Hola! Capítulo 4 a la velocidad del Jiraishin de Minato, si!
Espero les guste; la verdad, he batallado mucho para editar éste capítulo. He querido elegir bien la identidad de los niños, y Inojin es quien más difícil se me ha hecho, pero a como lo veo, creo que Inojin será un chico algo retraído como su padre, pero todo un bullyista (no sé si exista esa palabra .-.)
En fin, me gustó mucho como quedó. Sólo que algo largo.
Ya saben, dejen sus reviews! Y gracias! Saben que adoro leerlos, y que me lean! Mañana les contesto sus reviews... pero díganme, sobre quien quieren que escriba el siguiente capítulo? :D alguien que no haya aparecido y de quien quieran leer!
Bueno, me voooooy!
Ya saben, Naruto no me pertenece, de ser así habría dejado a Naruto con el cabello más largo y le pondría como mil hijos a Sasuke :)
Y Neji no habría muerto u.u
4. NIÑO DE MAMI
El pequeño heredero de los Yamanaka, Inojin, no era un niño normal de dos años como todos creían; eso era algo que sus padres sabían muy bien.
Desde el momento de su nacimiento, los Yamanaka notaron que su pequeño no iba a ser como los otros niños: en primera, porque de todas las cosas que pudo haber heredado de su padre, precisamente tenía que ser ese enfermizo color de piel. Y no es que a Ino no le gustara, pero su pequeño niño pudo haber sido diferente, más como ella o como su abuelo…
Agregándole el cabello dorado y los ojos celestes como mamá, era todo un encanto.
De todas las cosas que Ino Yamanaka amaba en la vida, su pequeño bebé era su favorita. No había una más celosa y sobreprotectora con su hijo que Ino, y eso todos lo sabían. Estaba tan encantada con su bebé que desde el primer momento en que lo tuvo en brazos, no permitió que nadie lo tocara. Ni siquiera el propio Sai.
De todos los niños de la generación, era el más pequeño. Su madre lo veía como un niño frágil, inocente y débil, y su deber como madre era protegerlo de cualquiera… porque sabía que con esa apariencia, se burlarían de él.
Fue por eso qué, desde que sus amigos fueron a conocer al pequeño, dejó muy en claro que si alguien se atrevía a burlarse de su pequeño, lo mataría con sus propias manos. Y nadie la contradijo.
Las mañanas de Inojin eran hermosas porque siempre que despertaba, se encontraba en brazos de su amada madre. Ella era quien le bañaba, le daba de comer, era quien hacía todo con él; Inojin no entendía por qué su madre siempre lo trataba de esa manera tan sobreprotectora. De todas las madres, Inojin siempre decía que la suya era la mejor… claro, ella y su tía Hinata, quien siempre le regalaba galletas y le hacía pasteles de cereza.
Fue por eso qué, esa mañana, no le gustó para nada que su madre no fue quien lo había despertado.
Abrió sus enormes ojos celestes y lo primero que vio fueron los adornos en forma de nubecitas que colgaban de su cuna; esos se los había regalado su tío Shikamaru. Luego, giró la mirada hacia los alrededor, oyendo el sonido de alguien deambular por la habitación. Rápidamente se levantó y comenzó a moverse inquieto, agarrado al barandal. Abrió los ojos y comenzó a reír; ya quería ver a su madre, que le diera muchos besos y jugara con él.
Pero… no era ella quien estaba en la habitación.
-¿Eh? ¿Te desperté, niño grande?- le dijo su padre, sonriéndole de oreja a oreja. No es que Inojin no quisiera a su padre, de hecho, a pesar de ser su madre quien le daba todo el amor del mundo, él se sentía más identificado con su padre. Ya que a ambos les gustaba dibujar.
Sai caminó hasta la cuna, y palpó la rubia cabellera de su hijo.
-¿Emocionado, Inojin-kun?- le dijo, sonriendo, el pequeño lo miró- Deberías, hoy es tu cumpleaños número dos, bebé.
-¿Ka-chan?- susurró, mordiendo su dedo. Inojin no sabía decir muchas palabras, de hecho, de todos los sobrinos él era el que menos hablaba, incluso la siempre seria Megone-chan* decía más cosas que él, pero el rubio solamente decía: "ka-chan", "to-chan", y "agua".
Sai lo tomó en brazos y lo llevó al baño para cambiarlo, en el transcurso le iba diciendo que mamá estaba ocupada arreglando todo para la fiesta de más tarde. El pequeño no entendía absolutamente nada, y solamente se dejó hacer: papá lo baño por primera vez desde que recordaba, contándole algo sobre "yo nunca he tenido padres que me amen" o "tu madre y tú son mi luz" "te pareces mucho a mi hermano mayor", entre otras cosas.
