Lazos del destino


Capítulo 4

Promesa vacía


Jamás creí que poder sentir tanto miedo como el que padecí en ese momento. Las tinieblas que una vez me acogieron con los brazos abiertos para proporcionarme calidez ya no existían. De hecho, dudaba que pudieran aportarme la misma sensación que en el pasado. Ni siquiera lograba entender cómo era posible que mi percepción hubiera cambiado tantísimo. En ese instante solo pudo rodearme una sensación horrible de soledad y angustia, una que solamente me permitía contemplar el enorme vacío situado ante mí.

Aquel gran abismo sin fin me observaba desde sus profundidades, probablemente ansiando que cayera dentro para retenerme allí. Sin embargo, permanecer en su interior no parecía ser muy diferente a contemplarlo desde mi posición.

Perdida en la gran negrura infinita, no supe muy bien a dónde mirar, no al menos hasta que una gota templada se estrelló en mi cabeza y me obligó a alzar la vista casi de inmediato para buscar su procedencia. Una nueva gota me dejó desorientada, incapaz de ver más allá. Me llevé la mano a la frente para recoger parte de aquel líquido con la yema de los dedos e intentar averiguar de qué se trataba. Por algún motivo, en medio de toda aquella oscuridad era capaz de verme a mí misma, de ver mi cuerpo. Por ello, abrí de par en par los ojos sorprendida por el color escarlata que decoraba mis finos dedos. No había duda de que se trataba de sangre.

Me encogí por inercia con las irreprimibles ganas de hacerme más pequeña, de esconderme de quien fuera que quisiera hacerme daño en aquel lugar. De cuclillas, abracé mis piernas mientras me esforzaba por controlar el temblor que me asolaba, pero parecía completamente inútil. Entonces, para más inri, una avalancha de imágenes bombardeó mi mente con claras intenciones de martirizarme y de despertar todos aquellos miedos que habían permanecido sellados en mi interior. Solo pude distinguir siluetas borrosas que avanzaban hacia mí sin detenerse, chirridos inquietantes, pasos escalofriantes y un fuerte grito acompañado de un golpe sordo que puso fin a aquella terrible pesadilla.

Detestaba que en aquella ocasión el volver a la realidad hubiera tenido que ser de una forma tan angustiosa, al contrario de lo vivido el día que desperté en el hospital. Pero al menos, sabía que de momento todo aquello había acabado. Me encontré en un estado de trance en el que, aún con los ojos cerrados, sabía que comenzaba a despertar lentamente y que volvía a adquirir todas y cada de mis capacidades. Cuando me sentí capaz de ello, abrí los ojos. Tenía bastante calor acumulado en la parte superior de la cabeza mientras que el frío me abrazaba en el resto del cuerpo. Sin saber muy bien qué hacer, solo moví las manos para arroparme mejor y girarme un poco hacía la izquierda, de cara a la pared. Ya me había dado cuenta de que me encontraba en mi habitación completamente sola y de que había una pequeña lámpara encendida no demasiado lejos de mí; una que alumbraba realmente poco. No obstante, mis fuerzas no daban para más, ni siquiera para detenerme a contemplar otros detalles o a pensar cómo habría llegado hasta allí. Pronto, volví a sumergirme en otro sueño más ligero y exento de terrores nocturnos.

La segunda vez que desperté de mi letargo fue a causa de unos pequeños movimientos a mi lado. No fueron lo suficientemente bruscos como para molestarme, pero en ese momento mi cuerpo cansado detectaba con facilidad toda acción directa sobre mí, o eso pensé. Pestañeé unas pocas veces hasta lograr visualizar una imagen nítida que me permitiera comprender lo que ocurría. Estuve a punto de sonreír cuando los mechones azabaches de Kimber me rozaron la mejilla con suavidad. El cuerpo de la pequeña se hallaba encogido junto a mí, muy pegado a mi brazo y con la cabeza ligeramente apoyada sobre mi hombro. Su rostro angelical indicaba que se encontraba descansando y sumida en un profundo sueño.

-Se lo he advertido varias veces, pero no me ha hecho caso.- me exalté al escuchar la voz de Levi a mis espaldas. Estaba tan concentrada en la pequeña que no me había parado a comprobar si estábamos solas en la habitación.

Me giré con lentitud, convencida de que realizar movimientos precipitados y bruscos no debía ser una buena idea. Los ojos de Levi habían estado contemplándome en todo momento, por ese motivo nuestras miradas se cruzaron cuando me acomodé en aquella nueva postura. Era de noche, ya que la luz del día no se filtraba por las ventanas del cuarto, además, aquella lámpara seguía encendida. Levi se situaba no muy lejos de mi acomodado en un sillón mullido que no había visto antes. Debía haberlo sacado de algún sitio. En su regazo tenía un libro abierto por la mitad y una de sus manos posada sobre él evitando que se cerrara.

-T-tu… trabajo…- logré vocalizar. Mi voz sonó espantosamente mal, como si alguien me hubiera arrancado las cuerda vocales para impedirme hablar. Ronca y maltratada. Incluso al hombre junto a mi pareció desagradarle.

-No es algo de lo que debas preocuparte.- se apresuró a tranquilizarme. No podía resultarme más extraño que hubiera dejado su trabajo de lado para quedarse a mi lado. Sobre todo, teniendo en cuenta lo importante que éste parecía ser. Aunque tampoco supe muy bien si estaba en lo cierto, ya que había pasado la mayor parte del tiempo durmiendo. A lo mejor simplemente Kimber y yo nos habíamos quedado al cuidado de otra persona y él solo había regresado a casa antes de lo usual. De hecho, era la opción más viable dadas las circunstancias. Casi me sentí avergonzada por haber causado tantos problemas teniendo en cuenta lo bien que iba mi recuperación. Aquel incidente sin previo aviso no tenía razón de ser para mí, no cuando ni siquiera existían síntomas evidentes ni malestares que anticiparan una recaída. –Céntrate en recuperarte, sino la mocosa no dejará de dar la brasa.

Asentí brevemente con la cabeza provocando que Levi se levantara de su lugar para salir del cuarto y dejarme sola con la pequeña. La niña se removió al escuchar la puerta y no tardó en abrir los ojos y emocionarse al verme despierta.

-¡Mikasa!- me abrazó con fuerza incapaz de dejar de sonreír alegre. Era evidente que se alegraba de que estuviera recuperada. Podía imaginarme lo preocupada que debía haber estado el tiempo que había permanecido en cama recuperándome. -¿Estás bien? ¿Ya te has curado?- se precipitó sin darme tiempo a responder ninguna de sus preguntas. –No vuelvas a asustarnos así.- me reprochó sin aflojar el abrazo.

-Ya estoy mejor, no tienes de qué preocuparte, Kimber.- le dije con firmeza para tranquilizarla. Mi voz ya sonaba algo más natural y menos forzada. Ella asintió confiando en mis palabras y acto seguido se las ingenió para pasar por encima de mi cuerpo y acercarse a un balde de agua fresca que permanecía en el suelo y que no había visto anteriormente. Me retiró la pequeña toalla que se había quedado pegada al sudor de mi frente y la remojó para volver a colocármela después. Me pregunté cuántas veces habría realizado aquella acción desde que estaba dormida.

Miré a Kimber con gratitud, dejando que me cuidara y entonces, sin previo aviso volvió a abrazarme. Me sentí un poco mal por haberla preocupado tanto, pero no era algo que estuviera en mis manos, porque de ser así, lo habría evitado a toda costa.

