IV.

.

.

.

Hinata

.

.

¿Podrías imaginarte la noche más tormentosa de todas?

No sería muy difícil materializar en tu mente como el agua cae torrentosamente y sin control sobre las copas de los árboles y los techos de las casas. El cómo el cielo está totalmente acaparado por nubes más gruesas con una oscuridad similar a la del carbón de una mina. Las carrozas paralizadas en las calles a causa del espeso fango que encarcela sus ruedas sin piedad, y un desgastado y lamentable par de botas que luchan contra él sin lograr mucho al respecto.

.

.

La melodía de las perfectamente afinadas teclas de un Piano resonaba entre aquellas paredes. Sólo una persona que las acariciase y oyera su ritmo, su compás y lo desgarradoramente triste que era la canción en la plena oscuridad y resguardo de un salón de música. El platillo que portaba la vela se encontraba en la mesa con las flautas y las guitarras; Sin embargo, no había ninguna llama en la punta de dicha vela, ningún calor que irradiara o que se necesitase en una noche tan fría. Por lo menos no para el sujeto que se encontraba ahí.

Con cada nota tocada, recordaba su oscuro pasado, los momentos que vivió hace muchos años antes de llegar a ser lo que era en aquél momento. Siempre se atropellaban los recuerdos en una mente tan habilidosa y en una memoria impecable de ese tipo de personas, y más en la de él, que siempre lo asaltaban sin permiso cuando sus dedos fríos rozaban la figura del piano. Su cara no lo reflejaba, por supuesto, nunca lo había hecho. Suponía que aquellos horrendos días habían terminado hace algunos años, y al parecer así era, no tenía razones para pensar lo contrario. Desde que llegaron a aquella casa, las cosas se habían vuelto tan tranquilas que hasta incluso llegaba a aburrir el tiempo que pasaba demasiado lento.

La melodía se encontraba en su fase máxima, que podríamos llamarle el clímax de la historia que estaba siendo contada. Sasuke tenía cuidado de no dejarse llevar por sus emociones, de no aplicar más fuerza de la que debía, ya que si se descuidaba un poco podría quebrar alguna parte del instrumento. Odiaba el piano, siempre lo hizo, odiaba el hecho de que al tocar sus pensamientos y recuerdos se revivieran como si volviera al pasado que trataba de olvidar, odiaba las sensaciones casi humanas que un pedazo inmenso de madera y marfil le hacían sentir y odiaba el tener que contenerse al tocarlo de aquella manera… al fin y al cabo, todas las cosas creadas por los humanos eran demasiado frágiles.

Estaba a punto de llegar a la nota final, a la conclusión de aquella tortura involuntaria pero obligatoria, cuando sus agudos oídos escucharon un débil estruendo más allá de la música, de los relámpagos o de la lluvia. La nota final no llegó. Sus manos se enterraron en las tablillas de marfil provocando una sola nota aguda y grave a la vez.

Se había enfadado. Habían frustrado su ritual.

Se puso de pie, irritado por la interrupción tan ridícula que había presenciado. ¿Cómo era posible que un sonido tan vanal como el toqueteo en las puertas de la casa pudiera deshacer toda aquella red de notas? Era frustrante la manera en que su instinto le dio tanta importancia a eso.

.

.

.

Un relámpago iluminó por un segundo la alcoba del hermano menor, destellando hasta dejar ver el último rincón de aquéllas cuatro paredes que configuraban un salón casi inmenso y elegante. Se pudo notar las bien delineadas sombras de las cuatro patas de una silla acomodada frente a las puertas que dirigían al balcón. Las puertas abiertas del ventanal que eran atacadas por un feroz viento y gotas que acuchillaban la noche y las cortinas de terciopelo, se convulsionaban en movimientos y destellos color zafiro húmedo. Con cada ráfaga, una línea de gotas de actitud demencial manchaban la punta de unas relucientes y elegantes botas negras, que se postraban en aquella silla con encajes lujosos.

Brillaban sin dejar de menearse infinitos cabellos rubios despeinados. La corbata que llevaba Naruto al cuello también se sacudía ante los aires fieros, pero a éste parecía no importarle ni lo más mínimo. Se limitaba a disfrutar del clima, el agradable olor a bosque empapado y a electricidad de las nubes.

Los mechones de su pelo no era lo único que brillaba en la habitación, y por menos no eran lo que más resaltaba. En ese momento los ojos del hombre no eran de su color habitual, estaban invadidos por una sábana roja de salvajismo y mostraban la verdadera naturaleza de aquellos seres. Parecían un par de llamas encendidas en la noche, que bien podrían iluminarlo todo. En los portabrazos de la silla se encontraban sus angulosos y musculosos codos postrados con elegancia a la vez que sus definidos dedos se paseaban jugueteando con el contorno de su boca, delineándose él mismo las líneas de sus labios, pasando por su barbilla hasta comprobar la mortalidad y el filo de sus presentes colmillos.