Luego, lo llevó a su habitación nuevamente para decidir qué ponerle: no estaba seguro si debía usar la ropa que Ino le había dicho que debía usar, o ponerle algo que él quería. Al final, él había elegido un overol guindo, una camisa de manga larga gris y unos zapatitos negros. Peinó sus bonitos cabellos rubios mientras le decía que ese color le encantaba.
-Me alegro que te parezcas más a mamá que a mí, Inojin-kun- le dijo cuando terminó de arreglarlo. El pequeño lo miró- Tu madre es la mujer más hermosa del universo, ¿verdad?- y ante eso, el pequeño asintió.
Su mami era la más bella del universo, y la amaba tanto que no podía describirlo, pero… ¿dónde estaba ella?
Así que la mañana había transcurrido de esa manera: su padre se había hecho cargo de él desde que había despertado, llevándolo al mercado, pasando a la tienda de dulces a recoger algunas cosas, con la tía Kurenai para que le entregara una enorme caja azul mientras le decía "felicidades, Inojin-kun", y le sonrió.
El pequeño Yamanaka tenía tres mujeres importantes en su vida: la primera, claro estaba, era su madre. La segunda era la tía Hinata, ella le gustaba porque preparaba deliciosas comidas y claro porque sus pasteles de cereza y su cabello largo lo habían encantado, pero no había duda alguna de que la tercera era la hija de su tía Kurenai, la prima Mirai.
Mirai era muy bonita, con el cabello largo hasta los hombros, los ojos rojos como la tía Kurenai y una cara preciosa. Muchos decían que era idéntica a su padre, pero él nunca lo había visto así que no sabía por qué.
-Las esperamos más tarde en la casa, Kureina-san.
-¡Claro que iremos! Sólo esperaré a que Mirai-chan regrese e iremos.
Inojin no entendía realmente por qué papá tenía que llevarlo a todos lados mientras todos a su alrededor le decían "feliz cumpleaños". ¿Qué era un cumpleaños? ¿Por qué todos le sonreían? ¿Dónde estaba mamá?
Pronto comenzó a sentirse cansado, y bostezó.
-Anda, pequeño, que debes estar hambriento. Después podrás dormir todo lo que quieras.
Inojin y Sai llegaron a un puesto de sopas nuevo en la ciudad; cuando abrieron la puerta, una pelirroja con lentes los recibió.
-¡Bienvenidos! ¡Taka los recibe! ¿Eh…? ¿Sai-kun?
-Hola, Karin- sonrió el ANBU. Inojin volvió la vista hacia la mujer que estaba parado frente a ellos: la reconocía como la compañera de trabajo de su madre, aunque no sabía su nombre. No era mucho de hablar, y para él no era bonita, además de que usaba unos lentes horrorosos similares a los que Megone-chan usaba.
Inojin había descubierto que no le gustaban las chicas que usaban esas cosas en los ojos.
-¿Vienes a comer?
-¿Por qué otra cosa estaría aquí, Karin?
-Oh… cierto. Anda, pasa. Suigetsu te va a atender.- luego, acarició el cabello de Inojin.- Qué lindo se ve hoy.
-Es por su cumpleaños; ¿cuento con que irás?- Karin se mordió el labio. Una cosa es que ella y su compañero Suigetsu hubiesen sido recibidos en la aldea, pero no parecían ser los favoritos. Incluso todavía el Uchiha tenía problemas para adaptarse y ser perdonado, ni qué decir de unos forasteros.
-Oh, Sai-kun, no creo que sea bienveni…
-Nada de eso- la interrumpió cuando llegaron a sentarse- Quiero que vayas.
La pelirroja no dijo nada, solamente asintió, tomó su orden y padre e hijo esperaron.
Inojin no entendía nada. Aquella mujer no le gustaba, era fea y con esos lentes le recordaba mucho a Megone-chan.
-Ka-chan.- susurró en llanto el niño, esperando a que su padre le respondiera. Pero claro, papá estaba ocupado haciendo otras cosas; hablando con la fea pelirroja.
A Inojin no le gustaba eso.
Que su padre hablara con otras mujeres, que les sonriera a otras que no fuera su madre, eso le molestaba. Así que, cuando la comida llegó y la pelirroja le dejó un tazón de puré de manzana con jarabe de cereza, estiró la rechoncha manita, tomó todo lo que pudo y, al darse cuenta la pelirroja, le lanzó el puré a la cara.
-¡INOJIN!- dijo su padre, sonrojado por completo. Karin miró detrás de sus lentes al pequeño rubio, quien había inflado los cachetes y tenía el puño levantado, con el puré todavía en el.
Los demás clientes miraron la escena: un niño enojado había atacado a la novia del dueño del local.
-¡Inojin, eso no se hace!- le dijo Sai, totalmente impresionado. Karin se limpió el puré de la cara, con la vena exaltada. Por eso mismo no tenía hijos, pensó enojada.