-Oye, mocosa.- la llamó Levi desde la puerta. –Mikasa necesita descansar, no la agobies.- le advirtió con tono de voz neutro, pero ella lo ignoró hasta que no le quedó más remedio que apartarse y dejar que su padre colocara la bandeja con comida que acababa de preparar sobre la mesilla a mi lado. Pude ver un cuenco rojo con sopa en el interior, dos piezas de fruta y un trozo de pan. –Te sentará bien comer algo.- Me ayudó a sentarme y después depositó el cuenco entre mis manos permitiéndome disfrutar de aquella cena tan acertada.

-Gracias, Levi.- susurré sin obtener ni tan siquiera una mirada a modo de respuesta. El hombre se había vuelto a sentar en el sillón y Kimber había encontrado un hueco en su regazo desde el que podía verme comer con claridad.

-Un médico vino a verte mientras aún dormías.- comenzó a explicarme, yo seguía concentrada en llenar mi estómago al tiempo que le prestaba atención.

-¿Cuánto hace de eso?- quise saber.

-Tres días. Llevas tres días en cama.- concretó. Me asustaba pensar que durante aquellos trances el tiempo transcurriera sin ningún control y, sobre todo, sin tenerme en cuenta a mí. –Todo está bien, solo necesitabas descansar.

-Papá se enfadó con el doctor porque estaba muy preocu…-

-Kimber, a la cama.- le cortó de inmediato sin permitirle terminar. La niña hizo un mohín en desacuerdo con su padre, pero ambas sabíamos que aquellas indicaciones no podían contradecirse. Por eso, Kimber se acercó de nuevo a mí para depositar un beso en mi mejilla y desearme buenas noches. Después los dos salieron de mi habitación.

-Si necesitas algo, llámame.- fue lo último que dijo Levi.


Lo que más lamentaba de aquellos tres días en los que me había ausentado, a parte de los quebraderos de cabeza que debía haber propinado a Levi y a Kimber, era el escaso tiempo que me quedaba allí. En unas dos semanas regresaría a mi hogar y tendría que dejar atrás a las dos personas que hasta entonces habían sido como una familia para mí. Al menos, me aliviaba saber que podría seguir visitando a la pequeña de vez en cuando siempre que tuviera la oportunidad. Y seguramente, Levi tendría que depender nuevamente de Petra para que cuidara de la niña al menos hasta que terminara el verano, sin embargo, me inquietaba que continuara en ese tipo de trabajo que no le permitía descansar lo suficiente.

Según el informe del doctor que vino a revisarme mientras permanecía dormida, mi desfallecimiento tenía origen en la falta de descanso y en la acumulación de estrés. Algo que no entendía. Desde que había llegado a aquel lugar no había realizado tareas que requirieran un sobreesfuerzo, tampoco me encontraba cansada al realizarlas. Por eso, para mí no había sido más que un colapso sinsentido que no tenía razón de ser y que podía haberse dado en cualquier otra circunstancia.

Aquel día lluvioso Kimber y yo nos quedamos en el salón viendo una película y leyendo algunos de los libros nuevos que le habían regalado el día de su cumpleaños. La pequeña se mostró impaciente por leer de nuevo conmigo tal y como hacíamos cada noche. En cuanto vi que comenzaba a dejarse llevar por el sueño la convencí para que se fuera a la habitación. En esa ocasión no me pidió que la llevara en brazos, en vez de eso, me agarró de la mano y ambas subimos al unísono. Nos dimos las buenas noches y la dejé descansar, aunque aún era bastante temprano. Más de lo usual.

Cuando terminé de bajar las escaleras mi móvil empezó a sonar y antes de mirar la pantalla supe quien era. Solo una persona sería capaz de realizar una llamada telefónica a aquellas horas: mi madre. No había contactado con ella desde el día anterior al cumpleaños de Kimber y esperaba que no se hubiera enterado de lo ocurrido porque conociéndola no tardaría en presentarse en el lugar sin pensárselo dos veces.

-Todo va bien, mamá.- dije finamente tras estar unos cuantos minutos escuchándola. Parecía ansiosa por decirme un montón de cosas y al final no esperaba a que pudiera responderle a todo lo que me planteaba. Parecía un monólogo en el que yo solo me limitaba a escuchar. –Lo sé, no tienes de qué preocuparte. Mi salud es perfecta y no ha habido ningún incidente. Buenas noches, que descanses.- terminé colgando al tiempo que soltaba un largo suspiro. No sabía si había sonado lo suficientemente convincente como para que se quedara tranquila durante unos pocos días más.

-Mientes fatal.- escuché a mi lado. La puerta de la cocina acababa de cerrarse y Levi, para mi sorpresa, había regresado extrañamente temprano. También parecía haber escuchado toda o parte de la conversación. Al menos, las pocas palabras que salieron de mi boca.

-¿Eso crees?- pregunté. –Ella parecía creerme.- Levi apartó la mirada para centrarse en las botas llenas de barro que había dejado en un rincón con intenciones de limpiarlas por la mañana.

Me dejé caer en la silla, en ese momento empecé a sentirme un poco fatigada sin motivo alguno. Cuando me di cuenta Levi se había acercado a mi manteniendo un rostro serio y analizándome con detenimiento sin convencerse del todo de algo que yo no entendía.

-Estás pálida.- soltó repentinamente. Mi tono de piel usual era similar al de la porcelana, pulcro y blanco. Por eso no alcanzaba a comprender cómo podía haberse dado cuenta de que el color había abandonado mi rostro.

Ignorando mi mirada llena de dudas, Levi se apresuró a acercarse más a mí hasta que entre nosotros solo quedaron unos pocos centímetros. Percibí con claridad su respiración tranquila, totalmente contraria a la mía que empezaba a descuadrarse y perder su ritmo usual dada la cercanía. Cerré los ojos instintivamente cuando presionó con suavidad su frente sobre la mía tras haber apartado algunos mechones de mi flequillo. Mi corazón latió desbocado esperando algo más, deseando sentir de nuevo todas aquellas sensaciones indescriptibles que habían regresado a mi memoria.

Sin embargo, Levi se apartó repentinamente.

-No tienes fiebre. Aún así, será mejor que vayas a descansar.


No creí que recuperarme de algo fuera a molestarme tanto. Cuando mi estado regresó completamente a la normalidad, la actitud de Levi hacia mi cambió totalmente. En realidad, tampoco era algo fuera de lo usual, se ausentaba cada día como de costumbre. Sin embargo, empecé a sospechar que se trataba de algo totalmente diferente cuando comenzó a evitar mirarme directamente a los ojos y cuando lo hacía, jamás excedía de los tres segundos. Pero no solo eso, nuestras conversaciones escasearon de sobremanera y sus contestaciones se convirtieron en monosílabos que me arrebataban todas las ganas de intentar buscar una manera de acercarme a él o de comprender qué ocurría.

Pronto, todo lo que sucedió aquella noche me pareció un sueño lejano, una falsa ilusión que mi mente había creado con intenciones de engañarme y ofrecerme una sensación irreal de satisfacción. No me habría importado en otras circunstancias, no obstante, me molestaba de sobremanera sentir que ya ni siquiera merecía su atención.

Gracias a la repentina visita de Hanji, pude permitirme dejar de pensar en ello, así como en las pesadillas que de vez en cuando me acosaban de madrugada obligándome a despertarme repleta de sudor y con la respiración agitada.

La mujer de gafas y con el pelo caoba recogido en una coleta alta no se molestó en llamar a la puerta ni en comprobar dónde nos encontrábamos la pequeña y yo. Se adentró en la casa buscándonos sala por sala gritando nuestros nombres a pleno pulmón.

