es identificarse como uno y simplemente se escoge la manera de vivir esa identidad dependiendo de la definición que formes de ello. Creo que es una revelación importante y digna de recordar —resume Barbará, tras haber secado las lágrimas y logrado calmarse. Víctor y Yuuri lucen calmados y cómplices ante ella—. Gracias por este espacio de reflexión…
—Gracias por darnos la oportunidad de expresarlo —Víctor responde con libertad.
—Nuestros televidentes también dejaron algunas preguntas, quisiera hacerlas y espero con emoción sus respuestas.
—Yo también estoy emocionado por saber qué dicen —indica Víctor con la mirada en las cartillas.
—Mariboo nos pregunta: En el mundo existen personas que tristemente no tienen a su lado amigos o familia que les brinden apoyo, ya sea para enfrentarse a su orientación sexual o por ser "diferente" al resto por otras circunstancias, ¿cómo se puede buscar la aceptación y el amor propio cuando se sienten solos e inexistentes en el mundo?
—Bueno… —responde Yuuri—. La verdad es que nunca estamos solos en el mundo, porque tenemos a la persona más importante viviendo el día a día a nuestro lado y somos nosotros mismos. Por eso es tan importante aprender a amarnos, reconciliarnos con nosotros y aceptarnos, porque de esa manera, esa soledad desaparece. Se convierte en nuestra arma más poderosa. Cuando te valoras a ti mismo, reconoces el peso de tu existencia, la importancia que tiene y te haces dueño de tu mundo. Y eso es el primer paso para espantar la soledad.
» Como experiencia supe lo que es estar realmente solo cuando dejé de aceptarme al punto de desligarme del mundo. Es la soledad absoluta. Y esto persistía pese a tener a personas a mi lado que querían ayudarme. Mientras yo siguiera pensando que no lo merecía y tenía poco valor, era incapaz de reconocer esas luces a mi alrededor. Fue cuando empecé a perdonarme y aceptarme que pude verlos, no solo a Víctor, por ejemplo, sino a mis familiares y amigos. Las personas que se aman atraen amor, es inevitable.
» Así que te animo a verte en el espejo, reconocer quién eres, nombrarte y darte peso en la vida para empezar a sentir amor. A quererte. Y solo cuando nos queremos somos capaces de no solo amar, sino de ver el amor de otros hacia nosotros.
—Es una bellísima respuesta, Yuuri. Muchas gracias. —La aludida inclinó su cabeza suavemente, en respuesta—. Diana Nikiforov, hace la siguiente pregunta para ti, Yuuri.
—Wow! ¡Tengo una prima perdida! —Víctor saluda a la cámara—. ¡Hola, preciosa!
—¿Cómo te sientes que Víctor esté a tu lado y no te abandono por nada en el mundo?
—Se siente como haber obtenido el tesoro más preciado del universo —Yuuri responde con sus ojos brillando—. Víctor es lo más maravilloso que he conseguido en mi vida, mi compañero, mi alma gemela, mi amigo, mi confidente. Me hace sentir afortunada de haber podido coincidir con él.
—Y no nos queda duda de lo mucho que lo amas, Yuuri. —Ella se sonroja copiosamente y sonríe.
—De hecho, me encanta verte sonrojada, cariño.
—Y tengo una pregunta para ti, Víctor. También de Diana Nikiforov.
—¡Hola, prima! —Vuelve a decir y el set ríe con gracia.
—¿Cómo crees que sería tu vida si no te hubieras tomado el tiempo de leer la carta de Yuuri?
—Cada vez que me hago esa pregunta, pienso: ¿qué tan difícil es construir alguna máquina como en el universo de los cómics para llegar a esas otras dimensiones y decirle a ese pobre yo que lea todas las cartas que vienen porque el amor de su vida está allí?
—¡Por Dios, Víctor! —Yuuri rezonga entre carcajadas.
