Los personajes de Katekyo hitman reborn le pertenecen a la maestra Amano Akira, yo soy solo una simple mortal que no tiene derecho sobre nada excepto la trama de este fanfiction.
Ya ha pasado una semana desde que Reborn y Tsuna comenzaron a convivir en el pasar del día a día, y el pequeño diablillo ha aprendido cosas muy interesantes del pequeño angelito. Por ejemplo, Reborn aprendió que Tsuna es endemoniadamente torpe y con una cantidad de mala suerte que hasta la obra de Macbeth le tendría envidia. Reborn se dio cuenta de esto un buen día mientras jugaban soccer en la clase de educación física, todas, y me refiero a TODAS las pelotas, se veían misteriosamente atraídas al rostro del pequeño y adorable castaño, de la misma forma Tsuna no dejaba de caerse, o eran sus agujetas sueltas, o una roca, o simplemente el aire, el pobre castaño se caía sin ningún tipo de gracia, lo cual ocasionaba que sus demás compañeros se burlaran de él, lo cual en consecuencia terminaba con ellos siendo callados por la mirada "cierren la maldita boca o si no…" de Reborn.
Reborn también aprendió que Tsuna tiene una alta resistencia al dolor, lo cual es clara muestra de lo acostumbrado que está a lastimarse, descubrió que el niño tiende al aprendizaje quinestésico y tiene una alta capacidad de adaptación.
Tsuna también aprendió cosas de su nuevo mejor amigo.
Para empezar, es muy agresivo, tiene una paciencia escasa, casi nula, le gusta que las personas hagan lo que él quiere cuando quiere que así sea, no le importa el tipo de método a utilizar siempre y cuando obtenga el resultado deseado, le gustan las armas, en especial las pistolas, su favorita es la .38 ACP, incluso le mostro un dibujo de como la modificaría si tuviera una. Descubrió que su animal favorito son los camaleones.
Los dos pequeños se volvieron muy unidos, lo cual no paso para desapercibido por los demás a sus alrededores.
Colonello, movido por la curiosidad del porque Reborn se juntaba tanto con el castaño, comenzó a acercarse al niño, al descubrir lo buena persona que Tsuna era, también se volvió su amigo, cosa que no le gusto ni tantito a Reborn, ocasionando aún más peleas entre el moreno y el rubio, Tsuna siendo el réferi y mediador en muchas ocasiones.
Sin embargo, había algo que ni Reborn ni Colonello hubieran sido capaces de imaginar con respecto a Tsuna, aunque Reborn ya lo hubiera contemplado una vez.
Luce estaba en la cocina, preparando un rico desayuno, eran las siete con quince de la mañana.
- Reborn! – llamo Luce a su hermanito – Ya levántate y ve a levantar a aquel par de torpes! – instruyo la mayor sin despegar su atención del desayuno.
En el segundo piso el diablillo abrió los ojos, se estiro en su cama y procedió a arreglarse para el día que le esperaba. Se lavó el rostro y los dientes, nuevamente fallo a la hora de peinare su cabello, su atuendo del día consistía en unos pantalones de mezclilla oscura, casi negra, playera de algodón con manga larga y un chaleco estilo salvavidas negro.
El moreno menor bajo las escaleras y paso por la cocina.
- Ya voy, en un momento venimos. – dijo Reborn mientras pasaba de largo y salía por la puerta de la cocina.
En el poco tiempo que los hermanos Kurogane llevan conociendo a los hermanos Sawada es extraño como un lazo de profunda amistad se formó entre los cuatro, Tsuna asegura que Luce le recuerda mucho a su propia madre, lo cual explica porque Ieyasu, a pesar de ser el mayor, deja que Luce se haga cargo de muchas cosas.
El diablillo llego a la puerta trasera de la casa Sawada, reviso debajo del tapete y encontró la llave, Tsuna le dijo dónde encontrarla hace una semana, la introdujo en el cerrojo y abrió la puerta. Ingreso a la casa.