-¡Kimber! ¡Mikasa! ¡Tía Hanji ha llegado!- repitió varias veces derrochando energía por doquier.

Cuando salí del lavabo Kimber ya se encontraba colgada del cuello de la mujer como un koala. Hanji, por su parte, la agarraba con fuerza alzándola en el aire con movimientos un tanto peligrosos.

-¡Buenos días a ti también, Mikasa!- me saludó sonriente.

-Hanji… no te esperábamos.- admití inexpresiva tratando de comprender la situación. Ella se adelantó para agarrarme de la mano y tirar de mí al tiempo que zarandeaba las llaves de su coche en el dedo índice de su mano libre.

-Vamos, vamos, no pongas esa cara. Hoy vamos a pasárnoslo en grande, ¿verdad, Kimber?- preguntó a la niña que nos siguió hasta el coche aparcado fuera. –Yo me ocupo de cerrar la casa, id entrando en el coche.

Hice lo dicho, por suerte me había dado tiempo a coger el bolso que había dejado colgado de una de las sillas de la cocina. Ayudé a Kimber a sentarse sobre la sillita en el asiento trasero y a abrocharse el cinturón correctamente. Tras asegurarme de que todo estaba en su lugar, tomé asiento en el lugar del copiloto a la espera de que Hanji regresara.

El centro comercial al que nos llevó era inmenso, no recordaba haber estado nunca antes allí. Se situaba a las afueras de la ciudad y en el extremo contrario de la casa de los Ackerman. Disponía de unas seis plantas repletas de tiendas y restaurantes, un enorme jardín al aire libre, una zona de recreativas, cines y varios circuitos en los que practicar diferentes deportes y juegos. Podría decirse que lo tenía todo.

Primero dimos un largo paseo deteniéndonos en algunas de las tiendas que llamaron la atención tanto a la pequeña como a la mujer mayor. Después, cuando la hora de comer se acercó nos decidimos por un restaurante de pasta que Hanji recomendó y que nosotras aceptamos encantadas. Kimber no tardó en devorar su plato de espaguetis a la boloñesa para introducirse después en el pequeño parque junto al restaurante. Se trataba de uno de esos enormes toboganes repleto de túneles con diferentes caminos y cuya parte inferior estaba llena de pequeñas bolas de colores. Desde el lugar en el que Hanji y yo nos situabamos podíamos vigilarla a la perfección, además, no tardó en ponerse a jugar con otros niños de su misma edad, por lo que pudimos relajarnos un poco.

-Estaba muy bueno, ¿verdad?- preguntó Hanji echándose un poco hacia atrás para acomodarse en el asiento. Su camisa negra de tirantes se ajustaba perfectamente a su figura. Yo asentí con la cabeza, no estaba mal salir a comer fuera de vez en cuando. Aunque me resultó repentino que fuera Hanji quien se presentara de sopetón en la casa, a pesar de que ya nos hubiéramos visto unas cuantas veces tras el cumpleaños de Kimber. –Erwin y yo solemos venir mucho por aquí. Levi también nos acompañaba en muchas ocasiones, pero eso fue hace años.- contó con naturalidad, por un momento pareció sumergirse en sus propios recuerdos, unos que yo desconocía por completo y que en cierto modo envidiaba.

-La pasta estaba muy buena.- dije al fin sin saber muy bien qué tipo de respuesta esperaba de mi. Casi complacida, Hanji se inclinó hacia delante de nuevo posando ambos codos sobre la mesa para, acto seguido, colocar su barbilla sobre las palmas de sus manos que las empleó a modo de soporte. Me miró con cierta picardía, intimidándome. Mi instinto me avisó de que todavía estaba a tiempo de retirarme y evitar lo que estaba por venir.

-Y dime, Mikasa.- Me tensé cuando volvió a hablarme. -¿Cómo te va con Levi?- abrí los ojos de par en par tratando de controlar en todo momento mi sorpresa. No supe cómo reaccionar, ni tampoco cómo interpretar aquellas palabras, así que me quedé callada esperando a que el momento incómodo terminara de una vez por todas. Deseé con todas mis fuerzas que Kimber regresara del parque para que terminara abruptamente con la conversación, pero eso no ocurrió. Sin embargo, pensándolo mejor, llegué a la conclusión de que podría ser una buena oportunidad para comprender más cosas de aquel hombre que tantos misterios se guardaba para sí mismo. Si alguien lo conocía bien, aparte de Isabel y Farlan, esa debía ser Hanji pues ambos tenían un trato cercano.

-Todo va bien.- fue lo que salió de mi boca sin encontrar algo mejor que pudiera convencer a la mujer ante mí, la cual me analizaba como si fuera capaz de ver más allá de mis propias palabras. Parecía tener la capacidad de adentrarse en mi mente y descifrar todos mis pensamientos y sentimientos incluso mejor que yo misma.

-Ya veo… Siempre ha sido alguien distante y poco accesible, pero yo lo conozco muy bien a estas alturas.- confirmó casi como si comprendiera la situación tan tensa en la que él y yo nos encontrábamos actualmente.

-Antes… ¿también era distante?- me atreví a preguntar percibiendo que podía confiar en ella más que en cualquiera. Quizás no había formulado las preguntas correctas a la persona indicada el día que me decidí a averiguar cosas de Levi conversando con Petra. Pero algo me decía que Hanji guardaba todas y cada una de las respuestas que podían interesarme. –Me refiero a cuando su mujer…- mi voz se extinguió al no saber cómo terminar aquella frase que únicamente tenía el objetivo de concretar.

-Veo que te interesa saber más de él.- soltó una pequeña risilla maliciosa que logró sacarme los colores. Traté de apartar la mirada de ella pero volvió a atraparme con sus palabras. –El enano probablemente querría arrancarme la cabeza de cuajo si supiera que estoy hablando de su vida privada, pero a ti te lo contaré.- esas últimas palabras lograron que mi corazón saltara de emoción al poder obtener al fin respuestas. Hanji probablemente era consciente de eso por la manera en la que su sonrisa se había ensanchado. La mujer encendió un cigarrillo del cual inhaló con elegancia rodeando el pitillo con sus labios rojos. –Levi es gruñón por naturaleza.- concluyó. –Sin embargo, sí que es cierto que se le bajaron bastante los humos cuando la conoció a ella.- el estómago se me encogió al escuchar aquello. Era cierto que existían personas capaces de hacer mella en alguien hasta el punto de cambiar ligeramente el carácter del contrario. Que alguien ajena a mi hubiera logrado algo así con Levi me hacía sentir insegura e inferior. Sentimientos desagradables que no comprendía del todo. –A pesar de lo poco transparente que es, creo que era evidente lo mucho que la quería y apreciaba. Por eso, lo pasó realmente mal el día que la perdió.- se tomó unos segundos para exhalar todo el humo que había reprimido en su interior y después volvió a darle otra calada al cigarrillo. Su rostro se había ensombrecido un poco al rememorar aquellos momentos tan amargos. –Kimber era pequeña para recordarlo, Erwin y yo pasamos una larga temporada haciéndonos cargo de ella hasta que Levi volvió a entrar en razón. Aún así, sé que todavía vive atormentado…- su mirada se posó en mi unos instantes antes de que volviera a hablar. De pronto, su expresión cambió a la alegre y llena de vitalidad que solía tener normalmente. –Oh, pero no tienes nada de qué preocuparte, hasta los huesos duros de roer como el enano acaban cediendo. Hay cosas que están destinadas a suceder de determinada manera.

Suspiré sin percatarme de ello, no comprendía demasiado bien las palabras de Hanji, ni tampoco el sentido oculto tras ellas. Pero algo me decía que era mejor no darle más vueltas de las necesarias porque probablemente contenían detalles que escapaban a mi entendimiento.