—¡Es en serio! ¡Soy capaz de comprarla con tal de asegurarme que todos los Víctor que viven en los multiuniversos te conozcan! —Yuuri le mira con amor infinito, conteniendo otra risa entre sus mejillas sonrosadas y redondas. Víctor le guiña un ojo, coqueto—. No voy a decir que sería un hombre infeliz, porque realmente no lo era antes de conocerte, Yuuri. Pero tú le has dado sentido a tantas cosas de mi vida que no puedo, de verdad no puedo, ver una vida sin haberte conocido.
—Creo que represento a todo el público al decir que queremos grabar un beso. —En el set empieza a aplaudir todos los presentes mientras corean: beso, beso, beso. Yuuri se pone nerviosa, inmediatamente enrojece e intenta decir que no hace falta, pero Víctor no tarda en abrazarla y buscar besarle. En el primer intento, se conforma con dejarlo en su mejilla al ver como Yuuri se retuerce entre sus brazos. No obstante, al ambos mirarse, es Yuuri quien se acerca a dejarle uno corto en sus labios—. ¡Dios, son tan adorables! —Las exclamaciones envuelven el set entre risas y sonidos de júbilo—. Tenemos otra pregunta de Diana Nikiforov, esta vez para ambos. —Víctor sigue sosteniendo bajo su brazo a Yuuri, más cómodos ambos sobre el mueble—: ¿Cómo se sienten que estén los dos juntos a pesar de que sigue habiendo personas que ven su relación o su identidad como algo enfermo y fuera de lo normal?
—Nos sentimos protagonistas de nuestra propia historia —responde Víctor con fluidez—. Como escritores, ambos sabemos que los protagonistas más memorables son aquellos que se enfrentan a los momentos más duros, pero crecen, se desarrollan y logran imponerse ante ello. Así nos sentimos y eso nos da fuerza para continuar hasta escribir el punto final de nuestra historia de amor.
—Es una forma magnífica de verlo —elogia Bárbara con admiración—. Jinsuika les pregunta a ambos: ¿Que tanto les ha afectado las redes sociales y el ciberbullying?
—Al principio me afectaba mucho —confiesa Yuuri—. La gente se respalda en el anonimato para decir cosas horribles sin tener la mínima consideración. Era difícil evadirlos cuando, además, se multiplican. Es como escuchar miles de voces en tu cabeza, todos juzgando… Pero comprendí una verdad: mientras más silencio hagamos, más fuerte se escuchan esas voces. Debemos hablar.
» Mi experiencia con You love you es que mientras más nos hemos visibilizado, más hemos encontrado el apoyo de muchas personas alrededor del mundo. Y todo ello es capaz de opacar los que se burlan y usan este medio para intimidarnos. Hay más amor que odio, al menos eso es lo que he terminado por comprender.
—Me alegra saber que han logrado la manera de defenderse ante todo ello.
—Fue difícil, un proceso que sobre todo Yuuri y yo tuvimos que enfrentar con valentía. Pero como ella dice, hemos encontrado más apoyo que odio en el camino, porque la gente cobarde, por naturaleza, siempre se repliega cuando el valiente está allí.
—Es una forma interesante de verlo. Tengo otra pregunta para Yuuri, de Fireefloweer, aunque creo que lo que hablamos antes la responde: ¿A Yuuri (varón) lo considerabas tu enemigo o sólo una víctima más del odio y de la ignorancia?
—Al inicio era mi mayor enemigo, peor ahora he comprendido que Yuuri es la suma de todo lo que he sido desde que nací, tanto cuando era hombre, como ahora que soy mujer. No es mi enemigo, es mi aliado, es la muestra de que decidí lo correcto.
—Maravillosa respuesta, Yuuri. —Bárbara revisa sus cartillas—. Víctor, Sharayanime pregunta, haciendo referencia a tu proceso para dejar de ser Victoria: Si te dieran la oportunidad de revivir esta escena de tu vida... ¿Repetirías el proceso aun sabiendo las consecuencias?
—Sin duda alguna —responde con seguridad—. Lo haría porque si tengo conciencia de las consecuencias, debo tener la certeza de que me espera felicidad y aceptación.