Todo al son de una melodía de piano lejana y el sonido de las violentas gotas en el tejado.

–La noche es hermosa. –Comenzó Naruto. –Me encantan las tormentas. Sentir como algo tan real como el cielo puede llegar a ser una bestia como uno mismo.

Separó la mano de su boca y la alargó a la orilla de su cama para tomar en ella a otra delicada mano que se encontraba ahí.

–Tan bella y deliciosa como usted… ¿No lo cree así, my lady? –Comentó él al tiempo que llevaba dicha mano pálida hasta sus labios y la besaba de una manera muy delicada y formal.

La mujer que se encontraba en la cama tal vez le hubiera respondido un par de horas atrás, pero ahora ya no podría hacerlo. No había pulso en aquella joven mano, que se escurría por la orilla de la cama, al igual que no existía vida en aquellos ojos que miraban entreabiertos el infinito mientras que otros iris centellaban vitalidad sobrehumana de un tono apasionado, adornados con una pupila alargada como la de cualquier animal.

.

.

.

El golpetear de las puertas sonaba por encina de los truenos. O por lo menos eso intentaba causar aquella figura encapuchada y bañada en lodo que se encontraba en el portal principal de la mansión de los hermanos Hatake. Al parecer pretendía causar dolor de cabeza, y justamente eso cruzaba por la mente del adinerado Sasuke, que hecho una fiera a causa de la interrupción, había cruzado la distancia equivalente a toda la extensión de aquella casa para averiguar lo que estaba pasando. Pensaba en la pobre e indefensa persona que sería su presa de esa noche al abrir la puerta.

Se materializó frente al portal desde dentro del salón principal y veía como se sacudían a causa de los frenéticos llamados, acompañados de una voz que gritaba, difuminada por el ruido del cielo.

–Señores Hatake ¡Se los ruego! Abran la puerta. –repetía aquella voz.

Nadie hubiera podido confirmar si en ese segundo, la perilla dorada de la puerta giró completamente para abrirse. La repentina aparición de la figura alta de un hombre joven, hermoso, amenazante y con ojos furiosos dejó sin respiración a la pequeña persona que había llamado a la puerta.

–¿Qué demonios quieres, campesino? –Reprendió Sasuke. El humano tardó en articular palabra.

–Déjeme trabajar para usted. –gimió la voz.

El ceño del joven no hizo más que fruncirse más y llegó a percibir el tono algo agudo de aquella voz, acompañado de un olor humano generalizado que conocía muy bien.

–No.

fue la única respuesta que pudo escuchar la persona de la capucha, seguido casi imperceptiblemente por el portazo de la puerta en su propia cara. Había rumores de que los Excéntricos hermanos Hatake podrían ser reservados a la convivencia con otros pueblerinos pero eso era algo demasiado descortés. La figura se paralizó un segundo antes de que la sangre calentara las venas de su cuerpo a causa del enfado repentino, que por un momento llegó a acaparar los temblores que sufría el pequeño campesino por el insoportable frío.

Volvieron a llamar a la puerta, y esta vez los golpes fueron más fuertes y decididos.

–Señor Hatake. –Repitió el encapuchado con valentía.

Pero aquella determinación no trajo nada bueno. La persona no pudo advertir el momento en que las puertas volvieron a abrirse, sólo pudo sentir cómo una delgada y fría mano aprisionaba su cuello ejerciendo una presión demoníaca. Su ser quería gemir, pero no se le fue permitido. También quería respirar, pero también le era denegado.

–Insolente campesina. Te atreves a irrumpir en casa ajena de esa manera más de una vez. –Espetaba Sasuke agregando más fuerza al mortal agarre, ahogando a su víctima. –Un gusano arrastrándose en el fango hasta aquí para gemir por trabajo… Lo único que mereces es morir de frío.

Soltó a la mujer sin cuidado en el suelo. Un golpe sordo se escuchó seguido de una desenfrenada tos en busca de aire.

–Déjeme… –Decía entre jadeos. –…Trabajar para usted. –Sasuke la miraba con recelo. –Se lo suplico, Señor. Por favor. Mi padre… está enfermo y necesita medicamento. No le pido dinero sin más, no le pido el medicamento sin más. Solo déjeme servirle. Le seré útil.

–En esta casa las mujeres sólo son útiles para un par de cosas. –susurró con malicia el hermano.

Unos ojos completamente impactados se clavaban en él desde debajo de la capucha empapada, con incredulidad y terror plasmados en ellos. Buscaban en aquella cara color mármol alguna alternativa, una muestra de compasión aunque fuera mínima, pero todo sería en vano.

Los hermanos Hatake no conocían tal cosa.