En pocas ocasiones lograba pasar la noche sin despertarme ni una sola vez. Las pesadillas eran frecuentes en mis descansos. Si tenía suerte y éstas no resultaban ser terribles, entonces solo me despertaba unos instantes para caer presa del sueño de nuevo. Sin embargo, otras de las veces necesitaba bajar a la cocina para sentir que había regresado a la realidad y refrescarme con un poco de agua. Por desgracia, la única noche en la que creí que podría descansar sin que nada perturbara mis sueños, Levi se encargó de sobresaltarme en medio de la noche.

En tan inescrutable tranquilidad y, a pesar de que el noventa y nueve por ciento de las veces en las que llegaba de madrugada de trabajar su presencia era imperceptible, aquella noche Levi tuvo la brillante idea o el terrible descuido de dar un fuerte portazo al introducirse en el cuarto de baño.

Me asusté levantándome de golpe como un muelle. Mis ojos se abrieron de par en par dirigiéndose automáticamente a la puerta cerrada de mi habitación como si intentaran visualizar lo que hubiera tras ella. Supe que no podía haber sido nadie más, sin embargo me resultó extraño e impropio de él. Estuve a punto de volver a tumbarme y cerrar los ojos. Aquello no era algo que me importase o interesase, sobre todo porque tenía la sensación de que mi presencia le desagradaría. Eso era lo que había estado demostrando los últimos días. Y quizás, la mejor idea en ese momento habría sido dejarlo pasar, pero aquella vocecilla en mi cabeza no me dejaba tranquila y me impediría caer rendida por el sueño a menos que asegurara por mi misma que todo iba bien.

Así, mis piernas pronto se posaron en el suelo de madera fresco y se dirigieron hacia la salida del cuarto. Conteniendo la respiración y los nervios que andar de manera tan silenciosa me provocaban, asomé la cabeza por la pequeña apertura para comprobar en un primer vistazo qué era lo que ocurría. El pasillo continuaba sumido en la oscuridad, tal y como lo había dejado al adentrarme en mi propia habitación. Me zafé y caminé hasta el cuarto de Kimber asegurándome de que seguía sumida en un profundo sueño. Después, me giré incapaz de apartar la mirada de la puerta entreabierta del baño por la cual se filtraba luz.

Con total sigilo me acerqué hasta ella dejando atrás mi habitación, debatiendo conmigo misma si aquello sería lo correcto o no. Por un momento por mi cabeza se pasó la idea de que en el interior se encontrara otra persona completamente diferente. Levi jamás se habría dejado la puerta del baño abierta, aunque tan solo fueran unos pocos milímetros que requirieran aproximarse lo suficiente como para echar un vistazo dentro. Mucho menos habría pegado un portazo previamente a sabiendas de que tanto Kimber como yo nos encontrábamos dormidas.

Seguí acercándome a la puerta con los nervios a flor de piel, la sola imagen de Levi al otro lado con altas posibilidades de que se encontrara desnudo me inquietaba. Había llegado a esa conclusión por el sonido de la ducha que soltaba agua en abundancia. Era más que probable que pretendiera darse un baño a las cuatro de la mañana. Algo de vapor se filtró por el hueco que me tentaba a observar, sin embargo, me detuve antes de cometer tal error. Bajé la cabeza repitiéndome a mi misma que aquello no era correcto y que jamás podía volver a mirar a aquel hombre a la cara si en el momento en el que decidiera mirar me lo encontrara al otro lado observándome fijamente. Por eso, me di media vuelta dispuesta a regresar a mis dominios.

Otro golpe, seguido de un quejido llegaron a mí deteniendo mi avance y obligándome a la fuerza a quedarme parada en el sitio sin poder dejar de lado la idea de que quizás algo estuviera fuera de lugar con Levi. Me dejé llevar por aquel pensamiento incesante y terminé pegándome todo lo posible a la apertura de la puerta para averiguar qué ocurría en el interior, eso sí, sin estar del todo preparada para afrontar lo que pudiera encontrarme.

Por suerte, vi a Levi de espaldas a la entrada con la cabeza echada hacia atrás, probablemente con los ojos cerrados. El vapor inundaba la estancia impidiéndome ver con nitidez. Su pierna derecha se encontraba apoyada en el borde de la bañera de mármol, alejada del líquido humeante. Pero lo que me llamó la atención fueron los chorros de sangre que la bañaban por todas partes. A duras penas pude detectar la herida abierta de la que brotaba dicho líquido. Entonces, cobró sentido el quejido anterior que debió soltar al introducir la extremidad en el agua caliente. Por si eso no fuera suficiente, en la distancia detecté el color oscuro del agua que se había tornado rojiza, también el olor a hierro mezclado con alcohol que había en el aire cargado del interior. Una mezcla peligrosa.

Mientras yo continuaba de pie tratando de asimilar la escena ante mí, Levi pareció salir de su trance y comenzó a frotarse con fuerza todo el cuerpo para sacarse la sangre reseca restante que aún continuaba pegada a su piel. No paró hasta eliminar toda la sustancia. Me costó darme cuenta de que sus movimientos resultaban menos precisos de lo usual y ahí fue cuando recordé el aroma a alcohol en el lugar. Sus reflejos no debían estar demasiado afectados pero aún así, no cabía duda de que estaba ligeramente ebrio.

Cuando pareció que volvería a relajarse y a acomodarse en aquella bañera a rebosar de agua rojiza, centró toda su atención en la pierna herida que continuaba derramando sangre y goteando sobre las baldosas del suelo. Ese último hecho le molestó lo suficiente como para fruncir el ceño con rabia y atreverse a posar la esponja antes amarilla sobre la pierna. Me horroricé al pensar lo que estaba a punto de hacer. Debía encontrarse fuera de sí para tratar de frotar con tanto ímpetu una herida abierta que solo se desgarraría todavía más.

Abrí la puerta sin pararme a pensar en las consecuencias de mi actuación y no dudé en agarrar el brazo musculoso y definido de Levi para detenerlo en el aire. El hombre que no se había percatado de mi presencia hasta que había decidido pasar a la acción, pero solo me miró con un deje de sorpresa en completo silencio. Debía estar preguntándose qué hacía a altas horas de la noche inmiscuyéndome en una de sus duchas nocturnas, aunque a mí eso poco me importaba. Bastante me inquietaba de por sí que hubiera aparecido en la casa con tales heridas que debían ser atendidas en un hospital. No sabía su procedencia ni causa pero no era la primera vez que lo veía en tan malas condiciones y ya no solo me preocupaba su lamentable estado, sino la propia seguridad de Kimber. ¿Qué ocurriría si alguno de esos días Levi no regresaba?

-Suficiente.

Es lo único que pude decir. Pero él no contestó, permaneció en su sitio perdido en sus propios pensamientos mientras el vapor y los diferentes olores, tanto desagradables como agradables, nos envolvían a ambos. Le quité de la mano la esponja y la aparté de su alcance.

-Esa no es la manera… de tratar la herida.- añadí esperando que no rechazara mi propuesta de curársela. –Vamos, deja que te ayude.- ofrecí con la esperanza de que en esa ocasión escuchara mi petición y siguiera mis indicaciones sin resistirse.