La primera vez que Reborn entro a la casa de Tsuna una gotita no pudo evitar resbalar por su nuca, el lugar era un desastre, ropa sucia mezclada con limpia aventada por todas partes, varios de los muebles aún estaban en su plástico protector, la cocina sucia y revuelta, lo único que ambos Sawada tenían para comer era sopa instantánea, de eso ya unos tres días, ahora la casa, y las alacenas, estaban en mucho mejor condición, Luce les había pasado el número de una amable señora que se dedicaba a limpiar casas, el servicio de lavandería era tres veces a la semana, cortesía de Vongola Inc., y por las comidas no había problema, los cuatro comían juntos, cosa que a Reborn no le molestaba en lo absoluto, pero si había algo que molestaba tanto a Luce como a Reborn, y eso era lo difícil que era despertar a cualquiera de los dos Sawada, Tsuna aún más difícil que Ieyasu.
Reborn subió las escaleras al segundo piso de la casa, la primera puerta, frente a las escaleras, era la del baño principal, la segunda puerta tenía un letrero que decía "TUNA" la cual era el cuarto del angelito que era Tsuna, sin embargo el castaño rara vez dormía en su cuarto, esto debido a su miedo a la oscuridad, así que paso de largo y se detuvo en la siguiente puerta, que tenía también un letrero, este decía en preciosa letra cursiva "IEYASU", el peque giro la perilla de la puerta y entro al cuarto.
Ieyasu y Tsuna estaba acurrucados el uno contra el otro, el mayor abrazando al menor, ambos cálidos y a gusto, Reborn se sintió muy, MUY, irritado al ver como Tsuna se acurrucaba cada vez más cerca de su hermano.
El fanático de la mafia se acercó a la cama y una sonrisa siniestra y torcida se dibujó en su rostro, como iba a disfrutar esto. Reborn inspiro hondo y luego…
- FUEGO! – grito a todo pulmón el diablillo – LA CASA SE QUEMA! – continuo.
Ambos Sawada abrieron los ojos al mismo tiempo.
- Fuego! –
- Fuego! –
Gritaron ambos al tiempo que saltaban fuera de la cama y corrían fuera de la casa, pero cuando ya estaban afuera y se dieron cuenta de que estaban gritando como locos y que los vecinos los miraban como si acabaran de salir de una casa de locos, ambos se dieron cuenta de que en verdad su casa no se estaba quemando.
- Reborn! –
- Reborn! –
Exclamaron ambos Sawada al saberse nuevamente engañados.
La carcajada siniestra y cruel del pequeño diablillo se escuchó por toda la cuadra.
Tsuna avanzaba por el ahora ya familiar camino a la escuela mientras un puchero y sus mejillas infladas en molestia transformaban su adorable rostro en uno aún más adorable.
Reborn venia caminando dos pasos detrás, la sonrisita de autosuficiencia aun pintada en sus labios.
- ¿Por cuánto tiempo vas a estar molesto? – se aventuró a cuestionar el moreno – Si llegas con ese rostro a la escuela todos van a querer pinchar tu mejillas. – bromeo Reborn.
Tsuna se detuvo y le dedico una mirada maligna a Reborn, mirada maligna que de hecho parecía más el puchero de un niño al quien le han quitado su juguete favorito.
Un ligero rubor se pintó en las mejillas de Reborn, Tsuna era demasiado lindo para su propio bien.
Tsuna giro su cabeza bruscamente intentando ignorar a Reborn.
Reborn sonrió aún más ampliamente, molestar al castaño era tan divertido.
- TSUNA! REBORN! ESPEREN, KORA! –
La sonrisa de Reborn murió en cuanto escucho esa voz.
- Colonello! – canto Tsuna al divisar al rubio no muy lejos de ellos y salio corriendo a encontrarlo.
El disgusto de Reborn se incrementó, su aura asesina empezando a despertar.
Una gotita se resbalo por la cian del pequeño rubio al notar el aura asesina de Reborn.
Hoy no es una buena idea molestarlo. Razono Colonello en su interior.