–Oye, ¿Por qué tanto alboroto? Es media noche . –Dijo una silueta casi empapada que se materializaba desde el fondo de las escaleras. –Por todos los cielos, exijo una explicación.

–Tenemos una petición de empleo. –musitó Sasuke.

–¿Qué estás diciendo?

Naruto se situó justo cerca de la entrada, a un lado de su hermano para confirmar lo que sus oídos escuchaban. Un bulto del tamaño de una persona o de un animal grande se encontraba titilando de frío en su puerta, mugriento de la cintura hacia abajo y con una apariencia destruida. Quiso mirar al ser vivo más de cerca y pensó en inclinarse, pero justo cuando lo hacía, la figura se arrastró hasta sus pies, sin ponerse de pie, casi haciéndolo saltar. Lo que sus ojos (ahora azul brillante de nuevo) captaron en primera instancia fue una delgada mano que surgía de entre la envoltura de ropajes. Delicada como el pétalo de aquellas rosas del jardín, se alargó hacia él sin intención de violencia y con la punta de sus dedos tocó la piel húmeda de una de las botas del hermano rubio. Un gruñido se escuchó de la garganta de Sasuke ante el gesto; Sin embargo, Naruto vio a la personita moverse.

La campesina levantó su cabeza del suelo, en un movimiento lo suficientemente brusco como para echar la gruesa capucha que vestía hacia atrás. La sucia tela resbaló por las enredadas y mojadas líneas de su cabello que era casi totalmente oscuro de no ser por algunos singulares destellos eléctricos. El joven, con un vistazo rápido notó la deformada trenza que en algún momento del día habían intentado tejer y que se escondía por detrás de la gruesa tela del gorro de la gabardina, el viento la enmarañó toda y el agua la había escurrido haciendo que ésta se pegara en mechones a lo largo del cuello de la mujer. O mejor dicho, de la chica. En su mente se registró de inmediato que esa criatura no sobrepasaba los Dieciocho años de edad humana, sus facciones y su tamaño aún la delataban.

Pero eso no era lo que más impactaba.

Debajo de aquella maraña de cabellos alborotados se destacaban unos ojos demasiado particulares hasta para ellos. Brillaban casi como los suyos al terminar de beber la sangre de una mujer, pero con el reflejo de un alma verdadera en sus profundidades coronada de un iris gris tan pálido como el de una perla de la mejor calidad… demasiado atrapantes para ser humanos. Y lloraban, se podía distinguir perfectamente las gotas de agua de tormenta a las gruesas lágrimas que procedían de ellos.

–Mi padre está a punto de sucumbir a la enfermedad, mi señor. Necesita medicamento lo antes posible y mi familia no tiene dinero para conseguirlo. Le suplico a ambos permitirme trabajar para ustedes, en su casa. Le ruego me escuche. Estoy desesperada. –Recitaba una vez más la voz de la chica que se quedaba sin aliento, con un tono de súplica que llegaba a ser perturbante.

Sus lágrimas seguía rodando y se hizo el silencio entre aquéllos silbidos del viento nocturno. Ninguno de los tres dijo palabra alguna, no por un par de largos minutos. Sasuke no relajaba su expresión de fastidio ante todo ese teatro, la chica no apartaba la vista del hombre que tenía de frente ni parecía tener intención de remover su mano de la bota hecha a la medida, y con respecto a Naruto… se había quedado petrificado.

Los hermanos Hatake no conocían la compasión.

Los ojos color zafiro del joven se tornaron serios, sin expresión alguna. El rostro de la chica buscaba en ellos alguna pizca de lástima, como lo había hecho con los anteriores ojos oscuros de Sasuke… pero no pudo encontrar nada. En el fondo sólo había vacío.

La bota de Naruto se alejó repentinamente de su mano temblorosa en un gesto que podía llegar a ser descortés. Sucedió al momento en el que la pequeña esperanza que guardaba ese rostro adolescente de esfumaba como el vapor.

–¿Quién eres, campesina? –Cuestionó el hermano menor.

–Hinata. Hinata Hyuuga, mi señor. –se apresuró a responder. –Vivo a las afueras del pueblo, cerca del camino principal. Mi familia no es importante ni tenemos alguna reputación, no ha oído hablar de nosotros, con seguridad.

–No. No lo hemos hecho. –Interrumpió Sasuke.

–¿Y qué te hace pensar que venir a sollozar a nuestros pies en un día como este va a darte privilegios en esta casa? –Salieron frías las palabras de la boca de Naruto. –Las únicas personas que entran aquí son nuestras invitadas. Y tu no tienes invitación alguna.

–Eso lo sé. Sé que he interrumpido sus asuntos, que he molestado su tranquilidad. Pero necesito con urgencia un trabajo y nadie en el pueblo me dará uno. –Su mirada se tornó decidida y fuerte por un segundo, susurrando. –...Y no estoy dispuesta a vender mi cuerpo por dinero.