Los ojos profundos de Levi no me abandonaron ni un solo momento. Me hice con la toalla azul que él pretendía utilizar para secar en primer lugar la pierna que todavía seguía fuera del agua en la misma posición. Palpé la superficie diversas veces presionándola lo menos posible, Levi no se quejó en ningún momento. La rodeé con un paño limpio y ejercí presión esperando que pronto dejara de sangrar, aunque probablemente necesitaría unos pocos puntos. Después, volví a agacharme junto a él cogiendo su brazo y obligándolo a levantarse con cuidado de que mantuviera el equilibrio con la pierna que aún seguía en el agua. Por suerte, no hubo ningún incidente. Rodeé su cintura con la toalla todo lo rápido que pude sin fijar mi vista en aquella zona y acto seguido me ofrecí como soporte para ayudarlo a caminar.

Coloqué su brazo derecho alrededor de mi cuello para que se apoyara en mí y ambos avanzamos con cuidado. Los mechones húmedos del hombre a mi lado me desconcentraban cada vez que rozaban mi mejilla con suavidad. Probablemente, me habría costado horrores mantener la calma si no fuera por la gravedad de la. Mi intención inicial fue llevarlo hasta su propia habitación para que descansara como era debido, pero cuando nos paramos ante su puerta cerrada con llave él se negó a entrar soltando un pequeño gruñido de desacuerdo.

La única solución que se me ocurrió y que no implicaba bajarlo al piso inferior para tumbarlo en el sofá, fue llevarlo a mi cuarto. De todas formas, mi cama era grande y tenía el suficiente espacio como para que pudiera estirar la pierna herida sin inconvenientes. En lo que a mí respecta, me planteé la posibilidad de colarme en la habitación de Kimber y dormir con ella, o simplemente apropiarme del sofá. No obstante, dudaba poder dormir de nuevo al haber presenciado tanta sangre junta.

Aprovechando la luz que llegaba desde el baño, lo ayudé a tumbarse como pudo sobre la superficie mullida. Una vez lo dejé allí me apresuré a encender la lamparilla y a colocarla cerca de la pierna para poder revisar con mayor facilidad el estado de la herida. Era un tanto grande, pero no tan profunda como imaginaba.

-Toda esa sangre… y la herida…- comencé a decir concentrada en la extremidad que había colocado cuidadosamente sobre mi regazo. Levi pasó a mirarme con rostro sombrío. Por su respuesta supe que no estaba dispuesto a contarme nada, tal y como esperaba de él.

-Trabajo.

Aquella respuesta también me resultó familiar, al saber que no obtendría nada más de información de él, proseguí a buscar el botiquín en el piso inferior y alguna aguja que utilizaría para coser la herida. Lo dejé unos minutos solo para encontrármelo a mi regreso en la misma posición, no se había movido ni un solo milímetro. Ignoré su mirada y me dispuse a desinfectar la aguja y la herida que ya había limpiado anteriormente. Tras eso, inquieta por si podía estar haciéndole daño, me detuve para ver su rostro inescrutable que seguía con cuidado todos mis pasos. A sabiendas de que tenía vía libre para continuar, así lo hice. Cerré toda la herida en aquellas zonas en las que necesitara coserse y volví a desinfectarla una vez más antes de taparla con algunas vendas.

Tras eso me hice con el botiquín nuevamente para llevarlo a su sitio correspondiente.

-Deberían verte en el hospital.- le advertí insegura de si había realizado un buen trabajo. Por suerte tenía nociones básicas gracias a un curso que había realizado años atrás, aún así, siempre era mejor que lo revisara un auténtico experto.

-Tus pesadillas.- soltó repentinamente pillándome por sorpresa. Había cambiado de tema de forma tan brusca que me pareció totalmente imposible adivinar lo que podía estar pasándosele por la cabeza. – ¿Sigues teniéndolas?

-Se me pasará.- respondí al igual que él hacía cuando yo le preguntaba algo. Si él no quería compartir sus cosas yo tampoco tenía por qué hablar sobre las mías, y desde luego no lo haría con alguien que había estado haciendo todo lo posible por evitarme.

-Sigues sin saber mentir.

-No eres el más indicado para decir eso.- solté sin pensármelo. Aquella actitud pedante empezaba a molestarme, además, ya estaba algo irritada de antes. Dejé el botiquín sobre el escritorio que estaba vacío y me giré para mirarlo con frialdad. Normalmente no habría llegado tan lejos pero por algún motivo, en aquella ocasión no estaba dispuesta a callarme. –No soy yo quien ha llegado de madrugada cubierta de sangre y con esas heridas.

Me miró perplejo no esperándose tales acusaciones, quizás le llamó la atención mis agallas al no echarme atrás, o a lo mejor el tono de preocupación que no logré disimular.

-No es algo por lo que debas…- había bajado la cabeza evitando mirarme directamente a los ojos, sin embargo, capté de golpe su atención cuando, no solo no lo dejé terminar, sino que acabé la frase en su lugar.

-¿Preocuparme? ¿Así es como funciona todo para ti?- continué totalmente inmersa en exteriorizar todo lo que había estado reteniendo hasta entonces. En todo momento sin comprender en su mayoría a quién pertenecían aquellos sentimientos sin sentido alguno. –No tengo ningún derecho a pedirte nada, mucho menos a conocer tu pasado, Levi.- me acerqué un poco más a él sin llegar a sentarme en el borde de la cama. Aquel acto de valentía me saldría caro pero ya me preocuparía de ello más tarde. –Pero no seas ingenuo. No pretendas que no me preocupe al ver tu estado.

Aparté la mirada incapaz de ser testigo de cómo me juzgaba. No quería saber qué pensaría de mí al haber escuchado aquella extraña confesión en la que admitía que me preocupaba por él. El silencio nos envolvió a ambos y yo no pude evitar tensarme todavía más y sentirme tremendamente ridícula por lo que acababa de decir. Pero entonces, inesperadamente, los brazos de Levi extinguieron la distancia que nos separaban y me envolvieron para atraerme a él y obligarme a ponerme de rodillas en la cama. Dejé descansar la cabeza sobre su hombro desnudo notando cómo colocaba la mano izquierda en mi nuca. En ningún momento lo escuché decir nada, quizás las palabras fueran innecesarias, pero yo necesitaba decir aquello que me había estado guardando para mi tanto tiempo. Ese instante me pareció el más idóneo teniendo en cuenta que sus acciones contradictorias me tenían hecha un lío.

-¿Por qué… me has estado evitando?- susurré tratando de reprimir las ganas de sollozar que se acumulaban en mi interior a causa del terrible sentimiento de angustia con el que había estado cargando. –No finjas… no haber participado en lo que ocurrió la otra noche.- terminé por decir mordiéndome el labio con fuerza. Mi cara debía haberse puesto roja por todo el significado de esas últimas palabras. Además, el cuerpo de Levi se tensó al instante al comprender lo que estaba diciéndole.

Unos segundos después, su cuerpo volvió a relajarse y a acomodarse con el mío. El suspiro que salió de él no pasó desapercibido para mí, pero yo solo me limité a enterrar mi cara en su hombro todo lo posible para que no pudiera ver mi rostro. Me empapé más de aquel aroma tan característico suyo que ahora se mezclaba con el gel de ducha que hacía un momento había aplicado sobre su piel. Lo más sensato habría sido alejarme y no permitir que me viera tan vulnerable. Era una parte de mí que odiaba. Pero sus brazos eran demasiado reconfortantes como para resistirme a ellos, al calor que me proporcionaban.

Sus manos subieron lentamente hasta alcanzar mis hombros y sin ejercer casi fuerza me apartaron ligeramente de él, lo suficiente como para poder analizar mi rostro. Acto seguido, prosiguió a secar una de las lágrimas que se me había escapado sin previo aviso, como si su sola presencia le incomodara y fuera su obligación hacerla desaparecer.