—Gracias por respondernos, Víctor. Icanus nos deja otra pregunta para ti: ¿Cuándo Yuuri te beso por primera vez, sentiste que también Yuuri se estaba aceptando a sí misma o más bien que había llegado a tener cierta confianza al atreverse a dar ese paso?
—Definitivamente, sentí que era una señal de que se estaba aceptando. La seguridad y confianza que Yuuri debió haber sentido en ese momento consigo misma, fue lo que le permitió expresarme lo que ya yo sabía. Y debo confesarte que fui más feliz al pensar que Yuuri se veía como una hermosa mujer, más que por saberme correspondido.
—Debiste sentirte muy realizado. —Víctor asiente.
—La felicidad de Yuuri siempre estará entre mis prioridades.
—Es muy lindo escucharlo. Yuuri, aquí tenemos una pregunta de Icanus también: ¿Cómo fue el momento en que por fin te aceptaste a vos misma y pudiste darte la oportunidad de intentar compartir más momentos con Víctor como pareja?
—No fue solo un momento. —Yuuri relame sus labios rosas antes de continuar—. Fueron muchos momentos, pequeños pasos, muchos de forma torpe e insegura pero todos ellos se sentían como lanzarse al vacío sin paracaídas. Tan asustada… tan preocupada. Víctor tuvo que tener mucha paciencia conmigo, pero conforme más cómoda me sentía con cómo me veía y mi nueva identidad, fue más fácil dar esos pasos que antes significaron un gran desafío.
—Ahora no deja de sorprenderme —acota Víctor, mirándola con profundo amor. Yuuri le devuelve la mirada con rastros de vergüenza—. Ver a Yuuri en este camino ha sido como admirar a la oruga dando paso a ser una bellísima mariposa.
—Y seguro tienen muy bellos recuerdos de esos instantes —Bárbara agrega y la pareja sonríe de forma cómplice—. Tengo otra pregunta para Yuuri, de parte de Josephine RC: Yuuri, ¿todos tus temores se han disipado? ¿A qué le tiene miedo Yuuri ahora?
—Bueno, a pesar de que he superado muchos miedos de los que tenía antes, es cierto que también han llegado otros. Cada vez que se sabe de una noticia donde aparecen mujeres trans asesinadas por simple odio, yo tengo miedo. Cada vez que veo la manera en que en los medios se minimaliza el abuso a una mujer cis, yo tengo miedo. Temo ser parte de esa historia, me da terror protagonizarla y día a día tengo que luchar en contra de eso. —Víctor le sostiene la mano con firmeza—. Llamarme mujer también ha traído el miedo que toda mujer siente: la inseguridad en una sociedad que aún nos considera débiles…
—Aún con tu formación en arte marciales… —Bárbara le mira con absoluto entendimiento.
—Así es, no me siento más segura por haber nacido con el cuerpo de un hombre ni por el hecho de tener la formación de autodefensa. No mientras se siga glorificando la violencia y culpando a las víctimas.
—Yuuri y yo deseamos que esta situación mejore.
—Me uno a su deseo, Víctor. —Barbara retoma las cartillas—. Tengo otra pregunta para ti, de Irina23 _04: ¿Qué fue lo peor que te dijeron?
—Me han dicho muchas cosas terribles: como engendro, degenerado, mujer sin sexo, frígida, enferma. Incluso me llegaron a amenazar con violarme para convertirme en mujer. Pero creo que lo peor que me dijeron fue en una línea de metro de Moscú: estaba de visita a mis padres, iba a la plaza roja y me encontré con una antigua amiga de mis padres, que me vio desde que era un niño. Se acercó, me reconoció, me miró con asco y me dijo: "matarás a tu madre de la pena". Fue lo peor porque mamá no quería verme y tenía días llorando tras ver mi cambio. No negaré que salí de allí con ganas de encerrarme y llorar.
—Tu madre ya te acepta, ¿no? —Víctor asiente—. Es fácil juzgar desde el exterior y condenar.
—No puedo culparla, pero sí admito que dolió.