Los dientes del rubio se apretaron y su mandíbula se tensó de un modo casi imperceptible.

–Que lástima… Desperdicio de un hermoso botón de rosa. –Fingió una sonrisa.

–Me encargaré completamente de las labores de su casa. Le prometo que ninguno de los dos tendrá que preocuparse por la limpieza, la comida o el cuidado de su inmenso hogar nunca más. He notado que no hay servidumbre y todo Lord necesita personal en su predio tarde o temprano.

–No necesitamos servidumbre… –Dijo Sasuke.

–No, no, espera hermano. –Naruto levantó la mano en advertencia. – creo que sus palabras tienen algo de razón…

–¿Te has vuelto loco? Esta casa se ha mantenido perfectamente sin criados por años.

–¿Y alguna vez has llegado a notar la gruesa capa de polvo en los estantes?

–Estás diciendo tonterías. –Le espetó Sasuke mirándolo con furia a los ojos. –No necesitamos servidumbre.

Y la joven solo tenía la capacidad para observarlos. Ambos manteniendo sus miradas en alto, con ceños fruncidos y transmitiéndose intensos mensajes que jamás podría llegar a descifrar. Pasaron otro par de interminables minutos antes de que Sasuke hablara.

–Tú te encargarás de ella, ¿Me escuchas? –Le farfulló enfadado a Naruto, pero demasiado serio. –Es tu responsabilidad si decides romper las reglas.

Naruto sólo soltó una corta carcajada y logró guiñarle un ojo a su compañero.

–¿Estás completamente segura de lo que solicitas, pequeña? –Se inclinó hacia ella con una hermosa y algo trémula media sonrisa.

–Si, Señor.

–Perfecto, entonces. –Se ensanchó la sonrisa hasta ampliarse totalmente. –Debes saber que las reglas de esta casa son muy numerosas y complicadas. Y la más esencial de ellas es que si en realidad deseas trabajar aquí, tendrás que olvidarte de toda tu vida anterior.

Los ojos de Hinata se abrieron como platos tratando de digerir cada una de las palabras que aquél hermoso ser pronunciaba. Se olvidaría de su antigua casa, de su antigua familia y de su antigua vida si aceptaba el acuerdo, entre muchas otras reglas desconocidas más… Sin embargo, su padre no soportaría mucho tiempo en el estado en el que se encontraba, no sin un medicamento demasiado caro como para conseguirlo por su cuenta, ni siquiera con el dinero que llevaba su primo a la casa se podría conseguir el tratamiento adecuado. La vida de su padre ahora colgaba de sus manos y la propia vida de la adolescente colgaba de las manos de aquél misterioso hombre sonriente frente a ella.

–Tan sólo con el hecho de que me permita hacerle llegar ese dinero a mi padre. Esa sería mi única petición… –Suspiró hondo, pero con decisión. –De hoy en adelante le prometo que me encargaré de toda tarea que la casa requiera y le seré fiel hasta que usted lo decida, mi Señor.

Logró escaparse un destello de curiosidad de lo profundo de los ojos del señor que le sonreía a una pequeña joven que temblaba del frío.

–Seguro que lo harás, querida. –Alargó su brazo para tomarla de la mano. –Y sé con seguridad que podrás adaptarte a las particulares reglas de esta casa… Yo lo sé.

Se llevó su mano a su boca y, sin apartar la mirada de esos peculiares ojos gris deslavado, le besó el dorso de la mano sintiendo la diferencia de temperaturas entre la hermosa joven que sería de ahora en adelante la mucama y la mujer que había llevado a su habitación.

.

.

Y fue así como en aquella, la noche más tormentosa de todas, llegaría a la casa el primer ser humano que descubriría la mayor parte de los secretos de aquellos dos solitarios y adinerados hombres.

Y fue en aquella noche, cuando por primera vez uno de los hermanos Hatake conoció la compasión.


Y aquí la entrega del cuarto relato, la llegada de Hinata a la casa de los Hatake.

Perdón si es corto o si es escaso de romance, pero me parecía importante destacar la manera en la que la mucama que guarda todos los secretos llegó ahí. Se imaginarán todo lo que tuvo que pasar después de eso para llegar a ser la Hinata que Sakura llegó a conocer. 3 años con los hermanos, para ser exactos.
Eso es un dato extra para el que lea la nota ;)

Ojalá sea de su agrado y dejen review!

pd: sé que el #3 lo subí apenas ayer, pero mi mente quería digitalizar toda esta escena cuanto antes, así que no pueden culparme. No prometo fecha para la próxima actualización ya que el lunes entro a clases y tengo pendientes de la escuela para ese día -.-

¡Espero que pasen un muy buen día, tarde o noche!