A pesar de la poca iluminación de la habitación, la escasa luz no impidió que pudiéramos perdernos en la mirada del contrario. Los ojos azules de Levi me miraban con intensidad y con un brillo especial, diferente. Uno muy similar al que alcancé a observar la noche en la que sus labios atraparon los míos. Y aún así, seguía sin poder descifrar todos y cada uno de los pensamientos que debían estar surcando su mente. No tenía ni idea de cuales podían ser sus verdaderos sentimientos.

-No creas que para mí esto es fácil.- dijo repentinamente obligándome a mirar sus labios una segunda vez. Mentiría si dijera que no tenía ganas de probarlos de nuevo, de averiguar con qué excitante sabor me sorprenderían en aquella ocasión. Pero entonces, las palabras de Hanji volvieron a mi mente, lo mucho que Levi seguía sufriendo por su difunta mujer. La gran carga que seguía ejerciendo presión en él y que ocupaba parte de su corazón. Me preguntaba si siquiera tendría la pequeña oportunidad de lograr un hueco algún día. Era totalmente imposible que pudiera sustituir a aquella mujer. Una atadura tan fuerte no podía romperse ni siquiera por el paso del tiempo porque las relaciones no dejaban de existir así sin más. Inconscientemente y totalmente sumida en mis propios pensamientos quise agachar la cabeza apenada, sin embargo, Levi no me lo permitió. Continuó con sus ojos fijos en mi debatiéndose entre decir algo más o echarse atrás.

-Ya no se… qué es lo correcto.- por un momento mi corazón dio un vuelco, ¿qué significaban exactamente aquellas palabras? Tratando de averiguar sus verdaderas intenciones intensifiqué mi mirada esperando ver reflejados sus pensamientos en sus ojos claros, hasta que no pude evitar la curiosidad de volver a mirar su boca. Se encontraba a muy pocos centímetros de mí, podría alcanzarla en un pequeño movimiento si quisiera pero mi cuerpo no se atrevía a dar el paso, no cuando no sabía qué era lo que él quería.

Su mano que había permanecido en mi mejilla volvió a recorrer el camino hasta mi cuello situándose de nuevo en mi nuca, por encima de mi pelo. Su amarre delicado me produjo escalofríos. Cuando me percaté de que Levi ya había cerrado los ojos esperando el siguiente paso, yo lo imité. Me atrajo lentamente hacia él hasta que finalmente el momento que tanto ansié llegó. Me permitió degustar de nuevo aquellos labios que no tardarían en crearme adicción. En aquella ocasión los besos fueron lentos y muy placenteros. Nuestras bocas se enlazaban el tiempo suficiente y necesario como para dejar ganas de más y continuar de aquella forma durante horas sin parar.

El ritmo que marcamos entre ambos nos permitió respirar de tanto en tanto para evitar detenernos ni un instante. De alguna forma me transmitían algo mucho más profundo que el simple deseo o la necesidad que pude detectar la vez anterior. Como si quisiera cuidarme, acariciarme y protegerme entre sus brazos. Sus manos bajaron con lentitud recorriendo mi espalda, erizando mi piel allá por donde pasaban. Yo, por mi parte, también me permití acomodarme en su regazo con cuidado, ya que Levi todavía mantenía la pierna herida estirada en el colchón en una postura cómoda. Me coloqué en el hueco entre ambas piernas temerosa de que el espacio que nos separaba pudiera hacerse más grande hasta el punto de comenzar a doler, por eso me apresuré en volver a unir nuestras bocas. Rodeé su cuello con mis brazos para mantenerlo cerca de mí e impedir que se alejara, evitar que nuestros cuerpos volvieran a distanciarse.

Levi seguía desprendiendo aquel olor a gel de avena que me envolvía por completo, también a suavizante, el aroma de la toalla debía haber impregnado su cuerpo y casi opacaban por completo el ligero olor a alcohol y a sangre que ya casi ni se percibían.

Repentinamente, una preocupación fugaz atravesó mi mente. Miré de reojo tratando de confirmar el estado de la puerta de la habitación, pues no recordaba haberla cerrado o abierto anteriormente. Sin embargo, Levi no me dejó. Agarró mi mejilla con cuidado obligándome a concentrarme nuevamente en él. Sólo en él. Reclamando toda mi atención.

Incómoda por tener que permanecer de rodillas, decidí sentarme de manera algo más apropiada. Coloqué ambas piernas sobre la pierna de Levi que permanecía fuera de la cama, aquella que se encontraba en perfecto estado para soportar mi peso. Él pareció estar de acuerdo con mi idea, ya que así tenía mejor acceso a mi cuerpo. En ninguno de los momentos nuestras bocas se separaron, parecían necesitar el contacto de la contraria para poder sobrevivir, las caricias que solo de ese modo tan especial podían proporcionarse. En aquella posición, Levi optó por profundizar el beso y dejar que nuestras lenguas se hicieran cargo de quitarles algo de trabajo a nuestros labios. Ahogué un pequeño gemido que me hizo avergonzarme al instante pero que no pude reprimir a causa del cosquilleo tan placentero que sentí por mi vientre. No obstante, Levi no tardó en apartarse a pesar de mis intentos por impedírselo. No era justo dejarme con la miel en los labios y privarme de algo que deseaba con tantas ganas.

Su boca bajó lentamente hasta mi cuello y yo le ofrecí un mejor acceso a todas aquellas zonas sobre las que quiso dejar breves besos. Mi piel ardía, el calor se acumulaba a causa de todas las marcas que estaba dejando sobre ella, huellas que permanecerían para siempre bajo mi piel y que únicamente le pertenecerían a él. Continuó su descenso por mi brazo desnudo, ya que llevaba puesta una camiseta blanca de tirantes, y se detuvo ante mis pechos. Hundió la cara entre ellos y estuve a punto de soltar una pequeña risotada ante el gesto inesperado que me pareció ligeramente tierno. Pero en cuanto alzó la mirada para buscar mis ojos y detecté aquel brillo de deseo que tanto me encantaba y que al mismo tiempo me atemorizaba, supe que quería más. Que aquella tela sobre mi cuerpo le impedía alcanzar su verdadero objetivo.

Me alejé unos centímetros de él para quitarme la camiseta y permitirle acceder mejor a mi cuerpo semi-desnudo. Sin embargo, Levi prefirió ser él quien me despojara de la prenda. Agachó aún más su cabeza y la levantó dejando al descubierto mi vientre. Después, comenzó a besarlo lentamente. Cada vez que levantaba un poco más la camiseta depositaba nuevos besos sobre mi piel. A aquel paso, pronto no quedaría ni un solo centímetro que no hubieran rozado sus labios. De eso estaba segura. Levanté ambos brazos para que pudiera sacarla por mi cabeza cuanto antes. Nuestros rostros se encontraron tras aquella última acción y terminamos uniendo nuestras bocas otra vez. No podían evitar atraerse entre sí, saborear al contrario. Atrás quedaron los besos lentos y cuidadosos, fueron sustituidos por la pasión, el deseo y la desesperación de cubrir una necesidad que era insaciable.