-Lo siento demasiado, Karin- dijo el padre- Inojin nunca es así… es un buen chico.
-No lo dudo- dijo la pelirroja, obviamente sarcásticamente.
-Hoy ha estado inusualmente raro. Perdóname.
-Ya, ya. Será mejor que te vayas antes de que tu mujer se infarte- miró al reloj- Ya casi son las cuatro.
-¿¡Ehh!? ¿¡De verdad!?- el ANBU tomó todas las cosas y cargó al niño- ¡Disculpame, Karin! ¡Nos vemos después!- y salió corriendo hecho una bala, mientras la pelirroja recogía el desastre.
-Ni después ni nada- musitó enojada. Puede que ella y Sai fueran muy buenos amigos, pero ella ni de broma iría a la fiesta del niño loco ese; quien sabe qué podría hacerle si se paraba ahí.
-¡Ya llegamos!- dijo Sai sin aliento cuando llegó. Pensó que no había nadie, porque su casa estaba en silencio total, pero el llanto de Bolt-kun le advirtió que ya todos estaban en casa. Dejó las cosas en la sala y caminó rendido- Tu madre va a matarnos, Inojin-kun.
-¿Por qué quieres culpar al pobre Inojin, Sai?- oyó a Naruto, quien parecía molesto.
-Oh, Naruto. ¿Dónde está Ino?
-Molesta como una fiera, pero ni te esfuerces en calmarla; lleva así desde que se dio cuenta de que Hinata sólo había hecho un pastel de cereza, cuando claramente le había pedido tres- y bufó- No es como si mi mujer debiera recordar las cosas que no son para su hijo…
-Sólo está estresada, Naruto. Hablaré con ella- le tendió a Inojin, quien protestó. ¿Es que acaso no iba a ver a su madre en todo el día?
Inojin observó a su padre desaparecer por la puerta de la cocina, aún cuando él le sollozaba y estiraba sus manitas hacia él pero su padre pareció no haberlo notado.
Naruto llevó al niño con los demás, quienes jugaban en el corral que Temari había insistido en llevar. Después del incidente con Shikadai hace unos meses, la madre se había vuelto una psicópata con la seguridad de su hijo, todo el tiempo vigilándolo como un halcón a su presa aún cuando su esposo le había asegurado que nada sucedería, pero eso era algo que los padres no entendían del todo.
Naruto lo dejó ahí y fue con los adultos, quienes parecieron no haber notado que el rubio estaba ahí. Los demás niños se acercaron a Inojin y comenzaron a molestarlo, y es que el niño era el juego favorito de sus primos: hay que pintarle la cara a Inojin, jalarle el cabello, usarlo como saco de boxeo, llenarlo de pegamento, obligarlo a comer tomates.
Inojin era molestado incluso por Shikadai, quien tenía un juego especial.
Lo sentaron en un rincón, le colocaron un tomate en la cabeza, y todos tomaron algún objeto. El juego se llamaba "tirar el tomate de la cabeza de Inojin". Y él odiaba ese juego porque siempre terminaba sucio, y luego su madre lo reprendía. Pero mamá no estaba pero ningún lado para salvarlo, y sabía que si llamaba la atención de algún adulto, Chouchou iba a aplastarlo y luego todos se subirían a él y no podría respirar.
Así que no le quedó de otra que esperar…
-¡Aoda!- dijo Shikadai cuando todos tenían algo en la mano para atacarlo… y bombardearon al niño. Inojin cerró los ojos sintiendo cómo era golpeado por los juguetes, los tomates, las tacitas entrenadoras y las almohadas. Oía las risas de todos los adultos, ajenos al relajo de los niños, y las burlas de sus primos quienes parecían no tener compasión del niño.
Se llegó un punto en el cual ya no podía soportar la presión; Inojin no era un niño llorón, al menos no como Chouchou o Bolt, quienes siempre lloraban por todo, pero todo el día le había parecido un horror y no lo pudo soportar más.
Así que comenzó a llorar.
Lloró como nunca antes lo había hecho; lloró porque estaba harto de que sus primos lo molestaran, lloró porque su padre lo había dejado con el tonto de su tío Naruto, y tonto como sólo él lo había metido con sus primos, quienes no dejaban de atacarlo, lloró porque le había gustado la ropa que papá le había puesto y ahora estaba toda sucia. Pero sobre todo, lloró porque en todo el día no había visto a su madre.
Ella no permitiría que nada de eso sucediera, ella lo cuidaba, lo amaba como nadie en el universo y nadie lo molestaba cuando andaba cerca.
-¿Qué le pasa? ¿Por qué llora? ¡Oh por Dios!- Sakura casi le da un infarto cuando vio al pequeño rubio todo lleno de tomate, llorando.- ¡Sarada!