Los tres caminaron a la escuela, Colonello en completo silencio no queriendo ser exterminado por la ira de Reborn.
Tsuna no paraba de hablar de diferentes cosas, pero solo se dirigía a Colonello, su enojo con Reborn aún no disminuido.
Reborn estaba hecho una furia, ¿Quién se creía ese castañito como para ignorarle?
Los tres estaban tan ocupados y concentrados en sus respectivos pensamientos que no se dieron cuenta de que eran observados.
- ¿Ese es el niño? – cuestiono una voz en la oscuridad mientras observaba a Tsuna.
- Si, esa es la mascota del endiablado mocoso. – respondió otro extraño en las sombras.
En la escuela nadie se atrevió a acercarse a más de tres metros de distancia de Reborn, excepto Colonello y Fon, de hecho, al maestro le costó mucho no reírse de la cara que hacia Reborn siempre que cierto adorable castañito le ignoraba.
Tan entretenido estaba el docente que tomo una foto con su celular y la envió a la mayor de los Kurogane.
Luce abrió su celular al notar la vibración en su bolsillo.
NUEVO MENSAJE. Se leía en la pantalla del Smartphone.
Luce oprimió donde decía mostrar y la foto de un muy huraño Reborn le fue revelada, la mujer no pudo evitar soltar una risita divertida.
Ieyasu alzo la mirada de su papeleo y le dedico una mirada de duda a la mujer que actualmente se encontraba en su oficina hablándole del nuevo proyecto de infraestructura en el que trabajaba la compañía junto con el gobierno de la ciudad.
Luce lo noto y le mostro la foto, Ieyasu se rio aún más fuerte que Luce.
- Parece un gato que no ha dormido en días. – rio más que divertido el rubio.
- No sabía que Tsuna-kun era del tipo de personas que podía mantener un enojo. – hablo Luce mientras volvía a guardar su celular.
- No está molesto, esta modosito porque se asustó. Te aseguro Luce-kun, un Tsuna molesto es lo último que querrías ver. – respondió Ieyasu volviendo al papeleo.
Una de las delicadas cejas de la mujer se alzó en curiosidad.
- ¿Cómo es eso? – cuestiono Luce dejando que la curiosidad tomara lo mejor de ella.
Ieyasu miro a la mujer no muy seguro de sí debería decir lo que estaba a punto de relatar, pero viendo el brillo curioso no pudo evitar sonreír enternecido.
El rubio suspiro derrotado.
- Tsunayoshi siempre ha sido un buen niño. – empezó Ieyasu mientras se recostaba un poco en su enorme silla de cuero – Demasiado bueno. Siempre viendo por el bienestar de los demás antes que del suyo propio, siempre preocupado porque sus amigos no se lastimen aun cuando el mismo esta lastimado, en su otra escuela, en Venecia, muchos niños se aprovechaban de sus buenas intenciones, por eso uno de nuestros tíos le enseño a… - Ieyasu se detuvo y suspiro exasperado mientras recordaba los viejos días.
- No se detenga! – reclamo Luce que ya había tomado asiento frente al rubio, la ansiedad le carcomía.
- Le enseño a pelear. – dijo por fin el mayor.
- ¿Tsuna-kun sabe pelear? – cuestiono incrédula Luce, no creyéndose que el pequeño, adorable y frágil castaño fuera capaz de semejante y violenta acción.
Ieyasu se rio ante la cara que hacia Luce.
- Y es muy bueno. – continuo Ieyasu – Pero…
Otra pausa dramática.
- ¡¿Pero qué?! ¡No se detenga! – exclamo Luce.
- Pero Tsuna no alzara sus puños a menos de que sea realmente necesario. – explico el mayor – Ya sea una amenaza a sus amigos, el abuso de alguien "fuerte" hacia alguien "débil", esas situaciones lo encienden de una manera tan intensa que pareciera que sus ojos se vuelven de lava y sus puños se alzan como si rezara. – relato Ieyasu.