Me faltaba el aire pero tampoco era capaz de detenerme, porque ansiaba más, quería más. Levi me echó hacia atrás lentamente hasta que mi cabeza quedó sobre el colchón, al pie de la cama. Mi mano rozó entonces la muda de ropa limpia que había dejado ahí para que Levi pudiera cambiarse mientras yo bajaba a dejar el botiquín, cosa que ya no importaba porque dudaba que alguno de nosotros pudiera acordarse de algo tan trivial en un momento como ese. Sin embargo, lo que no pude evitar pensar fue en el cuerpo de Levi. Todo aquel tiempo únicamente había tenido consigo la toalla húmeda que vagamente cubría su cintura y que todavía se mantenía en su lugar a pesar de todo lo que nos habíamos movido. Volví a sentir el calor acumulándose en mi rostro ante el atrevido pensamiento, pero se me olvidó inmediatamente al notar que había vuelto a abandonar mi boca para atacar la parte superior de uno de mis pechos. Por un momento pareció conformarse con las zonas de piel que sobresalían del sujetador negro de encaje, no obstante, no supe lo equivocada que estaba hasta que sus finos dedos encontraron el camino al cierre de la prenda. Levantó el sujetador un poco hasta dejar mi pecho enteramente al descubierto. Yo giré la cabeza a un lado totalmente avergonzada bajo su mirada. Si no se hubiera separado un poco de mi cuerpo para contemplarme desde arriba, no le habría dado tanta importancia, pero Levi no parecía dispuesto a perderse aquellas vistas, eso era lo que me decía su expresión.

-No tienes de qué avergonzarte.

Susurró volviendo a por mis labios una vez más para eliminar todo ese pudor de mi ser. Mientras tanto, sus manos se posicionaron sobre mis pechos acariciándolos con delicadeza y dedicándoles movimientos rítmicos y pausados. Los masajeó como si supiera a la perfección lo que debía hacer. Su respiración no hacía más que acelerarse con cada gemino que me provocaba. Continuar con aquellos besos profundos no era muy buena idea porque cada vez me costaba más respirar y no parecía que fuéramos a detenernos de un momento a otro. Todo lo contrario, tenía la sensación de que ambos queríamos continuar hasta el final para averiguar qué tipo de sensación descubriríamos de seguir así.

Sin previo aviso me privó de más besos para pasar a deleitarse con uno de mis pechos. Primero, repasó con sus labios toda la superficie con lentitud, no tardó en comenzar a propinarme pequeños mordiscos que solo me hacían suspirar. Después, fue el turno de su lengua, la cual inspeccionó toda mi piel para luego centrarse en el centro. Su otra mano no abandonó mi otro pecho en ningún instante. Levi mantuvo su rostro inexpresivo en todo instante, sin embargo, sus suspiros y su respiración agitada me indicaban que estaba disfrutando de aquello tanto como yo.

Cuando decidió que ya había jugado lo suficiente con mi pecho, volvió a acomodarse colocándose de costado a mi derecha y con cuidado de no apoyar innecesariamente su pierna herida. Atacó mi cuello obligándome a girar mi rostro para darle un mejor acceso a la zona, al mismo tiempo, su mano bajó lentamente por la parte superior de mi cuerpo que se encontraba completamente desnuda. Sin vacilar, Levi la introdujo en mi fino pantalón que carecía de botones. Presionó sus dedos ligeramente sobre mis bragas con intenciones de masajear también aquella zona tan íntima y que tanto reclamaba su cuidado. No me negué a que lo hiciera, en vez de eso, le permití un mejor acceso a la misma deshaciéndome de los pantalones que a aquellas alturas solo eran un obstáculo.

La sensación de nuestras piernas desnudas en contacto me produjo nuevos escalofríos que acompañaron a las descargas que aquel roce de sus dedos contra mi zona íntima me propinaban. En un intento por contener uno de mis gemidos eché hacia atrás la cabeza extasiada. Él lo estaba disfrutando, sabía que debía estar divirtiéndose ante la enorme cantidad de sonidos que provocaba en mi con sus movimientos. Parecía conocer a la perfección qué hacer con mi cuerpo, qué zonas eran más sensibles o me causaban mayor sensación de placer.

Inmersa en tan intenso gozo acerqué mi cadera a su cuerpo pidiendo, sin la necesidad de utilizar palabras, que se desprendiera de aquella prenda que impedía que mi cuerpo estuviera totalmente desnudo. Nuestras miradas se cruzaron unos segundos en los que pude ver por primera vez una sonrisa un tanto traviesa que denotaba control absoluto sobre la situación. Me sentí impotente al no poder hacer nada más que disfrutar de los roces que él me proporcionaba, estaba tan embelesada que solo podía rogar por más. Finalmente, Levi atendió mis súplicas convertidas en suaves gemidos e hizo a un lado la braga para introducir sus finos dedos en el interior.

Estaban un poco fríos al primer contacto pero pronto me olvidaría de la extraña sensación de que su mano explorara aquella zona. Acarició con sutileza cada rincón, a sabiendas de lo que hacía, arrancándome suspiros ahogados. Automáticamente, cuando introdujo dos de sus dedos en mi interior solté un ruidito demasiado alto. Levi no apartó la mirada de mi en ningún instante. De no ser por lo absorta que me encontraba en los movimientos de sus dedos que salían y entraban dentro de mi rítmicamente, me habría avergonzado de exponerme de aquella manera ante él. De rendirme y dejarme llevar por completo. Pero deseaba más de todo lo que él pudiera proporcionarme.

Moví mi cadera con demasiada desesperación al notar que él no aumentaba el ritmo y que pretendía torturarme un rato más. Pegué mi cuerpo completamente al suyo y busqué su boca con exasperación a sabiendas de que no podríamos intensificar el roce de nuestros labios, pues la falta de aire era extrema. Levi no se apartó y por primera vez me permitió obligarlo a aumentar el ritmo de sus dedos en mi interior, mientras, él decidió jugar de nuevo con mi pecho. Hasta aquel momento en el que nuestros cuerpos se pegaron completamente no me percaté del bulto oculto bajo la toalla que a duras penas se sostenía en su cintura.

No se contuvo en rozarlo en varias ocasiones contra uno de mis muslos, pasando inadvertido por los movimientos de su muñeca en mi parte baja. Una idea fugaz cruzó mi mente, antes de dejarme llevar de nuevo por aquella sensación, le despojé de la prenda y eché un vistazo a la materialización de todo el deseo que sentía por mí. La respiración de Levi volvió a agitarse con tan solo ser testigo de mi atrevimiento. En ese momento, supe que era mi turno de despertar reacciones en él.

Bajé mi mano recorriendo su cintura con lentitud mientras me centraba en su rostro anhelante de que mis dedos alcanzaran de una vez su miembro. En esa ocasión fui yo quien saboreó la dulce desesperación. En ningún instante se detuvo ni dejó de proporcionarme placer a mí, pero sus movimientos perdieron rapidez al estar inmerso en aquella nueva situación. Me tomé mi tiempo en besar su pecho desnudo tal y como él había hecho conmigo anteriormente. Marqué con mis labios toda la superficie de su piel, acompañándolos con mis manos que ansiaban recorrer su cuerpo definido y musculoso. Levi suspiró haciendo su mejor esfuerzo por contenerse y no lanzarse sobre mi ante la espera tan tortuosa que estaba sufriendo.

Cuando notó el tacto de mi mano alcanzar al fin la zona que tanto deseaba se encogió extasiado por la sensación y cerró los ojos para poder disfrutar plenamente de aquello. Ninguno nos detuvimos, pues los dos nos aferrábamos al claro objetivo de proporcionar placer al contrario, pero también de disfrutar de la sensación de la que nos deleitábamos. Nuestro ritmo se aceleró, cada vez que mis movimientos de mano en torno a su miembro se volvían más rápidos, aumentaba el vaivén de sus dedos en mi interior. Parecíamos inmersos en una batalla en la que el ganador sería quien hiciera perder la cabeza al otro.