—Lo imagino, pero por fortuna el entendimiento llegó para tu familia… Tengo una pregunta nueva para Yuuri. ¡Es increíble la cantidad de preguntas que nos llegaron! ¡Ha sido todo un reto el seleccionarlas!
—Víctor y yo estamos complacidos de contestar.
—IsaGloria dice: Espero que no suene fuerte, pero quiero hacerle esta pregunta: ¿Quién es Yuuri? —Barbara mira a la aludida para darle la palabra.
—Yuuri es una mujer feliz, casada con un hombre maravilloso, al lado de familiares amorosos y amigos que me han apoyado durante muchos años. —La calma con la que se expresa revela su convicción—. Una mujer que es la protagonista de su propia historia de amor, aceptación y reconciliación al superar el terror.
—Y la mujer más bella que mis ojos han podido ver, con respeto a todas las mujeres bellas del mundo. —Víctor agrega con diversión y Yuuri vuelve a sonrojarse.
—No hay duda de que es una mujer preciosa. ¡Amo tu estilo, Yuuri!
—Gracias, Bárbara.
—Tenemos ahora esta pregunta para Víctor y… —Bárbara ríe al leer la cartilla—, creo que Víctor nos ganó la apuesta de cien dólares. —Víctor estalla en risa—. FireeFloweer pregunta: ¿Te realizaste o planeas realizar una faloplastia?
—¿Mis cien? —Víctor se levanta del mueble exigiendo con sus manos y de repente más de la mitad del set, incluyendo al director, los maquillistas y decoradores, empiezan a soltar billetes de cien en sus manos. Yuuri abre la boca con sorpresa y Barbara ríe con la escena que es grabada por el camarógrafo, uno de los que no entraron en la apuesta.
—¡Víctor! ¿Con cuántos apostaste? —Y el hombre está contando los billetes dramáticamente, perseguido con la mirada de reproche de su pareja.
—Bueno, cariño, tenemos para pagar una suite hoy.
—¡Me salvé de apostar! —ríe Bárbara mientras se acomoda en su puesto y ve a Víctor volver al suyo.
—Y, respondiendo la pregunta: Yo no tengo problema con hablar de mi genitalidad. Sin embargo, para Yuuri es un asunto privado y coincidimos que es algo que solo nos concierne a nosotros. —Yuuri le agarra los billetes para contarlos mientras Víctor le mira de reojo—. ¡Pero puedo comentarte que tenemos una excelente vida sexual!
—¡Víctor! —Barbara ríe mientras mira el potente sonrojo que llenó el rostro de Yuuri y la sonrisa divertida de Víctor al verla.
—¡Después de verlos bailar créanme que nadie dudaría de eso! —Barbara revisa sus cartillas—. Constanza Lagunas pregunta: Yuuri, si pudieras resumir en una palabra qué es lo que te hace feliz ¿cuál sería?
—Aceptación. —Yuuri aún luce su sonrojo, pero parece buscar distraerse de él con la mirada en Barbara—. Despertar, saber que estoy acompañada de alguien que me acepta como soy, verme en el espejo y reconocerme como lo que siempre he querido ser… eso para mí es felicidad.
—Es hermoso verlo de ese modo. —Yuuri asiente mientras recibe el beso en su mano por parte de Víctor—. Isagloria te hace esta pregunta, Víctor: ¿Cómo se define el amor?
—Wow, es una gran pregunta esta. —Víctor se concentra—. Tal como las etiquetas, hay muchas maneras en que se ha intentado definir lo que es amor. Para mí, amor es el reconocimiento y la fascinación que puedo lograr hacia algo y lo que eso provoca en mi vida, en todos los ámbitos. Eso me lleva a dar todo de mi para que eso que amo pueda seguir siendo así de libre y me siga mostrando más de esa belleza.
—Conozco ese diálogo… —Yuuri musita y Víctor le sonríe confidente.
—Si se trata de una nueva historia, no seré la única que está muy interesada en leerla.
—Solo puedo adelantar que viene de un lugar especial que quizás vea luz muy pronto.