Un brillo de orgullo irradiando sus castañas pupilas, haciéndolas brillar como el más bello y puro ámbar. Y la sonrisa complacida y orgullosa lo hacía ver sereno y hermoso.
Luce sintió como el calor se le subía y las mejillas se le sonrosaban.
- Y pensar que solo tiene ocho años. – continuo Ieyasu, Luce demasiado hechizado por su ser como para prestar atención a lo que decía – No quiero ni imaginar cómo será cuando llegue a la adolescencia o la adultez. –
Las clases terminaron, Tsuna guardo sus ojos como rayo y salio de ahí antes de que Reborn pudiera verle. Al contrario de lo que la mayoría de las personas pensaban, Tsuna no estaba enojado con Reborn, la verdad es que estaba avergonzado de que el mayor tuviera que recurrir a semejantes métodos para despertarle a él y a su hermano, el castaño estaba molesto consiguió mismo por no poder ser capaz de resolver ese pequeño defecto suyo, y por eso no sabía cómo dirigirse a Reborn, que a pesar de conocerlo tan poco se tomaba las molestias de ser su despertador.
Tsuna suspiro triste, ahora debía disculparse con Reborn por ser tan grosero.
- Ayuda! – escucho gritar a alguien.
Tsuna volteo en todas direcciones buscando el origen de la voz.
- Ayuda! Estoy atorado! – seguía gritando la voz.
Tsuna siguió la voz y se introdujo entre los arbustos, desapareciendo de la vista de los demás transeúntes.
- KORA! REBORN! ESPERA! – llamo Colonello al diablillo mientras corría detrás de él.
Reborn no se molestó en ponerle atención al rubio, un muy mal presentimiento nació en su estómago en cuanto no encontró a Tsuna en ningún lado de la escuela.
Corrieron y preguntaron, la ansiedad empezaba a apoderarse del moreno, entonces se encontraron la mochila de Tsuna tirada al lado de unos columpios en, todas las cosas del castaño estaba ahí, sus libros, sus libretas, su estuche, su celular, sus llaves, pero había algo que no le pertenecía al castaño y que estaba dentro de su mochila, una carta.
Para el mocoso de Reborn.
Tenemos a tu mascotita.
Si quieres recuperarla ven a la zona de construcción cerca de Namichuu.
Colonello se alejó unos pasos de Reborn después de que leyó la carta, por primera vez sintiendo algo de miedo al ver al moreno. Reborn no estaba feliz, y eso no era bueno para absolutamente nadie.
- Entonces, solo para el archivo. – Luce seguía en la oficina de Ieyasu, todavía platicando sobre el pequeño angelito - ¿Qué es lo que jamás debo hacer para que Tsuna se enoje? – pregunto la mujer.
- Para que evitar que se enoje, bueno, es sencillo, no molestes a sus amigos, si tienes un problema con el entonces ve con él, pero jamás de los jamases incluyas a sus amigos en esos problemas que solo le conciernen a él, nunca abuses de un animal frente a él, eso es un gran NO, y lo más importante, nunca, y me refiero a NUNCA lo utilices a él para dañar a sus amigos, ese es el peor error que puedes hacer. – respondió serio Ieyasu.
Tsuna estaba sentado sobre una pila de costales de cemento, sus manitas habían sido atadas a su espalda y estaba rodeado de chicos de secundaria, debían ser al menos 20 y ninguno pasaba de quince años.
- Qué lindo eres! – canto uno de los tantos pubertos que lo resguardaban.
Los demás asintieron con las mejillas sonrojadas.
- No me asombra que ese mocoso asqueroso te tomara como su mascota, eres adorable! – añadió otro.
- ¿Mocoso asqueroso? – cuestiono Tsuna mientras inclinaba su carita al lado derecho, acción que solo lo hizo ver aún más adorable.
Más de un puberto sangro por la nariz al ver al angelito castaño.
- N-nos re-referimos a Reborn. – respondió uno de los pocos que no sangro por la nariz.