-¿Qué pasa, Sakura?- dijo Sasuke algo molesto- ¿Por qué le gritas a Sarada?- al Uchiha no le gustaba para nada que su mujer (o cualquier otra persona) le levantara la voz a su hija.
-¡Mira lo que hicieron!- dijo, tomando al niño quien estiró los brazos hacia la señora Uchiha- ¡Mira nada más!- luego se volvió a todos los niños- ¡Debería darles vergüenza, abusivos!
-Sakura.
-¡No, Sasuke! ¿Es que no te preocupa que tu hija sea una abusiva de grande?- tomó una servilleta y comenzó a limpiar al niño, quien no paraba de llorar. Hinata se acercó.
-¿Qué le pasó? Ay, Dios… - se volvió a Bolt, quien también había estirado los brazos a ella- ¿Por qué hiciste eso, Bolt-kun?
-¡Seguro fue idea de él!- dijo Sakura- ¡Siempre es Bolt!
-No creo que tu hijo sea tan inteligente para hacer algo así- dijo Temari, entrecerrando los ojos- Y sé de quién fue ésta idea- se volvió a su hijo, quien la miraba por debajo de sus hermosas pestañas- No pienses que estoy contenta por esto, Shikadai.
-Oe, oe, sólo son niños- dijo Karui- Déjalos que se diviertan, que están en la edad.
-Lo dices porque a tu hija nadie la molestará en el futuro- dijo Temari, levantando la ceja.
-Claro que no lo harán, a las chicas hermosas nadie las molestas- y se apartó el cabello de la cara.
-A las gordas, querrás decir- dijo Sakura, intentando calmar los gritos del niño, pero no parecía funcionar.
-¿Qué has dicho, frentona?
-Lo que oíste.
-Vamos, vamos, no discutan- dijo Chouji- Debemos limpiar a Inojin-kun antes de que regrese Ino y nos mate a todos.
-Pues deberías calmarle la boca a tu mujer, Chouji- dijo Sasuke, acercándose a su hija.
-¿Qué has dicho?
-Lo que oíste, gor… - pero Naruto y Shikamaru le habían tapado la boca.
-Sería muy mala idea hacerlo enojar en un lugar tan pequeño, ¿no crees?- le susurró Naruto a su amigo.
Inojin volvió a llorar, pataleando. Se estaba cansando, quería que todos se fueran y lo dejaran solo, pero más que nada, quería a su madre ya…
-¿Qué está pasando? ¿Por qué tanto alboroto?- preguntó Sai, confundido. Vio a todos sus amigos lanzándose fuego entre sí, el desastre en el corral de los niños y a su bebé en brazos de Sakura- ¿Qué le pasó a Inojin?- preguntó y todos comenzaron a hablar.- No les entiendo… ¿qué está…?
-¿Sai?- una voz hizo que todos se volvieran. Incluso el inquieto de Inojin, quien intentaba soltarse de la tía Sakura. Al ver a su madre ahí parada, con un pastel de cereza en la mano, el cabello perfectamente peinado, vestida con un precioso vestido blanco con rosa y una sonrisa en su rostro… Inojin no pudo soportarlo.
Comenzó a llorar todavía peor que antes, moviéndose inquietamente y estirando los brazos hacia su madre. El gesto le rompió el corazón a Ino.
Caminó el corto trayecto hasta su amiga y antes de poder estirar las manos para que le diera a su hijo, él ya se había lanzado hacia ella, rodeándola fuertemente con sus bracitos y piernitas, llorando como nunca antes había llorado. Ino lo abrazó.
-¿Qué pasa, amor? ¿Por qué lloras…? Y, ¿por qué estás lleno de tomates?- se volvió a sus amigos- ¿Me quieren decir que diablos está pasando?
-Bueno… nosotros…
Inojin dejó de prestarle atención a todo a su alrededor.
No entendía por qué había tanto alboroto, o por qué su padre lo había cambiado de esa manera, o por qué fue él quien lo levantó desde la mañana, tampoco entendía por qué sus primos lo molestaban siempre o por qué su padre repetía continuamente "cumpleaños, cumpleaños"
Él estaba realmente feliz ahora. Tenía lo que desde la mañana había estado deseando: estar en brazos de su madre, porque él, a sus ahora finalmente dos años, rodeado de todas esas personas, oyendo los reclamos de mamá y oliendo asquerosamente a tomate, él sólo podía ser feliz por una sola razón.
Porque él era el niño de mami. Y él amaba a su mami con todas sus fuerzas.
Lo demás, le importaba un demonio.
Bueno, bullying a Inojin! Pobrecito u.u
*Megone significa cuatro-ojos(creo que así se escribe)
Bueno, espero sus reviews! Besos, nenes!
-YunaL.