—¡Esa es una maravillosa noticia! Y llegamos al final de esta ronda de preguntas con Andy-666, para ambos: ¿Están casados? ¿Sí? ¿No? Si no lo están... ¿Pa' cuando la boda? —La pareja se ríe y se miran enamorados.
—Bueno Andy, ha pasado varios meses para poder concordar de nuevo con Barbara está entrevista, así que sí, ya estamos casados. —Víctor dice con orgullo y Bárbara apunta a la pantalla, para mostrar una fotografía donde ella, vestida con un traje corte sirena rojo, está junto a Yuuri vestida de forma tradicional japonesa y Víctor con un traje negro junto a una camisa rosa.
—Víctor ya tenía preparado casi todo para cuando le dijera que sí. Nuestra boda fue en Barcelona, junto a nuestros amigos y compañeros de trabajo. —Yuuri relata con la emoción llenando sus ojos mientras mira las imágenes—. Me vestí como una clásica novia japonesa porque mis padres me expresaron su deseo de verme así. Me pareció correcto; después de todo, Víctor y yo somos un matrimonio interracial y trans.
—Se veía preciosa. —La imagen de Yuuri con su kimono blanco de seda y el tsuno kakushi cubriendo su cabeza aparece en la pantalla, en una fotografía bellísima que resalta la calma y felicidad de la novia en medio de una lluvia de flores blancas. Bárbara la admira—. Amé la manera en que Yuuri lucía ese día: diáfana, perfecta, encantadora…
—Yo me sentí, y sigo sintiendo, el hombre más afortunado por tenerla.
—La boda fue preciosa, y aprovecho la oportunidad para agradecerles de nuevo por habernos invitado —Bárbara muestra la fotografía donde todo el equipo del programa "Vientos de cambios", posaban al lado de los novios en la recepción. Yuuri lucía allí un vestido occidental de novia, uno blanco con la falda pomposa y las manga hechas de un trabajoso bordado. Su cabello ya no estaba fuertemente controlado en el peinado japonés de la boda, sino que caía lacio en sus hombros cubiertos. Todos estaban abrazándose y festejando en medio de la fiesta.
—Fue un placer tenerte allí, Bárbara y todos ustedes que han colaborado para que este programa siga en el aire. —Víctor le sonríe con confidencialidad—. Así que, Andy, ya somos papas casadas. —Corona con un pícaro guiño.
—¡Y llegamos al final de este especial! De verdad, ha sido un placer de nuevo tenerlos en el set y espero poder contar de nuevo con su visita.
—Gracias a todos ustedes por volvernos a invitar. Para Yuuri y para mí será un placer volver a estar aquí.
—Y también le agradecemos por todos los bellos comentarios y votos que hemos recibidos a través de todas las plataformas. Sin ustedes, sería imposible que este proyecto se llevara a cabo. ¡Gracias a todos y nos veremos, nuevamente, en otro episodio de "Vientos de cambio"! Y recuerden: La definición de quienes somos, solo está en nosotros. ¡Hasta pronto!
Notas de autor: Quiero darles gracias a todos los que le dieron la oportunidad a esta historia tan singular. Comprendo que la temática y el hecho de que cambie el sexo de los personajes no sea una idea tan atractiva, pero he amado no solo escribir esta historia, sino contrastar sus comentarios e impresiones con mis pensamientos y así poder formarme conclusiones más claras con respecto a este tema. De verdad, he aprendido muchísimo y como dije Pajaritodeagua, hablé de algo que necesitaba hablarme.
Agradezco a todos los que dejaron las preguntas a nuestros protagonistas que con gusto quisieron contestar y por darme la oportunidad de hablarles a través de esta temática. Espero de corazón que el mensaje que intenté plasmar siga grabado en sus corazones.
Mariboo: gracias por tus preciosas palabras en el comentario, por hacerme notar lo mucho que te tocó esta historia y animarte a dejar una pregunta. Con esto cierro ya este proyecto y me alegra saber que pude dejarte algo especial a través de él. Gracias por tu continuo apoyo.