- Pero Reborn no es malo, solo tiene poquita paciencia. – intento defender el castaño a su amigo – Y no soy su mascota, soy su amigo. – explico.
Los que no sangraron antes sangraron ahora debido al inocente brillo en los ojos del menor.
- Y eso no explica porque me trajeron aquí si lo quieren hacer es hablar con Reborn. – continuo el menor.
- Ha bueno, eso es porque tú eres la carnada para que el pequeño monstruo venga aquí. – explico uno de los pubertos mientras se limpiaba la nariz.
Nadie noto que los castaños ojos se abrían de más por la sorpresa, no como rápidamente esos ojos se tornaban de un frio color ámbar que quemaba como la lava derretida.
- Que lastima. – hablo frio Tsuna.
Eso sí fue notado por el grupo de pubertos, que sintieron un aire frio atravesar sus cuerpos al escuchar el frio e indiferente todo del pequeño castaño.
La cuerda que ataba las manos de Tsuna cayo lánguida al suelo, Tsuna la había desatado e menos de un parpadeo.
- Nos hubiéramos llevado muy bien. – añadió el castaño.
Los 20 pubertos no creían lo que veían, el angelito se había ido y frente a ellos se postraba un ángel guerrero cuyos ojos quemaban como lava.
Reborn corría en dirección de la zona de construcción que mencionaba la carta, Colonello siguiéndolo de cerca, al acercarse a la entrada divisaron una silueta, Reborn la reconoció de inmediato y corrió más rápido en orden de interceptar al que salía de la zona de construcción.
- TSUNA! – llamo Reborn al estar más cerca y detenerse frente al castaño.
Reborn reviso todo el cuerpo del castaño, no tenía ni un rasguño.
Colonello llego e hizo lo mismo que Reborn, nuevamente no heridas fueron encontradas.
- Se ven agitados, ¿Quieren agua? – pregunto Tsuna.
Tanto Reborn como Colonello reaccionaron de inmediato y le patearon una y otra vez, alegando el cómo podía ser tan estúpido y lento en entender las circunstancias.
- Lo shiento. – lloro Tsuna mientras estaba tirado boca abajo contra el suelo sucio.
Si antes no estaba herido ahora sin duda si lo estaba.
- ¿Dónde están los que te trajeron aquí? – cuestiono Reborn mientras pisaba la espalda de Tsuna.
- Ah! Es verdad! – exclamo Tsuna – Colonello podrías llamar una ambulancia, creo que me pase. - pidió el menor.
Tanto el moreno como el rubio dejaron de patear al castaño y se miraron entre si confundidos.
Se alejaron de Tsuna y se acercaron a la entrada de la zona de construcción para contemplar…
- Es una masacre, Kora. – susurro entre sorprendido y extasiado Colonello.
- Una ambulancia no bastara para esto. – razono Reborn - ¿Qué paso con no molestar a los débiles y todo eso que me dijiste la primera vez que hablamos? – se dirigió Reborn a Tsuna, que ya se había puesto de pie y se estaba sacudiendo.
- Es diferente. – hablo el castaño, un sonrojo tímido pintando sus mejillas – Querían utilizarme para hacerte daño. – confeso Tsuna.
El calor se le subió a Reborn y sus mejillas se tiñeron de carmín, su corazón aumento sus latidos al ver al adorable castaño preocupado por el, una extraña felicidad le inundo.
- Asumo… que ya no estas molesto. – dijo Reborn mientras desviaba un poco la mirada.
Era difícil confrontar al castaño fríamente cuanto todo lo que quería hacer era abrazarlo y no soltarlo nunca.
- Oigan, no es que quiera interrumpir este lindo momento en su relación, pero… creo que si hay que llamar a un hospital. – interrumpió Colonello.
NOTAS FINALES
Sacchi: ¿Quién será ese tío misterioso que le enseño a Tsuna como pelear? Jaja, esa es mi pequeña sorpresa para ustedes, creo que les agradara.
Ángel-kun: Dejen sus reviews por favor, y gracias por leer!