-Mi…kasa…- suspiró contra mis labios erizándome la piel. Pronunció mi nombre con una sensualidad única, haciéndome desear que lo dijera una y otra vez hasta saciarme. Con claras intenciones de arrancarle más gemidos como aquel, me esmeré en mis movimientos rozando sin querer su pierna herida con demasiada fuerza. Aquel gruñido doloroso que escapó de los labios de Levi fue el causante de que nos separáramos de golpe y volviéramos parcialmente a la realidad.

Me disculpé con la mirada tratando de calmar mi respiración una vez más, él, por el contrario, se posicionó sobre mí aprisionándome contra el colchón. Colocó sus manos a ambos lados de mi cabeza y se abrió hueco entre mis piernas obligándome a separarlas un poco para que pudiera colocarse entre ellas.

-No te preocupes.- le restó importancia, a pesar de que seguramente le habría causado un terrible escozor, pues la herida era reciente y podrían soltarse los puntos si no tenía el suficiente cuidado. –Pronto me olvidaré de esa pequeña molestia.- sentenció provocándome un pequeño sonrojo.

Aproximó su rostro al mío y me arrebató el aliento con un beso profundo e intenso que finalizó mordiendo mi labio inferior con picardía. Luego, mientras continuaba besándome con pasión se posicionó sobre mi correctamente para dedicarse unos cuantos minutos al roce de nuestros cuerpos, aumentando las ganas de encontrarnos de una vez. Me miró unos instantes buscando alguna especie de permiso silencioso que yo indirectamente le facilité al entrelazar mis brazos en su espalda y atraerlo hacia mí. Un ligero escozor recorrió mis adentros cuando sentí su miembro introducirse en mí, pero él fue lo suficientemente considerado como para detenerse y seguir introduciéndolo lentamente permitiéndome hacerme a la extraña sensación. Cuando yo misma volví a atrapar sus labios y a mover un poco mis caderas indicándole que ya podía moverse, Levi encabezó una serie de movimientos lentos y rítmicos que volvían a dificultarme respirar.

Lo miré con impaciencia advirtiendo que estaba haciendo uso de todo el autocontrol del que disponía para proceder con lentitud, disminuyendo la posibilidad de dañarme. Sin embargo, pronto la desesperación por unirnos todavía más, si era posible, nos envolvió. Levi entrecerró los ojos concentrándose en nuestros cuerpos desnudos bailando al unísono como si hubieran sido creados para encajar a la perfección. El roce de nuestras pieles, el contacto de nuestras manos y nuestras respiraciones entrecortadas, todo formaba parte de un escenario único, repleto de deseo y compatibilidad absoluta. De muchos más sentimientos ocultos que solo podíamos expresar con cada ruido, cada suspiro, cada mirada.

Envueltos y absortos en nuestro pequeño universo, escuché un profundo gruñido proveniente de Levi. No fue uno doloroso, todo lo contrario. Podía verlo en su rostro: ojos entrecerrados tratando de apreciar con detalle mis expresiones, ceño fruncido y labios que buscaban desfogarse colocando más y más besos en todas las partes de mi cuerpo que podía alcanzar desde allí. Estábamos a punto de alcanzar el clímax, un nivel superior de placer que hasta entonces no habíamos experimentado y que, a mi parecer, casi parecía imposible dado a lo extasiada que ya me sentía en ese momento.

Levi buscó mi mano libre para entrelazar sus dedos con los míos y apoyarla sobre la cama, entonces, aumentó la velocidad todo lo que pudo buscando darle fin a aquello de la forma más gratificante posible. Segundos después, lo escuché soltar un profundo gemido, mientras, mi visión se volvió borrosa durante varios segundos en los que me estremecí ante aquella explosión de emociones.

Todavía sobre mí, ambos cogimos grandes bocanadas de aire tratando de calmarnos y regresar a la normalidad. Nuestros cuerpos sudados por el esfuerzo necesitarían un buen descanso aquella noche. Sin previo aviso, Levi depositó un breve beso en mi frente para después tumbarse con cuidado a mi lado tratando de no apoyar demasiado la pierna mala.

-¿Vas… a quedarte?- me atreví a preguntar. Llegados a ese punto no sentía que tuviera que contenerme con mis preocupaciones, no cuando nos habíamos entregado de aquella forma tan íntima el uno al otro. Él me rodeó con sus brazos permitiéndome apoyar la cabeza sobre su pecho agitado mientras mantenía la mirada perdida en algún punto del techo analizando mi pregunta.

La había comprendido a la perfección, sabía que me refería a su trabajo, pues había manifestado mi preocupación justo antes de que todo eso ocurriera. Necesitaba descanso y alejarse de aquel misterioso trabajo fuera de casa. No cabía duda de que era algo peligroso.

-Sí.

Decidí insistir un poco a pesar de que aquel monosílabo fuera suficiente para convencerme.

-¿Me lo prometes?- susurré contra su piel dejando un beso en ella. Levi me acarició la cabeza con cariño.

-Lo prometo.

Minutos después, ambos sucumbimos al cansancio y a la reconfortante compañía del contrario que era inmejorable. No recordaba la última vez que me hubiera sentido tan completa como en aquel momento. Me sentía capaz de cualquier cosa, de superar todo obstáculo que se interpusiera en mi camino. De afrontar cualquier realidad por cruda que fuese.

Cuando los primeros rayos de sol se filtraron despertándome de mi sueño, tardé un poco en darme cuenta de que algo no andaba bien. Me situaba de cara a la puerta, por lo que decidí girarme para contemplar el rostro dormido de Levi y acurrucarme a su lado un rato más. Mi corazón se encogió al encontrarme ese lado de la cama vacío, como si todo lo ocurrido la noche anterior solo hubiera sido un dulce sueño. Hundí mi rostro en la almohada que habíamos colocado al pie de la cama y froté mi rostro unas cuantas veces contra la misma para reprimir las lágrimas que amenazaban con escaparse.

-No alcanzo a imaginar qué es aquello que te resulta más importante… que Kimber… y yo.


¡Holaaaa! He vuelto con un nuevo capítulo, uno que seguramente habréis estado esperando jajajaja. No os podréis quejar ¿eh? He actualizado bastante rápido. También es la primera vez que narro una escena subida de tono. No sé si os habrá gustado, si creeréis que debo cambiar ciertos aspectos, pero estaré encantada de conocer vuestra opinión para poder mejorar, ya que pretendo añadir escenas similares en otras de mis historias. ¡Así que toda sugerencia es siempre bienvenida!

Por otro lado, quiero agradeceros vuestros comentarios y todo vuestro apoyo. Lográis que saque ganas para escribir y seguir publicando. Quiero dar las gracias también a "Beruni" ya que no he podido responderle al comentario por privado. Mil gracias por preocuparte por mí y por querer animarme jajaja me hizo mucha ilusión tu comentario. Me parece que tendrás que esperar otro poquito para saber qué está pasando realmente, a menos que hayas podido sacar alguna conclusión a partir de este capítulo. Ya me contarás. Adoro leer vuestras hipótesis sobre la historia, pero ya sabéis que me encanta jugar :P Mil gracias por tomarte la molestia de leer y de comentar, espero que hayas disfrutado también de este capítulo. El siguiente será el último, así que al fin podrás quedarte tranquila tras averiguar todo. ¡Saludosssss! ^^

Bueno, ¿habéis sacado nuevas hipótesis o seguís manteniendo las mismas de antes? (No debería estar divirtiéndome tanto con esto jajajajja) ¡Nos vemos muy pronto en el último capítulo! ¡Esperadlo con ganas y ya sabéis dónde podéis encontrarme si os entran ganas de presionarme para que escriba ;) ¡Hasta prontoooo!